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Se da viña en arrendamiento

27/09/2014

“Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? – Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. (…) Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

Esta es la conclusión de una parábola que el Señor Jesús contó acerca de los labradores malvados en la viña del Señor. (Vea Mateo 21:33-46.) En aquel tiempo, los labradores malvados eran los líderes del pueblo judío. Ellos, en vez de entregar al Señor el “fruto” de Su viña, se apoderaron de ella. Y al fin, cuando el Señor envió a Su propio Hijo para pedirles cuenta, lo agarraron, lo maltrataron, lo mataron, y lo echaron fuera de la viña. Por tanto, el Señor tuvo que encomendar Su viña “a otros labradores”.

Efectivamente podemos ver en los primeros siglos de la historia de la iglesia una transición gradual desde el pueblo judío hacia los pueblos “gentiles” (no judíos). Los apóstoles del Señor eran todavía todos judíos; pero con los viajes de Pablo, ya vemos que el Evangelio encontró mucho más resonancia entre los “gentiles” que entre los judíos. Y en el siglo II, los judíos ya eran una pequeña minoría en la iglesia y en su liderazgo. – Paralelamente a eso, Dios permitió que en el año 70 Jerusalén fuera destruído; y en el segundo siglo, los romanos expulsaron a los judíos definitivamente de su tierra. Con eso, el “traspaso” de la viña del Señor era prácticamente completo.

Pero esta historia se ha repetido varias veces a lo largo de los siglos. Durante mil años aproximadamente, las dos ramas principales del catolicismo estuvieron firmemente a cargo de la “viña” (o sea, el catolicismo romano en el occidente y la iglesia “ortodoxa” en el oriente). Pero ellos hicieron lo mismo como los sacerdotes y fariseos en el tiempo de Jesús: Los líderes se apoderaron de la “viña”; o sea, se enseñorearon de los miembros de sus iglesias, en vez de permitir que cada uno siga personalmente al Señor. También empezaron a maltratar al Señor, al negar más y más de Sus mandamientos, remplazándolos por mandamientos eclesiásticos hechos por hombres. Finalmente lo echaron de la viña, al declarar que la autoridad de los líderes de la iglesia está por encima de la palabra escrita del Señor.

Entonces vino la Reforma. Dios envió nuevamente a unos siervos Suyos para pedir el fruto de la viña que le correspondía. Y nuevamente, Sus siervos fueron golpeados y matados. Pero entonces Dios empezó a traspasar Su viña a un pueblo nuevo. La iglesia católica comenzó a perder su influencia política y doctrinal, y las iglesias de la Reforma se convirtieron en los representantes principales de la fe bíblica. Podemos ver la conclusión de este proceso en la Revolución Francesa a fines del siglo XVIII y en la independencia de las colonias españolas a inicios del siglo XIX, donde se acabaron los poderes seculares de la iglesia católica.

Pero menos conocido es el hecho de que al mismo tiempo ya se había iniciado la apostasía de las iglesias de la Reforma. Durante la primera mitad del siglo XIX, unos teólogos luteranos en Alemania asentaron las bases para una “teología” sumamente destructiva, una teología que niega la inspiración divina de la Biblia y busca en ella errores y contradicciones, para así “demostrar” que la Biblia no es confiable. Esta teología – conocida bajo los nombres de “teología modernista”, “teología liberal”, “teología científica”, “Alta Crítica”, “Ciencias Bíblicas”, y varios otros nombres – empezó poco a poco a infiltrar las iglesias del mundo entero, comenzando con las iglesias de la Reforma. (Pero también la iglesia católica usa ahora esta teología crítica.) En consecuencia, estas iglesias empezaron a morir espiritualmente. Sus miembros, aunque se llaman “cristianos”, no creen en casi ninguna de las enseñanzas de la Biblia, y tampoco llevan vidas cristianas. Al negar que la Biblia es la palabra de Dios inspirada, habían echado nuevamente al Señor de Su viña.

En consecuencia, estas iglesias (luteranas y afines) empezaron a perder miembros, y su contribución a la evangelización del mundo empezó a disminuir hasta desaparecer casi por completo. Desde la segunda mitad del siglo XX, la extensión del Evangelio bíblico en el mundo es asumida casi únicamente por las iglesias evangélicas y pentecostales – las cuales también se identifican como herederos de la Reforma, pero tienen su origen en avivamientos posteriores. Se distinguen de las iglesias reformadas por el hecho de que en aquellos avivamientos, se enfatizó la importancia del nuevo nacimiento y de una vida santificada como evidencia de la conversión.

Podemos decir entonces que entre 1850 y 1950 aproximadamente sucedió un nuevo “traspaso” de la viña del Señor, aunque de una manera más silenciosa, desde las iglesias reformadas de la “primera generación” (luteranas, calvinistas, anglicanas, etc.) hacia las iglesias de “segunda generación” (evangélicos, bautistas, pentecostales, etc.). Pero parece que a medida que se acerca el fin, la historia se acelera. Ahora las mismas iglesias evangélicas se han a su vez encaminado hacia la apostasía. Ya están tan infectadas por la teología modernista como lo eran las iglesias luteranas hace pocas décadas; y ya están también abiertamente y a nivel mundial colaborando con el movimiento ecuménico. (Vea “Pacto entre la Alianza Evangélico, el ecumenismo y el vaticano“.) Además, es difícil hoy en día encontrar a un solo líder evangélico importante que vive todavía según los estándares bíblicos de integridad, honestidad y pureza. Abunda ahora la deshonestidad financiera, la inmoralidad sexual, el abuso del poder, y la manipulación para encubrir todo eso. Al mismo tiempo, esos líderes se adueñan de la viña del Señor, tratando a los miembros de sus congregaciones como si fueran su propiedad personal.

Con esto coincide el trato que las iglesias evangélicas dan a los siervos que el Señor envía para pedirles el fruto de la viña. Aunque todavía no hay muchos casos de violencia física – eso es solamente porque vivimos en tiempos diferentes; las iglesias católicas y reformadas también han dejado de perseguir con violencia a los que consideran “herejes”. Pero los siervos del Señor que se atreven a amonestar a los líderes evangélicos desde la Biblia, son expulsados de sus congregaciones, son difamados desde los púlpitos, sus escritos son declarados literatura prohibida, y a menudo los líderes hacen todos los esfuerzos posibles para separar a estos siervos de sus amistades cristianas.

Por tanto presenciamos actualmente el comienzo de la muerte espiritual de las iglesias evangélicas. Entre sus miembros quedan todavía algunos que tuvieron una experiencia personal con el Señor, nacieron de nuevo y viven una vida agradable a Dios; pero son una pequeña minoría. Las iglesias recién fundadas todavía crecen numéricamente; pero en las que tienen mayor tiempo, ya está disminuyendo la membresía. En mi entorno encuentro por cada miembro activo de una iglesia evangélica a tres ex-miembros desilusionados; y muchos de ellos abandonaron no solamente su congregación, sino también la fe cristiana en general. Esta observación personal coincide con estadísticas recientes a mayor escala.

Por eso, el Señor ha colgado nuevamente sobre Su viña el letrero: “Se da en arrendamiento”. Ya se avecina un nuevo traspaso. Una posibilidad de como esto podría suceder, nos muestra la historia de China. En la “revolución cultural” bajo Mao, todos los misioneros extranjeros fueron expulsados, y muchos líderes cristianos chinos fueron encarcelados. La iglesia china pasó por un tiempo de sufrimientos indescriptibles. Sin embargo, muchos hombres de Dios en China hoy en día dan gracias a Dios por aquellos tiempos. Dicen que gracias a Mao, los cristianos chinos en su aislamiento no fueron contagiados por la decadencia moral y espiritual de las iglesias occidentales. En cambio, recibieron una oportunidad para comenzar de nuevo, basándose únicamente en la palabra de Dios, sin la influencia de enseñanzas denominacionales desde afuera. Así surgió un nuevo tipo de iglesias, desconocido en el mundo libre, pero probablemente más cercano a la iglesia del Nuevo Testamento que cualquier otro tipo de iglesias existentes hoy: las iglesias caseras clandestinas. Y ellas son las que hoy en día llevan adelante el trabajo en la viña del Señor.

Personalmente espero que aquí en el occidente podamos experimentar un “traspaso” más pacífico; pero en vista del estado desolado de las iglesias actuales no sé si eso será posible. El gran problema es que aquí todavía no existe ningún movimiento cristiano nuevo que podría fungir como sucesor de las fallidas iglesias evangélicas. Es cierto que hay unos predicadores de arrepentimiento que llaman a un regreso al cristianismo del Nuevo Testamento; pero son pocos quienes los escuchan. También existen ahora movimientos de “iglesias en casa” en varios países, y algunos de ellos incluso se inspiran en las iglesias chinas. Algunos de estos movimientos parecen bastante espirituales; pero otros parecen simplemente acogerse a la idea “novedosa” de reunirse en casas en vez de templos, mientras les faltan unos puntos esenciales, tales como un concepto bíblico del Nuevo Nacimiento, estructuras familiares en vez de institucionales, o la integridad en el liderazgo. Tengo la impresión de que estos movimientos todavía tendrán que madurar bastante hasta que el Señor les pueda encomendar Su viña. Por mientras, el Señor sigue buscando labradores para Su viña. ¿Quién asumirá la responsabilidad?

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