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Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 5

17/06/2017

El rol de los ancianos en las reuniones

Cuando la familia de Dios está reunida, “cada uno tiene …” (1 Corintios 14:26). No puede entonces ser el rol de los ancianos, dominar estas reuniones hablando ellos todo el tiempo. Más importante es animar y ayudar a todos los hermanos a participar con los dones que Dios les ha dado. El rol de los ancianos sería entonces más el de “facilitadores” o “moderadores”. Con sabiduría tienen que saber frenar a los que quieren hablar demasiado o controlar el curso de la reunión; tienen que velar por que se haga todo “decorosamente y en orden” (1 Corintios 14:40); tienen que examinar lo que se dice (lo que a veces puede significar dar alguna corrección); y – eso se olvida a menudo – tienen que animar y ayudar a los muy callados a que ellos también participen. – Por supuesto que en los momentos apropiados, los ancianos participarán también con una palabra de enseñanza, una palabra profética, una palabra de ánimo, o lo que sean sus dones particulares.

La mayoría de las funciones de los ancianos se sobreponen con las funciones que ejercen también todos los miembros. Por ejemplo el enseñar, examinar, o amonestar no son funciones exclusivas de los ancianos. Los miembros deben “enseñarse y amonestarse unos a otros en toda sabiduría” (Colosenses 3:16). La instrucción de “examinar todo” se dirige a la iglesia entera (1 Tesalonicenses 5:21). Los miembros deben “cuidarse” unos a otros (Hebreos 12:15). Aun el “juzgar” es en cierta medida una tarea de la iglesia entera (1 Corintios 5:12, 6:2-3). Pero en todas estas funciones, los ancianos tomarán la delantera y lo harán con mayor sabiduría y autoridad.

Hospitalidad

Los ancianos deben también ser “hospitables” (1 Timoteo 3:2, Tito 1:8). La hospitalidad es un aspecto de las funciones de “unos a otros” que corresponde a todos los miembros de la familia de Dios (1 Pedro 4:9); pero como en todos los aspectos de la vida cristiana, también en éste los ancianos deben ir adelante. De varias maneras, la hospitalidad es importante para el buen funcionamiento de la comunión cristiana:

– Abriendo su hogar para las comidas compartidas de la familia de Dios, y la comunión cristiana en general.
– Apoyando a hermanos necesitados.
– Alojando a los siervos itinerantes de Dios.

Diversidad en las funciones de los ancianos

Hemos mencionado diversas funciones de los ancianos: Pastorear, “cuidar” o “supervisar”, enseñar, corregir o amonestar, etc. Pero así como hay una diversidad de dones y funciones en el cuerpo de Cristo en general, así hay también una diversidad de dones y funciones entre los ancianos. Por ejemplo, Pablo dice: “Los ancianos que son buenos líderes sean valorados de doble estima, sobre todo los que trabajan duro en la palabra y en la enseñanza.” (1 Timoteo 5:17.) Esto implica obviamente que no todos los ancianos enseñan. De la misma manera, no todos los ancianos pastorean. Por el otro lado, algunos ancianos seguramente tendrán dones que no hemos mencionado en este capítulo: evangelizar; profetizar; administrar; etc. En el marco pequeño de la comunión cristiana local, los ancianos ejercen las mismas funciones de capacitación que los siervos itinerantes ejercen en un marco más grande.

Justo por esta diversidad de los dones y funciones, es necesario que haya varios ancianos en una iglesia local. Así se complementan unos a otros; y juntos ejercen todas las funciones propias del ancianato.

Por eso no encontramos en el Nuevo Testamento ningún catálogo fijo de “responsabilidades” o “funciones” de un anciano. No es la intención de Dios, hacer encajar a todos los ancianos en un mismo molde. Esta serie de artículos tampoco debe entenderse en este sentido. Hemos enumerado algunos puntos que pueden ser aspectos del servicio de un anciano; y hemos señalado que estos aspectos no constituyen “cargos” aislados. (Por ejemplo, en el Nuevo Testamento no existen los cargos específicos de “obispo” o de “pastor” en la iglesia local). Pero cada anciano tiene su llamado específico y sus dones específicos asignados por Dios, y servirá de acuerdo a este su llamado y sus dones, y en equipo con los otros ancianos de su ciudad.

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Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 4

30/05/2017

Enseñanza

Según 1 Timoteo 3:2, los “cuidadores” (ancianos) deben ser “didácticos”, o sea capaces de enseñar. Y en Tito 1:9 dice: “… y debe retener firmemente la palabra confiable según la enseñanza, para que sea capaz también de animar con la enseñanza sana, …” La “enseñanza sana” es entonces la que es conforme a la palabra de Dios. “Retener firmemente” significa no solamente tener conocimientos de la palabra de Dios. Más que todo, un anciano en la iglesia debe estar sometido a la palabra de Dios como su autoridad máxima, tanto en lo que enseña como en su manera de vivir. Esto significa que un anciano debe ser una persona de suma integridad, porque su vida debe estar de acuerdo con lo que enseña.

Aunque un anciano normalmente no es un “maestro” en el sentido propio de la palabra, se espera de él que su enseñanza sea espiritual y no solamente intelectual.

Por el otro lado, no todos los ancianos enseñan; y aun los que lo hacen, no deben dominar las reuniones de los cristianos con sus enseñanzas, para no impedir que los otros miembros también participen con sus dones respectivos. No olvidemos que Dios ha dado Su Espíritu Santo a todos Sus hijos, de manera que todos son capaces de entender Su palabra y de ser enseñados por Él directamente. “Y la unción que ustedes recibieron de él, permanece en ustedes, y no tienen necesidad de que alguien les enseñe, sino como la unción misma les enseña acerca de todo … ” (1 Juan 2:27) Entonces, en una comunión de verdaderos cristianos, la necesidad de enseñanza no es tan grande como la práctica de las congregaciones tradicionales nos hace creer. Que los ancianos limiten entonces su enseñanza a aquellos puntos esenciales que son importantes, los que los otros miembros no pueden fácilmente entender o descubrir ellos mismos, y de los cuales Dios dio un entendimiento especial a los ancianos y por tanto también una autoridad especial para enseñarlos. Podemos suponer que a cada anciano Dios le dio entendimiento especial de ciertos puntos en particular; ésos son entonces los que el anciano respectivo debe enseñar.

Tampoco debemos pensar que “las reuniones” sean el lugar exclusivo para la enseñanza de los ancianos. Ya hemos visto que los primeros cristianos normalmente no se reunían para “escuchar enseñanzas”. La enseñanza de los ancianos tendrá lugar mucho más en las conversaciones personales, al aconsejar, al resolver situaciones prácticas, etc.
Aun Pablo, siendo apóstol y hablando a veces a grandes reuniones, raras veces enseñaba “exponiendo”. Con mucho más frecuencia dice que él “dialogaba” con los discípulos. (Así p.ej. en Hechos 17:17, 19:8-9, 20:7-9, y varios otros pasajes, según el texto original.)

¿Y qué del llamado a “predicar”? – Ésta es otra de las palabras “tradicionales” que dificultan nuestro entendimiento de la Biblia. La palabra griega original es “kaerysso”, que significa cumplir la tarea de un heraldo. En los tiempos antiguos, los heraldos eran los anunciadores oficiales del rey o del gobierno. Cuando el rey promulgaba algún decreto o alguna ley, entonces enviaba a los heraldos a anunciarlo en las plazas públicas. Los heraldos, por supuesto, no podían inventar ningún contenido por su propia cuenta. Ellos tenían que anunciar literalmente lo que el rey les encargaba, sin aumentar ni quitar nada. Eso no tiene ninguna relación con lo que las congregaciones actuales entienden con una “prédica”.
En el Nuevo Testamento, esta palabra “heraldear” se usa exclusivamente para el anuncio público del evangelio a “los de afuera”, o sea, a los que todavía no son seguidores de Jesús. Eso fue particularmente la tarea de los apóstoles y de los evangelistas. Ellos son los “heraldos” encargados específicamente por el Rey para anunciar Sus decretos públicamente en todo el mundo. El “predicar” en este sentido no era nada que se hacía en las reuniones de los cristianos, porque ellos ya no tenían necesidad de este anuncio. No usemos entonces esta palabra en el contexto de las reuniones de cristianos.

Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 3

29/04/2017

¿”Ministros”?

Hemos visto que la iglesia del Nuevo Testamento no tenía “pastores” ni “obispos” como posiciones de liderazgo aparte; ambas palabras describen funciones de los ancianos.
Algunos dirán quizás que el Nuevo Testamento habla además de “ministros”. Pero eso es un problema de traducción. En realidad no existe ninguna palabra en el Nuevo Testamento que significaría “ministro”. Donde aparece esta palabra, es la traducción de una de las palabras griegas “diákonos”, “hypaerétaes”, o “leitourgós”, que todas significan simplemente “siervo”. (“Diákonos” es la palabra normal para “siervo”. – “Hypaerétaes” significa más exactamente “ayudante” o “asistente”. – “Leitourgós” significa originalmente un oficial del estado.) Las traducciones de la Biblia traducen estas palabras arbitrariamente en algunos pasajes como “siervo”, y en otros pasajes como “ministro”. Aquí una pequeña estadística:

La Reina-Valera 1909 traduce “diákonos” 8 veces como “siervo”, “sirviente” o “servidor”; y 15 veces como “ministro”.
La Reina-Valera 1960 traduce “diákonos” 12 veces como “siervo”, “sirviente” o “servidor”; y 11 veces como “ministro”.

La Reina-Valera 1909 traduce “hypaerétaes” 2 veces como “criado”; 4 veces como “servidor”; 1 vez como “alguacil”; 1 vez como “ministril”, y 9 veces como “ministro”.
La Reina-Valera 1960 traduce “hypaerétaes” 2 veces como “servidor”; 12 veces como “alguacil”; y 3 veces como “ministro”.

La Reina-Valera 1909 traduce “leitourgós” ninguna vez como “servidor”; y 4 veces como “ministro”.
La Reina-Valera 1960 traduce “leitourgós” 1 vez como “servidor”; y 3 veces como “ministro”.

Si queremos tener una idea más clara de lo que el texto original dice realmente, tenemos que remplazar consistentemente “ministro” por “siervo”, “ministrar” por “servir”, y “ministerio” por “servicio”. Así entenderemos que estos pasajes no proveen ningún fundamento para “privilegios ministeriales”, ni para distinguir entre “clérigos” y “laicos”. Y tampoco aportan mucho para el tema de las funciones de los ancianos, excepto que corroboran lo que ya dijimos en una reflexión anterior: que el “liderazgo” en la iglesia del Nuevo Testamento es esencialmente servicio.

Esta confusión acerca de las palabras “ministro” y “ministerio” es uno de los ejemplos más resaltantes de cómo la organización clerical de la iglesia, heredada del catolicismo romano, ha trastornado nuestro entendimiento de la Biblia, hasta el punto de confundir las mismas traducciones de la Biblia. Bajo la influencia de las tradiciones eclesiásticas, generaciones de lectores y traductores de la Biblia han leído en estos pasajes algo que no está escrito, solamente porque pensaban que estos versículos debían hablar de estas tradiciones.

Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 2

06/04/2017

Cuidadores o supervisores

En la reflexión anterior hemos visto que en la iglesia del Nuevo Testamento no existían “pastores” por encima de, o aparte de, los ancianos. Al contrario, el “pastorear” es una función de los mismos ancianos.

Hay otra palabra del Nuevo Testamento que erróneamente se ha tomado por una “posición de liderazgo” aparte, y es la palabra griega “epískopos” (en plural “epískopoi”), que en algunas versiones de la Biblia es traducida como “obispo”. Una traducción más apropiada sería “supervisor” o “cuidador”. Existen dos verbos griegos relacionados con esta palabra: “Episkopéo” significa “vigilar, cuidar de algo o alguien”, o también “supervisar”. “Episképtomai” significa “visitar (cuidando de algo o alguien)”.
Ahora, estos verbos no expresan específicamente “funciones de liderazgo”. Al contrario, se usan en varias ocasiones para expresar funciones de “unos a otros”, o funciones de la iglesia en general:

“Fíjense (episképtomai) entonces, hermanos, en siete varones de buen testimonio entre ustedes …” (Hechos 6:3)
“Estuve enfermo, y ustedes me visitaron (episképtomai) … Estuve enfermo y en la cárcel, y ustedes no me visitaron …” (Mateo 25:36.43)
“Un culto limpio y sin contaminación ante el Dios y Padre es este: visitar (episképtomai) a huérfanos y viudas en su opresión …” (Santiago 1:27)
“Persigan la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor, cuidando (episkopéo) que no alguien quede detrás de la gracia de Dios …” (Hebreos 12:14-15)

El verbo “episkopéo” aparece además en un pasaje que ya citamos anteriormente, como una función de los ancianos:
“Pastoreen el rebaño de Dios que está entre ustedes, cuidando [de él] (episkopéo), …” (1 Pedro 5:2)

El sustantivo “epískopos” aparece cinco veces en el Nuevo Testamento. Uno de estos pasajes se refiere al Señor Jesús (1 Pedro 2:25). En dos pasajes aparecen los “epískopoi” juntos con los “siervos”, sin que se pueda deducir nada exacto acerca de su posición (1 Timoteo 3:2, Filipenses 1:1). Los dos pasajes restantes son los que nos dan la información clara acerca de la identidad de los “epískopoi”:
“Por esta causa te dejé en Creta, para que pongas en orden lo restante y constituyas a ancianos en cada ciudad, como yo te di orden: Si alguien es irreprochable (etc. …) Porque el supervisor (epískopos) debe ser irreprochable como administrador de Dios, no presumido, no iracundo, (etc. …) (Tito 1:5-7) – Aquí, la palabra “epískopos” aparece en el contexto de la constitución de ancianos. El verso que habla del “epískopos” comienza con “Porque”, enlazando inmediatamente al verso que hablaba de ancianos. De ahí es obvio que “supervisor” (epískopos) y “ancianos” se refieren a las mismas personas.
– Además aparece la palabra “epískopos” en un versículo que ya hemos citado más arriba. Se trata de este pasaje en el discurso de Pablo a los ancianos de Éfeso: “Estén atentos a ustedes mismos y a todo el rebañito entre el cual el Espíritu Santo les puso como cuidadores (epískopoi) …” (Hechos 20:28). O sea, Pablo se dirige a los ancianos con la palabra “epískopoi”.

Con esto queda claro que en el Nuevo Testamento, “obispo” (epískopos) y “anciano” son sinónimos. El “cuidar” o “supervisar” es simplemente una de las funciones de los ancianos; no es un oficio o cargo aparte.

Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 1

31/03/2017

En las reflexiones anteriores encontramos que la iglesia del Nuevo Testamento tenía una estructura familiar, no institucional; y que una expresión específica de esta estructura familiar es el ancianato como paternidad extendida. Veremos ahora cuáles eran las funciones de los ancianos bíblicos.

“Pastorear”

Primeramente tenemos que entender que en la estructura de la iglesia del Nuevo Testamento no existe el “pastorado” en la forma como lo entienden la mayoría de las congregaciones actuales. El “pastorado” evangélico es en realidad la continuación del sacerdocio católico romano, solamente bajo otro nombre y con funciones ligeramente diferentes. En el texto original del Nuevo Testamento, el sustantivo “pastor” (griego “poimén”) aparece una sola vez como una función en la iglesia (Efesios 4:11), y allí no significa un líder de la iglesia local, sino una función de “capacitación de los santos para el servicio”.

Además encontramos en tres pasajes del Nuevo Testamento el verbo “pastorear” (griego “poimáino”) como una función en la iglesia:
– En Juan 21:16 dice Jesús a Pedro: “Pastorea mis ovejas.” Se trata de un aspecto de la función apostólica de Pedro. Ningún “pastor” de una iglesia local puede aplicar este verso a sí mismo, porque fue una palabra a Pedro personalmente, en una función que trasciende la iglesia local.
– Pedro mismo usa la palabra “pastorear” al dirigirse a los ancianos: “Animo a los ancianos entre ustedes (…): Pastoreen el rebaño de Dios que está entre ustedes, cuidando [de él], no obligadamente, sino voluntariamente; no por codicia de ganancia vergonzosa, sino de buena voluntad; no como quienes se enseñorean de los asignados, sino siendo ejemplos del rebaño …” (1 Pedro 5:1-3). El “pastorear” en la iglesia local es entonces una función de los ancianos.
– En Hechos 20:17 leemos que Pablo “envió a Éfeso para hacer venir a los ancianos de las asambleas”. Y en el verso 28 les dice: “Estén atentos a ustedes mismos y a todo el rebañito entre el cual el Espíritu Santo les puso como cuidadores para pastorear la asamblea del Señor y Dios, la que adquirió por su propia sangre.” – Este pasaje confirma nuevamente que el “pastorear” es una función de los ancianos.

Los pasajes citados son los únicos en todo el Nuevo Testamento que usan las palabras “pastor” o “pastorear” en el sentido de una función en la iglesia. (La versión Reina-Valera traduce además erróneamente “pastores” en Hebreos 13:7, 17, y 24. Pero la palabra original allí no es “pastores”, sino “guías”, “líderes”.)

Ahora, si queremos saber qué significa “pastorear” en el pueblo de Dios, tenemos que ir al Antiguo Testamento. Allí encontramos en el capítulo 34 de Ezequiel la profecía acerca de los malos pastores y el Buen Pastor. Allí se menciona como funciones de un “pastor” legítimo: Fortalecer a los débiles; curar a los enfermos; vendar a los heridos; hacer volver a los extraviados; buscar a los perdidos. “Pastorear” tiene que ver entonces con animar, consolar, aconsejar con amor, restaurar, edificar. Eso no es lo que comúnmente se entiende con un “líder”. Tanto Ezequiel como también Pedro en su carta advierten a los ancianos contra el “enseñorearse” del rebaño. Se pervierte la idea del “pastorear” donde un líder, bajo el pretexto de un “pastorado”, se aprovecha de sus hermanos en la fe y los obliga a colaborar con sus propios planes; o donde un líder interfiere con la vida privada de sus hermanos, exigiendo “sumisión” bajo mandamientos arbitrarios de hombres.

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 5

08/03/2017

La sumisión en el Nuevo Testamento

Examinaremos ahora el concepto más “jerárquico” que existe en el Nuevo Testamento: la “sumisión” o “sujeción”. El verbo griego correspondiente, “hypotássomai”, está relacionado con una palabra que significa “orden”. Su significado literal es entonces “colocarse en el orden correcto debajo de alguien”.

Al examinar los pasajes del Nuevo Testamento donde aparece esta palabra, notamos primeramente que Dios es el único que activamente “somete” o “sujeta” a alguien o algo. Nunca dice que algún hombre debe someter a otro o exigir sumisión de otro. Este es un principio importante: La sumisión en el sentido del Nuevo Testamento es algo que uno hace por sí mismo. No es algo que uno podría exigir de los demás. – En otras palabras: Hay varios pasajes del Nuevo Testamento que dicen a ciertas personas que deben someterse a otras personas. Pero nunca dice a estas otras personas que deben exigir sumisión de las primeras.
Así notamos también que los apóstoles dicen en varias oportunidades a los miembros de la familia de Dios que se sometan a ciertas personas; pero ningún apóstol o líder en el Nuevo Testamento dijo alguna vez: “Sométanse a mí”.

Ahora, entre todos los pasajes que hablan de “sumisión” entre personas humanas, encontramos uno solo que se refiere al ámbito de la iglesia propiamente dicho: “Ustedes conocen el hogar de Estefanás, que son el primer fruto de Acaia, y se colocaron a sí mismos al servicio para los santos; que también ustedes se sometan a los tales, y a todo aquel que colabora y trabaja duro.” (1 Corintios 16:15-16)
Llama la atención que este pasaje no habla de ninguna posición de liderazgo específico (como si dijera “Sométanse a los ancianos”, o “Sométanse a los apóstoles”). En cambio, habla de una manera muy general de “todo aquel que (voluntariamente) colabora y trabaja duro”. O sea, no existe ningún círculo fijo de personas en la iglesia que de por sí mismos tuvieran derecho a que los demás se sujeten a ellos. Pablo recomienda con nombre a Estefanás, pero lo deja al criterio de los miembros de la iglesia, determinar quiénes son los otros que “colaboran y trabajan duro”. Obviamente, este dicho está en línea con lo que dijo Jesús, de que “el mayor de ustedes sea su siervo” (Mateo 23:12). También está en línea con lo que dijimos en las reflexiones anteriores, que el ancianato no se define por elección “democrática” ni por nombramiento “desde arriba”, sino por medio del reconocimiento de parte de la congregación.

Este hecho es aun más llamativo cuando consideramos que existen otros ámbitos donde el Nuevo Testamento sí establece unas estructuras claras de “sumisión”: en cuanto al gobierno del estado, y aun más notablemente en cuanto a la familia. A todos les dice que se sujeten al gobierno (Romanos 13:1.5, Tito 3:1, 1 Pedro 2:13). (Aunque esta sujeción tiene sus límites cuando se trata de los mandamientos de Dios; pero no hay lugar aquí para entrar en este tema.) – Aun más claras y detalladas son las palabras que establecen una “estructura de sumisión” en el hogar:

– Las esposas deben someterse a sus esposos. (Efesios 5:22, Colosenses 3:18, Tito 2:5 (las ancianas), 1 Pedro 3:1.5). – Hay además dos pasajes donde dice que las mujeres deben estar en sumisión, sin especificar a quién (1 Corintios 14:34, 1 Timoteo 2:11). Pero ante el trasfondo tan claro de la estructura del matrimonio, podemos con bastante seguridad asumir que también estos pasajes se refieren a la sumisión hacia sus propios esposos (y no hacia cualquiera).

– Los hijos deben someterse a sus padres. Esto está implícito en Lucas 2:51 y 1 Timoteo 3:4.

– Los siervos deben someterse a sus amos. (Tito 2:9, 1 Pedro 2:18) Esta es también una relación familiar, ya que los siervos y esclavos se consideraban parte del hogar del amo.

– Los (más) jóvenes deben someterse a los (más) ancianos. (1 Pedro 5:5). Algunos piensan que aquí se trata de una relación “eclesiástica”, ya que los versículos anteriores hablan de los ancianos de la iglesia. Pero al usar la palabra “los (más) jóvenes”, Pedro aclara que la verdadera razón por someterse no es la “posición de liderazgo” de los ancianos, sino la diferencia en edad (y por tanto en experiencia y sabiduría). Aun donde se trata de los ancianos de la iglesia, el trasfondo de este principio es el uso común en la familia extendida. Por tanto, este versículo pertenece a la categoria de las relaciones familiares (que se prolongan en la iglesia), y no de las relaciones “institucionales”.

Lo mismo observamos cuando examinamos el uso de la palabra griega “hypakoúo” (obedecer). La gran mayoría de estos pasajes hablan de la obediencia hacia Dios y Su palabra. Los demás se refieren todos a las relaciones dentro del hogar:

– Sara obedecía a su esposo Abraham (1 Pedro 3:6).

– Los niños deben obedecer a sus padres (Efesios 6:1, Colosenses 3:20).

– Los siervos deben obedecer a sus amos (Efesios 6:5, Colosenses 3:22).

No existe ningún pasaje del Nuevo Testamento donde la palabra “hypakoúo” se usaría para describir la obediencia hacia líderes de la iglesia.

Algunos citan Hebreos 13:17 para decir que allí se exige obediencia hacia los “pastores”. Desafortunadamente, varias versiones de la Biblia (entre ellas la Reina-Valera) apoyan esta idea porque traducen este versículo de manera inexacta e incorrecta. En el original griego, este versículo no contiene la palabra “hypotássomai” ni la palabra “hypakoúo”. En su lugar tiene dos otras palabras con un significado mucho menos fuerte: “peíthomai”, que significa “dejarse convencer” (voluntariamente), y “hypeíko”, que significa “ceder”. – En el original, Hebreos 13:17 tampoco contiene la palabra “poimén” (pastor). En su lugar dice “haegoúmenoi”, lo que significa “líderes” o “guías” en un sentido muy amplio (y en el plural), sin especificar ninguna posición o “cargo” en particular. Una traducción más exacta sería: “Déjense convencer por vuestros guías y cedan, porque ellos velan en beneficio de las almas de ustedes …”

El Nuevo Testamento usa entonces bastante espacio para detallar el “orden correcto” dentro del cual cada uno debe colocarse, en lo que se refiere a las relaciones en el hogar; pero no dice casi nada acerca de una similar “estructura de sumisión” en la iglesia. Es realmente sorprendente que en las muchas congregaciones que enfatizan la “sumisión hacia los líderes”, ¡nadie se haya percatado de eso!

Encontramos además, en el mismo contexto de los pasajes citados, dos versículos que dicen “Sométanse unos a otros” (Efesios 5:21, 1 Pedro 5:5). Entonces, las “estructuras de sumisión” que hemos visto ahora no son absolutas; estas estructuras deben estar integradas en un ambiente de respeto y sumisión mutua.

Sacamos entonces las siguientes conclusiones:

La sumisión en la iglesia del Señor no debe entenderse como expresión de una estructura jerárquica y artificial, como en las instituciones del estado. En la iglesia, en cambio, la sumisión es una consecuencia natural de las relaciones familiares que existen en los hogares y en las familias extendidas. Bíblicamente, la familia y el hogar tienen una “estructura de sumisión” mucho más fuerte y más importante que la iglesia. Es desde estas estructuras familiares que surge de manera natural el ancianato de la iglesia, y el respeto y la sumisión que se brinda voluntariamente a los ancianos como a padres sabios y maduros en el Señor. Las personas que son dignas de recibir esta sumisión, se distinguen no por un “cargo” o una “posición” definida, sino por haberse colocado voluntariamente “al servicio de los santos” (1 Corintios 16:15-16), y por haber recibido como tales el reconocimiento de la congregación. Todo esto está envuelto en la sumisión mutua, que se aplica a todos los miembros de la familia de Dios sin importar su función en la iglesia.

A la luz de la enseñanza del Nuevo Testamento, se debe desconfiar de cada líder eclesiástico que exige sumisión hacia él mismo; sobre todo cuando esta sumisión interfiere con la sumisión en las relaciones familiares ordenadas por Dios entre esposo y esposa, o entre padres e hijos.

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 4

24/02/2017

La pluralidad del ancianato

El ancianato de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. Ninguna iglesia del Nuevo Testamento, hasta donde tenemos información acerca de su estructura, fue dirigida por un solo anciano, “líder”, “sacerdote” o “pastor”. En todas encontramos un equipo de varias personas que asumían juntos la responsabilidad por la iglesia:
– Jerusalén: los once apóstoles.
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17)
– Las iglesias en general: “Apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “Cuidadores/supervisores y siervos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “Guías” o “líderes” (Hebreos 13:7.17.24)
– Las iglesias en general: Ancianos (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)

Un “pastor” evangélico una vez contestó que en 1 Timoteo 3:2 aparece “el obispo” en singular: “Conviene, pues, que el obispo sea irreprensible, marido de una mujer, solícito, …” (según la versión Reina-Valera 1909). Sí, pero esta es una expresión genérica que no implica que haya un único obispo en la iglesia local. Es igual como cuando se dice: “El estudiante debe estar atento en la clase”; eso no implica que haya un único estudiante en la clase.

Compartir la responsabilidad entre varios ancianos tiene diversas ventajas:

  • El equipo de ancianos tiene un mayor incentivo para buscar seriamente a Dios en cuanto a sus decisiones, para poder decidir en consenso según la voluntad de Dios. “En la multitud de consejeros hay seguridad” (Proverbios 11:14).
  • El peligro es menor que uno de los ancianos comience a abusar de su poder de manera autoritaria.
  • En un equipo de varios ancianos hay una mayor diversidad de dones espirituales, lo cual es necesario para la edificación sana de la iglesia.

Comparando entre sí los pasajes Hechos 20:17.28, 1 Pedro 5:1-3, Tito 1:5-7, descubrimos que los “cuidadores” o “supervisores” (algunas versiones traducen “obispos”) son idénticos con los ancianos, y que también el “pastorear” es una función de los ancianos. O sea, en la iglesia del Nuevo Testamento no existían “pastores sobre ancianos”, ni “obispos sobre pastores”, ni “obispos sobre ancianos”. Los responsables de la iglesia local eran los ancianos (en plural), y punto.

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 3

13/02/2017

Designación de ancianos en la iglesia del Nuevo Testamento

En Hechos 14:23, el proceso de designar los primeros ancianos en iglesias recién fundadas se describe con la palabra griega jeirotonéo. Esta palabra significa literalmente “confirmar levantando las manos”. (La versión Reina-Valera traduce con “constituir”, lo cual no es completamente correcto.) La idea es que Pablo sugirió a ciertos hombres como ancianos, pero la iglesia entera tenía que confirmar su designación. Este procedimiento fue entonces algo como una forma intermedia entre una decisión por un liderazgo superior (el apóstol), y una elección democrática.
Pero si nos detenemos solamente en estos detalles de la forma exterior del proceso, nos perdemos lo más importante: La descripción de este proceso fue escrita ante el “telón de fondo” de las estructuras familiares en la sociedad judía. Lo esencial es que los apóstoles y las iglesias practicaron un procedimiento apto para llevarlos a un consenso espiritual. Anteriormente a esta etapa final ya había sucedido el proceso de conocerse en familia, de conocer la sabiduría y el “estilo de paternidad” de cada uno de los prospectivos ancianos, y todo lo demás que era necesario para llegar a una conclusión agradable a Dios.

Tenemos que entender entonces que un anciano en la Biblia es algo muy diferente de un “miembro de la junta directiva” en una asociación o congregación religiosa moderna. En las congregaciones actuales, el entero proceso de constituir un liderazgo se ha despersonalizado y se ha desacoplado del ambiente familiar. Los líderes se eligen según un procedimiento mecánico prescrito por estatutos y reglamentos. Estos procedimientos pueden ser más democráticos (elecciones en asamblea) o más dictatoriales (los líderes superiores deciden); pero en ambos casos no se eligen los más sabios ni los más maduros espiritualmente. Mucho más peso tienen las capacidades humanas, tales como la facilidad de hablar, la capacidad de imponer sus decisiones sobre otros y de manipularlos, la capacidad de presentar una buena apariencia hacia afuera; y en algunas congregaciones también los diplomas teológicos. Pero nada de esto garantiza la espiritualidad o la integridad personal de las personas que salen elegidas.
En consecuencia, estos liderazgos funcionan más como los gobiernos seculares o como la gerencia de una empresa grande, que como una familia. Existe hipocresía, burocracia, corrupción, codicia, intrigas, luchas por el poder, inmoralidad (con las maniobras consiguientes para encubrirla), y todo lo feo que se ve en el mundo no cristiano. Los líderes pueden esconder su verdadera personalidad detrás de una “apariencia de púlpito”, porque nadie está lo suficientemente cercano a ellos para poder conocerlos tales como son. Por eso, nadie tampoco puede advertirlos o corregirlos cuando están en peligro de extraviarse o de caer en pecado. La pérdida de las estructuras familiares ha desfigurado el liderazgo en las congregaciones de tal manera que hoy en día es difícil siquiera imaginarse lo que es un verdadero liderazgo espiritual.

En la iglesia del Nuevo Testamento, el ancianato surge de manera natural desde la familia, desde la paternidad, y desde las reuniones en los hogares. El criterio más importante para la aptitud de alguien para el ancianato es, si es un buen esposo para su esposa y un buen padre para sus hijos. En el ambiente familiar de la iglesia del Nuevo Testamento, con sus reuniones en los hogares y su compartir de la vida diaria, los miembros de la iglesia podían observar fácilmente la vida familiar de los otros miembros, y así conocer su carácter verdadero. Así funcionaba el reconocimiento de los padres más sabios y espirituales como ancianos, y la corrección mutua cuando uno de ellos estaba en peligro de apartarse de los caminos del Señor.

La iglesia como “familia de Dios” – Parte 2

04/02/2017

El ancianato como liderazgo familiar

En el Antiguo Testamento, la sociedad judía en todos sus niveles fue dirigida por los “ancianos”. Había ancianos de las familias extendidas, de los linajes o estirpes, y de las tribus.

El ancianato en el Antiguo Testamento

El término de “anciano” es en primer lugar un término de la vida familiar. El gobierno de los ancianos era una paternidad extendida. Los ancianos fueron reconocidos como tales porque ellos eran los padres más sabios en sus propias familias. La autoridad surgía de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Las personas más indicadas para testificar de la calidad de un anciano son los miembros de su propia familia. Así, cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.

Los ancianos entonces no fueron elegidos democráticamente; pero tampoco fueron “constituidos” por un liderazgo superior. Ellos fueron reconocidos por su familia extendida o estirpe, por las personas que le conocían personalmente, y a base de sus cualidades personales y su madurez espiritual que estas personas cercanas podían ver. El entero proceso de designar ancianos fue un proceso relacional (basado en las relaciones personales entre las personas involucradas), no un proceso institucional.

En el ambiente bíblico, aun cuando alguien llegaba a un nivel muy alto del ancianato, la familia seguía siendo su prioridad más importante. Si descuidaba esta prioridad, podía perder su autoridad, y hasta caer bajo el juicio de Dios. Así sucedió con el sacerdote Elí, quien ocupaba una posición muy importante, pero descuidó corregir a sus hijos (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

El ancianato en el Nuevo Testamento

Este mismo concepto de “anciano” se aplica también en la iglesia del Nuevo Testamento. Por eso es uno de los requisitos más importantes para un líder en la iglesia del Nuevo Testamento, que sea “un buen líder de su propio hogar, que tenga a sus niños en sumisión, con toda honradez – porque si alguien no sabe liderar su propio hogar, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Timoteo 3:4-5) – Educar a los propios hijos es una preparación indispensable para ser anciano. En la iglesia del Nuevo Testamento era imposible que alguien llegase a ser reconocido como anciano, si no había dado primero el ejemplo de ser un buen esposo y padre durante muchos años.
Esta fundamentación del ancianato en la familia es una de las seguridades más fuertes contra la intromisión de falsos hermanos o personas no esprituales en el liderazgo. El propio hogar es el lugar donde uno tiene las menores posibilidades de aparentar algo que uno no es. Si alguien es un mentiroso, un hipócrita, un codicioso, un manipulador … sus familiares se darán cuenta de ello. Y si la iglesia entera está basada en las familias y se reúne en los hogares, entonces los otros miembros de la iglesia también podrán darse cuenta. Si la vida familiar es el criterio más importante para reconocer a un líder sabio, íntegro y maduro, entonces hay más probabilidad de que sean realmente las personas espirituales, íntegros y transparentes, quienes serán reconocidos como ancianos.

Por supuesto que un padre cristiano sigue administrando bien su hogar, también después de asumir una responsabilidad como anciano. La responsabilidad por la iglesia no debe causar que el padre se ausente de su hogar más de lo debido; porque si hiciera eso, perdería el fundamento y la legitimación de su responsabilidad en la iglesia. La responsabilidad fuera del hogar no debe ser un sustituto de la paternidad, sino una extensión de ella.

La autoridad en la familia extendida de Dios

26/11/2012

Las iglesias evangélicas, en su gran mayoría, han creado el oficio de un “pastor” que gobierna sobre la congregación. Este modelo no es bíblico. La palabra “pastor”, como ministerio espiritual, aparece en el Nuevo Testamento una sola vez, y en conjunto con cuatro otros ministerios: “Y él mismo dio a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros” – Efesios 4:11. (La versión Reina-Valera tiene además equivocadamente la palabra “pastores” en Hebreos 13:7.17.24, pero allí el original dice “hegoúmenoi”, lo cual es una palabra general para “líderes”.)

El “pastorado” evangélico se originó en el sacerdocio católico-romano. Fue la idea del romanismo, colocar a un solo hombre en la punta de la iglesia y considerarlo como un mediador entre Dios y los hombres. Esta es una doble rebelión contra los principios de la palabra de Dios:

1. Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Tim.2:5). Ningún hombre puede pretender ser “la voz de Dios” para sus hermanos, ni tiene derecho de hacer que otras personas dependan de él en cuanto a sus vidas espirituales. Por medio de Jesucristo, cada cristiano tiene acceso directo e inmediato al trono de Dios (Hebreos 4:14-16, 10:19-22). Cualquier líder que dice: “Si quieren ser seguidores de Jesús, obedézcanme a mí”, está usurpando el lugar que corresponde solamente al Señor mismo.

2. Porque el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. En todas las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento, donde sabemos detalles acerca de su liderazgo, vemos que fueron dirigidas por un equipo de varios hermanos:
– Jerusalén: los once apóstoles (constantemente mencionados en los primeros capítulos de Hechos).
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17) – los mismos también son llamados “obispos” en v.28
– Las iglesias en general: “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “obispos y diáconos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “líderes” o “guías” (Hebreos 13:7.17.24 – la versión Reina-Valera traduce equivocadamente “pastores”)
– Las iglesias en general: “ancianos” (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)
(Alguien me ha señalado que en 1 Timoteo 3:2 dice “el obispo” – singular. Pero aquí se trata obviamente de una expresión genérica, así como cuando digo: “El estudiante debe leer sus libros” – esto no se puede entender como si existiera un solo estudiante en la clase; tampoco se puede interpretar que haya un solo obispo en una iglesia, cuando Pablo dice “Es necesario que el obispo sea irreprensible…” etc. – Además hemos visto arriba en Hechos 20 que “obispo” es sinónimo de “anciano”.)
– Para un análisis más detallado de los términos que el Nuevo Testamento usa para describir “líderes” o “ministerios”, vea “El Nuevo Testamento, Versión ministerial”.

Ahora, el término más frecuentemente usado en esta lista es “anciano”. Por tanto tenemos que investigar: ¿Qué es exactamente un anciano?

La iglesia primitiva surgió del pueblo judío; todos los apóstoles fueron judíos y se expresaron en términos judíos. Tenemos que entender entonces, desde el trasfondo del Antiguo Testamento: ¿qué era un anciano en Israel?

Encontraremos que la posición de un “anciano” es estrechamente relacionada con la organización del pueblo según tribus, linajes y familias, como vimos en el artículo anterior. Entonces no debe sorprendernos que también la autoridad de un anciano genuino procede del entorno de su familia.

Mike Dowgiewicz escribe:

“Los ancianos siempre fueron los líderes autorizados del pueblo de Dios, tanto en la antigua Israel como en la iglesia temprana. Ser un anciano, un zakén (la palabra hebrea), fue la cúspide de la vida de un hombre sabio. Vamos a detallar como alguien llegó a ser un anciano:
Hombres israelitas que demostraron una sabiduría excepcional al ejercer autoridad, fueron promovidos a posiciones de mayor liderazgo. Aquellos padres de familia que tenían sabiduría excepcional, se volvieron ancianos de su familia extendida (linaje, estirpe). Los ancianos excepcionalmente sabios de una familia extendida se volvieron ancianos de su tribu. Algunos de éstos prosiguieron a ser asesores del rey, para el bien de la nación entera. La sabiduría fue un elemento clave en su progreso.
El liderazgo a cada nivel era personal. En cada nivel, las personas estaban en contacto cercano con los hombres que tenían autoridad. Cada anciano estaba consciente de que él estaba levantando a sus propios sucesores. (En el sistema nicolaita actual, una comisión encarga a un clérigo de afuera, ¡aunque nadie en la congregación tenía anteriormente alguna relación personal con él!)”

Así surgió la autoridad de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.
En el concepto bíblico de autoridad no existe ninguna “inmunidad”: Un líder tiene que recibir corrección de los demás, igual como cualquier “miembro común”. La base para toda corrección es la palabra de Dios; y cada miembro del pueblo de Dios puede aplicar la palabra de Dios para evaluar y corregir a cualquier otro miembro, aun a un líder. Para ilustrar este principio, Dios escogió a menudo como profetas a hombres que no tenían ningún “liderazgo”, y los envió para corregir y amonestar a los reyes.

El núcleo de esta autoridad bíblica es la paternidad. Es que la paternidad es un reflejo de Dios en esta tierra: Dios es el Padre por excelencia. Varios pasajes bíblicos relacionan la autoridad de Dios, y la provisión de Dios por Su pueblo, con lo que un padre en la tierra es para su familia:

Mat.7:9-11: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Ef.3:14-15: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia (literalmente: paternidad) en los cielos y en la tierra”
Hebr.12:7-9: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos (los padres terrenales), ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste (Dios) para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”

(Vea también “Conocer a Dios como Padre”.)

Dios quiere que las familias en esta tierra estén gobernadas por un padre. Así puede cada persona desde niño entender lo que es un padre, y entonces podrá también entender como es Dios. (Esto es, si el padre ejerce su paternidad de acuerdo con la voluntad de Dios.) En el pueblo de Israel vemos como Dios desea que esta estructura familiar sea ampliada para el entero pueblo de Dios. Y lo mismo vale para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, la comunidad de los (verdaderos) cristianos.

Un “anciano”, por tanto, no es un “cargo” u “oficio” que se podría ocupar según un reglamento institucional. Ni mucho menos podrían ancianos ser instituidos y destituidos por turnos o según el antojo de un “pastor” o de una congregación – como una familia tampoco puede cambiar de padre cada año.
Un anciano bíblico no es “elegido” ni “nombrado”; un anciano bíblico es reconocido. La misma palabra “anciano” nos dice que la madurez (espiritual) es lo esencial para un anciano. En la Biblia, la edad avanzada normalmente es sinónimo de sabiduría y amplia experiencia. Y esta sabiduría y madurez viene en primer lugar de muchos años de ejercer la paternidad en su propia familia. Un anciano es esencialmente un padre experimentado, de tal manera que ahora puede ser un “padre para otros padres”.

Irónicamente, la iglesia católica romana ha preservado el recuerdo de esta verdad mejor que otras iglesias, puesto que llama a sus sacerdotes “padres”. Parece que al inicio todavía estaban conscientes de que “autoridad espiritual” es igual a “paternidad según la voluntad de Dios”. Solamente que confieren este título a las personas menos aptos para ello, puesto que un sacerdote católico no cumple, ni puede cumplir, con el requisito más básico del ancianato bíblico, el cual es haber dado un buen ejemplo como padre de familia.

Efectivamente, en Israel y en la iglesia primitiva, la primera prioridad para cada padre era su propia familia. Bíblicamente, ser un buen esposo y padre, es mucho más importante que ser un buen trabajador, jefe, miembro de iglesia o anciano. Para un padre temeroso de Dios, el mundo afuera de la familia (lo que incluye las responsabilidades en la iglesia) nunca puede llegar a ser más importante que la misma familia. Según los principios bíblicos de autoridad, alguien que no era un buen esposo y padre, nunca iba a ser reconocido como autoridad en alguna otra área de la vida (sea en el trabajo, en la política, o en la iglesia). Y aun cuando alguien llegaba a una posición importante en alguna de estas áreas, no iba por eso descuidar su propia familia. Si lo hacía, perdía su autoridad, o podía incluso caer bajo el juicio de Dios como el sacerdote Elí (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

Por tanto, es un requisito importante para alguien que desea tener autoridad en la comunidad cristiana, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Tim.3:4-5).

Espero que entendamos ahora mejor la envergadura de este pasaje. Efectivamente, según el patrón bíblico, la comunidad cristiana es una familia de familias, y la autoridad espiritual dentro de esta comunidad surge de la paternidad.