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Apóstoles en la iglesia del Nuevo Testamento – Parte 3

18/08/2017

En la reflexión anterior hemos examinado la pregunta de si pueden existir funciones apostólicas en la iglesia actual. Hemos señalado las consecuencias que tendría cada una de las respuestas posibles, la afirmativa y la negativa.

Ahora, para aquellos que responden en el sentido afirmativo, deseo examinar algunos criterios bíblicos para el reconocimiento y el ejercicio de una función apostólica, por si existiera en nuestros días:

Un apóstol tiene su llamado inmediatamente de Dios.

Sólo Dios puede “comisionar” a un apóstol. Ninguna institución, ningún líder, ni siquiera otro apóstol, puede conferir a alguien un llamado apostólico. En consecuencia, un verdadero apóstol no puede representar los intereses de ninguna institución o persona – ni tampoco los suyos propios, por supuesto. Solamente puede representar los intereses de Dios mismo. No hará compromisos con la voluntad de ningún líder y con ninguna tradición eclesiástica, ni siquiera con la suya propia. De todas las funciones en el cuerpo de Cristo, al apóstol se aplica en el sentido más completo que él es propiedad de Dios con todo lo que es y tiene.

Un apóstol no es un líder autoritario.

Eso ya está claro desde las palabras de Jesús acerca del liderazgo en general (Mateo 20:25-28, 23:12, Lucas 22:25-27, Juan 13:13-15.) Pero el contraste es aun más fuerte cuando consideramos lo que Pablo escribe específicamente acerca del apostolado:

“Porque me parece que Dios nos puso a nosotros los comisionados como últimos, como entregados a muerte, porque nos volvimos un espectáculo para el mundo y los ángeles y los hombres. Nosotros somos tontos por causa del Cristo, y ustedes sensatos en el Cristo. Nosotros somos débiles, y ustedes fuertes. Ustedes son gloriosos, y nosotros despreciados. Y hasta la hora presente tenemos hambre y sed y estamos sin ropa y somos golpeados y no tenemos donde quedarnos, y trabajamos duro con nuestras propias manos. Mientras somos insultados, bendecimos; mientras somos perseguidos, lo soportamos; mientras somos difamados, animamos; como desechos del mundo nos hemos vuelto, la basura de todos.” (1 Corintios 4:9-13)

“¿Son siervos del Cristo? Como demente hablo, yo más: en trabajos duros más abundantemente, en golpes más, en cárceles más abundantemente, en muertes muchas veces. Por los judíos recibí cinco veces cuarenta [azotes] menos uno; tres veces fui golpeado con vara, una vez apedreado, tres veces naufragué, una noche y un día he pasado en la profundidad [del mar]; en caminatas muchas veces, en peligros por ríos, en peligros por asaltantes, en peligros desde [mi] pueblo, en peligros desde las naciones, en peligros en la ciudad, en peligros en el desierto, en peligros en el mar, en peligros entre falsos hermanos …” (2 Corintios 11:23-26)

Si “el mayor de ustedes sea vuestro siervo”, y si la función más importante en la iglesia es el apostolado, entonces de los apóstoles se espera sin duda la mayor humillación y la mayor disposición al servicio y al sufrimiento. Los historiadores antiguos relatan que once de los doce apóstoles originales sufrieron la muerte de mártires. El que no demuestra esta humildad y esta disposición de sufrir, no es un apóstol según el Nuevo Testamento.

La iglesia debe examinar a los apóstoles, si son verdaderos.

Algunas congregaciones desean tener apóstoles porque quieren librarse de la carga de ejercer discernimiento ellos mismos. Desean tener un líder al que pueden seguir sin dudar o cuestionar; y en eso son semejantes a los antiguos israelitas que desearon tener un rey (1 Samuel 8:4-20). Pero el Nuevo Testamento es claro en que los cristianos (¡todos los cristianos!) deben examinar a todo líder y toda enseñanza, inclusive a los apóstoles.
Pablo reprende duramente a los corintios porque no examinaron a los “apóstoles en exceso” que llegaron a ellos:

“Porque si alguien viene y anuncia a otro Jesús al cual no hemos anunciado, o reciben a un espíritu diferente al cual no aceptaron [al inicio], bien lo soportaban. (…) Porque los tales son falsos comisionados, trabajadores estafadores, que se disimulan como comisionados del Cristo. Y no es asombroso; porque el mismo satanás se disimula como un ángel de luz. Entonces no es nada grande si también sus siervos se disimulan como siervos de justicia. El fin de ellos será según sus actos. ” (2 Corintios 11:4. 13-15)

El Señor elogia a la iglesia de Éfeso porque

“no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Apocalipsis 2:2).

Entonces, donde alguien pretende ejercer una función apostólica, la iglesia en conjunto debe examinar:
su persona y carácter, si es un verdadero seguidor del Señor. “Desde sus frutos los reconocerán” (Mateo 7:20). En particular, cada apóstol debe cumplir también los criterios de 1 Timoteo 3 para ancianos; y por supuesto que debe cumplir los criterios para todo miembro de la iglesia, según 1 Corintios 5:11, 6:9-10, Apocalipsis 21:8, y otros.
– su enseñanza, si es conforme a las Escrituras. Pablo escribe a los gálatas que no debían recibirle ni siquiera a él mismo, en el caso de que él anunciase un evangelio diferente del que recibieron en el inicio (Gálatas 1:8-9).

Si un líder reclama una autoridad incuestionable, y no permite que los “miembros comunes” de la iglesia lo examinen o critiquen a base de las Escrituras, no es ningún líder cristiano genuino.

“Las señales del apóstol”

“Pero las señales del comisionado produje entre ustedes en toda perseverancia, en señales y milagros y poderes.” (2 Corintios 12:12) – Un apóstol demuestra señales de que Dios mismo lo comisionó. En el caso de los doce apóstoles originales y de Pablo, estas señales consistían mayormente en milagros y sanidades sobrenaturales. En los apóstoles en un sentido más amplio, eso no necesariamente tiene que ser el caso; por ejemplo de Bernabé o de Timoteo no se reportan milagros sobrenaturales. Pero Bernabé demostró una generosidad inusual en consecuencia de su cercanía al Señor (Hechos 4:36-37). – Entre los pioneros misioneros y de avivamiento anteriormente mencionados, según mi conocimiento no se reportaron milagros sobrenaturales en el ministerio de Guillermo Carey, ni de Hudson Taylor. Pero ambos demostraron una disposición extraordinaria para soportar sufrimientos, enfermedades, aislamiento, incomprensión, necesidades materiales, y otras muchas dificultades. Carey logró ademas la hazaña extraordinaria de traducir la Biblia a no menos de cuarenta y cuatro diferentes idiomas asiáticos. – En el ministerio de Zinzendorf resalta un día particular cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre los hermanos reunidos con él, provenientes de varias denominaciones diferentes, con el resultado de que se reconciliaron entre sí y “fueron reunidos en un amor ardiente hacia el Salvador y unos a otros”.
Entonces, Dios puede confirmar Su llamado de muchas y diversas maneras, no siempre mediante milagros; pero en la vida de alguien “comisionado por el Señor” siempre se observará algo fuera de lo común, algo que se puede explicar solamente con el toque de Dios sobre la vida de esa persona.

La función apostólica no puede limitarse a una sola denominación.

Esto es una consecuencia lógica del hecho de que la función apostólica trasciende la iglesia local. El Nuevo Testamento no dice mucho acerca del problema de las denominaciones; este problema ocurrió únicamente en Corinto. Pero leemos allí que Pablo se dirige a “la asamblea de Dios que está en Corinto” (1 Cor.1:2) como si las diferentes facciones no existieran. Él exhorta a todas ellas por igual, en la expectativa de que todas ellas aceptarían su autoridad. Un apóstol (como todas las “funciones de capacitación” mencionadas en Efesios 4:11) está puesto “para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12); entonces si en algún lugar el cuerpo de Cristo está dividido en varias denominaciones, un apóstol no puede dirigirse solamente a una de ellas.

Es un caso distinto si una denominación (o sus líderes) rechaza un ministerio apostólico por el simple hecho de que este ministerio no se somete a sus estructuras denominacionales particulares. Eso, por supuesto, no es culpa del apóstol. La función apostólica por definición tiene que desarrollarse independientemente de las estructuras denominacionales. Pero por esa misma razón, si alguien pretende ejercer una función apostólica y al mismo tiempo se identifica fuertemente con una denominación particular, habrá que dudar del llamado apostólico de esa persona.

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La iglesia del Nuevo Testamento en Mateo 23 (3)

04/01/2016

En la iglesia del Nuevo Testamento, el “liderazgo” es remplazado por servicio.

Esto lo vemos en el verso 12 de nuestro capítulo Mateo 23:

“Pero el mayor de ustedes sea vuestro siervo. Y cualquiera que se eleva a sí mismo será humillado, y cualquiera que se humilla a sí mismo será elevado.”

Podemos citar varias paralelas:

“Ustedes saben que los gobernantes de las naciones los dominan, y los grandes abusan de su poder sobre ellas. No sea así entre ustedes; sino que el que quiere ser grande entre ustedes, sea vuestro siervo, y el que quiere ser más importante entre ustedes, sea vuestro esclavo; como también el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su alma como rescate en lugar de muchos.” (Mateo 20:25-28)

“Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que las dominan, se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes no sean así; sino que el mayor entre ustedes se vuelva como el más joven, y el que guía como el que sirve. Porque ¿quién es más importante, el que está sentado a la mesa o el que sirve? ¿No el que está sentado a la mesa? Pero yo estoy en medio de ustedes como el que sirve.” (Lucas 22:25-27)

“Ustedes me llaman ‘Maestro’ y ‘Señor’, y dicen bien; porque lo soy. Si entonces yo, el Señor y el Maestro, lavé vuestros pies, ustedes también se deben lavar los pies unos a otros; porque les di un ejemplo para que conforme a lo que yo les hice, también ustedes hagan.” (Juan 13:13-15)

En la iglesia del Nuevo Testamento, un “líder” no tiene privilegios. Jesús no reclamaba ningún privilegio frente a Sus discípulos, ni los trató de manera autoritaria. Ellos le reconocían como su Maestro porque veían en Él una sabiduría, espiritualidad y autoridad genuina, que se manifestaban en Sus palabras y en Su ejemplo. Por tanto, Él era digno de ser seguido. Y por eso, Él podía servir a Sus discípulos sin perder algo de Su autoridad.
Este es el ejemplo que Jesús dio para todos los líderes en Su iglesia después de Él. Un líder cristiano genuino no busca un “oficio” o una “posición superior”, no busca privilegios, no se enseñorea de sus hermanos. Al contrario, ejerce sus responsabilidades para el mayor beneficio de sus hermanos. Un líder cristiano siempre dará el ejemplo de esta actitud que estaba también en el Señor: “Debemos (…) no agradar a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade al otro, haciendo lo bueno y edificándole. Porque también el Cristo no se agradó a sí mismo, …” (Romanos 15:1-3)

Desde el mundo no cristiano estamos acostumbrados a que “liderazgo” es idéntico a “gobernar” o “enseñorearse”. Por eso, Jesús tuvo que decir muy claramente que en Su reino las cosas no son así. Cierto, en la iglesia hay una diversidad de dones y funciones (Romanos 12:4-5, 1 Corintios 12:4-6); y algunas de estas funciones implican lo que llamaríamos “liderazgo”. Pero en la iglesia cristiana, esta diversidad de funciones no establece ninguna estructura jerárquica, ni establece una distinción entre “clérigos” y “laicos”. (Vea la reflexión anterior.) Si uno tiene una función de “líder”, no está por eso “por encima” de sus hermanos.

Es interesante observar con cuánta exactitud se expresan los escritores del Nuevo Testamento en este respecto: En un contexto secular, no tienen ningún problema de decir que un líder está “sobre” otros. Pero no usan esta palabra “sobre” cuando se refieren a un líder entre los cristianos. Miremos otra vez de cerca Mateo 20:25-27: “…los grandes abusan de su poder sobre ellas. No sea así entre ustedes; sino que el que quiere ser grande entre ustedes, (…) y el que quiere ser más importante entre ustedes …”

En muchas congregaciones contemporáneas, el liderazgo se ha convertido en una posición de poder, influencia, y bastante ganancia financiera. En consecuencia, el liderazgo atrae a personas que buscan exactamente eso: poder, influencia, y dinero. O sea, el liderazgo empieza a ser ocupado por los menos espirituales; por aquellos que son descritos en pasajes bíblicos como los siguientes:
“… hombres con la mente corrompida y que no tienen la verdad, que piensan equivocadamente que el temor a Dios es un medio para ganar dinero …” (1 Timoteo 6:5)
“… enemigos de la cruz de Cristo, cuyo destino es destrucción, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es en su vergüenza; quienes piensan en lo terrenal.” (Filipenses 3:18-19)
(Acerca de los falsos apóstoles): “… si alguien les esclaviza, si alguien les devora, si alguien les quita lo vuestro, si alguien se levanta a sí mismo, si alguien les golpea en la cara.” (2 Corintios 11:20)
“…el que ama ser el primero de ellos, Diótrefes, no nos recibe. (…) y no contento con esto, él tampoco recibe a los hermanos, y a los que quieren se lo impide, y los echa fuera de la asamblea.” (3 Juan 9-10)

Así surgen congregaciones que prosperan según la apariencia, pero que viven en una miseria espiritual; que están llenas de codicia, intrigas, mentiras, engaños, y aspiraciones mundanas. Donde se observan estas cosas y la iglesia no toma medidas para corregir a estos malos líderes y remplazarlos por personas más espirituales, allí podemos saber que ésta no es la iglesia del Nuevo Testamento.

La situación es muy diferente en lugares como China donde la iglesia verdadera está continuamente amenazada. En China, un líder de la iglesia tiene que enfrentar la pobreza y corre un mayor riesgo de persecución y muerte. Algunos de los líderes más importantes en China ni siquiera pueden estar al frente de una congregación porque tienen que mantenerse escondidos; entonces dedican todo su tiempo al ayuno y la oración, y asesoran a los otros líderes que anuncian el evangelio.
La misma situación – o aun peor – existe en muchos países islámicos.
En tales circunstancias es mucho más probable que sean realmente los cristianos más espirituales quienes aspiran al liderazgo. No recibirán ninguna recompensa en esta tierra; por eso su recompensa de parte del Señor será tanto mayor.

Sería triste si la iglesia pudiera florecer espiritualmente sólo en tiempos de persecución. Pero en tiempos de libertad, por lo menos podríamos evaluar a los líderes según este criterio: ¿Esta persona sería líder también en las circunstancias de la iglesia china? ¿Está en el liderazgo por un deseo de servir, o por un deseo de gobernar?

La autoridad en la familia extendida de Dios

26/11/2012

Las iglesias evangélicas, en su gran mayoría, han creado el oficio de un “pastor” que gobierna sobre la congregación. Este modelo no es bíblico. La palabra “pastor”, como ministerio espiritual, aparece en el Nuevo Testamento una sola vez, y en conjunto con cuatro otros ministerios: “Y él mismo dio a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros” – Efesios 4:11. (La versión Reina-Valera tiene además equivocadamente la palabra “pastores” en Hebreos 13:7.17.24, pero allí el original dice “hegoúmenoi”, lo cual es una palabra general para “líderes”.)

El “pastorado” evangélico se originó en el sacerdocio católico-romano. Fue la idea del romanismo, colocar a un solo hombre en la punta de la iglesia y considerarlo como un mediador entre Dios y los hombres. Esta es una doble rebelión contra los principios de la palabra de Dios:

1. Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Tim.2:5). Ningún hombre puede pretender ser “la voz de Dios” para sus hermanos, ni tiene derecho de hacer que otras personas dependan de él en cuanto a sus vidas espirituales. Por medio de Jesucristo, cada cristiano tiene acceso directo e inmediato al trono de Dios (Hebreos 4:14-16, 10:19-22). Cualquier líder que dice: “Si quieren ser seguidores de Jesús, obedézcanme a mí”, está usurpando el lugar que corresponde solamente al Señor mismo.

2. Porque el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. En todas las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento, donde sabemos detalles acerca de su liderazgo, vemos que fueron dirigidas por un equipo de varios hermanos:
– Jerusalén: los once apóstoles (constantemente mencionados en los primeros capítulos de Hechos).
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17) – los mismos también son llamados “obispos” en v.28
– Las iglesias en general: “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “obispos y diáconos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “líderes” o “guías” (Hebreos 13:7.17.24 – la versión Reina-Valera traduce equivocadamente “pastores”)
– Las iglesias en general: “ancianos” (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)
(Alguien me ha señalado que en 1 Timoteo 3:2 dice “el obispo” – singular. Pero aquí se trata obviamente de una expresión genérica, así como cuando digo: “El estudiante debe leer sus libros” – esto no se puede entender como si existiera un solo estudiante en la clase; tampoco se puede interpretar que haya un solo obispo en una iglesia, cuando Pablo dice “Es necesario que el obispo sea irreprensible…” etc. – Además hemos visto arriba en Hechos 20 que “obispo” es sinónimo de “anciano”.)
– Para un análisis más detallado de los términos que el Nuevo Testamento usa para describir “líderes” o “ministerios”, vea “El Nuevo Testamento, Versión ministerial”.

Ahora, el término más frecuentemente usado en esta lista es “anciano”. Por tanto tenemos que investigar: ¿Qué es exactamente un anciano?

La iglesia primitiva surgió del pueblo judío; todos los apóstoles fueron judíos y se expresaron en términos judíos. Tenemos que entender entonces, desde el trasfondo del Antiguo Testamento: ¿qué era un anciano en Israel?

Encontraremos que la posición de un “anciano” es estrechamente relacionada con la organización del pueblo según tribus, linajes y familias, como vimos en el artículo anterior. Entonces no debe sorprendernos que también la autoridad de un anciano genuino procede del entorno de su familia.

Mike Dowgiewicz escribe:

“Los ancianos siempre fueron los líderes autorizados del pueblo de Dios, tanto en la antigua Israel como en la iglesia temprana. Ser un anciano, un zakén (la palabra hebrea), fue la cúspide de la vida de un hombre sabio. Vamos a detallar como alguien llegó a ser un anciano:
Hombres israelitas que demostraron una sabiduría excepcional al ejercer autoridad, fueron promovidos a posiciones de mayor liderazgo. Aquellos padres de familia que tenían sabiduría excepcional, se volvieron ancianos de su familia extendida (linaje, estirpe). Los ancianos excepcionalmente sabios de una familia extendida se volvieron ancianos de su tribu. Algunos de éstos prosiguieron a ser asesores del rey, para el bien de la nación entera. La sabiduría fue un elemento clave en su progreso.
El liderazgo a cada nivel era personal. En cada nivel, las personas estaban en contacto cercano con los hombres que tenían autoridad. Cada anciano estaba consciente de que él estaba levantando a sus propios sucesores. (En el sistema nicolaita actual, una comisión encarga a un clérigo de afuera, ¡aunque nadie en la congregación tenía anteriormente alguna relación personal con él!)”

Así surgió la autoridad de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.
En el concepto bíblico de autoridad no existe ninguna “inmunidad”: Un líder tiene que recibir corrección de los demás, igual como cualquier “miembro común”. La base para toda corrección es la palabra de Dios; y cada miembro del pueblo de Dios puede aplicar la palabra de Dios para evaluar y corregir a cualquier otro miembro, aun a un líder. Para ilustrar este principio, Dios escogió a menudo como profetas a hombres que no tenían ningún “liderazgo”, y los envió para corregir y amonestar a los reyes.

El núcleo de esta autoridad bíblica es la paternidad. Es que la paternidad es un reflejo de Dios en esta tierra: Dios es el Padre por excelencia. Varios pasajes bíblicos relacionan la autoridad de Dios, y la provisión de Dios por Su pueblo, con lo que un padre en la tierra es para su familia:

Mat.7:9-11: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Ef.3:14-15: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia (literalmente: paternidad) en los cielos y en la tierra”
Hebr.12:7-9: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos (los padres terrenales), ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste (Dios) para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”

(Vea también “Conocer a Dios como Padre”.)

Dios quiere que las familias en esta tierra estén gobernadas por un padre. Así puede cada persona desde niño entender lo que es un padre, y entonces podrá también entender como es Dios. (Esto es, si el padre ejerce su paternidad de acuerdo con la voluntad de Dios.) En el pueblo de Israel vemos como Dios desea que esta estructura familiar sea ampliada para el entero pueblo de Dios. Y lo mismo vale para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, la comunidad de los (verdaderos) cristianos.

Un “anciano”, por tanto, no es un “cargo” u “oficio” que se podría ocupar según un reglamento institucional. Ni mucho menos podrían ancianos ser instituidos y destituidos por turnos o según el antojo de un “pastor” o de una congregación – como una familia tampoco puede cambiar de padre cada año.
Un anciano bíblico no es “elegido” ni “nombrado”; un anciano bíblico es reconocido. La misma palabra “anciano” nos dice que la madurez (espiritual) es lo esencial para un anciano. En la Biblia, la edad avanzada normalmente es sinónimo de sabiduría y amplia experiencia. Y esta sabiduría y madurez viene en primer lugar de muchos años de ejercer la paternidad en su propia familia. Un anciano es esencialmente un padre experimentado, de tal manera que ahora puede ser un “padre para otros padres”.

Irónicamente, la iglesia católica romana ha preservado el recuerdo de esta verdad mejor que otras iglesias, puesto que llama a sus sacerdotes “padres”. Parece que al inicio todavía estaban conscientes de que “autoridad espiritual” es igual a “paternidad según la voluntad de Dios”. Solamente que confieren este título a las personas menos aptos para ello, puesto que un sacerdote católico no cumple, ni puede cumplir, con el requisito más básico del ancianato bíblico, el cual es haber dado un buen ejemplo como padre de familia.

Efectivamente, en Israel y en la iglesia primitiva, la primera prioridad para cada padre era su propia familia. Bíblicamente, ser un buen esposo y padre, es mucho más importante que ser un buen trabajador, jefe, miembro de iglesia o anciano. Para un padre temeroso de Dios, el mundo afuera de la familia (lo que incluye las responsabilidades en la iglesia) nunca puede llegar a ser más importante que la misma familia. Según los principios bíblicos de autoridad, alguien que no era un buen esposo y padre, nunca iba a ser reconocido como autoridad en alguna otra área de la vida (sea en el trabajo, en la política, o en la iglesia). Y aun cuando alguien llegaba a una posición importante en alguna de estas áreas, no iba por eso descuidar su propia familia. Si lo hacía, perdía su autoridad, o podía incluso caer bajo el juicio de Dios como el sacerdote Elí (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

Por tanto, es un requisito importante para alguien que desea tener autoridad en la comunidad cristiana, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Tim.3:4-5).

Espero que entendamos ahora mejor la envergadura de este pasaje. Efectivamente, según el patrón bíblico, la comunidad cristiana es una familia de familias, y la autoridad espiritual dentro de esta comunidad surge de la paternidad.

David contra Saúl: ¿Un ejemplo de la “sumisión bajo el líder”?

06/07/2012

La historia bíblica de Saúl y David es usada a menudo por los líderes religiosos institucionales, para enseñar que un cristiano tiene que someterse a su líder, aun cuando el líder está equivocado. Los pasajes más citados en este contexto son las dos oportunidades donde David tenía la posibilidad de matar a Saúl, pero decidió perdonarle la vida (1 Samuel capítulos 24 y 26). David dijo: “El Señor me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido del Señor, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido del Señor.” (1 Sam.24:6). Y: “¿Quién extenderá su mano contra el ungido del Señor, y será inocente?” (1 Sam.26:9).

De allí dicen estos líderes que “David se sometió a Saúl, aunque Saúl estaba actuando mal; así también los cristianos tienen que someterse a sus líderes, aun en el caso de que los líderes estén equivocados.” Y también: “Nunca hay que criticar a un líder, porque eso sería extender la mano contra el ungido del Señor.”

¿Corresponde esta interpretación con el contenido y la enseñanza de las historias bíblicas mencionadas?

Recordemos que David era un siervo de Saúl. Pero cuando entendió que Saúl le quería matar, huyó donde Samuel. (1 Sam.19:11-19) Estando al servicio de Saúl, ¡David no tenía el derecho de escaparse! – Después de esto, David faltó deliberadamente tres veces en el banquete donde era invitado por el rey. (1 Sam.20:5-7, 24-30) Esto calificaría como una actitud muy “rebelde” en los ojos de muchos “pastores” contemporáneos, quienes ni siquiera toleran que sus siervos (colaboradores) falten una sola vez al culto.

Recordemos también que David era claramente un rebelde en los ojos de Saúl. De otro modo, no lo hubiera perseguido. (Otras personas lo vieron de la misma manera. Nabal por ejemplo lo llamó “un siervo que huyó de su señor”, 1 Sam.25:10.) Aun después de la primera vez que David perdonó la vida de Saúl, Saúl no tomó esto como una señal de sumisión, porque volvio a perseguir a David. La segunda vez, Saúl dijo a David que vuelva con él, y le prometió no hacerle ningún mal (1 Sam.26:21); pero David no volvió con Saúl. También en esta oportunidad entonces, David no hizo caso a Saúl.
Sin embargo, toda la historia deja claro que Dios estaba del lado del rebelde David, y en contra de “su ungido” Saúl.

Veamos también qué significan las palabras “extender su mano contra el ungido del Señor”. Se trata de que los hombres de David le aconsejaron matar a Saúl. Pero algunos “pastores” hoy en día no soportan ni siquiera que uno los critique con palabras: inmediatamente se quejan de que uno esté “extendiendo su mano contra el ungido del Señor”. ¡Hay una diferencia abismal entre criticar y matar!
David sí criticaba a Saúl muy abiertamente y en público: “¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal? … ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? El Señor, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.” (1 Sam.24:9.14-15).
Entonces, tomando el ejemplo de David, tenemos todo derecho de criticar a un líder que actúa mal. Y tenemos también el derecho de desobedecer a un tal líder, si obedecerle significaría cometer un pecado o sufrir un daño nosotros mismos.

Un último aspecto: Un líder que usa la “sumisión” de David como ejemplo para sus seguidores, ¿con quién se compara él mismo? Obviamente con Saúl, el perseguidor, el rey que estaba él mismo en desobediencia contra Dios. Este mismo Saúl calumnió a David y torció los hechos, diciendo a sus siervos: “… para que todos vosotros hayan conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?” (1 Sam.22:8)
Así Saúl se presentó a sí mismo como víctima y a David como el agresor, mientras en realidad la cosa era al revés. Así lo hacen también muchos de estos malos líderes: Si alguien se queja por ser maltratado por ellos, o los reprende por un pecado que cometieron, entonces dicen que son víctimas de una “conspiración” y de “murmuraciones”, y exigen la censura del “rebelde”, o invocan el castigo de Dios sobre él y lo expulsan.

Así que, lejos de presentarnos un ejemplo de sumisión ciega, esta historia nos enseña mucho acerca del comportamiento de un líder abusivo, y acerca del sufrimiento de las víctimas de tales líderes. El ejemplo de David nos muestra qué hacer frente a un tal líder:
– Alejarse de él.
– Reprender sus malas acciones cuando es necesario, pero desde una distancia segura.
– Encomendar la situación a Dios y confiar que El juzgará de manera justa.
– No planear venganza contra el líder ni intentar hacerle daño; pero tampoco someterse a él.
– No darle confianza, ni siquiera cuando promete cambiar y ofrece una “reconciliación”. Un “Saúl” es capaz de fingir arrepentimiento, solamente para continuar después en sus caminos antiguos. (Vea también 1 Sam.15:17-35.)

Las víctimas de líderes “tipo Saúl” tienen que sufrir mucho. Pero pueden saber que Dios está de su lado y los restaurará si siguen confiando en El.

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– Lea también:
“Iglesias disfuncionales”
Hebreos 13:17: ¿Someteos a vuestros pastores?

Por qué no funcionó… el programa de capacitación para maestros de Escuela Dominical

30/01/2010

En la web de “Hijos del Altísimo” añadí el siguiente comentario al material de capacitación para maestros de Escuela Dominical:

Desde hace varios años respondo a las personas que se interesan en la “Capacitación para maestros de Escuela Dominical” que sí, pueden usar este programa, pero está en necesidad urgente de revisión, y que lo haría cuando tenga tiempo para hacerlo. Hasta hoy, el tiempo no llegó y el material sigue sin revisar. Es que el trabajo que hago volvió a comenzar desde cero, y si el primer programa necesitó diez años para llegar a la madurez y ser utilizable, el segundo no necesitará menos … faltan todavía unos siete años por lo menos. Entonces, tengan paciencia, la versión revisada no llegará tan pronto.

Pero por lo menos pienso que estoy ahora en condiciones para poder responder a la pregunta: ¿Por qué el primer programa no funcionó, y por qué necesita ser revisado? – Describiré abiertamente mis experiencias, y deseo que cada persona interesada considere primero estos pensamientos, antes de usar este material.

La mayor parte del tiempo, yo juntaba a colaboradores de Escuela Dominical para enseñarles este material (o sea, el primer curso) y para observar las clases que enseñaban y darles sugerencias para mejorar. Al parecer, aprendían y estaban motivados. Pero para cuando llegaba el tiempo para enseñarles el segundo curso, o sea, medio año o un año más tarde, encontré siempre que la mayoría de los participantes ya no trabajaban en la Escuela Dominical. De vez en cuando tuve la oportunidad de hablar con algunos de ellos y preguntarles qué había pasado. La mayoría se había desanimado porque no recibieron ninguna clase de apoyo de parte del liderazgo de su iglesia: no había fondos para la Escuela Dominical, no se tomaban en cuenta las opiniones de los maestros, y algunos incluso dijeron que los líderes obstaculizaban directamente su trabajo. – Algunos otros habían sido trasladados por sus líderes a ministerios “más importantes” (grupo de alabanza, grupo de jóvenes, etc.), y entonces ya no tenían tiempo para enseñar a los niños.

Decidí entonces trabajar por el lado del liderazgo de las iglesias. Hice una encuesta en las iglesias de mi ciudad – con el resultado de que la mayoría de los pastores no financian ni capacitan a los maestros de Escuela Dominical, ni se comunican con ellos. Invité a los pastores de mi ciudad a un seminario sobre la responsabilidad del pastor en cuanto a los niños. Sorprendentemente, asistió un buen número de ellos. Los confronté con los resultados de la encuesta, y les mostré la importancia del ministerio con niños para el crecimiento de la iglesia. Esto parecía convencer por lo menos a algunos de ellos. Pero extrañamente, después de este seminario recibí considerablemente menos invitaciones de parte de las iglesias de la ciudad. No sé si esto era relacionado con lo que dije en el seminario, pero es el hecho.

Llegué a trabajar en otra zona y decidí asegurarme de la colaboración de los líderes desde el principio, antes de siquiera comenzar una capacitación. Así nacieron los requisitos que se mencionan en la introducción del Curso 1, y la “Carta abierta a los líderes de las iglesias”. Los líderes tenían que comprometerse con los requisitos, firmándolos antes de comenzar la capacitación. Así me aseguré de que los líderes y pastores tomaran interés desde el principio, y que asistieran por lo menos a la primera y la última reunión del curso, donde se hablaba de asuntos importantes relacionados con el liderazgo de la iglesia.

Desafortunadamente, muchos líderes no cumplían con estos requisitos. Con frecuencia recibí comunicaciones enojadas de pastores y ancianos: “¿Por qué nuestros maestros no han recibido constancia de su capacitación?” – Y cada vez tuve que decirles: “Es usted quien no ha cumplido. Usted no ha asistido a las reuniones con las que se comprometió con su firma. Por tanto, su iglesia no ha cumplido con los requisitos y no pueden recibir ninguna constancia.” – Otros líderes asistían, pero con mala gana y sin tomar interés, de manera que su asistencia no servía para nada.

Hoy entiendo mejor por qué esto no funcionó. Hubo dos problemas importantes:

1. Obligar a personas con requisitos, es aplicar la ley en vez del Evangelio. (Vea “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”, No.29-33.) Si un pastor o líder no está interesado en los niños de su congregación, no va a cambiar esta actitud solamente porque un capacitador lo obliga a asistir a una reunión. Estos pastores y líderes tienen un problema con la actitud de su corazón. Si fueran verdaderos siervos de Dios, entonces por sí mismos se interesarían en el bienestar de sus colaboradores y de los niños, y no hubiera necesidad de imponerles ningún requisito. Si no son siervos de Dios, entonces solamente un milagro de Dios puede convertirlos. Sí, lo digo directamente: Muchos pastores y líderes de iglesias no son siervos de Dios ni conocen a Dios. (Saben hablar mucho de El, pero no le conocen personalmente.) Solo por eso tuve que llegar al extremo de tener que hablarles con el lenguaje de la ley en vez del lenguaje del Evangelio. La ley es para los inconversos, y solamente una verdadera conversión podría cambiar el corazón de estos pastores y líderes.

2. Yo había acomodado mi programa de capacitación al sistema actual de las iglesias, que son controladas por un “pastor”, se organizan según denominaciones, y apartan a los niños en una Escuela Dominical. Nada de esto es bíblico. (Más sobre este tema en diversos artículos de la sección “Avivamiento y Reforma de la iglesia”.)
Algunos de estos puntos están mencionados en la Lección 3.5. “La iglesia y la unidad de la familia”. Pero casi nadie llega alguna vez a estudiar el Curso 3. Pienso que en una versión revisada, ésta será la primera y principal lección – mientras todos los requisitos y organigramas e “institucionalismos” se irían a la basura. ¡La enseñanza de los niños pertenece en primer lugar a los PADRES!
Mi pensamiento en el pasado era: Tengo que acomodar mi trabajo a la realidad de las iglesias tales como son ahora, y tratar de hacer lo mejor de ello. Pero llegué a entender que los principios de Dios NUNCA se pueden acomodar a un sistema o una organización que se ha apartado de principios bíblicos fundamentales.
En otras palabras: Nunca fue la intención de Dios que un “pastor” controle la enseñanza de niños en la iglesia. Por tanto, los intentos de trabajar con los pastores para mejorar la enseñanza de los niños, NO PUEDEN funcionar. – Nunca fue la intención de Dios que los niños sean educados en un lugar apartado llamado “Escuela Dominical”. Por tanto, los intentos de capacitar y organizar y mejorar las Escuelas Dominicales, NO PUEDEN funcionar.

Bueno, quizás pueden “funcionar” en el sentido de producir una “institución un poco mejor”, una que se vea buena hacia afuera, una que use métodos profesionales, una que crezca en números, etc. Pero no funcionan en el sentido de PRODUCIR FRUTO ESPIRITUAL. Para producir fruto espiritual tenemos que aplicar principios espirituales, y esto no funciona en organizaciones que desde un principio violan ciertos principios espirituales importantes.

Ahora, hablando de fruto espiritual, tengo que mencionar un punto más, y éste es aun más importante que todo lo que dije hasta ahora.

En el pasado no me interesé mucho en la evangelización. Por un lado, porque no es mi don particular, y por el otro lado, porque asumí que las iglesias ya estaban haciendo esto y que los miembros de las iglesias ya eran convertidos. ¡Cuán equivocado era yo! Tuve que presenciar un gran número de escándalos, delitos y hechos horrendos dentro de organizaciones evangélicas, hasta que por fin empecé a preguntarme si éstos eran realmente cristianos nacidos de nuevo. Y cuando empecé a preguntarlos – miembros de iglesias, maestros de Escuela Dominical, estudiantes de institutos bíblicos -, descubrí que solamente una pequeña minoría de ellos pudo testificar de un nacimiento espiritual. Solo una pequeña minoría de ellos pudo testificar de haber sido convencido alguno vez de su pecado (Juan 16:8), de haberse arrepentido y de haber recibido una vida nueva en Jesús. Sí, habían dicho su “oración de entrega” – pero obviamente sin experimentar el cambio sobrenatural que Dios obra en el corazón de una persona que se convierte de verdad.

¡Colaboradores inconversos no pueden hacer la obra de Dios!

Esta es la razón principal por qué las capacitaciones no funcionaban. En vez de “capacitar obreros”, yo debería haberlos evangelizado primero. No debería haber aceptado ciegamente el testimonio de ellos y de sus líderes, de que se habían “convertido”. Debía haberles hablado acerca del Nuevo Nacimiento como un Juan Wesley, quien dijo a los miembros de las iglesias evangélicas de su tiempo: “¡Ustedes – exactamente ustedes – necesitan nacer de nuevo!” Y después debía haberme limitado a trabajar con aquellos que mostraban evidencia de un nuevo nacimiento en sus vidas.
Pero, hoy como entonces, las iglesias no toleran esto. No permiten cuestionar la salvación de alguien que dijo correctamente su oración de entrega. Ni mucho menos de alguien que es “miembro bautizado” de una iglesia. Por esta razón también, el programa de capacitación no podía funcionar dentro de las iglesias existentes.

En el material actual, en la Lección 1.7. (“Evangelizar a los niños”) añadí una pequeña Nota de Edición, señalando el estudio aparte “El camino de la persona en quien Dios obra para salvación”. Pero este tema debería tratarse todavía con mucho más detalle y claridad, aun antes de empezar con cualquier “capacitación”.

Si Ud. pertenece a una de las iglesias institucionalizadas, tradicionales de estos tiempos, podrá ver esta capacitación como algo útil. La dejo todavía aquí en la web, en su forma no revisada. Pero si Ud. anhela ver verdaderos frutos espirituales, seguramente se dará cuenta de las limitaciones de este programa. Necesitaríamos iglesias fundamentadas en conversiones genuinas, y centradas en las familias (no en “pastores” ni en instituciones y organigramas); y entonces nos capacitaríamos como verdaderos padres de familias, ya no como “maestros de Escuela Dominical”. Pero con mi transfondo institucional, a mí mismo me falta todavía experiencia en este camino.