Archive for 31 enero 2016

La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 10 (3)

31/01/2016

El Buen Pastor pone Su vida por las ovejas.

A veces pasamos muy rápidamente por encima de los elementos fundamentales de la fe cristiana, porque creemos que ya los conocemos: “Claro, yo sé que Jesús ha dado Su vida por mí.” Pero veamos cuáles son las implicaciones aquí.

Al dar Su vida, Jesús pagó el precio para adquirir las ovejas como propiedad Suya. “Él se dio a sí mismo por nosotros, para rescatarnos de todo rechazo a la ley [de Dios], y para limpiar un pueblo que sea propiedad especial para él mismo, un pueblo ambicioso por buenas obras.” (Tito 2:14) Un verdadero cristiano que fue rescatado por el Señor Jesús, sabe que debe toda su vida a Él. Entonces no tendrá otras metas en su vida que agradar al Señor. No tendrá una vida dividida entre un “ámbito religioso” donde vive para el Señor, y un “ámbito secular” donde vive según las costumbres de este mundo. No, un cristiano verdadero sabe que también su vida familiar, su trabajo, su dinero, su tiempo libre, sus amistades … – todo es propiedad del Señor, porque Él lo compró con Su propia sangre. Entonces, el cristiano busca siempre la voluntad del Buen Pastor en todas las áreas de su vida.

Jesús hace una comparación con el “empleado” (o “asalariado” en traducciones más antiguas):
“Pero el empleado, que no es el pastor, y a quien las ovejas no pertenecen, mira como viene el lobo y abandona las ovejas y escapa; y el lobo arrebata las ovejas y las esparce. El empleado entonces escapa porque es empleado, y no le importan las ovejas.” (Juan 10:12-13)

¿Cuál es la diferencia entre el Buen Pastor y el asalariado? – Por un lado, el asalariado hace su trabajo para recibir sueldo, no por amor a las ovejas. Esto es efectivamente un problema en algunas congregaciones: son dirigidas por personas “con la mente corrompida y que no tienen la verdad, que piensan que el temor a Dios es un medio para ganar dinero.” (1 Timoteo 6:5) – Pero aun si ésta no es su motivación, y aun si el “empleado” no recibiera ninguna ganancia, todavía permanece la diferencia fundamental: Las ovejas no son suyas. Ningún líder de iglesia, ningún “pastor”, “obispo”, “apóstol”, o cualquiera que sea su posición o título, ninguno de ellos ha dado su vida para redimir a las ovejas. Por eso, ninguno de ellos puede reclamar un derecho de propiedad sobre las ovejas del Señor. Entonces tampoco pueden reclamar un derecho de ordenar a las ovejas lo que deben hacer, más allá de lo que el Señor mismo ordenó.

Pero si el lobo arrebata a las ovejas, no toda la culpa es del asalariado. También es culpa de las ovejas porque se apoyaron en la persona equivocada. El Señor dijo estas palabras en primer lugar como advertencia a las ovejas: No pongan su confianza en un asalariado. No crean que él les va a proteger contra el lobo. Mientras todo está tranquilo, el asalariado puede darse la apariencia del Buen Pastor, puede llevarles al pasto y de regreso; pero cuando las cosas se ponen peligrosas, el asalariado les va a fallar. Pongan su confianza en el Buen Pastor quien les compró al precio de Su propia vida.

Aun así, el Señor espera que un cristiano sea capaz de dar su vida por otro cristiano: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.” (1 Juan 3:16) Esto puede ser necesario en situaciones extremas de emergencia o persecución. En situaciones menos extremas, aun puede ser necesario que un cristiano dé su dinero, su tiempo, sus fuerzas, para ayudar a otros. Y los “líderes” son los que son llamados aun más a servir y a seguir el ejemplo del Señor.
Pero estos actos de dar su vida (o una pequeña parte de su vida) por los hermanos, nunca pueden compararse con lo que Jesús hizo por nosotros. Nadie de nosotros podría, aun dando su propia vida, redimir a alguien para la eternidad. Si un cristiano, en una situación excepcional, es capaz de dar su vida por otro, es solamente porque Jesús ya lo hizo primero. En tales actos de abnegación extrema se manifiesta aun más que un cristiano es propiedad del Señor con todo lo que es y tiene, y que “separados de Él no podemos hacer nada” (vea Juan 15:5).

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La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 10 (2)

24/01/2016

Las ovejas siguen al Buen Pastor.

La parábola en Juan 10 enfatiza la relación cercana de confianza entre las ovejas y el Buen Pastor:
“Las ovejas escuchan su voz, y él llama a sus propias ovejas nombre por nombre, y las guía afuera. Cuando haya sacado fuera sus propias ovejas, camina delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.” (Juan 10:3-4)
“Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y me siguen …” (Juan 10:27)

En la cultura peruana (y posiblemente también en otras regiones que antiguamente eran colonias españolas) es muy difícil entender estas palabras. Es que los pastores peruanos no caminan delante de sus ovejas; caminan detrás de ellas y las arrean, como se haría con vacas u otros animales. Esta pequeña diferencia cultural es un gran obstáculo para el entendimiento del evangelio. Es que la relación entre pastor y ovejas es muy distinta si el pastor camina delante de ellas, o si camina detrás.

Donde el pastor camina detrás de las ovejas, su relación mutua se caracteriza por la desconfianza y el control. Las ovejas no tienen a quien seguir; tienen que encontrar el camino a solas. Además, se sienten constantemente amenazadas desde atrás. En vez de confiar en su pastor, le tienen miedo. El pastor tampoco confía en sus ovejas: tiene que empujarlas para que caminen, y tiene que vigilarlas siempre para que no se desvíen.
En la cultura peruana desde la conquista española, esta es la clase de relación que existe entre líderes y seguidores en la sociedad, en la política, en el mundo del trabajo, y aun en las iglesias: Arrear y dejarse empujar; manipular, aprovecharse y dejarse abusar. Pero donde existe esta clase de relaciones, allí no está la iglesia del Nuevo Testamento. Estas relaciones tienen que ser transformadas por el evangelio.

Donde el pastor camina por delante, las cosas son muy diferentes. Allí hay una relación de confianza mutua. Las ovejas confían que el pastor las llevará a un buen lugar donde hay comida, y por eso le siguen con confianza. Pero también el pastor confía en sus ovejas: confía en que ellas le seguirán por su propia voluntad, y no necesita constantemente controlarlas desde atrás. – Además, el pastor es el que va a reconocer el camino primero. Si hubiera en medio un abismo peligroso, un puente caído, un tramo pantanoso u otro obstáculo, el pastor sería el primero en notarlo y enfrentarse con el peligro. En todo, el pastor da el ejemplo con su propia vida.
Esta es la clase de relación que podemos tener con el Señor Jesús; y esta es la clase de relación que existe también entre “líderes” y otros cristianos en la verdadera iglesia del Señor.

Notamos además que las ovejas siguen siempre al Buen Pastor, ¡no a alguna otra oveja! En esta parábola, todo anciano, “pastor” o “líder” debe identificarse a sí mismo como oveja, no como “pastor”. Cierto, algunas ovejas conocen el camino mejor que otras; pero eso no justifica erigirse por encima del rebaño y pretender asumir el papel del Buen Pastor. Aun aquellas ovejas que cumplen una función de “liderazgo”, no se convierten por eso en algo más que ovejas. Una congregación deja de ser iglesia del Nuevo Testamento cuando sus líderes pretenden controlar y dirigir las vidas de sus miembros de una manera que corresponde únicamente al Buen Pastor.

La iglesia del Nuevo Testamento en Juan 10

14/01/2016

Después de examinar unas palabras del Señor en Mateo 18 y en Mateo 23, pasamos ahora a Juan 10. Aunque en este pasaje no aparece la palabra “iglesia”; pero Jesús habla simbólicamente del “redil de ovejas” y del “pastor”. Obviamente es una parábola acerca de la iglesia cristiana. Examinaremos algunos aspectos de esta parábola.

La puerta de las ovejas

Hay una puerta al redil, por donde entran y salen las ovejas. Jesús dice: “YO soy la puerta de las ovejas”. (Juan 10:7) Esto es muy importante para entender la iglesia del Nuevo Testamento. Hay una sola manera como uno puede hacerse parte de la iglesia y entrar en contacto con ella: Hay que entrar por Jesús.
El Señor sigue diciendo: “Cuando alguien entra por mí, será salvo; y entrará y saldrá y encontrará pastos.” (v.9) Nos recordamos de una canción de David, que él compuso probablemente mientras estaba pastoreando ovejas: “El Señor es mi pastor, nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar. Junto a aguas tranquilas me pastoreará. Confortará mi alma.” (Salmo 23:1-3) Si alguien entra por la puerta que es Jesús, el Señor lo guiará a los buenos pastos. Y allí se encontrará también con las otras ovejas. Entrando por Jesús, encontraremos la comunión con Sus otras ovejas.

Es tan importante entender esto porque la iglesia católica romana ha volteado este orden de cabeza, y las iglesias evangélicas le han seguido en el mismo error. El catolicismo romano enseña que la salvación viene por medio de la iglesia: “Fuera de la iglesia no hay salvación”. Y de manera similar dicen las iglesias evangélicas: “Ven a la iglesia, y entonces encontrarás al Señor.” En esta óptica, la iglesia es una institución que administra salvación, una institución que lleva una vida propia, separada de los cristianos individuales. Esta institución se interpone entre el Señor y los cristianos individuales. De allí surge el sacerdotalismo, que hace que los cristianos dependan de una institución, o de los líderes de esta institución, en vez de depender del Señor mismo.

La parábola del Buen Pastor nos presenta una perspectiva diferente de la iglesia: La iglesia es el “rebaño de ovejas”, la comunión de todos los cristianos. La iglesia no es un edificio ni una institución; la iglesia es un conjunto de personas. La iglesia consiste en aquellas personas que “entraron por Jesús”; o sea, que tuvieron un encuentro personal con Jesús, y a raíz de este encuentro fueron salvos. Ellos, por definición, “son iglesia”, independientemente de la forma exterior que tenga la comunión entre ellos. Están en comunión los unos con los otros porque pertenecen a Jesús; no por su pertenencia a una institución determinada. – Por el otro lado, ninguna institución puede legítimamente llamarse “iglesia” si sus miembros han entrado por algún otro proceso que no sea un encuentro personal con Jesús. En lugar del lema católico romano, tendríamos que decir más correctamente: “Fuera de la salvación no hay iglesia.”

No estamos con eso desestimando el rol que corresponde a los cristianos en guiar a otras personas hacia el Señor. Solamente que tenemos que distinguir entre dos aspectos de la vida cristiana:

Por un lado, la obra de los cristianos individuales en su testimonio del Señor y el anuncio del evangelio, lo que puede suceder tanto en privado como el público;
y por el otro lado, la iglesia propiamente dicho como reunión de los cristianos.

El testimonio de los cristianos tiene como finalidad que otras personas puedan conocer al Señor personalmente. Eso no sucede como un “rito” o “acto institucional”; eso puede suceder solamente si el Señor mismo viene al encuentro de estas personas y se revela a ellos. La “puerta de entrada” siempre es Jesús mismo; no se puede remplazar por un predicador o por una institución.
También, una reunión evangelística no constituye iglesia. La iglesia es la comunión de los que son salvos; la evangelización se dirige a los que todavía no son salvos. Los primeros cristianos tenían bien clara esta diferencia: Testificaban en público y en privado dondequiera que se presentaba la oportunidad; pero a eso no lo llamaban “iglesia”. En cambio, cuando se reunían entre ellos como iglesia, no invitaban a nadie que no fuera cristiano. Dice incluso que “de los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos”. (Hechos 5:13)

La iglesia del Nuevo Testamento en Mateo 23 (3)

04/01/2016

En la iglesia del Nuevo Testamento, el “liderazgo” es remplazado por servicio.

Esto lo vemos en el verso 12 de nuestro capítulo Mateo 23:

“Pero el mayor de ustedes sea vuestro siervo. Y cualquiera que se eleva a sí mismo será humillado, y cualquiera que se humilla a sí mismo será elevado.”

Podemos citar varias paralelas:

“Ustedes saben que los gobernantes de las naciones los dominan, y los grandes abusan de su poder sobre ellas. No sea así entre ustedes; sino que el que quiere ser grande entre ustedes, sea vuestro siervo, y el que quiere ser más importante entre ustedes, sea vuestro esclavo; como también el Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su alma como rescate en lugar de muchos.” (Mateo 20:25-28)

“Los reyes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que las dominan, se hacen llamar bienhechores. Pero ustedes no sean así; sino que el mayor entre ustedes se vuelva como el más joven, y el que guía como el que sirve. Porque ¿quién es más importante, el que está sentado a la mesa o el que sirve? ¿No el que está sentado a la mesa? Pero yo estoy en medio de ustedes como el que sirve.” (Lucas 22:25-27)

“Ustedes me llaman ‘Maestro’ y ‘Señor’, y dicen bien; porque lo soy. Si entonces yo, el Señor y el Maestro, lavé vuestros pies, ustedes también se deben lavar los pies unos a otros; porque les di un ejemplo para que conforme a lo que yo les hice, también ustedes hagan.” (Juan 13:13-15)

En la iglesia del Nuevo Testamento, un “líder” no tiene privilegios. Jesús no reclamaba ningún privilegio frente a Sus discípulos, ni los trató de manera autoritaria. Ellos le reconocían como su Maestro porque veían en Él una sabiduría, espiritualidad y autoridad genuina, que se manifestaban en Sus palabras y en Su ejemplo. Por tanto, Él era digno de ser seguido. Y por eso, Él podía servir a Sus discípulos sin perder algo de Su autoridad.
Este es el ejemplo que Jesús dio para todos los líderes en Su iglesia después de Él. Un líder cristiano genuino no busca un “oficio” o una “posición superior”, no busca privilegios, no se enseñorea de sus hermanos. Al contrario, ejerce sus responsabilidades para el mayor beneficio de sus hermanos. Un líder cristiano siempre dará el ejemplo de esta actitud que estaba también en el Señor: “Debemos (…) no agradar a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade al otro, haciendo lo bueno y edificándole. Porque también el Cristo no se agradó a sí mismo, …” (Romanos 15:1-3)

Desde el mundo no cristiano estamos acostumbrados a que “liderazgo” es idéntico a “gobernar” o “enseñorearse”. Por eso, Jesús tuvo que decir muy claramente que en Su reino las cosas no son así. Cierto, en la iglesia hay una diversidad de dones y funciones (Romanos 12:4-5, 1 Corintios 12:4-6); y algunas de estas funciones implican lo que llamaríamos “liderazgo”. Pero en la iglesia cristiana, esta diversidad de funciones no establece ninguna estructura jerárquica, ni establece una distinción entre “clérigos” y “laicos”. (Vea la reflexión anterior.) Si uno tiene una función de “líder”, no está por eso “por encima” de sus hermanos.

Es interesante observar con cuánta exactitud se expresan los escritores del Nuevo Testamento en este respecto: En un contexto secular, no tienen ningún problema de decir que un líder está “sobre” otros. Pero no usan esta palabra “sobre” cuando se refieren a un líder entre los cristianos. Miremos otra vez de cerca Mateo 20:25-27: “…los grandes abusan de su poder sobre ellas. No sea así entre ustedes; sino que el que quiere ser grande entre ustedes, (…) y el que quiere ser más importante entre ustedes …”

En muchas congregaciones contemporáneas, el liderazgo se ha convertido en una posición de poder, influencia, y bastante ganancia financiera. En consecuencia, el liderazgo atrae a personas que buscan exactamente eso: poder, influencia, y dinero. O sea, el liderazgo empieza a ser ocupado por los menos espirituales; por aquellos que son descritos en pasajes bíblicos como los siguientes:
“… hombres con la mente corrompida y que no tienen la verdad, que piensan equivocadamente que el temor a Dios es un medio para ganar dinero …” (1 Timoteo 6:5)
“… enemigos de la cruz de Cristo, cuyo destino es destrucción, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es en su vergüenza; quienes piensan en lo terrenal.” (Filipenses 3:18-19)
(Acerca de los falsos apóstoles): “… si alguien les esclaviza, si alguien les devora, si alguien les quita lo vuestro, si alguien se levanta a sí mismo, si alguien les golpea en la cara.” (2 Corintios 11:20)
“…el que ama ser el primero de ellos, Diótrefes, no nos recibe. (…) y no contento con esto, él tampoco recibe a los hermanos, y a los que quieren se lo impide, y los echa fuera de la asamblea.” (3 Juan 9-10)

Así surgen congregaciones que prosperan según la apariencia, pero que viven en una miseria espiritual; que están llenas de codicia, intrigas, mentiras, engaños, y aspiraciones mundanas. Donde se observan estas cosas y la iglesia no toma medidas para corregir a estos malos líderes y remplazarlos por personas más espirituales, allí podemos saber que ésta no es la iglesia del Nuevo Testamento.

La situación es muy diferente en lugares como China donde la iglesia verdadera está continuamente amenazada. En China, un líder de la iglesia tiene que enfrentar la pobreza y corre un mayor riesgo de persecución y muerte. Algunos de los líderes más importantes en China ni siquiera pueden estar al frente de una congregación porque tienen que mantenerse escondidos; entonces dedican todo su tiempo al ayuno y la oración, y asesoran a los otros líderes que anuncian el evangelio.
La misma situación – o aun peor – existe en muchos países islámicos.
En tales circunstancias es mucho más probable que sean realmente los cristianos más espirituales quienes aspiran al liderazgo. No recibirán ninguna recompensa en esta tierra; por eso su recompensa de parte del Señor será tanto mayor.

Sería triste si la iglesia pudiera florecer espiritualmente sólo en tiempos de persecución. Pero en tiempos de libertad, por lo menos podríamos evaluar a los líderes según este criterio: ¿Esta persona sería líder también en las circunstancias de la iglesia china? ¿Está en el liderazgo por un deseo de servir, o por un deseo de gobernar?