Posts Tagged ‘paternidad’

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 4

24/02/2017

La pluralidad del ancianato

El ancianato de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. Ninguna iglesia del Nuevo Testamento, hasta donde tenemos información acerca de su estructura, fue dirigida por un solo anciano, “líder”, “sacerdote” o “pastor”. En todas encontramos un equipo de varias personas que asumían juntos la responsabilidad por la iglesia:
– Jerusalén: los once apóstoles.
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17)
– Las iglesias en general: “Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “Cuidadores/supervisores y siervos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “Guías” o “líderes” (Hebreos 13:7.17.24)
– Las iglesias en general: Ancianos (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)

Un “pastor” evangélico una vez contestó que en 1 Timoteo 3:2 aparece “el obispo” en singular: “Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer, solícito, …” (según la versión Reina-Valera 1909). Sí, pero esta es una expresión genérica que no implica que haya un único obispo en la iglesia local. Es igual como cuando se dice: “El estudiante debe estar atento en la clase”; eso no implica que haya un único estudiante en la clase.

Compartir la responsabilidad entre varios ancianos tiene diversas ventajas:

  • El equipo de ancianos tiene un mayor incentivo para buscar seriamente a Dios en cuanto a sus decisiones, para poder decidir en consenso según la voluntad de Dios. “En la multitud de consejeros hay seguridad” (Proverbios 11:14).
  • El peligro es menor que uno de los ancianos comience a abusar de su poder de manera autoritaria.
  • En un equipo de varios ancianos hay una mayor diversidad de dones espirituales, lo cual es necesario para la edificación sana de la iglesia.

Comparando entre sí los pasajes Hechos 20:17.28, 1 Pedro 5:1-3, Tito 1:5-7, descubrimos que los “cuidadores” o “supervisores” (algunas versiones traducen “obispos”) son idénticos con los ancianos, y que también el “pastorear” es una función de los ancianos. O sea, en la iglesia del Nuevo Testamento no existían “pastores sobre ancianos”, ni “obispos sobre pastores”, ni “obispos sobre ancianos”. Los responsables de la iglesia local eran los ancianos (en plural), y punto.

Anuncios

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 3

13/02/2017

Designación de ancianos en la iglesia del Nuevo Testamento

En Hechos 14:23, el proceso de designar los primeros ancianos en iglesias recién fundadas se describe con la palabra griega jeirotonéo. Esta palabra significa literalmente “confirmar levantando las manos”. (La versión Reina-Valera traduce con “constituir”, lo cual no es completamente correcto.) La idea es que Pablo sugirió a ciertos hombres como ancianos, pero la iglesia entera tenía que confirmar su designación. Este procedimiento fue entonces algo como una forma intermedia entre una decisión por un liderazgo superior (el apóstol), y una elección democrática.
Pero si nos detenemos solamente en estos detalles de la forma exterior del proceso, nos perdemos lo más importante: La descripción de este proceso fue escrita ante el “telón de fondo” de las estructuras familiares en la sociedad judía. Lo esencial es que los apóstoles y las iglesias practicaron un procedimiento apto para llevarlos a un consenso espiritual. Anteriormente a esta etapa final ya había sucedido el proceso de conocerse en familia, de conocer la sabiduría y el “estilo de paternidad” de cada uno de los prospectivos ancianos, y todo lo demás que era necesario para llegar a una conclusión agradable a Dios.

Tenemos que entender entonces que un anciano en la Biblia es algo muy diferente de un “miembro de la junta directiva” en una asociación o congregación religiosa moderna. En las congregaciones actuales, el entero proceso de constituir un liderazgo se ha despersonalizado y se ha desacoplado del ambiente familiar. Los líderes se eligen según un procedimiento mecánico prescrito por estatutos y reglamentos. Estos procedimientos pueden ser más democráticos (elecciones en asamblea) o más dictatoriales (los líderes superiores deciden); pero en ambos casos no se eligen los más sabios ni los más maduros espiritualmente. Mucho más peso tienen las capacidades humanas, tales como la facilidad de hablar, la capacidad de imponer sus decisiones sobre otros y de manipularlos, la capacidad de presentar una buena apariencia hacia afuera; y en algunas congregaciones también los diplomas teológicos. Pero nada de esto garantiza la espiritualidad o la integridad personal de las personas que salen elegidas.
En consecuencia, estos liderazgos funcionan más como los gobiernos seculares o como la gerencia de una empresa grande, que como una familia. Existe hipocresía, burocracia, corrupción, codicia, intrigas, luchas por el poder, inmoralidad (con las maniobras consiguientes para encubrirla), y todo lo feo que se ve en el mundo no cristiano. Los líderes pueden esconder su verdadera personalidad detrás de una “apariencia de púlpito”, porque nadie está lo suficientemente cercano a ellos para poder conocerlos tales como son. Por eso, nadie tampoco puede advertirlos o corregirlos cuando están en peligro de extraviarse o de caer en pecado. La pérdida de las estructuras familiares ha desfigurado el liderazgo en las congregaciones de tal manera que hoy en día es difícil siquiera imaginarse lo que es un verdadero liderazgo espiritual.

En la iglesia del Nuevo Testamento, el ancianato surge de manera natural desde la familia, desde la paternidad, y desde las reuniones en los hogares. El criterio más importante para la aptitud de alguien para el ancianato es, si es un buen esposo para su esposa y un buen padre para sus hijos. En el ambiente familiar de la iglesia del Nuevo Testamento, con sus reuniones en los hogares y su compartir de la vida diaria, los miembros de la iglesia podían observar fácilmente la vida familiar de los otros miembros, y así conocer su carácter verdadero. Así funcionaba el reconocimiento de los padres más sabios y espirituales como ancianos, y la corrección mutua cuando uno de ellos estaba en peligro de apartarse de los caminos del Señor.

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 2

04/02/2017

El ancianato como liderazgo familiar

En el Antiguo Testamento, la sociedad judía en todos sus niveles fue dirigida por los “ancianos”. Había ancianos de las familias extendidas, de los linajes o estirpes, y de las tribus.

El ancianato en el Antiguo Testamento

El término de “anciano” es en primer lugar un término de la vida familiar. El gobierno de los ancianos era una paternidad extendida. Los ancianos fueron reconocidos como tales porque ellos eran los padres más sabios en sus propias familias. La autoridad surgía de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Las personas más indicadas para testificar de la calidad de un anciano son los miembros de su propia familia. Así, cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.

Los ancianos entonces no fueron elegidos democráticamente; pero tampoco fueron “constituidos” por un liderazgo superior. Ellos fueron reconocidos por su familia extendida o estirpe, por las personas que le conocían personalmente, y a base de sus cualidades personales y su madurez espiritual que estas personas cercanas podían ver. El entero proceso de designar ancianos fue un proceso relacional (basado en las relaciones personales entre las personas involucradas), no un proceso institucional.

En el ambiente bíblico, aun cuando alguien llegaba a un nivel muy alto del ancianato, la familia seguía siendo su prioridad más importante. Si descuidaba esta prioridad, podía perder su autoridad, y hasta caer bajo el juicio de Dios. Así sucedió con el sacerdote Elí, quien ocupaba una posición muy importante, pero descuidó corregir a sus hijos (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

El ancianato en el Nuevo Testamento

Este mismo concepto de “anciano” se aplica también en la iglesia del Nuevo Testamento. Por eso es uno de los requisitos más importantes para un líder en la iglesia del Nuevo Testamento, que sea “un buen líder de su propio hogar, que tenga a sus niños en sumisión, con toda honradez – porque si alguien no sabe liderar su propio hogar, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Timoteo 3:4-5) – Educar a los propios hijos es una preparación indispensable para ser anciano. En la iglesia del Nuevo Testamento era imposible que alguien llegase a ser reconocido como anciano, si no había dado primero el ejemplo de ser un buen esposo y padre durante muchos años.
Esta fundamentación del ancianato en la familia es una de las seguridades más fuertes contra la intromisión de falsos hermanos o personas no esprituales en el liderazgo. El propio hogar es el lugar donde uno tiene las menores posibilidades de aparentar algo que uno no es. Si alguien es un mentiroso, un hipócrita, un codicioso, un manipulador … sus familiares se darán cuenta de ello. Y si la iglesia entera está basada en las familias y se reúne en los hogares, entonces los otros miembros de la iglesia también podrán darse cuenta. Si la vida familiar es el criterio más importante para reconocer a un líder sabio, íntegro y maduro, entonces hay más probabilidad de que sean realmente las personas espirituales, íntegros y transparentes, quienes serán reconocidos como ancianos.

Por supuesto que un padre cristiano sigue administrando bien su hogar, también después de asumir una responsabilidad como anciano. La responsabilidad por la iglesia no debe causar que el padre se ausente de su hogar más de lo debido; porque si hiciera eso, perdería el fundamento y la legitimación de su responsabilidad en la iglesia. La responsabilidad fuera del hogar no debe ser un sustituto de la paternidad, sino una extensión de ella.

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 1

26/01/2017

En las reflexiones anteriores hemos examinado la descripción de la iglesia del Nuevo Testamento como “cuerpo de Cristo”, y hemos analizado el funcionamiento interno de este cuerpo. Ahora pasaremos a otra descripción igualmente importante: la iglesia es la familia de Dios.

La estructura de la iglesia del Nuevo Testamento se basa en las familias.

La iglesia se llama “la familia de Dios” (Efesios 2:19) o “familia de la fe” (Gálatas 6:10). Un poco más adelante en la misma carta, Pablo explica la razón de ser de la familia: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesús el Cristo, según quien es nombrada toda familia (lit. paternidad) en los cielos y en la tierra.” (Efesios 3:14-15) La familia – o más exactamente la paternidad – terrenal es entonces una imagen y un reflejo de la paternidad que ejerce Dios Padre. La familia no es simplemente una forma de convivencia de la sociedad humana. Es una institución divina con el propósito explícito de reflejar la paternidad de Dios en la tierra.
Y eso mismo es también uno de los propósitos más importantes de la iglesia. Avanzando un poco más en la carta a los efesios, vemos que Pablo habla también de la iglesia en términos de la familia y del matrimonio: “…porque el esposo es cabeza de la esposa, como también el Cristo es cabeza de la asamblea, y él es Salvador del cuerpo. … Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y será adherido a su esposa, y los dos se volverán una sola carne. Este secreto es grande, pero yo digo [que se refiere] a Cristo y a la iglesia.” (Efesios 5:23.31-32)

Por eso, la estructura de la iglesia del Nuevo Testamento es básicamente la estructura de una familia; no de una organización o institución. En su núcleo está la familia natural, la cual refleja la paternidad de Dios. Y si las relaciones interpersonales en la iglesia funcionan como relaciones familiares, la iglesia entera refleja la paternidad de Dios. La paternidad de Dios es perfecta, justa, fiel, amorosa, compasiva, comprensiva, sincera, transparente, y siempre para el bien de los hijos.

Ya la antigua Israel, el pueblo de Dios del Antiguo Pacto, fue estructurado y organizado enteramente por familias, linajes y tribus. En el Nuevo Testamento hay pocos pasajes que hablan explícitamente de una estructura familiar. Por eso es fácil pasar por alto este hecho. Pero la primera iglesia estaba todavía completamente inmersa en la cultura judía. Por eso, la estructura familiar es como un telón de fondo que está presente en todos los relatos acerca de la iglesia, aún donde no se la menciona explícitamente.

Esto comienza con la metáfora que el Señor Jesús utiliza para describir el comienzo de una vida cristiana: “… les dio autoridad de volverse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; quienes son engendrados no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13) – “El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). Una verdadera vida cristiana comienza con un nuevo nacimiento. La persona que nace de nuevo, se convierte en un “hijo de Dios”. Así como un bebé nace en una familia (no en una fábrica, ni en una escuela), así también un nuevo cristiano nace en una familia espiritual, no en una “institución”.
Pablo no usa la expresión de “nacer de nuevo”, pero en su lugar usa la expresión de la “adopción” como hijos de Dios (Romanos 8:14-16, Gálatas 4:3-7).

Después encontramos los indicios de esta estructura familiar en todos los pasajes que testifican que la primera iglesia se reunía en las casas. En los idiomas bíblicos, el hebreo y el griego, la palabra “casa” es equivalente a “familia”.
Con esto coincide que en varias oportunidades leemos de familias enteras que entregaron sus vidas al Señor:
Cornelio con “sus parientes y amigos más cercanos” (Hechos 10:24.44),
Lidia “y su familia” (Hechos 16:15),
el carcelero de Filipos “con todos los suyos” (Hechos 16:33),
“la casa de Aristóbulo” y “los de la casa de Narciso” (Romanos 16:10-11),
“la familia de Estéfanas” (1 Corintios 16:15).

Encontramos también pasajes en las cartas de los apóstoles que se dirigen a esposos y esposas, padres e hijos, amos y esclavos. (Efesios 5:21-6:9, Colosenses 3:18-4:1, 1 Juan 2:12-14.) De allí podemos concluir que las familias estaban unidas en las reuniones; no se formaban grupos de jóvenes o niños aparte, ni de varones o mujeres aparte. La primera iglesia era realmente una “familia de familias”. No era un grupo de personas individuales sacadas de sus familias al azar y juntadas para formar una “institución”. La iglesia del Nuevo Testamento mantiene y fortalece la unidad de la familia. No separa a los miembros de la familia los unos de los otros en sus reuniones y eventos. No hace exigencias que requieren que los padres o madres dejen solos a sus esposos(as) o hijos; no educa a los niños en instituciones aparte y separados de sus padres; no interfiere en los asuntos internos de las familias sin que se haya pedido su ayuda. La entera estructura de la iglesia del Nuevo Testamento es familiar, no institucional.

¿Quién salvará … la FAMILIA?

19/07/2011

NOTA: Este artículo fue movido al nuevo blog “Educación Cristiana Alternativa”.

Vea:

 http://educacioncristianaalternativa.wordpress.com/2011/11/30/quien-salvara-la-familia/