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La iglesia del Nuevo Testamento trasciende naciones y culturas.

17/11/2016

La Gran Comisión involucra hacer discípulos “a todas las naciones” (Mateo 28:19), ir “por todo el mundo” (Marcos 16:15). Esto significa necesariamente que los mensajeros del evangelio tienen que vencer barreras geográficas, nacionales, lingüísticas y culturales. Para los primeros discípulos, eso era bastante difícil de entender, porque todos ellos eran judíos, y desde su historia nacional estaban acostumbrados a que Dios actuaba solamente con el pueblo judío.
Por eso, Felipe necesitaba una instrucción especial de un ángel para ir al encuentro del oficial etíope (Hechos 8:26-40). Igualmente Pedro necesitaba un encuentro especial con Dios hasta que él fue dispuesto a llevar el evangelio a la casa de una familia no judía (Hechos 10). Pero poco a poco los discípulos comenzaron a aceptar el hecho de que el evangelio era para todas las naciones. En Antioquía surgió por primera vez una iglesia donde se reunían judíos y griegos juntos (Hechos 11:19-21). Es quizás por esa razón que en Antioquía los discípulos por primera vez fueron llamados “cristianos” (Hechos 11:26): Al tener comunión con discípulos de otras nacionalidades, se vieron obligados a dejar atrás sus particularidades nacionales, y a asumir conscientemente su nueva “nacionalidad” como ciudadanos del reino de Dios.

Entonces, en la iglesia del Nuevo Testamento no hay lugar para ninguna forma de racismo. “… donde no hay griego y judío, circuncisión y prepucio, bárbaro, escita, esclavo, libre; sino que todo y en todos es el Cristo.” (Colosenses 3:11)
A raíz de circunstancias históricas, durante muchos siglos el cristianismo estaba limitado casi únicamente al continente europeo (de donde a partir del siglo 17 algunos emigraron a América). Solamente durante los últimos 200 años, el evangelio bíblico volvió a extenderse con fuerza en otros continentes. Por necesidad histórica entonces fueron misioneros de descendencia europea, quienes por muchos años eran los maestros de las otras naciones en cuanto al cristianismo. Pero esta circunstancia histórica no establece ninguna superioridad de la raza blanca sobre las otras razas.

La historia de América Latina es particularmente difícil en este respecto, porque esta parte del mundo llegó a conocer el concepto de “cristianismo” primero bajo la forma como lo trajeron los conquistadores españoles. Según criterios bíblicos, los conquistadores no fueron cristianos en absoluto. Ellos abusaron del nombre de Cristo para traer el colonialismo, la explotación, y el catolicismo romano (que tiene poco en común con un cristianismo bíblico). Trágicamente, eso es lo quedó asociado en la mente de muchos latinoamericanos con el nombre de “cristianismo” hasta hoy: la dominación extranjera, el autoritarismo, el abuso, la explotación. Así, la supuesta “cristianización” por los españoles fue uno de los obstáculos más grandes contra la introducción de un cristianismo verdadero, bíblico.

Solamente después de la independencia fue posible para cristianos de corrientes más bíblicas, entrar en las anteriores colonias españolas. Como en otros continentes, también aquí se trataba mayormente de misioneros evangélicos europeos o norteamericanos. Aunque ellos profesaban someterse a la palabra de Dios como máxima autoridad, también ellos, consciente o inconscientemente, importaron junto con el evangelio muchos aspectos de su cultura que no son necesariamente cristianas, o que incluso contradicen el evangelio. – Ahora, la cultura europea efectivamente contiene muchos elementos cristianos porque fue moldeada por principios cristianos durante tantos siglos. Se formó allí una cultura de honestidad, de responsabilidad ante Dios y los hombres, de libertad religiosa y de la conciencia, todo lo cual es digno de aceptación; pero no porque fuera “europeo”, sino porque es conforme al evangelio.
Al mismo tiempo se importaron de la cultura europea también un estilo de vida materialista (que en las iglesias se manifiesta bajo la forma del “evangelio de la prosperidad”), y las filosofías del humanismo, de la ilustración, del racionalismo, del individualismo, del socialismo, y otras más, que son contrarias al evangelio. (No hay lugar aquí para analizar cada una de estas filosofías y demostrar por qué están contrarias al evangelio. Refiero al lector interesado a la serie de estudios sobre “Cosmovisión cristiana” en http://www.altisimo.net/maestros/cosmovision.) Así que junto con el evangelio, las iglesias adoptaron también muchas ideas que en última consecuencia llevan a la destrucción del evangelio, porque no sabían distinguir bien entre evangelio y cultura.

En América Latina en particular, las misiones evangélicas en sus inicios tenían lazos fuertes con el liberalismo político, el cual a su vez tenía lazos con la así llamada “teología liberal”. Eso fue porque el evangelicalismo y el liberalismo compartían una meta común: romper el predominio y la intolerancia del catolicismo romano. Pero la “teología liberal” (también conocida como “Alta Crítica”, “método histórico-crítico”, “teología moderna”, “teología científica”, “ciencias bíblicas”, y otros nombres más) es una teología influenciada por el racionalismo que estudia la Biblia “críticamente”, o sea, no la acepta como palabra de Dios inspirada. Así que en los mismos inicios de las iglesias evangélicas latinoamericanas ya se introdujo el veneno de una teología que pone en duda la verdad de la Biblia, busca “errores” y “contradicciones” en ella, y se jacta de ser “científica” al desechar grandes porciones de la Biblia como supuestamente “no auténticas” o “añadiduras posteriores”. Esta es una de las principales causas de la apostasía actual.

Durante las últimas décadas, muchas misiones e iglesias empezaron a darse cuenta de que algunas de sus costumbres no son cristianas, sino simplemente europeas; y que se levantan barreras innecesarias contra el evangelio cuando se obliga a gente de otras culturas a adoptar costumbres europeas. Con eso, en algunos círculos la “indigenización” de la iglesia se hizo de moda. Mientras esto trata de aspectos de la vida diaria como comida, vestimenta, vivienda, reglas de urbanidad y respeto mutuo, etc, es correcto que se respeten las costumbres indígenas de cada lugar. En este respecto dice Pablo: “Porque siendo libre de todo, me hice esclavo para todos, para ganar a la mayor parte; y me volví como judío para los judíos, para ganar a los judíos (…), para los que están sin ley como alguien sin ley (…), me volví como débil para los débiles, para ganar a los débiles; a todos me volví todo, para salvar a algunos de toda manera.” (1 Corintios 9:19-22).

Pero existe el peligro de que ahora el péndulo se mueva demasiado hacia el extremo opuesto, y que todo lo indígena se considere de por sí mismo superior a lo extranjero. Así, en algunos casos el indigenismo ha sido una puerta por la cual volvieron a entrar valores y prácticas paganas a la iglesia, bajo el pretexto de “adaptación cultural”. Tan pronto como una costumbre tiene implicaciones espirituales o morales, es necesario examinarla desde las Escrituras y aceptar solamente lo que es compatible con la voluntad de Dios.

Para encontrar la salida correcta, tenemos que entender que la decisión no es entre cultura europea o cultura indígena. La decisión es entre la cultura humana de cualquier lugar, o la cultura del reino de Dios. Toda cultura en esta tierra (con excepción de la judía) tiene raíces paganas. (y aun la judía fue posteriormente contaminada por influencias paganas.) Entonces toda persona que se convierte a Cristo, de cualquier trasfondo cultural que sea, tiene que distanciarse de su cultura heredada, tiene que examinar su cultura a la luz de la palabra de Dios, y desechar lo que no es conforme a Su voluntad. Toda persona necesita ser “rescatado de su comportamiento vano, el cual ustedes recibieron de vuestros padres” (1 Pedro 1:18).
El “viejo hombre” fue formado según el molde de la cultura que lo rodea. Si en esa cultura es normal emborracharse, el viejo hombre tendrá una tendencia hacia el alcoholismo. Si esa cultura es muy intelectualista y da un valor exagerado a la ciencia y a una formación universitaria, el viejo hombre tendrá una tendencia hacia el intelectualismo, el racionalismo, y la “sabiduría de este mundo”, despreciando la sabiduría de Dios. Si esa cultura es marcada por el catolicismo romano, el viejo hombre tendrá una tendencia hacia el sacerdotalismo, el autoritarismo, el tradicionalismo, y probablemente hacia la superstición.
Así que cada cristiano necesita pasar por un proceso de “renovación de su mente” (Romanos 12:1-2). Necesita detectar las influencias de su cultura heredada que son contrarias a la verdad de Dios, tiene que desechar estas influencias y tiene que empezar a pensar y actuar conforme a la voluntad de Dios. Las influencias que vienen de la propia cultura y familia son las más difíciles de detectar, porque son lo que uno considera “normal”. Por ejemplo, en la cultura peruana la corrupción se considera “normal”. Aun entre los cristianos peruanos, y aun condenando la corrupción con sus palabras, la mayoría sigue participando en ella, y solamente una muy pequeña minoría se resiste efectivamente contra ella. Eso es porque la mayoría no se ha distanciado de su cultura heredada; no dejaron atrás su “vana manera de vivir” que recibieron de sus padres (o de su entorno en general), y no asumieron una nueva cultura como ciudadanos del reino de Dios. Pero mientras eso no suceda, no podemos decir que el Perú haya realmente sido alcanzado por el evangelio.
El evangelio “para todas las naciones” no significa que todas las costumbres de las naciones (inclusive las paganas y las inmorales) tengan cabida en la iglesia. Significa que los discípulos de entre todas las naciones dejen atrás lo que es contrario al evangelio en la cultura de su nación, y que aprendan a vivir según una cultura nueva, la cultura del reino de Dios.

¿Te encuentras conscientemente en este proceso de transición desde tu cultura heredada hacia la cultura del reino de Dios? ¿Cuál tiene más influencia en tu congregación: las culturas humanas o la cultura del reino de Dios? ¿Es tu congregación siquiera consciente de que existe una cultura del reino de Dios?

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En la iglesia del Nuevo Testamento, el pecado no puede permanecer escondido.

03/11/2016

Esta es una de las características más resaltantes de la primera iglesia, y una que las congregaciones actuales han perdido casi completamente.

Si limpiamos los vidrios de una ventana, y el día es nublado y oscuro, la ventana puede parecernos limpia. Pero tan pronto como cae la luz del sol sobre ella, veremos innumerables impurezas y manchas. Así es también la situación de la iglesia. Mientras una congregación vive espiritualmente en la sombra, y todos sus miembros se han adaptado a los caminos del mundo y se han acostumbrado a tolerar pequeños pecados y comportamientos inmorales, cada uno de ellos vive despreocupadamente en la ilusión de ser limpio. Pero si en el mismo lugar existiera una congregación que vive en santidad y en la luz del Espíritu Santo, y uno de los miembros de la primera congregación entrara allí, pronto sería “amonestado por todos, examinado por todos, y así lo escondido de su corazón saldrá a la luz …” (1 Corintios 14:24-25).

La iglesia original vivía en un tal ambiente de santidad y pureza, que el pecado no podía permanecer escondido. Cada impureza saltaba inmediatamente a la luz. La primera vez que sucedió un pecado dentro de la iglesia original en Jerusalén, los culpables murieron en el mismo instante en que su pecado fue descubierto (Hechos 5:1-11). Y ni siquiera era una pecado “grande” según los conceptos de la cristiandad actual. Era un pecado que muchos miembros de las congregaciones actuales cometen a diario: una mentira. Tenemos que suponer entonces que desde Pentecostés hasta ese momento, ¡ningún miembro de la primera iglesia había hablado alguna mentira!
(Algunos intérpretes dicen que el pecado de Ananías y Safira consistía en malversar dinero. Pero eso no es cierto. El dinero era propiedad de ellos, y Pedro aclara que aun después de vender su terreno, ellos tenían todo el derecho de hacer con el dinero lo que ellos deseaban (Hechos 5:4). Su pecado consistía en aparentar una generosidad que no tenían; y eso es lo que Pedro llama “mentir al Espíritu Santo” (v.3).)
Esta historia incomoda a muchos lectores modernos. “¿Cómo puede Dios castigar un pecado tan pequeño de una manera tan drástica?”, dicen. Pero la cosa es al revés. Un miembro de aquella primera iglesia, si pudiera ver las congregaciones actuales, diría: “¿Cómo puede Dios pasar por alto todos los pecados graves que ellos cometen?”. Y tendría más razón que el cristiano moderno.

– Cierto, hubo pocos casos donde Dios respondió al pecado en la iglesia de una manera tan llamativa como aquí. Pero eso no significa que el caso de Ananías y Safira hubiera sido excepcionalmente grave. Al contrario: La iglesia de aquel tiempo era todavía lo suficientemente sensible para entender el mensaje de Dios. “Y vino un gran temor sobre toda la asamblea y sobre todos los que escucharon esto. – Por medio de los comisionados (“apóstoles”) sucedieron muchos señales y milagros entre el pueblo. (…) Y Dios añadió a más [personas] que confiaron en el Señor, una multitud de varones y mujeres …” (Hechos 5:11-14). Este fue el resultado de la acción drástica de Dios: mucho fruto espiritual.
Pero la cristiandad actual que vive en oscuridad espiritual, ¿podría siquiera entender una tal señal de Dios? No, los cristianos modernos negarían tajantemente que esta muerte súbita tuviera algo que ver con el pecado de la persona; y después seguirían viviendo en pecado como antes. Entonces, ¿por qué debería Dios desperdiciar Sus señales llamativas para un pueblo que no quiere verlas? ¿Por qué debería alumbrar con Su luz a aquellos que prefieren vivir escondidos en las sombras de las apariencias? Cuando el pecado puede permanecer oculto en una congregación, eso es una señal de que la congregación entera se ha alejado mucho de la luz de Dios.

En las cartas apostólicas se confirma que efectivamente en las primeras iglesias se consideraba normal que los pecados ocultos salieran a la luz:

“Pero si todos profetizaran, y entrara algún incrédulo o sin entendimiento, todos lo amonestan, todos lo examinan, y así lo escondido de su corazón saldrá a la luz, y entonces caerá sobre su cara y adorará a Dios, declarando que realmente Dios está entre ustedes.” (1 Corintios 14:24-25)

Aquí escribe Pablo unos veinticinco años más tarde a la distante ciudad de Corinto, en Grecia. También allí, y en esos tiempos de la segunda generación, todavía se consideraba normal que Dios trae a la luz los pecados ocultos. Y no solamente por el don especial de un apóstol, sino a raíz de que “todos” profetizan. O sea, Dios puede usar a cualquier “miembro común” para descubrir pecados ocultos y para obrar la “convicción del pecado, de justicia y del juicio”. Si hoy en día lo hace con tan poca frecuencia, es solamente porque la oscuridad espiritual en las congregaciones actuales es tan grande.