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Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 3)

24/08/2013

Esta es la continuación de un artículo que describe las paralelas entre iglesias institucionales y escuelas, y los problemas que resultan en estas instituciones.

Procedimientos prescritos desplazan el cumplimiento de la tarea verdadera.

Varias veces me llamó la atención el hecho de que los profesores profesionales raras veces están interesados en saber cómo aprenden los niños en realidad. Claro que hay excepciones. Pero por lo general, encontré que son exactamente los profesores quienes tienen mayores dificultades en aceptar y asimilar datos acerca de los procesos de aprendizaje en los niños, y acerca de los ambientes más propicios al aprendizaje. Ellos están tan llenos de procedimientos, currículos y métodos prescritos por el estado, que ya no preguntan si estos procedimientos y métodos sirven efectivamente para su supuesto propósito, de que los niños aprendan algo. – En cambio, encontré que exactamente aquellas personas que demostraban tener un talento natural para la enseñanza, eran los menos interesados en estudiar la carrera de “educación”.
Los directores de escuelas, funcionarios escolares del estado, etc, se encuentran aun más alejados de la realidad pedagógica. Muchos de ellos se limitan a seguir ciegamente las órdenes del estado, sin preguntar si algo de esto es realmente bueno para los niños.

Mis propios hijos han adquirido la mayor parte de sus conocimientos en las actividades menos “escolares”: Descubriendo juntos cómo se puede programar un juego de computadora. Buscando imágenes y descripciones de animales y plantas en la internet. Viajando a otra región del país. Leyendo espontáneamente un libro que les interesaba, sin tener que dar un examen sobre ello.

Algo muy parecido observo en las iglesias institucionales. Las iglesias y los pastores se interesen raras veces en saber cómo crece un cristiano en su fe, cómo obra Dios en una conversión verdadera, o si los miembros de sus iglesias realmente nacieron de nuevo. En cambio, están llenos de estrategias evangelísticas y tradiciones eclesiásticas que copiaron de otras personas. Estas estrategias y tradiciones producen miembros adaptados y conformistas; pero ¿producen también verdaderos creyentes en Jesucristo? Los pastores raras veces se hacen esta pregunta. Mayormente se contentan con que alguien haya sido “alcanzado” por la estrategia de moda (evangelización masiva, prédica al aire libre, célula, evangelización personal, o lo que sea), y que haya pasado por los pasos prescritos (“oración de entrega”, bautismo, curso bíblico, etc.). Se da más importancia a la ejecución correcta de los procedimientos y rituales, que a la pregunta si existe todavía alguna realidad espiritual detrás de estos rituales.

Los tiempos de oración más intensa, y el interés más vivo en cuestiones de la fe, los encontré normalmente en ambientes muy alejados de las “iglesias”: en reuniones y viajes misioneros juveniles “inoficiales” que no estaban bajo la “cobertura” de ninguna iglesia institucional.

Este principio se aplica tanto a la escuela como a la iglesia: Cuanto más institucionalizada es, menos cumple su tarea verdadera.

Toda institución tiende a producir una cantidad excesiva de reglamentos, formularios, organigramas, etc. Pero todo eso sirve solamente para la apariencia exterior, para satisfacer el deseo de los líderes y burócratas de sentirse importantes, y para impresionar a los miembros y observadores. El exceso de reglamentos no contribuye en nada para alcanzar los objetivos que oficialmente se declaran. Solamente sirve para establecer procedimientos protocolarios que nadie puede cumplir al pie de la letra. Por tanto, hay una manera fácil de acusar y eliminar a cualquier miembro cuya presencia incomoda a los líderes: Puesto que nadie puede evitar romper alguna vez uno de los infinitos reglamentos y procedimientos, se rebuscan sus fallas formales que cometió, y éstas sirven como una razón cómoda para expulsarlo y para encubrir los verdaderos motivos de su expulsión. Los gobiernos políticos demuestran diariamente cómo se hace eso. Pero las escuelas y las iglesias no son mejores.

Se institucionalizan las relaciones personales.

Tanto las escuelas como las iglesias institucionales nos engañan en cuanto a la calidad de las relaciones personales. La escuela dice ser necesaria para la “socialización” de la próxima generación. En discusiones acerca de la educación en casa se pregunta a menudo: “¿Cómo aprenderán los niños a integrarse en un grupo, si no van a la escuela?” – “¿Cómo aprenderán a tratar bien a los que tienen opiniones distintas?” – etc. – Y de manera muy parecida dicen los representantes de las iglesias institucionales que un cristiano necesita estas instituciones para aprender y practicar la comunión cristiana.

Pero su práctica es muy distinta. En la realidad, ambas instituciones priorizan sus metas institucionales. Las relaciones personales tienen que servir estas metas, y así se distorsionan. En vez de juntar a las personas, las instituciones los enajenan unos de los otros. Conozco solamente dos lugares en el mundo donde las personas están durante horas sentados juntos en la misma banca sin tener la oportunidad de intercambiar una sola palabra: en la escuela y en la iglesia. (Bien, existe un tercer lugar con la misma característica: un concierto clásico. Pero nadie pretende que la asistencia a conciertos clásicos sea necesaria para tener comunión unos con otros.)

¿Qué clase de relaciones personales existen entre los alumnos de una escuela? No llegan a conocerse entre sí como humanos, solamente como competidores. Establecen un “orden de picoteo” donde decide la ley del más fuerte. No se practican virtudes como la ayuda mutua, la sinceridad o la compasión. Como dijo John Taylor Gatto después de treinta años de experiencia como profesor:

“Los niños que yo enseño, son crueles entre ellos. No tienen compasión con el desafortunado, se ríen de la debilidad, y desprecian a sus prójimos necesitados de ayuda. – Los niños que yo enseño, se sienten incómodos frente a la intimidad personal y la honestidad. Ellos se parecen a muchos niños adoptados que conocí: no pueden manejar la intimidad personal, porque se han acostumbrado a mantener su verdadero yo en secreto, escondido detrás de una personalidad exterior artificial…”
(John Taylor Gatto en “Por qué las escuelas no educan”.)

¿Y qué del buen trato con los que tienen opiniones distintas? El alumno que no piensa igual como el profesor, no tiene oportunidad de pronunciarse. Y donde el profesor no tiene ninguna opinión, la clase establece prontamente su “opinión oficial”, basada en el “orden de picoteo”. El que no apoya la opinión oficial, será marginado – aun si se trata de asuntos tan triviales como la opinión acerca de la mejor telenovela, el mejor deportista o el mejor grupo musical.

Y en cuanto a las relaciones entre profesor y alumnos: éstas no pueden ser honestas y verdaderamente humanas, mientras el profesor con su poder sobre las notas mantiene un control absoluto sobre la posición social y el futuro profesional de sus alumnos. Aun si el profesor realmente valora a sus alumnos y se esfuerza por comprenderlos – el sistema lo obliga a descalificar a aquellos que “rinden” menos.

¡Cuán diferente era esto en los tiempos cuando la enseñanza y el aprendizaje eran todavía libres! Un futuro artesano o estudiante universitario podía personalmente escoger a su maestro. Averiguaba acerca de la personalidad y las cualidades del maestro, y decidía estudiar con uno que le convencía. Ninguna institución le obligaba a estudiar con un determinado maestro, o según un método determinado. Tampoco hubo calificaciones mediante notas.
Un antiguo filósofo griego con sus alumnos, un profeta o rabino israelí con sus discípulos, un maestro medieval con sus aprendices – seguramente se relacionaban con más confianza y sinceridad que un profesor actual con sus alumnos, o un pastor actual con los miembros de su iglesia. Es que antiguamente, las relaciones entre maestro y discípulo se basaban en una elección voluntaria. Pero a medida que la institucionalización avanzó, las relaciones personales se deterioraron.

Miremos lo que sucede en las iglesias institucionalizadas. En sus reuniones sucede muy poca “comunión”. No es comunión, estar sentados en la misma banca, cantar las mismas canciones y escuchar la misma prédica. – Muchas iglesias hoy en día tienen “células”. Esto es un paso en la dirección correcta. Pero demasiado a menudo, estas células son programadas y controladas de manera centralizada. Entonces tienen que cumplir con un programa prescrito, el cual impide una comunión realmente transparente. O se encuentran bajo una presión de ganar a nuevos miembros, y entonces hacen esfuerzos enérgicos para parecer “atractivas” – lo que normalmente tiene el efecto contrario. – Iglesias en casa, independientes, tienen más libertad en este respecto. Pero ¿realmente harán uso de esta libertad?

En el libro “¿Asi que ya no quieres ir a la iglesia?”, un visitante de una iglesia en casa desafía a los participantes con los siguientes comentarios y preguntas:

“En vez de intentar levantar una iglesia en casa, aprendan a amarse unos a otros, y a compartir el viaje unos de los otros. ¿A quién quiere Jesús que acompañes ahora mismo, y cómo puedes animar a esa persona? Entonces, sí, experimenten con la comunión juntos. Aprenderán mucho. Solo eviten el deseo de hacerlo artificial, exclusivo o permanente. Las relaciones no funcionan de esta manera.
La iglesia es el pueblo de Dios que aprende a compartir su vida juntos. Es Marvin allá y Diana aquí. Cuando pregunté a Ben acerca de vuestra vida juntos, me contó mucho acerca de vuestras reuniones, pero nada acerca de vuestras relaciones. Esto me indicó algo. ¿Conoces siquiera la esperanza más grande de Roary, o la lucha actual de Jacob? Estas cosas raras veces salen a la luz en reuniones. Salen en relaciones naturales que suceden durante la semana.”

En las relaciones entre pastores y miembros de iglesias observamos los mismos problemas como en las relaciones entre profesores y alumnos. Aunque un pastor no tiene poder sobre el futuro profesional de los miembros (con excepción de los colaboradores de la iglesia a tiempo completo); pero tiene – supuestamente – poder sobre el futuro eterno. Esto coloca una presión insoportable sobre los miembros, especialmente sobre los más entregados y sensibles. Y demasiados pastores se aprovechan de ello sin vergüenza, para manipular a los miembros a su antojo.

En general: Cuanto más institucionalización, menos comunión auténtica. En un tal ambiente institucionalizado mueren las amistades sinceras. En cambio, la gente establece supuestas “amistades”, solamente para alcanzar determinadas metas. Las personas no se valoran entre ellos como personas en sí; se valoran solamente a medida que contribuyen a las metas institucionales. Superficialmente muestran comprensión, ayuda mutua y amor al prójmo – pero solamente mientras el prójimo se deja institucionalizar también. Tan pronto como ya no tienen metas institucionales comunes, revienta la burbuja de la supuesta “amistad”.

Esta institucionalización de las relaciones personales tiene consecuencias fatales en el caso de conflictos: Estos se inflan para convertirlos en “casos disciplinarios institucionales”. En casos extremos, un tal conflicto institucional puede arruinar todo el futuro profesional y personal de los afectados. En cambio, en un entorno no-institucionalizado, los conflictos personales se pueden tratar en el nivel personal, y así son mucho más fáciles de solucionar. Lo ilustraremos con un ejemplo del Nuevo Testamento:

Pablo y Bernabé eran colaboradores y amigos en su primer viaje misionero. Uno de sus acompañantes era Juan Marcos; pero él los dejó en medio camino por razones desconocidas. Al alistarse para el segundo viaje misionero, Bernabé quiso llevar otra vez a Juan Marcos; pero Pablo no estaba de acuerdo. El desacuerdo entre ellos era tan fuerte que se separaron. Entonces Bernabé emprendió su propio viaje con Juan Marcos a Chipre, mientras Pablo buscó a otro acompañante y se fue a Asia. (Vea Hechos 15:36-40).

Según el relato bíblico, se trataba de un asunto personal entre ellos, y no hubo mayores consecuencias. Su desacuerdo no era acerca de cuestiones esenciales de la fe, y por tanto no había razón para ocuparse más del asunto. Supongo que la relación entre Bernabé y Pablo quedó afectada por un buen tiempo. Pero ninguno de ellos fue dañado en cuanto a su ministerio espiritual. Muchos años más tarde leemos que aun Pablo reconoció otra vez la utilidad de Juan Marcos (2 Timoteo 4:11). No fue para poco: se trata del autor del Evangelio según Marcos.

¿Cómo hubiera terminado esta historia en una iglesia o sociedad misionera actual? – Puesto que tengo mis experiencias al respecto, me lo puedo imaginar vivamente. El conflicto personal se hubiera llevado al nivel institucional: Puesto que Pablo era el líder de la “empresa misionera”, él hubiera emitido una declaración oficial de que Juan Marcos era incapaz para el trabajo misionero. Esta decisión se hubiera comunicado inmediatamente a los líderes más importantes. Bernabé, aunque originalmente fue el líder principal de la misión, hubiera perdido su “cobertura espiritual” al separarse de Pablo. Posiblemente lo hubieran acusado de “rebeldía” y de “dividir la iglesia”. Tanto Bernabé como Juan Marcos se hubieran visto impedidos de seguir colaborando con las iglesias fundadas por Pablo. Hubieran dejado el ministerio, o hubieran fundado una nueva denominación. – ¡Qué bueno que Pablo no actuó como un líder institucional!

Podríamos fácilmente encontrar ejemplos parecidos del entorno escolar.

Los conflictos personales deben solucionarse al nivel personal. Pero un entorno institucionalizado no permite eso. Los implicados no pueden simplemente enfrentarse como personas humanas. Su comunicación está constantemente afectada por sus rangos respectivos en la jerarquía institucional. Un solo líder, o un pequeño grupo de líderes, institucionaliza su opinión personal y la promulga como verdad absoluta. El conflicto personal se convierte en una demostración de poder de parte del líder. O se provoca una lucha por el poder entre los líderes.

Conclusión

Tanto las iglesias como las escuelas se han institucionalizado de maneras similares. Esto causa problemas muy similares en ambas instituciones.

En consecuencia, durante las últimas décadas se han formado movimientos contrarios en ambos ámbitos: El movimiento de la educación en casa como alternativa a la escolarización; y el movimiento de las iglesias en casa, “iglesias sencillas”, etc, como alternativa a las iglesias institucionalizadas. (Aunque algunos grupos de iglesias en casa son igual de institucionalizados como las iglesias tradicionales; éstas no serían una alternativa verdadera.)

En esta serie de artículos intenté mostrar las paralelas entre iglesia y escuela. Quise demostrar que los dos “movimientos no-institucionalizados” – en cuanto agrupan a cristianos – tienen la misma esencia y pueden aprender el uno del otro. “Iglesia en casa” y “educación en casa” tienen mucho en común. Ambos – si se entienden de la manera correcta – colocan la familia nuevamente en el centro de la vida diaria. Ambos trabajan por una restauración de las relaciones interpersonales que fueron distorsionadas por la institucionalización. Y yo creo que ambos están más cerca del cristianismo original que cualquier otro movimiento del presente.

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Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 1)

04/08/2013

Observo en mi entorno que a la palabra “institucionalizar” se le atribuye generalmente un significado positivo. En el pensamiento popular, “institucionalización” se asocia con “orden”, “legalidad” y “calidad”. Poco se considera la otra cara de la moneda: “Institucionalizar” significa destruir un orden natural, para establecer un orden artificial. Y el orden artificial trae consigo la burocratización de la vida, la corrupción, y la destrucción de los lazos humanos y afectivos.

El teólogo y primer ministro holandés Abraham Kuyper entendió bien esta distinción entre el orden natural y el orden artificial. El fue un líder político profundamente comprometido con el orden constitucional de su país. Sin embargo dijo:

“… Es sumamente importante tener en mente la diferencia entre la vida orgánica (natural) de la sociedad y el carácter mecánico del gobierno. Cualquier cosa entre los hombres que se origina directamente de la Creación, contiene todos los datos para su desarrollo en la naturaleza humana como tal. Uds. pueden ver esto en la familia y en la conexión de los lazos sanguíneos. De la dualidad de hombre y mujer surge el matrimonio. De la existencia original de un solo hombre y una sola mujer, surge la monogamia. Los niños existen a causa del poder innato de reproducción. Naturalmente, los niños están conectados entre ellos como hermanos y hermanas. Y cuando estos hijos, con el tiempo, se casan también, todas estas conexiones surgen de la relación de sangre y otros lazos que dominan la entera vida familiar. En todo esto no hay nada mecánico. El desarrollo es espontáneo, como el del tronco y las ramas de una planta.

De hecho, sin el pecado no hubiera habido ni un gobierno ni un orden de estado; sino la vida política entera se hubiera evolucionada de forma patriarcal, desde la vida de la familia. Ni jueces ni policía, ni ejército ni marina, son concebibles en un mundo sin pecado; y por tanto toda regla y ordenanza y ley desaparecería, así como todo control y poder del magistrado, si la vida se desarrollara de manera normal y sin obstáculo desde su impulso orgánico. ¿Quién venda, donde nada es fracturado? ¿Quién usa muletas, cuando sus miembros están sanos?

Por tanto, toda formación de Estado, todo poder del gobierno, todo medio mecánico de forzar un orden y de garantizar un rumbo sano de la vida es siempre algo poco natural, algo contra lo cual las aspiraciones más profundas de nuestra naturaleza se rebelan; y que en este mismo momento podría convertirse en la fuente de un terrible abuso de poder por parte de aquellos que lo ejercen, y de una revolución continua de parte de las multitudes.

(…) Aunque podemos admitir que aun sin el pecado, hubiera sido necesario combinar las muchas familias en una unidad superior, esta unidad hubiera sido internamente envuelta en el Reino de Dios, quien hubiera gobernado directa y armoniosamente en los corazones de todos los hombres. Entonces no hubieran existido estados, sino un solo imperio mundial orgánico, con Dios como su Rey; exactamente lo que es profetizado para el futuro que nos espera, cuando todo pecado haya desaparecido.

Pero es exactamente esto lo que el pecado ahora ha eliminado de la vida humana. Esta unidad ya no existe. Este gobierno de Dios ya no prevalece. Un imperio mundial no puede ni debe establecerse. Este mismo deseo contumaz llevó a la construcción de la torre de Babel. Así surgieron pueblos y naciones. Estos pueblos formaron estados. Y sobre estos estados, Dios puso gobiernos. Y así, si me permiten la expresión, no es una cabeza natural que haya crecido orgánicamente desde el cuerpo de los pueblos, sino una cabeza mecánica, que desde afuera fue puesta sobre el tronco de la nación. Solo un remedio para una condición equivocada. Un palo puesto al lado de la planta para mantenerla parada, porque sin este palo caería al suelo por su debilidad.”

(Abraham Kuyper, “El calvinismo y la política”)

Ahora, existen dos órdenes de la sociedad que hasta hoy debían desarrollarse de forma natural, según la voluntad de Dios: la familia y la comunidad de los cristianos. (De hecho, la estructura de la comunidad cristiana debería ser la misma como la estructura de la familia, como describí en “La iglesia cristiana se centra en las familias”.) Dios nunca quiso que las familias o las comunidades cristianas sean “institucionalizadas” de la misma manera como los gobiernos estatales. Las familias y la comunidad de los cristianos son estructuras basadas en la relación con Dios, el amor, la ayuda mutua, la comprensión humana, y todo lo que da valor a las relaciones interpersonales. En estos ambientes no debería haber lugar para reglamentos y trámites burocráticos, ni para el trato frío que caracteriza las relaciones de funcionarios gubernamentales con sus súbditos.

Sin embargo, la sociedad actual ha institucionalizado y despersonalizado aun estos ámbitos sagrados. La familia – y especialmente su propósito central, la educación de los niños – ha sido remplazada por la escuela. Y la comunidad de los cristianos ha sido remplazada por la iglesia institucional. No nos extraña, entonces, que ambas instituciones – las escuelas y las iglesias institucionales – estén causando la misma clase de problemas en las vidas de quienes las integran. Efectivamente hay un gran paralelismo entre las formas como ambas instituciones destruyen las relaciones interpersonales, y el orden divino acerca de la convivencia humana. En consecuencia, ambas instituciones atentan aun contra sus propios propósitos declarados. Demostraré algunas de estas paralelas.

Ambas instituciones atentan contra la familia.

Como padres deseamos brindar a nuestros hijos una vida familiar sana. Esto implica en primer lugar pasar mucho tiempo juntos con ellos. Hemos experimentado que tanto la escuela como la iglesia institucional impiden alcanzar esta meta.

La mayoría de las iglesias cristianas, en la mayoría de sus eventos y reuniones, separan a los niños de sus padres. Conocí a muchas iglesias donde las reuniones de los niños se llevan a cabo no solamente en ambientes distintos, sino también en horarios distintos de las reuniones de adultos. De esta manera, las familias ni siquiera pueden “ir a la iglesia” juntas. Una familia que es miembro de una tal iglesia, ya no puede pasar tiempo juntos en los días de reunión.

Investigaciones en los Estados Unidos descubrieron que la tasa de divorcios entre cristianos evangélicos es la misma, o aun más alta, que en el resto de la población. Obviamente, las iglesias no contribuyen en nada a fortalecer las familias.

En la mayoría de las iglesias, sus reuniones de niños se llaman “Escuela dominical”. Con esto expresan claramente que fueron inspiradas por el sistema escolar secular, y no por algún orden de Dios.

De hecho, esta administración de los miembros de iglesias por edades contradice la palabra de Dios. En la iglesia original, la familia era el centro de la comunidad cristiana, y todo lo demás giraba alrededor de la familia. Pero las iglesias institucionales actuales separaron su “vida eclesiástica” de la vida familiar, y trasladaron sus reuniones a un edificio impersonal dedicado a eventos al estilo de una escuela.

En los últimos años se fundaron “iglesias en casa” en distintos lugares, con la meta de acercarse más al modelo original del Nuevo Testamento. Tales “iglesias en casa” tienen la gran oportunidad de redescubrir la familia como núcleo de la comunidad cristiana, y de deshacerse de las formas institucionales y “escolares”. La gran pregunta es, si de verdad harán uso de esta oportunidad. (Puesto que todavía no pude conocer a ninguna iglesia en casa en mi país, no conozco la respuesta a esta pregunta.)

Ahora, si hablamos de la escuela, allí la separación y destrucción de las familias es aun más obvia. Los niños son separados de sus padres por cada vez más horas al día, y a una edad cada vez más temprana. Hace cien años, los niños entraron a la escuela alrededor de los ocho años de edad, y asistieron solamente por unas pocas horas al día. Pero hoy en día, en muchos países se obliga a los pequeños de tres años a que vayan a la escuela, y en la primaria las clases ya pueden durar hasta siete horas al día. Y aun cuando están en casa, no están realmente libres. Tienen que hacer tareas, en algunos casos hasta las altas horas de la noche, y a menudo en grupos, de manera que aun este tiempo no lo puede pasar con sus familias. ¿Qué tiempo queda todavía para cultivar una vida familiar?

Pero según la voluntad de ciertos políticos, la vida familiar debería desaparecer por completo. Así se pronunció por ejemplo el Consejo Educativo de Alemania, ya hace treinta años:

“El Consejo Educativo Alemán recomienda como objetivo del quehacer pedagógico en la educación elemental, ‘minimizar la dependencia de los niños de sus personas de referencia’ – ¡esto se refiere en primer lugar a los padres! (Según estos políticos), los niños pertenecen a la sociedad, la cual generosamente reparte ciertas tareas educativas entre padres e instituciones estatales.”
(Eberhard Muhlan, “Kinder in der Zerreissprobe”, 1985)

Desde entonces, este objetivo se ha cumplido. Hoy en día es casi imposible encontrar a alguna familia funcional. Esta es la consecuencia de la extrema escolarización e institucionalización de nuestra sociedad. Y esto a su vez tiene como consecuencia, que aumentan constantemente los problemas de la juventud: desorientación, delincuencia, alcoholismo y drogadicción, relaciones sexuales prematuras y perversiones sexuales, suicidios.

(Continuará)

¿Traer a incrédulos a los servicios (cultos) de la iglesia? (Parte 2)

26/04/2012

Esta es la continuación de una explicación más detallada acerca de mi Tesis No.15, de las “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”. En la primera parte he explicado algunas diferencias fundamentales entre las iglesias actuales (su mayoría) y la iglesia del Nuevo Testamento. Estas diferencias explican por qué las iglesias actuales ven la necesidad de traer a inconversos a sus “servicios”, mientras la iglesia del Nuevo Testamento no tenía tal práctica ni necesidad.

Queda todavía la pregunta: ¿Qué puede o debe hacer entonces una persona que busca a Dios? ¿Cómo puede encontrar a Dios sin participar de una reunión de la iglesia?

Primeramente, hay muchas formas de buscar a Dios que no requieren ir a ningún lugar en particular: Leer la Biblia, orar, obedecer en la vida diaria a lo que El nos manda… todo esto se puede hacer en cualquier lugar y aun a solas. (Por supuesto, me refiero aquí a personas que realmente buscan a Dios mismo, no a los que buscan simplemente “un lugar donde congregarse” sin importarles mucho su relación personal con Dios.)
Además, una persona que vivía en el tiempo del Nuevo Testamento, tenía las siguientes posibilidades:

– Podía escuchar la enseñanza de los apóstoles. Como menciono en la tesis No.15, los apóstoles (y también algunos evangelistas y maestros) solían enseñar en lugares públicos, por ejemplo en las plazas de las ciudades, a veces también en lugares donde los rabinos o los filósofos discutían. Entonces, cada persona podía escuchar el evangelio, aun sin unirse a la iglesia.
(Cuando dice que los apóstoles enseñaban en el “templo” en Jerusalén, en realidad se refiere al atrio del templo, una plaza muy amplia que servía como plaza pública de la ciudad, y aun como mercado. Al “templo” propiamente dicho entraban solamente los sacerdotes; era un lugar para ofrecer sacrificios, no un “lugar de reunión”. Las iglesias actuales están muy equivocadas al llamar “templo” sus lugares de reunión.)

– Podía preguntar a un cristiano personalmente. Muchas personas escuchaban el evangelio por medio del testimonio personal de un cristiano que conocían, por ejemplo un familiar o un compañero de trabajo. Cada cristiano estaba siempre “preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). No necesitaba llamar a un “pastor” para eso; cada uno sabía hablar por sí mismo de lo que Cristo había hecho por él. (Además, no existían “pastores” en el sentido como las iglesias actuales lo entienden.) Y no necesitaban organizar ningún “evento” para hacer esto; este testimonio sucedía en medio de la vida diaria.
De hecho, cuando los apóstoles ya no estaban, en los siglos II y III, esta fue la forma principal como el evangelio se extendía: por el testimonio sencillo de los cristianos, con su vida y con sus palabras, ante sus conocidos. (Y además por el testimonio público de los mártires que fueron ejecutados por su fe – a menudo también cristianos “comunes”, pero preparados para “presentar defensa”.)
Por supuesto, nada impediría a algunos cristianos a hacer una “reunión” con varios incrédulos – si éstos tienen el deseo – para explicarles el evangelio juntos. Eso fue lo que sucedió por ejemplo en Hechos 10. (Pero eso no fue una “reunión de la iglesia”, fue una “visita evangelística”.)

Entonces, si de esta forma alguien fue convencido de su pecado y de su necesidad de salvación, y se decidió seguir a Cristo, entonces podía acercarse a un cristiano y pedir el bautismo. Y a partir de este momento era parte de la familia y ya no tenía por qué sentir temor o vergüenza al reunirse con sus hermanos en Cristo.

(En los siglos II y III, parece que la iglesia ya estaba perdiendo su santidad inicial, entonces ya no podían confiar en cualquiera que pedía el bautismo. Por tanto, introdujeron las clases para “catecúmenos”, o sea, aspirantes al bautismo, para enseñarles primero durante un tiempo (y conocerlos mejor y ponerlos a prueba), antes de admitirlos al bautismo. Entonces, en ese tiempo existían efectivamente las reuniones separadas, unas exclusivamente para los cristianos, y otras para los catecúmenos y otros interesados. Pero esto ya fue después de la conclusión del Nuevo Testamento.)

Otro malentendido frecuente hoy en día es la idea de que “hay que venir a la iglesia para conocer al Señor”. Esta idea tiene sus raíces en la iglesia católica romana, la cual enseña que “no hay salvación fuera de la iglesia”. Pero en el Nuevo Testamento fue diferente: La gente venía primero a Jesucristo, tuvieron un encuentro con El (convicción del pecado, arrepentimiento y fe, experiencia de Su gracia y el nuevo nacimiento), y entonces formaron parte de la iglesia. Esto es consistente con las palabras de Jesús:
“Yo soy la puerta de las ovejas (…) Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Juan 10:7-9)
JESÚS es la puerta, hay que entrar por EL primero. El no dijo: “Las ovejas (la iglesia) son la puerta …” Al contrario, Jesús es la puerta, y una vez que alguien ha entrado por El, forma también parte de la iglesia (o sea, se convierte en una de Sus ovejas). Pero para alguien que no es “oveja”, no tiene sentido juntarse con un rebaño de ovejas. Jesús viene primero, y la iglesia depende de él. Es un error intentar hacer a Jesús dependiente de la iglesia.

También, el Señor nunca dijo que “hiciéramos venir” a la gente adonde nosotros nos reunimos. El dijo “Id y anunciad…”, o sea, que tenemos que ir adonde está la gente y hablarles allí, no jalarlos adonde estamos nosotros.

Note también que es DIOS, no nosotros, quien “añade” personas a la iglesia (Hechos 2:47, 13:48). En aquellos tiempos no existía este afán de “aumentar la asistencia a la iglesia”; esta no es ninguna meta bíblica. El enfoque bíblico está en llevar una vida “en Cristo”, tanto personalmente como en comunión con otros cristianos, para que el Señor sea glorificado, y que por medio de nuestro testimonio Dios pueda obrar para llevar a las personas a la salvación.

¿Traer a incrédulos a los servicios (cultos) de la iglesia?

18/04/2012

Mi tesis No.15, de las “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”, dice:

“En el Nuevo Testamento, los cristianos nunca trajeron a inconversos a las reuniones de la iglesia.
Al contrario, los inconversos tenían miedo de juntarse con la iglesia (Hechos 5:13). Solo después de convertirse, se juntaban con la iglesia. (Esto no es de confundir con las reuniones en lugares públicos, donde todos tenían la oportunidad de escuchar la enseñanza de los apóstoles, aun sin unirse a la iglesia.)”

Parece que para algunos lectores fue difícil comprender esta explicación corta. Especialmente para aquellos que vienen desde el trasfondo de una iglesia institucional (que son todavía la mayoría). Parece que su único medio de evangelización son sus “servicios” o “cultos”. He observado que muchos evangélicos ya no saben dar testimonio del Señor, ni saben explicar a un incrédulo como ser salvo. (Posiblemente porque muchos de ellos mismos no son salvos.) Su único testimonio consiste en una invitación al “culto”: “Ven a nuestra iglesia, allí conocerás al Señor.”

Así recibí por ejemplo una consulta de alguien que estaba preocupado de que las reuniones de su iglesia se quedarían pequeñas si ya no invitaran a incrédulos. Además tuvo la impresión (equivocada) de que yo iba a rechazar a un incrédulo que “viene a la iglesia” porque está buscando a Dios.
(Desafortunadamente, el remitente no me dio permiso para publicar su consulta, por lo cual no la puedo citar en sus palabras originales.)

El tema me parece importante, y consultas como esta son muy típicas de la clase de malentendidos que pueden surgir, cuando uno empieza a buscar un camino de renovación bíblica, pero todavía no puede desprenderse de los moldes institucionalistas de las iglesias tradicionales. Muchos de estos malentendidos surgen del fenómeno que describí en la tesis No.2:

Las iglesias evangélicas hoy, en general, interpretan la Biblia a través del filtro de su propia tradición y costumbre eclesiástica. Esta tradición les impide ver lo que la Biblia realmente dice. – Al leer “iglesia”, se imaginan una iglesia evangélica de hoy, y no se dan cuenta de que la iglesia del Nuevo Testamento fue muy diferente. (etc.)”

En la mayoría de las iglesias actuales, su “evangelización” se fundamenta en la idea de traer a incrédulos a sus reuniones, para “convertirlos en miembros de la iglesia”. Entonces es obvio que tendrán problemas con Hechos 5:13 y pasajes parecidos. Sus reuniones son la única forma que conocen, de anunciar el evangelio a los incrédulos. Si ya no hicieran esto, ya no sabrían como evangelizar.
El principio bíblico es que “iglesia” significa la reunión de los cristianos nacidos de nuevo. Pero si las iglesias actuales aplicaran este principio, efectivamente sus reuniones quedarían muy pequeñas; y podrían surgir otros problemas más (como el que los incrédulos se podrían sentir “excluídos”.) Pero estos problemas surgirán, no porque el principio estuviera equivocado, sino porque una iglesia de este tipo, en su integridad, está tan lejos del Nuevo Testamento que no puede practicar principios como este.

Es que su idea de “evangelización” ya está fundamentalmente errada. En el Nuevo Testamento, evangelizar significa ganar discípulos de Cristo, no ganar miembros de iglesia (ni mucho menos ganar miembros para “mi” iglesia). Una vez que alguien se convierte en discípulo, es Cristo mismo quien lo incorpora en la iglesia. (Vea 1 Corintios 12:13, Efesios 2:12-16.)

Entonces no se trata de implantar este principio (u otros parecidos) en las iglesias actuales. Eso sería solamente un cambio cosmético, y no cambiaría los asuntos de fondo. La iglesia tendría que cambiar de manera fundamental, para volver al Nuevo Testamento.

Hay dos cosas que los evangélicos promedios no comprenden en toda su envergadura: Cuan radicalmente diferente es un cristiano verdadero, respecto a este mundo; y cuan radicalmente diferente fue la iglesia del Nuevo Testamento, respecto a lo que hoy en día se llama “iglesia”.

Intentaré describir algunos de estos asuntos que explican por qué este principio funcionó en la iglesia del Nuevo Testamento, mientras no funcionaría en la mayoría de las iglesias actuales:

1) En Hechos 5:13 dice: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.” O sea, había allí un temor santo, un temor a Dios, como ya no existe en la mayoría de las iglesias actuales. Este temor santo hizo que los incrédulos no se atrevieran a juntarse con los cristianos, porque inmediatamente iban a sentir la carga de su conciencia, y que no iban a mantenerse en pie ante la santidad de Dios. El verso citado sigue inmediatamente a la historia de Ananías y Safira. Ellos fueron juzgados por Dios, por una simple mentira. “Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.” (Hechos 5:11)
– Ahora, ¿será posible que en aquel momento algún otro mentiroso formaba parte de la iglesia? Yo no lo creo, porque entonces Dios hubiera tenido que juzgar a ese otro mentiroso de la misma manera como a Ananías y a Safira. ¿Podemos imaginarnos la pureza de esa iglesia? ¡No había ningún mentiroso en ella! Por eso Dios pudo manifestarse de esta manera. Y por eso los incrédulos tenían razón de sentir temor. Si se hubieran juntado con los cristianos, sin haber nacido de nuevo, su destino podría haber sido el mismo como el de Ananías y Safira.
Pero notamos que este temor santo tuvo a la vez un segundo efecto: “…mas el pueblo los alababa grandemente.” O sea, al mismo tiempo el pueblo se daba cuenta de que los cristianos llevaban una vida santa. Si los incrédulos se mantenían a una distancia, no era porque hubieran despreciado a los cristianos o porque veían faltas en ellos. Al contrario, ellos vieron y reconocieron su santidad.
Las iglesias actuales ya no tienen esta santidad, y por eso los incrédulos ya no tienen miedo de juntarse a ellas.

2) “Iglesia” en el Nuevo Testamento no es ningún “lugar”, no es ningún “evento”, no es ninguna “organización” o “institución”. “Iglesia” en el Nuevo Testamento es “gente”. Los primeros cristianos no “iban a la iglesia”, ellos eran la iglesia. La primera iglesia no se entendía como una “institución”, se entendía más como una familia extendida. (“La familia de Dios”, Ef.2:19). Entonces, cuando se reunían entre ellos, no lo hacían como un “evento de una organización”. Lo hacían más como una reunión familiar. Si yo organizo un evento “semi-público” de una organización (como lo hacen las iglesias institucionales), es claro que se vería como “elitista” si yo rehusaría la entrada a ciertas personas. Pero si mis familiares están reunidos en mi casa, raras veces vendría alguien que no es pariente o amigo cercano de la familia, para reunirse con nosotros. Así también en las reuniones de los primeros cristianos, era raro que alguien iba a entrar que no era parte de ellos. Para el caso excepcional que sucediera, Pablo dice lo que sería de esperar: “Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.” (1 Cor.14:24-25) – Esto es, por supuesto, si un incrédulo entraría por su propia cuenta, no jalado por un cristiano (porque obviamente los cristianos no hacían eso). Este incrédulo quedaría convencido de su pecado y reconocería por sí mismo que la presencia de Dios está allí. (Aunque no dice explícitamente que se convertiría; eso dependería todavía de su reacción frente a esta convicción del pecado.)
El hecho de que esto ya no pasa en las iglesias actuales, o solo en oportunidades muy excepcionales, es otro síntoma de que las iglesias actuales ya no son como la primera iglesia.

– De paso sea dicho, en ningún lugar he hablado de “rechazar” a un incrédulo que entra en una reunión. Solamente estoy diciendo que eso normalmente no ocurría, y que los cristianos nunca traían activamente a incrédulos a las reuniones de la iglesia (las que no deben confundirse con las ocasiones de anunciar el evangelio en público).

3) Las reuniones de la iglesia del Nuevo Testamento no tenían la forma de los “servicios” de las iglesias actuales: Se reunían en sus casas, no en un edificio semi-público con letrero y publicidad. Se reunían para comer y compartir juntos (Hechos 2:46) – incluyendo lo que hoy en día se llama la “cena del Señor”, aunque las iglesias actuales ya no lo tienen como una comida verdadera -, y para edificarse mutuamente cada uno con los dones que Dios le había dado (1 Cor.14:26). O sea, no había “liturgia”, no había “prédica”, no había un programa preestablecido y “dirigido”. En cambio, había comunión mutua, y cada uno participaba activamente. ¿Qué podría contribuir un incrédulo a una reunión así? ¿O cómo se sentiría, si todos hablan de las cosas grandes de Dios, y él no tiene de qué hablar? ¿O cómo podría para él la comida compartida tener el significado de hacer memoria de la muerte y resurrección del Señor?
Obviamente, una iglesia actual donde un “pastor” predica y todos los demás escuchan pasivamente, es algo muy diferente. Sentarse y escuchar una prédica, eso lo puede hacer cualquiera, para eso no es necesario ser cristiano. No veo ningún problema con que incrédulos asistan a tales reuniones de escuchar prédicas. Solamente que eso no es la iglesia del Nuevo Testamento.

Ahora, yo no pienso que sería sensato intentar introducir estas formas en una iglesia actual. En la primera iglesia, estas formas fluían naturalmente del corazón de las personas completamente entregados a su Señor. Así por ejemplo estaban juntos todos los días (Hechos 2:44-47). No porque alguien los hubiera obligado a ello – ellos querían estar juntos, porque amaban al Señor y se amaban unos a otros. No podríamos obligar a una iglesia actual a hacer lo mismo, porque no habría el mismo amor y la misma entrega entre ellos.
Pero yo creo que si hoy en día tuviéramos nuevamente un grupo de “personas del Nuevo Testamento”, personas que amen de corazón al Señor y estén completamente entregados a El, entonces veríamos también nuevamente las cosas que sucedían en la iglesia del Nuevo Testamento. Pero puesto que hoy en día tenemos mayormente a “cristianos institucionales”, cristianos de nombre no más, y muy pocas personas del Nuevo Testamento, por eso tampoco tenemos iglesias del Nuevo Testamento.

(Continuará…)

Buenos días, pecadores indignos (Parte 2)

23/12/2011

Un poco de historia

Toda esta confusión tiene un trasfondo histórico. Martín Lutero puso mucho énfasis en la doctrina de la salvación por la fe, no por obras; y en que ningún hombre – tampoco el cristiano – puede ser bueno por sí mismo; pero que Dios le perdona por gracia. Y él llevó esta enseñanza a tal extremo que dijo que el cristiano es “simul iustus et peccator”, simultáneamente justo y pecador. En otra oportunidad dijo: “Ya pensé haber ahogado al viejo Adán, pero el bribón sabe nadar.”

Lutero fue sin duda un reformador muy grande e importante. Pero el mismo Lutero estableció también el principio de “sola scriptura”, o sea, que en la iglesia no existe ninguna autoridad doctrinal aparte de las Sagradas Escrituras. Ni la “tradición de la iglesia”, ni el papa, ni un pastor o teólogo, por más famoso que sea, puede ser la última autoridad en asuntos de doctrina. Entonces tenemos que aplicar este principio también a las enseñanzas del mismo Lutero, y tenemos que decir: “Aquí usted se ha equivocado, doctor Martín: las Escrituras no apoyan el ‘simul’, y tampoco dicen que el viejo hombre sepa nadar.” (Ya hemos examinado más arriba la cuestión del ‘simul’.)

Ahora, desde el trasfondo histórico podemos comprender bien que Lutero se haya excedido en este punto. Es que en aquel tiempo, la gente miraba la vida con sentimientos muy diferentes del hombre moderno y pos-moderno. La conciencia del pecado permeaba todo. En cada momento, uno sentía sobre sus hombros el peso agobiante de sus pecados – un peso que podía ser aliviado solamente por medio de buenas obras a favor de una iglesia todopoderosa. Algunos llegaron al extremo de gastar todas sus posesiones para salvar (según su creencia) su alma, o el alma de algún familiar, del purgatorio donde tenían que sufrir por sus pecados. Los esfuerzos por liberarse del pecado ocupaban una gran parte de la vida. Esta pobre gente ya estaba arrepentida, ya estaba en búsqueda de la salvación. Pero era muy necesario decirles que sus propios esfuerzos no eran necesarios ni útiles para eso, que la gracia de Cristo era todo. Y una vez convertidos, era necesario decirles que su conversión y salvación no era su propio mérito; que no eran ellos mismos quienes eran “tan buenos” como para merecer la salvación. Y así podemos entender que Lutero se excedió en enfatizar esta verdad. Sucede a veces, cuando la iglesia se ha desviado mucho hacia un lado, que a una persona fuerte le parece necesario jalarla con tanta fuerza hacia el otro lado, que al final de cuentas llega a desviarse hacia el otro extremo.

Esto es lo que sucedió con la enseñanza de Lutero. Esta enseñanza era muy necesaria para un pueblo que hacía esfuerzos sobrehumanos para liberarse ellos mismos del peso del pecado sobre sus hombros, y después se sentía orgulloso de estos esfuerzos. Pero esta no es la situación actual. El hombre moderno, y el cristiano moderno, tiene muy poca verdadera convicción de su pecado; y hace aun menos esfuerzos para liberarse de él. La gracia preciosa que había anunciado Lutero, se ha convertido en una gracia barata bajo la prédica de la iglesia moderna. Ahora se anuncia gracia para todos, aun para aquellos que no quieren arrepentirse. Frente a esta iglesia moderna es necesario decir a voz alta: “No es posible que usted sea cristiano y pecador a la vez. ‘Cristiano’ y ‘pecador’ son tan opuestos como fuego y agua.”

Se levanta entonces la pregunta: Aquellos que se llaman “cristianos” y “pecadores” a la vez, ¿cuál de los dos son? ¿Son santos que todavía no han entendido que son santos? ¿o son pecadores que erróneamente creen ser cristianos? – Su actitud, hasta donde los he conocido hasta ahora, me hace pensar que la mayoría entra en el segundo caso. Tienen toda la razón cuando se llaman a sí mismos “pecadores”; pero están muy equivocados cuando creen que así pueden ser cristianos. Efectivamente, la mayoría de ellos todavía no ha llegado a Romanos 3:24: no han llegado a un arrepentimiento verdadero, ni a la verdadera fe en Cristo que salva. Evidencia de ello es: que siguen viviendo en pecado; y que niegan la eficacia del sacrificio de Cristo para liberar del pecado.

¿Sabe nadar el viejo Adán?

Según parece, Lutero se sintió desanimado al ver que aun después de su conversión, él pecaba de vez en cuando. (Aquí vemos otra vez la gran diferencia entre aquel tiempo y la iglesia actual: Los “cristianos” actuales también pecan, pero ya no les preocupa.) De allí sacó la conclusión (errónea) de que “el viejo Adán sabe nadar”. Pero el pasaje correspondiente es muy claro:

“…nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (…) Porque en cuanto murió (Cristo), al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros…” (Romanos 6:6,10-11)

En un cristiano verdadero, el hombre viejo está claramente muerto, y nada indica que pueda resucitar.
¿Por qué entonces pecan aun los cristianos verdaderos de vez en cuando? – La respuesta encontramos en Romanos 8:

“Porque el pensar de la carne es muerte; pero el pensar del Espíritu es vida y paz; porque el pensar de la carne es enemistad contra Dios, porque no se somete a la ley de Dios, porque ni puede. (…) Por tanto entonces, hermanos, no somos deudores de la carne para vivir según la carne, porque si ustedes viven según la carne, van a morir. Pero si por el Espíritu matan las prácticas del cuerpo, vivirán.” (Romanos 8:6-7,12-13)

Aquí, Pablo no habla del “viejo hombre”, pero de la “carne”. ¡Esto no es lo mismo! El “viejo hombre” es la naturaleza del hombre no regenerado, que lo empuja inevitablemente hacia el pecado. Este es el “pecador” por naturaleza. La “carne”, en cambio, es simplemente débil. Con “carne” resume Pablo todos los esfuerzos, inclinaciones y posibilidades que tiene el hombre por sí mismo, sin la ayuda de Dios. Esta “carne” hasta puede ser buena y religiosa (vea Fil.3:4-7). Pero no puede verdaderamente cumplir la voluntad de Dios, como acabamos de leer.

Entonces, el cristiano peca de vez en cuando, no porque fuese todavía pecador, pero porque es simplemente humano y por tanto débil. Y Romanos 8 nos enseña una salida de esta debilidad: pensando y viviendo “según el Espíritu”, en vez de pensar y vivir “en la carne”. O sea, apoyándonos en el poder y las posibilidades de Dios y de Su Espíritu, en vez de nuestros propios esfuerzos humanos.

Podemos ilustrar la diferencia de la siguiente manera: Imaginémonos que vemos una cebra tallada de madera, con rayas blancas y negras. ¿Es una cebra de madera blanca, con rayas negras pintadas encima, o está hecha de madera negra, con rayas blancas pintadas? A primera vista quizás no lo podemos distinguir. Pero si tomamos un poco de lija y comenzamos a lijar, pronto saldrá la pintura y se notará el verdadero color de la madera. Así es la diferencia entre el pecador y el cristiano. La verdadera naturaleza del pecador es el pecado, por más que se esfuerce para hacer obras buenas e incluso para colaborar en la iglesia y darse una apariencia cristiana. Estos esfuerzos son como las rayas blancas pintadas. Cuando Dios empieza a “lijar” y probar esta vida, con el tiempo aparecerá su verdadera naturaleza. – Lo mismo con el cristiano. Su verdadera naturaleza es la santidad, por más que caiga de vez en cuando en pecado. Estos pecados son como las rayas negras pintadas. Cuando Dios prueba la vida del cristiano, poco a poco será liberado de estas rayas negras, y su verdadera naturaleza aparecerá con más claridad.

Esta es la gran verdad de Apocalipsis 22:11-12:

“El que es injusto, sea (más) injusto todavía; y el que es inmundo, sea (más) inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia (más) todavía; y el que es santo, santifíquese (más) todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Algunos, queriendo ser muy “reformados”, enseñan que la salvación no es nada más que un “cambio de etiquetas”. O mejor dicho, un engaño de etiquetas. Como si Dios dijera: “El pecador fulano desea ser exonerado del castigo por el pecado y ha invocado mi nombre; por tanto le pongo ahora la etiqueta de ‘justo’ y ‘santo’, por más que su vida siga tan injusta y pecaminosa como antes.” Una tal enseñanza hace de Dios un mentiroso. La justificación no sería justificación si el “justificado” siguiera siendo injusto. Uno no puede ser “justo en la teoría, pero injusto en la práctica”. Dios expone esta actitud con palabras fuertes:

“Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones? ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice el Señor.” (Jeremías 7:9-11)

¿Qué dijo Jesús a la mujer adúltera después de perdonarle? – “Ni yo te condeno: vete, y no peques más.” (Juan 8:11) 
¿Y qué dijo Jesús al paralítico al que había sanado? – “He aquí, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” (Juan 5:14)

El “No peques más” es inseparable de la obra de restauración que Jesucristo hace en los hombres. ¿Significa esto que Jesús les impone una carga insoportable? – De ninguna manera. El mandamiento “No peques más” está en la misma categoría como el mandamiento anterior, dicho al paralítico:“Levántate, toma tu lecho, y anda.” (Juan 5:8) ¡Una carga insoportable, por cierto! ¡Este hombre no podía andar! Pero el paralítico no lo vio de esta manera. Al contrario, para él fue un mensaje de liberación sobrenatural: Si Jesús me lo dice, ¡yo puedo! Y se levantó y caminó.
– Lo mismo se aplica al mandamiento “No peques más”. Para los que desprecian el don sobrenatural de Jesús, este mandamiento es una carga insoportable, un “legalismo”, un “requisito anticuado”. Pero para aquellos que han conocido al Señor de verdad y confían en él, es un mensaje de liberación sobrenatural: Yo por mí mismo no puedo. Pero si el Señor Jesús me lo dice, ¡entonces sí puedo!

Los frutos podridos de los “pecadores indignos”

Si se tratara solamente de una disputa por palabras, yo no me tomaría la molestia de escribir este artículo. Pero esta enseñanza de los “pecadores indignos” ha corrompido a enteras denominaciones evangélicas. Con esta enseñanza, toda la ética cristiana se ha volteado de cabeza. Los fariseos de los tiempos de Jesús despreciaban a los adúlteros, a las prostitutas, a los ladrones, a los traidores de la patria. ¡Pero los fariseos de hoy desprecian a aquellos cristianos dedicados, que sinceramente desean agradar al Señor Jesús!
Ahora se considera “bueno” y “misericordioso” dejar que los pecadores no arrepentidos sigan en su vida de pecado, aun dentro de la iglesia. ¡Como si esto fuese misericordia, permitir que los cristianos sigan siendo robados, engañados, abusados y maltratados por sus “hermanos”, e incluso por sus pastores! – Y se considera “malo” confrontar el pecado y llamar a los pecadores al arrepentimiento. O sea, ahora es “malo” anunciar el mismo mensaje que Jesús y sus apóstoles predicaban durante toda su vida. (Vea Mateo 4:17, 9:13, Lucas 24:47, Hechos 2:38, 3:19, 14:15, y muchos otros.)

La “disciplina eclesiástica” se ha pervertido de tal manera que ya no se aplica para corregir a los pecadores no arrepentidos. Al contrario, la “disciplina eclesiástica” se utiliza ahora para silenciar y expulsar a aquellos que exponen el pecado. A estos se los llama ahora “faltos de amor”, “sin misericordia”, “rebeldes” y “divisivos”. (Especialmente si exponen el pecado de un líder.) Ya no puedo contar las veces en que supuestos hermanos evangélicos me reprocharon mi “falta de amor”, porque en un caso concreto manifesté que el abuso sexual de menores es un pecado que amerita disciplina eclesiástica. Entonces, ¿sería más “amoroso” callarse, para que más niños se vuelvan víctimas?

Con esta falsa enseñanza, algunas iglesias de verdad se han convertido en cuevas de ladrones. Se volvieron lugares de refugio para cada clase de delincuentes, quienes pueden abrigarse allí debajo de una mal entendida “gracia cristiana”. Como ilustra el siguiente ejemplo:

“Charles Colson relató la historia de Mickey Cohen, el director de la mafia de Los Angeles hace unos treinta años. Mickey Cohen fue a una cruzada de Billy Graham y dijo una oración para aceptar a Cristo como su Salvador. No obstante continuó dirigiendo la mafia en todas sus actividades ilegales e inmorales. Entonces un cristiano valiente quien también había estado involucrado en la mafia, fue a Mickey y le explicó que ya no podía vivir como había vivido en el pasado. Mickey se opuso, diciendo que en la cruzada nadie le había dicho que tenía que
dejar de dirigir la mafia. El otro le mostró de la Escritura que tenía que dejar de practicar tales cosas. Al oír esto Mickey dijo, ‘Pues si alguien me hubiera explicado todo esto desde el principio, yo no hubiera aceptado a Cristo.’ Siguió dirigiendo la mafia hasta que murió de cancer.”
(Fuente: Revista “PlaticAMOS” de diciembre de 2001, en http://www.amos524.org)

Esta situación ha manchado el testimonio de Jesucristo en todas las partes donde existen tales iglesias de “pecadores indignos”. Lo puedo observar en mi propio entorno personal: La mayor parte de la gente ha hecho malas experiencias con evangélicos, y por tanto no tienen interés en el evangelio. De verdad, las palabras del apóstol Pablo se dirigen a las iglesias actuales:

“Tú que te jactas de la ley (Biblia), ¿con infracción de la ley (Biblia) deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones por causa de ustedes.” (Romanos 2:23-24)

Es la honra de Dios, la reputación de Dios, que está en juego.

Conclusiones

Si usted es un “pecador indigno”, ¡arrepiéntase! No le servirá simplemente cambiar de palabras y llamarse “santo” desde ahora. Esto no cambiará la naturaleza de usted. ¡Arrepiéntase de corazón y con hechos ante el Señor Jesucristo! Después confíe en El para su nuevo nacimiento y la restauración de su vida.

Si usted es un cristiano que verdaderamente ama y busca al Señor, entonces ¡no se junte con una iglesia de “pecadores indignos”! Allí los mismos líderes menosprecian, reprenden y desaniman a cada uno que busca la santidad. Le llamarán “legalista”, “perfeccionista”, “falto de amor”, y cosas peores. Harán todo lo que pueden para rebajarle a usted al mismo miserable nivel de vida hipócrita en el cual se encuentran ellos mismos. Busque una comunión de cristianos que aman al Señor de verdad.

No quiero ser malentendido. También en este asunto es posible desviarse al otro extremo. Así sucedió en algunos sectores de la iglesia del segundo y tercer siglo, donde se enseñaba que no hay perdón de pecados que se cometen después del bautismo. Así sucedió también en algunos sectores del metodismo temprano y del movimiento de santidad en el siglo XIX, donde se predicaba una perfección completa de tal manera que el cristiano ya no podría ser vencido por ninguna tentación. Una tal enseñanza puede llevar a la desesperación para aquellos que buscan esta perfección y no la pueden encontrar. También puede llevar a una disciplina eclesiástica demasiado rígida, que niega el arrepentimiento y la restauración aun a aquellos que son realmente arrepentidos. – Pero en la actualidad no veo que exista el peligro de que esta corriente vuelva. Ciertamente no, mientras uno puede caer bajo disciplina en una iglesia evangélica, tan solo por llamar pecado al pecado.

Por lo demás, quiero dejar claro que la justificación y la santificación es siempre un regalo de Dios. No es un mérito del hombre. Pero quiero dejar igualmente claro que Dios desea dar este regalo a cada uno que le busca. El peor pecado de los “pecadores indignos” es este: Ellos desprecian y pisotean este regalo, o niegan que exista; y a los que lo buscan, les impiden recibirlo. Puesto que ellos mismos no conocen la dicha de una vida siguiendo a Jesús, quieren negarla a todos los demás también. Son como aquellos fariseos de los que dijo Jesús: “Cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” (Mateo 23:13) Esperemos y oremos que el Señor mismo les arranque las llaves del reino a estos usurpadores, y las devuelva a quienes legítimamente pertenecen: a los que realmente desean entrar.

Buenos días, pecadores indignos

16/12/2011

En algunos círculos evangélicos existe la costumbre de decir: “Soy un pecador indigno.” “Somos todos pecadores indignos.” Muchos repiten estas palabras sin pensar, simplemente porque los demás también lo dicen. Pero Dios no quiere que seamos loros, repitiendo palabras sin pensar en su significado. Dios quiere que examinemos todo lo que escuchamos (1 Tes.5:21). Vamos a examinar entonces esta costumbre, y vamos a ver que dice la Biblia.

¿Por qué dicen “Soy un pecador indigno”?

He preguntado a varios evangélicos por qué usan estas palabras. Como ya dije, muchos no sabían responder porque las repetían sin pensar. Algunos dijeron: “¿No nos ha enseñado el Señor Jesús a orar así?” – Con esto se refieren a la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14), donde Jesús dijo:

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:13-14)

¿Por qué actuó así el publicano? Obviamente, porque estaba consciente de su pecado, y expresó arrepentimiento ante Dios. El sabía muy bien que con la vida que él llevaba, no era justo ante Dios, y buscaba ser justificado.. Jesús dijo esta parábola para enseñar “a unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros” (verso 9). Estos, los fariseos, también necesitaban arrepentimiento, pero no estaban conscientes de ello.

Ahora, si mi amigo miembro de iglesia usa las mismas palabras como el publicano en su oración en la iglesia, ¿recibirá la misma recompensa? – ¡No necesariamente! El arrepentimiento es un asunto del corazón y de los hechos. No es asunto de las palabras que usamos. Y de aquellos que pregunté, ninguno dijo que usaba estas palabras porque estaba arrepentido de sus pecados. Mas bien dijeron que oraban así porque “así dijo el Señor que hay que orar”. Vamos a ver cual es la actitud que se revela aquí.

Los fariseos habían aprendido que para ser justos, tenían que demostrar que cumplían la ley de Dios en cada detalle. O mas bien, el “demostrarlo” ante la gente era todavía más importante que el cumplir. Por eso, el fariseo en la parábola pensaba ser justificado al jactarse de su obediencia. Su actitud era una de aparentar ante la gente algo que no era realidad en su corazón.

¿Y qué aprenden hoy los miembros de iglesia que repiten las palabras del publicano? Se les dijo que para ser justificados, tienen que ser “humildes” y llamarse “pecadores” a sí mismos. Entonces lo hacen, porque quieren que los otros miembros de la iglesia vean que están usando las palabras correctas. O sea, ¡ellos también están solo aparentando! Están usando unas palabras que en su contexto original expresaron arrepentimiento; pero no hay ningún arrepentimiento en sus corazones y en sus vidas. La mayoría de los que dicen “soy pecador indigno”, en realidad ni siquiera creen que son pecadores.

Haga la prueba. Llame usted “pecador indigno” a alguno de los que habitualmente usan esta palabra, y verá la reacción. Una vez lo hice en una iglesia de esas, donde me habían invitado. Después del tiempo de oración saludé a la congregación: “Buenos días, pecadores indignos.” Vi algunas caras muy, pero muy molestas. ¡Allí se acabó la humildad! – Les dije: “¿Por qué se molestan? Solamente estoy diciendo lo que ustedes mismos dijeron hace pocos minutos en vuestras oraciones.” – Pero allí estaba el problema. Ellos habían orado así, no porque hubieran sido convencidos de su pecado. Habían orado así solamente para demostrar que sabían las “palabras correctas”.

En realidad, esta forma de aparentar es todavía peor que la de los fariseos. Los fariseos eran orgullosos, sí; pero por lo menos eran abiertamente orgullosos. En cambio, los que dicen “soy pecador indigno” sin creerlo realmente, esconden su orgullo detrás de una falsa humildad.

– Ahora, yo sé que existe también la corriente opuesta, la de la “confesión positiva”. Allí se enseña a la gente a “confesar” que son sanos mientras se encuentran todavía postrados en cama; a “confesar” que son victoriosos cuando en realidad todo les sale mal; y a “confesar” que son santos cuando todavía están cautivos en una multitud de pecados. En ninguna parte de la Biblia se nos anima a hacer algo parecido. El cristiano verdadero puede llamarse “santo” porque esta es la realidad de su vida; pero Dios no dice al seudo-cristiano que se llame “santo” cuando no hay santidad en su vida. Pero este es otro problema que merecería otro artículo aparte.

Un cristiano es un santo

¿Existe una base bíblica para llamar “pecador” a un cristiano? El Nuevo Testamento es consecuente en esto: los cristianos se llaman “santos”, y los no cristianos se llaman “pecadores”. Pablo escribió sus cartas a los “santos” en Corinto, en Efeso, en Filipos, etc. No a los “pecadores en Corinto”. – A los romanos escribe claramente que un cristiano ha muerto al pecado:

“¿Qué diremos entonces? ¿Permanezcamos en el pecado, para que la gracia aumente? ¡No sea! Los que morimos para el pecado, ¿cómo viviremos todavía en él? (…) Así también ustedes: considérense a sí mismos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.” (Romanos 6:1-2, 11)

En cuanto a los pecadores o “injustos”, la Escritura deja claro que estos no pueden ser verdaderos cristianos:

“¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se engañen: Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que cometen actos homosexuales, ni los ladrones, ni los codiciosos, ni los borrachos, ni los groseros, ni los asaltantes heredarán el reino de Dios. Y algunos [de ustedes] eran tales. Pero fueron lavados, fueron santificados, fueron justificados en el nombre del Señor Jesús y en el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:9-10)

Más claramente no se puede expresar la diferencia abismal entre un “pecador” y un “justo” o “santo”. – De manera parecida leemos en Apocalipsis:

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:7-8)

¿Cómo entonces entendemos la parábola del fariseo y del publicano? – Ciertamente, Jesús no condena allí la búsqueda de la santidad. Al contrario, el publicano buscaba exactamente esto: perdón de sus pecados y restauración de su vida. Por eso, Jesús lo llama “justificado”. ¡No por ser pecador, pero por su arrepentimiento! Este mismo arrepentimiento hizo que el publicano dejase de ser un pecador y se convirtiese en un justo.
Lo que Jesús condena, es la justicia propia, o sea, el “confiar en sí mismo como justo”. E irónicamente, esto es exactamente lo que hacen los que se llaman “pecadores indignos”: Creen ser justificados por su propia demostración de (falsa) humildad, en vez de buscar la justicia que viene de Jesucristo.

Algunas preguntas y objeciones comunes

Los “pecadores indignos” suelen responder a la exposición de estas verdades con 1 Juan 1:8:

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.”

¿Significa esto que el cristiano debe llamarse “pecador”? – De ninguna manera, y hay tres razones para negarlo:

1. El verso inmediatamente anterior afirma que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7) ¿Cómo seguirá siendo pecador alguien que acaba de ser limpiado de todo pecado? Más probable es que el verso 8 se refiere a los pecados cometidos antes de convertirse a Cristo. Es claro que cada cristiano tiene tales pecados en su vida, porque nadie nace cristiano.

2. Aun suponiendo que el verso se refiere a pecados actuales de un cristiano, ¿esto hace del cristiano un pecador? – No, porque enseguida se aplica el verso 9:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Entonces, aun si un cristiano comete un pecado, inmediatamente se va a arrepentir, va a confesarlo ante el Señor, y entonces el Señor lo limpia, y el cristiano queda nuevamente limpio del pecado. – Notemos que el Señor limpia no solamente “del castigo por la maldad”; ¡El limpia de la misma maldad!

3. Si seguimos leyendo unos versículos más, la intención del pasaje entero se hace clara. Desafortunadamente, en algún momento de la historia, algún escriba decidió insertar una separación de capítulos después de 1 Juan 1:10. Pero la separación en capítulos no es inspirada por Dios, y en este caso particular es muy desafortunada, porque rompe el contexto. Es que 1 Juan 2:1-6 explica el propósito de los versos anteriores:

“Hijitos míos, estas cosas les escribo para que no pequéis. Y si alguno hubiere pecado (o sea, si a pesar de todo un cristiano peca, aunque esto no es lo normal), abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (…) Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él.” (1 Juan 2:1,3-4)

Es obvio entonces que Juan no escribió 1 Juan 1:8 como una excusa para que los cristianos sigan viviendo en pecado sin arrepentirse. Al contrario, lo escribió como parte de un consejo de cómo ser libres del pecado. Si alguien todavía duda de ello, que lea también 1 Juan 3:6-8:

“Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe: el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”

– Otra objeción que escuché, viene desde Romanos 3:9-10:

“…pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno …”

“Ya ves”, dicen los “pecadores indignos”, “que no hay ningún justo en el mundo y que todos somos pecadores.”

Esta es una interpretación realmente horrorosa de este pasaje; una interpretación que desconoce completamente el contexto de Romanos, y que además niega la salvación efectuada por Jesucristo. Hay que leer los primeros tres capítulos de Romanos juntos y completos, y fácilmente uno entenderá el flujo del pensamiento: Pablo demuestra en estos capítulos a los no cristianos que son pecadores y que por tanto necesitan ser salvos. Aplicado a los no cristianos, sin duda es verdad que “todos son pecadores”. Pero Pablo no sigue diciendo: “… entonces todos permaneceremos pecadores indignos por el resto de nuestra vida.” Al contrario, él dice (parafraseado): “Por eso, porque eres pecador, ¡por eso necesitas a Jesucristo!” Y va explicando que por medio de la salvación en Jesucristo, el pecador puede dejar de ser pecador:

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…” (Rom.3:21-24)

Entonces, si alguien se incluye entre los “pecadores” e “injustos” de Romanos 3:9-10, está diciendo que todavía no ha llegado a Romanos 3:24. O sea, que todavía no ha llegado a la fe en Jesucristo.

(Continuará)

¿Quién salvará … la FAMILIA?

19/07/2011

NOTA: Este artículo fue movido al nuevo blog “Educación Cristiana Alternativa”.

Vea:

 http://educacioncristianaalternativa.wordpress.com/2011/11/30/quien-salvara-la-familia/

¿La libertad no les interesa?

22/04/2011

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31-32)

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

“Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de hombres.” (1 Corintios 7:23)

La libertad es uno de los tesoros más apreciados que Jesucristo nos trajo. Los tres pasajes citados, en su contexto respectivo, hablan de tres aspectos en los que Cristo quiere hacernos libres: Libres del pecado; libres de las tradiciones y costumbres religiosas; y libres de la sujeción bajo otros hombres.

Hace años ya he comentado (en “Las ovejas del Perú”) sobre un hecho que me parece uno de los más extraños de la historia: que los celebrados libertadores del Perú eran extranjeros. Aunque el primer movimiento para la independencia, bajo Túpac Amaru II, era un movimiento indígeno – pero los habitantes del Cusco, la antigua capital de los Incas, hicieron alianza con los españoles para combatir y derrotar a Túpac Amaru. Así el Perú tuvo que esperar cuarenta años más, hasta que llegaron el argentino José de San Martín y el venezolano Simón Bolívar, para traerles la independencia que ellos mismos, al parecer, no deseaban tanto.

Esta indiferencia, este desprecio de la libertad se puede observar hasta hoy, en los más distintos niveles de la vida y de la sociedad. Quiero hablar un poco de dos áreas que me preocupan particularmente: el ámbito de los que se llaman “evangélicos”, y el ámbito de lo que comúnmente se llama “educación”.

En el ámbito evangélico está muy difundida una falsa enseñanza que dice que hay que “someterse al pastor”, aunque el pastor esté errado, porque de esto (como dicen) depende la “cobertura espiritual” del cristiano. Pero el único pasaje bíblico donde aparece esta expresión de la “cobertura” es 1 Corintios 11:2-7, donde dice que el hombre no debe tener “cobertura” sobre su cabeza (o sea, no debe hacerse dependiente de la autoridad de otro hombre), porque Cristo es su Cabeza. Pero la mayoria de los “evangélicos” hoy en día prefieren hacerse dependientes de un pastor o de una organización religiosa, en vez de hacerse dependientes de Jesucristo. No examinan, ni protestan, ni siquiera se dan cuenta cuando la enseñanza y la práctica de sus líderes va completamente en contra de la Palabra de Dios. Así dice por ejemplo uno de los muchos apóstoles autoproclamados, cuyo nombre prefiero no mencionar, en un mensaje difundido por internet:

Como honrar a Dios a través de tus pastores
Preferir a otro que significa; si estamos los dos iguales, que pase el primero y si dos se tienen que sentar y hay un solo asiento que se siente él.
El pastor, el apóstol tiene que ir en el mejor coche tiene que sentarse en el mejor lugar (…) Tiene que hacer diferencia con aquellos que son portadores de la unción de Dios (…) porque ellos contienen la unción de Dios y la unción de Dios es lo que va a caer sobre usted.
(…) Tu pastor es lo más importante que hay en tu vida.”

Todo esto en completa contradicción contra las palabras del Señor Jesús: “…Sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.” (Lucas 22:26) Pero hoy en día se considera que un pastor es más “ungido”, cuanto más autoritario y prepotente es. Esto no es “evangélico”, esto no es el Evangelio, esto es esclavitud bajo un hombre.
Y lo más triste: “Mi pueblo así lo quiso” (Jeremías 5:31). Es el mismo pueblo “evangélico” que voluntariamente escoge esta esclavitud. “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas.” (2 Corintios 11:20). Esto dice Pablo a los corintios, no como elogio por si acaso, pero reprochándoles que tan fácilmente se dejaron engañar por los falsos apóstoles.
Así es la situación como la observo entre los “evangélicos” hoy. Tienen pastores y líderes que mienten y engañan, que viven en adulterio, que promueven teologías falsas poniendo en duda la Palabra de Dios, que malversan los fondos de la iglesia … y el pueblo, en vez de apartarse de tales líderes, todavía tolera que estos malos líderes “pongan en disciplina” a aquellos pocos hermanos valientes que confrontan los pecados de ellos. Este pueblo no solamente se somete a una nueva esclavitud; aun se hacen partícipes de los pecados de sus líderes. ¿Nunca han leído que la Palabra de Dios nos exhorta a “escudriñar las Escrituras” y “examinar todo”? (Hechos 17:11, 1 Corintios 14.29, 1 Tesalonicenses 5:21).

Algunos aluden a Hebreos 13:7 y 13:17, sacando estos versículos de su contexto. Publiqué un artículo aparte sobre esta cuestión: ¿Someteos a vuestros pastores? – Un análisis de Hebreos 13:17.

(Nota aparte: Si menciono a los evangélicos en particular, no quiero decir con esto que la iglesia católica esté mejor. Pero los evangélicos son los que deberían saber mejor, porque ellos – por lo menos en la teoría – se apoyan en los principios de la Reforma, diciendo que la Palabra de Dios tiene autoridad por encima de todas las tradiciones y de todos los líderes de la iglesia.)

Ahora, ¿nos sorprenderá que estos mismos líderes a su vez se sometan a otra esclavitud? Hubo gran aplauso entre los evangélicos, cuando el gobierno anunció una ley de “igualdad religiosa”: ahora las iglesias evangélicas serían reconocidas por el gobierno, y tendrían los mismos privilegios como la iglesia católica. Tengo que señalar enfáticamente que igualdad no es lo mismo como libertad. Hay millones de personas que constantemente se quejan de la “desigualdad”; pero no conozco ni un puñado de personas que se preocupan por la falta de libertad. Parece que prefieren ser iguales y sometidos, en vez de ser cada uno quien es, y libre para mejorar su vida. Se sienten orgullosos cuando el gobierno los “reconoce”, y no se detienen para pensar que todo lo que el gobierno reconoce, el gobierno lo controla. – Cierto, todavía son pocas condiciones las que el gobierno impone a las iglesias “reconocidas”; pero una vez dado el primer paso, nada impide que las libertades sean poco a poco quitadas, y los líderes lo acepten silenciosamente. Una de las condiciones gubernamentales que ahora ya da razón para preocuparse, es que las iglesias “reconocidas” tienen que ser afiliadas al ecuménico CONEP.
Ahora, si tanto desean ser “iguales” a la iglesia católica, no deben sorprenderse los evangélicos si terminan efectivamente siendo iguales a los católicos. Como los antiguos israelitas que deseaban ser “iguales como las otras naciones” (1 Samuel 8:5.20), y Dios permitió que sucediera exactamente eso.

– Ya no deseo alargarme mucho, pero prometí hablar también sobre la “educación”. Una persona libre se caracteriza por ser capaz de hacer sus propias decisiones, reflexionar sobre sus propios actos y asumir la responsabilidad por ellos. Ahora, estas son exactamente las cualidades que la escuela menosprecia y se esfuerza a erradicarlas. Los alumnos son entrenados a obedecer ciegamente a las órdenes de sus profesores, y a hacer las tareas asignadas por el profesor, exactamente de la manera como el profesor quiere, sin reflexionar, sin usar su creatividad, sin hacer decisiones propias. Los profesores a su vez son entrenados a obedecer ciegamente a las órdenes del ministerio de educación, y a implementar en sus aulas las políticas de la burocracia estatal, sin reflexionar, sin usar su creatividad, sin hacer decisiones propias. En vez de ser educadores, son entrenados a ser funcionarios del gobierno. Una tal escuela no es educación, es esclavitud.

Por tanto, observando esto, durante muchos años yo creía que no existía la libertad para hacerlo de manera diferente. He tenido contacto con varias escuelas privadas, evangélicas, y observé que eran prácticamente copias exactas de las escuelas estatales, solamente adornadas con un poco de tiempos devocionales y otras añadiduras religiosas. He intentado hacerles algunas sugerencias, por ejemplo en el sentido de colocar su plan de enseñanza sobre un fundamento cristiano y bíblico (vea “Cosmovisión cristiana y educación escolar”), o de adaptar sus métodos mejor a las necesidades y el desarrollo de los niños, en vez de someter a los niños a la enfermiza carrera de acumular la mayor cantidad de “conocimientos” en el menor tiempo (vea “Mejor tarde que temprano” y “Aprender matemática: ¿Cuestión de burocracia o de principios?”). – Siempre recibí la misma respuesta: “Sí, esto sería interesante … pero si hacemos esto, el gobierno nos va a cerrar la escuela.”
Algunos con los que hablé, incluso creían que desviarse del currículo estatal significaría rebelarse contra la autoridad puesta por Dios. Pero Jesús dijo: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). Los niños no son de César, ellos son de Dios, y por tanto estamos en la obligación de educarlos de la manera como Dios quiere.

Pero hace poco me enteré de que la impresión que me transmitían aquellos líderes evangélicos, era bastante equivocada. Efectivamente existe en el Perú un pequeño puñado de escuelas alternativas, “escuelas activas”, escuelas Montessori, etc. Algunas de estas escuelas se atreven a hacer cosas que horrorizarían a los profesores tradicionales, pero que corresponden mucho mejor a las investigaciones científicas pedagógicas y psicológicas – y además a lo que la Biblia dice acerca de los niños y nuestro trato con ellos. Por ejemplo, organizar a los niños de una forma más familiar, mezclando a niños de diferentes edades. (Lea el artículo sobre escuela activa para entender por qué esto es mejor.) O permitir a los niños que ellos mismos decidan para qué actividades y contenidos de aprendizaje están listos, en vez de someter a todos al mismo tiempo al mismo plan preconcebido y rígido. Y como parece, estas escuelas tienen la libertad de hacerlo. Como la promotoría de una de ellas me escribió textualmente:

“Es mentira que no es posible dar una educación diferente, todas las escuelas privadas y del estado podrian hacerlo, el problema es que no creen que exista otra manera de impartir educacion. De hecho nuestro principal problema es encontrar maestros que entiendan nuestro trabajo y tambien encontrar familias que piensen como nosotros.”

Entonces esta libertad sí existe, ¡pero la mayoría abrumadora no está interesada en ella! Y lo que más me entristece: aquellos que se llaman cristianos, aquellos que más deberían estar interesados en hacer las cosas a la manera de Dios, ¡son los menos interesados en esta libertad! Ninguna de estas escuelas alternativas tiene un trasfondo cristiano; mientras algunas de ellas promueven una religiosidad no cristiana. Aunque el concepto de la escuela activa en sí es muy bien compatible con el cristianismo; incluso está en muchos aspectos mucho más cerca de la Palabra de Dios que la escuela tradicional, como demostré en mi artículo.
Cristianos como los Moore han dedicado toda su vida para devolver la educación a donde pertenece – a la familia -, y para investigar acerca de las maneras más apropiadas de educar y enseñar a niños. Pero los padres y profesores “cristianos” aquí siguen ciegamente la corriente de la educación estatal, e incluso niegan que exista una alternativa. Exactamente aquellos que se llaman cristianos, prefieren una educación para la esclavitud, en vez de una educación para la libertad cristiana. – Al mismo tiempo, unos pioneros no cristianos toman los datos de investigaciones como de los Moore y otras afines, con audacia entran en los espacios de libertad que existen, y (a menudo con muchos sacrificios) comienzan una labor educativa mucho mejor, y mucho más consecuente, de lo que hacen todos los evangélicos juntos.

¿Qué hará Dios con un pueblo que rechaza la libertad que El les ofrece? – La triste respuesta que encontramos en la Biblia: El les da exactamente lo que desean – la esclavitud. (Vea 1 Samuel 8:11-18.) Porque a nadie se le puede obligar a ser libre.

Cristianos que desean una renovación espiritual de la iglesia: “No seamos ingenuos”

08/11/2010

Hace poco encontré un blog titulado “Por un cristianismo radical”, y allí un artículo titulado “No seamos ingenuos”. Me parece que los autores de este artículo resaltan unos punto muy importantes, y por tanto deseo comentar este artículo aquí.

Para leer el artículo original:

“No seamos ingenuos”, primera parte
“No seamos ingenuos”, segunda parte

Y aquí mi comentario:

Veo varios puntos a resaltar en este artículo. Primero, el de la relación “ídolo-fans”. ¿Por qué criticamos ciertas herejías, pecados, corrientes peligrosas en la iglesia? ¿Por convicción verdadera y amor a Dios y a Su pueblo; o por complacer a nuestros “fans” que esperan estas críticas de nosotros?  El autor pone un ejemplo de Benny Hinn, un predicador bastante alejado del evangelio bíblico, pero que en una prédica atacó con buenos fundamentos bíblicos a otro predicador extraviado. Recibió mucho aplauso por ello – simplemente porque los “fans” de Benny Hinn no son los “fans” del otro predicador.

He vivido un ejemplo de este fenómeno en carne propia. Durante algunos años colaboré con cierta denominación evangélica, donde algunos predicadores atacan habitualmente el ecumenismo desde sus púlpitos, defendiendo la “sana doctrina”. Hasta que descubrí que los líderes regionales y nacionales de aquella denominación eran, en su mayoría, ellos mismos miembros de organizaciones ecuménicas y difundían la teología de la Alta Crítica. Como era natural, empecé a exponer estas cosas en las iglesias e institutos de aquella denominación aparentemente tan celosa de la “sana doctrina”. Pero no pasó mucho tiempo, y los líderes me comunicaron que estaban rompiendo sus relaciones con mi persona, y que yo ya no podía enseñar en sus iglesias e institutos. La moraleja: Puedes criticar todo lo que está afuera de la institución, y recibirás aplausos; pero si criticas las mismas cosas dentro de la institución, te expulsan.

Ahora tengo un temor santo ante la posibilidad de formar una nueva organización eclesiástica, “renovada” y “avivada” quizás, pero con sus propios puntos ciegos, y ser parte de un liderazgo que se autoproteja contra cualquier corrección desde afuera, de la misma manera como lo hacía el liderazgo de aquella denominación. Muy acertadas las preguntas que hace el autor del artículo :

Mientras no tenemos posibilidad de reconocimiento todos somos Martín Lutero. Pero el problema está: ¿Y cuando estoy en la misma situación que el cantante fulano de tal o que el predicador mengano?
¿Qué me motiva? ¿Me gusta el reconocimiento? ¿Lo busco? ¿Amo más mi reputación dentro de los que piensan como yo que el agradar a Cristo?
Está claro que si sigues hablando contra la apostasía cientos y cientos de Iglesias te van a rechazar, pero ¿ahora que encuentras que otro montón de creyentes te aplauden cuando hablas contra todo aquello?. ¿Qué pasa con tu corazón cuando ves que existe una “farándula evangélica” también de este lado que habla contra esto y aquello?

Un segundo punto a resaltar: ¿Vivo el evangelio que predico? Dice el mencionado artículo:

Si hemos salido de Iglesias equivocadas porque no vivían el verdadero evangelio, pero ahora tampoco nuestra vida refleja el verdadero evangelio, no seamos ingenuos…
Si hemos atacado las motivaciones del cantante fulano de tal, pero ahora en lo que haces te motiva el mismo ego y vanagloria que ese cantante, olvídate, no hemos cambiado NADA.
Si hemos dejado claro con blogs, vídeos y demás que el fruto de ciertas personas dejaba mucho que desear, y que sus familias no reflejan en absoluto a Cristo, pero tú eres un esposo o una esposa frío y egoísta, si eres un padre que siempre tiene otra cosa que hacer o eres un ejemplo pésimo para ellos, si eres vago y no trabajas y te mantienen tus padres, si no eres un trabajador responsable con el fin de proveer para los tuyos…. que quede muy claro: NO HEMOS CAMBIADO NADA.

Después menciona el siguiente ejemplo positivo:

Hace unos años conocí a Chuy Olivares. El me invitó a su casa y estuve 5 días allí. Debido a sus predicaciones fuertes yo esperaba encontrarme a un hombre duro y en posición de guerra.
Por el contrario encontré a un hombre humilde, manso y hasta afectuoso.
Al pasar tiempo con su familia encontré los efectos del carácter cristiano. Se podía ver una dulce familia.
Al conocer internamente a los líderes de su Iglesia me sorprendió que no viven hablando de lo que dijo fulano de tal ni de la última herejía de mengano. Sino que más bien reinaba, nuevamente, un carácter cristiano.
Es gente que está en franco desacuerdo con la apostasía. Pero que su énfasis mayor está puesto en que las familias, desde el bebé recién nacido hasta el abuelito, reflejen el fruto del Espíritu.

No conozco a Chuy Olivares y no sé mucho de él. Pero me gusta el ejemplo que menciona de él, y espero mucho que sea verdad. No solamente el ejemplo de una familia sana; aun más el hecho de que esta familia esté dispuesta a compartir su vida con otras personas. Muy en contraste con lo que escuché una vez decir a cierto pastor: “Prefiero que los jóvenes de mi iglesia no pasen demasiado tiempo en mi casa. Podrían ver unas cosas que los choquen, y todavía no tienen la madurez suficiente para tratar con eso.”

Personalmente, mi esposa y yo siempre sentimos que nuestra vida fue enriquecida por las personas que vivían con nosotros por algún tiempo, desde unos días hasta varios años. Y fueron estas las personas en quienes hemos visto mayor crecimiento espiritual. Efectivamente, creo que esta es la única forma de “pastoreo” eficaz: compartir las vidas juntos. Las otras cosas que comúnmente se entienden con “pastorear”, lo de administrar una organización eclesiástica, dar charlas y órdenes, y tener citas de “consejería”, es muy artificial y produce muy poco crecimiento verdadero; y además le permite al “pastor” mantener su verdadera personalidad escondida detrás de una máscara profesional. (Volveré más abajo a este asunto del “pastorear”.)
Cierto, el compartir la vida es un desafío mayor. Hay choques; no podemos mantener una apariencia de “cristianos profesionales”; no nos ven siempre sonriendo, sino también en los momentos en que estamos agotados, malhumorados, descontrolados… y así ya no podemos mantener la ficticia relación de “pastores y ovejas”. Vemos la necesidad de crecer nosotros mismos también. Nos vemos obligados a reconocer que “uno solo es nuestro maestro, el Cristo, y nosotros todos somos hermanos” (Mateo 23:8). Unos hermanos son más maduros que otros, ciertamente, pero todos (si es que pertenecemos a Cristo) somos hermanos que nos ayudamos mutuamente a crecer.

Llego ahora al último punto que deseo mencionar, y que merece un comentario más largo. Se trata precisamente de la idea del “pastorear”:

Hace 9 años me fui de una Iglesia totalmente seguro que no tenía nada que ver con la Iglesia de Cristo. Y a partir de ahí, tomé el compromiso de querer un cambio genuino de lo que había vivido.
Siempre repetí: “Para yo hacer lo mismo, me vuelvo a donde estaba”

Y hasta hoy busco ese vivir el verdadero cristianismo. No digo para nada que lo haya alcanzado, pero sí que sigue siendo mi convicción.
Pero yo no fui el único que se fue de esa Iglesia. Antes de que yo me fuera, y después, muchos me decían que todo aquello estaba mal y que debíamos luchar por la verdad. Con la mayoría de los que se fueron hablé esto.
Lo terrible, es que con el tiempo, casi todos se volvieron pastores, y al visitar sus Iglesias, descubrí que estaban haciendo más o menos lo mismo que antes criticaban.
Un poco más de esto, y unas gotas menos de aquello… pero… en síntesis… lo mismo…
¿Qué pasó con todo lo que decían?
Ahora que se encontraban en el mismo lugar que el pastor al que habían criticado, hacían lo mismo.
¿Qué falló?
La raíz seguía estando ahí.
Alguien dijo con mucha razón que tú no has salido de Egipto hasta que Egipto no ha salido de tu corazón. Y sino mira al pueblo de Israel en el desierto.
Por favor, no seamos ingenuos, hemos fomentado que los hermanos salgan de las Iglesias en las que la gente es solo un medio para el fin de alguien. Pero si abrimos nosotros nuevas Iglesias y no nos aseguramos que nuestros propios egos y vanaglorias están crucificadas, NO hemos cambiado NADA.

¿Qué es lo que falla aquí? El “ego” y la “vanagloria” ciertamente son parte del problema. Creo que esto puede combatirse de manera eficaz al compartir la vida con otros hermanos, de una manera que nos obliga a ser transparentes ante ellos, como mencioné arriba. Y con la gracia del Señor, por supuesto.
Pero hay otra parte del problema, y es esto: Cuando estos hermanos deseosos de una renovación “se vuelven pastores”, ya están repitiendo el problema de sus iglesias anteriores. ¡Es el sistema “pastoral” en sí, que genera las vanaglorias y la idolatría y los abusos del poder!
Tan pronto como alguien se pone en la posición de “cabeza de la iglesia” (aunque sea solamente de una pequeña iglesia local), estamos en camino hacia el papado. Según las Escrituras, la iglesia no tiene otra cabeza aparte de Jesucristo (Ef.4:15, Col.2:18-19), y nadie es mediador entre Dios y los hombres, aparte de Jesucristo (1 Tim.2:5). El sistema del “pastor todopoderoso” es una herencia del catolicismo romano y de Constantino, no de la Biblia. En el Nuevo Testamento no encontramos a ninguna iglesia dirigida por un solo “pastor”; y el significado de “pastor” y “pastorear” en el Nuevo Testamento es radicalmente diferente del significado que le dan las iglesias actuales. El sistema pastoral actual forma parte de ese mismo “Egipto” que tiene que salir de nuestros corazones, con todos sus anhelos de dominar, de ejercer influencia y poder, y de tener “mi iglesia” (en vez de ser parte de la iglesia del Señor). En el Señor no hay “pastores y ovejas”; hay un único Pastor (Jesús), y los cristianos somos Sus ovejas. El es el Maestro, nosotros todos hermanos. Algunos hermanos son más maduros que otros y por eso merecen que los tomemos más en cuenta; pero siguen siendo hermanos, no hay “clérigos” y “laicos” en la iglesia del Nuevo Testamento.

Entonces, a los hermanos deseosos de una renovación espiritual les recomendaría lo siguiente: Que se retiren por unos meses (¡o incluso años!) solo con el Señor y la Biblia; y que por lo demás vivan la vida de un cristiano “común y corriente”, sin aspiraciones a “liderar” algo o a “plantar mi iglesia”. Que vuelvan al Nuevo Testamento, dejando atrás todas las ideas preconcebidas y tradicionales de lo que es una “iglesia” – leyendo la Biblia con nuevos ojos, como si nunca hubieron escuchado las palabras “iglesia”, “pastor”, “evangelio”, “reino de Dios”, etc. – y les aseguro que se sorprenderán de los significados que estas palabras tienen en el Nuevo Testamento, tan distintos de los significados que adquirieron a lo largo de 1900 años de tradición eclesiástica. Si tienen formación teológica, es bien posible que tendrán que “desaprender” muchos conceptos que aprendieron, basados solamente en los comentarios de otros teólogos, en vez de la Biblia misma.
Vivan la vida cristiana en sus vidas privadas, en sus familias; y si algo de esto llega a resplandecer hacia afuera, hablen de ello con sus vecinos y con sus compañeros de trabajo – pero no como “pastor” que está “levantando una iglesia”; háganlo simplemente como un prójimo que puede testificar como encontró al Señor y como vive con El. Si el Señor está realmente presente en sus vidas, esto se manifestará inevitablemente, tarde o temprano; y entonces “me rodearán los justos” (Sal.142:7) y se formará una comunidad de cristianos de manera natural. Si esto no sucede, si usted no tiene autoridad espiritual sin la etiqueta de “pastor”, entonces usted nunca ha tenido verdadera autoridad espiritual.

Personalmente estoy en este camino desde hace cuatro años, y no ha sido fácil. Todavía sigue siendo mayormente un “camino por el desierto”. Quizás yo estaría mejor si hubiera tenido tiempo para planear de antemano mi salida del “mundo evangélico”. Pero en mi caso esto no fue posible: de un día al otro se destapó un tal enredo de inmoralidad y corrupción dentro de la institución donde trabajé, que me vi obligado a salir inmediatamente para proteger la seguridad de mi familia. Sin embargo, veo en esto la mano del Señor, porque si hubiera sido de manera diferente, no sé si hubiera tenido la valentía de salir. Estas cosas me hicieron despertar a la realidad de que aquellas instituciones e iglesias estaban realmente lejos del Señor.
Por eso, y por el “temor santo” que mencioné más arriba, me propuse ya no dejar que me llamen “pastor”, ya no fundar ninguna “organización” o “institución”, y ya no “recibir nada, si no me fuere dado del cielo” (Juan 3:27). Entonces empecé a pasar por dos experiencias paralelas, pero muy distintas:
Por un lado, una soledad indescriptible. Resultó que la mayoría de mis “amigos” anteriores habían sido amigos solamente por interés propio: por la posición social que yo ocupaba dentro de la iglesia, o porque yo apoyaba sus instituciones. Aun aquellos que habían expresado simpatía por mi camino, no tuvieron el valor de embarcarse al mismo camino. Pude identificarme profundamente con estas palabras por A.W.Tozer:

Recuerda siempre: no puedes cargar una cruz en compañía. Aunque uno esté rodeado por una gran multitud, su cruz es solamente suya, y el mismo hecho de que la está cargando, lo señala como un hombre apartado. La sociedad se ha vuelto en contra de él; de otro modo él no tendría ninguna cruz. “Todos lo dejaron, y huyeron.”
(…) Pero un santo no debe esperar que las cosas sean diferentes. Por fin, el santo es un extranjero y peregrino, haciendo un peregrinaje no con sus pies, pero con su corazón. El camina con Dios en el jardín de su propia alma – ¿y quién puede caminar allí junto a él, sino Dios mismo? El tiene un espíritu diferente de las multitudes que hollan los atrios de la casa del Señor. El ha visto lo que ellos solamente han oído; y él camina entre ellos como Zacarías caminó mudo después de volver del altar, cuando la gente susurraba: “Ha visto una visión.”

Pero al mismo tiempo, experimenté una libertad inesperada al hablar de mi fe con vecinos y familiares no creyentes. Me di cuenta de que anteriormente, mi testimonio cristiano siempre había sufrido bajo el peso de una “agenda secreta”: Tengo que ganar miembros para “mi” iglesia. Tengo que ganar puntos ante la gente que me admira y me apoya, y ante mis líderes. Tengo que tener “éxito”. – Ahora ya no necesito ganar miembros para nadie. Puedo ser simplemente un colaborador del Señor, dispuesto a actuar como me indica Su voz, pero los resultados son Suyos y no míos. Es El quien edifica Su iglesia, no yo edificando “mi” iglesia.

Cierto, de esta manera dura más tiempo hasta que alguien se convierta. Es difícil tener paciencia hasta que el Señor obre con Su Espíritu para convicción del pecado. Es mucho más fácil hacer grandes reuniones con mucha propaganda y manipulación, y lograr que cien personas repitan una oración de entrega. Pero es probable que entre estos cien no haya ninguno que se convirtió de verdad y de corazón. Prefiero tener comunión con unos pocos cristianos verdaderos, que estar al frente de una iglesia grande de cristianos falsos.

Así que, les animo a continuar vuestro viaje “saliendo de Egipto”, aunque pueda resultar todavía más radical de lo que se imaginaron al principio.

Por qué digo que las iglesias están siendo infiltradas por el anticristo

22/10/2010

En respuesta a mi serie de artículos “¡Infiltración!” (http://www.altisimo.net/maestros/infiltracion.htm) recibí un correo de un lector que mencionó algunas otras corrientes actuales, opinando que estas eran mucho más importantes que las mencionadas en mis artículos. Dijo:

“Por ejemplo, ustedes no han considerado cuánto se ha debilitado la cristología cuando se ha llegado a decir que Cristo no vino para ser el mesias, dicho por (representantes del movimiento carismático extremo).

Por otra parte, y en un plano màs sutil y ambiguo, los invito a que reflexiones si algunas enseñanza del Dispensacionalismo llevan a un cristología débil, cuando, por ejemplo, se da cabida a ideas como la de que la edad de la Iglesia, es decir, la “dispensación de la gracia”, es un “paréntesis”, lo cual incluye la obra expiatoria de Cristo.”

Puesto que estos asuntos son de interés general, decidí publicar aquí mi respuesta a aquel lector:

1. Me parece que Ud. considera las influencias únicamente en el plano doctrinal. Pero una infiltración se caracteriza por lo que es tanto doctrinal como PERSONAL y ORGANIZACIONAL. Mientras se trata solamente de una doctrina y nada más, entonces hay una libre competencia de ideas: cada uno es libre de pronunciarse a favor o en contra, y de usar los mejores argumentos que tiene a disposición. Existe también transparencia, porque cada uno se identifica abiertamente con la doctrina que representa.
– No es así con las formas de infiltración que he descrito en mis artículos. Estas infiltraciones tienen como aspecto adicional, que sus representantes entran a las iglesias con su PERSONA, pero ENCUBIERTAMENTE, para desviar y esclavizar la ORGANIZACIÓN entera. Por ejemplo, muchas denominaciones grandes hoy en día tienen líderes regionales y nacionales que predican contra el ecumenismo desde sus púlpitos, pero son personalmente colaboradores de organizaciones ecuménicas y trabajan detrás del escenario para ampliar la influencia de estas organizaciones en el mundo evangélico. (Algunos ejemplos están documentados en los artículos originales.) Como consecuencia, se extiende no solamente la doctrina falsa, pero se multiplican también los líderes que ACTÚAN CON FALSEDAD; y este es el aspecto más peligroso de la infiltración.

2. En cuanto al movimiento carismático extremo, le puedo asegurar que todavía existen DENOMINACIONES ENTERAS que denuncian estas corrientes como herejía. (Concretamente, casi todas que no son pentecostales o carismáticas; y también algunos de los pentecostales clásicos.) Por tanto, yo diría que en este campo todavía funciona la “libre competencia de las ideas”: El cristiano promedio tiene toda oportunidad de escuchar ambos lados del asunto, y así evaluándolo tiene la posibilidad de distinguir entre la verdad y el error. Incluso tiene la posibilidad de encontrar una iglesia que rechaza claramente esta corriente.

En esta área, todavía no he escuchado de líderes carismáticos que se hubieran infiltrado en una denominación no carismática con el propósito de arrastrar secretamente a la denominación entera detrás del movimiento carismático (como lo hacen los ecumenistas, los teólogos críticos y los agentes de cambio del “Nuevo Orden Mundial”). Por tanto, yo hablaría en este caso simplemente de una doctrina falsa, pero no de una infiltración.

3. En cuanto al dispensacionalismo, es probablemente una corriente más difundida en las iglesias actuales. Pero en este caso también, existen todavía algunas denominaciones enteras que no son dispensacionalistas, y algunos de sus líderes refutan abiertamente el dispensacionalismo. (Más notablemente los de tradición calvinista.) – Y según mi conocimiento, los dispensacionalistas tampoco tienen un propósito político de someter otras denominaciones a su corriente y de dominar personalmente sus organizaciones. Por tanto, en este caso yo tampoco hablaría de “infiltración”.

4. A diferencia de estas corrientes mencionadas, encontré que la teología de la Alta Crítica, el movimiento ecuménico, y los planes políticos de la “Nueva Era”, ya son aceptados generalmente en el mundo evangélico – incluso en aquellas denominaciones que con su declaración de fe oficial se oponen a estas corrientes. Lo que demuestra que en efecto hubo una infiltración encubierta: las iglesias practican una cosa muy distinta de la que confiesan y enseñan oficialmente. Por ejemplo, todavía no escuché de ningún líder evangélico importante que hubiera advertido públicamente contra las publicaciones de las Sociedades Bíblicas que difunden la Alta Crítica. No escuché de ningún líder evangélico aquí en el Perú que hubiera protestado públicamente contra la elección de ecumenistas a la Junta Directiva y la presidencia del CONEP (la Alianza Evangélica nacional en este país). No escuché de ninguno que se hubiera pronunicado públicamente en contra de los actuales (pongo énfasis en la palabra actuales) esfuerzos para establecer un gobierno mundial, ni en contra del control del estado sobre las iglesias, la educación y la salud (estas dos últimas áreas afectan también grandemente a la iglesia), ni en contra de los currículos escolares actuales que promueven todas estas ideas. O sea, dentro del liderazgo evangélico ya existe un consenso casi universal a favor de estas corrientes anticristianas. Pero nunca hubo una competencia libre de ideas, porque el cristiano promedio (y aun el pastor local promedio) nunca siquiera se enteró de qué se trata. Y aquellos que se enteraron, fueron silenciados por medio de una “disciplina eclesiástica” aplicada de manera abusiva, sin poder exponer abiertamente sus argumentos. Ahora simplemente resulta que si alguien se posiciona en contra de alguna de estas corrientes, se encuentra no solamente afuera de su propia iglesia: se encuentra afuera de la comunidad evangélica completa. En última consecuencia, esto significa que los altos liderazgos de las iglesias evangélicas, casi en su totalidad, ya han sido acondicionados para incorporarse al sistema político-religioso del anticristo en un futuro no muy lejano. Y esto sin que los miembros comunes, y aun muchos pastores locales, siquiera se hubieran enterado.

Es por eso que hablo aquí de infiltración.

Más cárcel para los niños

05/10/2010

NOTA: Este artículo fue movido al nuevo blog “Educación Cristiana Alternativa”.

Vea:

 http://educacionCristianaAlternativa.wordpress.com/2011/11/30/mas-carcel-para-los-ninos/

En ocasión del “Mes de la Biblia”

20/08/2010

Cada año en el mes de septiembre, muchas iglesias evangélicas siguen la tradición del “Mes de la Biblia”. Se desarrolla una actividad frenética de promoción, distribución, predicación, lectura y memorización de la Biblia, concursos Bíblicos, etc. Es muy recomendable ocuparse de la Biblia. Sin embargo, tengo algunas preguntas que hacer.


1. Cuando una cosa se celebra en exceso y con mucho esfuerzo de publicidad, siempre queda la sospecha de que se trate de una compensación. En otras palabras: Uno siente la necesidad de una celebración, porque de otro modo el objeto celebrado caería en el olvido. O también: Uno cumple con su deber para después poder olvidarlo por el resto del año. Algo así como unos muchachos que celebran el “Día de la madre” a lo grande y se soprepasan unos a otros con homenajes a su madre – para después poder olvidarse de la gratitud hacia ella por el resto del año. O sea, mi pregunta es esta: Si usted tiene cada año un mes de la Biblia, ¿entonces tiene once meses sin Biblia? ¿Lee Ud. realmente su Biblia en casa, durante todo el año? ¿No solamente para participar en un concurso o para agradar al pastor de su iglesia, no solamente para amontonar conocimientos, pero por un deseo personal de conocer mejor a Dios?
– Según mi propia observación, son muy pocos los evangélicos que hacen esto. Por tanto, me permito expresar esta sospecha: ¿Será que el mes de la Biblia sirva como oportunidad para hacer públicamente durante un mes, lo que no hacen en su cámara secreta durante el resto del año? ¿Para publicar a los cuatro vientos: “Nosotros creemos en la Biblia”, cuando en realidad y en su vida privada le dan muy poca importancia? O sea, justo lo contrario de lo que el Señor Jesús recomendó en Mateo 6:1-6 y 16-18.
No hay nada malo en promover actividades Bíblicas – mientras esto refleje el interés y estilo de vida diario de las personas que lo hacen. Pero si el estilo de vida diario está alejado de la Biblia, el “Mes de la Biblia” se vuelve una acción publicitaria sin contenido espiritual.


2. El Señor Jesús dijo también que el solamente leer y escuchar Sus palabras, no tiene provecho en sí mismo. Lo único que realmente nos beneficia, es el oir y hacer lo que El dice.

“¿Por qué me llaman: Señor, Señor, y no hacen lo que digo? Todo el que viene a mí y escucha mis palabras y las hace, les señalaré a quien es semejante: Es semejante a un hombre que edifica una casa, quien cavó y profundizó y puso el fundamento sobre la roca. Y cuando hubo una inundación y el río rompió contra aquella casa, no pudo sacudirla porque estaba fundamentada sobre la roca.
Pero el que escucha y no hace, es semejante a un hombre que edifica una casa sobre la tierra sin fundamento, contra la que rompió el río, y enseguida cayó, y el quebrantamiento de aquella casa fue grande.” (Lucas 6:46-49)

Parece que en el mundo evangélico hay un gran vacío acerca de esta enseñanza del Señor. En diversas reuniones evangélicas he leído estas palabras y he preguntado a los oyentes: “En esta parábola, ¿qué representa la roca?” – Casi siempre recibí inmediatamente la respuesta: “Al Señor Jesús.” Muy pocas veces recibí alguna otra respuesta; y casi ninguna vez la correcta. – Estoy horrorizado. El texto es tan claro – ¿y la gente no es capaz de entender lo que está escrito con palabras sencillas? ¿O ni se esfuerzan por entender, y repiten ciegamente lo que alguna vez su pastor ha dicho en una prédica? Y en este caso, ¿qué hará el Señor con esos predicadores que enseñan equivocadamente a Su pueblo?
Es cierto que existen otros pasajes bíblicos donde el Señor Jesus es comparado con una roca o con una piedra fundamental. ¡Pero esto no viene al caso aquí! En el pasaje citado, el Señor habla de algo diferente, y El lo dice con palabras muy claras. “El que escucha mis palabras y las hace…”, este es semejante a un hombre que fundamentó su casa sobre la roca. O sea, la roca aquí representa el hacer lo que Jesús dice.
¿Por qué no se enseña esto a los evangélicos? Es por eso que las iglesias están llenas de seudo-cristianos y falsos hermanos, que creen en la “gracia barata” (como diría Dietrich Bonhoeffer); que creen que pueden vivir como quieren y al final el Señor les perdonaría todo porque “solamente hay que creer”. – O creen que serán salvos por obedecer al pastor, y nunca han escuchado que la obediencia al Señor Jesús es mucho más importante que la “obediencia al pastor” (la cual no existe en la Biblia).

Tengo que hacer una pequeña aclaración aquí. Este artículo está escrito para lectores evangélicos, porque son ellos a quienes el Señor desea dirigir este mensaje en estos tiempos. Es que los evangélicos enseñan, por lo menos en teoría, que la Biblia es Palabra de Dios y que la Palabra de Dios es la máxima autoridad en la iglesia, por encima de todo lo que digan los teólogos y pastores y líderes de la iglesia. Por tanto, deseo que por lo menos algunos de ellos abran los ojos. Que se den cuenta de cuan lejos su práctica se ha alejado de su teoría, y que vuelvan al Señor. – Los católicos romanos, por el otro lado, tienen otra teoría. La iglesia católica romana enseña que la autoridad de la iglesia, de sus sacerdotes y maestros y del papa, está por encima de la palabra de Biblia. Por tanto, ellos ya tienen un fundamento diferente y me interesa muy poco lo que digan de este artículo, mientras no cambien de fundamento. Si un católico obedece a su pastor en contra de lo que dice la Biblia, solamente actúa consecuentemente de acuerdo a su religión. Pero si un evangélico hace lo mismo, está traicionando el fundamento de fe que confiesa en la teoría. Por eso es la respuesta de los evangélicos la que me interesa. Son ellos los que “dicen, pero no hacen”.

Veremos entonces algunos ejemplos de lo que dice el Señor. Esta es mi segunda pregunta para el mes de la Biblia: ¿Toma usted la Biblia en serio? Entonces examínese si está “haciendo” lo que está escrito.


“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo…” (Efesios 4:25)

La verdad es uno de los tesoros más preciados en los ojos del Señor. Por una simple mentira se dejaron engañar Adán y Eva, y les costó todo lo que tenían, incluso la vida. Por una simple mentira tuvieron que morir Ananías y Safira. Sin embargo, he conocido a muchos evangélicos que viven como si una pequeña mentira no importaría. Como aquella estudiante de teología que una vez cuidó a nuestros hijos, y para evitar que salieran de casa en la noche, les dijo: “No salgan, el cucu está afuera.” (El cucu es un espíritu maligno en el cual creen los habitantes de las alturas del Perú.). Ella quizás pensaba que se trataba solamente de una “medida educativa”; pero era una mentira, y una muy maligna además, porque infunde en los niños un temor injustificado a los malos espíritus, algo que no debe tener lugar en un cristiano. Nunca más dejé a nuestros hijos al cuidado de aquella estudiante, porque en un hogar cristiano no puede haber lugar para alguien que educa a los niños con mentiras. – O como aquel docente de teología, que una vez me pidió disculpas “por haberle alzado la voz”, pero no mencionó que en aquella ocasión él también me había dicho una mentira gorda. Si el “alzar la voz” fuese pecado, Jesús mismo hubiera pecado muchas veces, porque El alzó la voz en muchas oportunidades. De eso no había necesidad de pedir disculpas. Pero el verdadero pecado, la mentira, le importaba muy poco a aquel teólogo.

El libro de Apocalipsis nos informa acerca del destino de los mentirosos:

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:8)

Ante los ojos de Dios, los mentirosos están en la misma categoría como los idólatras y los asesinos. Usted que se llama evangélico, no me diga que usted es “salvo por la fe” y por tanto puede mentir. La fe se demuestra en una vida cambiada (Romanos 6:1-2, 12-14, Santiago 2:14-17, 1 Juan 3:3-8). Si usted es un mentiroso y no le importa, entonces usted no tiene la fe de la que hablaron Jesús y Sus apóstoles.

Ahora mismo, muchos de los que leen y escuchan esto, tendrían que temblar de temor ante estas palabras en Apocalipsis. Pero las pasan por alto como si nada hubiera sucedido, porque no toman en serio estas palabras. Pero ¿cómo puede Ud. llamarse creyente, y no tomar en serio lo que el Señor dice? Con esto demuestra que en realidad usted no cree lo que está escrito; o sea, !usted es un incrédulo! Y así ya cumple una condición más para ser lanzado al lago de fuego.

No soy yo quien digo esto; es el Señor mismo quien lo dice. Yo no tengo ningún interés en ver a alguien lanzado al lago de fuego; y estoy seguro que el Señor mismo tampoco lo desea. Exactamente por esta razón estoy difundiendo este mensaje: porque deseo que usted sea salvo de verdad. Deseo que usted no crea en los cuentos engañosos de salvación barata, los que algunos pastores predican solamente para aumentar la membresía de su iglesia. Deseo que usted entienda que el Señor Jesús le ofrece una verdadera liberación del pecado – no solo del castigo por el pecado. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. … Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. … Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” (Juan 8:32-36)


“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?” (Eclesiastés 5:4-5)

¿Le gusta hacer promesas a Dios? “Señor, te serviré por toda mi vida…” “Señor, desde ahora seré un mejor esposo, un mejor padre…” ¿Y ha cumplido usted sus promesas? – El pasaje citado le dice que piense mejor antes de hacer una promesa. ¿Realmente puede Ud. cumplir lo que promete? ¿Tiene Ud. siquiera la intención de cumplirlo? Si este no es el caso, mejor no haga la promesa, porque Dios toma en serio las promesas. Tanto las suyas como las de Ud. Si Ud. no cumple sus promesas, Dios le llama un insensato; y El puede enojarse contra Ud. y destruir la obra de Ud. Esto es lo que El mismo dice aquí.

En esta cuenta caen también aquellos predicadores que inducen a la gente a hacer “promesas” o “pactos” ante Dios. Muchas veces se trata de promesas o pactos que Dios nunca dijo que hagamos: “Ven adelante y haz tu promesa, que darás tanto dinero a esta obra…” – ¿Cuándo y dónde dijo Dios que hagamos promesas como esta? Al contrario, El nos advierte a cuidarnos y ser prudentes, para que no nos enlacemos con nuestra propia boca. “Mejor es que no prometas” … Los predicadores que inducen a la gente a hacer promesas imprudentes, se hacen culpables a tentarlos a cometer este mismo pecado.

¿Y qué diremos de las promesas que nos hacemos unos a otros? Bien, Ud. podría decir que eso no es tan serio como hacer una promesa a Dios; pero ¿qué dice el Señor? “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:40). Entonces, prometer algo a un hermano es lo mismo como prometer algo al Señor, y lo dicho aplica aquí también. No le diga ligeramente a su hermano: “Te aseguro que mañana te traeré este trabajo hecho”, si apenas tiene tiempo para hacerlo la siguiente semana. No le diga: “Mañana te pagaré”, si no tiene realmente la intención y la posibilidad de hacerlo.

¿Por qué Dios es tan tajante en estos asuntos del hablar la verdad y del cumplir las promesas? – Es que Su propio carácter depende de ello. Dios mismo es perfectamente verdadero, nunca miente, y nunca quebranta una promesa. Y El quiere ser conocido como tal – por medio de Su pueblo. ¿Dónde quedaría nuestra fe, si Dios fuera incumplido? ¿Qué tal si usted llega a la puerta del cielo y dice: “Aquí estoy, un discípulo de Jesucristo”, y el Señor revisa los libros y dice: “Lo siento, tal vez te prometí la entrada sin pensar mucho, pero ahora tu asiento ya está ocupado por otra persona”? – Sería horroroso tan solo pensar algo así del Dios Santo, Justo y Verdadero. Sin embargo, esto es lo que sucedería si Dios actuase igual como la mayoría de los evangélicos actuales. “Tener fe” significa “confiar”. ¿Cómo podríamos confiar en un Dios que quebrante Sus promesas a su antojo? Esto destruiría completamente el carácter de Dios y nuestra confianza en El. Pero de esta manera representa el pueblo evangélico actualmente a Dios: como una persona incumplida, inconstante, indiferente hacia la verdad, que actúa como se le da la gana y que no tiene principios. (Incluso un empleador evangélico me dijo una vez: “Ya no quiero contratar a trabajadores evangélicos; ellos son los más incumplidos de todos.”) En la vista de esto, ¿no se pondrá Dios celoso por la reputación de Su nombre?
Dios quiere ser conocido como el Dios veraz, honrado y cumplido que El es en realidad. Y por eso El quiere que Su pueblo sea también gente de confianza. Gente que no tenga necesidad de jurar o de hacer promesas, porque sus prójimos saben que pueden confiar en su simple palabra; que su Sí es Sí y su No es No. (Mateo 5:37)


“No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová. No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.” (Levítico 19:16-17)

Otro asunto espinoso en las iglesias: los asuntos de justicia y de relaciones personales entre los miembros. ¿Cómo se manejan estos asuntos en la iglesia de Ud.? ¿Es su administración de justicia siquiera al nivel del sistema mundano de justicia – ni hablar de los estándares de Dios que son más altos? En la justicia mundana, por lo menos se da a ambas partes la misma oportunidad de pronunciarse y ser escuchados; se hace una investigación de los hechos; y se toman medidas para que los investigadores y los jueces sean imparciales. Si la iglesia de Ud. tiene que juzgar sobre un asunto contencioso: ¿toma en cuenta siquiera estos principios fundamentales de justicia? – No sucedió así en las iglesias que conocí (¡y conocí de cerca un centenar de ellas!) En lugar de ello, las faltas de líderes institucionales contra sus miembros fueron juzgadas por otros líderes de la misma institución, y las instancias superiores por lo general se negaron a recibir una apelación. En la mayoría de los casos que he tenido que presenciar, no se han interrogado testigos ni se ha hecho una investigación de los hechos. En lugar de ello, se reunía una comisión de personas involucrados ellos mismos en el asunto (o sea, de ninguna manera imparciales), quienes ya habían hecho su decisión de antemano; o aun peor, un solo líder decidía arbitrariamente. Y las decisiones tomadas no tenían nada que ver con justicia y verdad. El propósito era simplemente mantener una apariencia de paz, y evitar que se siga hablando acerca del asunto. Daba igual si se trataba de un simple altercado personal, o de un delito como robo, falsificación, malversación de fondos o abuso sexual.

En algunos círculos evangélicos parece prevalecer una mentalidad que dice: “Podemos hacer las cosas como sea, porque estamos bajo la gracia y al final Dios nos va a perdonar todo.” Por eso, sus estándares de justicia y verdad son todavía inferiores a los estándares del mundo incrédulo. Pero Dios dice que El mide Su iglesia con estándares más elevados que los del mundo:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? … ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos …?” (1 Cor.6:1-6) – Los corintios tenían la misma situación. No eran capaces de administrar ni la menor justicia en medio de ellos mismos; y por tanto, con cualquier pleito recurrían a los jueces mundanos, “los de menor estima en la iglesia”. El apóstol Pablo se indignó sumamente ante esta situación. (¿Por qué los líderes evangélicos actuales no se indignan de la misma manera?) – Algunos ven en este pasaje solamente una exhortación a no tener juicios contra hermanos. Pero el mayor énfasis de Pablo está en el hecho de que los cristianos deberían ser capaces de juzgar estos asuntos entre ellos mismo con justicia. Puesto que no eran capaces de ello, demostraron que no merecían llevar el nombre de “santos”, ¡y por tanto no podían esperar entrar al reino de Dios (1 Cor.6:9-10)!

Pero volvamos al pasaje de Levítico que citamos arriba. Hay más allí: “No andarás chismeando entre tu pueblo … razonarás con tu prójimo…” – Todo este pasaje tiene que ver con el mismo problema: como actuar cuando hay un conflicto entre miembros del pueblo de Dios. Primero se mencionan algunas reacciones equivocadas: “No andarás chismeando”, o sea, no vaya a contarlo a todo el mundo para que se pongan del lde de usted (mientras la persona que causó el conflicto, quizás ni siquiera está consciente de que cometió una ofensa). “No atentarás contra su vida”, o sea, no planee su propia venganza. (Romanos 12:19 dice que el Señor mismo hará venganza.) “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón”, o sea, no guarde el asunto para usted mismo sin decir nada. – En muchas iglesias se predica exactamente esto como una manera especialmente “santa” de actuar: “Si tu hermano te ha ofendido, perdónale y olvídalo.” “Tienes que amar a tu hermano, por tanto no debes decir nada en contra de él.” – ¡Pero esto no tiene nada que ver con verdadero amor! Al contrario, el verdadero amor desea que el hermano tenga su vida arreglada ante Dios, y por tanto se atreve a reprenderlo cuando es necesario.
Jesús mismo reprendió muchas veces a la gente. No solamente a sus enemigos, sino también a sus propios discípulos, a quienes amaba profundamente. El detalle es que él los reprendió abiertamente. Esta es la reacción correcta que se menciona allí en Levítico: “Razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.” O como Jesús mismo dice en Mateo 18:15-17: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.” – El que no reprende el pecado, se hace cómplice del pecado. El Señor quiere que el pecado se trate abiertamente, en la luz. Así existe la posibilidad de que el asunto se pueda arreglar. – Como continúa el asunto si no se arregla, se puede leer en Mateo 18; no entraré ahora en los detalles.

¿Obedece usted a lo que está escrito aquí? ¿Obedece el liderazgo de su iglesia a lo que está escrito?


“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!” (2 Juan 9-10)

“Casa”, en el lenguaje bíblico, significa “familia”. Este mandamiento se preocupa por la integridad espiritual de la familia. Tiene implicaciones importantes para la familia de usted.
– Ahora, mi preocupación no es tanto que un evangélico invite a su casa a un “mormón” o a un “testigo de Jehová” para que enseñe a toda su familia, incluido a los niños. No conozco a ningún evangélico que haría esto. (Como tampoco invitarían a tales personas a enseñar en la reunión de niños de su iglesia.) – Pero ¿adónde envía usted a sus hijos cinco días por semana, seis, siete u ocho horas al día? ¿No es a una escuela secular, donde la mayoría de los profesores no tienen ninguna fe en Cristo? Esto es aun peor que invitar a un falso maestro a la casa; porque afuera de la casa usted no tiene ninguna posibilidad de influenciar o proteger a su hijo.
Ahora me dirán que esto no es lo mismo; que aprender a leer, escribir y calcular no es lo mismo como aprender una falsa doctrina. Pero vamos a ver que sí es lo mismo: Ninguna materia se puede enseñar en un vacío, de manera “neutral”. No se puede enseñar a leer sin material de lectura. Y el material de lectura enseña valores, actitudes, creencias y doctrinas. Quizás no muy abiertamente, pero las enseña. Y los comentarios del profesor añaden a esta doctrina. Si esta no es la doctrina de Cristo, ¿qué doctrina será? Obviamente una doctrina diferente, y por tanto, una doctrina falsa. (Actualmente, los materiales de lectura para niños se llenan cada vez más de leyendas paganas y ocultistas. ¿Esto no le preocupa a usted? ¿Siquiera sabe usted lo que leen sus hijos en la escuela?) – Lo mismo aplica a materias como historia, ciencias, y aun a la matemática.
He escrito más extensamente sobre estos asuntos en “Cosmovisión cristiana y educación escolar”, por tanto me limitaré aquí a unos pocos ejemplos:

¿Acaso no es en la escuela donde los niños aprenden que la vida no es creación de Dios; que se originó por casualidad y que somos parientes del mono?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños aprenden que lo más importante en la vida son las cosas materiales, el progreso en la carrera profesional y un buen sueldo?

¿Acaso no es en la escuela donde muchos niños escuchan de sus profesores que Dios no existe, o que si existe es malo?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños aprenden a sobornar a ciertos profesores para recibir mejores notas? ¿y a engañar en los exámenes, a mentir, y a cometer otros actos deshonestos?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños se acostumbran a despreciarse unos a otros, a burlarse e insultarse entre ellos, a reírse de los débiles y a dejarse oprimir por los fuertes? ¿y no sucede todo esto incluso con el apoyo de ciertos profesores?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños se encuentran con compañeros que los inducen a consumir drogas, a tener relaciones sexuales, a apartarse de la fe?

En las escuelas de los Estados Unidos se hace más y más común, realizar oficialmente ritos paganos y experimentos ocultistas con los alumnos. Esto también lo veremos con más y más frecuencia aquí en América Latina, porque la política educativa aquí sigue la misma corriente.

Todas las abominaciones del mundo, todo lo que la iglesia no permitiría al diablo hacer ni por una hora en su clase de niños, se lo permite hacer por treinta o cuarenta horas por semana, en el nombre de este ídolo llamado “educación”. Los afectados son los niños y jóvenes, que casi todos terminan su educación secundaria hechos ateos o paganos. – Y de esto ni siquiera se salvan las escuelas evangélicas; porque muchas de ellas contratan a profesores no cristianos, y enseñan las mismas doctrinas falsas como las escuelas seculares.

Ya conozco las excusas: “Pero quiero que mis hijos tengan mejores posibilidades en la vida.” – O sea, usted ha caído en la mismo idolatría como los profesores de sus hijos, creyendo que el progreso material es lo más importante en la vida. Usted has olvidado las palabras del Señor que dice: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26)
– “Pero no hay escuela cristiana donde yo vivo.” – Si los cristianos se preocuparan de verdad por estos asuntos, ¡desde hace tiempo ya habría una! Y si a usted le preocupa, empiece a hacer algo.
– “¿Pero acaso es tan importante esto? No hay que ser tan legalista.” – Quien dice esto, demuestra una vez más que no toma en serio la Palabra de Dios; o sea, que en realidad es un incrédulo. Los primeros cristianos murieron como mártires por cosas aun menos importantes. Por ejemplo, por negarse a derramar un poco de vino a los pies de una estatua del César. “No seas tan legalista”, habrán dicho los soldados romanos a aquel infeliz cristiano, “¿por qué quieres perder tu vida por una cosa tan insignificante? Es solamente un poquito de vino. Derrámalo, y después puedes ir otra vez a adorar a tu Cristo. No seas tan terco, obedece a la autoridad.” – Pero los cristianos se negaron tajantemente y pagaron con su vida. ¿Por qué? Es que ellos estaban muy conscientes de que esto sería un acto de idolatría. – ¿Cómo respondía Dios? ¿Dijo El también: “Eres un legalista, estás desechando tu vida por gusto, tu muerte es en vano?” Al contrario. Dios daba tanto poder al testimonio de estos mártires, que muchos de los espectadores eran convencidos a seguir a Cristo también; aun si esto podía significar su propia muerte.
Lo que sucede en las escuelas seculares, es no solamente un único acto de adoración: es una indoctrinación permanente en el sistema de adoración a los ídolos de este mundo, el materialismo, el ocultismo, el estado y el gobierno mundial. Pero a diferencia de los primeros cristianos, los evangélicos actuales siguen estas corrientes sin siquiera cuestionar. ¿Está también usted sacrificando a sus hijos sobre el altar del falso dios “educación”?


“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:6-7)

Estos versos hablan de la clase de educación que un padre cristiano debe brindar a sus hijos. ¿Quién de ustedes habla diariamente con sus hijos acerca de la palabra de Dios? ¿Quién de ustedes relaciona los quehaceres diarios en familia con los mandamientos y principios de Dios?
Hay muchas formas como se puede hacer esto. Se puede simplemente leer la Biblia, capítulo por capítulo, con la familia reunida, y dar unas explicaciones para que todos entiendan. O se puede preguntar en cada situación de la vida diaria: ¿Qué dice Dios acerca de esto? – y buscar respuestas en la Biblia. O se puede ocuparse todo el día de un solo versículo: leyéndolo, memorizándolo, y buscando juntos nuevas aplicaciones y explicaciones del mismo verso, cada vez que la familia se reúne durante el día.

Pero aquí está el problema: muchas familias actuales no tienen ni un solo momento para reunirse durante el día. Quizás dirán que no pueden: que los hijos están en la escuela (de eso ya hablamos arriba), que papá tiene que trabajar hasta tarde, etc. – Pero Dios dice que Sus mandamientos no son difíciles (1 Juan 5:3). Entonces, si decimos que no los podemos cumplir, el error es nuestro. Muchas familias tienen prioridades equivocadas: carrera y dinero primero, los mandamientos de Dios último. ¿Cómo puede alguien decir que ama a Dios, si pone en último lugar lo que Dios pone primero? En la lista de prioridades de Dios acerca de la educación, la educación cristiana en familia es primero, y la educación escolar es último. – Otras familias lo tienen así: la iglesia primero, la familia último. Esto también es muy equivocado: La familia es la base de la iglesia; entonces si las familias se desintegran, la iglesia se desintegra también. La iglesia del Nuevo Testamento no era ninguna institución; era una familia extendida. Pero la iglesia de usted, ¿une las familias o las separa aun más? ¿Su iglesia se reúne como familia extendida, o en grupos separados por edades? ¿Su iglesia anima a las familias a pasar tiempo juntos, o les impone una pesada carga de reuniones afuera de la casa?


“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mateo 28:19-20)

Esta es la “gran comisión” del Señor a Sus discípulos, que a menudo se cita en las iglesias contemporáneas. Pero la tradición evangélica ha oscurecido algunos aspectos muy importantes de este gran mandamiento:

Jesús dijo “Id”; pero las iglesias actuales dicen “Vengan a nosotros”. Jesús nos encargó ir adonde están los perdidos, testificar allí mismo de El y demostrar allí mismo Su poder. ¿Hace usted esto? ¿O dice usted, como muchos: “Ven a nuestra iglesia, escucha a nuestro pastor, y allí conocerás a Dios”? – Así usted ganará a muchos “seguidores de su iglesia”, pero a muy pocos seguidores de Cristo. La gente necesita ver y encontrar a Cristo en nuestra vida diaria, allí donde están ellos. Si no lo encuentran allí, difícilmente lo encontrarán en nuestras reuniones religiosas. Más probable es que encontrarán un sistema religioso hecho por hombres, y se unan a este sistema, sin tener ninguna relación personal con Cristo.
He aquí un dato que debería llamarles la atención: En todo el Nuevo Testamento no se encuentra ninguna invitación a los incrédulos, que “vengan a la iglesia”.

Jesús dijo “Haced discípulos”; pero las iglesias actuales dicen “Haced convertidos” o “Haced miembros”. Aunque muchas tienen algún programa con el nombre de “discipulado”, estos programas tienen poco en común con el “programa” de Jesús con Sus discípulos. Algo sobresaliente en el “discipulado” de Jesús es que El vivía junto con sus discípulos, las 24 horas del día. ¿Cuál programa actual de “discipulado” hace esto? Muy pocos. La mayoría de estos programas se asemejan más a una escuela: Reuniones formales en ciertos días de la semana, a ciertas horas, y de vez en cuando un “retiro” especial. ¡Jesús no tenía ninguna “escuela” con Sus discípulos! No tenía clases formales, no tenía enseñanzas preparadas ni separatas ni libros, no tenía horarios. Los “momentos espiritualmente poderosos” no sucedieron en “reuniones” o “retiros”. Al contrario, sucedieron en la vida diaria. Muy a diferencia de los programas actuales de las iglesias. (Aquí vemos otra vez hasta tal punto el sistema secular de “educación” ha invadido a las iglesias: de tal manera que sus programas de “discipulado” se parecen más a una escuela secular moderna que a la vida de Jesús con Sus discípulos.)
Además, el discipulado de Jesús se enfocaba en el “ser” y en el “hacer”, no en el “saber”. Le importaba muy poco lo que Sus discipulos “sabían”; pero le importaba mucho la manera como vivían. Un discípulo es alguien que vive como Jesús vivía. “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1 Juan 2:6). ¿La iglesia de usted produce tales discípulos? ¿Es usted mismo un tal discípulo?

Jesús dijo “…que guarden todas las cosas que os he mandado”, pero las iglesias actuales dicen: “Pueden vivir como quieren, el Señor les perdonará todo.” – Algunas otras dicen: “Guarden todas las cosas que los líderes de la iglesia mandan.” – Así o así, se desprecian los mandamientos del Señor, y en su lugar se enseñan mandamientos de hombres.


“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” (Hechos 2:42-47)

Este es el modelo original de la iglesia de Jesucristo. Este es ejemplo que Dios puso a partir del día de Pentecostés, cuando la iglesia cristiana funcionaba todavía según el plan de Dios. Compare su iglesia con este modelo: ¿coincide?

Dos veces se menciona aquí “el partimiento del pan en las casas”. ¿Qué es esto? – Primero y sencillamente lo que dice: Compartían el pan y comían juntos; probablemente varias familias cristianas juntas en la casa de una de ellas. Pero ademas sabemos que el Señor Jesús no dio un mandamiento especial acerca del partimiento del pan: “Haced esto en memoria de mí.” – Entonces los primeros cristianos, cuando comían juntos, a la vez recordaban la muerte y la resurrección del Señor. Esta comida se remonta a la Pascua judía. La Pascua se celebraba en familia, bajo la dirección del padre de la familia. De la misma manera se reunían los primeros cristianos para compartir comida y recordar la muerte y resurrección, guiados por un padre de familia.

Además leemos que comían “con alegría y sencillez de corazón”. ¿Qué es esto? – Había una transparencia y sinceridad entre ellos; nada de apariencias; nada de motivos ocultos. Nada de protocolos y tradiciones; nada de distinciones y títulos como “doctor”, “pastor”, “reverendo”… Ellos eran “de un corazón y un alma” (Hechos 4:32).

¡Cuán diferente es lo que hoy se llama la “santa cena” o la “cena del Señor”! Primeramente, ya no es una comida. Es solo un ritual estéril, y normalmente es la parte de la reunión donde usted se siente más incómodo. Cada uno teme romper el protocolo con decir una palabra equivocada o hacer un movimiento equivocado. Entonces el pastor dice que cada uno se examine, y usted se acuerda de algún pecado no arreglado y piensa: “Tengo que confesarlo para poder tomar la cena tranquilamente” – pero la semana siguiente usted vuelve a cometer el mismo pecado. O usted se recuerda de algún hermano con quien tuvo una disputa recientemente, y usted piensa: “Tengo que acercarse a ese hermano para abrazarlo.” Aunque no le gusta hacerlo, pero por obligación lo hace. En realidad no cambió nada en su relación con él; si se vuelven a ver en la calle, siempre no se hablan … pero por la solemnidad del momento se sienten obligados a escenificar una “reconciliación” ante la iglesia reunida. Así es la “santa cena” hoy, ¿no cierto?

En la primera iglesia había también “comunión unos con otros”. ¿Qué es esto? – Sentarse lado a lado durante una reunión, todavía no es “tener comunión”. Una verdadera comunión es algo mucho más personal y profundo. ¿Conoce usted realmente a las personas con quienes se reúne semanalmente para un servicio religioso? ¿Está usted enterado de lo que Dios hizo durante los últimos días en la vida del hermano que se sienta a su lado? ¿Conoce usted la necesidad más grande de su hermano al otro lado? ¿Comparte usted su gozo, sus tristezas, sus luchas? ¿Está usted involucrado en su vida de alguna manera espiritualmente edificante?
En la primera iglesia vemos a un grupo de cristianos que se alegraban de corazón al verse unos a otros. – No solamente la sonrisa y el “Dios te bendiga” exigidos por el protocolo. No, eso era de corazón. – Ellos se interesaban genuinamente por la vida espiritual unos de los otros. Se visitaban unos a otros en sus casas para compartir las cosas profundas que Dios hacía en sus vidas, y para compartir la cena del Señor. (No necesitaban a ningún “ministro” para hacer eso.) – ¿Cuándo fue la última vez que usted hizo esto – no por encargo del liderazgo, pero por iniciativa propia? ¿Siquiera se puede hacer esto en la iglesia de usted?

Leemos también de la ayuda mutua y del apoyo a los necesitados. Allí estaba la prioridad financiera de la primera iglesia. ¿Cuánto dinero se invierte en la iglesia de usted para ayudar a los necesitados? – En comparación con esto, ¿cuánto se invirtió en el local donde ustedes se reúnen? ¿y en el equipo de sonido? ¿y en la oficina y en el carro del pastor? ¿Está usted invirtiendo en las mismas cosas como la primera iglesia, o en cosas que ellos ni siquiera tenían?

Podríamos seguir examinando este relato en el libro de Hechos, pero me detendré aquí. En cada versículo encontraríamos suficientes razones para postrarnos ante el Señor en arrepentimiento y vergüenza, porque la primera iglesia era tan radicalmente diferente de las iglesias actuales. Si usted toma la Biblia en serio, usted querrá volver a la iglesia tal como era en el principio. ¿Tiene usted siquiera este deseo?

– Ahora necesito advertir contra un malentendido. Algunos podrían pensar: “Entonces tenemos que cambiar todo el programa de nuestra iglesia; tenemos que comer juntos en las casas, tenemos que tomar la cena del Señor en las familias, tenemos que vender nuestras propiedades, y entonces seremos como la primera iglesia.” – No, ¡esto no va a funcionar! Esto produciría solamente nuevos rituales sin vida, sin ganas y no de corazón. Si usted toma las palabras del Señor de esta manera legalista, no está comprendiendo lo que El quiere decir. El secreto de la primera iglesia radica en la clase de personas que ellos eran. El Señor había cambiado sus vidas. Todo lo que leemos en el libro de Hechos, fluía naturalmente desde esta vida nueva. Entonces, la reacción correcta a estas palabras sería esta:
Deseo ser una persona como los primeros cristianos. Arreglaré mi vida ante Dios. Buscaré al Señor para nacer de nuevo. Necesito un nuevo corazón. Quiero que el Señor me libere del pecado. – Y cuando el Señor responda, todo lo demás vendrá naturalmente.

– Esta fue solamente una colección muy pequeña de pasajes bíblicos. Hay mucho más para descubrir y para examinar: ¿Toma usted la Biblia en serio?


3. Todavía tengo una tercera pregunta acerca del “Mes de la Biblia”: ¿Quiénes son los que lo promueven? – La gente que está detrás del “Mes de la Biblia”, ¿toman ellos mismos la Biblia en serio?

La Biblia dice de sí misma que ella es inspirada por Dios y sin error.
“Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.” (Salmo 12:6)
“Toda la Escritura es inspirada por Dios…” (2 Tim.3:16)

Así lo declaran también las declaraciones de fe de casi todas las iglesias evangélicas.

Sin embargo, los mismos teólogos que promueven el “Mes de la Biblia”, ¡no creen esto! Incluso la mayoría de los teólogos evangélicos no lo creen.

Quienes más promueven el “Mes de la Biblia”, son las “Sociedades Bíblicas Unidas” (SBU) y sus sociedades nacionales afiliadas. Esta misma organización promueve en sus comentarios, manuales y talleres la teología de la “Alta Crítica”. Esta es una teología falsa que se originó en Alemania en el siglo XIX. Desde allí, los teólogos académicos extendieron esta falsa enseñanza sobre el mundo entero. Esta teología dice, en esencia:

– que la Biblia es un libro humano que tiene errores. Por tanto, hay que estudiarla “críticamente”.
– que la doctrina Bíblica fue inventada por hombres.
– y que por tanto no hay que tomar la Biblia tan en serio.

¡Es POR ESO que la mayoría de los cristianos hoy ya no creen, ni hacen, lo que dice la Biblia!

Mencionaré solamente unas cuantas citas de lo que enseñan las Sociedades Bíblicas Unidas, para que usted vea la verdadera actitud de ellos hacia la Biblia. Estas citas son de unas obras muy ampliamente difundidas entre los pastores de América Latina:

“(El pueblo de Israel) estaba constituido por varias tribus que no llegaron a unificarse sino hasta que David estableció un estado monárquico con Jerusalén como capital. Las fuentes históricas relativas a esa época son muy fragmentarias, lo que nos impide conocer en todos sus detalles los orígenes del pueblo hebreo.” (p.13)
Biblia de Estudio “Dios habla hoy” (Sociedades Bíblicas Unidas, Colombia 1994), p.13

Si usted conoce la Biblia, entenderá a primera vista que el autor de esta cita está muy equivocado. Seguramente usted ha leído que las doce tribus de Israel vivían juntos en la esclavitud en Egipto, salieron juntos de allí bajo el liderazgo de Moisés, conquistaron juntos la Tierra Prometida bajo el liderazgo de Josué – mucho tiempo antes de David. Pero el teólogo de las Sociedades Bíblicas no está de acuerdo con eso. Dice que las doce tribus no se unificaron antes del tiempo de David. ¿Cómo llega este teólogo a su opinión? – Dice: “Las fuentes históricas … son muy fragmentarias.” – Entonces, ¿este teólogo no conoce los libros de Exodo, de Números, de Josué? – Claro que los conoce. Pero – y aquí está el punto – él no los reconoce como fuentes históricas. Es que para los teólogos críticos, la Biblia no es una fuente histórica. Ellos la consideran como una colección de cuentos inventados. Por eso, los teólogos críticos alteran y cambian toda la historia de Israel. De esta corriente crítica son los teólogos de las Sociedades Bíblicas.

Los teólogos críticos dicen también que los autores bíblicos nunca hayan tenido la intención de escribir un libro inspirado:

“Cuando ellos escribían (los autores del NT), ni siquiera soñaban que aquello que producían tenía, o llegaría a tener, la autoridad de los escritos sagrados que leían en la sinagoga… Poco a poco, los cristianos fueron reconociéndoles a esos textos autoridad privilegiada para la vida de la iglesia…”
“Descubre la Biblia – Manual de Ciencias Bíblicas” (
Sociedades Bíblicas Unidas, Colombia 1998), p.174-175

Así las Sociedades Bíblicas siembran dudas acerca de la autoridad del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo sabía muy bien que su mensaje le fue encomendado por Dios mismo (Gál.1:11-12, 1 Tes.2:13). Pedro llama las cartas de Pablo “(sagrada) Escritura” (2 Pedro 3:15-16). Todos los apóstoles habían recibido su misión desde la misma boca de Jesús: “Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura … enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Marcos 16:15, Mateo 28:20). Entonces, ellos sabían muy bien que estaban escribiendo la Palabra de Dios.

– Pero según los teólogos críticos, esto no puede ser. Es que, si la Biblia fuera inspirada, entonces tendríamos que tomarla en serio y obedecerle – ¡qué horror para los teólogos críticos! Por eso, ellos enseñan aquí lo mismo que la iglesia católica romana: que la Biblia tenga autoridad solamente porque la iglesia le concedió autoridad. Ellos enseñan que la Biblia por sí misma no tiene autoridad. Entonces la iglesia podría reconocer o rechazar la Biblia según su antojo. Con su enseñanza, los teólogos de las Sociedades Bíblicas están traicionando las declaraciones de fe de casi todas las iglesias evangélicas.

Y efectivamente, las Sociedades Bíblicas Unidas no son ninguna organización evangélica. Ellos son una organización ecuménica, o sea, que busca el trabajo conjunto de evangélicos con católicos. Ahora, tenemos que entender que la iglesia católica nunca puede revocar o contradecir sus doctrinas. Entonces, para que tal trabajo conjunto funcione, siempre son los evangélicos quienes tienen que adaptarse a la postura católica, nunca al revés.

Algunos colaboradores y simpatizantes de las Sociedades Bíblicas han negado vehementemente estos hechos al ser confrontados. Parece que, a pesar de su postura ecuménica, están muy interesados en ser reconocidos como evangélicos. Por tanto, aquí nuevamente las pruebas de que las SBU son efectivamente una organización ecuménica:

– La misma página web oficial de las SBU en inglés testifica del involucramiento ecuménico de las SBU. Bajo el título “Una breve historia de las Sociedades Bíblicas Unidas”, dice lo siguiente (lectura de la página web en 2004):

“… Pronto hubo otras Sociedades Bíblicas nacionales celosas por operar en una dimensión internacional. … Sus miembros vinieron de iglesias anglicanas, luteranas y reformadas, y en algunos países también de las iglesias ortodoxas (Grecia, Rusia) y de la iglesia católica romana (Malta, Rusia, Alemania).
… En 1946, delegados de 13 países se reunieron en Haywards Heath, Inglaterra, donde las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU) fueron fundadas. … También estuvo representado el Consejo Mundial de Iglesias.
… También en unión estrecha con las SBU está trabajando la Federación Bíblica Católica, que ha cooperado en formular varios documentos de posición en mutuo acuerdo, el más importante de los cuales fue “Principios guía para la cooperación interconfesional en la traducción de la Biblia (1968, actualizado en 1986).”

– Lo mismo es confirmado por el ecuménico Consejo Mundial de Iglesias (CMI), la organización mundial del movimiento ecuménico. (Esta organización busca la unidad no solamente con la iglesia católica, sino hasta con las religiones paganas. En cada una de sus asambleas mundiales realizan uno o varios ritos paganos.) En un reporte especial de su 8va asamblea mundial en Harare, Zimbabwe (Diciembre de 1998), dice:

“La asamblea del CMI … reconoció a cinco organizaciones como Organizaciones Internacionales Ecuménicas en relación de colaboración con el CMI: la Frontier Internship in Mission, la Coalición Ecuménica de turismo al Tercer Mundo, la YWCA mundial (Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes), las Sociedades Bíblicas Unidas, y la Asociación de Colegios y Universidades Cristianas.”
(Fuente: Página web del CMI, lectura de 2004)

– Las mismas obras teológicas arriba citadas testifican de su autoría conjunta de evangélicos y católicos. La Biblia de estudio “Dios habla hoy” tiene en su primera página la aprobación y recomendación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). El manual “Descrubre la Biblia” contiene capítulos escritos por diversos autores, tanto evangélicos como también católicos.

Por tanto, tengo que hacer esta pregunta ante el “Mes de la Biblia”: Aquellos que lo promueven, ¿tienen siquiera la autoridad moral y espiritual para promover la Biblia? ¿O están incluso usando esta oportunidad para difundir aun más su falsa teología modernista de la Alta Crítica?


En conclusión, hay dos maneras muy distintas de tratar con la Biblia. Unos la ven simplemente como un libro que es parte de las costumbres de la iglesia. Lo leen, lo escuchan, lo venden, quizás hasta lo memorizan – pero no le obedecen. Ellos celebrarán el “Mes de la Biblia” como una tradición evangélica más; un evento publicitario y comercial. – Otros verán la Biblia como la Palabra inspirada de Dios, la máxima autoridad sobre su vida y sobre su iglesia, y entonces harán lo que dice. Quizás asistirán a menos eventos del “Mes de la Biblia”; pero tanto más honrarán la Palabra de Dios en sus corazones y en su vida diaria.

¿De cuál lado se pone usted?

Jesús dijo a los fariseos (los teólogos y líderes de la iglesia de aquel tiempo):
“Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?”
(Mateo 21:28-31)

Por qué no funcionó… el programa de capacitación para maestros de Escuela Dominical

30/01/2010

En la web de “Hijos del Altísimo” añadí el siguiente comentario al material de capacitación para maestros de Escuela Dominical:

Desde hace varios años respondo a las personas que se interesan en la “Capacitación para maestros de Escuela Dominical” que sí, pueden usar este programa, pero está en necesidad urgente de revisión, y que lo haría cuando tenga tiempo para hacerlo. Hasta hoy, el tiempo no llegó y el material sigue sin revisar. Es que el trabajo que hago volvió a comenzar desde cero, y si el primer programa necesitó diez años para llegar a la madurez y ser utilizable, el segundo no necesitará menos … faltan todavía unos siete años por lo menos. Entonces, tengan paciencia, la versión revisada no llegará tan pronto.

Pero por lo menos pienso que estoy ahora en condiciones para poder responder a la pregunta: ¿Por qué el primer programa no funcionó, y por qué necesita ser revisado? – Describiré abiertamente mis experiencias, y deseo que cada persona interesada considere primero estos pensamientos, antes de usar este material.

La mayor parte del tiempo, yo juntaba a colaboradores de Escuela Dominical para enseñarles este material (o sea, el primer curso) y para observar las clases que enseñaban y darles sugerencias para mejorar. Al parecer, aprendían y estaban motivados. Pero para cuando llegaba el tiempo para enseñarles el segundo curso, o sea, medio año o un año más tarde, encontré siempre que la mayoría de los participantes ya no trabajaban en la Escuela Dominical. De vez en cuando tuve la oportunidad de hablar con algunos de ellos y preguntarles qué había pasado. La mayoría se había desanimado porque no recibieron ninguna clase de apoyo de parte del liderazgo de su iglesia: no había fondos para la Escuela Dominical, no se tomaban en cuenta las opiniones de los maestros, y algunos incluso dijeron que los líderes obstaculizaban directamente su trabajo. – Algunos otros habían sido trasladados por sus líderes a ministerios “más importantes” (grupo de alabanza, grupo de jóvenes, etc.), y entonces ya no tenían tiempo para enseñar a los niños.

Decidí entonces trabajar por el lado del liderazgo de las iglesias. Hice una encuesta en las iglesias de mi ciudad – con el resultado de que la mayoría de los pastores no financian ni capacitan a los maestros de Escuela Dominical, ni se comunican con ellos. Invité a los pastores de mi ciudad a un seminario sobre la responsabilidad del pastor en cuanto a los niños. Sorprendentemente, asistió un buen número de ellos. Los confronté con los resultados de la encuesta, y les mostré la importancia del ministerio con niños para el crecimiento de la iglesia. Esto parecía convencer por lo menos a algunos de ellos. Pero extrañamente, después de este seminario recibí considerablemente menos invitaciones de parte de las iglesias de la ciudad. No sé si esto era relacionado con lo que dije en el seminario, pero es el hecho.

Llegué a trabajar en otra zona y decidí asegurarme de la colaboración de los líderes desde el principio, antes de siquiera comenzar una capacitación. Así nacieron los requisitos que se mencionan en la introducción del Curso 1, y la “Carta abierta a los líderes de las iglesias”. Los líderes tenían que comprometerse con los requisitos, firmándolos antes de comenzar la capacitación. Así me aseguré de que los líderes y pastores tomaran interés desde el principio, y que asistieran por lo menos a la primera y la última reunión del curso, donde se hablaba de asuntos importantes relacionados con el liderazgo de la iglesia.

Desafortunadamente, muchos líderes no cumplían con estos requisitos. Con frecuencia recibí comunicaciones enojadas de pastores y ancianos: “¿Por qué nuestros maestros no han recibido constancia de su capacitación?” – Y cada vez tuve que decirles: “Es usted quien no ha cumplido. Usted no ha asistido a las reuniones con las que se comprometió con su firma. Por tanto, su iglesia no ha cumplido con los requisitos y no pueden recibir ninguna constancia.” – Otros líderes asistían, pero con mala gana y sin tomar interés, de manera que su asistencia no servía para nada.

Hoy entiendo mejor por qué esto no funcionó. Hubo dos problemas importantes:

1. Obligar a personas con requisitos, es aplicar la ley en vez del Evangelio. (Vea “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”, No.29-33.) Si un pastor o líder no está interesado en los niños de su congregación, no va a cambiar esta actitud solamente porque un capacitador lo obliga a asistir a una reunión. Estos pastores y líderes tienen un problema con la actitud de su corazón. Si fueran verdaderos siervos de Dios, entonces por sí mismos se interesarían en el bienestar de sus colaboradores y de los niños, y no hubiera necesidad de imponerles ningún requisito. Si no son siervos de Dios, entonces solamente un milagro de Dios puede convertirlos. Sí, lo digo directamente: Muchos pastores y líderes de iglesias no son siervos de Dios ni conocen a Dios. (Saben hablar mucho de El, pero no le conocen personalmente.) Solo por eso tuve que llegar al extremo de tener que hablarles con el lenguaje de la ley en vez del lenguaje del Evangelio. La ley es para los inconversos, y solamente una verdadera conversión podría cambiar el corazón de estos pastores y líderes.

2. Yo había acomodado mi programa de capacitación al sistema actual de las iglesias, que son controladas por un “pastor”, se organizan según denominaciones, y apartan a los niños en una Escuela Dominical. Nada de esto es bíblico. (Más sobre este tema en diversos artículos de la sección “Avivamiento y Reforma de la iglesia”.)
Algunos de estos puntos están mencionados en la Lección 3.5. “La iglesia y la unidad de la familia”. Pero casi nadie llega alguna vez a estudiar el Curso 3. Pienso que en una versión revisada, ésta será la primera y principal lección – mientras todos los requisitos y organigramas e “institucionalismos” se irían a la basura. ¡La enseñanza de los niños pertenece en primer lugar a los PADRES!
Mi pensamiento en el pasado era: Tengo que acomodar mi trabajo a la realidad de las iglesias tales como son ahora, y tratar de hacer lo mejor de ello. Pero llegué a entender que los principios de Dios NUNCA se pueden acomodar a un sistema o una organización que se ha apartado de principios bíblicos fundamentales.
En otras palabras: Nunca fue la intención de Dios que un “pastor” controle la enseñanza de niños en la iglesia. Por tanto, los intentos de trabajar con los pastores para mejorar la enseñanza de los niños, NO PUEDEN funcionar. – Nunca fue la intención de Dios que los niños sean educados en un lugar apartado llamado “Escuela Dominical”. Por tanto, los intentos de capacitar y organizar y mejorar las Escuelas Dominicales, NO PUEDEN funcionar.

Bueno, quizás pueden “funcionar” en el sentido de producir una “institución un poco mejor”, una que se vea buena hacia afuera, una que use métodos profesionales, una que crezca en números, etc. Pero no funcionan en el sentido de PRODUCIR FRUTO ESPIRITUAL. Para producir fruto espiritual tenemos que aplicar principios espirituales, y esto no funciona en organizaciones que desde un principio violan ciertos principios espirituales importantes.

Ahora, hablando de fruto espiritual, tengo que mencionar un punto más, y éste es aun más importante que todo lo que dije hasta ahora.

En el pasado no me interesé mucho en la evangelización. Por un lado, porque no es mi don particular, y por el otro lado, porque asumí que las iglesias ya estaban haciendo esto y que los miembros de las iglesias ya eran convertidos. ¡Cuán equivocado era yo! Tuve que presenciar un gran número de escándalos, delitos y hechos horrendos dentro de organizaciones evangélicas, hasta que por fin empecé a preguntarme si éstos eran realmente cristianos nacidos de nuevo. Y cuando empecé a preguntarlos – miembros de iglesias, maestros de Escuela Dominical, estudiantes de institutos bíblicos -, descubrí que solamente una pequeña minoría de ellos pudo testificar de un nacimiento espiritual. Solo una pequeña minoría de ellos pudo testificar de haber sido convencido alguno vez de su pecado (Juan 16:8), de haberse arrepentido y de haber recibido una vida nueva en Jesús. Sí, habían dicho su “oración de entrega” – pero obviamente sin experimentar el cambio sobrenatural que Dios obra en el corazón de una persona que se convierte de verdad.

¡Colaboradores inconversos no pueden hacer la obra de Dios!

Esta es la razón principal por qué las capacitaciones no funcionaban. En vez de “capacitar obreros”, yo debería haberlos evangelizado primero. No debería haber aceptado ciegamente el testimonio de ellos y de sus líderes, de que se habían “convertido”. Debía haberles hablado acerca del Nuevo Nacimiento como un Juan Wesley, quien dijo a los miembros de las iglesias evangélicas de su tiempo: “¡Ustedes – exactamente ustedes – necesitan nacer de nuevo!” Y después debía haberme limitado a trabajar con aquellos que mostraban evidencia de un nuevo nacimiento en sus vidas.
Pero, hoy como entonces, las iglesias no toleran esto. No permiten cuestionar la salvación de alguien que dijo correctamente su oración de entrega. Ni mucho menos de alguien que es “miembro bautizado” de una iglesia. Por esta razón también, el programa de capacitación no podía funcionar dentro de las iglesias existentes.

En el material actual, en la Lección 1.7. (“Evangelizar a los niños”) añadí una pequeña Nota de Edición, señalando el estudio aparte “El camino de la persona en quien Dios obra para salvación”. Pero este tema debería tratarse todavía con mucho más detalle y claridad, aun antes de empezar con cualquier “capacitación”.

Si Ud. pertenece a una de las iglesias institucionalizadas, tradicionales de estos tiempos, podrá ver esta capacitación como algo útil. La dejo todavía aquí en la web, en su forma no revisada. Pero si Ud. anhela ver verdaderos frutos espirituales, seguramente se dará cuenta de las limitaciones de este programa. Necesitaríamos iglesias fundamentadas en conversiones genuinas, y centradas en las familias (no en “pastores” ni en instituciones y organigramas); y entonces nos capacitaríamos como verdaderos padres de familias, ya no como “maestros de Escuela Dominical”. Pero con mi transfondo institucional, a mí mismo me falta todavía experiencia en este camino.

¿Fuiste pastorizado?

24/10/2009

Probablemente conoces el método de “pasteurizar”. Es una forma de esterilizar alimentos con la ayuda del calor. El calor mata a todos los organismos vivos que podrían encontrarse dentro del alimento. Este método fue descubierto por el francés Luis Pasteur (en español: “Pastor”).

De forma muy parecida, las iglesias han encontrado formas de “pastorizar” a sus miembros. Por medio del “calor pastoral”, los miembros son conformados al molde de la iglesia, y los “microorganismos” de doctrina o comportamiento no deseados son eliminados.

El “calor pastoral” se puede aplicar de diversas formas. A veces sucede con mucho amor, cariño y “calor humano”, de manera que los miembros desean de todas formas agradar a este pastor que es tan amable con ellos. A veces sucede, al contrario, con amenazas de maldiciones y castigos de Dios, o de la expulsión de la iglesia. Y muchas veces se da una mezcla de ambos métodos.

El resultado es, que los miembros se conforman a los deseos del pastor. Se exterminan en ellos los “gérmenes” de doctrinas extrañas y de comportamiento pecaminoso. Si fuera tan solamente esto, podríamos verlo como algo deseable. Pero recordemos que el proceso de “pasteurizar” extermina TODA clase de organismos. En el caso del “pastorizar”, por ejemplo, se exterminan no solamente las doctrinas falsas. Se extermina toda doctrina que no esté del agrado del pastor, sea correcta o no. Aun peor: se extermina la capacidad de evaluar una doctrina por uno mismo. Un miembro así “pastorizado”, acepta ciegamente todo lo que le dice su pastor, sea de acuerdo con la Biblia o no.
De la misma forma, se extermina no solamente el comportamiento pecaminoso. Se extermina todo comportamiento que no esté del agrado del pastor, sea pecaminoso o no. Así, algunas iglesias han exterminado en sus miembros todo deseo de conocer iglesias de otras denominaciones, y de tener comunión con cristianos de otras iglesias. – Algunas iglesias han exterminado en sus miembros todo enamoramiento y salir juntos, de manera que algún día tendrán que casarse con una persona que nunca tuvieron la oportunidad de conocerla adecuadamente; una receta segura para desastres matrimoniales. – Algunas iglesias han exterminado en sus miembros toda honestidad, porque es “cultura de la iglesia” tapar y encubrir el pecado, en vez de tratarlo abiertamente. – Y lo peor: se extermina la capacidad de evaluar por uno mismo, qué es pecado y qué no lo es. Para un miembro así “pastorizado”, “pecado” es lo que el pastor prohíbe, sea de acuerdo con la Biblia o no.

Cierto, un miembro así “pastorizado” será más “seguro” y más fiel a “su” iglesia y a “su” pastor. Igual como un alimento pasteurizado se conserva por más tiempo en su estado original, porque han muerto los microorganismos que podrían causar su descomposición. Pero también pierde ciertas propiedades útiles. Por ejemplo, plantas pasteurizadas también mueren y ya no podrán crecer. Semillas pasteurizadas mueren y ya no podrán germinar. De manera parecida, un miembro “pastorizado” pierde su vida y capacidad de reproducción espiritual. Su vida cristiana se reduce a escuchar sermones y apoyar las actividades de su iglesia. No sabe alimentarse por sí mismo desde la Palabra de Dios; no sabe cultivar una vida de oración personal; no sabe evangelizar a sus amigos y vecinos. El único “testimonio” que puede compartir, es: “Ven a mi iglesia y escucha lo que dice el pastor.” Puede quizás reproducir “asistentes a la iglesia”; pero no tiene vida espiritual genuina que podría reproducir. Los únicos que “producen” algo en una tal iglesia, son el pastor y unos cuantos colaboradores “autorizados para ministrar”; y los productos “pastorizados” que ellos producen, carecen de vida auténtica.

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