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Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 5

17/06/2017

El rol de los ancianos en las reuniones

Cuando la familia de Dios está reunida, “cada uno tiene …” (1 Corintios 14:26). No puede entonces ser el rol de los ancianos, dominar estas reuniones hablando ellos todo el tiempo. Más importante es animar y ayudar a todos los hermanos a participar con los dones que Dios les ha dado. El rol de los ancianos sería entonces más el de “facilitadores” o “moderadores”. Con sabiduría tienen que saber frenar a los que quieren hablar demasiado o controlar el curso de la reunión; tienen que velar por que se haga todo “decorosamente y en orden” (1 Corintios 14:40); tienen que examinar lo que se dice (lo que a veces puede significar dar alguna corrección); y – eso se olvida a menudo – tienen que animar y ayudar a los muy callados a que ellos también participen. – Por supuesto que en los momentos apropiados, los ancianos participarán también con una palabra de enseñanza, una palabra profética, una palabra de ánimo, o lo que sean sus dones particulares.

La mayoría de las funciones de los ancianos se sobreponen con las funciones que ejercen también todos los miembros. Por ejemplo el enseñar, examinar, o amonestar no son funciones exclusivas de los ancianos. Los miembros deben “enseñarse y amonestarse unos a otros en toda sabiduría” (Colosenses 3:16). La instrucción de “examinar todo” se dirige a la iglesia entera (1 Tesalonicenses 5:21). Los miembros deben “cuidarse” unos a otros (Hebreos 12:15). Aun el “juzgar” es en cierta medida una tarea de la iglesia entera (1 Corintios 5:12, 6:2-3). Pero en todas estas funciones, los ancianos tomarán la delantera y lo harán con mayor sabiduría y autoridad.

Hospitalidad

Los ancianos deben también ser “hospitables” (1 Timoteo 3:2, Tito 1:8). La hospitalidad es un aspecto de las funciones de “unos a otros” que corresponde a todos los miembros de la familia de Dios (1 Pedro 4:9); pero como en todos los aspectos de la vida cristiana, también en éste los ancianos deben ir adelante. De varias maneras, la hospitalidad es importante para el buen funcionamiento de la comunión cristiana:

– Abriendo su hogar para las comidas compartidas de la familia de Dios, y la comunión cristiana en general.
– Apoyando a hermanos necesitados.
– Alojando a los siervos itinerantes de Dios.

Diversidad en las funciones de los ancianos

Hemos mencionado diversas funciones de los ancianos: Pastorear, “cuidar” o “supervisar”, enseñar, corregir o amonestar, etc. Pero así como hay una diversidad de dones y funciones en el cuerpo de Cristo en general, así hay también una diversidad de dones y funciones entre los ancianos. Por ejemplo, Pablo dice: “Los ancianos que son buenos líderes sean valorados de doble estima, sobre todo los que trabajan duro en la palabra y en la enseñanza.” (1 Timoteo 5:17.) Esto implica obviamente que no todos los ancianos enseñan. De la misma manera, no todos los ancianos pastorean. Por el otro lado, algunos ancianos seguramente tendrán dones que no hemos mencionado en este capítulo: evangelizar; profetizar; administrar; etc. En el marco pequeño de la comunión cristiana local, los ancianos ejercen las mismas funciones de capacitación que los siervos itinerantes ejercen en un marco más grande.

Justo por esta diversidad de los dones y funciones, es necesario que haya varios ancianos en una iglesia local. Así se complementan unos a otros; y juntos ejercen todas las funciones propias del ancianato.

Por eso no encontramos en el Nuevo Testamento ningún catálogo fijo de “responsabilidades” o “funciones” de un anciano. No es la intención de Dios, hacer encajar a todos los ancianos en un mismo molde. Esta serie de artículos tampoco debe entenderse en este sentido. Hemos enumerado algunos puntos que pueden ser aspectos del servicio de un anciano; y hemos señalado que estos aspectos no constituyen “cargos” aislados. (Por ejemplo, en el Nuevo Testamento no existen los cargos específicos de “obispo” o de “pastor” en la iglesia local). Pero cada anciano tiene su llamado específico y sus dones específicos asignados por Dios, y servirá de acuerdo a este su llamado y sus dones, y en equipo con los otros ancianos de su ciudad.

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