Evangelistas en la iglesia del Nuevo Testamento

Durante la mayor parte de la historia de la iglesia, la palabra “evangelista” se usaba exclusivamente para los autores de los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan). Todavía en los tiempos de Juan Wesley (siglo 18) se desató una gran controversia cuando él se llamaba a sí mismo un “evangelista”. Pero desde entonces la mayoría de las denominaciones llegaron a reconocer que la función del evangelista sigue vigente para la iglesia actual.

Un ejemplo de un evangelista en el Nuevo Testamento es “Felipe el evangelista” (Hechos 21:8). Obviamente no se trata del apóstol Felipe, sino de aquel Felipe que es mencionado en Hechos 6:5 como uno de “los siete”, y cuya historia se relata en Hechos 8. Al final de Hechos 8, Felipe “pasaba por todo lugar y evangelizaba todas las ciudades hasta llegar a Cesarea.” Y allí se encontraba todavía cuando Pablo lo visitó en Hechos 21.
La obra de Felipe en Samaria (Hechos 8:5-12) tiene mucha similitud con la obra de los apóstoles en Pentecostés y después. Un evangelista es usado por Dios para anunciar el evangelio de manera convincente, de manera que sucede convicción del pecado, arrepentimiento, y fe en Jesús el Cristo. – A continuación vemos como Felipe se dejó usar por Dios también en la evangelización individual, explicando al oficial etíope el significado de las Escrituras (Hechos 8:26-39).

Otro personaje del Nuevo Testamento que fue llamado “evangelista”, era Timoteo (2 Timoteo 4:5).

Un verdadero evangelista pone siempre a Cristo en el centro de su mensaje y de su práctica. Un verdadero evangelista no es un agente de publicidad contratado para ganar más miembros para una determinada organización. Un verdadero evangelista es enviado por Dios para decir a la gente que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20). Su deseo más profundo es que el Espíritu Santo obre en las personas para convicción del pecado, de justicia y de juicio, para llevarlos al arrepentimiento, a la entrega al Señor, a la fe, y al nuevo nacimiento. El evangelista verdadero desea ver a la gente convertidos en súbditos del Rey y ciudadanos de Su reino, no en miembros de una organización religiosa en este mundo.

Una de las funciones más críticas de un evangelista (y bastante olvidada hoy en día) consiste en que debe confrontar con el evangelio no solamente a “los de afuera”, sino también a los miembros de las congregaciones cristianas. A medida que una congregación crece, crece también la proporción de sus miembros que “tienen el nombre de que viven, pero están muertos” (Apocalipsis 3:1). Ellos son difíciles de evangelizar. Los “de afuera” por lo menos están conscientes de que no son cristianos. Pero los “de adentro” viven en la ilusión de que ya son cristianos, que ya son salvos, y pueden reaccionar de manera muy agresiva cuando alguien les dice que todavía les hace falta nacer de nuevo. Eso fue la razón por qué muchos predicadores de avivamiento fueron atacados y perseguidos por los líderes de sus propias congregaciones y denominaciones: Fue el llamado de aquellos predicadores, decir a los cristianos de nombre que estaban espiritualmente muertos.

¿Tu congregación o denominación conoce y reconoce el ministerio de verdaderos evangelistas? ¿Tu congregación da la bienvenida a evangelistas que llaman al arrepentimiento también a los que están “dentro”?

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