Archive for 31 marzo 2017

Funciones de los ancianos en la familia de Dios – Parte 1

31/03/2017

En las reflexiones anteriores encontramos que la iglesia del Nuevo Testamento tenía una estructura familiar, no institucional; y que una expresión específica de esta estructura familiar es el ancianato como paternidad extendida. Veremos ahora cuáles eran las funciones de los ancianos bíblicos.

“Pastorear”

Primeramente tenemos que entender que en la estructura de la iglesia del Nuevo Testamento no existe el “pastorado” en la forma como lo entienden la mayoría de las congregaciones actuales. El “pastorado” evangélico es en realidad la continuación del sacerdocio católico romano, solamente bajo otro nombre y con funciones ligeramente diferentes. En el texto original del Nuevo Testamento, el sustantivo “pastor” (griego “poimén”) aparece una sola vez como una función en la iglesia (Efesios 4:11), y allí no significa un líder de la iglesia local, sino una función de “capacitación de los santos para el servicio”.

Además encontramos en tres pasajes del Nuevo Testamento el verbo “pastorear” (griego “poimáino”) como una función en la iglesia:
– En Juan 21:16 dice Jesús a Pedro: “Pastorea mis ovejas.” Se trata de un aspecto de la función apostólica de Pedro. Ningún “pastor” de una iglesia local puede aplicar este verso a sí mismo, porque fue una palabra a Pedro personalmente, en una función que trasciende la iglesia local.
– Pedro mismo usa la palabra “pastorear” al dirigirse a los ancianos: “Animo a los ancianos entre ustedes (…): Pastoreen el rebaño de Dios que está entre ustedes, cuidando [de él], no obligadamente, sino voluntariamente; no por codicia de ganancia vergonzosa, sino de buena voluntad; no como quienes se enseñorean de los asignados, sino siendo ejemplos del rebaño …” (1 Pedro 5:1-3). El “pastorear” en la iglesia local es entonces una función de los ancianos.
– En Hechos 20:17 leemos que Pablo “envió a Éfeso para hacer venir a los ancianos de las asambleas”. Y en el verso 28 les dice: “Estén atentos a ustedes mismos y a todo el rebañito entre el cual el Espíritu Santo les puso como cuidadores para pastorear la asamblea del Señor y Dios, la que adquirió por su propia sangre.” – Este pasaje confirma nuevamente que el “pastorear” es una función de los ancianos.

Los pasajes citados son los únicos en todo el Nuevo Testamento que usan las palabras “pastor” o “pastorear” en el sentido de una función en la iglesia. (La versión Reina-Valera traduce además erróneamente “pastores” en Hebreos 13:7, 17, y 24. Pero la palabra original allí no es “pastores”, sino “guías”, “líderes”.)

Ahora, si queremos saber qué significa “pastorear” en el pueblo de Dios, tenemos que ir al Antiguo Testamento. Allí encontramos en el capítulo 34 de Ezequiel la profecía acerca de los malos pastores y el Buen Pastor. Allí se menciona como funciones de un “pastor” legítimo: Fortalecer a los débiles; curar a los enfermos; vendar a los heridos; hacer volver a los extraviados; buscar a los perdidos. “Pastorear” tiene que ver entonces con animar, consolar, aconsejar con amor, restaurar, edificar. Eso no es lo que comúnmente se entiende con un “líder”. Tanto Ezequiel como también Pedro en su carta advierten a los ancianos contra el “enseñorearse” del rebaño. Se pervierte la idea del “pastorear” donde un líder, bajo el pretexto de un “pastorado”, se aprovecha de sus hermanos en la fe y los obliga a colaborar con sus propios planes; o donde un líder interfiere con la vida privada de sus hermanos, exigiendo “sumisión” bajo mandamientos arbitrarios de hombres.

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La iglesia como “familia de Dios” – Parte 5

08/03/2017

La sumisión en el Nuevo Testamento

Examinaremos ahora el concepto más “jerárquico” que existe en el Nuevo Testamento: la “sumisión” o “sujeción”. El verbo griego correspondiente, “hypotássomai”, está relacionado con una palabra que significa “orden”. Su significado literal es entonces “colocarse en el orden correcto debajo de alguien”.

Al examinar los pasajes del Nuevo Testamento donde aparece esta palabra, notamos primeramente que Dios es el único que activamente “somete” o “sujeta” a alguien o algo. Nunca dice que algún hombre debe someter a otro o exigir sumisión de otro. Este es un principio importante: La sumisión en el sentido del Nuevo Testamento es algo que uno hace por sí mismo. No es algo que uno podría exigir de los demás. – En otras palabras: Hay varios pasajes del Nuevo Testamento que dicen a ciertas personas que deben someterse a otras personas. Pero nunca dice a estas otras personas que deben exigir sumisión de las primeras.
Así notamos también que los apóstoles dicen en varias oportunidades a los miembros de la familia de Dios que se sometan a ciertas personas; pero ningún apóstol o líder en el Nuevo Testamento dijo alguna vez: “Sométanse a mí”.

Ahora, entre todos los pasajes que hablan de “sumisión” entre personas humanas, encontramos uno solo que se refiere al ámbito de la iglesia propiamente dicho: “Ustedes conocen el hogar de Estefanás, que son el primer fruto de Acaia, y se colocaron a sí mismos al servicio para los santos; que también ustedes se sometan a los tales, y a todo aquel que colabora y trabaja duro.” (1 Corintios 16:15-16)
Llama la atención que este pasaje no habla de ninguna posición de liderazgo específico (como si dijera “Sométanse a los ancianos”, o “Sométanse a los apóstoles”). En cambio, habla de una manera muy general de “todo aquel que (voluntariamente) colabora y trabaja duro”. O sea, no existe ningún círculo fijo de personas en la iglesia que de por sí mismos tuvieran derecho a que los demás se sujeten a ellos. Pablo recomienda con nombre a Estefanás, pero lo deja al criterio de los miembros de la iglesia, determinar quiénes son los otros que “colaboran y trabajan duro”. Obviamente, este dicho está en línea con lo que dijo Jesús, de que “el mayor de ustedes sea su siervo” (Mateo 23:12). También está en línea con lo que dijimos en las reflexiones anteriores, que el ancianato no se define por elección “democrática” ni por nombramiento “desde arriba”, sino por medio del reconocimiento de parte de la congregación.

Este hecho es aun más llamativo cuando consideramos que existen otros ámbitos donde el Nuevo Testamento sí establece unas estructuras claras de “sumisión”: en cuanto al gobierno del estado, y aun más notablemente en cuanto a la familia. A todos les dice que se sujeten al gobierno (Romanos 13:1.5, Tito 3:1, 1 Pedro 2:13). (Aunque esta sujeción tiene sus límites cuando se trata de los mandamientos de Dios; pero no hay lugar aquí para entrar en este tema.) – Aun más claras y detalladas son las palabras que establecen una “estructura de sumisión” en el hogar:

– Las esposas deben someterse a sus esposos. (Efesios 5:22, Colosenses 3:18, Tito 2:5 (las ancianas), 1 Pedro 3:1.5). – Hay además dos pasajes donde dice que las mujeres deben estar en sumisión, sin especificar a quién (1 Corintios 14:34, 1 Timoteo 2:11). Pero ante el trasfondo tan claro de la estructura del matrimonio, podemos con bastante seguridad asumir que también estos pasajes se refieren a la sumisión hacia sus propios esposos (y no hacia cualquiera).

– Los hijos deben someterse a sus padres. Esto está implícito en Lucas 2:51 y 1 Timoteo 3:4.

– Los siervos deben someterse a sus amos. (Tito 2:9, 1 Pedro 2:18) Esta es también una relación familiar, ya que los siervos y esclavos se consideraban parte del hogar del amo.

– Los (más) jóvenes deben someterse a los (más) ancianos. (1 Pedro 5:5). Algunos piensan que aquí se trata de una relación “eclesiástica”, ya que los versículos anteriores hablan de los ancianos de la iglesia. Pero al usar la palabra “los (más) jóvenes”, Pedro aclara que la verdadera razón por someterse no es la “posición de liderazgo” de los ancianos, sino la diferencia en edad (y por tanto en experiencia y sabiduría). Aun donde se trata de los ancianos de la iglesia, el trasfondo de este principio es el uso común en la familia extendida. Por tanto, este versículo pertenece a la categoria de las relaciones familiares (que se prolongan en la iglesia), y no de las relaciones “institucionales”.

Lo mismo observamos cuando examinamos el uso de la palabra griega “hypakoúo” (obedecer). La gran mayoría de estos pasajes hablan de la obediencia hacia Dios y Su palabra. Los demás se refieren todos a las relaciones dentro del hogar:

– Sara obedecía a su esposo Abraham (1 Pedro 3:6).

– Los niños deben obedecer a sus padres (Efesios 6:1, Colosenses 3:20).

– Los siervos deben obedecer a sus amos (Efesios 6:5, Colosenses 3:22).

No existe ningún pasaje del Nuevo Testamento donde la palabra “hypakoúo” se usaría para describir la obediencia hacia líderes de la iglesia.

Algunos citan Hebreos 13:17 para decir que allí se exige obediencia hacia los “pastores”. Desafortunadamente, varias versiones de la Biblia (entre ellas la Reina-Valera) apoyan esta idea porque traducen este versículo de manera inexacta e incorrecta. En el original griego, este versículo no contiene la palabra “hypotássomai” ni la palabra “hypakoúo”. En su lugar tiene dos otras palabras con un significado mucho menos fuerte: “peíthomai”, que significa “dejarse convencer” (voluntariamente), y “hypeíko”, que significa “ceder”. – En el original, Hebreos 13:17 tampoco contiene la palabra “poimén” (pastor). En su lugar dice “haegoúmenoi”, lo que significa “líderes” o “guías” en un sentido muy amplio (y en el plural), sin especificar ninguna posición o “cargo” en particular. Una traducción más exacta sería: “Déjense convencer por vuestros guías y cedan, porque ellos velan en beneficio de las almas de ustedes …”

El Nuevo Testamento usa entonces bastante espacio para detallar el “orden correcto” dentro del cual cada uno debe colocarse, en lo que se refiere a las relaciones en el hogar; pero no dice casi nada acerca de una similar “estructura de sumisión” en la iglesia. Es realmente sorprendente que en las muchas congregaciones que enfatizan la “sumisión hacia los líderes”, ¡nadie se haya percatado de eso!

Encontramos además, en el mismo contexto de los pasajes citados, dos versículos que dicen “Sométanse unos a otros” (Efesios 5:21, 1 Pedro 5:5). Entonces, las “estructuras de sumisión” que hemos visto ahora no son absolutas; estas estructuras deben estar integradas en un ambiente de respeto y sumisión mutua.

Sacamos entonces las siguientes conclusiones:

La sumisión en la iglesia del Señor no debe entenderse como expresión de una estructura jerárquica y artificial, como en las instituciones del estado. En la iglesia, en cambio, la sumisión es una consecuencia natural de las relaciones familiares que existen en los hogares y en las familias extendidas. Bíblicamente, la familia y el hogar tienen una “estructura de sumisión” mucho más fuerte y más importante que la iglesia. Es desde estas estructuras familiares que surge de manera natural el ancianato de la iglesia, y el respeto y la sumisión que se brinda voluntariamente a los ancianos como a padres sabios y maduros en el Señor. Las personas que son dignas de recibir esta sumisión, se distinguen no por un “cargo” o una “posición” definida, sino por haberse colocado voluntariamente “al servicio de los santos” (1 Corintios 16:15-16), y por haber recibido como tales el reconocimiento de la congregación. Todo esto está envuelto en la sumisión mutua, que se aplica a todos los miembros de la familia de Dios sin importar su función en la iglesia.

A la luz de la enseñanza del Nuevo Testamento, se debe desconfiar de cada líder eclesiástico que exige sumisión hacia él mismo; sobre todo cuando esta sumisión interfiere con la sumisión en las relaciones familiares ordenadas por Dios entre esposo y esposa, o entre padres e hijos.