Archive for 12 octubre 2017

Pastores en la iglesia del Nuevo Testamento

12/10/2017

En la actualidad, la gran mayoría de líderes de congregaciones locales se hacen llamar “pastores”. Esto es realmente extraño, considerando que ésta es la función menos mencionada en todo el Nuevo Testamento. El sustantivo “pastor(es)”, refiriéndose a una función en la iglesia, aparece únicamente en Efesios 4:11. (La versión Reina-Valera traduce además erróneamente “pastores” en Hebreos 13:7, 17, y 24. Pero la palabra original allí no es “pastores”, sino “guías”, “líderes”.) – Además existen todavía tres pasajes donde el verbo “pastorear” se refiere a una función en la iglesia: Juan 21:16 (Pedro), Hechos 20:28 (los ancianos), y 1 Pedro 5:2 (también los ancianos). Ya hablamos de estos pasajes en una reflexión acerca de las funciones de los ancianos. Allí vimos que según 1 Pedro 5:1-2, también Pedro vio esta función en conexión con el ancianato.

Tenemos entonces unas cuantas referencias del Nuevo Testamento al “pastorear” como una función de los ancianos de la iglesia local. Pero ¡no existe ninguna mención de un “pastorado” a tiempo completo y que iría más allá de las funciones de un anciano local! Y mientras podemos encontrar en el Nuevo Testamento a varias personas que explícitamente fueron llamados “apóstoles”, “profetas”, “evangelistas”, y “maestros”, no encontramos a nadie que hubiera sido llamado “pastor” (excepto el mismo Señor Jesucristo). Entonces, casi todo lo que las congregaciones actuales enseñan y practican en cuanto al “pastorado”, se basa en realidad sobre pasajes bíblicos que hablan de otras funciones o posiciones (por ejemplo ancianos) – o aun peor: sobre suposiciones que ni siquiera están en el Nuevo Testamento.

Este hecho – valga la redundancia – anula la estructura de liderazgo de la mayoría de las congregaciones actuales. Estas estructuras actuales son uno de los mayores obstáculos que impide a las congregaciones actuales volver a lo que era la iglesia del Nuevo Testamento.

Entonces, si de verdad existe una función de “pastorado” más allá de la función de los ancianos locales, lo único que podríamos decir acerca de esta función se basaría en conjeturas. Por analogía con las otras cuatro funciones mencionadas en Efesios 4 (apóstoles, profetas, evangelistas y maestros), podemos asumir que se trataría también de una función itinerante, abarcando una región geográfica más amplia, con el propósito de “capacitar” a los miembros de las iglesias, y particularmente a los ancianos, para “pastorearse” unos a otros, animando, consolando, aconsejando, y fortaleciendo en la fe.

Si quisiéramos buscar a un personaje del Nuevo Testamento a quien se aplicaría esta descripción, el único que se me ocurre es Bernabé. Desde su primera aparición en el libro de Hechos, él lleva este sobrenombre que significa “Hijo de ánimo” o “Hijo de consolación”. Además se testifica allí de su generosidad excepcional (Hechos 4:36-37). Bernabé era entonces conocido como alguien que animaba y consolaba a los demás.
La siguiente vez que leemos de Bernabé, él era el único que tenía suficiente confianza en el recién convertido Saulo para acercarse a él y para introducirlo a la iglesia en Jerusalén, cuando todos los otros discípulos todavía desconfiaban de él (Hechos 9:26-28). Sin este gesto valiente de Bernabé, ¡Pablo no hubiera encontrado entrada en la iglesia cristiana!
Al parecer, Bernabé era también el único que se dio cuenta del llamado apostólico sobre la vida de Pablo. Porque muchos años después, cuando por fin Pablo comenzó a ejercer una función en la iglesia y a acercarse a la concretización de su llamado, eso fue otra vez gracias a Bernabé, quien había viajado a Tarso para buscar a Pablo y para traerlo a Antioquía (Hechos 11:25).
Al inicio del primer viaje misionero, Bernabé era obviamente el líder. En los capítulos 11 y 13 de Hechos, se le menciona en primer lugar: “Bernabé y Saulo” (Hechos 11:30, 13:2.7). Después, en el versículo 43 del capítulo 13 ocurre un cambio: ahora dice “Pablo y Bernabé”. O sea, Saulo cambió de nombre, y además pasó al primer lugar. Esto se puede explicar solamente con que Bernabé pasó voluntariamente al segundo lugar, reconociendo la autoridad espiritual que Dios había dado a Pablo. Y podemos estar bastante seguros de que fue Bernabé mismo quien había dado a Saulo su nuevo nombre, de manera similar como Jesús había cambiado el nombre de Simón a “Pedro”. – Bernabé demostró entonces esta clase de humildad en el “pastoreo” que Pedro encomienda a todos los ancianos: “Pastoreen el rebaño de Dios (…) no como enseñoreándose de los asignados, sino siendo ejemplos del rebaño.” (1 Pedro 5:2-3)

Antes de emprender el segundo viaje misionero, sucedió entre Pablo y Bernabé “una irritación de manera que se apartaron uno del otro”. La razón fue que Bernabé quiso llevar con ellos a Juan Marcos; pero Pablo desconfiaba de él, porque él los había abandonado durante el primer viaje, por causas que la historia no menciona. Entonces Pablo se negó a llevar a Juan Marcos. El asunto terminó con que Bernabé y Pablo se separaron. Y Bernabé demostró nuevamente su corazón pastoral, acogiendo y animando al que había salido de la disputa como el más herido: Juan Marcos. (Hechos 15:37-40). No fue para menos: Este Juan Marcos es conocido como el autor del Evangelio según Marcos. Una vez más, Bernabé reconoció y animó el potencial espiritual de una persona que había sido rechazada por los demás. Si esto no es un gran ejemplo de “pastoreo” en el sentido del Nuevo Testamento, entonces no hay otro. Bernabé cumplió con lo que el profeta Ezequiel describe como los deberes de un buen pastor:
“Libraré (a las ovejas) de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. (…) En buenos pastos las apacentaré (…) Yo buscaré la perdida, y volveré la extraviada, y ligaré la perniquebrada, y fortaleceré la enferma.” (Ezequiel 34:12-16).

¿Qué concepto de “pastoreo” tiene tu congregación?

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Evangelistas en la iglesia del Nuevo Testamento

05/10/2017

Durante la mayor parte de la historia de la iglesia, la palabra “evangelista” se usaba exclusivamente para los autores de los cuatro Evangelios (Mateo, Marcos, Lucas y Juan). Todavía en los tiempos de Juan Wesley (siglo 18) se desató una gran controversia cuando él se llamaba a sí mismo un “evangelista”. Pero desde entonces la mayoría de las denominaciones llegaron a reconocer que la función del evangelista sigue vigente para la iglesia actual.

Un ejemplo de un evangelista en el Nuevo Testamento es “Felipe el evangelista” (Hechos 21:8). Obviamente no se trata del apóstol Felipe, sino de aquel Felipe que es mencionado en Hechos 6:5 como uno de “los siete”, y cuya historia se relata en Hechos 8. Al final de Hechos 8, Felipe “pasaba por todo lugar y evangelizaba todas las ciudades hasta llegar a Cesarea.” Y allí se encontraba todavía cuando Pablo lo visitó en Hechos 21.
La obra de Felipe en Samaria (Hechos 8:5-12) tiene mucha similitud con la obra de los apóstoles en Pentecostés y después. Un evangelista es usado por Dios para anunciar el evangelio de manera convincente, de manera que sucede convicción del pecado, arrepentimiento, y fe en Jesús el Cristo. – A continuación vemos como Felipe se dejó usar por Dios también en la evangelización individual, explicando al oficial etíope el significado de las Escrituras (Hechos 8:26-39).

Otro personaje del Nuevo Testamento que fue llamado “evangelista”, era Timoteo (2 Timoteo 4:5).

Un verdadero evangelista pone siempre a Cristo en el centro de su mensaje y de su práctica. Un verdadero evangelista no es un agente de publicidad contratado para ganar más miembros para una determinada organización. Un verdadero evangelista es enviado por Dios para decir a la gente que se reconcilien con Dios (2 Corintios 5:20). Su deseo más profundo es que el Espíritu Santo obre en las personas para convicción del pecado, de justicia y de juicio, para llevarlos al arrepentimiento, a la entrega al Señor, a la fe, y al nuevo nacimiento. El evangelista verdadero desea ver a la gente convertidos en súbditos del Rey y ciudadanos de Su reino, no en miembros de una organización religiosa en este mundo.

Una de las funciones más críticas de un evangelista (y bastante olvidada hoy en día) consiste en que debe confrontar con el evangelio no solamente a “los de afuera”, sino también a los miembros de las congregaciones cristianas. A medida que una congregación crece, crece también la proporción de sus miembros que “tienen el nombre de que viven, pero están muertos” (Apocalipsis 3:1). Ellos son difíciles de evangelizar. Los “de afuera” por lo menos están conscientes de que no son cristianos. Pero los “de adentro” viven en la ilusión de que ya son cristianos, que ya son salvos, y pueden reaccionar de manera muy agresiva cuando alguien les dice que todavía les hace falta nacer de nuevo. Eso fue la razón por qué muchos predicadores de avivamiento fueron atacados y perseguidos por los líderes de sus propias congregaciones y denominaciones: Fue el llamado de aquellos predicadores, decir a los cristianos de nombre que estaban espiritualmente muertos.

¿Tu congregación o denominación conoce y reconoce el ministerio de verdaderos evangelistas? ¿Tu congregación da la bienvenida a evangelistas que llaman al arrepentimiento también a los que están “dentro”?