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La iglesia del Nuevo Testamento en Mateo 18 (Parte 3)

30/11/2015

La asamblea cristiana es el lugar donde se confronta y se corrige el pecado, y se hace justicia.

En la reflexión anterior hablamos acerca del consenso que se puede lograr cuando todos buscan sinceramente la dirección del Espíritu Santo. Con eso no quiero dar la impresión de que en la iglesia del Nuevo Testamento nunca sucedan pecados o conflictos. Pero la iglesia del Nuevo Testamento maneja estos pecados y conflictos de una manera bíblica. Exactamente de esto trata la primera parte de nuestro pasaje Mateo 18:15-20.

“Si tu hermano peca contra ti, anda, amonéstale entre tú y él solo. Si te escucha, ganaste a tu hermano” (v.15)

El primer paso consiste en que un pecado privado debe reprenderse en privado. Todavía no debe llevarse ante otras personas. Pero el Señor tampoco dice: “Perdónalo y olvídalo”, como se enseña falsamente en muchas congregaciones. No, el pecado necesariamente tiene que ser confrontado. La iglesia del Nuevo Testamento da los pasos apropiados para mantenerse pura del pecado. Así también dice en Efesios 5:11: “Y no participen con las obras infructuosas de la oscuridad, mas bien repréndanlas.”

Notemos que aquí en Mateo 18:15, el Señor se refiere a pecados privados. Un pecado público, desde el inicio debe reprenderse públicamente y ante testigos, como demuestra Pedro en Hechos 5:3-4 y 8:20-23, y Pablo en Gálatas 2:11-14.

Si el hermano ofensor no se arrepiente con la confrontación privada, hay que confrontarlo con uno o dos testigos más (Mateo 18:16). Y “si no los quiere escuchar, dilo a la iglesia (asamblea) …” (v.17)

Aquí tenemos que notar que “iglesia” significa “asamblea”. No significa “solamente los líderes”. Tenemos que enfatizar este punto porque algunas congregaciones afirman poner en práctica Mateo 18:15-17, pero lo que hacen en realidad es llevar a los ofensores (verdaderos y supuestos) ante los líderes de la congregación, quienes pasan una “sentencia” según su propio parecer. Este no es el significado de las palabras del Señor. Cuando un asunto se lleva a la “asamblea”, significa que con eso se hace público. Todo el pueblo de Dios tiene que saberlo; y si se lleva a cabo una especie de “juicio”, todo el pueblo de Dios tiene el derecho de presenciarlo, y de participar si fuera necesario. Con eso se evita que unos pocos líderes se erijan como jueces particulares, que a menudo son juez y parte a la vez, y pasan sentencia en privado sin que nadie les pueda pedir cuentas. Tales decisiones arbitrarias suceden con demasiada frecuencia en las congregaciones actuales. Justo para evitar eso, el Señor establece aquí un principio que se aplica incluso en la justicia secular (¡y cuánto más debería aplicarse en el pueblo de Dios!): que los procesos judiciales sean públicos. Aun más: la palabra “ekklesia” (iglesia/asamblea) significa originalmente “la asamblea de los ciudadanos con derecho a voz y voto”. Todo ciudadano del reino de Dios tiene voz y voto cuando se trata de confrontar y restaurar a un conciudadano que ha cometido pecado.

Lo mismo encontramos en Gálatas 6:1: “Hermanos, si alguien es sorprendido por alguna transgresión, ustedes los espirituales restáurenlo en un espíritu de mansedumbre; y fíjate en ti mismo, para que no también tú seas tentado.” Aquí también, el llamado a restaurar al hermano ofensor se dirige no solamente a unos cuantos líderes, sino a todos los que son espirituales.

Notemos que la finalidad de este proceso es restaurar al ofensor. No es para humillarlo, no es para desecharlo y condenarlo. Pero notemos también que la restauración puede suceder solamente si el ofensor se arrepiente. En Lucas 17:3 (paralela a Mateo 18:15) dice: “Cuando tu hermano peque contra ti, repréndelo; y cuando se arrepienta, perdónale.” Si un pecador no se arrepiente, ni siquiera después de haber sido expuesto y confrontado ante la asamblea, entonces el agraviado no tiene por qué perdonarle. “Y si tampoco quiere escuchar a la asamblea, te sea como un no judío y un cobrador de tributos.” (Mateo 18:17) A diferencia de lo que se enseña en muchas congregaciones actuales, el arrepentimiento es necesario para que pueda haber perdón, restauración y reconciliación.

Eso no debe parecernos cosa extraña, ya que lo mismo aplica a la relación con el Señor mismo. Solamente quienes se arrepienten de sus pecados, pueden entrar en una relación personal con el Señor y ser salvos. Éste fue el primer y el último mensaje que Jesucristo anunció durante Su ministerio en la tierra (Mateo 4:17, Lucas 24:47); y éste fue también el mensaje que anunciaron Sus apóstoles (Hechos 2:38, 3:26, 14:15, 26:18, etc.). Aunque el Señor dio Su vida por todas las personas, Su perdón alcanza solamente a aquel que se arrepiente.

Volviendo al tema de la “asamblea”: Desafortunadamente, éste es un punto casi imposible de realizar hoy en día, porque vivimos actualmente en una situación muy irregular en términos bíblicos: En la gran mayoría de los lugares, los cristianos se encuentran esparcidos entre varias denominaciones, y la mayoría de los miembros de esas denominaciones ni siquiera son cristianos según las normas bíblicas. Por eso, una asamblea de los miembros de una denominación no es de ninguna manera una asamblea del pueblo de Dios. Para tener nuevamente una “asamblea” en el sentido del Nuevo Testamento, todos los verdaderos cristianos tendrían que abandonar sus respectivas denominaciones, y tendrían que reunirse juntos con los verdaderos cristianos de las otras denominaciones.

Esta no es una idea tan descabellada o revolucionaria como podría parecer. De hecho, es lo que sucedió varias veces en la historia de la iglesia cuando hubo avivamiento. Si actualmente parece imposible, es porque estamos muy lejos de una situación de avivamiento, y las congregaciones actuales están muy lejos de ser “iglesias” en el sentido del Nuevo Testamento. Cuando hay avivamiento, el mismo Espíritu de Dios traza claramente las verdaderas líneas divisorias: No entre las distintas denominaciones; pero entre los cristianos verdaderos y los falsos en cada denominación. “Entonces volveréis a distinguir la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.” (Malaquías 3:18)

Pero aun en la presente situación irregular, opino que lo mínimo que podemos pedir es esto: Que los pecados y conflictos que no lleguen a arreglarse en una congregación o denominación, no se consideren “asuntos internos” de la denominación respectiva. Que estos casos – especialmente si involucran a líderes – se traten en “asamblea” ante hermanos que no pertenecen a la misma denominación, y que sepan discernir los asuntos de manera imparcial. Si una denominación no está dispuesta a que sus problemas se traten de esta manera, entonces podemos estar seguros de que allí no encontraremos la iglesia del Nuevo Testamento, sino un espíritu sectario.

La palabra “asamblea” sugiere también que allí no existen diferencias de rango o jerarquía. En nuestro pasaje en Mateo 18, en ninguna parte habla el Señor de alguna diferencia entre “líderes” y “seguidores”, o entre “clérigos” y “laicos”. En este tema de confrontar el pecado, no se hace acepción de personas. Para decirlo más claramente: Aun los hermanos más humildes pueden (¡y deben!) confrontar el pecado del “líder” más eminente, y aun llevarlo ante la “asamblea” si no se arrepiente. El pasaje Mateo 23:8-12 nos confirma que esto es efectivamente lo que el Señor quiere decir.

Lo que sí se distingue en la asamblea del pueblo de Dios, es la madurez espiritual o sabiduría de cada miembro. En 1 Corintios 6:5, Pablo llama la atención a la iglesia en Corinto porque “no hay ningún sabio entre ustedes que podría juzgar entre sus hermanos”. Cuando había pleitos, la iglesia en Corinto no era capaz de restablecer la justicia.

Tristemente, lo mismo tendríamos que decir de la mayoría de las congregaciones actuales. No se administra justicia; o si se hace, se hace de manera parcial, arbitraria, y pasando por alto incluso los principios fundamentales de la justicia secular: Se favorece a los “líderes” en contra de los “miembros comunes”; se pone como jueces a líderes que están involucrados en el pleito ellos mismos; se niega a los “procesados” el derecho a un debido proceso; no se toman en cuenta los testimonios a favor de ambos lados; no se investiga debidamente; se pasan sentencias arbitrarias y prejuiciadas; etc. Y en muchos lugares, eso se considera normal. Pero según la palabra de Dios, esta situación está lejos de lo normal. Una iglesia que no restablece la justicia, está cayendo ella misma bajo el juicio de Dios.

La iglesia del Nuevo Testamento en Mateo 18 (Parte 2)

21/11/2015

La asamblea cristiana actúa en consenso.

El Señor promete que los “dos o tres” reunidos en Su nombre, si “armonicen” para pedir cualquier cosa, lo recibirán de Su Padre. A primera vista, esto parece contradecir la experiencia: Muchas peticiones que se hacen en reuniones de oración “en mutuo acuerdo”, no se cumplen. Pero sabemos que el Señor no miente, y que El cumple todas Sus promesas. Entonces, algo debe estar mal con nuestra experiencia; o con nuestra forma de interpretar las palabras del Señor.

¿De verdad habrá querido decir el Señor que dos o tres cristianos podrían ponerse de acuerdo para pedir del Padre cualquier cosa – riquezas, fama, quizás hasta la muerte de sus enemigos -, y el Padre les daría todo eso? – No creo que eso sea consistente con el carácter del Señor. El no hizo promesas para alentar deseos egoístas en Sus discípulos. Y como ya mencioné, sabemos que en la experiencia real la promesa no se cumple de esta manera. Mas bien pienso que debemos entender las palabras “ponerse de acuerdo” o “armonizar” de otra manera.

La palabra griega original es “symfonéo”, “sonar juntos”. De allí se deriva nuestra palabra “sinfonía”. ¿Qué o quién hace que los instrumentos “suenen juntos”, armonicen, en una sinfonía? No es el instrumento que por sí solo tocaría o decidiría qué tocar. Tampoco es el músico individual quien decide. Ni siquiera se trata de un “acuerdo” entre algunos músicos individuales. Cada músico tiene delante de sí escrita la parte de la partitura que le corresponde tocar. Y la orquesta tiene un conductor quien señala a cada uno cuándo y cómo debe tocar. Entonces no se trata de que se junten unos músicos y decidan entre sí qué quieren tocar. Se trata de que toquen según la misma partitura, y según las señales del conductor.

Aplicando esta imagen a la iglesia: La partitura es la revelación escrita de Dios, y el conductor es el Señor mismo. Solamente si cada “músico” (cristiano) adhiere a la palabra escrita de Dios, y obedece las señales del Señor, resulta una “sinfonía”. Si cada uno sigue sus propios deseos, no hay sinfonía. Pero si alguno de los músicos quiere asumir el rol del conductor, ordenando a los demás cuándo y cómo deben tocar, tampoco hay sinfonía. El problema en muchas congregaciones y denominaciones contemporáneas es que sus líderes quieren conducir la orquesta, y se enseñorean de los demás. Así no se llega a la clase de “acuerdo” que el Señor describe aquí. El Señor habla en nuestro pasaje de un consenso espiritual que surge cuando cada miembro está en contacto con Dios, hace Su voluntad y sigue Su dirección. Donde esto se cumple, hay unanimidad, porque todos reconocerán juntos la voluntad de Dios.

Así, la iglesia del Nuevo Testamento es capaz de hacer decisiones por consenso espiritual. Este consenso no surge del dictado de un líder, ni de una votación por mayoría, ni de un “compromiso diplomático” entre distintas opiniones. Surge de la obediencia de cada miembro hacia la dirección de Dios. Cuando se llega a este consenso espiritual, todos los presentes reciben una gran certeza de que están en la voluntad de Dios. Por tanto, pueden también pedir al Padre con la certeza de que El responderá, porque saben que la petición es de acuerdo a Su voluntad. (Vea 1 Juan 5:14-15.) El capítulo Hechos 15 relata como la primera iglesia pudo resolver una disputa en armonía, porque todos se sometieron a la dirección del Espíritu Santo.

Muchas congregaciones contemporáneas ni siquiera se pueden imaginar lo que es este consenso, porque nunca lo experimentaron. Están acostumbradas a que todas las decisiones se hagan por medios humanos: Decisiones unilaterales de parte del liderazgo que se imponen bajo presión; o votaciones por mayoría; o interminables discusiones para “convencer” a los que se oponen y manipularlos para que al fin se pueda dar una ilusión de unanimidad. O incluso la manipulación mediante informaciones falsas, amenazas, promesas de ventajas financieras o puestos de honor, etc. Donde observamos estas cosas, podemos saber que ésta no es la iglesia del Nuevo Testamento.

La iglesia del Nuevo Testamento en Mateo 18

17/11/2015

Con este artículo estoy comenzando una serie de reflexiones acerca de la iglesia del Nuevo Testamento. Deseo señalar lo que dice la palabra de Dios, y algunas consecuencias y aplicaciones que resultan de ello para la situación actual. Existen muchas congregaciones que llevan el nombre de “iglesia”, pero pocas que verdaderamente dan prioridad a lo que dice la palabra de Dios. En una iglesia del Nuevo Testamento, la palabra del Señor vale más que las tradiciones de una denominación o de sus líderes.

Comenzaré con Mateo 18:15-20; uno de los muy pocos pasajes, donde el Señor Jesús mismo habla de la “iglesia”:

“Si tu hermano peca contra ti, anda, amonéstale entre tú y él solo. Si te escucha, ganaste a tu hermano. Y si no escucha, lleva contigo a uno o dos otros, para que ‘por la boca de dos o tres testigos sea confirmado todo asunto.’ Y si no los quiere escuchar, dilo a la asamblea (iglesia); y si tampoco quiere escuchar a la asamblea (iglesia), te sea como un no judío y un cobrador de tributos.
Ciertamente, les digo: Lo que ustedes atan sobre la tierra será atado en el cielo, y lo que ustedes sueltan sobre la tierra será soltado en el cielo. Otra vez les digo, ciertamente: Si dos de ustedes armonizan sobre la tierra acerca de todo asunto que pidan, les sucederá de parte de mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos hacia mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

En este pasaje encontramos unos criterios acerca de la iglesia del Nuevo Testamento. Los podemos ver en una luz más clara cuando enumeramos los dichos esenciales del Señor en este pasaje, y los comparamos con lo que el Señor no dijo.

“Dos o tres” son suficientes para constituir “iglesia”.

O sea, para ser iglesia no es necesario constituirse como una institución, ni tener un liderazgo formal, ni tener un número mínimo de miembros. El Señor no menciona nada de esto; eso no tiene que ver si queremos distinguir si un grupo determinado de personas es una iglesia en el sentido del Nuevo Testamento. “Dos o tres reunidos” son suficientes.
Sin embargo, si en una ciudad hay otros cristianos verdaderos aparte de estos “dos o tres”, entonces tenemos que preguntar acerca de su relación con ellos. De esta pregunta nos ocuparemos en otra oportunidad, Dios mediante.

Con tal que sea en el nombre del Señor.

Este punto, por el otro lado, sí es esencial. Para que un grupo o una reunión sea “iglesia” en el sentido del Nuevo Testamento, su reunión tiene que ser en el nombre del Señor Jesucristo. Esto significa, en particular, que un grupo que se reúne en su propio nombre, no es iglesia del Nuevo Testamento. Existe un sinnúmero de grupos, instituciones y congregaciones que declaran ser “iglesia”, pero se reúnen en el nombre de su propia organización. Quizás declaran en sus reuniones que la reunión es “en el nombre de Jesucristo”; pero en su práctica demuestran que dan mayor importancia a su propia organización: Trabajan, enseñan y evangelizan para ganar a más miembros para su propia organización. Cuando uno los pregunta: “¿A qué iglesia perteneces?”, se identifican con el nombre de su propia organización. Y por lo general no admiten corrección de parte de un cristiano que no lleva el nombre de su misma organización. Esto puede suceder desde las instituciones más poderosas (como p.ej. la iglesia católica romana), hasta los grupitos independientes más pequeños. Donde se observan estos indicios, no se cumple un criterio importante de la iglesia del Nuevo Testamento.

Este no es asunto de un “rótulo exterior”. Existen grupos que se llaman “Iglesia de Jesucristo”, pero al conocerlos de cerca, uno se da cuenta de que con este nombre se refieren exclusivamente a su propia organización. Es la actitud que decide si un grupo se reúne en el nombre de Cristo, no el rótulo exterior.

Es significativo que prácticamente todos los verdaderos avivamientos espirituales en la historia de la iglesia comenzaron sin nombre propio y sin pretensiones denominacionales. Fue solamente su entorno – y mayormente sus enemigos – quienes les pusieron sobrenombres como “anabaptistas”, “cuáqueros”, “metodistas”, “pentecostales”, etc. En algún momento posterior, estos grupos de cristianos avivados comenzaron a aceptar estos sobrenombres como suyos, y a identificarse con estos nombres. Y normalmente esto señalaba el fin del avivamiento y el comienzo de la apostasía, al querer ser “como todas las otras naciones (denominaciones)”.

Una dificultad que tenemos para entender esto aquí en América Latina, es que muy pocas de las denominaciones existentes aquí han surgido de un avivamiento espiritual genuino. Casi todas las denominaciones aquí tienen sus raíces en congregaciones fundadas por misioneros extranjeros, enviados por congregaciones que a su vez ya se encontraban en la etapa del denominacionalismo, donde ya estaban brotando las semillas de la corrupción y de la apostasía. Así, los misioneros metodistas fundaron congregaciones metodistas, los misioneros bautistas fundaron congregaciones bautistas, los misioneros pentecostales fundaron congregaciones pentecostales, etc. – todas según el modelo de congregaciones en su país de origen que ya habían perdido su fuego de avivamiento inicial, y estaban comenzando a estancarse en sus propias tradiciones denominacionales. Importaron sus divisiones denominacionales, y sus formalismos eclesiásticos.

Esta espiritualidad importada y ya medio estancada, no tuvo el poder de cambiar la mentalidad esencialmente católica-romana de sus convertidos: una mentalidad sacerdotalista que busca acercarse a Dios mediante un “hombre especial” (el sacerdote o pastor) y mediante ritos exteriores colectivos y formalistas, pero que no busca relacionarse personalmente con Dios, ni examina su propia vida a la luz de Su palabra, ni asume responsabilidad espiritual por su propia familia y hogar. Por tanto, las iglesias evangélicas latinoamericanas siguen teniendo en el fondo una mentalidad católica. Esto significa que grandes partes de América Latina nunca en su historia vieron una manifestación real de la iglesia del Nuevo Testamento – a diferencia de regiones de avivamientos presentes o pasados como Corea, China, Norteamérica, grandes partes de Europa, y otras.

Esto presenta una dificultad mayor para entender los relatos bíblicos correspondientes. Sin embargo, “viviente y eficaz es la palabra de Dios, y más cortante que toda espada de dos filos, y penetra hasta partir alma y espíritu, articulaciones y tuétanos; y es capaz de juzgar reflexiones y pensamientos del corazón.” (Hebreos 4:12) Esta palabra “viviente y eficaz” (inclusive sus descripciones de la iglesia cristiana) puede ser experimentada por cada uno que esté dispuesto a dejar de un lado sus tradiciones denominacionales cuando lee la Biblia, y que busque a Dios sinceramente para ser enseñado por Su Espíritu Santo.

Sobre avivamiento (95 tesis Parte 10)

02/06/2009

Este es el final de las “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”.
84. Un avivamiento consiste en un regreso de la iglesia hacia su estado original, como fue diseñado por Dios y está descrito en el libro de Hechos y las cartas de los apóstoles.
85. Un avivamiento es obrado por Dios, no por los hombres. A los hombres (incluido los líderes más influyentes) nos corresponde someternos al mover de Dios, no mandarle como El debe moverse.

86. Un avivamiento empieza con un arrepentimiento profundo dentro de la iglesia.
Avivamiento sucede cuando la iglesia se da cuenta de cuán lejos ha caído en comparación con la primera iglesia, y se arrepiente de su apostasía, y cuando primero los miembros de las iglesias se convierten de verdad y nacen de nuevo.

87. Los avivamientos históricos resultaron generalmente en reuniones grandes y emocionantes, conversiones de grandes multitudes, y una transformación de la sociedad entera. Sin embargo, todo esto son solo frutos posteriores de un avivamiento, pero no son su esencia. Su esencia es el arrepentimiento dentro de la iglesia, y el regreso de la iglesia hacia el estado primero como Dios lo diseñó.

88. Las iglesias evangélicas hoy, en general, o no buscan avivamiento en absoluto, o tienen un concepto errado de ello.
Muchos confunden “avivamiento” con sucesos externos, con eventos organizados, con planes de crecimiento de iglesias, con un estilo particular de alabanza, etc. – mientras nada de esto tiene que ver con un verdadero avivamiento. Aun más errados están aquellos que creen que un avivamiento se conformará a los moldes y las tradiciones de su propia denominación particular.
Por tanto, estas iglesias están en un peligro muy grande de seguir tras un “avivamiento” falsificado, cuando este se presente.

89. Cada iglesia (entendida como organización humana) tiene la tendencia natural de enfriarse espiritualmente hasta apostatar de la fe. Las iglesias evangélicas hoy, en general, ya han avanzado peligrosamente en este camino del enfriamiento. Solo un avivamiento puede contrarrestar esta tendencia.

90. Las iglesias evangélicas de hoy, en general, se encuentran en un tal proceso de apostasía.
El proceso de apostasía como se observó en Europa después de pasar los efectos de la Reforma, sucede ahora en Perú en una forma paralela.
Sus pasos se pueden describir de esta manera:

  • Ortodoxia muerta. Las iglesias tienen todavía la doctrina correcta, pero ya no tienen una verdadera experiencia con Dios; solo siguen rituales externos y caen en el tradicionalismo.
  • Se cree que “los hijos de los cristianos ya son cristianos también”. Ellos son socializados en un ambiente cristiano y acondicionados a comportarse como cristianos, pero no son convertidos. (En esta etapa se encuentran actualmente muchas iglesias evangélicas en Perú.)
  • Puesto que falta la conversión verdadera, la fe no tiene efectos prácticos en la vida; entonces “niegan la eficacia de ella” (2 Tim.3:5).
  • Paralelamente entra la teología crítica, que enseña que la Biblia puede contener errores y que sus verdades son solo relativas. (Esto también empieza a suceder en el Perú, bajo el nombre de “ciencias bíblicas”.)
  • Se enseña el universalismo (todos serán salvos), o que la salvación no importa o no es necesaria (secularismo); ya no se enseña la conversión.
  • Se prohíbe enseñar la conversión; cualquiera que predica bíblicamente sobre conversión y nuevo nacimiento, es considerado hereje. (Esta es la situación actual de la mayoría de las iglesias reformadas en Europa, y del Consejo Mundial de Iglesias (Consejo Ecuménico). Las iglesias del Perú llegarán a la misma situación si Dios no nos concede un avivamiento.)

91. Los avivamientos históricos comenzaron en tiempos de “sequía espiritual”, cuando algunos cristianos verdaderos se juntaban para implorar desesperadamente a Dios por un avivamiento.

92. La tragedia de la iglesia evangélica de hoy consiste en que actualmente sufre de una tal sequía espiritual, pero no está consciente de ello, ni se arrepiente, ni clama por avivamiento (Apoc.3:1-2, 3:17-20).

93. Los avivamientos históricos comenzaron con grupos “avivados” dentro de las iglesias existentes; pero casi siempre fueron rechazados por las iglesias existentes, lo que llevó a conflictos y a la separación.
– Alguno ejemplos:

  • Lutero intentó reformar la iglesia católica, pero fue excomulgado y se vio obligado a establecer una iglesia separada.
  • Los anabaptistas desearon una reforma más radical, pero fueron perseguidos por los mismos reformadores y se vieron obligados a separarse de ellos.
  • John Wesley fue ministro ordenado de la iglesia anglicana (una iglesia de la Reforma) y comenzó el movimiento metodista dentro de esa iglesia. Pero la iglesia rechazó sus métodos, y los metodistas tuvieron que establecerse como una iglesia separada.
  • William Booth fue un predicador metodista quien tenía una carga muy fuerte por alcanzar a los pobres y marginados. Pero su iglesia le negó el apoyo, y él tuvo que fundar un movimiento nuevo, el Ejército de Salvación.

94. Las iglesias evangélicas de hoy, en general, están en el peligro muy grande de ser ciegos frente a un avivamiento genuino cuando se presente, y de rechazarlo porque no se ajustará a sus moldes denominacionales. Los protagonistas de un avivamiento venidero tendrán que contar con sufrir rechazo y hasta persecución de parte de los líderes de las iglesias evangélicas actualmente existentes.

95. El juicio de Dios comienza por su iglesia (1 Pedro 4:17).
En la situación actual, analizándola desde las Escrituras, tenemos que concluir que el juicio de Dios sobre la iglesia es inminente. Por el otro lado, Dios no quiere la muerte del impío (Ez.33:11); El quiere arrepentimiento y avivamiento. Pero todo depende de cómo responderemos nosotros, la iglesia, al llamado de Dios.


CONCLUSIÓN

Si estas observaciones son ciertas, entonces las iglesias evangélicas de hoy se encuentran a una distancia de miles de kilómetros de la iglesia primitiva. ¿Debemos simplemente conformarnos con esta situación y decir: “Así son los tiempos, y no podemos cambiarlo”? Mi respuesta es: ¡¡DE NINGUNA MANERA!!

“Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese…” (Ez.22:30)

“Y llamó Jehová al varón vestido de lino, que tenía a su cintura el tintero de escribano, y le dijo Jehová: Pasa por en medio de la ciudad, por en medio de Jerusalén, y ponles una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella. Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. – Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo…” (Ez.9:3-6)

¿Me permites hablarte directamente por unos momentos, hermano, hermana, que estás leyendo esto? La situación es más seria de lo que piensas. ¿Eres tú la persona que se pondrá en la brecha delante de Dios? ¿Estás tú entre los que “gimen y claman a causa de todas las abominaciones que se hacen”, para que Dios pueda poner Su señal en tu frente, y que seas librado de Su juicio? ¿Hay en tu corazón un clamor y un anhelo por una iglesia pura, limpia, una novia digna de su Señor? – Si Dios ha abierto tus ojos para ver el estado de la iglesia, no demores más. Levántate y clama al Señor por misericordia y avivamiento. Júntate con otros hermanos que tengan el mismo sentir. “…Todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra.” (Is.62:6-7)

El crecimiento que no fue avivamiento

21/05/2009

Este es uno de los artículos que publiqué como “Editorial” en mi sitio web y decidí ahora moverlos a este blog. Este artículo fue publicado originalmente en junio de 2007.

Durante las últimas dos décadas, las iglesias evangélicas en el Perú han crecido considerablemente. Se habla ahora de 15 a 20% de evangélicos en el Perú. Entonces, ¿el Perú ha tenido avivamiento?

Me alegraría si fuera así. Pero tristemente, habiendo observado un buen número de iglesias desde cerca, tengo que decir que es todo lo contrario. Lo que sucedió, se puede describir mejor con esta cita que no recuerdo quien lo dijo primero:
“La iglesia cristiana se ha extendido considerablemente. Ahora tiene mil millas de ancho, pero solamente media pulgada de profundidad.”

El que muchas personas se llamen ahora “evangélicos” en vez de “católicos”, todavía no dice nada acerca del estado de sus corazones. Si tuviéramos realmente 15 a 20% de cristianos nacidos de nuevo en el Perú, ¡este país se vería muy diferente!

Cuando miro alrededor, no veo mucha influencia cristiana – con la excepción de los letreros de “iglesias” en la calle, y de vez en cuando la voz de un predicador o cantante evangélico en la radio. Pero no veo que los noticieros estén reportando los grandes hechos de Dios. No veo que las telenovelas se hayan vuelto menos inmorales. No veo que la política se haya vuelto más limpia – a pesar de que ahora existe un partido político que se llama “evangélico” cuando le conviene, pero no ha dado buen testimonio hasta la fecha. No veo que la gente se haya vuelto más honesta o más generosa o más cumplida. Y no se nota ninguna diferencia en este respecto, entre los evangélicos y los demás. Paralelamente con este crecimiento de los evangélicos, la corrupción y la delincuencia siguen en aumento.

Comparemos esto con lo que sucedió, por ejemplo, en el avivamiento en Gales en 1904/1905. Muchos jueces y policías se quedaron sin trabajo, porque ya no hubo delincuencia. Muchos bares cerraron porque ya no hubo alcoholismo. Los diarios estaban llenos de noticias acerca del obrar de Dios en el avivamiento. Aun los caballos en las minas sintieron el cambio, porque los mineros los trataron con dulzura y comprensión, ya no con groserías y golpes. La gente había cambiado de corazón, no solamente de religión. ¡Qué contraste con lo que está pasando aquí en el Perú!

De allí tenemos que sacar una conclusión importante: Crecimiento numérico no es avivamiento. El crecimiento numérico puede incluso esconder la ausencia de avivamiento.

En un verdadero avivamiento, se eleva el estándar de santidad, y se requiere un cambio más radical de aquellos que se convierten.
Pero en el crecimiento actual, la mayoría de los nuevos “convertidos” son ganados por una prédica de “gracia barata” y nunca se arrepintieron de verdad.

En un verdadero avivamiento, los predicadores y los cristianos se vuelven valientes para confrontar la inmoralidad en la sociedad, en sus propias vidas, y aun dentro de las iglesias. Se acentúa la diferencia entre los verdaderos cristianos y el mundo no convertido.
Pero en el crecimiento actual, la iglesia se está adaptando al mundo, está buscando favores del gobierno, y la gente cambia de religión más fácilmente porque se ha vuelto “aceptable” ser evangélico.

En un verdadero avivamiento, los cristianos vuelven a valorar la Palabra de Dios como guía, fundamento y autoridad para su vida.
Pero en el crecimiento actual, se da más y más lugar a la teología liberal que desprestigia la Palabra de Dios.

En un verdadero avivamiento, se resalta la obra de Dios que cambia las vidas.
Pero en el crecimiento actual, se resaltan los programas, métodos y eventos exteriores, hechos por hombres.

Las mismas iglesias tan crecidas e hinchadas últimamente, son las que más necesitan un verdadero avivamiento ellas mismas.

Sigue siendo muy necesario, aclarar en qué consiste un verdadero avivamiento. Con toda seguridad, el crecimiento actual NO es avivamiento.

De vuelta a la misma apostasía

21/05/2009

Este es uno de los artículos que publiqué como “Editorial” en mi sitio web y decidí ahora moverlos a este blog. Este artículo fue publicado originalmente en enero de 2009.

Muy estimado amigo o enemigo,

seguramente has leído alguna vez un cuento donde alguien perdió el camino en la niebla, y después de caminar algunas horas se encontró de vuelta en el lugar donde empezó. ¿O quizás te pasó a ti mismo alguna vez?
Esta situación me viene a la mente cuando observo la situación de las iglesias evangélicas, y mi propia historia con ellas. Solamente que me tomó más de veinte años para completar la vuelta…

En mi país de origen yo pertenecía a la iglesia reformada, que es allí una iglesia estatal al igual como lo es la iglesia católica en la mayoría de los países de habla hispana. Pero cuando Jesucristo vino a mi vida y me dio una vida nueva, yo dejé la iglesia reformada, porque me di cuenta de que no había vida espritual allí. Las iglesias eran algo como clubes sociales donde la gente se reunía para toda clase de pasatiempos, o para escuchar una charla política, sociológica o psicológica. Aunque se usaba la Biblia, no se hablaba de cómo vivir con Jesucristo.
Aquellos pocos pastores que todavía predicaban bíblicamente acerca de la conversión y el nuevo nacimiento, corrían el riesgo constante de perder su pastorado. Fueron etiquetados de “fundamentalistas”, y entonces fueron tratados como si fueran Bin Laden en persona.
La mayoría de los pastores enseñaba que la Biblia era como cualquier otro libro antiguo, lleno de errores y supersticiones. En los últimos años antes de mi salida, esas iglesias ofrecían incluso prácticas paganas.

Aquí dos ejemplos más, adonde están yendo estas iglesias:
– La iglesia luterana publicó en 1999 una “Declaración Conjunta” con la iglesia católica romana, declarando que ya no existen diferencias doctrinales importantes entre estas dos iglesias. La iglesia católica no cambió su posición en nada; entonces son los luteranos quienes están caminando de regreso a Roma.
– La iglesia anglicana en Estados Unidos actualmente se está dividiendo sobre el asunto de la ordenación de obispos que son homosexuales activos.

Entonces empecé a involucrarme en las iglesias evangélicas, porque allí se hablaba todavía de la conversión y se creía que la Biblia es inspirada por Dios – por lo menos así lo decían sus declaraciones de fe oficiales. Pero durante mi vuelta por estas iglesias, tuve que constatar que en la práctica, estas hermosas declaraciones de fe son pedazos de papel sin valor alguno. Los líderes importantes están dispuestos tanto a afirmar como a negar sus principios de fe, según les conviene. Esto es aun peor que la apostasía abierta: es la táctica del camaleón que cambia su color según el ambiente donde se encuentra. No es una oposición directa contra los principios de la fe, pero es una “fe” sin principios en absoluto.

(more…)

La necesidad de reforma y avivamiento

21/05/2009

Este es uno de los artículos que publiqué como “Editorial” en mi sitio web y decidí ahora moverlos a este blog. Este artículo fue publicado originalmente en enero de 2007.

Durante los últimos meses han aumentado considerablemente en mi sitio web los artículos relacionados con Reforma de la iglesia y Avivamiento. ¿Significa esto que estamos abandonando el enfoque hacia el ministerio con niños? – De ninguna manera. La mayor parte de nuestra obra práctica sigue relacionada con niños y adolescentes. Pero hay una pregunta importante que me está inquietando cada vez más:
¿Para qué sirve ayudar que los niños se salven, si después vuelven a perderse por culpa de la misma iglesia a la que asisten?

Estoy hablando desde la triste experiencia con cerca de cien iglesias evangélicas que llegué a conocer durante mis años de ministerio. La mayoría de estas iglesias no son ninguna ayuda, sino un tropiezo para nuevos convertidos; y mucho más todavía cuando se trata de niños. Por tanto, si queremos que los niños sigan a Cristo, las iglesias enteras tendrán que cambiar de manera radical. De otra manera, solo tendremos un montón de niños “iglesianizados”, pero no cristianos verdaderos.

El hecho más chocante que encontré (y que me fue confirmado por varios líderes), es que las iglesias evangélicas ya no son conformadas por cristianos nacidos de nuevo en su mayoría. (Un líder, por ejemplo, estimó que entre los miembros de las iglesias en las que él sirve, no más de 10 a 15% realmente han nacido de nuevo.) Se lo hemos hecho demasiado fácil a los paganos, llamarse “cristianos” y hacerse “miembros de una iglesia”, sin arrepentirse del pecado y sin nacer de nuevo.

¿Cómo podemos volver a ser una iglesia realmente cristiana, bíblica? – Estos son los asuntos que se tratan, desde diferentes ángulos, en la sección “Avivamiento y Reforma de la iglesia”. Cada obrero cristiano, que esté interesado en un desarrollo espiritual sano, debe estar al tanto de estos asuntos.

Otro asunto que afecta especialmente la obra con los niños, son los métodos educativos y las filosofías educativas de este mundo, que se vuelven cada vez más anti-cristianos. Los niños están expuestos a estas influencias durante muchas horas en las escuelas, sin que sus padres o los líderes cristianos se den cuenta de lo que sucede. Aun peor: muchas iglesias están siguiendo la corriente del mundo, introduciendo el humanismo anti-cristiano en la iglesia misma.
También en estos asuntos, el obrero cristiano debe estar informado y discernir claramente. De esto tratan los estudios sobre “¡Infiltración!”, “Cosmovisión cristiana”, y otros relacionados.

Que el Señor le ayude a discernir, y a mantenerse claramente en Su camino, aun en medio de las confusiones de estos últimos tiempos.


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