Archive for 29 febrero 2016

La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 17 (2)

29/02/2016

En el mundo, pero no del mundo

A continuación, Jesús ora por la relación de Sus seguidores con el mundo. Comienza diciendo: “El mundo los aborreció” (v.14). No es ninguna meta de la iglesia del Nuevo Testamento, ser aceptada por el mundo. Si una congregación es famosa y aplaudida en el mundo, no es ninguna señal de que Dios esté obrando allí. Al contrario, Jesús dijo: “Muy felices son ustedes cuando los hombres les odian y cuando los separan y ultrajan y desechan vuestro nombre como algo malo por causa del Hijo del hombre. Alégrense en aquel día y brinquen, porque miren, tendrán un gran sueldo en el cielo. Porque así hacían los antepasados de ellos a los profetas. (…) ¡Ay, cuando todos los hombres les dicen bien!; porque así mismo hacían los antepasados de ellos a los falsos profetas.” (Lucas 6:22-23.26)
No solo esto. Jesús dijo que aun las congregaciones religiosas odiarán a los verdaderos cristianos: “Les echarán fuera de las sinagogas; y aun viene la hora cuando cualquiera que les mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí.” (Juan 16:2) – No pensemos que esto se refiere solamente a las sinagogas judías. Hoy en día, las iglesias cristianas tradicionales ocupan el lugar de las sinagogas, y sus pastores ocupan el lugar de los sacerdotes, escribas y fariseos de entonces. Efectivamente, a lo largo de la historia, las iglesias oficiales persiguieron y mataron a muchos cristianos verdaderos. La iglesia romana persiguió violentamente durante muchos siglos a los valdenses, a los reformados, y a los evangélicos. Las iglesias reformadas a su vez persiguieron a los anabaptistas, a los cuáqueros, a los puritanos, y a los metodistas. Muchos de los perseguidores creían que perseguir y matar a estos “herejes” era un servicio a Dios. No nos extrañemos si en el futuro también las iglesias evangélicas comenzarán a perseguir a los verdaderos cristianos. El ecuménico Consejo Mundial de Iglesias y sus simpatizantes ya lo han hecho.

De hecho, los cristianos verdaderos “no son del mundo” (versos14 y 16), como Jesús tampoco era del mundo. Y esto incluye al mundo religioso, a las congregaciones de gente que lleva el nombre de “cristianos” sin haber nacido de nuevo.

Cada vez que un grupo de cristianos empezaba a ganar cierta influencia y prestigio, surgía la tentación de adaptarse al mundo. Comenzaban a actuar de manera similar al mundo para no ser despreciados. Sus líderes comenzaban a tolerar el pecado para complacer a los miembros ricos y a los gobernantes del mundo. Así, en un proceso lento, la congregación se convertía en una parte del mundo; y el Señor tenía que llamar a nuevos seguidores que no eran “del mundo”.

Como reacción a esta situación, algunos podrían caer en la tentación opuesta, la de retirarse completamente del mundo. De allí surgió la idea de los monasterios, internados cristianos, y otras formas de comunidades cerradas e intentos de crear una especie de “Nueva Jerusalén” en esta tierra. Pero Jesús pide al Padre que esto no suceda con Sus verdaderos seguidores: “No ruego que los quites del mundo” (verso 15). Eso no sería bueno para el mundo, porque el mundo necesita la presencia de los cristianos. Tampoco sería bueno para los cristianos; porque un discípulo del Señor necesita el desafío del mundo que lo rodea, para mantenerse espiritualmente despierto. Por eso, el Señor ha permitido muchas veces que tales comunidades cerradas se convirtieran en verdaderos criaderos de pecado, peleas internas y escándalos, para demostrar a sus miembros que éste no es el camino.

En cambio, Jesús ora: “sino que los guardes del mal.” (verso 15) Los discípulos de Jesús deben vivir “en el mundo, pero no del mundo”; exteriormente presentes en el mundo, pero interiormente apartados de él. Por eso tienen necesidad de ser guardados del mal que está en el mundo, y eso de dos maneras: Necesitan ser guardados contra la maldad del mundo que ataca, persigue y maltrata a los verdaderos cristianos, para que aun en todas las adversidades mantengan la fe y sigan fieles al Señor. Pero necesitan también ser guardados contra la maldad que quiere infiltrarse dentro de ellos mismos, y que los tienta a hacerse iguales al mundo. En estos dos aspectos, la verdadera iglesia del Señor siempre necesita Su protección. Qué bueno es saber que Jesús ya oró por ello. La verdadera iglesia no necesita recurrir a artificios humanos, a mandamientos de hombres, a una “cobertura” por parte de un “liderazgo”, o al alejarse físicamente del mundo. No son esas cosas que protegen a la iglesia; es el Señor mismo.

Por fin, Jesús aclara cuál es la relación de Su iglesia con el mundo: “Como tú me comisionaste al mundo, así yo los he comisionado al mundo.” (v.18) Los discípulos de Jesús tienen una misión que cumplir en este mundo. No sólo que vivan en este mundo sin ser afectados por la maldad del mundo; también que sean una “luz” para que el mundo pueda conocer al Señor por medio de la vida y la palabra de ellos. (Vea Mateo 5:13-16). A cada discípulo de Jesús se aplica la misma palabra que Dios habló a Jeremías: “¡Conviértanse ellos a tí, pero tú no te conviertas a ellos!” (Jeremías 15:9).

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La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 17 (1)

14/02/2016

Jesús ora por Su iglesia

Este capítulo, Juan 17, es otro de los pasajes que nos ayuda a formarnos una idea más correcta acerca de la iglesia del Nuevo Testamento, aunque la palabra “iglesia” no aparece aquí. Pero Jesús ora por Sus discípulos, y “por los que han de creer en mí por la palabra de ellos” (v.20). Y hemos visto anteriormente que esto es precisamente lo que es la iglesia: la comunidad de los que creen en Jesús.

Aunque si miramos bien, notamos que en los primeros cinco versículos, Jesús ora por sí mismo: “Glorifica a tu Hijo, para que también tu Hijo te glorifique a ti…” (v.1) ¿No sería ésta una oración egoísta? – Lo sería, si procediera de la boca de un hombre común. Pero no lo es cuando la pronuncia el Hijo de Dios, porque a Él le corresponde tener el primer lugar. Si Dios no fuera glorificado (por medio de Su Hijo), entonces Él dejaría de ser Dios; y con eso se destruiría el fundamento entero de la iglesia. Por eso, debería ser el primer interés de la iglesia que Dios sea glorificado.
Esta es otra de aquellas verdades fundamentales que muchos cristianos saben “demasiado bien”, y por eso piensan que no necesitan reflexionar más en ello. Pero te invito a que te detengas unos momentos para pensar: ¿Tu congregación glorifica a Dios? ¿Es la práctica de esa congregación tal que pone a Dios en el primer lugar?
Algunas congregaciones ponen en primer lugar la salvación personal de sus miembros – o incluso cosas terrenales como su bienestar personal, su salud física, su prosperidad financiera, su “superación”, su felicidad emocional. O sea, cosas que “buscan las naciones (que no conocen a Dios)”, mientras Dios promete dar estas cosas a los suyos como añadidura, si es que buscamos primero Su reino y Su justicia (Mateo 6:32-33). La iglesia no es una institución para la salvación personal o para el bienestar personal. Es una institución para glorificar a Dios, y para representar en el mundo Su reino, o sea Su señorío y Su voluntad.
Otras congregaciones ponen en primer lugar a la iglesia misma. Hablan del Señor, sí, pero su primera meta es que su propia congregación aumente. Hablan de “servir al Señor”, pero en realidad quieren decir con eso: “servir a nuestra propia congregación”. Hablan de “llevar a las personas a Cristo”, pero en realidad se refieren a “traer a las personas a nuestras reuniones.” Incluso hablan de “ofrendar al Señor”, cuando en realidad quieren decir “ofrendar para los líderes de nuestra congregación”. Aun la iglesia misma puede convertirse en un ídolo, si no estamos muy cuidadosos de que el Señor tenga realmente el primer lugar.

Personas “dadas” por Dios

Jesús identifica a Sus discípulos como “los hombres que del mundo me diste … y han guardado tu palabra” (v.6). Poco antes les dijo: “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16). La iglesia del Nuevo Testamento no consiste en personas que en algún momento tuvieron la idea de “formar una iglesia”. Consiste en personas elegidos y llamados por Dios, y que respondieron a este llamado. Dios los “dio” a Su Hijo Jesús para que sean Su propiedad. La iglesia no pertenece a sí misma; y los miembros no pertenecen a los líderes de las congregaciones. La iglesia verdadera, y todos sus miembros, pertenecen a Jesús.
Es bueno saber que Dios se encarga de guardar y cuidar a los suyos. “Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre …” (v.12) “Padre santo, a los que me has dado, guárdalos en tu nombre …” (v.11). Él hace esto mucho mejor de lo que cualquier líder humano podría hacerlo. Jesús mismo está interesado en guardar bien Su propiedad, y que los Suyos estén siempre con Él: “Padre, aquellos que me has dado, quiero que donde yo estoy, también ellos estén conmigo…” (v.24).

La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 10 (4)

07/02/2016

El Buen Pastor y los malos pastores en el Antiguo Testamento

Jesús habló a judíos que conocían bien el Antiguo Testamento. Cuando Él comenzó a hablarles acerca del “buen pastor”, ellos deben haber recordado inmediatamente las promesas del Antiguo Testamento acerca de un “buen pastor”, y particularmente el capítulo 34 del libro de Ezequiel. Este capítulo comienza reprendiendo a los malos pastores de Israel:

“Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores los rebaños? Coméis la leche, y os vestís de la lana: la gruesa degolláis, no apacentáis las ovejas. No corroborasteis las flacas, ni curasteis la enferma; no ligasteis la perniquebrada, ni tornasteis la amontada, ni buscasteis la perdida; sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia …” (Ezequiel 34:2-4)

Después, el profeta tiene que anunciar el juicio de Dios contra los malos pastores:

“Así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo estoy contra los pastores; y requeriré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas: ni los pastores se apacentarán más a sí mismos; pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida. Porque así ha dicho el Señor Jehová: He aquí, yo, yo requeriré mis ovejas, y las reconoceré.” (Ezequiel 34:10-11)

Después dice Dios que Él mismo asumirá la responsabilidad de un buen pastor:

“En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel será su majada: allí dormirán en buena majada, y en pastos gruesos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les haré tener majada, dice el Señor Jehová. Yo buscaré la perdida, y tornaré la amontada, y ligaré la perniquebrada, y corroboraré la enferma: mas a la gruesa y a la fuerte destruiré. Yo las apacentaré en justicia.” (Ezequiel 34:14-16)

Finalmente, Dios promete que Él pondrá a un Buen Pastor sobre Israel:

“Y despertaré sobre ellas un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David: él las apacentará, y él les será por pastor. Yo Jehová les seré por Dios, y mi siervo David príncipe en medio de ellos. Yo Jehová he hablado.” (Ezequiel 34:23-24)

Esta es claramente una profecía acerca de Jesús, el “Hijo de David”. Cuando Jesús se describió a sí mismo como el “Buen Pastor”, Él daba a entender que Él había venido para cumplir esta profecía de Ezequiel. Había terminado el tiempo en que los líderes religiosos gobernaban a su antojo y se enseñoreaban del pueblo. Jesús iba a liberar Sus ovejas del señorío de estos líderes, y Él mismo iba a pastorearlas.

Ante este trasfondo entendemos que según la voluntad del Buen Pastor, la iglesia cristiana no debía nunca más volver bajo el señorío de otros “pastores” o sacerdotes. Si lo hizo, lo hizo en contra de la voluntad del Señor. Todos los abusos que los cristianos tuvieron que sufrir a lo largo de los siglos y siguen sufriendo bajo “pastores”, sacerdotes, y el papado, son consecuencia de esta desobediencia: Las ovejas del Señor dejaron de reconocer al Señor Jesús como su único Buen Pastor, y se entregaron nuevamente bajo el señorío de otras ovejas (o incluso de lobos disfrazados de ovejas). Pero la palabra de Dios sigue vigente: “¡Yo libraré mis ovejas de sus bocas!”