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David y Goliat – Una perspectiva desde los tiempos del fin

19/09/2016

Por Hadyn Olsen, Nueva Zelanda

Hace poco, al leer acerca del encuentro histórico entre David y Goliat, me llamó la atención su mensaje acerca de los tiempos del fin en los que vivimos.

Esta historia es mucho más que un cuento para niños. Es una historia acerca de la confrontación entre dos reinos: el reino de Dios y el reino de satanás.

Existen varias ocasiones en las Escrituras donde presenciamos una tal confrontación dramática entre estos dos reinos. Recordemos los tiempos de Moisés y el éxodo de Egipto, las plagas y el cruce del Mar Rojo. Recordemos a Josué y Jericó. Recordemos a Elías en el monte Carmelo. Y por supuesto el Señor Jesucristo y las muchas ocasiones donde Él demostró el poder del reino de Dios.

En todos estos sucesos vemos algo de la naturaleza de estos dos reinos opuestos; y vemos que el reino de Dios es superior al reino de satanás. Podemos también aprender algo acerca de nuestras propias vidas, y acerca del conflicto que enfrentamos diariamente. Cada uno de estos sucesos históricos puede enseñarnos algo que Dios quiere que sepamos, y algo acerca de la victoria que Él quiere compartir con nosotros.

Nos estamos acercando a un tiempo donde veremos otra gran confrontación entre el reino de Dios y el reino de satanás. Sin duda, esta confrontación será tan grande o mayor que las otras que la precedieron. Y será un tiempo cuando Dios demostrará una vez más Su grandeza y Su domino sobre satanás.

Al leer la historia en 1 Samuel 17, vemos que hay tres personajes principales que representan tres diferentes clases de personas.

Primeramente, aquí está Goliat y los filisteos. Ellos representan el mundo; o más exactamente, la humanidad rebelde sin redimir. Ellos están influenciados por “el espíritu de este mundo”.

Aquí están parados, desafiantes y burlones. Lanzan acusaciones deliberadas y arrogantes contra Dios y Su pueblo. Ellos representan la humanidad inflada por su propio poder y su propia gloria.

Este es el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal, en su plena madurez. Es la vanagloria de la vida que menosprecia a Dios desde su altivez. Es el hombre plenamente desarrollado que intenta ser “como Dios”. Incluso intenta destruir todo lo que es de Dios, para dominar sobre la tierra.

Notamos que la descripción de Goliat hace referencia al número seis; el número del hombre. Su altura era de seis codos. Su armadura tenía seis piezas. La punta de su lanza pesaba seiscientos siclos. – Podríamos decir que él representa todo lo que significa el “anticristo”. Hace burla de Dios y de todo lo que es de Él, y desafía al pueblo de Dios a luchar contra él.

Al mirar el mundo actual, podemos ver como Goliat se está alistando nuevamente para la batalla. Escuchamos las voces desafiantes por todas partes: “¿Dónde está vuestro Dios?” Escuchamos las acusaciones que menosprecian a la iglesia y la llaman a pelear. Eso fue siempre la esencia de ese espíritu anticristiano.

El segundo personaje en esta historia es el rey Saúl y su ejército. Este grupo representa al pueblo de Dios, pero ellos son el pueblo de Dios bajo el dominio de la carne.
Ellos son una compañía derrotada. Se enfrentan a Goliat con miedo, intimidados, y sin unción ni fuerza de parte de Dios.

¿Por qué es eso así? ¿Cómo pudo suceder eso? ¿Cómo puede el pueblo de Dios encontrarse en tal situación y condición? – La respuesta es, que aunque siendo el pueblo de Dios, ellos siguen bajo el control del espíritu de este mundo. Ellos se encuentran bajo el señorío del rey Saúl – la carne.

Mirémoslos de cerca.

Están armados con toda su armadura mundana. Están equipados con todo lo que el mundo considera de valor. Tienen sus caballos y carros y armas carnales – y por supuesto, tienen a su rey que es más alto que todos ellos. Se ven exactamente como todas las otras naciones, en todos los aspectos.

No puedo evitar preguntarme cuántas de nuestras denominaciones y organizaciones eclesiásticas son exactamente como los ejércitos de Saúl. Están llenas de los caminos del mundo. Su poder está en su dinero, en su organización, y en la fuerza de la carne. Vemos en ellos el mismo espíritu como en el mundo: Se promueven a sí mismos con ofertas, técnicas de venta, y toda clase de capacidades humanas.

Además, la iglesia de Saúl se caracteriza por desobedecer a la palabra de Dios. El rey Saúl dio más importancia a la apariencia exterior de éxito y de poder, que a la obediencia hacia la palabra de Dios. Él obedecía a Dios mientras le convenía y mientras sus propias ambiciones y deseos no estaban en peligro; pero más le importaba verse exitoso en los ojos del pueblo.

Lo mismo sucede actualmente en las denominaciones. Más que todo se preocupan por su éxito, su poder, y su apariencia exterior. A menudo comprometen la voluntad y el propósito de Dios, para lograr sus intereses humanos y para hacer prevalecer sus tradiciones humanas.

Por eso, ellos se quedarán solos en el día en que Goliat los confronte. Descubrirán que Goliat es mucho más fuerte que ellos según todos los criterios del mundo, y que no pueden enfrentarlo.

Ese día será espantoso para ellos … por más que hoy estén tan llenos de su propio poder, y fascinados con sus propias alabanzas y declaraciones positivas.

Gracias a Dios, hay un tercer grupo en esta historia. Es el grupo caracterizado por David.

Sí, David era uno del pueblo de Dios. Pero él no era parte del ejército de Saúl. De manera similar, hay actualmente un tercer grupo de personas. Están dispersados por todas partes. No tienen ninguna organización y ningún lugar que podrían llamar suyos. Pero están apartados de los demás, por dos características particulares: Ellos tienen un corazón según Dios, … y no son del rey Saúl.

Como David era pequeño, esta “compañía de David” es pequeña, insignificante, despreciable y sin importancia. Pero la mano de Dios está sobre ellos.

David estaba en el desierto pastando sus ovejas cuando recibió el llamado de ir al frente de la batalla. Él estaba haciendo lo que Dios había puesto en sus manos – aunque era algo insignificante y aparentemente sin importancia.

De la misma manera, hoy en día hay gente que pregunta: “¿Qué estás haciendo para Dios? ¿Qué fruto resultó de que saliste del sistema (de las iglesias)?” Ellos miden todo por la apariencia exterior y pasan sus vidas afanándose, organizando grandes cosas para Dios, pero al fin de cuentas lograrán poco.

David no sabía nada de los caminos de Saúl. Él no había estado en ninguna de las escuelas de entrenamiento de Saúl. Él ni siquiera sabía limpiar una armadura, ni mucho menos ponérsela. Todo lo que David sabía, lo había aprendido afuera en las circunstancias ordinarias de su vida diaria. Él había aprendido las cosas sencillas de la veracidad, el amor, y la fidelidad. Él había aprendido a caminar con Dios cada día.

Pero así es el camino de Dios. Él siempre toma las cosas bajas y humildes, las cosas necias, las cosas que no valen, para anular las cosas que valen. (1 Corintios 1:27-28)

De la misma manera, Dios está preparando a un pueblo en la actualidad. Ellos no valen nada ahora. Algunos de ellos han abandonado las denominaciones; otros se encuentran todavía en ellas, pero se preguntan por qué ya no se sienten parte de ellas. Ya no se entusiasman por el último seminario o por la última estrategia evangelística. Pero claman y gimen porque la presencia de Dios abandonó la iglesia, y se entristecen porque el poder humano intentó encubrir la falta.

Cuando David llegó al campo de batalla, ninguna organización le apoyó. No tenía credenciales ni recomendaciones. Solamente tenía la unción. Dios sabía dónde tenía que estar David. Dios guío los eventos como siempre lo hace … en Su tiempo.

David pudo mantenerse en pie ante Goliat porque Dios estaba con él. Nada más y nada menos. Su espíritu se levantó contra ese monstruo. David no tenía miedo. Él sabía que Uno mucho mayor estaba a su lado.

Cuando David habló a Goliat y lo desafió, no fue David hablando, fue Dios Mismo hablando.
Cuando David tomó la piedra y la puso en su honda, fue Dios quien escogió y preparó.
Cuando David lanzó la piedra hacia su destino, fue Dios quien la guió justo al lugar apropiado.

Así es todo ministerio verdadero. Es Dios quien hace la obra y produce el fruto.

Hay muchos hoy en día que intentan lograr grandes cosas para Dios. Ellos usan todos los recursos del mundo para intentar y hacerlo. Pero Dios no lo está haciendo. Ellos se imaginan que el esfuerzo humano es la clave para lograr fruto divino. Ellos se desviaron completamente del camino de Dios.

Dios desea tener un pueblo que está muerto a los caminos y métodos de los hombres, en lo que concierne el trabajo del reino. Él está preparando a un pueblo que espera en Él, y que se mueve como Él los mueve, y que trabajará de acuerdo a Su poder que obra en ellos.

Él puede demorar mucho en preparar a un hombre o una mujer hasta que esté listo para eso … pero Dios tiene tiempo.

El día del gran conflicto llegará. ¿A cuál compañía pertenecerás? ¿Será la de Goliat? ¿o la del rey Saúl? … ¿o la de David?

Puede ser difícil decirlo ahora; pero el día lo traerá a la luz. Esto es cierto … el día lo traerá a la luz. Es que entonces nos encontraremos en el lugar que nuestro corazón escogió.

Clamemos al Señor hoy, mientras todavía es hoy … pidámosle que cambie nuestros corazones y nos haga parte de la compañía de David. Que nuestro deseo sea aprender a caminar con Dios y ser fieles a todo lo que Él nos llame a hacer. Que aprendamos los caminos de la humildad, y que estemos satisfechos con simplemente vivir ante Él cada día. Y cuidémonos de los caminos del rey Saúl.

Alabado sea Dios por Su grandeza y gloria que sobrepasa todo.

 


N.d.tr: Pienso que la entera historia de David y Saúl es una gran ilustración con muchas aplicaciones a la relación entre el verdadero pueblo de Dios y el sistema eclesiástico de los cristianos “solamente de nombre”. (Vea también “David contra Saúl – ¿un ejemplo de sumisión bajo el líder?”)
Sin embargo, en un punto tengo una perspectiva distinta al artículo presente. No creo que los tiempos finales se caracterizarán por una confrontación entre “Goliat” y “Saúl”. Al contrario, creo que en la etapa final, “Saúl” y todo su ejército se habrán puesto del lado de “Goliat” para combatir juntos a “David”. Los comienzos de eso ya están visibles; las iglesias institucionales ya están muy infiltradas por ideas y agentes del anticristo. “Anticristo” significa “en lugar de Cristo”. El anticristo mayormente no intenta combatir el cristianismo frontalmente; intenta sustituirlo por su propia falsificación. La religión del anticristo se llamará “cristianismo”.

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Como los centros de cuidado diurno (“Casas-cuna”) pueden destruir una nación

23/08/2011

NOTA: Este artículo fue movido al nuevo blog “Educación Cristiana Alternativa”.

Vea:

http://educacioncristianaalternativa.wordpress.com/2011/11/30/como-los-centros-de-cuidado-diurno-casas-cuna-pueden-destruir-una-nacion/