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La iglesia como “familia de Dios” – Parte 3

13/02/2017

Designación de ancianos en la iglesia del Nuevo Testamento

En Hechos 14:23, el proceso de designar los primeros ancianos en iglesias recién fundadas se describe con la palabra griega jeirotonéo. Esta palabra significa literalmente “confirmar levantando las manos”. (La versión Reina-Valera traduce con “constituir”, lo cual no es completamente correcto.) La idea es que Pablo sugirió a ciertos hombres como ancianos, pero la iglesia entera tenía que confirmar su designación. Este procedimiento fue entonces algo como una forma intermedia entre una decisión por un liderazgo superior (el apóstol), y una elección democrática.
Pero si nos detenemos solamente en estos detalles de la forma exterior del proceso, nos perdemos lo más importante: La descripción de este proceso fue escrita ante el “telón de fondo” de las estructuras familiares en la sociedad judía. Lo esencial es que los apóstoles y las iglesias practicaron un procedimiento apto para llevarlos a un consenso espiritual. Anteriormente a esta etapa final ya había sucedido el proceso de conocerse en familia, de conocer la sabiduría y el “estilo de paternidad” de cada uno de los prospectivos ancianos, y todo lo demás que era necesario para llegar a una conclusión agradable a Dios.

Tenemos que entender entonces que un anciano en la Biblia es algo muy diferente de un “miembro de la junta directiva” en una asociación o congregación religiosa moderna. En las congregaciones actuales, el entero proceso de constituir un liderazgo se ha despersonalizado y se ha desacoplado del ambiente familiar. Los líderes se eligen según un procedimiento mecánico prescrito por estatutos y reglamentos. Estos procedimientos pueden ser más democráticos (elecciones en asamblea) o más dictatoriales (los líderes superiores deciden); pero en ambos casos no se eligen los más sabios ni los más maduros espiritualmente. Mucho más peso tienen las capacidades humanas, tales como la facilidad de hablar, la capacidad de imponer sus decisiones sobre otros y de manipularlos, la capacidad de presentar una buena apariencia hacia afuera; y en algunas congregaciones también los diplomas teológicos. Pero nada de esto garantiza la espiritualidad o la integridad personal de las personas que salen elegidas.
En consecuencia, estos liderazgos funcionan más como los gobiernos seculares o como la gerencia de una empresa grande, que como una familia. Existe hipocresía, burocracia, corrupción, codicia, intrigas, luchas por el poder, inmoralidad (con las maniobras consiguientes para encubrirla), y todo lo feo que se ve en el mundo no cristiano. Los líderes pueden esconder su verdadera personalidad detrás de una “apariencia de púlpito”, porque nadie está lo suficientemente cercano a ellos para poder conocerlos tales como son. Por eso, nadie tampoco puede advertirlos o corregirlos cuando están en peligro de extraviarse o de caer en pecado. La pérdida de las estructuras familiares ha desfigurado el liderazgo en las congregaciones de tal manera que hoy en día es difícil siquiera imaginarse lo que es un verdadero liderazgo espiritual.

En la iglesia del Nuevo Testamento, el ancianato surge de manera natural desde la familia, desde la paternidad, y desde las reuniones en los hogares. El criterio más importante para la aptitud de alguien para el ancianato es, si es un buen esposo para su esposa y un buen padre para sus hijos. En el ambiente familiar de la iglesia del Nuevo Testamento, con sus reuniones en los hogares y su compartir de la vida diaria, los miembros de la iglesia podían observar fácilmente la vida familiar de los otros miembros, y así conocer su carácter verdadero. Así funcionaba el reconocimiento de los padres más sabios y espirituales como ancianos, y la corrección mutua cuando uno de ellos estaba en peligro de apartarse de los caminos del Señor.

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La iglesia como “familia de Dios” – Parte 2

04/02/2017

El ancianato como liderazgo familiar

En el Antiguo Testamento, la sociedad judía en todos sus niveles fue dirigida por los “ancianos”. Había ancianos de las familias extendidas, de los linajes o estirpes, y de las tribus.

El ancianato en el Antiguo Testamento

El término de “anciano” es en primer lugar un término de la vida familiar. El gobierno de los ancianos era una paternidad extendida. Los ancianos fueron reconocidos como tales porque ellos eran los padres más sabios en sus propias familias. La autoridad surgía de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Las personas más indicadas para testificar de la calidad de un anciano son los miembros de su propia familia. Así, cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.

Los ancianos entonces no fueron elegidos democráticamente; pero tampoco fueron “constituidos” por un liderazgo superior. Ellos fueron reconocidos por su familia extendida o estirpe, por las personas que le conocían personalmente, y a base de sus cualidades personales y su madurez espiritual que estas personas cercanas podían ver. El entero proceso de designar ancianos fue un proceso relacional (basado en las relaciones personales entre las personas involucradas), no un proceso institucional.

En el ambiente bíblico, aun cuando alguien llegaba a un nivel muy alto del ancianato, la familia seguía siendo su prioridad más importante. Si descuidaba esta prioridad, podía perder su autoridad, y hasta caer bajo el juicio de Dios. Así sucedió con el sacerdote Elí, quien ocupaba una posición muy importante, pero descuidó corregir a sus hijos (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

El ancianato en el Nuevo Testamento

Este mismo concepto de “anciano” se aplica también en la iglesia del Nuevo Testamento. Por eso es uno de los requisitos más importantes para un líder en la iglesia del Nuevo Testamento, que sea “un buen líder de su propio hogar, que tenga a sus niños en sumisión, con toda honradez – porque si alguien no sabe liderar su propio hogar, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?” (1 Timoteo 3:4-5) – Educar a los propios hijos es una preparación indispensable para ser anciano. En la iglesia del Nuevo Testamento era imposible que alguien llegase a ser reconocido como anciano, si no había dado primero el ejemplo de ser un buen esposo y padre durante muchos años.
Esta fundamentación del ancianato en la familia es una de las seguridades más fuertes contra la intromisión de falsos hermanos o personas no esprituales en el liderazgo. El propio hogar es el lugar donde uno tiene las menores posibilidades de aparentar algo que uno no es. Si alguien es un mentiroso, un hipócrita, un codicioso, un manipulador … sus familiares se darán cuenta de ello. Y si la iglesia entera está basada en las familias y se reúne en los hogares, entonces los otros miembros de la iglesia también podrán darse cuenta. Si la vida familiar es el criterio más importante para reconocer a un líder sabio, íntegro y maduro, entonces hay más probabilidad de que sean realmente las personas espirituales, íntegros y transparentes, quienes serán reconocidos como ancianos.

Por supuesto que un padre cristiano sigue administrando bien su hogar, también después de asumir una responsabilidad como anciano. La responsabilidad por la iglesia no debe causar que el padre se ausente de su hogar más de lo debido; porque si hiciera eso, perdería el fundamento y la legitimación de su responsabilidad en la iglesia. La responsabilidad fuera del hogar no debe ser un sustituto de la paternidad, sino una extensión de ella.