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Características de la primera iglesia en Hechos 2 (Parte 7)

10/09/2016

En los últimos ocho artículos hemos analizado algunas características de la primera iglesia, como se describen en Hechos 2:36-47. Resumimos:

  • La iglesia del Nuevo Testamento consiste en personas nacidas de nuevo por el Espíritu Santo. Nacer de nuevo no es simplemente “decir una oración de entrega”. Nacer de nuevo implica haber experimentado un profundo y “chocante” encuentro con Dios, que convence del pecado. Implica un cambio radical de la manera de pensar y actuar (lo que la Biblia llama “arrepentimiento”). Implica haber recibido el Espíritu Santo, quien hace posible que el creyente efectivamente vence el pecado y vive constantemente bajo el señorío de Jesucristo. – Una “iglesia” que se contenta con menos que eso, desde el principio no puede ser iglesia según el Nuevo Testamento.
  • La iglesia del Nuevo Testamento se fundamenta sobre “la enseñanza de los apóstoles“, tal como la tenemos en el Nuevo Testamento. No se fundamenta sobre “la tradición de la iglesia”, ni sobre “nuestra declaración de fe”, ni sobre “la sumisión bajo el pastor”, ni sobre “como lo hemos hecho siempre”. – Una iglesia que no se deja corregir desde el Nuevo Testamento, no es iglesia del Nuevo Testamento.
  • La iglesia del Nuevo Testamento vive en koinonía, o sea una profunda comunión personal, sincera y transparente, en el amor del Señor, que implica compartir la vida diaria, dones espirituales, y bienes materiales. Esta comunión sucede al nivel personal y familiar, no tiene necesidad de reuniones organizadas. – Si la calidad de esta comunión en una congregación es deficiente o ausente, eso señala que dicha congregación, de alguna manera, se ha alejado de los patrones del Nuevo Testamento.
  • La iglesia del Nuevo Testamento comparte el pan en las casas, “con sencillez del corazón”, como forma de konionía material, y a la vez conmemorando la muerte y resurrección del Señor. Esos eran comidas normales, de varias familias juntas, y no requerían la presencia de ningún apóstol o “ministro”. – Una congregación que enseña que la celebración de la cena del Señor dependa de alguna forma de ministerio sacerdotal, se ha apartado del modelo del Nuevo Testamento.
  • La iglesia del Nuevo Testamento no hacía esfuerzos especiales para “crecer” o para atraer a nuevos miembros. Simplemente vivían su vida diaria en obediencia al Señor; y en consecuencia de esta obediencia, “Dios añadía a los que fueron salvos”. (Los apóstoles anunciaban también el mensaje del Señor en las calles y plazas, al aire libre. Pero esas no eran “reuniones de la iglesia”; eso fue la actividad especial de los apóstoles por encargo del Señor.) No llamaban a la gente a “entregarse ahora al Señor”; pero esperaban a que la convicción del pecado se manifestase en ellos, y entonces les ofrecían el arrepentimiento y la salvación en Jesús. – Una “iglesia” que ofrece salvación sin convicción del pecado y sin arrepentimiento radical, o que manipula a la gente para que se hagan miembros, no es iglesia del Nuevo Testamento.

Cada versículo en Hechos 2:36-47 resalta una verdad incómoda: Lo que los evangélicos (y católicos) hoy en día llaman “iglesia”, no tiene ninguna similitud con lo que el Nuevo Testamento llama así. La mayoría de las iglesias actuales reciben como miembros a personas que nunca dejaron atrás su pecado, y se excusan diciendo: “No hay iglesia perfecta.” – Declaran quizás en la teoría que se fundamentan sobre la palabra de Dios, pero en la práctica prevalece la palabra del pastor y la tradición denominacional (igual como en la iglesia católica). – Han remplazado la koinonía en las casas por eventos organizados y reuniones de escuchar prédicas en edificios institucionales; y para completar la confusión, suelen aun llamar “iglesias” o “templos” a esos edificios. – Han sacado la cena del Señor de su ambiente original de la cena familiar compartida, y la convirtieron en un solemne ritual institucional, administrado por un “sacerdote” o “ministro”. – Han abandonado la obediencia al Señor en la vida diaria, de manera que sus prójimos ya no pueden ver la vida del Señor en ellos; pero en cambio intentan atraer a nuevos miembros mediante grandes “shows” y eventos publicitarios.

Todo eso continúa porque la mayoría de los cristianos leen el libro de Hechos (si siquiera lo leen) como si fuera un cuento de hadas de un pasado remoto, como si no tuviera nada que ver con nosotros hoy. Pero este libro fue escrito para hacernos saber cómo fue la iglesia cristiana en sus inicios, según el diseño original de Dios; y para que nos evaluemos a nosotros hoy según esta descripción.

Y así llego a mi último punto acerca de Hechos 2:

La iglesia del Nuevo Testamento es una obra sobrenatural de Dios.

Al leer todas estas características de la iglesia original en los artículos anteriores, el uno u otro lector podría pensar que estoy exagerando: “Eres demasiado radical.” – “Tienes una imagen demasiado idealista.” – “No hay iglesia perfecta.” – “Es imposible que una iglesia cumpla con todos estos puntos.” – “No se puede tomar el libro de Hechos literalmente para nuestros tiempos.”

¿Y por qué no? El hecho es, que la primera iglesia en Jerusalén existió de verdad con todas estas características que hemos descrito. Y en mi Biblia no hay ningún versículo que diga que desde entonces Dios hubiera alterado Su estándar.

En realidad, todos esos comentarios críticos reflejan incredulidad: “¿Realmente habrá dicho Dios …?” – Sí, Dios ha dicho todo lo que citamos de Su palabra hasta ahora, y todavía citaremos más. ¿Cuál es nuestro criterio de la verdad: lo que Dios ha dicho, o lo que pensamos que es humanamente posible? De hecho, la iglesia del Nuevo Testamento nunca es humanamente posible. Estoy consciente de que es humanamente imposible construir una comunidad que corresponda a los criterios bíblicos de lo que es iglesia. Completamente imposible. No se puede edificar una iglesia según el Nuevo Testamento, usando métodos humanos. Donde “sucede iglesia”, siempre se trata de una obra sobrenatural de Dios.

Entonces, en vez de señalar las imposibilidades, una reacción más apropiada consistiría en preguntarnos: ¿Por qué hemos perdido esa obra sobrenatural de Dios? ¿Y cómo volveremos allá? – Y entonces habrá que volvernos a Dios, humillarnos ante Él y buscarle seriamente.
“Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.” (2 Crónicas 7:14)
Esta promesa es válida también para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento.

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¿Por qué los líderes evangélicos están tan fácilmente dispuestos a volver a Roma?

22/05/2015

En los artículos anteriores he documentado como las iglesias evangélicas al nivel mundial están deseando y planeando su regreso a Roma. Pero ¿cómo es posible que se diera ahora un giro de tal envergadura? Deseo analizar en este artículo algunas de las razones de fondo.

Primeramente tenemos que entender que las iglesias evangélicas nunca completaron la Reforma que Lutero comenzó. Un lema de los primeros reformados era: “Ecclesia semper reformandum” – “La iglesia debe siempre seguir reformándose”. A la luz del principio reformado “sola Scriptura”, eso significaría que la iglesia debería constantemente examinar sus enseñanzas y prácticas a la luz de las Sagradas Escrituras, y cambiar todo lo que no es conforme a las Escrituras. Pero no lo hicieron.

El mismo Lutero hizo matar a miles de (falsamente así llamados) “anabaptistas“, solamente porque ellos aplicaron las Escrituras a dos puntos donde Lutero se negó a aplicarlas: en que el bautismo es solamente para convertidos; y que la iglesia no debía mezclarse con el estado. Con estas persecuciones, Lutero demostró que a él le importaba más la conveniencia política que su propio principio de “Sola Scriptura”.

Y así las iglesias evangélicas siguen arrastrando muchos residuos del catolicismo hasta hoy. Son como gallinas que siguen llevando pegados por todo su cuerpo los cascarones del huevo del que salieron una vez. En vez de desprenderse de estos vestigios, crearon sus propias tradiciones eclesiásticas en contra de las Escrituras. Al no ser consecuentes con los principios de la Reforma, las iglesias reformadas sembraron la semilla de su propia anulación.

Vamos a mencionar algunos de estos residuos del catolicismo.

El bautismo de infantes

Es cierto que hoy en día, muchas denominaciones evangélicas dan en este punto la razón a los “anabaptistas”, y practican el bautismo de los convertidos. Pero si analizamos de dónde viene el movimiento ecuménico, vemos que se originó en aquellas iglesias que siguen bautizando a los infantes (y que son la iglesia estatal en muchos países reformados, así que aquí tenemos también la mezcla de iglesia con estado): Luteranos, calvinistas (presbiterianos y congregacionalistas), zuinglianos, y anglicanos. Pronto se unieron a ellos también las iglesias ortodoxas y los metodistas, dos otras denominaciones que practican el bautismo de infantes. No me extraña que el ecumenismo comenzara exactamente allí: Estas son las iglesias que conservaron todavía la mayor proporción de mentalidad católica.

Pero los otros evangélicos no se salvan. Los siguientes puntos observé en casi todas las denominaciones evangélicas.

Sacerdotalismo o pastorismo

Un sacerdote es un mediador entre el pueblo y Dios: Ofrece a Dios los sacrificios del pueblo; intercede ante Dios por el pueblo; y enseña al pueblo la voluntad de Dios. La religión católica se basa fuertemente en el sacerdocio: Un creyente católico no puede acercarse a Dios, no puede ser salvo, ni puede entender la Biblia, sin la mediación de un sacerdote.

En el cristianismo del Nuevo Testamento no existe esta forma de sacerdocio. Un cristiano no necesita a ningún mediador, excepto a Cristo mismo:

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…” (1 Timoteo 2:5)

Cada cristiano verdadero tiene acceso directo a Dios, mediante Jesucristo. (Vea Romanos 8:14-16, Gálatas 4:6-7, Hebreos 4:14-16, 10:19-22.)

En consecuencia, Lutero abolió el sacerdocio católico y proclamó el “sacerdocio general de todos los creyentes” (vea 1 Pedro 2:5.9). Pero al mismo tiempo – y contrario a los propios principios reformados – introdujo el “pastorado” como un ministerio de enseñanza. Así, el luteranismo siguió manteniendo la idea de que “los laicos no pueden entender la Biblia por sí mismos”. La idea fundamental del catolicismo siguió intacta: que exista una distinción entre “clérigos” y “laicos”, y que los “laicos” dependan de los “clérigos” para poder relacionarse con Dios.

Hasta hoy, solo muy pocas iglesias evangélicas volvieron a los principios bíblicos de la iglesia como “familia de Dios” (Efesios 2:19, Mateo 23:8), del ancianato bíblico y del liderazgo en equipo. (Vea en “El concepto bíblico de la familia”.) La mayoría sigue manteniendo un concepto jerárquico donde un solo “pastor” manda sobre los otros ancianos y “pastores”; y donde un “obispo” (o alguna otra forma de liderazgo regional) manda sobre los “pastores” de una región. Este es un concepto heredado del catolicismo romano y no tiene nada en común con lo que el Nuevo Testamento llama “pastorear”. Y este liderazgo jerárquico ha producido su propia “tradición eclesiástica” que tiene más peso que la misma Biblia; quizás no en teoría, pero ciertamente en la práctica. Así han anulado el “Sola Scriptura” y el sacerdocio de todos los creyentes.

Recibí una ilustración reveladora de este tradicionalismo, justo mientras estuve preparando este artículo. Un lector del blog comentó acerca de un artículo donde expuse unos principios bíblicos acerca del liderazgo de la iglesia: “todo pastor sujeto a la voluntad de Dios es una autoridad, busca desde el antiguo testamento la definición de pastor, y compárala con las expresiones de Jesús a cerca del pastor.” (Con lo que quiso expresar su desacuerdo con algunas cosas que yo había escrito.) – Ya que el autor de este comentario no dio ninguna referencia bíblica, en mi respuesta le pedí que respondiese a tres preguntas:
“1. ¿Cuál(es) pasaje(s) del Antiguo Testamento consideras “la definición de pastor”?
2. ¿Por qué crees que un “pastor” en el Antiguo Testamento es lo mismo como un “pastor” en el Nuevo Testamento?
3. ¿En qué pasaje(s) del Nuevo Testamento habla Jesús acerca de un “pastor”, aparte de los pasajes que se refieren a Él mismo?”

No volvió a escribir. (Ya puedo adelantar que la pregunta 3 no tiene respuesta. Podemos rebuscar todos los cuatro Evangelios, y no encontraremos ningún pasaje donde Jesús hubiera usado la palabra “pastor” para alguna otra persona aparte de Él mismo.) El comentario citado es un ejemplo típico de cómo un miembro de iglesia repite ciegamente lo que le enseñaron en la tradición de su iglesia, incluso creyendo de buena fe que se trata de enseñanza bíblica; pero cuando se le reta a identificar las bases bíblicas de esta tradición, resulta que no las hay.

Nota aparte: Por principio es correcto que un líder en la iglesia es una autoridad (definiendo “autoridad” en el sentido bíblico), si ejerce su autoridad por encargo de Dios y sujeto a la voluntad de Dios. No estoy disputando eso. (Solamente que no tiene por qué llamarse “pastor”; en el Nuevo Testamento se llaman “ancianos”.) – El problema está (como expliqué en aquel artículo) en que muchos “pastores” ocupan una posición que Dios nunca diseñó para Su iglesia, y que como tal no tiene fundamento bíblico. Por tanto, su liderazgo es desde un inicio no “sujeto a la voluntad de Dios”, por más que (algunos de ellos) en lo demás se esfuercen personalmente por ser íntegros y cumplir la voluntad de Dios.

Muchos evangélicos han vuelto incluso a atribuir calidades “sacerdotales” a sus pastores: Por ejemplo, creen que la intercesión o “bendición” del “pastor” tiene más poder que la oración de un “laico”, por el solo hecho de que es “pastor”. Creen que las órdenes del “pastor” son “la voz de Dios” para los creyentes comunes, incluso cuando se refieren a sus decisiones personales de su vida privada. Enseñan que solamente un “pastor ordenado” (concepto que no existe en el Nuevo Testamento) pueda administrar bautismos o la cena del Señor. Entonces no extraña que ahora empiecen a desear también la última consecuencia: volver a someterse bajo el sacerdocio católico.

La iglesia como medio de la salvación

Otra doctrina del catolicismo es: “Fuera de la iglesia no hay salvación.” – Los reformados y evangélicos son un poco más tolerantes, pero en el fondo mantuvieron la idea católica. Ellos dicen: “Hay muchas iglesias posibles, pero a una de ellas tienes que ir para ser salvo.”

Lo que no entienden, es que esta misma idea de “ir a la iglesia” es errada y no se encuentra en el Nuevo Testamento. Esta idea católica presupone que “la iglesia” es una institución separada, impersonal, que tiene una existencia independiente del creyente individual, y que tiene incluso un derecho de propiedad sobre el creyente. Según este concepto, esa institución sin cara que se llama “iglesia” es encargada de administrar la salvación, y por tanto es necesario “ir a la iglesia” para conocer al Señor y para ser salvo.

El Nuevo Testamento tiene un concepto muy distinto: La iglesia no es una institución “aparte”. La iglesia es la asamblea de todos los que nacieron de nuevo. Entonces, si Ud. ha nacido de nuevo, Ud. es parte de la iglesia, dondequiera que se encuentre. Y si Ud. no ha nacido de nuevo, entonces no hay ningún lugar en la tierra adonde Ud. podría ir para convertirse en un miembro de la iglesia. Tiene que nacer de nuevo.

Por eso, los anunciadores del Evangelio en el Nuevo Testamento no invitaron a nadie a “venir a la iglesia”. Ellos iban adonde estaban los perdidos, y allí les anunciaron el Evangelio, y allí se convirtieron y nacieron de nuevo “los que estaban ordenados para la vida eterna” (Hechos 13:48). Esto sucedía en las calles y plazas públicas, o en las propias casas de los que se convirtieron. A partir de ese momento, ellos también “eran iglesia”. Y en cualquier lugar donde se reunían “dos o tres” de ellos (Mateo 18:20), allí era “iglesia”.

Y ¿quién añadía nuevos miembros a la iglesia? ¿El sacerdote, el “pastor”? – De ninguna manera. “Y el Señor añadía cada día a la iglesia a los que fueron salvos.” (Hechos 2:47). En aquellos tiempos no hubiera tenido sentido invitar a un incrédulo a “venir a la iglesia”: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos.” (Hechos 5:13)

Jesús dice en Juan 10:7-11:

“Yo soy la puerta de las ovejas. … El que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. … Yo soy el buen pastor.”

¿Qué tiene que hacer alguien para ser salvo? – No “ir a la iglesia”, sino “entrar por la puerta que es Jesús”. El que entra por esta puerta, llega a ser iglesia. Será salvo, encontrará pasto, y encontrará también a las otras ovejas, o sea, a la iglesia. Entonces, el lema católico está de cabeza. Más correcto sería: “Fuera de la salvación no hay iglesia.”

Si creemos que la iglesia es una “institución para la administración de la salvación”, entonces ya estamos en el camino a Roma. Es el Señor y nadie más quien “administra la salvación”.

Denominacionalismo

Este punto está muy relacionado con los anteriores. Cuando se cree que la iglesia es el medio de la salvación, entonces la iglesia se coloca a sí misma en el lugar de Dios. O sea, la iglesia se convierte en un ídolo.

En la iglesia romana, eso es muy obvio. Si un cristiano abandona la iglesia romana, se le considera apóstata, por más que su salida fue por motivos cristianos y bíblicos. – Pero muchas iglesias evangélicas tratan de la misma manera a un miembro que quiere ir a otra denominación: “Pero tú has nacido aquí espiritualmente, tú perteneces a nosotros, tienes que ser fiel a tu denominación, no puedes traicionarnos…” Incluso conocí el caso de alguien que fue reprochado duramente y tratado como enemigo por los líderes de su iglesia, ¡porque planeaba cambiar su membresía a otra congregación local de la misma denominación!

O sea, los líderes evangélicos, los que se creen herederos de la Reforma, los que se salieron de la iglesia romana, dicen ahora a sus miembros que nunca, nunca Dios les permitiría hacer lo que hicieron los primeros reformados: oponerse a la denominación en la cual se criaron, o salirse de ella. Enseñan como doctrina la “fidelidad a la denominación”. Este es exactamente el pensamiento que nos lleva en línea directa a anular la Reforma. Lo predije hace varios años en este artículo, y ahora efectivamente está sucediendo.

Sacramentos y rituales

Los sacramentos son otro pilar del catolicismo. De los siete sacramentos de la iglesia romana, Lutero reconoció solamente el bautismo, la cena del Señor y la confesión; y más tarde dudó también de la confesión. Muchas iglesias evangélicas rechazan también el nombre de “sacramentos” y los llaman “ordenanzas”, o algún otro término.

Pero la clave no está en si tenemos siete sacramentos o dos o ninguno; o con qué nombre los llamamos. Mucho más importante es el concepto que tenemos de ellos.

Según el concepto católico, los sacramentos obran “por sí mismos”: El bautismo hace que alguien nazca de nuevo; la confirmación hace que sea lleno del Espíritu Santo; la absolución hace que el pecado confesado sea perdonado; etc. O sea, en el concepto católico, un sacramento es una acción externa que produce una realidad espiritual.

Para refutar esta idea, sería suficiente señalar el gran número de personas bautizadas que diariamente demuestran con sus vidas que no han nacido de nuevo. Sin embargo, muchos evangélicos tienen la misma idea sacramentalista como los católicos. Aunque quizás no tengan “sacramentos”; pero aplican la misma idea a sus propios rituales.

Por ejemplo, tienen la “oración de entrega a Jesús”. Cuando pido a un evangélico que me cuente cómo nació de nuevo, casi todos refieren al momento cuando “hicieron la oración”. O sea, se refieren a un ritual externo y creen que este ritual hizo que ellos nacieran de nuevo. Pero el nuevo nacimiento es un suceso interno, espiritual. ¿Estaba presente esta realidad espiritual en la oración de entrega, o no?
– En algunos casos, la “oración de entrega” puede haber expresado una genuina realidad espiritual: que la persona experimentó una verdadera convicción del pecado, que entendió su necesidad de ser salvo, que comenzó a confiar en Jesucristo y a vivir por Él y para Él. Pero en muchos otros casos, esta oración puede haber sido un ritual igual de vacío como tantos bautismos católicos.

Lo que tenemos que entender es esto: La realidad espiritual es lo primero. Un ritual externo no tiene validez espiritual, excepto cuando expresa una realidad espiritual que ya existe. Cuando en realidad alguien nace de nuevo por el Espíritu Santo, entonces es legítimo y necesario expresar esta realidad espiritual mediante el bautismo. Pero donde esta realidad no existe, aun todas las aguas del mundo no tienen el poder de hacer que alguien nazca de nuevo.

Algo similar tenemos que decir acerca del ritual de “alabanza y adoración”. Muchos creen que el Señor se alegra más, y que su presencia se sentirá más, cuánto más cantan y hacen música y le halagan con sus palabras. Eso puede ser cierto cuando la alabanza es una expresión genuina de un corazón verdaderamente agradecido, y de una vida que agrada al Señor. Pero en una congregación donde eso no es el caso, el Señor les dice:
“Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. … Quita de mí la multitud de tus canciones, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como agua, y la justicia como impetuoso arroyo.” (Amós 5:21-24)

Podríamos seguir hablando de los rituales de “ofrenda” (que no tiene nada que ver con la generosidad que demostraron los primeros cristianos), de “reconciliación” (que a menudo es un “show” por afuera, pero no de corazón), de “oración” (donde muchos enfatizan más la postura exterior y el uso de ciertas palabras, en vez de buscar al Señor y de tener la actitud correspondiente del corazón), y otros más. Por cierto, existe un sacramentalismo evangélico que los predispone a volver a buscar, con el tiempo, también los sacramentos católicos.

Constantinismo

Con el emperador romano Constantino comenzó la mezcla entre iglesia y estado, que caracteriza toda la historia de la iglesia romana hasta hoy. Constantino se mostró como un gran protector y benefactor de la iglesia, y la iglesia lo aceptó gustosamente sin ejercer su discernimiento. A cambio, Constantino se arrogó el derecho de interferir en asuntos de la iglesia. Por ejemplo, él convocó y presidió el Concilio de Nicea (325), aunque no tenía ninguna posición de liderazgo en la iglesia; ni siquiera era bautizado. Cincuenta años más tarde, el emperador Teodosio decretó que el cristianismo (romano) iba a ser la única religión estatal. Y ya comenzaron las primeras persecuciones contra los que no aceptaron las doctrinas de Roma. ¡Tan pronto había cambiado la iglesia de perseguidos a perseguidores!

Esta actitud constantinista prevaleció durante toda la historia, hasta hoy:

– Por parte de los gobernantes del estado, una actitud de intervenir en los asuntos de la iglesia, haciéndole favores, asumiendo decisiones, y aun pronunciando condenaciones.
– Por parte de los líderes de la iglesia, la actitud de buscar tales favores e intervenciones del gobierno; de usar al gobierno como instrumento de poder para hacer valer decisiones eclesiásticas a la fuerza (por ejemplo la ejecución de los “herejes”); y de aspirar ellos mismos al poder político.

Los reformadores seguían en la misma actitud. Por eso hasta hoy, en los países reformados, la iglesia reformada es la iglesia estatal, de la misma manera como la iglesia romana lo es en los países católicos. En los tiempos de la Reforma, la única excepción eran los “anabaptistas“. Ellos renunciaron a toda protección estatal, para mantener su independencia y pureza espiritual. Por eso fueron perseguidos tanto por los católicos como por los reformados.

Los evangélicos actuales también están muy afanados por ser “reconocidos” por el estado, y por recibir subsidios estatales para sus construcciones y sus obras sociales, y que el estado les conceda “igualdad religiosa”. A cambio aceptan que el estado condicione su fe. Por ejemplo en el Perú, una iglesia evangélica tiene que ser afiliada al ecuménico CONEP para que pueda disfrutar de la “igualdad religiosa”.

También hay muchos líderes evangélicos ansiosos por ganar poder político. Con resultados desastrosos para el evangelio, porque muchos de los gobernantes evangélicos resultaron ser igual de corruptos como los demás.

Son pocos los evangélicos que aprendieron a distinguir entre “lo que es de César” y “lo que es de Dios”. La mayoría tiene también en este aspecto una mentalidad muy católica.

Conclusión

Los líderes evangélicos están propensos a volver al catolicismo porque nunca lo abandonaron completamente. En vez de proseguir con la Reforma según principios bíblicos, se quedaron donde se detuvo Lutero, y en algunos puntos aun retrocedieron. Por eso aun hoy, la mayoría de los evangélicos tienen una mentalidad más cercana al catolicismo que al cristianismo bíblico. Esta es la razón más profunda por qué ahora se dejan llevar tan fácilmente de regreso a Roma.

En los tiempos pasados por lo menos existía más temor a Dios, y un mayor apego a la Biblia. Por eso, en el pasado Dios pudo usar como instrumentos de avivamiento aun a personas muy inmersas en este sistema “evangelicatólico”, como por ejemplo a Jonatán Edwards (pastor calvinista), o a Juan Wesley (pastor anglicano). Pero hoy en día, las iglesias evangélicas son espiritualmente débiles, moralmente corrompidas, y más afanadas por la apariencia externa que por el estado de sus corazones. Por eso es natural que ahora estén siendo vencidas, poco a poco, por los vestigios del romanismo que quedaron en ellas. Si aspiran ahora a una “unión completa y visible” con la iglesia romana, es solamente la última consecuencia de que nunca se colocaron decididamente sobre el fundamento de las Escrituras.

“…por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos; por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2 Tesalonicenses 2:10-12)

Espero que por lo menos unos cuantos entiendan las señales de los tiempos, reciban el amor de la verdad, y se pongan del lado de Dios.

2017: El fin de la Reforma luterana (Parte 2)

11/04/2015

En el artículo anterior compartí unas noticias acerca de los esfuerzos de las iglesias luteranas, de volver a unirse con la iglesia católica romana. Pero no piense que eso concierne solamente a los luteranos. Todos los evangélicos están en la mirada. Ya existen antecedentes de acuerdos entre la Alianza Evangélica Mundial, el ecuménico Consejo Mundial de Iglesias, y el Vaticano. Acuerdos que a primera vista parecen inofensivos, pero que a largo plazo podrían someter a todas las iglesias evangélicas bajo la censura del movimiento ecuménico y del Vaticano.

En los últimos años, un personaje clave en estos acercamientos parece haber sido el difunto sacerdote anglicano Tony Palmer. El pertenecía a una rama de la iglesia anglicana que volvió a adoptar la liturgia católica romana y se ve a sí misma como “un precursor hacia la unidad plena entre las iglesias protestantes y católicas”. Palmer trabajó tanto para el ministerio de Kenneth Copeland (pentecostal), como también para la Renovación Carismática en la iglesia católica. En 2006 comenzó a establecer una amistad profunda con el cardenal Bergoglio en Buenos Aires. Incluso expresó su deseo de convertirse al catolicismo, pero Bergoglio le aconsejó no hacerlo: “Necesitamos constructores de puentes.” O sea, Palmer podía servirle más con sus buenas relaciones que tenía con los evangélicos, que convirtiéndose abiertamente al catolicismo. Tenemos que considerar entonces a Palmer como una especie de “agente encubierto” del Vaticano en las filas evangélicas.
(Los datos acerca de Palmer son tomados en su mayor parte de un reportaje títulado “Pope’s Protestant friend dies, but push for unity lives”, que apareció el 7 de agosto de 2014 en el diario “Boston Globe“.)

El 14 de enero de 2014, Palmer pasó la mañana con el papa en el Vaticano. La semana siguiente habló a 3000 líderes evangélicos en una conferencia de Kenneth Copeland en Fort Worth, Texas. Allí les entregó un saludo del papa (grabado en video) y dijo: “Ya no protestamos contra la doctrina de salvación de la iglesia católica. Predicamos ahora el mismo evangelio. La protesta de Lutero terminó.” Después de eso – como dice el reportaje -, Palmer “fue inundado por pedidos de líderes evangélicos que quisieron ser parte de lo que estaba sucediendo”. Entonces, el 24 de junio del mismo año, Palmer llevó a un grupo de líderes evangélicos de alcance mundial, que juntos representan a más de 700 millones de evangélicos, a almorzar juntos con el papa. (Si usted pertenece a alguna de las denominaciones evangélicas “respetables”, usted está incluído en estos 700 millones.) Estos líderes evangélicos dijeron al papa que “aceptaban su invitación a buscar la unidad visible con el obispo de Roma”.

¿Quiénes estuvieron presentes allí?

  • Geoff Tunnicliffe, el presidente de la Alianza Evangélica Mundial (AEM). Esta es la organización que agrupa a todas las iglesias evangélicas a nivel mundial – excepto aquellas muy pocas iglesias independientes que explícitamente renunciaron a todo lazo con alguna “alianza” con otras iglesias. Toda iglesia que pertenece a una denominación organizada a nivel nacional o internacional, y que mantiene contactos con algún “consejo de iglesias” o alguna “alianza evangélica” regional o nacional, está comprometida con la AEM mediante estas estructuras. Este asunto concierne a prácticamente todas las denominaciones evangélicas.
    Aunque la AEM en el pasado mantuvo una línea teológica distinta del ecuménico Consejo Mundial de Iglesias (CMI), en los últimos diez a veinte años cambió su rumbo, y hoy en día forma prácticamente también una parte integral del movimiento ecuménico.
  • Thomas Schirrmacher, docente de ética, misionología y religiones mundiales en diversos seminarios teológicos, y presidente de la Comisión Teológica de la AEM. En el pasado, Schirrmacher se posicionó como un teólogo muy conservador (lo que normalmente significa el rechazo del ecumenismo), publicando artículos en organizaciones y sitios web de la corriente calvinista-reconstruccionista-dominionista, tales como “Calcedonia” y “Contra Mundum”. Pero al mismo tiempo, fue uno de los iniciadores y autores principales del primer pacto entre la AEM, el movimiento ecuménico y el Vaticano, el cual se celebró mediante la firma conjunta de un documento titulado “Testimonio cristiano en un mundo de pluralismo religioso”. En consecuencia, últimamente Schirrmacher escribe también para “Dialogue”, la revista oficial del ecuménico CMI.
  • Brian Stiller, anterior presidente de la Evangelical Fellowship (Alianza Evangélica) de Canadá y del ministerio “Juventud para Cristo”, y presidente de la universidad y seminario Tyndale (el seminario más grande de Canadá). Desde 2011 viaja por el mundo como “embajador global” de la AEM.
  • James y Betty Robison. James Robison es un conocio televangelista que alcanza a millones de personas con sus programas, y fue en ocasiones comparado con Billy Graham.
  • El ya mencionado Kenneth Copeland lidera el ministerio internacional “Palabra de fe” que enfatiza el “evangelio de la prosperidad”.
  • John y Carol Arnott, los pastores fundadores de la “Iglesia del Aeropuerto” en Toronto, que fue el origen de las controvertidas “manifestaciones de Toronto” en la década de los 90.

Parece entonces que todas las corrientes existentes en el mundo evangélico están ansiosas por volver a Roma – desde los calvinistas tradicionales, pasando por los evangélicos y pentecostales moderados, hasta los carismáticos extremos.

En la mencionada reunión, Palmer entregó al papa una propuesta para una “Declaración de Fe en unidad para las misiones”. El plan es que esta declaración sea firmada conjuntamente por el papa y por los líderes de las iglesias protestantes más importantes, en Roma en el año 2017, en el aniversario de la Reforma.
El contenido exacto de esta declaración todavía no fue publicado, pero se dio a conocer que contendrá el Credo Niceno (el cual declara explícitamente la fe en “la única iglesia católica”), la “Declaración Conjunta sobre la doctrina de la justificación” de 1999 (vea el artículo anterior), y un artículo que declara que los católicos y los evangélicas sean ahora “unidos en la misión porque declaramos el mismo evangelio”.

Cabe mencionar que el 6 de noviembre de 2014, Tunnicliffe y otros líderes de la AEM tuvieron nuevamente una audiencia con el papa. Se anunció una “colaboración más estrecha” entre la iglesia católica romana y la AEM. Según la nota de prensa, Tunnicliffe dijo que los cristianos (o sea, católicos y evangélicos juntos) debían cooperar más para tener una mayor influencia en la sociedad. El papa por su lado dijo que “el testimonio cristiano sería más eficaz si los cristianos pudieran vencer sus divisiones y celebrar juntos los sacramentos, anunciar la palabra de Dios y testificar el amor al prójimo.”

Otra vez, hay que entender las palabras del papa en el contexto de la doctrina romana. “Vencer sus divisiones y celebrar juntos los sacramentos”, en la perspectiva de la iglesia romana, no es posible excepto si las otras iglesias también se someten bajo la autoridad del papa. Al aceptar estas palabras, el máximo líder evangélico se ha puesto silenciosamente de acuerdo con que todos los evangélicos deben someterse al papa. Otra vez pregunto a los lectores evangélicos: ¿Está Ud. seguro de que eso es lo que Ud. quiere?

No se deje engañar. Puede que el pastor de su iglesia evangélica local todavía reconozca la autoridad de las Sagradas Escrituras; puede que incluso intente advertir la congregación acerca del ecumenismo. Pero en los niveles superiores, los liderazgos nacionales de prácticamente todas las denominaciones evangélicas ya son fuertemente infiltrados por ecumenistas y por teólogos que no creen en la verdad de la palabra de Dios. Lo mismo ha sucedido en prácticamente todos los seminarios teológicos e institutos “bíblicos”. Desde allí, esta corriente alcanzará inevitablemente a todas las congregaciones locales.

En el año 2000, un amigo me avisó que había leído un libro de un autor católico, el cual predijo que dentro de pocos años, las iglesias evangélicas serían vencidas a causa de su propia tibieza espiritual. En ese entonces no le creí; pero hoy tengo que verlo con mis propios ojos.

Los capitanes del barco evangélico han decidido definitivamente dirigir su rumbo hacia Roma. Si es allí donde usted quiere llegar, bien, mantenga su asiento y su membresía. Si no, le quedan todavía dos años para abandonar este barco y pedir al Señor que le muestre otro.

2017: El fin de la Reforma luterana

01/04/2015

El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero publicó sus “95 tesis” en Wittenberg, Alemania. Este suceso es generalmente considerado el comienzo de la Reforma luterana. En 2017 se celebrarán entonces los 500 años desde la Reforma.

Pero ¿qué se proponen las iglesias luteranas de Alemania para esta fecha? – Nada menos que anular la Reforma, si podemos creer los reportes y notas de prensa que se dieron a conocer hasta ahora.

En preparación de este evento, la Federación Luterana Mundial (FLM) y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos prepararon juntos un “documento de diálogo”, el cual fue ampliamente publicado por internet. La iglesia luterana de Alemania reportó:

Luteranos y católicos “juntos en el camino”
(…) El encargado de asuntos católicos de la Iglesia Evangélica Luterana Unida de Alemania, obispo Dr.Karl-Hinrich Manzke, y el presidente de la comisión para ecumenismo de la Conferencia Episcopal Alemana (católica), obispo Dr.Gerhard Feige, presentaron los resultado del proyecto ecuménico por internet, “Juntos en el camino 2017”.
(…) Este proyecto había surgido del pedido de la FLM y del Pontificio Consejo, de recepcionar en unidad ecuménica el documento publicado en conjunto en 2013, “Del conflicto a la comunión. Conmemoración luterana-católica conjunta de la Reforma en el año 2017″. (…) En el transcurso del evento, Manzke y Feige subrayaron que se debía llegar de manera ecuménica al aniversario de la Reforma en 2017. (…)
(Fuente: Sitio web oficial de la iglesia luterana en Alemania, ekd.de, 18 de diciembre de 2014)

Incluso invitaron al papa a “conmemorar” la Reforma junto con ellos:

“Nikolaus Schneider, el presidente del consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania (la iglesia luterana estatal), invitó al papa Francisco a participar en el aniversario de la Reforma en 2017. (…) El presidente del consejo y Francisco rezaron juntos un Padre Nuestro y se trataron de “hermanos”. (…) Fue la primera audiencia de un alemán con el nuevo papa. Sin embargo, todavía no se sabe la respuesta del papa a la invitación al aniversario de la Reforma.”
(Fuente: Boletín de noticias en la página web oficial del aniversario de la Reforma, luther2017.de.)

Esta propuesta no viene así no más de la nada. El movimiento ecuménico, y el luteranismo en particular, están preparando este acercamiento desde hace muchos años. Ya en 1999, las iglesias luteranas a nivel mundial firmaron una “Declaración conjunta” con la iglesia católica romana, acerca de la justificación. Este fue uno de los puntos claves de la Reforma. Lutero mantuvo que el hombre puede ser salvo y es justificado por la fe en Jesucristo, y que no puede ni debe contribuir nada en absoluto para su propia justificación y salvación. El papa contradijo esta enseñanza, y posteriormente fue condenada definitivamente en el Concilio de Trento. La iglesia católica mantiene que el hombre es justificado por la fe y por sus obras (con lo que entiende mayormente obras a favor de la misma iglesia).
Sin embargo, la “Declaración conjunta” declara que “a partir de este diálogo, las iglesias luterana y católica romana se encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo.” (Art.5). El documento de diálogo para 2017 recoge esta declaración y dice que existe un “consenso” entre católicos y luteranos:

La Declaración Conjunta sobre la doctrina de la justificación, firmada en 1999 por representantes de la Federación Luterana Mundial y de la Iglesia Católica Romana, (…) confirma que entre luteranos y católicos existe un consenso en las verdades fundamentales de la doctrina de la justificación.”
(Documento de diálogo “Del conflicto a la comunión”, Art.25)

Nota al margen: Es cierto que la postura de Lutero no fue muy equilibrada. En consecuencia, muchos reformados y evangélicos hasta hoy tienen una teología de “gracia barata” y creen que tienen una licencia para vivir como se les da la gana, sin tomar en cuenta la palabra de Dios, porque “Jesús me perdona todo”. Eso no fue la intención de Lutero; pero pienso que no se pudo evitar después de su fuerte polémica contra las “buenas obras”.
Sin embargo, la postura romana acarrea problemas aun más graves. Las obras del hombre natural nunca son lo suficientemente “justos” ante Dios para poder justificarle. Por tanto, el creyente católico (si toma en serio su fe) nunca tiene certeza acerca de su salvación y justificación. Esta falta de certeza la puede aliviar (pero no superar por completo) solamente en los sacramentos de la iglesia, particularmente en la confesión y penitencia, donde tiene que someter su propia conciencia y su juicio propio bajo las órdenes de los sacerdotes. Esto significa que el creyente católico queda de por vida atado con su conciencia a sus superiores en la jerarquía eclesiástica, y nunca alcanza el acceso directo y personal a Dios que Jesucristo abrió para todo el que cree en Él (Hebreos 4:14-16, 10:17-22).
Opino que la solución del dilema se encuentra en un entendimiento correcto de la palabra “justificación”, como lo enseñaron movimientos de avivamiento como los menonitas, los metodistas, o los pentecostales, en sus primeros inicios: “Justificación” en el sentido bíblico no es simplemente un cambio de rótulo, como si Dios pusiera a todo pecador el rótulo de “Justo”. Justificación es liberación en el poder de Jesucristo, no solamente del castigo por el pecado, sino también del
poder del pecado. O sea, es ser liberado para vivir efectivamente una vida justa ante Dios. Bajo esta perspectiva, las buenas obras no quedan anuladas; pero en vez de ver en ellas un medio para la salvación, se convierten en una consecuencia natural de ella. (Para más detalles, vea
“Los anabaptistas”, “La vida de Juan Wesley”, y “El avivamiento de la Calle Azusa”.)

Viendo la historia de la condena tajante contra Lutero, parece muy extraño que ahora líderes católicos y luteranos digan que exista un “consenso” en cuanto a la enseñanza de la justificación. Muchos evangélicos (y sobre todo los luteranos) están engañados y piensan: “Ahora la iglesia romana se está abriendo para la Reforma.” Escuchan las palabras amistosas del papa y leen declaraciones como la mencionada, y piensan que “la iglesia católica está cambiando”.
Esto revela que muchos evangélicos (y católicos por igual) no entienden lo que es la esencia del catolicismo. La iglesia romana puede quizás cambiar algunas de sus formas exteriores, puede quizás cambiar un poco su trato con las otras iglesias, puede también adquirir nuevas doctrinas; pero nunca puede revocar alguna de sus doctrinas pronunciadas por un papa o un concilio. Esto se debe a la doctrina romana de la infalibilidad de la iglesia. Según esta doctrina, la iglesia romana (representada por el papa y los concilios) no se puede equivocar en sus declaraciones doctrinales.

(En consecuencia, el Art.1 de la “Declaración Conjunta” mantiene también que las condenaciones del Concilio de Trento “siguen vigentes”. ¿A los luteranos se les habrá pasado por alto este detalle? – Solamente que el Art.13 lo relativiza diciendo: “A la luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales del siglo XVI ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días.”)

– En consecuencia de la doctrina de la infalibilidad, la enseñanza romana no está edificada sobre las Sagradas Escrituras, está edificada sobre sí misma. Aun si los líderes de la iglesia católica se dieran cuenta de que algunas de sus doctrinas pasadas estaban erradas y contradicen la Biblia (como por ejemplo sus decretos de que se debe matar a los herejes), no pueden revocar esos decretos, porque su propia doctrina fundamental se lo prohíbe. Este asunto es tan esencial que allí radicó la disputa entre Lutero y el papa. La controversia comenzó a escalar cuando Lutero dijo: “Aun los concilios pueden equivocarse.”
Si algún día la iglesia romana reconociera que una de sus doctrinas promulgadas por un papa o un concilio fue errada, y revocara dicha doctrina, en aquel día la iglesia romana se anularía a sí misma y se hubiera vuelto reformada; porque habría dado la razón a lo que dijo Lutero.

Por eso, la iglesia romana y sus líderes no pueden cambiar ninguna de sus doctrinas fundamentales – aun si estuvieran plenamente conscientes de la falsedad de una de estas doctrinas. Mientras quieren seguir siendo católicos romanos, tendrán que cargar hasta el fin de sus días con la culpa de la sangre derramada de millones de valdenses, reformados, “anabaptistas”, aztecas, incas, … a quienes mandaron matar como “herejes” o “paganos”. Esas crueldades no eran “desviaciones” o “debilidad humana” o algo así, como algunos apologistas católicos quieren hacernos creer. Al contrario, todo eso sucedió en consecuencia y en obediencia directa a los decretos papales acerca de la extirpación de los herejes; decretos que nunca fueron revocados hasta hoy.

A raíz de los recientes acercamientos entre luteranos y católicos, también unos católicos han expresado preocupaciones de que el papa podría tener demasiada apertura para enseñanzas reformadas. Pero puedo tranquilizarles; el papa ha dicho claramente lo que piensa acerca de la Reforma:

“La reciente reedición de una conferencia perteneciente a la historia de los jesuitas, que el Arzobispo Bergoglio dio en Argentina en 1985, indica la clase de severa evaluación que dio de la Reforma Protestante en general y de Juan Calvino en particular. Esta conferencia se publicó de nuevo en España en 2013 y después se tradujo al italiano en forma de libro (Chi sono i gesuiti [Quienes son los jesuitas], Bologna: EMI, 2014). Puesto que no hay ninguna indicación de que haya cambiado su mentalidad, tenemos que considerar el contenido del libro una exacta reflexión de lo que Francisco todavía piensa de la Reforma Protestante.
(Nota: Esta obra no es de confundir con una biografía del papa actual que fue publicada en Argentina bajo el título “El jesuita”.)

El protestantismo es la raíz de todos los males

(…) Según él, las consecuencias inevitables de la Reforma son la aniquilación del hombre en su ansiedad (dando como resultado el ateismo existencial) y un salto en la oscuridad por una especie de superman (conforme a lo previsto por Nietzsche). Ambos resultados conducen a “la muerte de Dios” y a una clase de “paganismo” que se manifiesta como el nazismo y el marxismo. ¡Todo esto surge a partir de la “posición de Lutero”! Bergoglio argumenta que la Reforma es la raíz de todas las tragedias del Occidente moderno, desde la secularización a la muerte de Dios, desde los regímenes totalitarios a los suicidios ideológicos.

Nada hay nuevo bajo el sol. Este punto de vista despectivo y atroz de la Reforma ha sido la lectura común de la historia moderna europea debido a las puntuaciones dadas por los polemistas católicos de la Contrarreforma hasta décadas recientes. Bergoglio no lo ha inventado. Más bien lo reafirma como si una más exhaustiva investigación histórica y análisis culturales y teológicos no hubieran nunca tenido lugar después del Concilio de Trento. ¿Qué podemos hacer con sus tonos amistosos hacia los protestantes si él realmente cree que tiene que culparse a la “posición Luterana” por todos los males de la civilización occidental?”
(Fuente: “Lo que Francisco piensa realmente de la Reforma”)

Entendiendo esto, podemos ver que también la “Declaración conjunta” no significa que la iglesia católica haya cambiado su doctrina acerca de la justificación, ni que haya revocado sus condenas contra la Reforma. Mas bien significa que los líderes luteranos actuales están tan ansiosos por estar en “paz” con Roma, que están haciendo concesiones aun a las enseñanzas más fundamentales de la Biblia, redescubiertas por la Reforma.

Si Ud. es católico romano, podrá alegrarse. Pronto tendrá a la iglesia luterana a sus pies, con lo que la Reforma quedará anulada.

Si Ud. se identifica como evangélico, piénselo tres veces si eso es realmente lo que Ud. desea, y si los líderes evangélicos actuales son la clase de líderes a los que Ud. desea seguir. – En una próxima parte veremos que estos asuntos conciernen no solamente a los luteranos, sino a todos los evangélicos.

Se da viña en arrendamiento

27/09/2014

“Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? – Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. (…) Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

Esta es la conclusión de una parábola que el Señor Jesús contó acerca de los labradores malvados en la viña del Señor. (Vea Mateo 21:33-46.) En aquel tiempo, los labradores malvados eran los líderes del pueblo judío. Ellos, en vez de entregar al Señor el “fruto” de Su viña, se apoderaron de ella. Y al fin, cuando el Señor envió a Su propio Hijo para pedirles cuenta, lo agarraron, lo maltrataron, lo mataron, y lo echaron fuera de la viña. Por tanto, el Señor tuvo que encomendar Su viña “a otros labradores”.

Efectivamente podemos ver en los primeros siglos de la historia de la iglesia una transición gradual desde el pueblo judío hacia los pueblos “gentiles” (no judíos). Los apóstoles del Señor eran todavía todos judíos; pero con los viajes de Pablo, ya vemos que el Evangelio encontró mucho más resonancia entre los “gentiles” que entre los judíos. Y en el siglo II, los judíos ya eran una pequeña minoría en la iglesia y en su liderazgo. – Paralelamente a eso, Dios permitió que en el año 70 Jerusalén fuera destruído; y en el segundo siglo, los romanos expulsaron a los judíos definitivamente de su tierra. Con eso, el “traspaso” de la viña del Señor era prácticamente completo.

Pero esta historia se ha repetido varias veces a lo largo de los siglos. Durante mil años aproximadamente, las dos ramas principales del catolicismo estuvieron firmemente a cargo de la “viña” (o sea, el catolicismo romano en el occidente y la iglesia “ortodoxa” en el oriente). Pero ellos hicieron lo mismo como los sacerdotes y fariseos en el tiempo de Jesús: Los líderes se apoderaron de la “viña”; o sea, se enseñorearon de los miembros de sus iglesias, en vez de permitir que cada uno siga personalmente al Señor. También empezaron a maltratar al Señor, al negar más y más de Sus mandamientos, remplazándolos por mandamientos eclesiásticos hechos por hombres. Finalmente lo echaron de la viña, al declarar que la autoridad de los líderes de la iglesia está por encima de la palabra escrita del Señor.

Entonces vino la Reforma. Dios envió nuevamente a unos siervos Suyos para pedir el fruto de la viña que le correspondía. Y nuevamente, Sus siervos fueron golpeados y matados. Pero entonces Dios empezó a traspasar Su viña a un pueblo nuevo. La iglesia católica comenzó a perder su influencia política y doctrinal, y las iglesias de la Reforma se convirtieron en los representantes principales de la fe bíblica. Podemos ver la conclusión de este proceso en la Revolución Francesa a fines del siglo XVIII y en la independencia de las colonias españolas a inicios del siglo XIX, donde se acabaron los poderes seculares de la iglesia católica.

Pero menos conocido es el hecho de que al mismo tiempo ya se había iniciado la apostasía de las iglesias de la Reforma. Durante la primera mitad del siglo XIX, unos teólogos luteranos en Alemania asentaron las bases para una “teología” sumamente destructiva, una teología que niega la inspiración divina de la Biblia y busca en ella errores y contradicciones, para así “demostrar” que la Biblia no es confiable. Esta teología – conocida bajo los nombres de “teología modernista”, “teología liberal”, “teología científica”, “Alta Crítica”, “Ciencias Bíblicas”, y varios otros nombres – empezó poco a poco a infiltrar las iglesias del mundo entero, comenzando con las iglesias de la Reforma. (Pero también la iglesia católica usa ahora esta teología crítica.) En consecuencia, estas iglesias empezaron a morir espiritualmente. Sus miembros, aunque se llaman “cristianos”, no creen en casi ninguna de las enseñanzas de la Biblia, y tampoco llevan vidas cristianas. Al negar que la Biblia es la palabra de Dios inspirada, habían echado nuevamente al Señor de Su viña.

En consecuencia, estas iglesias (luteranas y afines) empezaron a perder miembros, y su contribución a la evangelización del mundo empezó a disminuir hasta desaparecer casi por completo. Desde la segunda mitad del siglo XX, la extensión del Evangelio bíblico en el mundo es asumida casi únicamente por las iglesias evangélicas y pentecostales – las cuales también se identifican como herederos de la Reforma, pero tienen su origen en avivamientos posteriores. Se distinguen de las iglesias reformadas por el hecho de que en aquellos avivamientos, se enfatizó la importancia del nuevo nacimiento y de una vida santificada como evidencia de la conversión.

Podemos decir entonces que entre 1850 y 1950 aproximadamente sucedió un nuevo “traspaso” de la viña del Señor, aunque de una manera más silenciosa, desde las iglesias reformadas de la “primera generación” (luteranas, calvinistas, anglicanas, etc.) hacia las iglesias de “segunda generación” (evangélicos, bautistas, pentecostales, etc.). Pero parece que a medida que se acerca el fin, la historia se acelera. Ahora las mismas iglesias evangélicas se han a su vez encaminado hacia la apostasía. Ya están tan infectadas por la teología modernista como lo eran las iglesias luteranas hace pocas décadas; y ya están también abiertamente y a nivel mundial colaborando con el movimiento ecuménico. (Vea “Pacto entre la Alianza Evangélico, el ecumenismo y el vaticano“.) Además, es difícil hoy en día encontrar a un solo líder evangélico importante que vive todavía según los estándares bíblicos de integridad, honestidad y pureza. Abunda ahora la deshonestidad financiera, la inmoralidad sexual, el abuso del poder, y la manipulación para encubrir todo eso. Al mismo tiempo, esos líderes se adueñan de la viña del Señor, tratando a los miembros de sus congregaciones como si fueran su propiedad personal.

Con esto coincide el trato que las iglesias evangélicas dan a los siervos que el Señor envía para pedirles el fruto de la viña. Aunque todavía no hay muchos casos de violencia física – eso es solamente porque vivimos en tiempos diferentes; las iglesias católicas y reformadas también han dejado de perseguir con violencia a los que consideran “herejes”. Pero los siervos del Señor que se atreven a amonestar a los líderes evangélicos desde la Biblia, son expulsados de sus congregaciones, son difamados desde los púlpitos, sus escritos son declarados literatura prohibida, y a menudo los líderes hacen todos los esfuerzos posibles para separar a estos siervos de sus amistades cristianas.

Por tanto presenciamos actualmente el comienzo de la muerte espiritual de las iglesias evangélicas. Entre sus miembros quedan todavía algunos que tuvieron una experiencia personal con el Señor, nacieron de nuevo y viven una vida agradable a Dios; pero son una pequeña minoría. Las iglesias recién fundadas todavía crecen numéricamente; pero en las que tienen mayor tiempo, ya está disminuyendo la membresía. En mi entorno encuentro por cada miembro activo de una iglesia evangélica a tres ex-miembros desilusionados; y muchos de ellos abandonaron no solamente su congregación, sino también la fe cristiana en general. Esta observación personal coincide con estadísticas recientes a mayor escala.

Por eso, el Señor ha colgado nuevamente sobre Su viña el letrero: “Se da en arrendamiento”. Ya se avecina un nuevo traspaso. Una posibilidad de como esto podría suceder, nos muestra la historia de China. En la “revolución cultural” bajo Mao, todos los misioneros extranjeros fueron expulsados, y muchos líderes cristianos chinos fueron encarcelados. La iglesia china pasó por un tiempo de sufrimientos indescriptibles. Sin embargo, muchos hombres de Dios en China hoy en día dan gracias a Dios por aquellos tiempos. Dicen que gracias a Mao, los cristianos chinos en su aislamiento no fueron contagiados por la decadencia moral y espiritual de las iglesias occidentales. En cambio, recibieron una oportunidad para comenzar de nuevo, basándose únicamente en la palabra de Dios, sin la influencia de enseñanzas denominacionales desde afuera. Así surgió un nuevo tipo de iglesias, desconocido en el mundo libre, pero probablemente más cercano a la iglesia del Nuevo Testamento que cualquier otro tipo de iglesias existentes hoy: las iglesias caseras clandestinas. Y ellas son las que hoy en día llevan adelante el trabajo en la viña del Señor.

Personalmente espero que aquí en el occidente podamos experimentar un “traspaso” más pacífico; pero en vista del estado desolado de las iglesias actuales no sé si eso será posible. El gran problema es que aquí todavía no existe ningún movimiento cristiano nuevo que podría fungir como sucesor de las fallidas iglesias evangélicas. Es cierto que hay unos predicadores de arrepentimiento que llaman a un regreso al cristianismo del Nuevo Testamento; pero son pocos quienes los escuchan. También existen ahora movimientos de “iglesias en casa” en varios países, y algunos de ellos incluso se inspiran en las iglesias chinas. Algunos de estos movimientos parecen bastante espirituales; pero otros parecen simplemente acogerse a la idea “novedosa” de reunirse en casas en vez de templos, mientras les faltan unos puntos esenciales, tales como un concepto bíblico del Nuevo Nacimiento, estructuras familiares en vez de institucionales, o la integridad en el liderazgo. Tengo la impresión de que estos movimientos todavía tendrán que madurar bastante hasta que el Señor les pueda encomendar Su viña. Por mientras, el Señor sigue buscando labradores para Su viña. ¿Quién asumirá la responsabilidad?

Los evangélicos y la delincuencia (2)

08/07/2014

En un primer artículo he analizado el papel de las iglesias cristianas en la sociedad. He mencionado algunas conclusiones que deben sacarse cuando el surgimiento del mayor número de evangélicos en toda la historia nacional coincide con un aumento de la delincuencia y violencia en la sociedad.

Tengo que mencionar ahora unos aspectos de la dinámica grupal interna de las iglesias evangélicas que contribuyen a que efectivamente diversas de estas iglesias se han convertido en “cuevas de ladrones” (Jeremías 7:8-11). Desgraciadamente existen delincuentes que se aprovechan de estas dinámicas para conseguir impunidad:

1. Una falsa enseñanza y práctica acerca de la gracia y el perdón.
(Vea por ejemplo “Buenos días, pecadores indignos”; “Arrepentimiento – ¿falso o verdadero?”)

Ya unos siglos atrás, las iglesias de la Reforma llevaron a un extremo la enseñanza de Lutero acerca de la salvación por gracia. Estas iglesias prometen ahora la salvación sin arrepentimiento y sin conversión; y si alguien dice que la conversión cristiana debería manifestarse en una vida cambiada, lo condenan diciendo que “está enseñando la salvación por obras”. Las iglesias evangélicas y pentecostales tienen su origen en unos avivamientos que condenaron esta enseñanza de la “gracia barata” y volvieron a enfatizar la importancia de una vida santificada como evidencia del Nuevo Nacimiento. Pero hoy en día, la mayoría de las iglesias evangélicas han vuelto a enseñar la “gracia barata”, e incluso añadieron una perversión adicional:

Muchas iglesias evangélicas efectivamente presionan a las víctimas de abusos y delitos a que “perdonen” a los culpables, aun si éstos ni siquiera se arrepienten de lo que hicieron. Con “perdón” entienden que las víctimas no deben denunciar a los agresores; y aun más: que ni siquiera deben confrontarlos, y que tampoco deben hablar con otras personas acerca de lo que sufrieron. Y esto particularmente cuando el agresor pertenece al liderazgo de la iglesia. Ahora, un delincuente que pertenece a una iglesia evangélica, buscará preferiblemente a otros miembros evangélicos para victimizarlos, porque sabe que éstos se encuentran bajo una enorme presión psicológica para “perdonar, callar y olvidar” lo sucedido.

2. Criterios distorsionados acerca del derecho y la justicia.

La mayoría de las iglesias y misiones evangélicas que conocí, ejercen la “disciplina eclesiástica” de una manera completamente distorsionada y partidista, según el siguiente principio: El que se conforma con los líderes, recibe la razón; y el que contradice a los líderes, será condenado. Por tanto, un delincuente en una iglesia evangélica sabe que solamente tiene que apoyar siempre la opinión de los líderes y seguirles la corriente, y entonces puede hacer lo que quiere y queda impune. Y por supuesto, los mismos líderes cuentan con la misma impunidad. Por eso, muchos líderes evangélicos pueden cometer delitos sin tener que sufrir ninguna consecuencia dentro de su iglesia o denominación. Incluso hubo casos donde los colaboradores eclesiásticos de un líder ayudaron a encubrir los asuntos ante las investigaciones por parte de las autoridades seculares.

Por el otro lado conozco a un buen número de colaboradores de iglesias evangélicas que fueron reprendidos, calumniados, excluidos de la congregación, prohibidos de tener contacto con miembros de la congregación, y puestos bajo maldiciones, sin que hubieran cometido algún delito o pecado en el sentido bíblico. Solamente porque contradijeron alguna decisión de sus líderes, o incluso porque habían descubierto y confrontado ciertos delitos cometidos por sus líderes.
Los “miembros comunes” que están alejados de los líderes principales, a menudo ni siquiera saben que existen estas estructuras de poder. Pero los que suben los escalones y llegan al entorno más cercano de los líderes, pronto tendrán que enfrentarse con los actos inmorales que se cometen allí. Para un miembro de una iglesia evangélica que tiene un pleito con algún líder, no habrá ningún proceso justo ante las instancias internas de la iglesia.

Este sistema de (in-)justicia partidista y liderazgo arbitrario es una de las razones principales por la corrupción reinante en tantas iglesias.

3. Intromisiones inapropiadas en la vida privada de los miembros.

Muchas organizaciones evangélicas someten a sus miembros y/o colaboradores a unas reglas estrictas acerca de detalles que afectan las decisiones privadas de cada persona: su vida familiar, la elección de sus amigos, lo que hacen en su tiempo libre, donde deben vivir y trabajar, e incluso acerca de su manera de vestir. Así son sometidos bajo un pesado yugo de mandamientos de hombres, como en los tiempos de los fariseos (Mateo 15:7-9; 23:4).

Esto tiene sus efectos más graves en cuanto a la vida sentimental y la sexualidad. En el ámbito evangélico es posible que un adúltero o un pederasta no tenga que sufrir ninguna consecuencia de parte de la iglesia, si es que se mantiene fiel al “partido” de los líderes. Pero una pareja joven que intenta comenzar una relación sentimental en toda pureza, con la intención de casarse más adelante de manera honrada, puede que sea puesta bajo la “disciplina” más severa, solamente porque algunos líderes consideran su unión como “no apropiada” por alguna razón arbitraria. Les pueden prohibir todo contacto, los pueden destituir de sus responsabilidades en la iglesia, incluso pueden tomar medidas para separarlos físicamente, mandando a uno de ellos a un lugar lejano. Y en algunas iglesias, aun aquellas relaciones que salen “aprobadas” por los líderes, son puestas bajo una vigilancia tan estricta que su relación no puede desarrollarse de manera sana.
En 1 Timoteo 4:1-3 está escrito lo que debemos pensar de un líder que “prohíbe casarse”.

Algunos institutos bíblicos e instituciones similares prohíben a sus estudiantes en su reglamento desde el principio toda relación de pareja durante la duración de su formación. Esto es un poco más sincero porque la prohibición se anuncia abiertamente (en vez de existir escondidamente como una “ley secreta”, como en el caso de muchas iglesias). Pero aun así no es mucho mejor. Según observé, el efecto principal es que los estudiantes solteros piensan la mayor parte del tiempo en las limitaciones que les impone esta prohibición, y en cómo podrían obviarla.

Tristemente se ha observado en muchos grupos sectarios, que prohíben o imposibilitan a sus miembros (resp. colaboradores) casarse y gozar de su sexualidad en el matrimonio según la voluntad de Dios. (No por último tenemos que mencionar aquí la lamentable situación de los sacerdotes católicos.) A menudo esto hace que estas personas se sienten involuntariamente empujadas hacia acciones sexuales perversas. Tuve que observar esta triste realidad en las vidas de varios estudiantes de un instituto bíblico evangélico. Las circunstancias descritas pueden explicar el alto índice de inmoralidad sexual en estos entornos.

Comentarios finales

No quiero dar la impresión de que las perversiones descritas sean una consecuencia necesaria de una fe evangélica (o sea, basada en la Biblia). Al contrario, estas prácticas no tienen ningún fundamento bíblico. Por tanto, son un síntoma de cuán alejadas son las iglesias actuales de la verdadera fe bíblica.

Desgraciadamente, estas iglesias son todavía consideradas las representantes de un cristianismo bíblico. Por tanto, su corrupción da al mundo una ocasión de difamar el cristianismo en sí. “El nombre de Dios es blasfemado entre los pueblos por causa de vosotros.” (Romanos 2:24). Si los evangélicos tienen mala prensa, no siempre es por la maldad de los periodistas. Tal vez tengamos que buscar la razón en la vida poco cristiana de muchos evangélicos.

Y no me diga que estoy “generalizando demasiado”. Si es que existe una minoría íntegra y honrada de líderes evangélicos, ¿dónde están? ¿Qué hacen para detener las acciones inmorales de sus colegas? ¿Dónde puedo oir su voz de protesta contra la corrupción? ¿Por qué siguen colaborando en sus concilios ecuménicos de iglesias, en sus fraternidades de pastores igualmente ecuménicos, y en sus propias iglesias corrompidas? ¿Por qué no usan su influencia para defender a las víctimas de delitos, y a los miembros injustamente puestos en “disciplina” por sus líderes? ¿Por qué no actúan para que los verdaderos delincuentes sean destituidos de su liderazgo y expulsados de las congregaciones? Mientras no veo nada de eso, no podré creer que una tal minoría íntegra y honrada exista dentro de las iglesias.

Los evangélicos y la delincuencia (1)

23/06/2014

El Perú está sufriendo de una ola de delincuencia y violencia como no se ha visto desde los tiempos oscuros cuando “Sendero Luminoso” aterrorizaba el país. A diferencia de entonces, los motivos no son políticos ni ideológicos; ahora es por simple avaricia y envidia. Tan solamente para apropiarse de manera ilícita de lo que tienen los demás, se montan redes sofisticadas de corrupción, espionaje, y extorsión bajo amenaza de muerte. En algunos lugares, estas redes ya están tan entrelazadas con altos mandos de la policía y de distintos niveles de gobierno, que se vuelve difícil distinguir entre mafia y estado. El tema de la (in-)seguridad ciudadana se ha convertido en uno de los más candentes en los titulares de los periódicos y en los sondeos acerca de la aprobación popular del gobierno actual.

Ahora, ¿cuál es el papel de los evangélicos, de los que se llaman cristianos, en una situación como esta?

En su sermón del monte, el Señor Jesús dijo lo siguiente acerca del papel de los cristianos en el mundo:

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y ser pisoteada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no puede quedar escondida. (…) Así alumbre vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre en los cielos.”
(Mateo 5:13.14.16)

La sal sirve como saborizante y conservante. Una pequeña cantidad de sal es suficiente para conservar y para dar sabor a una gran cantidad de alimento. De manera similar, una luz pequeña hace una diferencia enorme en un cuarto oscuro. Así también un pequeño número de cristianos verdaderos hacen una diferencia esencial en la sociedad.

En los tiempos cuando “Sendero Luminoso” era fuerte, los evangélicos eran una pequeña minoría, y en muchos lugares fueron perseguidos. Pero intercedieron constantemente por el país; y cuando finalmente cesó el terror, muchos dijeron que no fue por causa del gobierno, fue porque “Dios contestó nuestras oraciones”. En aquel tiempo las iglesias eran todavía más sanas espiritualmente, y por tanto pienso que de hecho Dios tenía todavía más razón para contestar las oraciones de los evangélicos. Escuché decir que en aquellos tiempos, “ser evangélico” era sinónimo de “ser una persona muy honesta”.

Así ha sucedido varias veces en la historia del mundo, que una sociedad se transformó por causa de un número relativamente pequeño de cristianos. El ejemplo más resaltante son los países reformados de Europa: En los siglos siguientes a la Reforma, aquellos países establecieron la libertad religiosa y de la conciencia, crearon el moderno estado de derecho constitucional, y se convirtieron en la vanguardia mundial de la ciencia y tecnología – todo eso bajo la influencia cristiana. Aunque los verdaderos cristianos nacidos de nuevo siempre deben haber sido una minoría, su “luz” alumbraba y cambiaba la sociedad entera.

En otras ocasiones, la sociedad rechazaba la luz del Evangelio y se volvía violentamente en contra de los cristianos; pero aun así los cristianos aumentaron en número y en influencia, y la sociedad comenzó a “cristianizarse” incluso en contra de la voluntad de sus gobernantes. Esto es lo que sucedió en el antiguo Imperio Romano; y actualmente está sucediendo lo mismo en China.

Pero en el Perú actual ya no se puede observar ni lo uno ni lo otro. Los evangélicos ya no son perseguidos; son ahora ciudadanos respetables, gozan de “igualdad religiosa” (lo que sea que signifique eso), y se mueven aun en los estratos más altos de la política nacional. Pero tampoco ejercen una influencia transformadora en la sociedad. Un evangélico, propietario de una pequeña empresa, me dijo una vez que ya no quería contratar a evangélicos como obreros, porque ellos eran los menos responsables en su trabajo. El aumento de la delincuencia y de la corrupción coincide exactamente con este tiempo actual donde existe el mayor número de evangélicos en toda la historia. Y exactamente en este tiempo vemos también el aumento de otros fenómenos sociales alarmantes, tales como un aumento de la violencia, del alcoholismo y de la promiscuidad sexual en los colegios; y una desintegración de las familias que deja a muchos niños destituidos de todo afecto paternal.

Los evangélicos están ahora completamente integrados en esta sociedad corrompida y prácticamente ya no se distinguen de ella. (Con excepción de ciertas costumbres religiosas y privadas.) Es más: ellos participan de la misma corrupción. Por ejemplo, según mi experiencia de muchos años en el mundo evangélico, tengo que asumir que más de la mitad de los pastores y líderes evangélicos se han hecho culpables de la apropiación ilícita de fondos o de bienes inmuebles, o por lo menos del intento de hacerlo. Tuve que observar en muchos de ellos la misma clase de avaricia y envidia que motiva a los criminales más viles – solamente que los líderes evangélicos conocen maneras más refinadas de dar salida a estos impulsos.

El Nuevo Testamento menciona varias veces que el Evangelio verdadero transforma radicalmente al que le sigue. (Vea por ejemplo Lucas 19:8-10, Hechos 2:42-47, 1.Cor.6:9-11, Tito 2:11-12, 1 Juan 3:3-9, y otros.) Entonces, si muchos de los que se llaman “evangélicos” no han sido transformados, sino que siguen viviendo su antigua vida de falsedad e inmoralidad, ¿qué tenemos que concluir acerca de su “evangelio”?

En conclusión: El estado actual de la sociedad refleja como en un espejo amplificador el estado actual de las iglesias cristianas. En este espejo puedo ver que la sal ha perdido su sabor, ha sido echada fuera y se ha mezclado con el polvo de este mundo. La avaricia, la envidia y la falsedad de este mundo son un reflejo de la avaricia, de la envidia y de la falsedad de los líderes (supuestamente) cristianos. Las iglesias han perdido la autoridad de interceder por la sociedad actual, porque se han hecho parte y cómplices de esta misma sociedad.

Para terminar con una nota más positiva: No es que los cristianos estuviéramos forzados a seguir la corriente de la sociedad. La palabra de la sal y de la luz indica lo contrario: Los verdaderos cristianos somos quienes marcamos el paso de la sociedad. Entonces, si los cristianos vuelven a sus orígenes, se arrepienten genuinamente de sus pecados, y vuelven a vivir una vida agradable a Dios – un tal avivamiento tendría el potencial de cambiar el rumbo de la sociedad entera. – Pero no crean que las iglesias evangélicas serán las fuentes de un tal avivamiento. Ellas han tenido su oportunidad; la han desperdiciado y se han corrompido. Más probable es entonces que los pioneros de un tal avivamiento de integridad se verán obligados a abandonar las iglesias evangélicas. Hay que “echar el vino nuevo en odres nuevos” (Mateo 9:17).


PS: ¿Por qué no he escrito nada acerca de la iglesia católica? – Por una simple razón que ya expliqué anteriormente en este blog, pero vuelvo a repetirla: Es que la iglesia católica romana ha declarado doctrinalmente que su autoridad como iglesia es superior a la autoridad de la palabra de Dios escrita en la Biblia. Por tanto, si la iglesia católica comete actos contrarios a la palabra de Dios, eso es completamente “natural” según su propia doctrina, y no tiene sentido llamarle la atención sobre la base de la Biblia.
El caso de las iglesias evangélicas es diferente porque ellas, en su teoría, declaran que la autoridad suprema sobre su doctrina y práctica reside en las Sagradas Escrituras. O sea, los evangélicos, según su propia teoría, son obligados a someterse bajo la palabra de Dios escrita. Entonces, si ellos no lo hacen, tengo todo derecho de llamarles la atención.

La autoridad en la familia extendida de Dios

26/11/2012

Las iglesias evangélicas, en su gran mayoría, han creado el oficio de un “pastor” que gobierna sobre la congregación. Este modelo no es bíblico. La palabra “pastor”, como ministerio espiritual, aparece en el Nuevo Testamento una sola vez, y en conjunto con cuatro otros ministerios: “Y él mismo dio a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros” – Efesios 4:11. (La versión Reina-Valera tiene además equivocadamente la palabra “pastores” en Hebreos 13:7.17.24, pero allí el original dice “hegoúmenoi”, lo cual es una palabra general para “líderes”.)

El “pastorado” evangélico se originó en el sacerdocio católico-romano. Fue la idea del romanismo, colocar a un solo hombre en la punta de la iglesia y considerarlo como un mediador entre Dios y los hombres. Esta es una doble rebelión contra los principios de la palabra de Dios:

1. Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Tim.2:5). Ningún hombre puede pretender ser “la voz de Dios” para sus hermanos, ni tiene derecho de hacer que otras personas dependan de él en cuanto a sus vidas espirituales. Por medio de Jesucristo, cada cristiano tiene acceso directo e inmediato al trono de Dios (Hebreos 4:14-16, 10:19-22). Cualquier líder que dice: “Si quieren ser seguidores de Jesús, obedézcanme a mí”, está usurpando el lugar que corresponde solamente al Señor mismo.

2. Porque el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. En todas las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento, donde sabemos detalles acerca de su liderazgo, vemos que fueron dirigidas por un equipo de varios hermanos:
– Jerusalén: los once apóstoles (constantemente mencionados en los primeros capítulos de Hechos).
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17) – los mismos también son llamados “obispos” en v.28
– Las iglesias en general: “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “obispos y diáconos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “líderes” o “guías” (Hebreos 13:7.17.24 – la versión Reina-Valera traduce equivocadamente “pastores”)
– Las iglesias en general: “ancianos” (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)
(Alguien me ha señalado que en 1 Timoteo 3:2 dice “el obispo” – singular. Pero aquí se trata obviamente de una expresión genérica, así como cuando digo: “El estudiante debe leer sus libros” – esto no se puede entender como si existiera un solo estudiante en la clase; tampoco se puede interpretar que haya un solo obispo en una iglesia, cuando Pablo dice “Es necesario que el obispo sea irreprensible…” etc. – Además hemos visto arriba en Hechos 20 que “obispo” es sinónimo de “anciano”.)
– Para un análisis más detallado de los términos que el Nuevo Testamento usa para describir “líderes” o “ministerios”, vea “El Nuevo Testamento, Versión ministerial”.

Ahora, el término más frecuentemente usado en esta lista es “anciano”. Por tanto tenemos que investigar: ¿Qué es exactamente un anciano?

La iglesia primitiva surgió del pueblo judío; todos los apóstoles fueron judíos y se expresaron en términos judíos. Tenemos que entender entonces, desde el trasfondo del Antiguo Testamento: ¿qué era un anciano en Israel?

Encontraremos que la posición de un “anciano” es estrechamente relacionada con la organización del pueblo según tribus, linajes y familias, como vimos en el artículo anterior. Entonces no debe sorprendernos que también la autoridad de un anciano genuino procede del entorno de su familia.

Mike Dowgiewicz escribe:

“Los ancianos siempre fueron los líderes autorizados del pueblo de Dios, tanto en la antigua Israel como en la iglesia temprana. Ser un anciano, un zakén (la palabra hebrea), fue la cúspide de la vida de un hombre sabio. Vamos a detallar como alguien llegó a ser un anciano:
Hombres israelitas que demostraron una sabiduría excepcional al ejercer autoridad, fueron promovidos a posiciones de mayor liderazgo. Aquellos padres de familia que tenían sabiduría excepcional, se volvieron ancianos de su familia extendida (linaje, estirpe). Los ancianos excepcionalmente sabios de una familia extendida se volvieron ancianos de su tribu. Algunos de éstos prosiguieron a ser asesores del rey, para el bien de la nación entera. La sabiduría fue un elemento clave en su progreso.
El liderazgo a cada nivel era personal. En cada nivel, las personas estaban en contacto cercano con los hombres que tenían autoridad. Cada anciano estaba consciente de que él estaba levantando a sus propios sucesores. (En el sistema nicolaita actual, una comisión encarga a un clérigo de afuera, ¡aunque nadie en la congregación tenía anteriormente alguna relación personal con él!)”

Así surgió la autoridad de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.
En el concepto bíblico de autoridad no existe ninguna “inmunidad”: Un líder tiene que recibir corrección de los demás, igual como cualquier “miembro común”. La base para toda corrección es la palabra de Dios; y cada miembro del pueblo de Dios puede aplicar la palabra de Dios para evaluar y corregir a cualquier otro miembro, aun a un líder. Para ilustrar este principio, Dios escogió a menudo como profetas a hombres que no tenían ningún “liderazgo”, y los envió para corregir y amonestar a los reyes.

El núcleo de esta autoridad bíblica es la paternidad. Es que la paternidad es un reflejo de Dios en esta tierra: Dios es el Padre por excelencia. Varios pasajes bíblicos relacionan la autoridad de Dios, y la provisión de Dios por Su pueblo, con lo que un padre en la tierra es para su familia:

Mat.7:9-11: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Ef.3:14-15: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia (literalmente: paternidad) en los cielos y en la tierra”
Hebr.12:7-9: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos (los padres terrenales), ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste (Dios) para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”

(Vea también “Conocer a Dios como Padre”.)

Dios quiere que las familias en esta tierra estén gobernadas por un padre. Así puede cada persona desde niño entender lo que es un padre, y entonces podrá también entender como es Dios. (Esto es, si el padre ejerce su paternidad de acuerdo con la voluntad de Dios.) En el pueblo de Israel vemos como Dios desea que esta estructura familiar sea ampliada para el entero pueblo de Dios. Y lo mismo vale para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, la comunidad de los (verdaderos) cristianos.

Un “anciano”, por tanto, no es un “cargo” u “oficio” que se podría ocupar según un reglamento institucional. Ni mucho menos podrían ancianos ser instituidos y destituidos por turnos o según el antojo de un “pastor” o de una congregación – como una familia tampoco puede cambiar de padre cada año.
Un anciano bíblico no es “elegido” ni “nombrado”; un anciano bíblico es reconocido. La misma palabra “anciano” nos dice que la madurez (espiritual) es lo esencial para un anciano. En la Biblia, la edad avanzada normalmente es sinónimo de sabiduría y amplia experiencia. Y esta sabiduría y madurez viene en primer lugar de muchos años de ejercer la paternidad en su propia familia. Un anciano es esencialmente un padre experimentado, de tal manera que ahora puede ser un “padre para otros padres”.

Irónicamente, la iglesia católica romana ha preservado el recuerdo de esta verdad mejor que otras iglesias, puesto que llama a sus sacerdotes “padres”. Parece que al inicio todavía estaban conscientes de que “autoridad espiritual” es igual a “paternidad según la voluntad de Dios”. Solamente que confieren este título a las personas menos aptos para ello, puesto que un sacerdote católico no cumple, ni puede cumplir, con el requisito más básico del ancianato bíblico, el cual es haber dado un buen ejemplo como padre de familia.

Efectivamente, en Israel y en la iglesia primitiva, la primera prioridad para cada padre era su propia familia. Bíblicamente, ser un buen esposo y padre, es mucho más importante que ser un buen trabajador, jefe, miembro de iglesia o anciano. Para un padre temeroso de Dios, el mundo afuera de la familia (lo que incluye las responsabilidades en la iglesia) nunca puede llegar a ser más importante que la misma familia. Según los principios bíblicos de autoridad, alguien que no era un buen esposo y padre, nunca iba a ser reconocido como autoridad en alguna otra área de la vida (sea en el trabajo, en la política, o en la iglesia). Y aun cuando alguien llegaba a una posición importante en alguna de estas áreas, no iba por eso descuidar su propia familia. Si lo hacía, perdía su autoridad, o podía incluso caer bajo el juicio de Dios como el sacerdote Elí (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

Por tanto, es un requisito importante para alguien que desea tener autoridad en la comunidad cristiana, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Tim.3:4-5).

Espero que entendamos ahora mejor la envergadura de este pasaje. Efectivamente, según el patrón bíblico, la comunidad cristiana es una familia de familias, y la autoridad espiritual dentro de esta comunidad surge de la paternidad.

¿Fidelidad a la apostasía? – o: Negando la legitimidad de la Reforma

13/10/2012

En muchos círculos evangélicos se ha establecido un concepto de “fidelidad a la denominación”. Fui confrontado con esta idea bastante temprano en mi carrera evangélica. Después de concluir una formación misionera con una sociedad misionera interdenominacional, pedí a los líderes de la iglesia donde me congregaba en aquel entonces, que me permitieran trabajar con esta sociedad. Su respuesta fue: “Podemos enviarte como misionero, pero no con esta sociedad, porque nuestra denominación ya tiene su propia sociedad misionera.” – O sea: “Si quieres servir al Señor, tienes que quedarte dentro de nuestro cajón.”

La misma dificultad enfrentan cristianos que son miembros de alguna iglesia evangélica, y desean irse a una iglesia de otra denominación. Las razones por irse pueden ser perfectamente razonables, tales como: la otra iglesia queda mucho más cerca de donde viven; o están por casarse con alguien de la otra iglesia; o tienen amistades mucho más significativas en la otra iglesia que en su iglesia actual. Pero aun así, a menudo sus líderes les dicen: “Pero tú has sido bautizado aquí, tienes que ser fiel al lugar donde naciste espiritualmente.” (Como si en lo natural también fuera prohibido salir de la ciudad donde una nació…) – “Pero la otra denominación tiene puntos de vista doctrinales diferentes de nosotros, te van a confundir.” (Lo mismo podría decir la otra denominación de “nosotros”…) – O incluso: “¡Eres un ingrato! Tantos años te hemos cuidado, te hemos alimentado espiritualmente, y ahora que por fin podrías devolvernos algo de lo que hemos invertido en tí, colaborando en nuestra iglesia, ¡ahora te vas a otra iglesia!” (El egoísmo de los líderes se revela claramente en esta argumentación… ¿Acaso la iglesia es un negocio donde los líderes “invierten” en “sus” miembros para obtener una ganancia?)

En la teoría, quizás muchos de estos líderes reconocerán que no existen denominaciones en la iglesia del Nuevo Testamento, y que la otra iglesia es igualmente cristiana como la de ellos; quizás dirán que “todas las denominaciones son expresiones de la única iglesia cristiana”. Pero entre teoría y práctica hay un gran abismo. En la práctica se creen dueños de los miembros, y recurren a ideas sentimentales, nada bíblicas, de que “este es tu hogar espiritual, acá perteneces, no puedes irte así no más…” – Ellos olvidan que un cristiano es propiedad de Jesucristo, no de una iglesia o denominación. (Vea también: “¿Quién está hablando de robar ovejas?”)

Aun más grave se vuelve la situación cuando una iglesia o denominación empieza a apostatar de la Palabra de Dios (lo que es demasiado común hoy en día). En este caso, la “fidelidad a la denominación” obliga a los miembros a seguir en esta apostasía, y a recibir enseñanzas y órdenes de líderes que ni creen ni obedecen a lo que dice la Palabra de Dios. Si alguien señala los errores, le pueden decir: “Pero esta es la iglesia del Señor Jesucristo, y el Señor ama a su iglesia a pesar de sus errores, entonces tú tienes que amarla también. Por fin, no vas a encontrar en ningún lugar una iglesia perfecta.” – Esto suena muy espiritual, pero no lo es. El apóstol Pablo no llama “pastores” a los líderes que desobedecen al Señor Jesús o que tratan a los miembros como su propiedad; los llama “lobos” y “hombres que hablan cosas perversas” (Hechos 20:29-30). Y el Señor no llama “iglesia” a los que le sirven de apariencia solamente; los llama “cizaña” y “sinagoga de satanás” (Mateo 13:24-43, Apoc.2:9, 3:9). “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apoc.18:4).

Ahora, este argumento de “amar a la iglesia a pesar de sus errores”, suena casi igual a lo que una vez me escribió un apologista católico romano. (Lo cito de la memoria porque ya no tengo la carta original.) El me escribió más o menos así: “La iglesia (católica) es la iglesia del Señor y es santa; entonces tenemos que creer que ella es santa y sin mancha, aun si vemos en ella muchos errores y muchos pecados cometidos por sus líderes, pero aun así la iglesia es santa porque el Señor lo dijo así.” (Podría también haber añadido que según la doctrina católica romana, la iglesia en su conjunto es infalible.) – Da mucho que pensar, que los líderes evangélicos usan los mismos argumentos como los defensores del catolicismo.

Ahora, aquí entramos en un asunto que forma la esencia misma de la Reforma: ¿Tuvieron los reformadores el derecho de llamar “apóstata” a su propia iglesia? ¿No debían ellos también haber permanecido fieles a su “iglesia madre”?

Las iglesias evangélicas se consideran herederos de la Reforma. No se cansan de afirmar que “nosotros no somos idólatras como los católicos”. Un evangélico que diría que la Reforma fue un error o que fue una rebelión ilegítima, estaría negando su propia identidad como evangélico. Y sin embargo, ¡esto es lo que los evangélicos están haciendo con su concepto de “fidelidad a la denominación”!

Veamos. Si fuera pecado para un evangélico actual, salirse de su denominación o fundar una nueva denominación con miembros de su congregación actual, entonces también hubiera sido pecado para Martín Lutero, oponerse a su iglesia (la católica romana) y permitir que se establezca una nueva iglesia (la reformada) con miembros que anteriormente eran católicos. Si un evangélico debe “sumisión” a su pastor, aunque el pastor esté equivocado, entonces Martín Lutero hubiera debido la misma sumisión al papa. Cualquier evangélico que defiende estas ideas de “fidelidad a la denominación” y de “sumisión bajo el pastor”, está negando la legitimidad de la Reforma. En consecuencia, está cortando el árbol sobre el cual él mismo está sentado.

El principio clave de la Reforma es que la Palabra de Dios es la máxima autoridad sobre la iglesia, por encima de todo liderazgo humano y de toda tradición eclesiástica. Fue sobre esta base que Lutero se opuso a su propia iglesia. Y es sobre esta misma base que también hoy tenemos que oponernos a los líderes que ponen sus propias prácticas, tradiciones y teologías – o aun su propia autoridad como líder – por encima de la Palabra de Dios.

– “Pero esto no es lo mismo”, protestarán algunos. “La iglesia católica se ha apartado de la verdad de Dios, pero nuestra iglesia evangélica está fundamentada sobre la Palabra de Dios.” – ¿Realmente? ¿Por qué entonces no permiten que un miembro común, basado en la Palabra de Dios, reprenda a un pastor que está equivocado? ¿Por qué entonces llaman “rebelde” y “divisivo” a un hermano que se atreve a obedecer a Dios antes que a los hombres? ¿Y por qué pactan con el movimiento ecuménico y con Roma? (Vea “Pacto entre la Alianza Evangélica, el ecumenismo y el Vaticano”.)

– “Pero nuestra declaración de fe es bíblica”, podrán decir. ¿Y qué? He visto a más de un líder evangélico traicionar su propia declaración de fe, con sus palabras y con sus hechos. La declaración de fe de la iglesia católica romana (el Credo Apostólico) también es bíblica; no contiene nada a lo que un evangélico podría objetar desde la Biblia. Esto no impidió que esta iglesia introdujera a lo largo del tiempo las prácticas más antibíblicas, extraviadas y abominables. Lo mismo en las iglesias evangélicas con sus declaraciones de fe bíblicas. Estos pedazos de papel no pueden impedir que las iglesias se alejen cada vez más de las palabras de su Señor. (Vea “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas” para una comparación entre el Nuevo Testamento y la situación general de las iglesias evangélicas actuales.)

Efectivamente, las iglesias que surgieron de la Reforma, están hoy ellas mismas en la necesidad desesperada de una nueva Reforma. Al negar esta necesidad, están al mismo tiempo negando la Reforma de la cual ellas mismas surgieron. Con lo que dan una muestra más, de que están efectivamente en la misma situación como la iglesia católica antes de la Reforma. Esta situación irónica se ha repetido varias veces en la historia de la iglesia: Cuanto más necesidad tiene una iglesia de ser reformada, más se esfuerza por demostrar lo contrario: que “somos la iglesia verdadera”, que “tenemos la doctrina sana”, que “los que se oponen a nuestro liderazgo son rebeldes”. Cuando observamos esto en una iglesia, sabemos que esta iglesia ya están más allá del punto donde podría todavía ser reformada. Una tal iglesia tiene que ser desechada, y el verdadero pueblo de Dios tiene que volver a encontrarse y reunirse de una forma más bíblica. Ya es tiempo que el remanente del pueblo de Dios escuche nuevamente el llamado: “Salid de ella, pueblo mío…”

Buenos días, pecadores indignos (Parte 2)

23/12/2011

Un poco de historia

Toda esta confusión tiene un trasfondo histórico. Martín Lutero puso mucho énfasis en la doctrina de la salvación por la fe, no por obras; y en que ningún hombre – tampoco el cristiano – puede ser bueno por sí mismo; pero que Dios le perdona por gracia. Y él llevó esta enseñanza a tal extremo que dijo que el cristiano es “simul iustus et peccator”, simultáneamente justo y pecador. En otra oportunidad dijo: “Ya pensé haber ahogado al viejo Adán, pero el bribón sabe nadar.”

Lutero fue sin duda un reformador muy grande e importante. Pero el mismo Lutero estableció también el principio de “sola scriptura”, o sea, que en la iglesia no existe ninguna autoridad doctrinal aparte de las Sagradas Escrituras. Ni la “tradición de la iglesia”, ni el papa, ni un pastor o teólogo, por más famoso que sea, puede ser la última autoridad en asuntos de doctrina. Entonces tenemos que aplicar este principio también a las enseñanzas del mismo Lutero, y tenemos que decir: “Aquí usted se ha equivocado, doctor Martín: las Escrituras no apoyan el ‘simul’, y tampoco dicen que el viejo hombre sepa nadar.” (Ya hemos examinado más arriba la cuestión del ‘simul’.)

Ahora, desde el trasfondo histórico podemos comprender bien que Lutero se haya excedido en este punto. Es que en aquel tiempo, la gente miraba la vida con sentimientos muy diferentes del hombre moderno y pos-moderno. La conciencia del pecado permeaba todo. En cada momento, uno sentía sobre sus hombros el peso agobiante de sus pecados – un peso que podía ser aliviado solamente por medio de buenas obras a favor de una iglesia todopoderosa. Algunos llegaron al extremo de gastar todas sus posesiones para salvar (según su creencia) su alma, o el alma de algún familiar, del purgatorio donde tenían que sufrir por sus pecados. Los esfuerzos por liberarse del pecado ocupaban una gran parte de la vida. Esta pobre gente ya estaba arrepentida, ya estaba en búsqueda de la salvación. Pero era muy necesario decirles que sus propios esfuerzos no eran necesarios ni útiles para eso, que la gracia de Cristo era todo. Y una vez convertidos, era necesario decirles que su conversión y salvación no era su propio mérito; que no eran ellos mismos quienes eran “tan buenos” como para merecer la salvación. Y así podemos entender que Lutero se excedió en enfatizar esta verdad. Sucede a veces, cuando la iglesia se ha desviado mucho hacia un lado, que a una persona fuerte le parece necesario jalarla con tanta fuerza hacia el otro lado, que al final de cuentas llega a desviarse hacia el otro extremo.

Esto es lo que sucedió con la enseñanza de Lutero. Esta enseñanza era muy necesaria para un pueblo que hacía esfuerzos sobrehumanos para liberarse ellos mismos del peso del pecado sobre sus hombros, y después se sentía orgulloso de estos esfuerzos. Pero esta no es la situación actual. El hombre moderno, y el cristiano moderno, tiene muy poca verdadera convicción de su pecado; y hace aun menos esfuerzos para liberarse de él. La gracia preciosa que había anunciado Lutero, se ha convertido en una gracia barata bajo la prédica de la iglesia moderna. Ahora se anuncia gracia para todos, aun para aquellos que no quieren arrepentirse. Frente a esta iglesia moderna es necesario decir a voz alta: “No es posible que usted sea cristiano y pecador a la vez. ‘Cristiano’ y ‘pecador’ son tan opuestos como fuego y agua.”

Se levanta entonces la pregunta: Aquellos que se llaman “cristianos” y “pecadores” a la vez, ¿cuál de los dos son? ¿Son santos que todavía no han entendido que son santos? ¿o son pecadores que erróneamente creen ser cristianos? – Su actitud, hasta donde los he conocido hasta ahora, me hace pensar que la mayoría entra en el segundo caso. Tienen toda la razón cuando se llaman a sí mismos “pecadores”; pero están muy equivocados cuando creen que así pueden ser cristianos. Efectivamente, la mayoría de ellos todavía no ha llegado a Romanos 3:24: no han llegado a un arrepentimiento verdadero, ni a la verdadera fe en Cristo que salva. Evidencia de ello es: que siguen viviendo en pecado; y que niegan la eficacia del sacrificio de Cristo para liberar del pecado.

¿Sabe nadar el viejo Adán?

Según parece, Lutero se sintió desanimado al ver que aun después de su conversión, él pecaba de vez en cuando. (Aquí vemos otra vez la gran diferencia entre aquel tiempo y la iglesia actual: Los “cristianos” actuales también pecan, pero ya no les preocupa.) De allí sacó la conclusión (errónea) de que “el viejo Adán sabe nadar”. Pero el pasaje correspondiente es muy claro:

“…nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado. (…) Porque en cuanto murió (Cristo), al pecado murió una vez por todas; mas en cuanto vive, para Dios vive. Así también vosotros…” (Romanos 6:6,10-11)

En un cristiano verdadero, el hombre viejo está claramente muerto, y nada indica que pueda resucitar.
¿Por qué entonces pecan aun los cristianos verdaderos de vez en cuando? – La respuesta encontramos en Romanos 8:

“Porque el pensar de la carne es muerte; pero el pensar del Espíritu es vida y paz; porque el pensar de la carne es enemistad contra Dios, porque no se somete a la ley de Dios, porque ni puede. (…) Por tanto entonces, hermanos, no somos deudores de la carne para vivir según la carne, porque si ustedes viven según la carne, van a morir. Pero si por el Espíritu matan las prácticas del cuerpo, vivirán.” (Romanos 8:6-7,12-13)

Aquí, Pablo no habla del “viejo hombre”, pero de la “carne”. ¡Esto no es lo mismo! El “viejo hombre” es la naturaleza del hombre no regenerado, que lo empuja inevitablemente hacia el pecado. Este es el “pecador” por naturaleza. La “carne”, en cambio, es simplemente débil. Con “carne” resume Pablo todos los esfuerzos, inclinaciones y posibilidades que tiene el hombre por sí mismo, sin la ayuda de Dios. Esta “carne” hasta puede ser buena y religiosa (vea Fil.3:4-7). Pero no puede verdaderamente cumplir la voluntad de Dios, como acabamos de leer.

Entonces, el cristiano peca de vez en cuando, no porque fuese todavía pecador, pero porque es simplemente humano y por tanto débil. Y Romanos 8 nos enseña una salida de esta debilidad: pensando y viviendo “según el Espíritu”, en vez de pensar y vivir “en la carne”. O sea, apoyándonos en el poder y las posibilidades de Dios y de Su Espíritu, en vez de nuestros propios esfuerzos humanos.

Podemos ilustrar la diferencia de la siguiente manera: Imaginémonos que vemos una cebra tallada de madera, con rayas blancas y negras. ¿Es una cebra de madera blanca, con rayas negras pintadas encima, o está hecha de madera negra, con rayas blancas pintadas? A primera vista quizás no lo podemos distinguir. Pero si tomamos un poco de lija y comenzamos a lijar, pronto saldrá la pintura y se notará el verdadero color de la madera. Así es la diferencia entre el pecador y el cristiano. La verdadera naturaleza del pecador es el pecado, por más que se esfuerce para hacer obras buenas e incluso para colaborar en la iglesia y darse una apariencia cristiana. Estos esfuerzos son como las rayas blancas pintadas. Cuando Dios empieza a “lijar” y probar esta vida, con el tiempo aparecerá su verdadera naturaleza. – Lo mismo con el cristiano. Su verdadera naturaleza es la santidad, por más que caiga de vez en cuando en pecado. Estos pecados son como las rayas negras pintadas. Cuando Dios prueba la vida del cristiano, poco a poco será liberado de estas rayas negras, y su verdadera naturaleza aparecerá con más claridad.

Esta es la gran verdad de Apocalipsis 22:11-12:

“El que es injusto, sea (más) injusto todavía; y el que es inmundo, sea (más) inmundo todavía; y el que es justo, practique la justicia (más) todavía; y el que es santo, santifíquese (más) todavía. He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.”

Algunos, queriendo ser muy “reformados”, enseñan que la salvación no es nada más que un “cambio de etiquetas”. O mejor dicho, un engaño de etiquetas. Como si Dios dijera: “El pecador fulano desea ser exonerado del castigo por el pecado y ha invocado mi nombre; por tanto le pongo ahora la etiqueta de ‘justo’ y ‘santo’, por más que su vida siga tan injusta y pecaminosa como antes.” Una tal enseñanza hace de Dios un mentiroso. La justificación no sería justificación si el “justificado” siguiera siendo injusto. Uno no puede ser “justo en la teoría, pero injusto en la práctica”. Dios expone esta actitud con palabras fuertes:

“Hurtando, matando, adulterando, jurando en falso, e incensando a Baal, y andando tras dioses extraños que no conocisteis, ¿vendréis y os pondréis delante de mí en esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, y diréis: Librados somos; para seguir haciendo todas estas abominaciones? ¿Es cueva de ladrones delante de vuestros ojos esta casa sobre la cual es invocado mi nombre? He aquí que también yo lo veo, dice el Señor.” (Jeremías 7:9-11)

¿Qué dijo Jesús a la mujer adúltera después de perdonarle? – “Ni yo te condeno: vete, y no peques más.” (Juan 8:11) 
¿Y qué dijo Jesús al paralítico al que había sanado? – “He aquí, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” (Juan 5:14)

El “No peques más” es inseparable de la obra de restauración que Jesucristo hace en los hombres. ¿Significa esto que Jesús les impone una carga insoportable? – De ninguna manera. El mandamiento “No peques más” está en la misma categoría como el mandamiento anterior, dicho al paralítico:“Levántate, toma tu lecho, y anda.” (Juan 5:8) ¡Una carga insoportable, por cierto! ¡Este hombre no podía andar! Pero el paralítico no lo vio de esta manera. Al contrario, para él fue un mensaje de liberación sobrenatural: Si Jesús me lo dice, ¡yo puedo! Y se levantó y caminó.
– Lo mismo se aplica al mandamiento “No peques más”. Para los que desprecian el don sobrenatural de Jesús, este mandamiento es una carga insoportable, un “legalismo”, un “requisito anticuado”. Pero para aquellos que han conocido al Señor de verdad y confían en él, es un mensaje de liberación sobrenatural: Yo por mí mismo no puedo. Pero si el Señor Jesús me lo dice, ¡entonces sí puedo!

Los frutos podridos de los “pecadores indignos”

Si se tratara solamente de una disputa por palabras, yo no me tomaría la molestia de escribir este artículo. Pero esta enseñanza de los “pecadores indignos” ha corrompido a enteras denominaciones evangélicas. Con esta enseñanza, toda la ética cristiana se ha volteado de cabeza. Los fariseos de los tiempos de Jesús despreciaban a los adúlteros, a las prostitutas, a los ladrones, a los traidores de la patria. ¡Pero los fariseos de hoy desprecian a aquellos cristianos dedicados, que sinceramente desean agradar al Señor Jesús!
Ahora se considera “bueno” y “misericordioso” dejar que los pecadores no arrepentidos sigan en su vida de pecado, aun dentro de la iglesia. ¡Como si esto fuese misericordia, permitir que los cristianos sigan siendo robados, engañados, abusados y maltratados por sus “hermanos”, e incluso por sus pastores! – Y se considera “malo” confrontar el pecado y llamar a los pecadores al arrepentimiento. O sea, ahora es “malo” anunciar el mismo mensaje que Jesús y sus apóstoles predicaban durante toda su vida. (Vea Mateo 4:17, 9:13, Lucas 24:47, Hechos 2:38, 3:19, 14:15, y muchos otros.)

La “disciplina eclesiástica” se ha pervertido de tal manera que ya no se aplica para corregir a los pecadores no arrepentidos. Al contrario, la “disciplina eclesiástica” se utiliza ahora para silenciar y expulsar a aquellos que exponen el pecado. A estos se los llama ahora “faltos de amor”, “sin misericordia”, “rebeldes” y “divisivos”. (Especialmente si exponen el pecado de un líder.) Ya no puedo contar las veces en que supuestos hermanos evangélicos me reprocharon mi “falta de amor”, porque en un caso concreto manifesté que el abuso sexual de menores es un pecado que amerita disciplina eclesiástica. Entonces, ¿sería más “amoroso” callarse, para que más niños se vuelvan víctimas?

Con esta falsa enseñanza, algunas iglesias de verdad se han convertido en cuevas de ladrones. Se volvieron lugares de refugio para cada clase de delincuentes, quienes pueden abrigarse allí debajo de una mal entendida “gracia cristiana”. Como ilustra el siguiente ejemplo:

“Charles Colson relató la historia de Mickey Cohen, el director de la mafia de Los Angeles hace unos treinta años. Mickey Cohen fue a una cruzada de Billy Graham y dijo una oración para aceptar a Cristo como su Salvador. No obstante continuó dirigiendo la mafia en todas sus actividades ilegales e inmorales. Entonces un cristiano valiente quien también había estado involucrado en la mafia, fue a Mickey y le explicó que ya no podía vivir como había vivido en el pasado. Mickey se opuso, diciendo que en la cruzada nadie le había dicho que tenía que
dejar de dirigir la mafia. El otro le mostró de la Escritura que tenía que dejar de practicar tales cosas. Al oír esto Mickey dijo, ‘Pues si alguien me hubiera explicado todo esto desde el principio, yo no hubiera aceptado a Cristo.’ Siguió dirigiendo la mafia hasta que murió de cancer.”
(Fuente: Revista “PlaticAMOS” de diciembre de 2001, en http://www.amos524.org)

Esta situación ha manchado el testimonio de Jesucristo en todas las partes donde existen tales iglesias de “pecadores indignos”. Lo puedo observar en mi propio entorno personal: La mayor parte de la gente ha hecho malas experiencias con evangélicos, y por tanto no tienen interés en el evangelio. De verdad, las palabras del apóstol Pablo se dirigen a las iglesias actuales:

“Tú que te jactas de la ley (Biblia), ¿con infracción de la ley (Biblia) deshonras a Dios? Porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones por causa de ustedes.” (Romanos 2:23-24)

Es la honra de Dios, la reputación de Dios, que está en juego.

Conclusiones

Si usted es un “pecador indigno”, ¡arrepiéntase! No le servirá simplemente cambiar de palabras y llamarse “santo” desde ahora. Esto no cambiará la naturaleza de usted. ¡Arrepiéntase de corazón y con hechos ante el Señor Jesucristo! Después confíe en El para su nuevo nacimiento y la restauración de su vida.

Si usted es un cristiano que verdaderamente ama y busca al Señor, entonces ¡no se junte con una iglesia de “pecadores indignos”! Allí los mismos líderes menosprecian, reprenden y desaniman a cada uno que busca la santidad. Le llamarán “legalista”, “perfeccionista”, “falto de amor”, y cosas peores. Harán todo lo que pueden para rebajarle a usted al mismo miserable nivel de vida hipócrita en el cual se encuentran ellos mismos. Busque una comunión de cristianos que aman al Señor de verdad.

No quiero ser malentendido. También en este asunto es posible desviarse al otro extremo. Así sucedió en algunos sectores de la iglesia del segundo y tercer siglo, donde se enseñaba que no hay perdón de pecados que se cometen después del bautismo. Así sucedió también en algunos sectores del metodismo temprano y del movimiento de santidad en el siglo XIX, donde se predicaba una perfección completa de tal manera que el cristiano ya no podría ser vencido por ninguna tentación. Una tal enseñanza puede llevar a la desesperación para aquellos que buscan esta perfección y no la pueden encontrar. También puede llevar a una disciplina eclesiástica demasiado rígida, que niega el arrepentimiento y la restauración aun a aquellos que son realmente arrepentidos. – Pero en la actualidad no veo que exista el peligro de que esta corriente vuelva. Ciertamente no, mientras uno puede caer bajo disciplina en una iglesia evangélica, tan solo por llamar pecado al pecado.

Por lo demás, quiero dejar claro que la justificación y la santificación es siempre un regalo de Dios. No es un mérito del hombre. Pero quiero dejar igualmente claro que Dios desea dar este regalo a cada uno que le busca. El peor pecado de los “pecadores indignos” es este: Ellos desprecian y pisotean este regalo, o niegan que exista; y a los que lo buscan, les impiden recibirlo. Puesto que ellos mismos no conocen la dicha de una vida siguiendo a Jesús, quieren negarla a todos los demás también. Son como aquellos fariseos de los que dijo Jesús: “Cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.” (Mateo 23:13) Esperemos y oremos que el Señor mismo les arranque las llaves del reino a estos usurpadores, y las devuelva a quienes legítimamente pertenecen: a los que realmente desean entrar.

Buenos días, pecadores indignos

16/12/2011

En algunos círculos evangélicos existe la costumbre de decir: “Soy un pecador indigno.” “Somos todos pecadores indignos.” Muchos repiten estas palabras sin pensar, simplemente porque los demás también lo dicen. Pero Dios no quiere que seamos loros, repitiendo palabras sin pensar en su significado. Dios quiere que examinemos todo lo que escuchamos (1 Tes.5:21). Vamos a examinar entonces esta costumbre, y vamos a ver que dice la Biblia.

¿Por qué dicen “Soy un pecador indigno”?

He preguntado a varios evangélicos por qué usan estas palabras. Como ya dije, muchos no sabían responder porque las repetían sin pensar. Algunos dijeron: “¿No nos ha enseñado el Señor Jesús a orar así?” – Con esto se refieren a la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14), donde Jesús dijo:

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:13-14)

¿Por qué actuó así el publicano? Obviamente, porque estaba consciente de su pecado, y expresó arrepentimiento ante Dios. El sabía muy bien que con la vida que él llevaba, no era justo ante Dios, y buscaba ser justificado.. Jesús dijo esta parábola para enseñar “a unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros” (verso 9). Estos, los fariseos, también necesitaban arrepentimiento, pero no estaban conscientes de ello.

Ahora, si mi amigo miembro de iglesia usa las mismas palabras como el publicano en su oración en la iglesia, ¿recibirá la misma recompensa? – ¡No necesariamente! El arrepentimiento es un asunto del corazón y de los hechos. No es asunto de las palabras que usamos. Y de aquellos que pregunté, ninguno dijo que usaba estas palabras porque estaba arrepentido de sus pecados. Mas bien dijeron que oraban así porque “así dijo el Señor que hay que orar”. Vamos a ver cual es la actitud que se revela aquí.

Los fariseos habían aprendido que para ser justos, tenían que demostrar que cumplían la ley de Dios en cada detalle. O mas bien, el “demostrarlo” ante la gente era todavía más importante que el cumplir. Por eso, el fariseo en la parábola pensaba ser justificado al jactarse de su obediencia. Su actitud era una de aparentar ante la gente algo que no era realidad en su corazón.

¿Y qué aprenden hoy los miembros de iglesia que repiten las palabras del publicano? Se les dijo que para ser justificados, tienen que ser “humildes” y llamarse “pecadores” a sí mismos. Entonces lo hacen, porque quieren que los otros miembros de la iglesia vean que están usando las palabras correctas. O sea, ¡ellos también están solo aparentando! Están usando unas palabras que en su contexto original expresaron arrepentimiento; pero no hay ningún arrepentimiento en sus corazones y en sus vidas. La mayoría de los que dicen “soy pecador indigno”, en realidad ni siquiera creen que son pecadores.

Haga la prueba. Llame usted “pecador indigno” a alguno de los que habitualmente usan esta palabra, y verá la reacción. Una vez lo hice en una iglesia de esas, donde me habían invitado. Después del tiempo de oración saludé a la congregación: “Buenos días, pecadores indignos.” Vi algunas caras muy, pero muy molestas. ¡Allí se acabó la humildad! – Les dije: “¿Por qué se molestan? Solamente estoy diciendo lo que ustedes mismos dijeron hace pocos minutos en vuestras oraciones.” – Pero allí estaba el problema. Ellos habían orado así, no porque hubieran sido convencidos de su pecado. Habían orado así solamente para demostrar que sabían las “palabras correctas”.

En realidad, esta forma de aparentar es todavía peor que la de los fariseos. Los fariseos eran orgullosos, sí; pero por lo menos eran abiertamente orgullosos. En cambio, los que dicen “soy pecador indigno” sin creerlo realmente, esconden su orgullo detrás de una falsa humildad.

– Ahora, yo sé que existe también la corriente opuesta, la de la “confesión positiva”. Allí se enseña a la gente a “confesar” que son sanos mientras se encuentran todavía postrados en cama; a “confesar” que son victoriosos cuando en realidad todo les sale mal; y a “confesar” que son santos cuando todavía están cautivos en una multitud de pecados. En ninguna parte de la Biblia se nos anima a hacer algo parecido. El cristiano verdadero puede llamarse “santo” porque esta es la realidad de su vida; pero Dios no dice al seudo-cristiano que se llame “santo” cuando no hay santidad en su vida. Pero este es otro problema que merecería otro artículo aparte.

Un cristiano es un santo

¿Existe una base bíblica para llamar “pecador” a un cristiano? El Nuevo Testamento es consecuente en esto: los cristianos se llaman “santos”, y los no cristianos se llaman “pecadores”. Pablo escribió sus cartas a los “santos” en Corinto, en Efeso, en Filipos, etc. No a los “pecadores en Corinto”. – A los romanos escribe claramente que un cristiano ha muerto al pecado:

“¿Qué diremos entonces? ¿Permanezcamos en el pecado, para que la gracia aumente? ¡No sea! Los que morimos para el pecado, ¿cómo viviremos todavía en él? (…) Así también ustedes: considérense a sí mismos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.” (Romanos 6:1-2, 11)

En cuanto a los pecadores o “injustos”, la Escritura deja claro que estos no pueden ser verdaderos cristianos:

“¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se engañen: Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que cometen actos homosexuales, ni los ladrones, ni los codiciosos, ni los borrachos, ni los groseros, ni los asaltantes heredarán el reino de Dios. Y algunos [de ustedes] eran tales. Pero fueron lavados, fueron santificados, fueron justificados en el nombre del Señor Jesús y en el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:9-10)

Más claramente no se puede expresar la diferencia abismal entre un “pecador” y un “justo” o “santo”. – De manera parecida leemos en Apocalipsis:

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:7-8)

¿Cómo entonces entendemos la parábola del fariseo y del publicano? – Ciertamente, Jesús no condena allí la búsqueda de la santidad. Al contrario, el publicano buscaba exactamente esto: perdón de sus pecados y restauración de su vida. Por eso, Jesús lo llama “justificado”. ¡No por ser pecador, pero por su arrepentimiento! Este mismo arrepentimiento hizo que el publicano dejase de ser un pecador y se convirtiese en un justo.
Lo que Jesús condena, es la justicia propia, o sea, el “confiar en sí mismo como justo”. E irónicamente, esto es exactamente lo que hacen los que se llaman “pecadores indignos”: Creen ser justificados por su propia demostración de (falsa) humildad, en vez de buscar la justicia que viene de Jesucristo.

Algunas preguntas y objeciones comunes

Los “pecadores indignos” suelen responder a la exposición de estas verdades con 1 Juan 1:8:

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.”

¿Significa esto que el cristiano debe llamarse “pecador”? – De ninguna manera, y hay tres razones para negarlo:

1. El verso inmediatamente anterior afirma que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7) ¿Cómo seguirá siendo pecador alguien que acaba de ser limpiado de todo pecado? Más probable es que el verso 8 se refiere a los pecados cometidos antes de convertirse a Cristo. Es claro que cada cristiano tiene tales pecados en su vida, porque nadie nace cristiano.

2. Aun suponiendo que el verso se refiere a pecados actuales de un cristiano, ¿esto hace del cristiano un pecador? – No, porque enseguida se aplica el verso 9:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Entonces, aun si un cristiano comete un pecado, inmediatamente se va a arrepentir, va a confesarlo ante el Señor, y entonces el Señor lo limpia, y el cristiano queda nuevamente limpio del pecado. – Notemos que el Señor limpia no solamente “del castigo por la maldad”; ¡El limpia de la misma maldad!

3. Si seguimos leyendo unos versículos más, la intención del pasaje entero se hace clara. Desafortunadamente, en algún momento de la historia, algún escriba decidió insertar una separación de capítulos después de 1 Juan 1:10. Pero la separación en capítulos no es inspirada por Dios, y en este caso particular es muy desafortunada, porque rompe el contexto. Es que 1 Juan 2:1-6 explica el propósito de los versos anteriores:

“Hijitos míos, estas cosas les escribo para que no pequéis. Y si alguno hubiere pecado (o sea, si a pesar de todo un cristiano peca, aunque esto no es lo normal), abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (…) Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él.” (1 Juan 2:1,3-4)

Es obvio entonces que Juan no escribió 1 Juan 1:8 como una excusa para que los cristianos sigan viviendo en pecado sin arrepentirse. Al contrario, lo escribió como parte de un consejo de cómo ser libres del pecado. Si alguien todavía duda de ello, que lea también 1 Juan 3:6-8:

“Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe: el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”

– Otra objeción que escuché, viene desde Romanos 3:9-10:

“…pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno …”

“Ya ves”, dicen los “pecadores indignos”, “que no hay ningún justo en el mundo y que todos somos pecadores.”

Esta es una interpretación realmente horrorosa de este pasaje; una interpretación que desconoce completamente el contexto de Romanos, y que además niega la salvación efectuada por Jesucristo. Hay que leer los primeros tres capítulos de Romanos juntos y completos, y fácilmente uno entenderá el flujo del pensamiento: Pablo demuestra en estos capítulos a los no cristianos que son pecadores y que por tanto necesitan ser salvos. Aplicado a los no cristianos, sin duda es verdad que “todos son pecadores”. Pero Pablo no sigue diciendo: “… entonces todos permaneceremos pecadores indignos por el resto de nuestra vida.” Al contrario, él dice (parafraseado): “Por eso, porque eres pecador, ¡por eso necesitas a Jesucristo!” Y va explicando que por medio de la salvación en Jesucristo, el pecador puede dejar de ser pecador:

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…” (Rom.3:21-24)

Entonces, si alguien se incluye entre los “pecadores” e “injustos” de Romanos 3:9-10, está diciendo que todavía no ha llegado a Romanos 3:24. O sea, que todavía no ha llegado a la fe en Jesucristo.

(Continuará)

Como los centros de cuidado diurno (“Casas-cuna”) pueden destruir una nación

23/08/2011

NOTA: Este artículo fue movido al nuevo blog “Educación Cristiana Alternativa”.

Vea:

http://educacioncristianaalternativa.wordpress.com/2011/11/30/como-los-centros-de-cuidado-diurno-casas-cuna-pueden-destruir-una-nacion/

¿La libertad no les interesa?

22/04/2011

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” (Juan 8:31-32)

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1)

“Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de hombres.” (1 Corintios 7:23)

La libertad es uno de los tesoros más apreciados que Jesucristo nos trajo. Los tres pasajes citados, en su contexto respectivo, hablan de tres aspectos en los que Cristo quiere hacernos libres: Libres del pecado; libres de las tradiciones y costumbres religiosas; y libres de la sujeción bajo otros hombres.

Hace años ya he comentado (en “Las ovejas del Perú”) sobre un hecho que me parece uno de los más extraños de la historia: que los celebrados libertadores del Perú eran extranjeros. Aunque el primer movimiento para la independencia, bajo Túpac Amaru II, era un movimiento indígeno – pero los habitantes del Cusco, la antigua capital de los Incas, hicieron alianza con los españoles para combatir y derrotar a Túpac Amaru. Así el Perú tuvo que esperar cuarenta años más, hasta que llegaron el argentino José de San Martín y el venezolano Simón Bolívar, para traerles la independencia que ellos mismos, al parecer, no deseaban tanto.

Esta indiferencia, este desprecio de la libertad se puede observar hasta hoy, en los más distintos niveles de la vida y de la sociedad. Quiero hablar un poco de dos áreas que me preocupan particularmente: el ámbito de los que se llaman “evangélicos”, y el ámbito de lo que comúnmente se llama “educación”.

En el ámbito evangélico está muy difundida una falsa enseñanza que dice que hay que “someterse al pastor”, aunque el pastor esté errado, porque de esto (como dicen) depende la “cobertura espiritual” del cristiano. Pero el único pasaje bíblico donde aparece esta expresión de la “cobertura” es 1 Corintios 11:2-7, donde dice que el hombre no debe tener “cobertura” sobre su cabeza (o sea, no debe hacerse dependiente de la autoridad de otro hombre), porque Cristo es su Cabeza. Pero la mayoria de los “evangélicos” hoy en día prefieren hacerse dependientes de un pastor o de una organización religiosa, en vez de hacerse dependientes de Jesucristo. No examinan, ni protestan, ni siquiera se dan cuenta cuando la enseñanza y la práctica de sus líderes va completamente en contra de la Palabra de Dios. Así dice por ejemplo uno de los muchos apóstoles autoproclamados, cuyo nombre prefiero no mencionar, en un mensaje difundido por internet:

Como honrar a Dios a través de tus pastores
Preferir a otro que significa; si estamos los dos iguales, que pase el primero y si dos se tienen que sentar y hay un solo asiento que se siente él.
El pastor, el apóstol tiene que ir en el mejor coche tiene que sentarse en el mejor lugar (…) Tiene que hacer diferencia con aquellos que son portadores de la unción de Dios (…) porque ellos contienen la unción de Dios y la unción de Dios es lo que va a caer sobre usted.
(…) Tu pastor es lo más importante que hay en tu vida.”

Todo esto en completa contradicción contra las palabras del Señor Jesús: “…Sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve.” (Lucas 22:26) Pero hoy en día se considera que un pastor es más “ungido”, cuanto más autoritario y prepotente es. Esto no es “evangélico”, esto no es el Evangelio, esto es esclavitud bajo un hombre.
Y lo más triste: “Mi pueblo así lo quiso” (Jeremías 5:31). Es el mismo pueblo “evangélico” que voluntariamente escoge esta esclavitud. “Pues toleráis si alguno os esclaviza, si alguno os devora, si alguno toma lo vuestro, si alguno se enaltece, si alguno os da de bofetadas.” (2 Corintios 11:20). Esto dice Pablo a los corintios, no como elogio por si acaso, pero reprochándoles que tan fácilmente se dejaron engañar por los falsos apóstoles.
Así es la situación como la observo entre los “evangélicos” hoy. Tienen pastores y líderes que mienten y engañan, que viven en adulterio, que promueven teologías falsas poniendo en duda la Palabra de Dios, que malversan los fondos de la iglesia … y el pueblo, en vez de apartarse de tales líderes, todavía tolera que estos malos líderes “pongan en disciplina” a aquellos pocos hermanos valientes que confrontan los pecados de ellos. Este pueblo no solamente se somete a una nueva esclavitud; aun se hacen partícipes de los pecados de sus líderes. ¿Nunca han leído que la Palabra de Dios nos exhorta a “escudriñar las Escrituras” y “examinar todo”? (Hechos 17:11, 1 Corintios 14.29, 1 Tesalonicenses 5:21).

Algunos aluden a Hebreos 13:7 y 13:17, sacando estos versículos de su contexto. Publiqué un artículo aparte sobre esta cuestión: ¿Someteos a vuestros pastores? – Un análisis de Hebreos 13:17.

(Nota aparte: Si menciono a los evangélicos en particular, no quiero decir con esto que la iglesia católica esté mejor. Pero los evangélicos son los que deberían saber mejor, porque ellos – por lo menos en la teoría – se apoyan en los principios de la Reforma, diciendo que la Palabra de Dios tiene autoridad por encima de todas las tradiciones y de todos los líderes de la iglesia.)

Ahora, ¿nos sorprenderá que estos mismos líderes a su vez se sometan a otra esclavitud? Hubo gran aplauso entre los evangélicos, cuando el gobierno anunció una ley de “igualdad religiosa”: ahora las iglesias evangélicas serían reconocidas por el gobierno, y tendrían los mismos privilegios como la iglesia católica. Tengo que señalar enfáticamente que igualdad no es lo mismo como libertad. Hay millones de personas que constantemente se quejan de la “desigualdad”; pero no conozco ni un puñado de personas que se preocupan por la falta de libertad. Parece que prefieren ser iguales y sometidos, en vez de ser cada uno quien es, y libre para mejorar su vida. Se sienten orgullosos cuando el gobierno los “reconoce”, y no se detienen para pensar que todo lo que el gobierno reconoce, el gobierno lo controla. – Cierto, todavía son pocas condiciones las que el gobierno impone a las iglesias “reconocidas”; pero una vez dado el primer paso, nada impide que las libertades sean poco a poco quitadas, y los líderes lo acepten silenciosamente. Una de las condiciones gubernamentales que ahora ya da razón para preocuparse, es que las iglesias “reconocidas” tienen que ser afiliadas al ecuménico CONEP.
Ahora, si tanto desean ser “iguales” a la iglesia católica, no deben sorprenderse los evangélicos si terminan efectivamente siendo iguales a los católicos. Como los antiguos israelitas que deseaban ser “iguales como las otras naciones” (1 Samuel 8:5.20), y Dios permitió que sucediera exactamente eso.

– Ya no deseo alargarme mucho, pero prometí hablar también sobre la “educación”. Una persona libre se caracteriza por ser capaz de hacer sus propias decisiones, reflexionar sobre sus propios actos y asumir la responsabilidad por ellos. Ahora, estas son exactamente las cualidades que la escuela menosprecia y se esfuerza a erradicarlas. Los alumnos son entrenados a obedecer ciegamente a las órdenes de sus profesores, y a hacer las tareas asignadas por el profesor, exactamente de la manera como el profesor quiere, sin reflexionar, sin usar su creatividad, sin hacer decisiones propias. Los profesores a su vez son entrenados a obedecer ciegamente a las órdenes del ministerio de educación, y a implementar en sus aulas las políticas de la burocracia estatal, sin reflexionar, sin usar su creatividad, sin hacer decisiones propias. En vez de ser educadores, son entrenados a ser funcionarios del gobierno. Una tal escuela no es educación, es esclavitud.

Por tanto, observando esto, durante muchos años yo creía que no existía la libertad para hacerlo de manera diferente. He tenido contacto con varias escuelas privadas, evangélicas, y observé que eran prácticamente copias exactas de las escuelas estatales, solamente adornadas con un poco de tiempos devocionales y otras añadiduras religiosas. He intentado hacerles algunas sugerencias, por ejemplo en el sentido de colocar su plan de enseñanza sobre un fundamento cristiano y bíblico (vea “Cosmovisión cristiana y educación escolar”), o de adaptar sus métodos mejor a las necesidades y el desarrollo de los niños, en vez de someter a los niños a la enfermiza carrera de acumular la mayor cantidad de “conocimientos” en el menor tiempo (vea “Mejor tarde que temprano” y “Aprender matemática: ¿Cuestión de burocracia o de principios?”). – Siempre recibí la misma respuesta: “Sí, esto sería interesante … pero si hacemos esto, el gobierno nos va a cerrar la escuela.”
Algunos con los que hablé, incluso creían que desviarse del currículo estatal significaría rebelarse contra la autoridad puesta por Dios. Pero Jesús dijo: “Dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). Los niños no son de César, ellos son de Dios, y por tanto estamos en la obligación de educarlos de la manera como Dios quiere.

Pero hace poco me enteré de que la impresión que me transmitían aquellos líderes evangélicos, era bastante equivocada. Efectivamente existe en el Perú un pequeño puñado de escuelas alternativas, “escuelas activas”, escuelas Montessori, etc. Algunas de estas escuelas se atreven a hacer cosas que horrorizarían a los profesores tradicionales, pero que corresponden mucho mejor a las investigaciones científicas pedagógicas y psicológicas – y además a lo que la Biblia dice acerca de los niños y nuestro trato con ellos. Por ejemplo, organizar a los niños de una forma más familiar, mezclando a niños de diferentes edades. (Lea el artículo sobre escuela activa para entender por qué esto es mejor.) O permitir a los niños que ellos mismos decidan para qué actividades y contenidos de aprendizaje están listos, en vez de someter a todos al mismo tiempo al mismo plan preconcebido y rígido. Y como parece, estas escuelas tienen la libertad de hacerlo. Como la promotoría de una de ellas me escribió textualmente:

“Es mentira que no es posible dar una educación diferente, todas las escuelas privadas y del estado podrian hacerlo, el problema es que no creen que exista otra manera de impartir educacion. De hecho nuestro principal problema es encontrar maestros que entiendan nuestro trabajo y tambien encontrar familias que piensen como nosotros.”

Entonces esta libertad sí existe, ¡pero la mayoría abrumadora no está interesada en ella! Y lo que más me entristece: aquellos que se llaman cristianos, aquellos que más deberían estar interesados en hacer las cosas a la manera de Dios, ¡son los menos interesados en esta libertad! Ninguna de estas escuelas alternativas tiene un trasfondo cristiano; mientras algunas de ellas promueven una religiosidad no cristiana. Aunque el concepto de la escuela activa en sí es muy bien compatible con el cristianismo; incluso está en muchos aspectos mucho más cerca de la Palabra de Dios que la escuela tradicional, como demostré en mi artículo.
Cristianos como los Moore han dedicado toda su vida para devolver la educación a donde pertenece – a la familia -, y para investigar acerca de las maneras más apropiadas de educar y enseñar a niños. Pero los padres y profesores “cristianos” aquí siguen ciegamente la corriente de la educación estatal, e incluso niegan que exista una alternativa. Exactamente aquellos que se llaman cristianos, prefieren una educación para la esclavitud, en vez de una educación para la libertad cristiana. – Al mismo tiempo, unos pioneros no cristianos toman los datos de investigaciones como de los Moore y otras afines, con audacia entran en los espacios de libertad que existen, y (a menudo con muchos sacrificios) comienzan una labor educativa mucho mejor, y mucho más consecuente, de lo que hacen todos los evangélicos juntos.

¿Qué hará Dios con un pueblo que rechaza la libertad que El les ofrece? – La triste respuesta que encontramos en la Biblia: El les da exactamente lo que desean – la esclavitud. (Vea 1 Samuel 8:11-18.) Porque a nadie se le puede obligar a ser libre.

Por qué digo que las iglesias están siendo infiltradas por el anticristo

22/10/2010

En respuesta a mi serie de artículos “¡Infiltración!” (http://www.altisimo.net/maestros/infiltracion.htm) recibí un correo de un lector que mencionó algunas otras corrientes actuales, opinando que estas eran mucho más importantes que las mencionadas en mis artículos. Dijo:

“Por ejemplo, ustedes no han considerado cuánto se ha debilitado la cristología cuando se ha llegado a decir que Cristo no vino para ser el mesias, dicho por (representantes del movimiento carismático extremo).

Por otra parte, y en un plano màs sutil y ambiguo, los invito a que reflexiones si algunas enseñanza del Dispensacionalismo llevan a un cristología débil, cuando, por ejemplo, se da cabida a ideas como la de que la edad de la Iglesia, es decir, la “dispensación de la gracia”, es un “paréntesis”, lo cual incluye la obra expiatoria de Cristo.”

Puesto que estos asuntos son de interés general, decidí publicar aquí mi respuesta a aquel lector:

1. Me parece que Ud. considera las influencias únicamente en el plano doctrinal. Pero una infiltración se caracteriza por lo que es tanto doctrinal como PERSONAL y ORGANIZACIONAL. Mientras se trata solamente de una doctrina y nada más, entonces hay una libre competencia de ideas: cada uno es libre de pronunciarse a favor o en contra, y de usar los mejores argumentos que tiene a disposición. Existe también transparencia, porque cada uno se identifica abiertamente con la doctrina que representa.
– No es así con las formas de infiltración que he descrito en mis artículos. Estas infiltraciones tienen como aspecto adicional, que sus representantes entran a las iglesias con su PERSONA, pero ENCUBIERTAMENTE, para desviar y esclavizar la ORGANIZACIÓN entera. Por ejemplo, muchas denominaciones grandes hoy en día tienen líderes regionales y nacionales que predican contra el ecumenismo desde sus púlpitos, pero son personalmente colaboradores de organizaciones ecuménicas y trabajan detrás del escenario para ampliar la influencia de estas organizaciones en el mundo evangélico. (Algunos ejemplos están documentados en los artículos originales.) Como consecuencia, se extiende no solamente la doctrina falsa, pero se multiplican también los líderes que ACTÚAN CON FALSEDAD; y este es el aspecto más peligroso de la infiltración.

2. En cuanto al movimiento carismático extremo, le puedo asegurar que todavía existen DENOMINACIONES ENTERAS que denuncian estas corrientes como herejía. (Concretamente, casi todas que no son pentecostales o carismáticas; y también algunos de los pentecostales clásicos.) Por tanto, yo diría que en este campo todavía funciona la “libre competencia de las ideas”: El cristiano promedio tiene toda oportunidad de escuchar ambos lados del asunto, y así evaluándolo tiene la posibilidad de distinguir entre la verdad y el error. Incluso tiene la posibilidad de encontrar una iglesia que rechaza claramente esta corriente.

En esta área, todavía no he escuchado de líderes carismáticos que se hubieran infiltrado en una denominación no carismática con el propósito de arrastrar secretamente a la denominación entera detrás del movimiento carismático (como lo hacen los ecumenistas, los teólogos críticos y los agentes de cambio del “Nuevo Orden Mundial”). Por tanto, yo hablaría en este caso simplemente de una doctrina falsa, pero no de una infiltración.

3. En cuanto al dispensacionalismo, es probablemente una corriente más difundida en las iglesias actuales. Pero en este caso también, existen todavía algunas denominaciones enteras que no son dispensacionalistas, y algunos de sus líderes refutan abiertamente el dispensacionalismo. (Más notablemente los de tradición calvinista.) – Y según mi conocimiento, los dispensacionalistas tampoco tienen un propósito político de someter otras denominaciones a su corriente y de dominar personalmente sus organizaciones. Por tanto, en este caso yo tampoco hablaría de “infiltración”.

4. A diferencia de estas corrientes mencionadas, encontré que la teología de la Alta Crítica, el movimiento ecuménico, y los planes políticos de la “Nueva Era”, ya son aceptados generalmente en el mundo evangélico – incluso en aquellas denominaciones que con su declaración de fe oficial se oponen a estas corrientes. Lo que demuestra que en efecto hubo una infiltración encubierta: las iglesias practican una cosa muy distinta de la que confiesan y enseñan oficialmente. Por ejemplo, todavía no escuché de ningún líder evangélico importante que hubiera advertido públicamente contra las publicaciones de las Sociedades Bíblicas que difunden la Alta Crítica. No escuché de ningún líder evangélico aquí en el Perú que hubiera protestado públicamente contra la elección de ecumenistas a la Junta Directiva y la presidencia del CONEP (la Alianza Evangélica nacional en este país). No escuché de ninguno que se hubiera pronunicado públicamente en contra de los actuales (pongo énfasis en la palabra actuales) esfuerzos para establecer un gobierno mundial, ni en contra del control del estado sobre las iglesias, la educación y la salud (estas dos últimas áreas afectan también grandemente a la iglesia), ni en contra de los currículos escolares actuales que promueven todas estas ideas. O sea, dentro del liderazgo evangélico ya existe un consenso casi universal a favor de estas corrientes anticristianas. Pero nunca hubo una competencia libre de ideas, porque el cristiano promedio (y aun el pastor local promedio) nunca siquiera se enteró de qué se trata. Y aquellos que se enteraron, fueron silenciados por medio de una “disciplina eclesiástica” aplicada de manera abusiva, sin poder exponer abiertamente sus argumentos. Ahora simplemente resulta que si alguien se posiciona en contra de alguna de estas corrientes, se encuentra no solamente afuera de su propia iglesia: se encuentra afuera de la comunidad evangélica completa. En última consecuencia, esto significa que los altos liderazgos de las iglesias evangélicas, casi en su totalidad, ya han sido acondicionados para incorporarse al sistema político-religioso del anticristo en un futuro no muy lejano. Y esto sin que los miembros comunes, y aun muchos pastores locales, siquiera se hubieran enterado.

Es por eso que hablo aquí de infiltración.