Archive for 18 agosto 2017

Apóstoles en la iglesia del Nuevo Testamento – Parte 3

18/08/2017

En la reflexión anterior hemos examinado la pregunta de si pueden existir funciones apostólicas en la iglesia actual. Hemos señalado las consecuencias que tendría cada una de las respuestas posibles, la afirmativa y la negativa.

Ahora, para aquellos que responden en el sentido afirmativo, deseo examinar algunos criterios bíblicos para el reconocimiento y el ejercicio de una función apostólica, por si existiera en nuestros días:

Un apóstol tiene su llamado inmediatamente de Dios.

Sólo Dios puede “comisionar” a un apóstol. Ninguna institución, ningún líder, ni siquiera otro apóstol, puede conferir a alguien un llamado apostólico. En consecuencia, un verdadero apóstol no puede representar los intereses de ninguna institución o persona – ni tampoco los suyos propios, por supuesto. Solamente puede representar los intereses de Dios mismo. No hará compromisos con la voluntad de ningún líder y con ninguna tradición eclesiástica, ni siquiera con la suya propia. De todas las funciones en el cuerpo de Cristo, al apóstol se aplica en el sentido más completo que él es propiedad de Dios con todo lo que es y tiene.

Un apóstol no es un líder autoritario.

Eso ya está claro desde las palabras de Jesús acerca del liderazgo en general (Mateo 20:25-28, 23:12, Lucas 22:25-27, Juan 13:13-15.) Pero el contraste es aun más fuerte cuando consideramos lo que Pablo escribe específicamente acerca del apostolado:

“Porque me parece que Dios nos puso a nosotros los comisionados como últimos, como entregados a muerte, porque nos volvimos un espectáculo para el mundo y los ángeles y los hombres. Nosotros somos tontos por causa del Cristo, y ustedes sensatos en el Cristo. Nosotros somos débiles, y ustedes fuertes. Ustedes son gloriosos, y nosotros despreciados. Y hasta la hora presente tenemos hambre y sed y estamos sin ropa y somos golpeados y no tenemos donde quedarnos, y trabajamos duro con nuestras propias manos. Mientras somos insultados, bendecimos; mientras somos perseguidos, lo soportamos; mientras somos difamados, animamos; como desechos del mundo nos hemos vuelto, la basura de todos.” (1 Corintios 4:9-13)

“¿Son siervos del Cristo? Como demente hablo, yo más: en trabajos duros más abundantemente, en golpes más, en cárceles más abundantemente, en muertes muchas veces. Por los judíos recibí cinco veces cuarenta [azotes] menos uno; tres veces fui golpeado con vara, una vez apedreado, tres veces naufragué, una noche y un día he pasado en la profundidad [del mar]; en caminatas muchas veces, en peligros por ríos, en peligros por asaltantes, en peligros desde [mi] pueblo, en peligros desde las naciones, en peligros en la ciudad, en peligros en el desierto, en peligros en el mar, en peligros entre falsos hermanos …” (2 Corintios 11:23-26)

Si “el mayor de ustedes sea vuestro siervo”, y si la función más importante en la iglesia es el apostolado, entonces de los apóstoles se espera sin duda la mayor humillación y la mayor disposición al servicio y al sufrimiento. Los historiadores antiguos relatan que once de los doce apóstoles originales sufrieron la muerte de mártires. El que no demuestra esta humildad y esta disposición de sufrir, no es un apóstol según el Nuevo Testamento.

La iglesia debe examinar a los apóstoles, si son verdaderos.

Algunas congregaciones desean tener apóstoles porque quieren librarse de la carga de ejercer discernimiento ellos mismos. Desean tener un líder al que pueden seguir sin dudar o cuestionar; y en eso son semejantes a los antiguos israelitas que desearon tener un rey (1 Samuel 8:4-20). Pero el Nuevo Testamento es claro en que los cristianos (¡todos los cristianos!) deben examinar a todo líder y toda enseñanza, inclusive a los apóstoles.
Pablo reprende duramente a los corintios porque no examinaron a los “apóstoles en exceso” que llegaron a ellos:

“Porque si alguien viene y anuncia a otro Jesús al cual no hemos anunciado, o reciben a un espíritu diferente al cual no aceptaron [al inicio], bien lo soportaban. (…) Porque los tales son falsos comisionados, trabajadores estafadores, que se disimulan como comisionados del Cristo. Y no es asombroso; porque el mismo satanás se disimula como un ángel de luz. Entonces no es nada grande si también sus siervos se disimulan como siervos de justicia. El fin de ellos será según sus actos. ” (2 Corintios 11:4. 13-15)

El Señor elogia a la iglesia de Éfeso porque

“no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos” (Apocalipsis 2:2).

Entonces, donde alguien pretende ejercer una función apostólica, la iglesia en conjunto debe examinar:
su persona y carácter, si es un verdadero seguidor del Señor. “Desde sus frutos los reconocerán” (Mateo 7:20). En particular, cada apóstol debe cumplir también los criterios de 1 Timoteo 3 para ancianos; y por supuesto que debe cumplir los criterios para todo miembro de la iglesia, según 1 Corintios 5:11, 6:9-10, Apocalipsis 21:8, y otros.
– su enseñanza, si es conforme a las Escrituras. Pablo escribe a los gálatas que no debían recibirle ni siquiera a él mismo, en el caso de que él anunciase un evangelio diferente del que recibieron en el inicio (Gálatas 1:8-9).

Si un líder reclama una autoridad incuestionable, y no permite que los “miembros comunes” de la iglesia lo examinen o critiquen a base de las Escrituras, no es ningún líder cristiano genuino.

“Las señales del apóstol”

“Pero las señales del comisionado produje entre ustedes en toda perseverancia, en señales y milagros y poderes.” (2 Corintios 12:12) – Un apóstol demuestra señales de que Dios mismo lo comisionó. En el caso de los doce apóstoles originales y de Pablo, estas señales consistían mayormente en milagros y sanidades sobrenaturales. En los apóstoles en un sentido más amplio, eso no necesariamente tiene que ser el caso; por ejemplo de Bernabé o de Timoteo no se reportan milagros sobrenaturales. Pero Bernabé demostró una generosidad inusual en consecuencia de su cercanía al Señor (Hechos 4:36-37). – Entre los pioneros misioneros y de avivamiento anteriormente mencionados, según mi conocimiento no se reportaron milagros sobrenaturales en el ministerio de Guillermo Carey, ni de Hudson Taylor. Pero ambos demostraron una disposición extraordinaria para soportar sufrimientos, enfermedades, aislamiento, incomprensión, necesidades materiales, y otras muchas dificultades. Carey logró ademas la hazaña extraordinaria de traducir la Biblia a no menos de cuarenta y cuatro diferentes idiomas asiáticos. – En el ministerio de Zinzendorf resalta un día particular cuando el Espíritu Santo fue derramado sobre los hermanos reunidos con él, provenientes de varias denominaciones diferentes, con el resultado de que se reconciliaron entre sí y “fueron reunidos en un amor ardiente hacia el Salvador y unos a otros”.
Entonces, Dios puede confirmar Su llamado de muchas y diversas maneras, no siempre mediante milagros; pero en la vida de alguien “comisionado por el Señor” siempre se observará algo fuera de lo común, algo que se puede explicar solamente con el toque de Dios sobre la vida de esa persona.

La función apostólica no puede limitarse a una sola denominación.

Esto es una consecuencia lógica del hecho de que la función apostólica trasciende la iglesia local. El Nuevo Testamento no dice mucho acerca del problema de las denominaciones; este problema ocurrió únicamente en Corinto. Pero leemos allí que Pablo se dirige a “la asamblea de Dios que está en Corinto” (1 Cor.1:2) como si las diferentes facciones no existieran. Él exhorta a todas ellas por igual, en la expectativa de que todas ellas aceptarían su autoridad. Un apóstol (como todas las “funciones de capacitación” mencionadas en Efesios 4:11) está puesto “para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:12); entonces si en algún lugar el cuerpo de Cristo está dividido en varias denominaciones, un apóstol no puede dirigirse solamente a una de ellas.

Es un caso distinto si una denominación (o sus líderes) rechaza un ministerio apostólico por el simple hecho de que este ministerio no se somete a sus estructuras denominacionales particulares. Eso, por supuesto, no es culpa del apóstol. La función apostólica por definición tiene que desarrollarse independientemente de las estructuras denominacionales. Pero por esa misma razón, si alguien pretende ejercer una función apostólica y al mismo tiempo se identifica fuertemente con una denominación particular, habrá que dudar del llamado apostólico de esa persona.

Anuncios