Archive for 23 abril 2016

La primera iglesia, el modelo para todos los tiempos

23/04/2016

El concepto más claro de la iglesia según el Nuevo Testamento lo encontramos al estudiar los rasgos de la iglesia primitiva en Jerusalén. Cuando Dios crea algo nuevo, El lo presenta siempre al inicio en su forma más pura y clara; después lo encomienda a las manos de los hombres, y después de algún tiempo permite que poco a poco sea alterado y corrompido, aunque sigue advirtiendo que “vuelvan a lo que era en el principio”. Pero si el pueblo sigue en su camino equivocado, al fin Dios permite que procedan a la apostasía completa y sufran las consecuencias de ello. Este es un patrón que podemos observar a través de la entera historia bíblica:

La creación original fue perfecta, y los primeros hombres eran perfectos. Es en el inicio donde Dios declara y demuestra Sus propósitos con la creación entera. “En el inicio … todo era muy bueno.” Después, con la caída del hombre, la creación comenzó a corromperse.

Cuando Dios comenzó a establecer a Israel como una nación independiente, El tomó especial cuidado para purificarlos durante su camino por el desierto. Durante aquel tiempo, todo pecado y toda desobediencia trajo inmediatamente un juicio serio de Dios, como notamos a cada paso en los libros de Éxodo y Números. Fue en aquel tiempo que Israel recibió la Ley de Dios, la expresión más perfecta de Su voluntad para ellos. La presencia de Dios estaba con ellos de manera visible y causó en ellos una profunda reverencia y temor. – En los tiempos posteriores, el pueblo se alejó y se corrompió más y más; y paralelamente disminuyó la fuerza de su testimonio ante las naciones.

Entonces no debe sorprendernos que también en la fundación de la iglesia cristiana, Dios procedió de la misma manera. En su inicio, en la iglesia primitiva de Jerusalén, Dios estableció el ejemplo más claro y puro de lo que es “iglesia” según Su voluntad. En aquella época también, no se podía esconder ningún pecado. La presencia de Dios estaba allí y creó un ambiente de pureza y temor santo.

Añadimos a esto que en las cartas del Apocalipsis, unos sesenta a setenta años más tarde, el Señor exhorta a las iglesias alejadas de Él, que vuelvan a sus inicios: “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras …” (Apoc.2:5) “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete.” (Apoc. 3:3) Él no les dice: “Desarróllense más, crezcan más, maduren más”, nada parecido a eso.

Viendo este patrón tan claro, no puedo estar de acuerdo con aquellos que describen la iglesia primitiva como “la infancia inmadura de la iglesia” y creen que con los desarrollos posteriores, la iglesia haya “madurado” y “mejorado”. No existe sustento bíblico para esta idea. (Es cierto que en el Nuevo Testamento se supone que el creyente individual madure y “crezca en la gracia” y aumente en sabiduría y discernimiento. Pero eso no tiene nada que ver con una supuesta “maduración” de la iglesia como cuerpo entero.) Al contrario, los desarrollos posteriores son un alejamiento del patrón original. Es como cuando uno saca una fotocopia de un cuadro hermoso, y después una copia de esta copia, y después una copia de la nueva copia, y así sucesivamente. Cada nueva copia será inferior a las anteriores; su calidad se deteriora continuamente y nunca aumenta. Así es también el desarrollo de la iglesia: mientras cada generación copia lo que hizo la generación anterior, y añade sus propias ideas, la corrupción aumenta. Solamente cuando la iglesia regresa al patrón original de la iglesia primitiva, puede mejorar su calidad espiritual.

Por tanto, no puedo aceptar como modelo de la iglesia a las grandes iglesias católicas o evangélicas que adquirieron mucho poder, consolidaron estructuras institucionales impresionantes, pero andan por sus propios caminos y dejan atrás los caminos del Señor. Tampoco la iglesia de los siglos II ó III es el modelo; y ni siquiera la iglesia de Corinto que conocemos desde las cartas de Pablo. (Algunos están usando mal el ejemplo de esa iglesia, para decir: “Ves, la iglesia primitiva también estaba llena de problemas y pecados, ellos no eran mejores que nosotros.” Y de ello quieren concluir que entonces ellos también pueden continuar despreocupadamente en sus pecados. Pero esa es una conclusión muy equivocada.) No, si buscamos algún modelo histórico que represente correctamente la iglesia del Nuevo Testamento, tenemos que volver a la iglesia de Jerusalén en sus inicios.

Una vez conversé con un grupo de estudiantes de teología que estaban estudiando un curso sobre el libro de los Hechos de los apóstoles. Les pregunté si en este curso estaban haciendo comparaciones entre las iglesias como el libro de Hechos las describe, y sus propias iglesias actuales. “No”, respondieron. Les pregunté si ellos personalmente alguna vez habían hecho esta comparación. “No, nunca”, fue la respuesta. Esta parece ser la triste actitud de un gran número de iglesias y de sus líderes en la actualidad. Estudian el libro de Hechos solamente como una historia del pasado, como si no tuviera nada que ver con ellos mismos y con las congregaciones que dirigen. No se dan cuenta de que en el ejemplo de la primera iglesia está la medicina contra las enfermedades espirituales que ellos mismos sufren. Esta es una forma de incredulidad: No creen que Dios es el mismo hoy como en aquel tiempo; y no creen que Su palabra tiene la misma validez hoy como entonces.

Ahora, para no llevar este principio a un extremo, deseo equilibrarlo con un segundo principio: No todo lo que históricamente sucedió en la iglesia primitiva, es un modelo que se debe generalizar para la iglesia de todos los tiempos. Dios actúa a veces de manera excepcional, y existen situaciones históricamente únicas. No debemos pensar que estas ocasiones excepcionales deban repetirse constantemente a través de la historia. Por tanto, deseo matizar el principio enunciado de la siguiente manera: La iglesia primitiva es el modelo para la iglesia de todos los tiempos, en aquellos aspectos que son confirmados por las enseñanzas de las cartas apostólicas. En estas cartas tenemos la genuina “enseñanza de los apóstoles” (Hechos 2:42). Estas cartas sí expresan principios válidos para la iglesia en general. Entonces opino que encontramos un fundamento seguro si combinamos el modelo de la iglesia primitiva con la enseñanza de los apóstoles, de la manera que acabo de formular.

Dios mediante, con estos principios en mente, procederemos en las siguientes reflexiones a analizar algunos pasajes pertinentes en el libro de Hechos, comparando también las cartas apostólicas donde fuera necesario. El pasaje clave para entender la primera iglesia es sin duda Hechos 2:36-47, donde se describen las características de la iglesia “recién nacida”. Pondremos el mayor énfasis en este pasaje.

Anuncios