Apóstoles en la iglesia del Nuevo Testamento – Parte 1

La palabra “apóstol” significa literalmente “comisionado”. Esta palabra se usa en el Nuevo Testamento para por lo menos tres grupos diferentes de personas:

a) Los doce apóstoles originales.
Este es el significado predominante de la palabra “apóstol”: Los doce discípulos que fueron escogidos explícitamente por Jesús “para que estuviesen con Él”, y para cumplir una función especial en la divulgación del evangelio y en el liderazgo de la iglesia (Mateo 10:1-4, Marcos 3:13-19, Lucas 6:12-16). Posteriormente se eligió además a Matías para sustituir a Judas quien había traicionado al Señor (Hechos 1:16-26). En aquella oportunidad se aclaró cuáles eran los requisitos para ser parte de ellos: Tenía que haber visto a Jesús resucitado, y tenía que haber estado con Jesús “empezando desde el bautismo de Juan hasta el día en que fue recibido arriba” (v.22).
Estos doce apóstoles tenían una autoridad incontestada en todas las iglesias. Su testimonio era la única fuente confiable de información acerca de lo que Jesús había hecho y enseñado. Por eso, durante los primeros cinco capítulos del libro de Hechos, ellos eran los únicos que se dedicaban al anuncio público del evangelio. Ellos formaban el núcleo de los ciento veinte que habían recibido inicialmente el Espíritu Santo en Pentecostés.
Con todo esto es obvio que nadie después de ellos podía ser “apóstol” en el mismo sentido como los doce. Su función apostólica es única en la historia entera, y es estrechamente relacionada con el ministerio de Jesús en la tierra.

b) Apóstoles en un sentido más amplio
Aparte de los doce y Pablo, hay algunas otras personas que son llamados “apóstoles”. Más notablemente Bernabé, del cual dice en Hechos 14:14: “Cuando lo escucharon los apóstoles Bernabé y Pablo …” – También en 1 Corintios 9:5-6, Pablo incluye a Bernabé con toda naturalidad entre los apóstoles.
En 1 Tesalonicenses 2:7 dice: “… aunque podríamos serles una carga como apóstoles de Cristo …” – Pablo está hablando en plural, o sea, la palabra “apóstoles” incluye a los otros remitentes de la carta, Silvano y Timoteo (1:1).
En Gálatas 1:19 se incluye a Jacobo el hermano del Señor entre los apóstoles. Este Jacobo no es idéntico con “Jacobo hijo de Zebedeo” ni con “Jacobo hijo de Alfeo” quienes eran de los doce; porque como hermano del Señor era “hijo de José”.
En Romanos 16:7 se menciona a “Andrónico y Junias (…) que son sobresalientes entre los apóstoles”.

Hubo entonces un número indefinido de siervos del Señor que también fueron llamados “comisionados” (apóstoles), aunque no eran de los doce. Podemos ver las siguientes diferencias entre ellos y los apóstoles originales:
– Los apóstoles en el sentido más amplio no cumplen necesariamente los requisitos de Hechos 1:21-22.
– Su servicio no abarca las iglesias de todos los lugares. Puede tener un alcance geográfico amplio (como en el caso de Bernabé o de Timoteo), o puede ser limitado a un solo lugar (Jacobo se quedó todo el tiempo en Jerusalén); pero de todos modos no es “universal”.
– En consecuencia, su enseñanza no es autoritativa como la enseñanza de los apóstoles originales; y no reciben la inspiración divina para contribuir a las Sagradas Escrituras. (Con la posible excepción de Bernabé, de quien algunos asumen que podría ser el autor de la carta a los Hebreos; pero no existe ningún testimonio histórico definitivo al respecto.)

c) “Comisionados” en otro sentido
En algunos pasajes del Nuevo Testamento que usan la palabra “comisionado” (apóstol), el significado es obviamente otro:
“….nuestros hermanos son comisionados de las asambleas …” (2 Corintios 8:23)
“Epafrodito, … vuestro comisionado y servidor de mi necesidad …” (Filipenses 2:25)
En estos casos se trata de hermanos que fueron comisionados por una iglesia (o varias iglesias) para transmitir una encomienda y/o un mensaje. Estos pasajes entonces no hablan del apostolado propiamente dicho.

Tenemos que entender que la función apostólica propiamente dicho significa ser comisionado por Dios mismo, no por algún agente humano. Un apóstol recibe su función no por encargo de algún otro líder, ni por encargo de una asamblea o iglesia. Otros agentes pueden en ciertas circunstancias confirmar su llamado apostólico, pero no pueden originarlo.

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