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Apóstoles en la iglesia del Nuevo Testamento – Parte 1

20/07/2017

La palabra “apóstol” significa literalmente “comisionado”. Esta palabra se usa en el Nuevo Testamento para por lo menos tres grupos diferentes de personas:

a) Los doce apóstoles originales.
Este es el significado predominante de la palabra “apóstol”: Los doce discípulos que fueron escogidos explícitamente por Jesús “para que estuviesen con Él”, y para cumplir una función especial en la divulgación del evangelio y en el liderazgo de la iglesia (Mateo 10:1-4, Marcos 3:13-19, Lucas 6:12-16). Posteriormente se eligió además a Matías para sustituir a Judas quien había traicionado al Señor (Hechos 1:16-26). En aquella oportunidad se aclaró cuáles eran los requisitos para ser parte de ellos: Tenía que haber visto a Jesús resucitado, y tenía que haber estado con Jesús “empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue recibido arriba” (v.22).
Estos doce apóstoles tenían una autoridad incontestada en todas las iglesias. Su testimonio era la única fuente confiable de información acerca de lo que Jesús había hecho y enseñado. Por eso, durante los primeros cinco capítulos del libro de Hechos, ellos eran los únicos que se dedicaban al anuncio público del evangelio. Ellos formaban el núcleo de los ciento veinte que habían recibido inicialmente el Espíritu Santo en Pentecostés.
Con todo esto es obvio que nadie después de ellos podía ser “apóstol” en el mismo sentido como los doce. Su función apostólica es única en la historia entera, y es estrechamente relacionada con el ministerio de Jesús en la tierra.

b) Apóstoles en un sentido más amplio
Aparte de los doce y Pablo, hay algunas otras personas que son llamados “apóstoles”. Más notablemente Bernabé, del cual dice en Hechos 14:14: “Cuando lo escucharon los apóstoles Bernabé y Pablo …” – También en 1 Corintios 9:5-6, Pablo incluye a Bernabé con toda naturalidad entre los apóstoles.
En 1 Tesalonicenses 2:7 dice: “… aunque podríamos serles una carga como apóstoles de Cristo …” – Pablo está hablando en plural, o sea, la palabra “apóstoles” incluye a los otros remitentes de la carta, Silvano y Timoteo (1:1).
En Gálatas 1:19 se incluye a Jacobo el hermano del Señor entre los apóstoles. Este Jacobo no es idéntico con “Jacobo hijo de Zebedeo” ni con “Jacobo hijo de Alfeo” quienes eran de los doce; porque como hermano del Señor era “hijo de José”.
En Romanos 16:7 se menciona a “Andrónico y Junias (…) que son sobresalientes entre los apóstoles”.

Hubo entonces un número indefinido de siervos del Señor que también fueron llamados “comisionados” (apóstoles), aunque no eran de los doce. Podemos ver las siguientes diferencias entre ellos y los apóstoles originales:
– Los apóstoles en el sentido más amplio no cumplen necesariamente los requisitos de Hechos 1:21-22.
– Su servicio no abarca las iglesias de todos los lugares. Puede tener un alcance geográfico amplio (como en el caso de Bernabé o de Timoteo), o puede ser limitado a un solo lugar (Jacobo se quedó todo el tiempo en Jerusalén); pero de todos modos no es “universal”.
– En consecuencia, su enseñanza no es autoritativa como la enseñanza de los apóstoles originales; y no reciben la inspiración divina para contribuir a las Sagradas Escrituras. (Con la posible excepción de Bernabé, de quien algunos asumen que podría ser el autor de la carta a los Hebreos; pero no existe ningún testimonio histórico definitivo al respecto.)

c) “Comisionados” en otro sentido
En algunos pasajes del Nuevo Testamento que usan la palabra “comisionado” (apóstol), el significado es obviamente otro:
“….nuestros hermanos son comisionados de las asambleas …” (2 Corintios 8:23)
“Epafrodito, … vuestro comisionado y servidor de mi necesidad …” (Filipenses 2:25)
En estos casos se trata de hermanos que fueron comisionados por una iglesia (o varias iglesias) para transmitir una encomienda y/o un mensaje. Estos pasajes entonces no hablan del apostolado propiamente dicho.

Tenemos que entender que la función apostólica propiamente dicho significa ser comisionado por Dios mismo, no por algún agente humano. Un apóstol recibe su función no por encargo de algún otro líder, ni por encargo de una asamblea o iglesia. Otros agentes pueden en ciertas circunstancias confirmar su llamado apostólico, pero no pueden originarlo.

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Funciones de capacitación en la iglesia del Nuevo Testamento según Efesios 4:11

13/07/2017

Efesios 4:11 menciona cinco “dones” o “funciones” en un contexto particular: Los cinco sirven “para perfección de los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la madurez de la plenitud de Cristo; …” (Efesios 4:12-16)

Los mencionamos aquí aparte, porque el alcance de estas cinco funciones va más allá de la simple “edificación mutua” en las relaciones de “unos a otros”. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son responsables de capacitar a los otros miembros del cuerpo para que éstos puedan realizar un “ministerio” o “servicio” para la edificación del cuerpo. Por eso podríamos llamarlos “funciones de capacitación”.

El verso 11 dice literalmente: “Y él mismo dio a unos, apóstoles … (etc.)”. O sea, el “don” que Dios da a Su iglesia (v.8) no es “el apostolado”, sino el apóstol mismo como persona; no “la profecía”, sino el profeta mismo como persona; etc. Esto sugiere que este verso habla de personas que ejercen estas funciones a tiempo completo, como su ocupación u “oficio” principal. También indica que estas personas ya no son propiedad de sí mismos; están ahora a disposición de la iglesia para servirle como un “regalo” de Dios para ella. O sea, ¡su función no es dominar sobre la iglesia o gobernarla!

Deseo enfatizar una vez más que “Dios dio” estos dones. No está en el poder de los hombres, “colocar” a apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, o maestros. Nadie puede “elegir” a un apóstol, “ordenar” o “constituir” a un pastor (hablando de pastores en el sentido del Nuevo Testamento), “crear el oficio” de un evangelista, “encargar” a alguien con la función de maestro, etc. Tampoco puede alguien adquirir las capacidades correspondientes por medios humanos: Nadie se convierte en profeta o en pastor por “estudiar una carrera”, por “aprender del profeta fulano o del pastor zutano”, por graduarse de un “instituto bíblico” o “seminario teológico” o algo así. Las Escrituras son muy claras en que Dios es el único que puede “dar” una de estas funciones a alguien. La iglesia, o sea el pueblo de Dios, solamente puede reconocer si Dios ha dado a alguien una de estas funciones. Y si una congregación no reconoce a estas personas, y “ordena” o “constituye” en su lugar a otras personas para que cumplan funciones como estas, entonces la congregación se estropea espiritualmente.

Al estudiar las personas que en el Nuevo Testamento ejercieron alguna de estas funciones, encontramos en casi todos los casos que se trataba de “obreros itinerantes” que iban de iglesia en iglesia y abarcaban un amplio espacio geográfico. Podemos concluir que las personas que ejercían estas funciones a tiempo completo eran relativamente pocas, y que ellos no eran los líderes de las iglesias locales. (La gran mayoría de los ancianos locales deben haber tenido un oficio normal, y ejercieron sus funciones de ancianos en su tiempo libre.)

Muchas congregaciones actuales han remplazado estas cinco funciones por una sola, la de un “pastor” o “predicador” que intenta cumplir las cinco funciones juntas (y a veces todas las cinco tan solo con “predicar”…). Esto no está en el sentido de la palabra de Dios:
– Dios quiere que en el “cuerpo de Cristo” haya una diversidad de dones y funciones que se complementan mutuamente. Las reuniones de los cristianos no deben ser dominadas por una sola persona; y el liderazgo y “ministerio” de una iglesia no debe estar concentrado en una sola persona. Una sola persona no puede cumplir a cabalidad las cinco funciones. Cada siervo de Dios necesita el complemento de otros siervos que tienen los dones que él mismo no tiene.
– Cuando las reuniones consisten en una “prédica”, el predicador es el único que “ministra” activamente; todos los otros miembros del cuerpo están pasivos. Pero la finalidad de estas funciones es que todos los santos hagan “la obra del servicio”, y que sean capacitados o “perfeccionados” para hacerlo.

Así por ejemplo un evangelista es no solamente alguien que evangeliza. Aun más importante es que él capacite a los miembros y ancianos de las iglesias locales, con su ejemplo y con sus consejos, para que ellos mismos evangelicen. – De la misma manera, un pastor en el sentido del Efesios 4:11 no es alguien que “pastorea” (ni mucho menos “lidera”) una iglesia local. Es alguien que capacita a los miembros y ancianos de las iglesias locales, con su ejemplo y con sus consejos, para que ellos mismos se “pastoreen” unos a otros. – Un maestro no solamente enseña: capacita a los miembros y ancianos de las iglesias locales a estudiar y entender las Escrituras por sí mismos, para que puedan enseñarse unos a otros. – Y de manera similar podemos entender también la función de un apóstol y de un profeta como “capacitadores”.

Mencionamos estas funciones en el contexto de la iglesia como “familia de Dios”, porque hemos visto que en la iglesia del Nuevo Testamento, todo liderazgo es “familiar”. Las funciones de capacitación no son una excepción. La autoridad y la integridad de las personas que ejercen una de estas funciones, debe demostrarse primeramente en su propia familia; y después en la “familia de familias”, la comunión local de los cristianos.
Cuando alguien empieza a asumir responsabilidades mayores en la familia de Dios, el peligro es mayor que empiece a olvidar su responsabilidad más importante: su propia familia. Alguien que ejerce una de las funciones de capacitación, debe ser especialmente vigilante para no descuidar a su esposa y sus hijos. Si descuida a su familia, socava la base de su propia autoridad espiritual.

Cada siervo de Dios que cree ser llamado a ejercer una de estas funciones, debería hacerse las siguientes preguntas:
¿Cuál es realmente la función a la que Dios me ha llamado? ¿Soy un apóstol, profeta, evangelista, pastor, o maestro?
¿Quiénes son los siervos de Dios con otras funciones que Él quiere que yo colabore con ellos y que ellos complementen lo que me falta a mí?
¿Cómo puedo ejercer mi función de tal manera que los otros miembros del cuerpo sean capacitados para que ellos cumplan su función de edificarse unos a otros?

Por qué no funcionó… el programa de capacitación para maestros de Escuela Dominical

30/01/2010

En la web de “Hijos del Altísimo” añadí el siguiente comentario al material de capacitación para maestros de Escuela Dominical:

Desde hace varios años respondo a las personas que se interesan en la “Capacitación para maestros de Escuela Dominical” que sí, pueden usar este programa, pero está en necesidad urgente de revisión, y que lo haría cuando tenga tiempo para hacerlo. Hasta hoy, el tiempo no llegó y el material sigue sin revisar. Es que el trabajo que hago volvió a comenzar desde cero, y si el primer programa necesitó diez años para llegar a la madurez y ser utilizable, el segundo no necesitará menos … faltan todavía unos siete años por lo menos. Entonces, tengan paciencia, la versión revisada no llegará tan pronto.

Pero por lo menos pienso que estoy ahora en condiciones para poder responder a la pregunta: ¿Por qué el primer programa no funcionó, y por qué necesita ser revisado? – Describiré abiertamente mis experiencias, y deseo que cada persona interesada considere primero estos pensamientos, antes de usar este material.

La mayor parte del tiempo, yo juntaba a colaboradores de Escuela Dominical para enseñarles este material (o sea, el primer curso) y para observar las clases que enseñaban y darles sugerencias para mejorar. Al parecer, aprendían y estaban motivados. Pero para cuando llegaba el tiempo para enseñarles el segundo curso, o sea, medio año o un año más tarde, encontré siempre que la mayoría de los participantes ya no trabajaban en la Escuela Dominical. De vez en cuando tuve la oportunidad de hablar con algunos de ellos y preguntarles qué había pasado. La mayoría se había desanimado porque no recibieron ninguna clase de apoyo de parte del liderazgo de su iglesia: no había fondos para la Escuela Dominical, no se tomaban en cuenta las opiniones de los maestros, y algunos incluso dijeron que los líderes obstaculizaban directamente su trabajo. – Algunos otros habían sido trasladados por sus líderes a ministerios “más importantes” (grupo de alabanza, grupo de jóvenes, etc.), y entonces ya no tenían tiempo para enseñar a los niños.

Decidí entonces trabajar por el lado del liderazgo de las iglesias. Hice una encuesta en las iglesias de mi ciudad – con el resultado de que la mayoría de los pastores no financian ni capacitan a los maestros de Escuela Dominical, ni se comunican con ellos. Invité a los pastores de mi ciudad a un seminario sobre la responsabilidad del pastor en cuanto a los niños. Sorprendentemente, asistió un buen número de ellos. Los confronté con los resultados de la encuesta, y les mostré la importancia del ministerio con niños para el crecimiento de la iglesia. Esto parecía convencer por lo menos a algunos de ellos. Pero extrañamente, después de este seminario recibí considerablemente menos invitaciones de parte de las iglesias de la ciudad. No sé si esto era relacionado con lo que dije en el seminario, pero es el hecho.

Llegué a trabajar en otra zona y decidí asegurarme de la colaboración de los líderes desde el principio, antes de siquiera comenzar una capacitación. Así nacieron los requisitos que se mencionan en la introducción del Curso 1, y la “Carta abierta a los líderes de las iglesias”. Los líderes tenían que comprometerse con los requisitos, firmándolos antes de comenzar la capacitación. Así me aseguré de que los líderes y pastores tomaran interés desde el principio, y que asistieran por lo menos a la primera y la última reunión del curso, donde se hablaba de asuntos importantes relacionados con el liderazgo de la iglesia.

Desafortunadamente, muchos líderes no cumplían con estos requisitos. Con frecuencia recibí comunicaciones enojadas de pastores y ancianos: “¿Por qué nuestros maestros no han recibido constancia de su capacitación?” – Y cada vez tuve que decirles: “Es usted quien no ha cumplido. Usted no ha asistido a las reuniones con las que se comprometió con su firma. Por tanto, su iglesia no ha cumplido con los requisitos y no pueden recibir ninguna constancia.” – Otros líderes asistían, pero con mala gana y sin tomar interés, de manera que su asistencia no servía para nada.

Hoy entiendo mejor por qué esto no funcionó. Hubo dos problemas importantes:

1. Obligar a personas con requisitos, es aplicar la ley en vez del Evangelio. (Vea “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”, No.29-33.) Si un pastor o líder no está interesado en los niños de su congregación, no va a cambiar esta actitud solamente porque un capacitador lo obliga a asistir a una reunión. Estos pastores y líderes tienen un problema con la actitud de su corazón. Si fueran verdaderos siervos de Dios, entonces por sí mismos se interesarían en el bienestar de sus colaboradores y de los niños, y no hubiera necesidad de imponerles ningún requisito. Si no son siervos de Dios, entonces solamente un milagro de Dios puede convertirlos. Sí, lo digo directamente: Muchos pastores y líderes de iglesias no son siervos de Dios ni conocen a Dios. (Saben hablar mucho de El, pero no le conocen personalmente.) Solo por eso tuve que llegar al extremo de tener que hablarles con el lenguaje de la ley en vez del lenguaje del Evangelio. La ley es para los inconversos, y solamente una verdadera conversión podría cambiar el corazón de estos pastores y líderes.

2. Yo había acomodado mi programa de capacitación al sistema actual de las iglesias, que son controladas por un “pastor”, se organizan según denominaciones, y apartan a los niños en una Escuela Dominical. Nada de esto es bíblico. (Más sobre este tema en diversos artículos de la sección “Avivamiento y Reforma de la iglesia”.)
Algunos de estos puntos están mencionados en la Lección 3.5. “La iglesia y la unidad de la familia”. Pero casi nadie llega alguna vez a estudiar el Curso 3. Pienso que en una versión revisada, ésta será la primera y principal lección – mientras todos los requisitos y organigramas e “institucionalismos” se irían a la basura. ¡La enseñanza de los niños pertenece en primer lugar a los PADRES!
Mi pensamiento en el pasado era: Tengo que acomodar mi trabajo a la realidad de las iglesias tales como son ahora, y tratar de hacer lo mejor de ello. Pero llegué a entender que los principios de Dios NUNCA se pueden acomodar a un sistema o una organización que se ha apartado de principios bíblicos fundamentales.
En otras palabras: Nunca fue la intención de Dios que un “pastor” controle la enseñanza de niños en la iglesia. Por tanto, los intentos de trabajar con los pastores para mejorar la enseñanza de los niños, NO PUEDEN funcionar. – Nunca fue la intención de Dios que los niños sean educados en un lugar apartado llamado “Escuela Dominical”. Por tanto, los intentos de capacitar y organizar y mejorar las Escuelas Dominicales, NO PUEDEN funcionar.

Bueno, quizás pueden “funcionar” en el sentido de producir una “institución un poco mejor”, una que se vea buena hacia afuera, una que use métodos profesionales, una que crezca en números, etc. Pero no funcionan en el sentido de PRODUCIR FRUTO ESPIRITUAL. Para producir fruto espiritual tenemos que aplicar principios espirituales, y esto no funciona en organizaciones que desde un principio violan ciertos principios espirituales importantes.

Ahora, hablando de fruto espiritual, tengo que mencionar un punto más, y éste es aun más importante que todo lo que dije hasta ahora.

En el pasado no me interesé mucho en la evangelización. Por un lado, porque no es mi don particular, y por el otro lado, porque asumí que las iglesias ya estaban haciendo esto y que los miembros de las iglesias ya eran convertidos. ¡Cuán equivocado era yo! Tuve que presenciar un gran número de escándalos, delitos y hechos horrendos dentro de organizaciones evangélicas, hasta que por fin empecé a preguntarme si éstos eran realmente cristianos nacidos de nuevo. Y cuando empecé a preguntarlos – miembros de iglesias, maestros de Escuela Dominical, estudiantes de institutos bíblicos -, descubrí que solamente una pequeña minoría de ellos pudo testificar de un nacimiento espiritual. Solo una pequeña minoría de ellos pudo testificar de haber sido convencido alguno vez de su pecado (Juan 16:8), de haberse arrepentido y de haber recibido una vida nueva en Jesús. Sí, habían dicho su “oración de entrega” – pero obviamente sin experimentar el cambio sobrenatural que Dios obra en el corazón de una persona que se convierte de verdad.

¡Colaboradores inconversos no pueden hacer la obra de Dios!

Esta es la razón principal por qué las capacitaciones no funcionaban. En vez de “capacitar obreros”, yo debería haberlos evangelizado primero. No debería haber aceptado ciegamente el testimonio de ellos y de sus líderes, de que se habían “convertido”. Debía haberles hablado acerca del Nuevo Nacimiento como un Juan Wesley, quien dijo a los miembros de las iglesias evangélicas de su tiempo: “¡Ustedes – exactamente ustedes – necesitan nacer de nuevo!” Y después debía haberme limitado a trabajar con aquellos que mostraban evidencia de un nuevo nacimiento en sus vidas.
Pero, hoy como entonces, las iglesias no toleran esto. No permiten cuestionar la salvación de alguien que dijo correctamente su oración de entrega. Ni mucho menos de alguien que es “miembro bautizado” de una iglesia. Por esta razón también, el programa de capacitación no podía funcionar dentro de las iglesias existentes.

En el material actual, en la Lección 1.7. (“Evangelizar a los niños”) añadí una pequeña Nota de Edición, señalando el estudio aparte “El camino de la persona en quien Dios obra para salvación”. Pero este tema debería tratarse todavía con mucho más detalle y claridad, aun antes de empezar con cualquier “capacitación”.

Si Ud. pertenece a una de las iglesias institucionalizadas, tradicionales de estos tiempos, podrá ver esta capacitación como algo útil. La dejo todavía aquí en la web, en su forma no revisada. Pero si Ud. anhela ver verdaderos frutos espirituales, seguramente se dará cuenta de las limitaciones de este programa. Necesitaríamos iglesias fundamentadas en conversiones genuinas, y centradas en las familias (no en “pastores” ni en instituciones y organigramas); y entonces nos capacitaríamos como verdaderos padres de familias, ya no como “maestros de Escuela Dominical”. Pero con mi transfondo institucional, a mí mismo me falta todavía experiencia en este camino.