La iglesia como “familia de Dios” – Parte 1

En las reflexiones anteriores hemos examinado la descripción de la iglesia del Nuevo Testamento como “cuerpo de Cristo”, y hemos analizado el funcionamiento interno de este cuerpo. Ahora pasaremos a otra descripción igualmente importante: la iglesia es la familia de Dios.

La estructura de la iglesia del Nuevo Testamento se basa en las familias.

La iglesia se llama “la familia de Dios” (Efesios 2:19) o “familia de la fe” (Gálatas 6:10). Un poco más adelante en la misma carta, Pablo explica la razón de ser de la familia: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesús el Cristo, según quien es nombrada toda familia (lit. paternidad) en los cielos y en la tierra.” (Efesios 3:14-15) La familia – o más exactamente la paternidad – terrenal es entonces una imagen y un reflejo de la paternidad que ejerce Dios Padre. La familia no es simplemente una forma de convivencia de la sociedad humana. Es una institución divina con el propósito explícito de reflejar la paternidad de Dios en la tierra.
Y eso mismo es también uno de los propósitos más importantes de la iglesia. Avanzando un poco más en la carta a los efesios, vemos que Pablo habla también de la iglesia en términos de la familia y del matrimonio: “…porque el esposo es cabeza de la esposa, como también el Cristo es cabeza de la asamblea, y él es Salvador del cuerpo. … Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y será adherido a su esposa, y los dos se volverán una sola carne. Este secreto es grande, pero yo digo [que se refiere] a Cristo y a la iglesia.” (Efesios 5:23.31-32)

Por eso, la estructura de la iglesia del Nuevo Testamento es básicamente la estructura de una familia; no de una organización o institución. En su núcleo está la familia natural, la cual refleja la paternidad de Dios. Y si las relaciones interpersonales en la iglesia funcionan como relaciones familiares, la iglesia entera refleja la paternidad de Dios. La paternidad de Dios es perfecta, justa, fiel, amorosa, compasiva, comprensiva, sincera, transparente, y siempre para el bien de los hijos.

Ya la antigua Israel, el pueblo de Dios del Antiguo Pacto, fue estructurado y organizado enteramente por familias, linajes y tribus. En el Nuevo Testamento hay pocos pasajes que hablan explícitamente de una estructura familiar. Por eso es fácil pasar por alto este hecho. Pero la primera iglesia estaba todavía completamente inmersa en la cultura judía. Por eso, la estructura familiar es como un telón de fondo que está presente en todos los relatos acerca de la iglesia, aún donde no se la menciona explícitamente.

Esto comienza con la metáfora que el Señor Jesús utiliza para describir el comienzo de una vida cristiana: “… les dio autoridad de volverse hijos de Dios, a los que creen en su nombre; quienes son engendrados no de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios.” (Juan 1:12-13) – “El que no nace de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). Una verdadera vida cristiana comienza con un nuevo nacimiento. La persona que nace de nuevo, se convierte en un “hijo de Dios”. Así como un bebé nace en una familia (no en una fábrica, ni en una escuela), así también un nuevo cristiano nace en una familia espiritual, no en una “institución”.
Pablo no usa la expresión de “nacer de nuevo”, pero en su lugar usa la expresión de la “adopción” como hijos de Dios (Romanos 8:14-16, Gálatas 4:3-7).

Después encontramos los indicios de esta estructura familiar en todos los pasajes que testifican que la primera iglesia se reunía en las casas. En los idiomas bíblicos, el hebreo y el griego, la palabra “casa” es equivalente a “familia”.
Con esto coincide que en varias oportunidades leemos de familias enteras que entregaron sus vidas al Señor:
Cornelio con “sus parientes y amigos más cercanos” (Hechos 10:24.44),
Lidia “y su familia” (Hechos 16:15),
el carcelero de Filipos “con todos los suyos” (Hechos 16:33),
“la casa de Aristóbulo” y “los de la casa de Narciso” (Romanos 16:10-11),
“la familia de Estéfanas” (1 Corintios 16:15).

Encontramos también pasajes en las cartas de los apóstoles que se dirigen a esposos y esposas, padres e hijos, amos y esclavos. (Efesios 5:21-6:9, Colosenses 3:18-4:1, 1 Juan 2:12-14.) De allí podemos concluir que las familias estaban unidas en las reuniones; no se formaban grupos de jóvenes o niños aparte, ni de varones o mujeres aparte. La primera iglesia era realmente una “familia de familias”. No era un grupo de personas individuales sacadas de sus familias al azar y juntadas para formar una “institución”. La iglesia del Nuevo Testamento mantiene y fortalece la unidad de la familia. No separa a los miembros de la familia los unos de los otros en sus reuniones y eventos. No hace exigencias que requieren que los padres o madres dejen solos a sus esposos(as) o hijos; no educa a los niños en instituciones aparte y separados de sus padres; no interfiere en los asuntos internos de las familias sin que se haya pedido su ayuda. La entera estructura de la iglesia del Nuevo Testamento es familiar, no institucional.

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