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Funciones de capacitación en la iglesia del Nuevo Testamento según Efesios 4:11

13/07/2017

Efesios 4:11 menciona cinco “dones” o “funciones” en un contexto particular: Los cinco sirven “para perfección de los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la madurez de la plenitud de Cristo; …” (Efesios 4:12-16)

Los mencionamos aquí aparte, porque el alcance de estas cinco funciones va más allá de la simple “edificación mutua” en las relaciones de “unos a otros”. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son responsables de capacitar a los otros miembros del cuerpo para que éstos puedan realizar un “ministerio” o “servicio” para la edificación del cuerpo. Por eso podríamos llamarlos “funciones de capacitación”.

El verso 11 dice literalmente: “Y él mismo dio a unos, apóstoles … (etc.)”. O sea, el “don” que Dios da a Su iglesia (v.8) no es “el apostolado”, sino el apóstol mismo como persona; no “la profecía”, sino el profeta mismo como persona; etc. Esto sugiere que este verso habla de personas que ejercen estas funciones a tiempo completo, como su ocupación u “oficio” principal. También indica que estas personas ya no son propiedad de sí mismos; están ahora a disposición de la iglesia para servirle como un “regalo” de Dios para ella. O sea, ¡su función no es dominar sobre la iglesia o gobernarla!

Deseo enfatizar una vez más que “Dios dio” estos dones. No está en el poder de los hombres, “colocar” a apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, o maestros. Nadie puede “elegir” a un apóstol, “ordenar” o “constituir” a un pastor (hablando de pastores en el sentido del Nuevo Testamento), “crear el oficio” de un evangelista, “encargar” a alguien con la función de maestro, etc. Tampoco puede alguien adquirir las capacidades correspondientes por medios humanos: Nadie se convierte en profeta o en pastor por “estudiar una carrera”, por “aprender del profeta fulano o del pastor zutano”, por graduarse de un “instituto bíblico” o “seminario teológico” o algo así. Las Escrituras son muy claras en que Dios es el único que puede “dar” una de estas funciones a alguien. La iglesia, o sea el pueblo de Dios, solamente puede reconocer si Dios ha dado a alguien una de estas funciones. Y si una congregación no reconoce a estas personas, y “ordena” o “constituye” en su lugar a otras personas para que cumplan funciones como estas, entonces la congregación se estropea espiritualmente.

Al estudiar las personas que en el Nuevo Testamento ejercieron alguna de estas funciones, encontramos en casi todos los casos que se trataba de “obreros itinerantes” que iban de iglesia en iglesia y abarcaban un amplio espacio geográfico. Podemos concluir que las personas que ejercían estas funciones a tiempo completo eran relativamente pocas, y que ellos no eran los líderes de las iglesias locales. (La gran mayoría de los ancianos locales deben haber tenido un oficio normal, y ejercieron sus funciones de ancianos en su tiempo libre.)

Muchas congregaciones actuales han remplazado estas cinco funciones por una sola, la de un “pastor” o “predicador” que intenta cumplir las cinco funciones juntas (y a veces todas las cinco tan solo con “predicar”…). Esto no está en el sentido de la palabra de Dios:
– Dios quiere que en el “cuerpo de Cristo” haya una diversidad de dones y funciones que se complementan mutuamente. Las reuniones de los cristianos no deben ser dominadas por una sola persona; y el liderazgo y “ministerio” de una iglesia no debe estar concentrado en una sola persona. Una sola persona no puede cumplir a cabalidad las cinco funciones. Cada siervo de Dios necesita el complemento de otros siervos que tienen los dones que él mismo no tiene.
– Cuando las reuniones consisten en una “prédica”, el predicador es el único que “ministra” activamente; todos los otros miembros del cuerpo están pasivos. Pero la finalidad de estas funciones es que todos los santos hagan “la obra del servicio”, y que sean capacitados o “perfeccionados” para hacerlo.

Así por ejemplo un evangelista es no solamente alguien que evangeliza. Aun más importante es que él capacite a los miembros y ancianos de las iglesias locales, con su ejemplo y con sus consejos, para que ellos mismos evangelicen. – De la misma manera, un pastor en el sentido del Efesios 4:11 no es alguien que “pastorea” (ni mucho menos “lidera”) una iglesia local. Es alguien que capacita a los miembros y ancianos de las iglesias locales, con su ejemplo y con sus consejos, para que ellos mismos se “pastoreen” unos a otros. – Un maestro no solamente enseña: capacita a los miembros y ancianos de las iglesias locales a estudiar y entender las Escrituras por sí mismos, para que puedan enseñarse unos a otros. – Y de manera similar podemos entender también la función de un apóstol y de un profeta como “capacitadores”.

Mencionamos estas funciones en el contexto de la iglesia como “familia de Dios”, porque hemos visto que en la iglesia del Nuevo Testamento, todo liderazgo es “familiar”. Las funciones de capacitación no son una excepción. La autoridad y la integridad de las personas que ejercen una de estas funciones, debe demostrarse primeramente en su propia familia; y después en la “familia de familias”, la comunión local de los cristianos.
Cuando alguien empieza a asumir responsabilidades mayores en la familia de Dios, el peligro es mayor que empiece a olvidar su responsabilidad más importante: su propia familia. Alguien que ejerce una de las funciones de capacitación, debe ser especialmente vigilante para no descuidar a su esposa y sus hijos. Si descuida a su familia, socava la base de su propia autoridad espiritual.

Cada siervo de Dios que cree ser llamado a ejercer una de estas funciones, debería hacerse las siguientes preguntas:
¿Cuál es realmente la función a la que Dios me ha llamado? ¿Soy un apóstol, profeta, evangelista, pastor, o maestro?
¿Quiénes son los siervos de Dios con otras funciones que Él quiere que yo colabore con ellos y que ellos complementen lo que me falta a mí?
¿Cómo puedo ejercer mi función de tal manera que los otros miembros del cuerpo sean capacitados para que ellos cumplan su función de edificarse unos a otros?

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Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 1

31/03/2017

En las reflexiones anteriores encontramos que la iglesia del Nuevo Testamento tenía una estructura familiar, no institucional; y que una expresión específica de esta estructura familiar es el ancianato como paternidad extendida. Veremos ahora cuáles eran las funciones de los ancianos bíblicos.

“Pastorear”

Primeramente tenemos que entender que en la estructura de la iglesia del Nuevo Testamento no existe el “pastorado” en la forma como lo entienden la mayoría de las congregaciones actuales. El “pastorado” evangélico es en realidad la continuación del sacerdocio católico romano, solamente bajo otro nombre y con funciones ligeramente diferentes. En el texto original del Nuevo Testamento, el sustantivo “pastor” (griego “poimén”) aparece una sola vez como una función en la iglesia (Efesios 4:11), y allí no significa un líder de la iglesia local, sino una función de “capacitación de los santos para el servicio”.

Además encontramos en tres pasajes del Nuevo Testamento el verbo “pastorear” (griego “poimáino”) como una función en la iglesia:
– En Juan 21:16 dice Jesús a Pedro: “Pastorea mis ovejas.” Se trata de un aspecto de la función apostólica de Pedro. Ningún “pastor” de una iglesia local puede aplicar este verso a sí mismo, porque fue una palabra a Pedro personalmente, en una función que trasciende la iglesia local.
– Pedro mismo usa la palabra “pastorear” al dirigirse a los ancianos: “Animo a los ancianos entre ustedes (…): Pastoreen el rebaño de Dios que está entre ustedes, cuidando [de él], no obligadamente, sino voluntariamente; no por codicia de ganancia vergonzosa, sino de buena voluntad; no como quienes se enseñorean de los asignados, sino siendo ejemplos del rebaño …” (1 Pedro 5:1-3). El “pastorear” en la iglesia local es entonces una función de los ancianos.
– En Hechos 20:17 leemos que Pablo “envió a Éfeso para hacer venir a los ancianos de las asambleas”. Y en el verso 28 les dice: “Estén atentos a ustedes mismos y a todo el rebañito entre el cual el Espíritu Santo les puso como cuidadores para pastorear la asamblea del Señor y Dios, la que adquirió por su propia sangre.” – Este pasaje confirma nuevamente que el “pastorear” es una función de los ancianos.

Los pasajes citados son los únicos en todo el Nuevo Testamento que usan las palabras “pastor” o “pastorear” en el sentido de una función en la iglesia. (La versión Reina-Valera traduce además erróneamente “pastores” en Hebreos 13:7, 17, y 24. Pero la palabra original allí no es “pastores”, sino “guías”, “líderes”.)

Ahora, si queremos saber qué significa “pastorear” en el pueblo de Dios, tenemos que ir al Antiguo Testamento. Allí encontramos en el capítulo 34 de Ezequiel la profecía acerca de los malos pastores y el Buen Pastor. Allí se menciona como funciones de un “pastor” legítimo: Fortalecer a los débiles; curar a los enfermos; vendar a los heridos; hacer volver a los extraviados; buscar a los perdidos. “Pastorear” tiene que ver entonces con animar, consolar, aconsejar con amor, restaurar, edificar. Eso no es lo que comúnmente se entiende con un “líder”. Tanto Ezequiel como también Pedro en su carta advierten a los ancianos contra el “enseñorearse” del rebaño. Se pervierte la idea del “pastorear” donde un líder, bajo el pretexto de un “pastorado”, se aprovecha de sus hermanos en la fe y los obliga a colaborar con sus propios planes; o donde un líder interfiere con la vida privada de sus hermanos, exigiendo “sumisión” bajo mandamientos arbitrarios de hombres.

La iglesia como “cuerpo de Cristo” – Parte 5

11/01/2017

Dones espirituales

Los dones del Espíritu Santo son capacidades o habilidades especiales que el Espíritu Santo da a los miembros del cuerpo de Cristo para ejercer su función particular en el cuerpo. Por tanto, los dones espirituales definen en gran medida la función particular de cada cristiano. “Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero no todos los miembros tienen la misma función, … teniendo dones diferentes según la gracia que nos fue dada …” (Romanos 12:4.6)

El apóstol Pablo habla de los dones espirituales en tres pasajes: Romanos 12:4-8, 1 Corintios 12 (el capítulo entero), y Efesios 4:7-16. Los tres pasajes están en el contexto de la enseñanza acerca del “cuerpo de Cristo”. No podremos entender correctamente los dones espirituales mientras no entendemos el funcionamiento del cuerpo de Cristo, como lo hemos descrito en los capítulos anteriores. Los dones del Espíritu Santo son dados para la edificación mutua del cuerpo de Cristo. O sea, los dones espirituales se ejercen en relaciones de “unos a otros”.
En particular:
– No son dados para la edificación de uno mismo.
– No son dados para llamar la atención a la persona que tiene un don, ni para dar a esa persona una posición especial en la iglesia.

Los dones espirituales no son un fin en sí mismos. Deben servir para un propósito superior: edificar el cuerpo de Cristo en amor. Los tres pasajes en las cartas de Pablo acerca del cuerpo de Cristo y los dones espirituales terminan con el recuerdo de que lo más importante es el amor (Romanos 12:9, 1 Corintios 12:31-13:13, Efesios 4:16).

Tomando en cuenta además que el Espíritu Santo siempre glorifica a Cristo (Juan 16:14), también Sus dones tienen el propósito de exaltar y glorificar a Él, y no deben ser abusados para otros propósitos. (Vea también 1 Corintios 12:3.)

Otro principio importante encontramos en 1 Corintios 12:4.7.11: “Los dones son repartidos de maneras variadas, pero vienen del mismo Espíritu … Y Dios dio a cada uno la evidencia del Espíritu para beneficio. … Pero todo efectúa uno y el mismo Espíritu. El reparte a cada uno aparte como quiere.”
De aquí podemos concluir:
– Existe una gran variación de dones espirituales. No todos los miembros del cuerpo de Cristo tienen los mismos dones. Unos recibieron una clase de dones, otros recibieron otros.
– Cada verdadero miembro del cuerpo de Cristo recibió por lo menos un don del Espíritu Santo. (“El reparte a cada uno…”)
– Ningún miembro tiene todos los dones. Es por eso que necesitamos complementarnos mutuamente. (1 Corintios 12:21-25.)
– El Espíritu Santo es soberano en la repartición de los dones. Aunque podemos pedir o “ser ambiciosos por” ciertos dones específicos (1 Corintios 14:1), no tenemos una promesa o un derecho de recibir tal como pedimos. El Espíritu Santo reparte “como quiere”.

En consecuencia, la iglesia del Nuevo Testamento respeta la diversidad de los dones en sus miembros; da a cada uno la oportunidad de ejercer sus dones específicos; y cada miembro reconoce su necesidad de ser complementado por los otros miembros.
Esto es opuesto al sistema del “pastorado” de muchas congregaciones actuales: ellos esperan que el “pastor” ejerza todos los dones. Así ponen sobre los hombros del “pastor” una carga que nadie puede llevar. (Y si alguien pretende ser capaz de llevar esta carga, es una persona prepotente.) Por el otro lado, los “miembros comunes” en un tal sistema tienen poca oportunidad de ejercer sus dones espirituales, ni son animados a hacerlo. – La diversidad de los dones es una de las razones por qué todas las iglesias del Nuevo Testamento fueron dirigidas por una pluralidad de líderes: ellos necesitaban complementarse mutuamente con los dones que cada uno de ellos tenía.
Ahora uno podría caer también en el otro extremo y exigir por ejemplo que “todos los miembros profeticen”, o que “todos sanen enfermos”. Eso es igual de equivocado. Dios ha dado “a uno, hacer milagros” (pero no a todos); “a otro, profecía” (pero no a todos), etc. (1 Corintios 12:8-10). No todos los miembros son ojos; no todos los miembros son pies. El cuerpo de Cristo puede funcionar solamente cuando cada miembro está en la libertad de ejercer su propia función particular.

Los dones son “espirituales”, o sea, son sobrenaturales. No son capacidades naturales del hombre. Eso es muy obvio en el caso de dones “llamativos” como el profetizar o el hacer milagros. Existen otros dones espirituales que se asemejan a capacidades naturales; por ejemplo el enseñar, el administrar, o la misericordia. Pero también en estos casos, si es un don espiritual genuino, tiene un componente sobrenatural que hace relucir el carácter de Dios cuando se ejerce. Por ejemplo, alguien que tiene el don espiritual de enseñar, no es simplemente un buen maestro que sabe explicar bien. Adicionalmente, enseña de tal manera que sus oyentes se ven confrontados con la verdad de Dios y se ven obligados a dar una respuesta ante Dios, sea recibiendo o sea rechazando la verdad que Él les hizo ver. Igualmente, alguien con el don espiritual de la misericordia no es simplemente alguien que ayuda a los pobres. Cuando esta persona hace una obra de misericordia, lo hace de tal manera que los beneficiados se ven confrontados con la misericordia de Dios y se ven desafiados a responder a Su misericordia.

La iglesia del Nuevo Testamento incentiva a cada miembro a ejercer los dones que Dios le dio, para la edificación mutua del cuerpo de Cristo en amor, y complementándose mutuamente. No se centra en el ministerio de unos pocos “líderes” u “hombres de Dios”, sino que provee lugar para la “actividad de cada uno de sus miembros” (Efesios 4:16). No considera los dones “llamativos” como más importantes que los otros, pero tampoco desalienta su uso.
Por el otro lado, la iglesia del Nuevo Testamento está consciente de que el diablo intenta imitar todo lo bueno que Dios da. Por eso, los miembros de la iglesia ejercen su discernimiento, “retienen lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21) y rechazan las falsificaciones.

La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 10 (2)

24/01/2016

Las ovejas siguen al Buen Pastor.

La parábola en Juan 10 enfatiza la relación cercana de confianza entre las ovejas y el Buen Pastor:
“Las ovejas escuchan su voz, y él llama a sus propias ovejas nombre por nombre, y las guía afuera. Cuando haya sacado fuera sus propias ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.” (Juan 10:3-4)
“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y me siguen …” (Juan 10:27)

En la cultura peruana (y posiblemente también en otras regiones que antiguamente eran colonias españolas) es muy difícil entender estas palabras. Es que los pastores peruanos no caminan delante de sus ovejas; caminan detrás de ellas y las arrean, como se haría con vacas u otros animales. Esta pequeña diferencia cultural es un gran obstáculo para el entendimiento del evangelio. Es que la relación entre pastor y ovejas es muy distinta si el pastor camina delante de ellas, o si camina detrás.

Donde el pastor camina detrás de las ovejas, su relación mutua se caracteriza por la desconfianza y el control. Las ovejas no tienen a quien seguir; tienen que encontrar el camino a solas. Además, se sienten constantemente amenazadas desde atrás. En vez de confiar en su pastor, le tienen miedo. El pastor tampoco confía en sus ovejas: tiene que empujarlas para que caminen, y tiene que vigilarlas siempre para que no se desvíen.
En la cultura peruana desde la conquista española, esta es la clase de relación que existe entre líderes y seguidores en la sociedad, en la política, en el mundo del trabajo, y aun en las iglesias: Arrear y dejarse empujar; manipular, aprovecharse y dejarse abusar. Pero donde existe esta clase de relaciones, allí no está la iglesia del Nuevo Testamento. Estas relaciones tienen que ser transformadas por el evangelio.

Donde el pastor camina por delante, las cosas son muy diferentes. Allí hay una relación de confianza mutua. Las ovejas confían que el pastor las llevará a un buen lugar donde hay comida, y por eso le siguen con confianza. Pero también el pastor confía en sus ovejas: confía en que ellas le seguirán por su propia voluntad, y no necesita constantemente controlarlas desde atrás. – Además, el pastor es el que va a reconocer el camino primero. Si hubiera en medio un abismo peligroso, un puente caído, un tramo pantanoso u otro obstáculo, el pastor sería el primero en notarlo y enfrentarse con el peligro. En todo, el pastor da el ejemplo con su propia vida.
Esta es la clase de relación que podemos tener con el Señor Jesús; y esta es la clase de relación que existe también entre “líderes” y otros cristianos en la verdadera iglesia del Señor.

Notamos además que las ovejas siguen siempre al Buen Pastor, ¡no a alguna otra oveja! En esta parábola, todo anciano, “pastor” o “líder” debe identificarse a sí mismo como oveja, no como “pastor”. Cierto, algunas ovejas conocen el camino mejor que otras; pero eso no justifica erigirse por encima del rebaño y pretender asumir el papel del Buen Pastor. Aun aquellas ovejas que cumplen una función de “liderazgo”, no se convierten por eso en algo más que ovejas. Una congregación deja de ser iglesia del Nuevo Testamento cuando sus líderes pretenden controlar y dirigir las vidas de sus miembros de una manera que corresponde únicamente al Buen Pastor.

La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 10

14/01/2016

Después de examinar unas palabras del Señor en Mateo 18 y en Mateo 23, pasamos ahora a Juan 10. Aunque en este pasaje no aparece la palabra “iglesia”; pero Jesús habla simbólicamente del “redil de ovejas” y del “pastor”. Obviamente es una parábola acerca de la iglesia cristiana. Examinaremos algunos aspectos de esta parábola.

La puerta de las ovejas

Hay una puerta al redil, por donde entran y salen las ovejas. Jesús dice: “YO soy la puerta de las ovejas”. (Juan 10:7) Esto es muy importante para entender la iglesia del Nuevo Testamento. Hay una sola manera como uno puede hacerse parte de la iglesia y entrar en contacto con ella: Hay que entrar por Jesús.
El Señor sigue diciendo: “Cuando alguien entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y encontrará pastos.” (v.9) Nos recordamos de una canción de David, que él compuso probablemente mientras estaba pastoreando ovejas: “El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar. Junto a aguas tranquilas me pastoreará. Confortará mi alma.” (Salmo 23:1-3) Si alguien entra por la puerta que es Jesús, el Señor lo guiará a los buenos pastos. Y allí se encontrará también con las otras ovejas. Entrando por Jesús, encontraremos la comunión con Sus otras ovejas.

Es tan importante entender esto porque la iglesia católica romana ha volteado este orden de cabeza, y las iglesias evangélicas le han seguido en el mismo error. El catolicismo romano enseña que la salvación viene por medio de la iglesia: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. Y de manera similar dicen las iglesias evangélicas: “Ven a la iglesia, y entonces encontrarás al Señor.” En esta óptica, la iglesia es una institución que administra salvación, una institución que lleva una vida propia, separada de los cristianos individuales. Esta institución se interpone entre el Señor y los cristianos individuales. De allí surge el sacerdotalismo, que hace que los cristianos dependan de una institución, o de los líderes de esta institución, en vez de depender del Señor mismo.

La parábola del Buen Pastor nos presenta una perspectiva diferente de la iglesia: La iglesia es el “rebaño de ovejas”, la comunión de todos los cristianos. La iglesia no es un edificio ni una institución; la iglesia es un conjunto de personas. La iglesia consiste en aquellas personas que “entraron por Jesús”; o sea, que tuvieron un encuentro personal con Jesús, y a raíz de este encuentro fueron salvos. Ellos, por definición, “son iglesia”, independientemente de la forma exterior que tenga la comunión entre ellos. Están en comunión los unos con los otros porque pertenecen a Jesús; no por su pertenencia a una institución determinada. – Por el otro lado, ninguna institución puede legítimamente llamarse “iglesia” si sus miembros han entrado por algún otro proceso que no sea un encuentro personal con Jesús. En lugar del lema católico romano, tendríamos que decir más correctamente: “Fuera de la salvación no hay iglesia.”

No estamos con eso desestimando el rol que corresponde a los cristianos en guiar a otras personas hacia el Señor. Solamente que tenemos que distinguir entre dos aspectos de la vida cristiana:

Por un lado, la obra de los cristianos individuales en su testimonio del Señor y el anuncio del evangelio, lo que puede suceder tanto en privado como el público;
y por el otro lado, la iglesia propiamente dicho como reunión de los cristianos.

El testimonio de los cristianos tiene como finalidad que otras personas puedan conocer al Señor personalmente. Eso no sucede como un “rito” o “acto institucional”; eso puede suceder solamente si el Señor mismo viene al encuentro de estas personas y se revela a ellos. La “puerta de entrada” siempre es Jesús mismo; no se puede remplazar por un predicador o por una institución.
También, una reunión evangelística no constituye iglesia. La iglesia es la comunión de los que son salvos; la evangelización se dirige a los que todavía no son salvos. Los primeros cristianos tenían bien clara esta diferencia: Testificaban en público y en privado dondequiera que se presentaba la oportunidad; pero a eso no lo llamaban “iglesia”. En cambio, cuando se reunían entre ellos como iglesia, no invitaban a nadie que no fuera cristiano. Dice incluso que “de los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos”. (Hechos 5:13)

Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 3)

24/08/2013

Esta es la continuación de un artículo que describe las paralelas entre iglesias institucionales y escuelas, y los problemas que resultan en estas instituciones.

Procedimientos prescritos desplazan el cumplimiento de la tarea verdadera.

Varias veces me llamó la atención el hecho de que los profesores profesionales raras veces están interesados en saber cómo aprenden los niños en realidad. Claro que hay excepciones. Pero por lo general, encontré que son exactamente los profesores quienes tienen mayores dificultades en aceptar y asimilar datos acerca de los procesos de aprendizaje en los niños, y acerca de los ambientes más propicios al aprendizaje. Ellos están tan llenos de procedimientos, currículos y métodos prescritos por el estado, que ya no preguntan si estos procedimientos y métodos sirven efectivamente para su supuesto propósito, de que los niños aprendan algo. – En cambio, encontré que exactamente aquellas personas que demostraban tener un talento natural para la enseñanza, eran los menos interesados en estudiar la carrera de “educación”.
Los directores de escuelas, funcionarios escolares del estado, etc, se encuentran aun más alejados de la realidad pedagógica. Muchos de ellos se limitan a seguir ciegamente las órdenes del estado, sin preguntar si algo de esto es realmente bueno para los niños.

Mis propios hijos han adquirido la mayor parte de sus conocimientos en las actividades menos “escolares”: Descubriendo juntos cómo se puede programar un juego de computadora. Buscando imágenes y descripciones de animales y plantas en la internet. Viajando a otra región del país. Leyendo espontáneamente un libro que les interesaba, sin tener que dar un examen sobre ello.

Algo muy parecido observo en las iglesias institucionales. Las iglesias y los pastores se interesen raras veces en saber cómo crece un cristiano en su fe, cómo obra Dios en una conversión verdadera, o si los miembros de sus iglesias realmente nacieron de nuevo. En cambio, están llenos de estrategias evangelísticas y tradiciones eclesiásticas que copiaron de otras personas. Estas estrategias y tradiciones producen miembros adaptados y conformistas; pero ¿producen también verdaderos creyentes en Jesucristo? Los pastores raras veces se hacen esta pregunta. Mayormente se contentan con que alguien haya sido “alcanzado” por la estrategia de moda (evangelización masiva, prédica al aire libre, célula, evangelización personal, o lo que sea), y que haya pasado por los pasos prescritos (“oración de entrega”, bautismo, curso bíblico, etc.). Se da más importancia a la ejecución correcta de los procedimientos y rituales, que a la pregunta si existe todavía alguna realidad espiritual detrás de estos rituales.

Los tiempos de oración más intensa, y el interés más vivo en cuestiones de la fe, los encontré normalmente en ambientes muy alejados de las “iglesias”: en reuniones y viajes misioneros juveniles “inoficiales” que no estaban bajo la “cobertura” de ninguna iglesia institucional.

Este principio se aplica tanto a la escuela como a la iglesia: Cuanto más institucionalizada es, menos cumple su tarea verdadera.

Toda institución tiende a producir una cantidad excesiva de reglamentos, formularios, organigramas, etc. Pero todo eso sirve solamente para la apariencia exterior, para satisfacer el deseo de los líderes y burócratas de sentirse importantes, y para impresionar a los miembros y observadores. El exceso de reglamentos no contribuye en nada para alcanzar los objetivos que oficialmente se declaran. Solamente sirve para establecer procedimientos protocolarios que nadie puede cumplir al pie de la letra. Por tanto, hay una manera fácil de acusar y eliminar a cualquier miembro cuya presencia incomoda a los líderes: Puesto que nadie puede evitar romper alguna vez uno de los infinitos reglamentos y procedimientos, se rebuscan sus fallas formales que cometió, y éstas sirven como una razón cómoda para expulsarlo y para encubrir los verdaderos motivos de su expulsión. Los gobiernos políticos demuestran diariamente cómo se hace eso. Pero las escuelas y las iglesias no son mejores.

Se institucionalizan las relaciones personales.

Tanto las escuelas como las iglesias institucionales nos engañan en cuanto a la calidad de las relaciones personales. La escuela dice ser necesaria para la “socialización” de la próxima generación. En discusiones acerca de la educación en casa se pregunta a menudo: “¿Cómo aprenderán los niños a integrarse en un grupo, si no van a la escuela?” – “¿Cómo aprenderán a tratar bien a los que tienen opiniones distintas?” – etc. – Y de manera muy parecida dicen los representantes de las iglesias institucionales que un cristiano necesita estas instituciones para aprender y practicar la comunión cristiana.

Pero su práctica es muy distinta. En la realidad, ambas instituciones priorizan sus metas institucionales. Las relaciones personales tienen que servir estas metas, y así se distorsionan. En vez de juntar a las personas, las instituciones los enajenan unos de los otros. Conozco solamente dos lugares en el mundo donde las personas están durante horas sentados juntos en la misma banca sin tener la oportunidad de intercambiar una sola palabra: en la escuela y en la iglesia. (Bien, existe un tercer lugar con la misma característica: un concierto clásico. Pero nadie pretende que la asistencia a conciertos clásicos sea necesaria para tener comunión unos con otros.)

¿Qué clase de relaciones personales existen entre los alumnos de una escuela? No llegan a conocerse entre sí como humanos, solamente como competidores. Establecen un “orden de picoteo” donde decide la ley del más fuerte. No se practican virtudes como la ayuda mutua, la sinceridad o la compasión. Como dijo John Taylor Gatto después de treinta años de experiencia como profesor:

“Los niños que yo enseño, son crueles entre ellos. No tienen compasión con el desafortunado, se ríen de la debilidad, y desprecian a sus prójimos necesitados de ayuda. – Los niños que yo enseño, se sienten incómodos frente a la intimidad personal y la honestidad. Ellos se parecen a muchos niños adoptados que conocí: no pueden manejar la intimidad personal, porque se han acostumbrado a mantener su verdadero yo en secreto, escondido detrás de una personalidad exterior artificial…”
(John Taylor Gatto en “Por qué las escuelas no educan”.)

¿Y qué del buen trato con los que tienen opiniones distintas? El alumno que no piensa igual como el profesor, no tiene oportunidad de pronunciarse. Y donde el profesor no tiene ninguna opinión, la clase establece prontamente su “opinión oficial”, basada en el “orden de picoteo”. El que no apoya la opinión oficial, será marginado – aun si se trata de asuntos tan triviales como la opinión acerca de la mejor telenovela, el mejor deportista o el mejor grupo musical.

Y en cuanto a las relaciones entre profesor y alumnos: éstas no pueden ser honestas y verdaderamente humanas, mientras el profesor con su poder sobre las notas mantiene un control absoluto sobre la posición social y el futuro profesional de sus alumnos. Aun si el profesor realmente valora a sus alumnos y se esfuerza por comprenderlos – el sistema lo obliga a descalificar a aquellos que “rinden” menos.

¡Cuán diferente era esto en los tiempos cuando la enseñanza y el aprendizaje eran todavía libres! Un futuro artesano o estudiante universitario podía personalmente escoger a su maestro. Averiguaba acerca de la personalidad y las cualidades del maestro, y decidía estudiar con uno que le convencía. Ninguna institución le obligaba a estudiar con un determinado maestro, o según un método determinado. Tampoco hubo calificaciones mediante notas.
Un antiguo filósofo griego con sus alumnos, un profeta o rabino israelí con sus discípulos, un maestro medieval con sus aprendices – seguramente se relacionaban con más confianza y sinceridad que un profesor actual con sus alumnos, o un pastor actual con los miembros de su iglesia. Es que antiguamente, las relaciones entre maestro y discípulo se basaban en una elección voluntaria. Pero a medida que la institucionalización avanzó, las relaciones personales se deterioraron.

Miremos lo que sucede en las iglesias institucionalizadas. En sus reuniones sucede muy poca “comunión”. No es comunión, estar sentados en la misma banca, cantar las mismas canciones y escuchar la misma prédica. – Muchas iglesias hoy en día tienen “células”. Esto es un paso en la dirección correcta. Pero demasiado a menudo, estas células son programadas y controladas de manera centralizada. Entonces tienen que cumplir con un programa prescrito, el cual impide una comunión realmente transparente. O se encuentran bajo una presión de ganar a nuevos miembros, y entonces hacen esfuerzos enérgicos para parecer “atractivas” – lo que normalmente tiene el efecto contrario. – Iglesias en casa, independientes, tienen más libertad en este respecto. Pero ¿realmente harán uso de esta libertad?

En el libro “¿Asi que ya no quieres ir a la iglesia?”, un visitante de una iglesia en casa desafía a los participantes con los siguientes comentarios y preguntas:

“En vez de intentar levantar una iglesia en casa, aprendan a amarse unos a otros, y a compartir el viaje unos de los otros. ¿A quién quiere Jesús que acompañes ahora mismo, y cómo puedes animar a esa persona? Entonces, sí, experimenten con la comunión juntos. Aprenderán mucho. Solo eviten el deseo de hacerlo artificial, exclusivo o permanente. Las relaciones no funcionan de esta manera.
La iglesia es el pueblo de Dios que aprende a compartir su vida juntos. Es Marvin allá y Diana aquí. Cuando pregunté a Ben acerca de vuestra vida juntos, me contó mucho acerca de vuestras reuniones, pero nada acerca de vuestras relaciones. Esto me indicó algo. ¿Conoces siquiera la esperanza más grande de Roary, o la lucha actual de Jacob? Estas cosas raras veces salen a la luz en reuniones. Salen en relaciones naturales que suceden durante la semana.”

En las relaciones entre pastores y miembros de iglesias observamos los mismos problemas como en las relaciones entre profesores y alumnos. Aunque un pastor no tiene poder sobre el futuro profesional de los miembros (con excepción de los colaboradores de la iglesia a tiempo completo); pero tiene – supuestamente – poder sobre el futuro eterno. Esto coloca una presión insoportable sobre los miembros, especialmente sobre los más entregados y sensibles. Y demasiados pastores se aprovechan de ello sin vergüenza, para manipular a los miembros a su antojo.

En general: Cuanto más institucionalización, menos comunión auténtica. En un tal ambiente institucionalizado mueren las amistades sinceras. En cambio, la gente establece supuestas “amistades”, solamente para alcanzar determinadas metas. Las personas no se valoran entre ellos como personas en sí; se valoran solamente a medida que contribuyen a las metas institucionales. Superficialmente muestran comprensión, ayuda mutua y amor al prójmo – pero solamente mientras el prójimo se deja institucionalizar también. Tan pronto como ya no tienen metas institucionales comunes, revienta la burbuja de la supuesta “amistad”.

Esta institucionalización de las relaciones personales tiene consecuencias fatales en el caso de conflictos: Estos se inflan para convertirlos en “casos disciplinarios institucionales”. En casos extremos, un tal conflicto institucional puede arruinar todo el futuro profesional y personal de los afectados. En cambio, en un entorno no-institucionalizado, los conflictos personales se pueden tratar en el nivel personal, y así son mucho más fáciles de solucionar. Lo ilustraremos con un ejemplo del Nuevo Testamento:

Pablo y Bernabé eran colaboradores y amigos en su primer viaje misionero. Uno de sus acompañantes era Juan Marcos; pero él los dejó en medio camino por razones desconocidas. Al alistarse para el segundo viaje misionero, Bernabé quiso llevar otra vez a Juan Marcos; pero Pablo no estaba de acuerdo. El desacuerdo entre ellos era tan fuerte que se separaron. Entonces Bernabé emprendió su propio viaje con Juan Marcos a Chipre, mientras Pablo buscó a otro acompañante y se fue a Asia. (Vea Hechos 15:36-40).

Según el relato bíblico, se trataba de un asunto personal entre ellos, y no hubo mayores consecuencias. Su desacuerdo no era acerca de cuestiones esenciales de la fe, y por tanto no había razón para ocuparse más del asunto. Supongo que la relación entre Bernabé y Pablo quedó afectada por un buen tiempo. Pero ninguno de ellos fue dañado en cuanto a su ministerio espiritual. Muchos años más tarde leemos que aun Pablo reconoció otra vez la utilidad de Juan Marcos (2 Timoteo 4:11). No fue para poco: se trata del autor del Evangelio según Marcos.

¿Cómo hubiera terminado esta historia en una iglesia o sociedad misionera actual? – Puesto que tengo mis experiencias al respecto, me lo puedo imaginar vivamente. El conflicto personal se hubiera llevado al nivel institucional: Puesto que Pablo era el líder de la “empresa misionera”, él hubiera emitido una declaración oficial de que Juan Marcos era incapaz para el trabajo misionero. Esta decisión se hubiera comunicado inmediatamente a los líderes más importantes. Bernabé, aunque originalmente fue el líder principal de la misión, hubiera perdido su “cobertura espiritual” al separarse de Pablo. Posiblemente lo hubieran acusado de “rebeldía” y de “dividir la iglesia”. Tanto Bernabé como Juan Marcos se hubieran visto impedidos de seguir colaborando con las iglesias fundadas por Pablo. Hubieran dejado el ministerio, o hubieran fundado una nueva denominación. – ¡Qué bueno que Pablo no actuó como un líder institucional!

Podríamos fácilmente encontrar ejemplos parecidos del entorno escolar.

Los conflictos personales deben solucionarse al nivel personal. Pero un entorno institucionalizado no permite eso. Los implicados no pueden simplemente enfrentarse como personas humanas. Su comunicación está constantemente afectada por sus rangos respectivos en la jerarquía institucional. Un solo líder, o un pequeño grupo de líderes, institucionaliza su opinión personal y la promulga como verdad absoluta. El conflicto personal se convierte en una demostración de poder de parte del líder. O se provoca una lucha por el poder entre los líderes.

Conclusión

Tanto las iglesias como las escuelas se han institucionalizado de maneras similares. Esto causa problemas muy similares en ambas instituciones.

En consecuencia, durante las últimas décadas se han formado movimientos contrarios en ambos ámbitos: El movimiento de la educación en casa como alternativa a la escolarización; y el movimiento de las iglesias en casa, “iglesias sencillas”, etc, como alternativa a las iglesias institucionalizadas. (Aunque algunos grupos de iglesias en casa son igual de institucionalizados como las iglesias tradicionales; éstas no serían una alternativa verdadera.)

En esta serie de artículos intenté mostrar las paralelas entre iglesia y escuela. Quise demostrar que los dos “movimientos no-institucionalizados” – en cuanto agrupan a cristianos – tienen la misma esencia y pueden aprender el uno del otro. “Iglesia en casa” y “educación en casa” tienen mucho en común. Ambos – si se entienden de la manera correcta – colocan la familia nuevamente en el centro de la vida diaria. Ambos trabajan por una restauración de las relaciones interpersonales que fueron distorsionadas por la institucionalización. Y yo creo que ambos están más cerca del cristianismo original que cualquier otro movimiento del presente.

Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 1)

04/08/2013

Observo en mi entorno que a la palabra “institucionalizar” se le atribuye generalmente un significado positivo. En el pensamiento popular, “institucionalización” se asocia con “orden”, “legalidad” y “calidad”. Poco se considera la otra cara de la moneda: “Institucionalizar” significa destruir un orden natural, para establecer un orden artificial. Y el orden artificial trae consigo la burocratización de la vida, la corrupción, y la destrucción de los lazos humanos y afectivos.

El teólogo y primer ministro holandés Abraham Kuyper entendió bien esta distinción entre el orden natural y el orden artificial. El fue un líder político profundamente comprometido con el orden constitucional de su país. Sin embargo dijo:

“… Es sumamente importante tener en mente la diferencia entre la vida orgánica (natural) de la sociedad y el carácter mecánico del gobierno. Cualquier cosa entre los hombres que se origina directamente de la Creación, contiene todos los datos para su desarrollo en la naturaleza humana como tal. Uds. pueden ver esto en la familia y en la conexión de los lazos sanguíneos. De la dualidad de hombre y mujer surge el matrimonio. De la existencia original de un solo hombre y una sola mujer, surge la monogamia. Los niños existen a causa del poder innato de reproducción. Naturalmente, los niños están conectados entre ellos como hermanos y hermanas. Y cuando estos hijos, con el tiempo, se casan también, todas estas conexiones surgen de la relación de sangre y otros lazos que dominan la entera vida familiar. En todo esto no hay nada mecánico. El desarrollo es espontáneo, como el del tronco y las ramas de una planta.

De hecho, sin el pecado no hubiera habido ni un gobierno ni un orden de estado; sino la vida política entera se hubiera evolucionada de forma patriarcal, desde la vida de la familia. Ni jueces ni policía, ni ejército ni marina, son concebibles en un mundo sin pecado; y por tanto toda regla y ordenanza y ley desaparecería, así como todo control y poder del magistrado, si la vida se desarrollara de manera normal y sin obstáculo desde su impulso orgánico. ¿Quién venda, donde nada es fracturado? ¿Quién usa muletas, cuando sus miembros están sanos?

Por tanto, toda formación de Estado, todo poder del gobierno, todo medio mecánico de forzar un orden y de garantizar un rumbo sano de la vida es siempre algo poco natural, algo contra lo cual las aspiraciones más profundas de nuestra naturaleza se rebelan; y que en este mismo momento podría convertirse en la fuente de un terrible abuso de poder por parte de aquellos que lo ejercen, y de una revolución continua de parte de las multitudes.

(…) Aunque podemos admitir que aun sin el pecado, hubiera sido necesario combinar las muchas familias en una unidad superior, esta unidad hubiera sido internamente envuelta en el Reino de Dios, quien hubiera gobernado directa y armoniosamente en los corazones de todos los hombres. Entonces no hubieran existido estados, sino un solo imperio mundial orgánico, con Dios como su Rey; exactamente lo que es profetizado para el futuro que nos espera, cuando todo pecado haya desaparecido.

Pero es exactamente esto lo que el pecado ahora ha eliminado de la vida humana. Esta unidad ya no existe. Este gobierno de Dios ya no prevalece. Un imperio mundial no puede ni debe establecerse. Este mismo deseo contumaz llevó a la construcción de la torre de Babel. Así surgieron pueblos y naciones. Estos pueblos formaron estados. Y sobre estos estados, Dios puso gobiernos. Y así, si me permiten la expresión, no es una cabeza natural que haya crecido orgánicamente desde el cuerpo de los pueblos, sino una cabeza mecánica, que desde afuera fue puesta sobre el tronco de la nación. Solo un remedio para una condición equivocada. Un palo puesto al lado de la planta para mantenerla parada, porque sin este palo caería al suelo por su debilidad.”

(Abraham Kuyper, “El calvinismo y la política”)

Ahora, existen dos órdenes de la sociedad que hasta hoy debían desarrollarse de forma natural, según la voluntad de Dios: la familia y la comunidad de los cristianos. (De hecho, la estructura de la comunidad cristiana debería ser la misma como la estructura de la familia, como describí en “La iglesia cristiana se centra en las familias”.) Dios nunca quiso que las familias o las comunidades cristianas sean “institucionalizadas” de la misma manera como los gobiernos estatales. Las familias y la comunidad de los cristianos son estructuras basadas en la relación con Dios, el amor, la ayuda mutua, la comprensión humana, y todo lo que da valor a las relaciones interpersonales. En estos ambientes no debería haber lugar para reglamentos y trámites burocráticos, ni para el trato frío que caracteriza las relaciones de funcionarios gubernamentales con sus súbditos.

Sin embargo, la sociedad actual ha institucionalizado y despersonalizado aun estos ámbitos sagrados. La familia – y especialmente su propósito central, la educación de los niños – ha sido remplazada por la escuela. Y la comunidad de los cristianos ha sido remplazada por la iglesia institucional. No nos extraña, entonces, que ambas instituciones – las escuelas y las iglesias institucionales – estén causando la misma clase de problemas en las vidas de quienes las integran. Efectivamente hay un gran paralelismo entre las formas como ambas instituciones destruyen las relaciones interpersonales, y el orden divino acerca de la convivencia humana. En consecuencia, ambas instituciones atentan aun contra sus propios propósitos declarados. Demostraré algunas de estas paralelas.

Ambas instituciones atentan contra la familia.

Como padres deseamos brindar a nuestros hijos una vida familiar sana. Esto implica en primer lugar pasar mucho tiempo juntos con ellos. Hemos experimentado que tanto la escuela como la iglesia institucional impiden alcanzar esta meta.

La mayoría de las iglesias cristianas, en la mayoría de sus eventos y reuniones, separan a los niños de sus padres. Conocí a muchas iglesias donde las reuniones de los niños se llevan a cabo no solamente en ambientes distintos, sino también en horarios distintos de las reuniones de adultos. De esta manera, las familias ni siquiera pueden “ir a la iglesia” juntas. Una familia que es miembro de una tal iglesia, ya no puede pasar tiempo juntos en los días de reunión.

Investigaciones en los Estados Unidos descubrieron que la tasa de divorcios entre cristianos evangélicos es la misma, o aun más alta, que en el resto de la población. Obviamente, las iglesias no contribuyen en nada a fortalecer las familias.

En la mayoría de las iglesias, sus reuniones de niños se llaman “Escuela dominical”. Con esto expresan claramente que fueron inspiradas por el sistema escolar secular, y no por algún orden de Dios.

De hecho, esta administración de los miembros de iglesias por edades contradice la palabra de Dios. En la iglesia original, la familia era el centro de la comunidad cristiana, y todo lo demás giraba alrededor de la familia. Pero las iglesias institucionales actuales separaron su “vida eclesiástica” de la vida familiar, y trasladaron sus reuniones a un edificio impersonal dedicado a eventos al estilo de una escuela.

En los últimos años se fundaron “iglesias en casa” en distintos lugares, con la meta de acercarse más al modelo original del Nuevo Testamento. Tales “iglesias en casa” tienen la gran oportunidad de redescubrir la familia como núcleo de la comunidad cristiana, y de deshacerse de las formas institucionales y “escolares”. La gran pregunta es, si de verdad harán uso de esta oportunidad. (Puesto que todavía no pude conocer a ninguna iglesia en casa en mi país, no conozco la respuesta a esta pregunta.)

Ahora, si hablamos de la escuela, allí la separación y destrucción de las familias es aun más obvia. Los niños son separados de sus padres por cada vez más horas al día, y a una edad cada vez más temprana. Hace cien años, los niños entraron a la escuela alrededor de los ocho años de edad, y asistieron solamente por unas pocas horas al día. Pero hoy en día, en muchos países se obliga a los pequeños de tres años a que vayan a la escuela, y en la primaria las clases ya pueden durar hasta siete horas al día. Y aun cuando están en casa, no están realmente libres. Tienen que hacer tareas, en algunos casos hasta las altas horas de la noche, y a menudo en grupos, de manera que aun este tiempo no lo puede pasar con sus familias. ¿Qué tiempo queda todavía para cultivar una vida familiar?

Pero según la voluntad de ciertos políticos, la vida familiar debería desaparecer por completo. Así se pronunció por ejemplo el Consejo Educativo de Alemania, ya hace treinta años:

“El Consejo Educativo Alemán recomienda como objetivo del quehacer pedagógico en la educación elemental, ‘minimizar la dependencia de los niños de sus personas de referencia’ – ¡esto se refiere en primer lugar a los padres! (Según estos políticos), los niños pertenecen a la sociedad, la cual generosamente reparte ciertas tareas educativas entre padres e instituciones estatales.”
(Eberhard Muhlan, “Kinder in der Zerreissprobe”, 1985)

Desde entonces, este objetivo se ha cumplido. Hoy en día es casi imposible encontrar a alguna familia funcional. Esta es la consecuencia de la extrema escolarización e institucionalización de nuestra sociedad. Y esto a su vez tiene como consecuencia, que aumentan constantemente los problemas de la juventud: desorientación, delincuencia, alcoholismo y drogadicción, relaciones sexuales prematuras y perversiones sexuales, suicidios.

(Continuará)

La autoridad en la familia extendida de Dios

26/11/2012

Las iglesias evangélicas, en su gran mayoría, han creado el oficio de un “pastor” que gobierna sobre la congregación. Este modelo no es bíblico. La palabra “pastor”, como ministerio espiritual, aparece en el Nuevo Testamento una sola vez, y en conjunto con cuatro otros ministerios: “Y él mismo dio a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros” – Efesios 4:11. (La versión Reina-Valera tiene además equivocadamente la palabra “pastores” en Hebreos 13:7.17.24, pero allí el original dice “hegoúmenoi”, lo cual es una palabra general para “líderes”.)

El “pastorado” evangélico se originó en el sacerdocio católico-romano. Fue la idea del romanismo, colocar a un solo hombre en la punta de la iglesia y considerarlo como un mediador entre Dios y los hombres. Esta es una doble rebelión contra los principios de la palabra de Dios:

1. Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Tim.2:5). Ningún hombre puede pretender ser “la voz de Dios” para sus hermanos, ni tiene derecho de hacer que otras personas dependan de él en cuanto a sus vidas espirituales. Por medio de Jesucristo, cada cristiano tiene acceso directo e inmediato al trono de Dios (Hebreos 4:14-16, 10:19-22). Cualquier líder que dice: “Si quieren ser seguidores de Jesús, obedézcanme a mí”, está usurpando el lugar que corresponde solamente al Señor mismo.

2. Porque el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. En todas las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento, donde sabemos detalles acerca de su liderazgo, vemos que fueron dirigidas por un equipo de varios hermanos:
– Jerusalén: los once apóstoles (constantemente mencionados en los primeros capítulos de Hechos).
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17) – los mismos también son llamados “obispos” en v.28
– Las iglesias en general: “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “obispos y diáconos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “líderes” o “guías” (Hebreos 13:7.17.24 – la versión Reina-Valera traduce equivocadamente “pastores”)
– Las iglesias en general: “ancianos” (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)
(Alguien me ha señalado que en 1 Timoteo 3:2 dice “el obispo” – singular. Pero aquí se trata obviamente de una expresión genérica, así como cuando digo: “El estudiante debe leer sus libros” – esto no se puede entender como si existiera un solo estudiante en la clase; tampoco se puede interpretar que haya un solo obispo en una iglesia, cuando Pablo dice “Es necesario que el obispo sea irreprensible…” etc. – Además hemos visto arriba en Hechos 20 que “obispo” es sinónimo de “anciano”.)
– Para un análisis más detallado de los términos que el Nuevo Testamento usa para describir “líderes” o “ministerios”, vea “El Nuevo Testamento, Versión ministerial”.

Ahora, el término más frecuentemente usado en esta lista es “anciano”. Por tanto tenemos que investigar: ¿Qué es exactamente un anciano?

La iglesia primitiva surgió del pueblo judío; todos los apóstoles fueron judíos y se expresaron en términos judíos. Tenemos que entender entonces, desde el trasfondo del Antiguo Testamento: ¿qué era un anciano en Israel?

Encontraremos que la posición de un “anciano” es estrechamente relacionada con la organización del pueblo según tribus, linajes y familias, como vimos en el artículo anterior. Entonces no debe sorprendernos que también la autoridad de un anciano genuino procede del entorno de su familia.

Mike Dowgiewicz escribe:

“Los ancianos siempre fueron los líderes autorizados del pueblo de Dios, tanto en la antigua Israel como en la iglesia temprana. Ser un anciano, un zakén (la palabra hebrea), fue la cúspide de la vida de un hombre sabio. Vamos a detallar como alguien llegó a ser un anciano:
Hombres israelitas que demostraron una sabiduría excepcional al ejercer autoridad, fueron promovidos a posiciones de mayor liderazgo. Aquellos padres de familia que tenían sabiduría excepcional, se volvieron ancianos de su familia extendida (linaje, estirpe). Los ancianos excepcionalmente sabios de una familia extendida se volvieron ancianos de su tribu. Algunos de éstos prosiguieron a ser asesores del rey, para el bien de la nación entera. La sabiduría fue un elemento clave en su progreso.
El liderazgo a cada nivel era personal. En cada nivel, las personas estaban en contacto cercano con los hombres que tenían autoridad. Cada anciano estaba consciente de que él estaba levantando a sus propios sucesores. (En el sistema nicolaita actual, una comisión encarga a un clérigo de afuera, ¡aunque nadie en la congregación tenía anteriormente alguna relación personal con él!)”

Así surgió la autoridad de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.
En el concepto bíblico de autoridad no existe ninguna “inmunidad”: Un líder tiene que recibir corrección de los demás, igual como cualquier “miembro común”. La base para toda corrección es la palabra de Dios; y cada miembro del pueblo de Dios puede aplicar la palabra de Dios para evaluar y corregir a cualquier otro miembro, aun a un líder. Para ilustrar este principio, Dios escogió a menudo como profetas a hombres que no tenían ningún “liderazgo”, y los envió para corregir y amonestar a los reyes.

El núcleo de esta autoridad bíblica es la paternidad. Es que la paternidad es un reflejo de Dios en esta tierra: Dios es el Padre por excelencia. Varios pasajes bíblicos relacionan la autoridad de Dios, y la provisión de Dios por Su pueblo, con lo que un padre en la tierra es para su familia:

Mat.7:9-11: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Ef.3:14-15: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia (literalmente: paternidad) en los cielos y en la tierra”
Hebr.12:7-9: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos (los padres terrenales), ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste (Dios) para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”

(Vea también “Conocer a Dios como Padre”.)

Dios quiere que las familias en esta tierra estén gobernadas por un padre. Así puede cada persona desde niño entender lo que es un padre, y entonces podrá también entender como es Dios. (Esto es, si el padre ejerce su paternidad de acuerdo con la voluntad de Dios.) En el pueblo de Israel vemos como Dios desea que esta estructura familiar sea ampliada para el entero pueblo de Dios. Y lo mismo vale para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, la comunidad de los (verdaderos) cristianos.

Un “anciano”, por tanto, no es un “cargo” u “oficio” que se podría ocupar según un reglamento institucional. Ni mucho menos podrían ancianos ser instituidos y destituidos por turnos o según el antojo de un “pastor” o de una congregación – como una familia tampoco puede cambiar de padre cada año.
Un anciano bíblico no es “elegido” ni “nombrado”; un anciano bíblico es reconocido. La misma palabra “anciano” nos dice que la madurez (espiritual) es lo esencial para un anciano. En la Biblia, la edad avanzada normalmente es sinónimo de sabiduría y amplia experiencia. Y esta sabiduría y madurez viene en primer lugar de muchos años de ejercer la paternidad en su propia familia. Un anciano es esencialmente un padre experimentado, de tal manera que ahora puede ser un “padre para otros padres”.

Irónicamente, la iglesia católica romana ha preservado el recuerdo de esta verdad mejor que otras iglesias, puesto que llama a sus sacerdotes “padres”. Parece que al inicio todavía estaban conscientes de que “autoridad espiritual” es igual a “paternidad según la voluntad de Dios”. Solamente que confieren este título a las personas menos aptos para ello, puesto que un sacerdote católico no cumple, ni puede cumplir, con el requisito más básico del ancianato bíblico, el cual es haber dado un buen ejemplo como padre de familia.

Efectivamente, en Israel y en la iglesia primitiva, la primera prioridad para cada padre era su propia familia. Bíblicamente, ser un buen esposo y padre, es mucho más importante que ser un buen trabajador, jefe, miembro de iglesia o anciano. Para un padre temeroso de Dios, el mundo afuera de la familia (lo que incluye las responsabilidades en la iglesia) nunca puede llegar a ser más importante que la misma familia. Según los principios bíblicos de autoridad, alguien que no era un buen esposo y padre, nunca iba a ser reconocido como autoridad en alguna otra área de la vida (sea en el trabajo, en la política, o en la iglesia). Y aun cuando alguien llegaba a una posición importante en alguna de estas áreas, no iba por eso descuidar su propia familia. Si lo hacía, perdía su autoridad, o podía incluso caer bajo el juicio de Dios como el sacerdote Elí (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

Por tanto, es un requisito importante para alguien que desea tener autoridad en la comunidad cristiana, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Tim.3:4-5).

Espero que entendamos ahora mejor la envergadura de este pasaje. Efectivamente, según el patrón bíblico, la comunidad cristiana es una familia de familias, y la autoridad espiritual dentro de esta comunidad surge de la paternidad.

David contra Saúl: ¿Un ejemplo de la “sumisión bajo el líder”?

06/07/2012

La historia bíblica de Saúl y David es usada a menudo por los líderes religiosos institucionales, para enseñar que un cristiano tiene que someterse a su líder, aun cuando el líder está equivocado. Los pasajes más citados en este contexto son las dos oportunidades donde David tenía la posibilidad de matar a Saúl, pero decidió perdonarle la vida (1 Samuel capítulos 24 y 26). David dijo: “El Señor me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido del Señor, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido del Señor.” (1 Sam.24:6). Y: “¿Quién extenderá su mano contra el ungido del Señor, y será inocente?” (1 Sam.26:9).

De allí dicen estos líderes que “David se sometió a Saúl, aunque Saúl estaba actuando mal; así también los cristianos tienen que someterse a sus líderes, aun en el caso de que los líderes estén equivocados.” Y también: “Nunca hay que criticar a un líder, porque eso sería extender la mano contra el ungido del Señor.”

¿Corresponde esta interpretación con el contenido y la enseñanza de las historias bíblicas mencionadas?

Recordemos que David era un siervo de Saúl. Pero cuando entendió que Saúl le quería matar, huyó donde Samuel. (1 Sam.19:11-19) Estando al servicio de Saúl, ¡David no tenía el derecho de escaparse! – Después de esto, David faltó deliberadamente tres veces en el banquete donde era invitado por el rey. (1 Sam.20:5-7, 24-30) Esto calificaría como una actitud muy “rebelde” en los ojos de muchos “pastores” contemporáneos, quienes ni siquiera toleran que sus siervos (colaboradores) falten una sola vez al culto.

Recordemos también que David era claramente un rebelde en los ojos de Saúl. De otro modo, no lo hubiera perseguido. (Otras personas lo vieron de la misma manera. Nabal por ejemplo lo llamó “un siervo que huyó de su señor”, 1 Sam.25:10.) Aun después de la primera vez que David perdonó la vida de Saúl, Saúl no tomó esto como una señal de sumisión, porque volvio a perseguir a David. La segunda vez, Saúl dijo a David que vuelva con él, y le prometió no hacerle ningún mal (1 Sam.26:21); pero David no volvió con Saúl. También en esta oportunidad entonces, David no hizo caso a Saúl.
Sin embargo, toda la historia deja claro que Dios estaba del lado del rebelde David, y en contra de “su ungido” Saúl.

Veamos también qué significan las palabras “extender su mano contra el ungido del Señor”. Se trata de que los hombres de David le aconsejaron matar a Saúl. Pero algunos “pastores” hoy en día no soportan ni siquiera que uno los critique con palabras: inmediatamente se quejan de que uno esté “extendiendo su mano contra el ungido del Señor”. ¡Hay una diferencia abismal entre criticar y matar!
David sí criticaba a Saúl muy abiertamente y en público: “¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal? … ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? El Señor, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.” (1 Sam.24:9.14-15).
Entonces, tomando el ejemplo de David, tenemos todo derecho de criticar a un líder que actúa mal. Y tenemos también el derecho de desobedecer a un tal líder, si obedecerle significaría cometer un pecado o sufrir un daño nosotros mismos.

Un último aspecto: Un líder que usa la “sumisión” de David como ejemplo para sus seguidores, ¿con quién se compara él mismo? Obviamente con Saúl, el perseguidor, el rey que estaba él mismo en desobediencia contra Dios. Este mismo Saúl calumnió a David y torció los hechos, diciendo a sus siervos: “… para que todos vosotros hayan conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?” (1 Sam.22:8)
Así Saúl se presentó a sí mismo como víctima y a David como el agresor, mientras en realidad la cosa era al revés. Así lo hacen también muchos de estos malos líderes: Si alguien se queja por ser maltratado por ellos, o los reprende por un pecado que cometieron, entonces dicen que son víctimas de una “conspiración” y de “murmuraciones”, y exigen la censura del “rebelde”, o invocan el castigo de Dios sobre él y lo expulsan.

Así que, lejos de presentarnos un ejemplo de sumisión ciega, esta historia nos enseña mucho acerca del comportamiento de un líder abusivo, y acerca del sufrimiento de las víctimas de tales líderes. El ejemplo de David nos muestra qué hacer frente a un tal líder:
– Alejarse de él.
– Reprender sus malas acciones cuando es necesario, pero desde una distancia segura.
– Encomendar la situación a Dios y confiar que El juzgará de manera justa.
– No planear venganza contra el líder ni intentar hacerle daño; pero tampoco someterse a él.
– No darle confianza, ni siquiera cuando promete cambiar y ofrece una “reconciliación”. Un “Saúl” es capaz de fingir arrepentimiento, solamente para continuar después en sus caminos antiguos. (Vea también 1 Sam.15:17-35.)

Las víctimas de líderes “tipo Saúl” tienen que sufrir mucho. Pero pueden saber que Dios está de su lado y los restaurará si siguen confiando en El.

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– Lea también:
“Iglesias disfuncionales”
Hebreos 13:17: ¿Someteos a vuestros pastores?

¿La libertad no les interesa?

22/04/2011

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31-32)

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

“Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de hombres.” (1 Corintios 7:23)

La libertad es uno de los tesoros más apreciados que Jesucristo nos trajo. Los tres pasajes citados, en su contexto respectivo, hablan de tres aspectos en los que Cristo quiere hacernos libres: Libres del pecado; libres de las tradiciones y costumbres religiosas; y libres de la sujeción bajo otros hombres.

Hace años ya he comentado (en “Las ovejas del Perú”) sobre un hecho que me parece uno de los más extraños de la historia: que los celebrados libertadores del Perú eran extranjeros. Aunque el primer movimiento para la independencia, bajo Túpac Amaru II, era un movimiento indígeno – pero los habitantes del Cusco, la antigua capital de los Incas, hicieron alianza con los españoles para combatir y derrotar a Túpac Amaru. Así el Perú tuvo que esperar cuarenta años más, hasta que llegaron el argentino José de San Martín y el venezolano Simón Bolívar, para traerles la independencia que ellos mismos, al parecer, no deseaban tanto.

Esta indiferencia, este desprecio de la libertad se puede observar hasta hoy, en los más distintos niveles de la vida y de la sociedad. Quiero hablar un poco de dos áreas que me preocupan particularmente: el ámbito de los que se llaman “evangélicos”, y el ámbito de lo que comúnmente se llama “educación”.

En el ámbito evangélico está muy difundida una falsa enseñanza que dice que hay que “someterse al pastor”, aunque el pastor esté errado, porque de esto (como dicen) depende la “cobertura espiritual” del cristiano. Pero el único pasaje bíblico donde aparece esta expresión de la “cobertura” es 1 Corintios 11:2-7, donde dice que el hombre no debe tener “cobertura” sobre su cabeza (o sea, no debe hacerse dependiente de la autoridad de otro hombre), porque Cristo es su Cabeza. Pero la mayoria de los “evangélicos” hoy en día prefieren hacerse dependientes de un pastor o de una organización religiosa, en vez de hacerse dependientes de Jesucristo. No examinan, ni protestan, ni siquiera se dan cuenta cuando la enseñanza y la práctica de sus líderes va completamente en contra de la Palabra de Dios. Así dice por ejemplo uno de los muchos apóstoles autoproclamados, cuyo nombre prefiero no mencionar, en un mensaje difundido por internet:

Como honrar a Dios a través de tus pastores
Preferir a otro que significa; si estamos los dos iguales, que pase el primero y si dos se tienen que sentar y hay un solo asiento que se siente él.
El pastor, el apóstol tiene que ir en el mejor coche tiene que sentarse en el mejor lugar (…) Tiene que hacer diferencia con aquellos que son portadores de la unción de Dios (…) porque ellos contienen la unción de Dios y la unción de Dios es lo que va a caer sobre usted.
(…) Tu pastor es lo más importante que hay en tu vida.”

Todo esto en completa contradicción contra las palabras del Señor Jesús: “…Sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.” (Lucas 22:26) Pero hoy en día se considera que un pastor es más “ungido”, cuanto más autoritario y prepotente es. Esto no es “evangélico”, esto no es el Evangelio, esto es esclavitud bajo un hombre.
Y lo más triste: “Mi pueblo así lo quiso” (Jeremías 5:31). Es el mismo pueblo “evangélico” que voluntariamente escoge esta esclavitud. “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas.” (2 Corintios 11:20). Esto dice Pablo a los corintios, no como elogio por si acaso, pero reprochándoles que tan fácilmente se dejaron engañar por los falsos apóstoles.
Así es la situación como la observo entre los “evangélicos” hoy. Tienen pastores y líderes que mienten y engañan, que viven en adulterio, que promueven teologías falsas poniendo en duda la Palabra de Dios, que malversan los fondos de la iglesia … y el pueblo, en vez de apartarse de tales líderes, todavía tolera que estos malos líderes “pongan en disciplina” a aquellos pocos hermanos valientes que confrontan los pecados de ellos. Este pueblo no solamente se somete a una nueva esclavitud; aun se hacen partícipes de los pecados de sus líderes. ¿Nunca han leído que la Palabra de Dios nos exhorta a “escudriñar las Escrituras” y “examinar todo”? (Hechos 17:11, 1 Corintios 14.29, 1 Tesalonicenses 5:21).

Algunos aluden a Hebreos 13:7 y 13:17, sacando estos versículos de su contexto. Publiqué un artículo aparte sobre esta cuestión: ¿Someteos a vuestros pastores? – Un análisis de Hebreos 13:17.

(Nota aparte: Si menciono a los evangélicos en particular, no quiero decir con esto que la iglesia católica esté mejor. Pero los evangélicos son los que deberían saber mejor, porque ellos – por lo menos en la teoría – se apoyan en los principios de la Reforma, diciendo que la Palabra de Dios tiene autoridad por encima de todas las tradiciones y de todos los líderes de la iglesia.)

Ahora, ¿nos sorprenderá que estos mismos líderes a su vez se sometan a otra esclavitud? Hubo gran aplauso entre los evangélicos, cuando el gobierno anunció una ley de “igualdad religiosa”: ahora las iglesias evangélicas serían reconocidas por el gobierno, y tendrían los mismos privilegios como la iglesia católica. Tengo que señalar enfáticamente que igualdad no es lo mismo como libertad. Hay millones de personas que constantemente se quejan de la “desigualdad”; pero no conozco ni un puñado de personas que se preocupan por la falta de libertad. Parece que prefieren ser iguales y sometidos, en vez de ser cada uno quien es, y libre para mejorar su vida. Se sienten orgullosos cuando el gobierno los “reconoce”, y no se detienen para pensar que todo lo que el gobierno reconoce, el gobierno lo controla. – Cierto, todavía son pocas condiciones las que el gobierno impone a las iglesias “reconocidas”; pero una vez dado el primer paso, nada impide que las libertades sean poco a poco quitadas, y los líderes lo acepten silenciosamente. Una de las condiciones gubernamentales que ahora ya da razón para preocuparse, es que las iglesias “reconocidas” tienen que ser afiliadas al ecuménico CONEP.
Ahora, si tanto desean ser “iguales” a la iglesia católica, no deben sorprenderse los evangélicos si terminan efectivamente siendo iguales a los católicos. Como los antiguos israelitas que deseaban ser “iguales como las otras naciones” (1 Samuel 8:5.20), y Dios permitió que sucediera exactamente eso.

– Ya no deseo alargarme mucho, pero prometí hablar también sobre la “educación”. Una persona libre se caracteriza por ser capaz de hacer sus propias decisiones, reflexionar sobre sus propios actos y asumir la responsabilidad por ellos. Ahora, estas son exactamente las cualidades que la escuela menosprecia y se esfuerza a erradicarlas. Los alumnos son entrenados a obedecer ciegamente a las órdenes de sus profesores, y a hacer las tareas asignadas por el profesor, exactamente de la manera como el profesor quiere, sin reflexionar, sin usar su creatividad, sin hacer decisiones propias. Los profesores a su vez son entrenados a obedecer ciegamente a las órdenes del ministerio de educación, y a implementar en sus aulas las políticas de la burocracia estatal, sin reflexionar, sin usar su creatividad, sin hacer decisiones propias. En vez de ser educadores, son entrenados a ser funcionarios del gobierno. Una tal escuela no es educación, es esclavitud.

Por tanto, observando esto, durante muchos años yo creía que no existía la libertad para hacerlo de manera diferente. He tenido contacto con varias escuelas privadas, evangélicas, y observé que eran prácticamente copias exactas de las escuelas estatales, solamente adornadas con un poco de tiempos devocionales y otras añadiduras religiosas. He intentado hacerles algunas sugerencias, por ejemplo en el sentido de colocar su plan de enseñanza sobre un fundamento cristiano y bíblico (vea “Cosmovisión cristiana y educación escolar”), o de adaptar sus métodos mejor a las necesidades y el desarrollo de los niños, en vez de someter a los niños a la enfermiza carrera de acumular la mayor cantidad de “conocimientos” en el menor tiempo (vea “Mejor tarde que temprano” y “Aprender matemática: ¿Cuestión de burocracia o de principios?”). – Siempre recibí la misma respuesta: “Sí, esto sería interesante … pero si hacemos esto, el gobierno nos va a cerrar la escuela.”
Algunos con los que hablé, incluso creían que desviarse del currículo estatal significaría rebelarse contra la autoridad puesta por Dios. Pero Jesús dijo: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). Los niños no son de César, ellos son de Dios, y por tanto estamos en la obligación de educarlos de la manera como Dios quiere.

Pero hace poco me enteré de que la impresión que me transmitían aquellos líderes evangélicos, era bastante equivocada. Efectivamente existe en el Perú un pequeño puñado de escuelas alternativas, “escuelas activas”, escuelas Montessori, etc. Algunas de estas escuelas se atreven a hacer cosas que horrorizarían a los profesores tradicionales, pero que corresponden mucho mejor a las investigaciones científicas pedagógicas y psicológicas – y además a lo que la Biblia dice acerca de los niños y nuestro trato con ellos. Por ejemplo, organizar a los niños de una forma más familiar, mezclando a niños de diferentes edades. (Lea el artículo sobre escuela activa para entender por qué esto es mejor.) O permitir a los niños que ellos mismos decidan para qué actividades y contenidos de aprendizaje están listos, en vez de someter a todos al mismo tiempo al mismo plan preconcebido y rígido. Y como parece, estas escuelas tienen la libertad de hacerlo. Como la promotoría de una de ellas me escribió textualmente:

“Es mentira que no es posible dar una educación diferente, todas las escuelas privadas y del estado podrian hacerlo, el problema es que no creen que exista otra manera de impartir educacion. De hecho nuestro principal problema es encontrar maestros que entiendan nuestro trabajo y tambien encontrar familias que piensen como nosotros.”

Entonces esta libertad sí existe, ¡pero la mayoría abrumadora no está interesada en ella! Y lo que más me entristece: aquellos que se llaman cristianos, aquellos que más deberían estar interesados en hacer las cosas a la manera de Dios, ¡son los menos interesados en esta libertad! Ninguna de estas escuelas alternativas tiene un trasfondo cristiano; mientras algunas de ellas promueven una religiosidad no cristiana. Aunque el concepto de la escuela activa en sí es muy bien compatible con el cristianismo; incluso está en muchos aspectos mucho más cerca de la Palabra de Dios que la escuela tradicional, como demostré en mi artículo.
Cristianos como los Moore han dedicado toda su vida para devolver la educación a donde pertenece – a la familia -, y para investigar acerca de las maneras más apropiadas de educar y enseñar a niños. Pero los padres y profesores “cristianos” aquí siguen ciegamente la corriente de la educación estatal, e incluso niegan que exista una alternativa. Exactamente aquellos que se llaman cristianos, prefieren una educación para la esclavitud, en vez de una educación para la libertad cristiana. – Al mismo tiempo, unos pioneros no cristianos toman los datos de investigaciones como de los Moore y otras afines, con audacia entran en los espacios de libertad que existen, y (a menudo con muchos sacrificios) comienzan una labor educativa mucho mejor, y mucho más consecuente, de lo que hacen todos los evangélicos juntos.

¿Qué hará Dios con un pueblo que rechaza la libertad que El les ofrece? – La triste respuesta que encontramos en la Biblia: El les da exactamente lo que desean – la esclavitud. (Vea 1 Samuel 8:11-18.) Porque a nadie se le puede obligar a ser libre.

Cristianos que desean una renovación espiritual de la iglesia: “No seamos ingenuos”

08/11/2010

Hace poco encontré un blog titulado “Por un cristianismo radical”, y allí un artículo titulado “No seamos ingenuos”. Me parece que los autores de este artículo resaltan unos punto muy importantes, y por tanto deseo comentar este artículo aquí.

Para leer el artículo original:

“No seamos ingenuos”, primera parte
“No seamos ingenuos”, segunda parte

Y aquí mi comentario:

Veo varios puntos a resaltar en este artículo. Primero, el de la relación “ídolo-fans”. ¿Por qué criticamos ciertas herejías, pecados, corrientes peligrosas en la iglesia? ¿Por convicción verdadera y amor a Dios y a Su pueblo; o por complacer a nuestros “fans” que esperan estas críticas de nosotros?  El autor pone un ejemplo de Benny Hinn, un predicador bastante alejado del evangelio bíblico, pero que en una prédica atacó con buenos fundamentos bíblicos a otro predicador extraviado. Recibió mucho aplauso por ello – simplemente porque los “fans” de Benny Hinn no son los “fans” del otro predicador.

He vivido un ejemplo de este fenómeno en carne propia. Durante algunos años colaboré con cierta denominación evangélica, donde algunos predicadores atacan habitualmente el ecumenismo desde sus púlpitos, defendiendo la “sana doctrina”. Hasta que descubrí que los líderes regionales y nacionales de aquella denominación eran, en su mayoría, ellos mismos miembros de organizaciones ecuménicas y difundían la teología de la Alta Crítica. Como era natural, empecé a exponer estas cosas en las iglesias e institutos de aquella denominación aparentemente tan celosa de la “sana doctrina”. Pero no pasó mucho tiempo, y los líderes me comunicaron que estaban rompiendo sus relaciones con mi persona, y que yo ya no podía enseñar en sus iglesias e institutos. La moraleja: Puedes criticar todo lo que está afuera de la institución, y recibirás aplausos; pero si criticas las mismas cosas dentro de la institución, te expulsan.

Ahora tengo un temor santo ante la posibilidad de formar una nueva organización eclesiástica, “renovada” y “avivada” quizás, pero con sus propios puntos ciegos, y ser parte de un liderazgo que se autoproteja contra cualquier corrección desde afuera, de la misma manera como lo hacía el liderazgo de aquella denominación. Muy acertadas las preguntas que hace el autor del artículo :

Mientras no tenemos posibilidad de reconocimiento todos somos Martín Lutero. Pero el problema está: ¿Y cuando estoy en la misma situación que el cantante fulano de tal o que el predicador mengano?
¿Qué me motiva? ¿Me gusta el reconocimiento? ¿Lo busco? ¿Amo más mi reputación dentro de los que piensan como yo que el agradar a Cristo?
Está claro que si sigues hablando contra la apostasía cientos y cientos de Iglesias te van a rechazar, pero ¿ahora que encuentras que otro montón de creyentes te aplauden cuando hablas contra todo aquello?. ¿Qué pasa con tu corazón cuando ves que existe una “farándula evangélica” también de este lado que habla contra esto y aquello?

Un segundo punto a resaltar: ¿Vivo el evangelio que predico? Dice el mencionado artículo:

Si hemos salido de Iglesias equivocadas porque no vivían el verdadero evangelio, pero ahora tampoco nuestra vida refleja el verdadero evangelio, no seamos ingenuos…
Si hemos atacado las motivaciones del cantante fulano de tal, pero ahora en lo que haces te motiva el mismo ego y vanagloria que ese cantante, olvídate, no hemos cambiado NADA.
Si hemos dejado claro con blogs, vídeos y demás que el fruto de ciertas personas dejaba mucho que desear, y que sus familias no reflejan en absoluto a Cristo, pero tú eres un esposo o una esposa frío y egoísta, si eres un padre que siempre tiene otra cosa que hacer o eres un ejemplo pésimo para ellos, si eres vago y no trabajas y te mantienen tus padres, si no eres un trabajador responsable con el fin de proveer para los tuyos…. que quede muy claro: NO HEMOS CAMBIADO NADA.

Después menciona el siguiente ejemplo positivo:

Hace unos años conocí a Chuy Olivares. El me invitó a su casa y estuve 5 días allí. Debido a sus predicaciones fuertes yo esperaba encontrarme a un hombre duro y en posición de guerra.
Por el contrario encontré a un hombre humilde, manso y hasta afectuoso.
Al pasar tiempo con su familia encontré los efectos del carácter cristiano. Se podía ver una dulce familia.
Al conocer internamente a los líderes de su Iglesia me sorprendió que no viven hablando de lo que dijo fulano de tal ni de la última herejía de mengano. Sino que más bien reinaba, nuevamente, un carácter cristiano.
Es gente que está en franco desacuerdo con la apostasía. Pero que su énfasis mayor está puesto en que las familias, desde el bebé recién nacido hasta el abuelito, reflejen el fruto del Espíritu.

No conozco a Chuy Olivares y no sé mucho de él. Pero me gusta el ejemplo que menciona de él, y espero mucho que sea verdad. No solamente el ejemplo de una familia sana; aun más el hecho de que esta familia esté dispuesta a compartir su vida con otras personas. Muy en contraste con lo que escuché una vez decir a cierto pastor: “Prefiero que los jóvenes de mi iglesia no pasen demasiado tiempo en mi casa. Podrían ver unas cosas que los choquen, y todavía no tienen la madurez suficiente para tratar con eso.”

Personalmente, mi esposa y yo siempre sentimos que nuestra vida fue enriquecida por las personas que vivían con nosotros por algún tiempo, desde unos días hasta varios años. Y fueron estas las personas en quienes hemos visto mayor crecimiento espiritual. Efectivamente, creo que esta es la única forma de “pastoreo” eficaz: compartir las vidas juntos. Las otras cosas que comúnmente se entienden con “pastorear”, lo de administrar una organización eclesiástica, dar charlas y órdenes, y tener citas de “consejería”, es muy artificial y produce muy poco crecimiento verdadero; y además le permite al “pastor” mantener su verdadera personalidad escondida detrás de una máscara profesional. (Volveré más abajo a este asunto del “pastorear”.)
Cierto, el compartir la vida es un desafío mayor. Hay choques; no podemos mantener una apariencia de “cristianos profesionales”; no nos ven siempre sonriendo, sino también en los momentos en que estamos agotados, malhumorados, descontrolados… y así ya no podemos mantener la ficticia relación de “pastores y ovejas”. Vemos la necesidad de crecer nosotros mismos también. Nos vemos obligados a reconocer que “uno solo es nuestro maestro, el Cristo, y nosotros todos somos hermanos” (Mateo 23:8). Unos hermanos son más maduros que otros, ciertamente, pero todos (si es que pertenecemos a Cristo) somos hermanos que nos ayudamos mutuamente a crecer.

Llego ahora al último punto que deseo mencionar, y que merece un comentario más largo. Se trata precisamente de la idea del “pastorear”:

Hace 9 años me fui de una Iglesia totalmente seguro que no tenía nada que ver con la Iglesia de Cristo. Y a partir de ahí, tomé el compromiso de querer un cambio genuino de lo que había vivido.
Siempre repetí: “Para yo hacer lo mismo, me vuelvo a donde estaba”

Y hasta hoy busco ese vivir el verdadero cristianismo. No digo para nada que lo haya alcanzado, pero sí que sigue siendo mi convicción.
Pero yo no fui el único que se fue de esa Iglesia. Antes de que yo me fuera, y después, muchos me decían que todo aquello estaba mal y que debíamos luchar por la verdad. Con la mayoría de los que se fueron hablé esto.
Lo terrible, es que con el tiempo, casi todos se volvieron pastores, y al visitar sus Iglesias, descubrí que estaban haciendo más o menos lo mismo que antes criticaban.
Un poco más de esto, y unas gotas menos de aquello… pero… en síntesis… lo mismo…
¿Qué pasó con todo lo que decían?
Ahora que se encontraban en el mismo lugar que el pastor al que habían criticado, hacían lo mismo.
¿Qué falló?
La raíz seguía estando ahí.
Alguien dijo con mucha razón que tú no has salido de Egipto hasta que Egipto no ha salido de tu corazón. Y sino mira al pueblo de Israel en el desierto.
Por favor, no seamos ingenuos, hemos fomentado que los hermanos salgan de las Iglesias en las que la gente es solo un medio para el fin de alguien. Pero si abrimos nosotros nuevas Iglesias y no nos aseguramos que nuestros propios egos y vanaglorias están crucificadas, NO hemos cambiado NADA.

¿Qué es lo que falla aquí? El “ego” y la “vanagloria” ciertamente son parte del problema. Creo que esto puede combatirse de manera eficaz al compartir la vida con otros hermanos, de una manera que nos obliga a ser transparentes ante ellos, como mencioné arriba. Y con la gracia del Señor, por supuesto.
Pero hay otra parte del problema, y es esto: Cuando estos hermanos deseosos de una renovación “se vuelven pastores”, ya están repitiendo el problema de sus iglesias anteriores. ¡Es el sistema “pastoral” en sí, que genera las vanaglorias y la idolatría y los abusos del poder!
Tan pronto como alguien se pone en la posición de “cabeza de la iglesia” (aunque sea solamente de una pequeña iglesia local), estamos en camino hacia el papado. Según las Escrituras, la iglesia no tiene otra cabeza aparte de Jesucristo (Ef.4:15, Col.2:18-19), y nadie es mediador entre Dios y los hombres, aparte de Jesucristo (1 Tim.2:5). El sistema del “pastor todopoderoso” es una herencia del catolicismo romano y de Constantino, no de la Biblia. En el Nuevo Testamento no encontramos a ninguna iglesia dirigida por un solo “pastor”; y el significado de “pastor” y “pastorear” en el Nuevo Testamento es radicalmente diferente del significado que le dan las iglesias actuales. El sistema pastoral actual forma parte de ese mismo “Egipto” que tiene que salir de nuestros corazones, con todos sus anhelos de dominar, de ejercer influencia y poder, y de tener “mi iglesia” (en vez de ser parte de la iglesia del Señor). En el Señor no hay “pastores y ovejas”; hay un único Pastor (Jesús), y los cristianos somos Sus ovejas. El es el Maestro, nosotros todos hermanos. Algunos hermanos son más maduros que otros y por eso merecen que los tomemos más en cuenta; pero siguen siendo hermanos, no hay “clérigos” y “laicos” en la iglesia del Nuevo Testamento.

Entonces, a los hermanos deseosos de una renovación espiritual les recomendaría lo siguiente: Que se retiren por unos meses (¡o incluso años!) solo con el Señor y la Biblia; y que por lo demás vivan la vida de un cristiano “común y corriente”, sin aspiraciones a “liderar” algo o a “plantar mi iglesia”. Que vuelvan al Nuevo Testamento, dejando atrás todas las ideas preconcebidas y tradicionales de lo que es una “iglesia” – leyendo la Biblia con nuevos ojos, como si nunca hubieron escuchado las palabras “iglesia”, “pastor”, “evangelio”, “reino de Dios”, etc. – y les aseguro que se sorprenderán de los significados que estas palabras tienen en el Nuevo Testamento, tan distintos de los significados que adquirieron a lo largo de 1900 años de tradición eclesiástica. Si tienen formación teológica, es bien posible que tendrán que “desaprender” muchos conceptos que aprendieron, basados solamente en los comentarios de otros teólogos, en vez de la Biblia misma.
Vivan la vida cristiana en sus vidas privadas, en sus familias; y si algo de esto llega a resplandecer hacia afuera, hablen de ello con sus vecinos y con sus compañeros de trabajo – pero no como “pastor” que está “levantando una iglesia”; háganlo simplemente como un prójimo que puede testificar como encontró al Señor y como vive con El. Si el Señor está realmente presente en sus vidas, esto se manifestará inevitablemente, tarde o temprano; y entonces “me rodearán los justos” (Sal.142:7) y se formará una comunidad de cristianos de manera natural. Si esto no sucede, si usted no tiene autoridad espiritual sin la etiqueta de “pastor”, entonces usted nunca ha tenido verdadera autoridad espiritual.

Personalmente estoy en este camino desde hace cuatro años, y no ha sido fácil. Todavía sigue siendo mayormente un “camino por el desierto”. Quizás yo estaría mejor si hubiera tenido tiempo para planear de antemano mi salida del “mundo evangélico”. Pero en mi caso esto no fue posible: de un día al otro se destapó un tal enredo de inmoralidad y corrupción dentro de la institución donde trabajé, que me vi obligado a salir inmediatamente para proteger la seguridad de mi familia. Sin embargo, veo en esto la mano del Señor, porque si hubiera sido de manera diferente, no sé si hubiera tenido la valentía de salir. Estas cosas me hicieron despertar a la realidad de que aquellas instituciones e iglesias estaban realmente lejos del Señor.
Por eso, y por el “temor santo” que mencioné más arriba, me propuse ya no dejar que me llamen “pastor”, ya no fundar ninguna “organización” o “institución”, y ya no “recibir nada, si no me fuere dado del cielo” (Juan 3:27). Entonces empecé a pasar por dos experiencias paralelas, pero muy distintas:
Por un lado, una soledad indescriptible. Resultó que la mayoría de mis “amigos” anteriores habían sido amigos solamente por interés propio: por la posición social que yo ocupaba dentro de la iglesia, o porque yo apoyaba sus instituciones. Aun aquellos que habían expresado simpatía por mi camino, no tuvieron el valor de embarcarse al mismo camino. Pude identificarme profundamente con estas palabras por A.W.Tozer:

Recuerda siempre: no puedes cargar una cruz en compañía. Aunque uno esté rodeado por una gran multitud, su cruz es solamente suya, y el mismo hecho de que la está cargando, lo señala como un hombre apartado. La sociedad se ha vuelto en contra de él; de otro modo él no tendría ninguna cruz. “Todos lo dejaron, y huyeron.”
(…) Pero un santo no debe esperar que las cosas sean diferentes. Por fin, el santo es un extranjero y peregrino, haciendo un peregrinaje no con sus pies, pero con su corazón. El camina con Dios en el jardín de su propia alma – ¿y quién puede caminar allí junto a él, sino Dios mismo? El tiene un espíritu diferente de las multitudes que hollan los atrios de la casa del Señor. El ha visto lo que ellos solamente han oído; y él camina entre ellos como Zacarías caminó mudo después de volver del altar, cuando la gente susurraba: “Ha visto una visión.”

Pero al mismo tiempo, experimenté una libertad inesperada al hablar de mi fe con vecinos y familiares no creyentes. Me di cuenta de que anteriormente, mi testimonio cristiano siempre había sufrido bajo el peso de una “agenda secreta”: Tengo que ganar miembros para “mi” iglesia. Tengo que ganar puntos ante la gente que me admira y me apoya, y ante mis líderes. Tengo que tener “éxito”. – Ahora ya no necesito ganar miembros para nadie. Puedo ser simplemente un colaborador del Señor, dispuesto a actuar como me indica Su voz, pero los resultados son Suyos y no míos. Es El quien edifica Su iglesia, no yo edificando “mi” iglesia.

Cierto, de esta manera dura más tiempo hasta que alguien se convierta. Es difícil tener paciencia hasta que el Señor obre con Su Espíritu para convicción del pecado. Es mucho más fácil hacer grandes reuniones con mucha propaganda y manipulación, y lograr que cien personas repitan una oración de entrega. Pero es probable que entre estos cien no haya ninguno que se convirtió de verdad y de corazón. Prefiero tener comunión con unos pocos cristianos verdaderos, que estar al frente de una iglesia grande de cristianos falsos.

Así que, les animo a continuar vuestro viaje “saliendo de Egipto”, aunque pueda resultar todavía más radical de lo que se imaginaron al principio.

Por qué no funcionó… el programa de capacitación para maestros de Escuela Dominical

30/01/2010

En la web de “Hijos del Altísimo” añadí el siguiente comentario al material de capacitación para maestros de Escuela Dominical:

Desde hace varios años respondo a las personas que se interesan en la “Capacitación para maestros de Escuela Dominical” que sí, pueden usar este programa, pero está en necesidad urgente de revisión, y que lo haría cuando tenga tiempo para hacerlo. Hasta hoy, el tiempo no llegó y el material sigue sin revisar. Es que el trabajo que hago volvió a comenzar desde cero, y si el primer programa necesitó diez años para llegar a la madurez y ser utilizable, el segundo no necesitará menos … faltan todavía unos siete años por lo menos. Entonces, tengan paciencia, la versión revisada no llegará tan pronto.

Pero por lo menos pienso que estoy ahora en condiciones para poder responder a la pregunta: ¿Por qué el primer programa no funcionó, y por qué necesita ser revisado? – Describiré abiertamente mis experiencias, y deseo que cada persona interesada considere primero estos pensamientos, antes de usar este material.

La mayor parte del tiempo, yo juntaba a colaboradores de Escuela Dominical para enseñarles este material (o sea, el primer curso) y para observar las clases que enseñaban y darles sugerencias para mejorar. Al parecer, aprendían y estaban motivados. Pero para cuando llegaba el tiempo para enseñarles el segundo curso, o sea, medio año o un año más tarde, encontré siempre que la mayoría de los participantes ya no trabajaban en la Escuela Dominical. De vez en cuando tuve la oportunidad de hablar con algunos de ellos y preguntarles qué había pasado. La mayoría se había desanimado porque no recibieron ninguna clase de apoyo de parte del liderazgo de su iglesia: no había fondos para la Escuela Dominical, no se tomaban en cuenta las opiniones de los maestros, y algunos incluso dijeron que los líderes obstaculizaban directamente su trabajo. – Algunos otros habían sido trasladados por sus líderes a ministerios “más importantes” (grupo de alabanza, grupo de jóvenes, etc.), y entonces ya no tenían tiempo para enseñar a los niños.

Decidí entonces trabajar por el lado del liderazgo de las iglesias. Hice una encuesta en las iglesias de mi ciudad – con el resultado de que la mayoría de los pastores no financian ni capacitan a los maestros de Escuela Dominical, ni se comunican con ellos. Invité a los pastores de mi ciudad a un seminario sobre la responsabilidad del pastor en cuanto a los niños. Sorprendentemente, asistió un buen número de ellos. Los confronté con los resultados de la encuesta, y les mostré la importancia del ministerio con niños para el crecimiento de la iglesia. Esto parecía convencer por lo menos a algunos de ellos. Pero extrañamente, después de este seminario recibí considerablemente menos invitaciones de parte de las iglesias de la ciudad. No sé si esto era relacionado con lo que dije en el seminario, pero es el hecho.

Llegué a trabajar en otra zona y decidí asegurarme de la colaboración de los líderes desde el principio, antes de siquiera comenzar una capacitación. Así nacieron los requisitos que se mencionan en la introducción del Curso 1, y la “Carta abierta a los líderes de las iglesias”. Los líderes tenían que comprometerse con los requisitos, firmándolos antes de comenzar la capacitación. Así me aseguré de que los líderes y pastores tomaran interés desde el principio, y que asistieran por lo menos a la primera y la última reunión del curso, donde se hablaba de asuntos importantes relacionados con el liderazgo de la iglesia.

Desafortunadamente, muchos líderes no cumplían con estos requisitos. Con frecuencia recibí comunicaciones enojadas de pastores y ancianos: “¿Por qué nuestros maestros no han recibido constancia de su capacitación?” – Y cada vez tuve que decirles: “Es usted quien no ha cumplido. Usted no ha asistido a las reuniones con las que se comprometió con su firma. Por tanto, su iglesia no ha cumplido con los requisitos y no pueden recibir ninguna constancia.” – Otros líderes asistían, pero con mala gana y sin tomar interés, de manera que su asistencia no servía para nada.

Hoy entiendo mejor por qué esto no funcionó. Hubo dos problemas importantes:

1. Obligar a personas con requisitos, es aplicar la ley en vez del Evangelio. (Vea “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”, No.29-33.) Si un pastor o líder no está interesado en los niños de su congregación, no va a cambiar esta actitud solamente porque un capacitador lo obliga a asistir a una reunión. Estos pastores y líderes tienen un problema con la actitud de su corazón. Si fueran verdaderos siervos de Dios, entonces por sí mismos se interesarían en el bienestar de sus colaboradores y de los niños, y no hubiera necesidad de imponerles ningún requisito. Si no son siervos de Dios, entonces solamente un milagro de Dios puede convertirlos. Sí, lo digo directamente: Muchos pastores y líderes de iglesias no son siervos de Dios ni conocen a Dios. (Saben hablar mucho de El, pero no le conocen personalmente.) Solo por eso tuve que llegar al extremo de tener que hablarles con el lenguaje de la ley en vez del lenguaje del Evangelio. La ley es para los inconversos, y solamente una verdadera conversión podría cambiar el corazón de estos pastores y líderes.

2. Yo había acomodado mi programa de capacitación al sistema actual de las iglesias, que son controladas por un “pastor”, se organizan según denominaciones, y apartan a los niños en una Escuela Dominical. Nada de esto es bíblico. (Más sobre este tema en diversos artículos de la sección “Avivamiento y Reforma de la iglesia”.)
Algunos de estos puntos están mencionados en la Lección 3.5. “La iglesia y la unidad de la familia”. Pero casi nadie llega alguna vez a estudiar el Curso 3. Pienso que en una versión revisada, ésta será la primera y principal lección – mientras todos los requisitos y organigramas e “institucionalismos” se irían a la basura. ¡La enseñanza de los niños pertenece en primer lugar a los PADRES!
Mi pensamiento en el pasado era: Tengo que acomodar mi trabajo a la realidad de las iglesias tales como son ahora, y tratar de hacer lo mejor de ello. Pero llegué a entender que los principios de Dios NUNCA se pueden acomodar a un sistema o una organización que se ha apartado de principios bíblicos fundamentales.
En otras palabras: Nunca fue la intención de Dios que un “pastor” controle la enseñanza de niños en la iglesia. Por tanto, los intentos de trabajar con los pastores para mejorar la enseñanza de los niños, NO PUEDEN funcionar. – Nunca fue la intención de Dios que los niños sean educados en un lugar apartado llamado “Escuela Dominical”. Por tanto, los intentos de capacitar y organizar y mejorar las Escuelas Dominicales, NO PUEDEN funcionar.

Bueno, quizás pueden “funcionar” en el sentido de producir una “institución un poco mejor”, una que se vea buena hacia afuera, una que use métodos profesionales, una que crezca en números, etc. Pero no funcionan en el sentido de PRODUCIR FRUTO ESPIRITUAL. Para producir fruto espiritual tenemos que aplicar principios espirituales, y esto no funciona en organizaciones que desde un principio violan ciertos principios espirituales importantes.

Ahora, hablando de fruto espiritual, tengo que mencionar un punto más, y éste es aun más importante que todo lo que dije hasta ahora.

En el pasado no me interesé mucho en la evangelización. Por un lado, porque no es mi don particular, y por el otro lado, porque asumí que las iglesias ya estaban haciendo esto y que los miembros de las iglesias ya eran convertidos. ¡Cuán equivocado era yo! Tuve que presenciar un gran número de escándalos, delitos y hechos horrendos dentro de organizaciones evangélicas, hasta que por fin empecé a preguntarme si éstos eran realmente cristianos nacidos de nuevo. Y cuando empecé a preguntarlos – miembros de iglesias, maestros de Escuela Dominical, estudiantes de institutos bíblicos -, descubrí que solamente una pequeña minoría de ellos pudo testificar de un nacimiento espiritual. Solo una pequeña minoría de ellos pudo testificar de haber sido convencido alguno vez de su pecado (Juan 16:8), de haberse arrepentido y de haber recibido una vida nueva en Jesús. Sí, habían dicho su “oración de entrega” – pero obviamente sin experimentar el cambio sobrenatural que Dios obra en el corazón de una persona que se convierte de verdad.

¡Colaboradores inconversos no pueden hacer la obra de Dios!

Esta es la razón principal por qué las capacitaciones no funcionaban. En vez de “capacitar obreros”, yo debería haberlos evangelizado primero. No debería haber aceptado ciegamente el testimonio de ellos y de sus líderes, de que se habían “convertido”. Debía haberles hablado acerca del Nuevo Nacimiento como un Juan Wesley, quien dijo a los miembros de las iglesias evangélicas de su tiempo: “¡Ustedes – exactamente ustedes – necesitan nacer de nuevo!” Y después debía haberme limitado a trabajar con aquellos que mostraban evidencia de un nuevo nacimiento en sus vidas.
Pero, hoy como entonces, las iglesias no toleran esto. No permiten cuestionar la salvación de alguien que dijo correctamente su oración de entrega. Ni mucho menos de alguien que es “miembro bautizado” de una iglesia. Por esta razón también, el programa de capacitación no podía funcionar dentro de las iglesias existentes.

En el material actual, en la Lección 1.7. (“Evangelizar a los niños”) añadí una pequeña Nota de Edición, señalando el estudio aparte “El camino de la persona en quien Dios obra para salvación”. Pero este tema debería tratarse todavía con mucho más detalle y claridad, aun antes de empezar con cualquier “capacitación”.

Si Ud. pertenece a una de las iglesias institucionalizadas, tradicionales de estos tiempos, podrá ver esta capacitación como algo útil. La dejo todavía aquí en la web, en su forma no revisada. Pero si Ud. anhela ver verdaderos frutos espirituales, seguramente se dará cuenta de las limitaciones de este programa. Necesitaríamos iglesias fundamentadas en conversiones genuinas, y centradas en las familias (no en “pastores” ni en instituciones y organigramas); y entonces nos capacitaríamos como verdaderos padres de familias, ya no como “maestros de Escuela Dominical”. Pero con mi transfondo institucional, a mí mismo me falta todavía experiencia en este camino.

¿Fuiste pastorizado?

24/10/2009

Probablemente conoces el método de “pasteurizar”. Es una forma de esterilizar alimentos con la ayuda del calor. El calor mata a todos los organismos vivos que podrían encontrarse dentro del alimento. Este método fue descubierto por el francés Luis Pasteur (en español: “Pastor”).

De forma muy parecida, las iglesias han encontrado formas de “pastorizar” a sus miembros. Por medio del “calor pastoral”, los miembros son conformados al molde de la iglesia, y los “microorganismos” de doctrina o comportamiento no deseados son eliminados.

El “calor pastoral” se puede aplicar de diversas formas. A veces sucede con mucho amor, cariño y “calor humano”, de manera que los miembros desean de todas formas agradar a este pastor que es tan amable con ellos. A veces sucede, al contrario, con amenazas de maldiciones y castigos de Dios, o de la expulsión de la iglesia. Y muchas veces se da una mezcla de ambos métodos.

El resultado es, que los miembros se conforman a los deseos del pastor. Se exterminan en ellos los “gérmenes” de doctrinas extrañas y de comportamiento pecaminoso. Si fuera tan solamente esto, podríamos verlo como algo deseable. Pero recordemos que el proceso de “pasteurizar” extermina TODA clase de organismos. En el caso del “pastorizar”, por ejemplo, se exterminan no solamente las doctrinas falsas. Se extermina toda doctrina que no esté del agrado del pastor, sea correcta o no. Aun peor: se extermina la capacidad de evaluar una doctrina por uno mismo. Un miembro así “pastorizado”, acepta ciegamente todo lo que le dice su pastor, sea de acuerdo con la Biblia o no.
De la misma forma, se extermina no solamente el comportamiento pecaminoso. Se extermina todo comportamiento que no esté del agrado del pastor, sea pecaminoso o no. Así, algunas iglesias han exterminado en sus miembros todo deseo de conocer iglesias de otras denominaciones, y de tener comunión con cristianos de otras iglesias. – Algunas iglesias han exterminado en sus miembros todo enamoramiento y salir juntos, de manera que algún día tendrán que casarse con una persona que nunca tuvieron la oportunidad de conocerla adecuadamente; una receta segura para desastres matrimoniales. – Algunas iglesias han exterminado en sus miembros toda honestidad, porque es “cultura de la iglesia” tapar y encubrir el pecado, en vez de tratarlo abiertamente. – Y lo peor: se extermina la capacidad de evaluar por uno mismo, qué es pecado y qué no lo es. Para un miembro así “pastorizado”, “pecado” es lo que el pastor prohíbe, sea de acuerdo con la Biblia o no.

Cierto, un miembro así “pastorizado” será más “seguro” y más fiel a “su” iglesia y a “su” pastor. Igual como un alimento pasteurizado se conserva por más tiempo en su estado original, porque han muerto los microorganismos que podrían causar su descomposición. Pero también pierde ciertas propiedades útiles. Por ejemplo, plantas pasteurizadas también mueren y ya no podrán crecer. Semillas pasteurizadas mueren y ya no podrán germinar. De manera parecida, un miembro “pastorizado” pierde su vida y capacidad de reproducción espiritual. Su vida cristiana se reduce a escuchar sermones y apoyar las actividades de su iglesia. No sabe alimentarse por sí mismo desde la Palabra de Dios; no sabe cultivar una vida de oración personal; no sabe evangelizar a sus amigos y vecinos. El único “testimonio” que puede compartir, es: “Ven a mi iglesia y escucha lo que dice el pastor.” Puede quizás reproducir “asistentes a la iglesia”; pero no tiene vida espiritual genuina que podría reproducir. Los únicos que “producen” algo en una tal iglesia, son el pastor y unos cuantos colaboradores “autorizados para ministrar”; y los productos “pastorizados” que ellos producen, carecen de vida auténtica.

Hazte esta pregunta a ti mismo: ¿Fuiste pastorizado?

Una mera formalidad

04/07/2009

“A medida que el cristianismo adquirió autonomía, tropezó con dos graves dificultades: no estar reconocido como ‘religión lícita’, … y negarse sus fieles a sumarse al culto al emperador, una mera formalidad más cívica que religiosa, por considerarla idolatría. La negativa a reconocer el orden constituido … desencadenó varias persecuciones…”
(De un libro de historia, acerca de los cristianos en el Imperio Romano.)

Lo siguiente es una historia ficticia, pero con antecedentes reales en la antigua Unión Soviética, en China, y en otros países.

Claudio se sintió orgulloso del anuncio que pudo dar a su congregación este domingo:
“El gobierno ha aprobado la Ley de Igualdad Religiosa. Desde ahora seremos una religión reconocida por el Estado. Tendremos los mismos privilegios como la iglesia católica romana. Ya no nos podrán tratar como ‘secta’, y ya no tendremos que pagar impuestos por nuestras construcciones.”
– No les dijo que esta nueva ley le iba a dar también unas ventajas importantes a él mismo: Tampoco iba a tener que declarar sus ingresos personales a la Oficina de Impuestos; e iba a viajar a medio precio en los medios de transporte público, un beneficio importante para alguien que viajaba con tanta frecuencia como él.

Por tanto, Claudio se esmeró en cumplir lo más pronto posible con los trámites para la registración de su congregación. Se presentó en el despacho del Director Regional de Asuntos Religiosos con los documentos requeridos, (more…)