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Los evangélicos y la delincuencia (2)

08/07/2014

En un primer artículo he analizado el papel de las iglesias cristianas en la sociedad. He mencionado algunas conclusiones que deben sacarse cuando el surgimiento del mayor número de evangélicos en toda la historia nacional coincide con un aumento de la delincuencia y violencia en la sociedad.

Tengo que mencionar ahora unos aspectos de la dinámica grupal interna de las iglesias evangélicas que contribuyen a que efectivamente diversas de estas iglesias se han convertido en “cuevas de ladrones” (Jeremías 7:8-11). Desgraciadamente existen delincuentes que se aprovechan de estas dinámicas para conseguir impunidad:

1. Una falsa enseñanza y práctica acerca de la gracia y el perdón.
(Vea por ejemplo “Buenos días, pecadores indignos”; “Arrepentimiento – ¿falso o verdadero?”)

Ya unos siglos atrás, las iglesias de la Reforma llevaron a un extremo la enseñanza de Lutero acerca de la salvación por gracia. Estas iglesias prometen ahora la salvación sin arrepentimiento y sin conversión; y si alguien dice que la conversión cristiana debería manifestarse en una vida cambiada, lo condenan diciendo que “está enseñando la salvación por obras”. Las iglesias evangélicas y pentecostales tienen su origen en unos avivamientos que condenaron esta enseñanza de la “gracia barata” y volvieron a enfatizar la importancia de una vida santificada como evidencia del Nuevo Nacimiento. Pero hoy en día, la mayoría de las iglesias evangélicas han vuelto a enseñar la “gracia barata”, e incluso añadieron una perversión adicional:

Muchas iglesias evangélicas efectivamente presionan a las víctimas de abusos y delitos a que “perdonen” a los culpables, aun si éstos ni siquiera se arrepienten de lo que hicieron. Con “perdón” entienden que las víctimas no deben denunciar a los agresores; y aun más: que ni siquiera deben confrontarlos, y que tampoco deben hablar con otras personas acerca de lo que sufrieron. Y esto particularmente cuando el agresor pertenece al liderazgo de la iglesia. Ahora, un delincuente que pertenece a una iglesia evangélica, buscará preferiblemente a otros miembros evangélicos para victimizarlos, porque sabe que éstos se encuentran bajo una enorme presión psicológica para “perdonar, callar y olvidar” lo sucedido.

2. Criterios distorsionados acerca del derecho y la justicia.

La mayoría de las iglesias y misiones evangélicas que conocí, ejercen la “disciplina eclesiástica” de una manera completamente distorsionada y partidista, según el siguiente principio: El que se conforma con los líderes, recibe la razón; y el que contradice a los líderes, será condenado. Por tanto, un delincuente en una iglesia evangélica sabe que solamente tiene que apoyar siempre la opinión de los líderes y seguirles la corriente, y entonces puede hacer lo que quiere y queda impune. Y por supuesto, los mismos líderes cuentan con la misma impunidad. Por eso, muchos líderes evangélicos pueden cometer delitos sin tener que sufrir ninguna consecuencia dentro de su iglesia o denominación. Incluso hubo casos donde los colaboradores eclesiásticos de un líder ayudaron a encubrir los asuntos ante las investigaciones por parte de las autoridades seculares.

Por el otro lado conozco a un buen número de colaboradores de iglesias evangélicas que fueron reprendidos, calumniados, excluidos de la congregación, prohibidos de tener contacto con miembros de la congregación, y puestos bajo maldiciones, sin que hubieran cometido algún delito o pecado en el sentido bíblico. Solamente porque contradijeron alguna decisión de sus líderes, o incluso porque habían descubierto y confrontado ciertos delitos cometidos por sus líderes.
Los “miembros comunes” que están alejados de los líderes principales, a menudo ni siquiera saben que existen estas estructuras de poder. Pero los que suben los escalones y llegan al entorno más cercano de los líderes, pronto tendrán que enfrentarse con los actos inmorales que se cometen allí. Para un miembro de una iglesia evangélica que tiene un pleito con algún líder, no habrá ningún proceso justo ante las instancias internas de la iglesia.

Este sistema de (in-)justicia partidista y liderazgo arbitrario es una de las razones principales por la corrupción reinante en tantas iglesias.

3. Intromisiones inapropiadas en la vida privada de los miembros.

Muchas organizaciones evangélicas someten a sus miembros y/o colaboradores a unas reglas estrictas acerca de detalles que afectan las decisiones privadas de cada persona: su vida familiar, la elección de sus amigos, lo que hacen en su tiempo libre, donde deben vivir y trabajar, e incluso acerca de su manera de vestir. Así son sometidos bajo un pesado yugo de mandamientos de hombres, como en los tiempos de los fariseos (Mateo 15:7-9; 23:4).

Esto tiene sus efectos más graves en cuanto a la vida sentimental y la sexualidad. En el ámbito evangélico es posible que un adúltero o un pederasta no tenga que sufrir ninguna consecuencia de parte de la iglesia, si es que se mantiene fiel al “partido” de los líderes. Pero una pareja joven que intenta comenzar una relación sentimental en toda pureza, con la intención de casarse más adelante de manera honrada, puede que sea puesta bajo la “disciplina” más severa, solamente porque algunos líderes consideran su unión como “no apropiada” por alguna razón arbitraria. Les pueden prohibir todo contacto, los pueden destituir de sus responsabilidades en la iglesia, incluso pueden tomar medidas para separarlos físicamente, mandando a uno de ellos a un lugar lejano. Y en algunas iglesias, aun aquellas relaciones que salen “aprobadas” por los líderes, son puestas bajo una vigilancia tan estricta que su relación no puede desarrollarse de manera sana.
En 1 Timoteo 4:1-3 está escrito lo que debemos pensar de un líder que “prohíbe casarse”.

Algunos institutos bíblicos e instituciones similares prohíben a sus estudiantes en su reglamento desde el principio toda relación de pareja durante la duración de su formación. Esto es un poco más sincero porque la prohibición se anuncia abiertamente (en vez de existir escondidamente como una “ley secreta”, como en el caso de muchas iglesias). Pero aun así no es mucho mejor. Según observé, el efecto principal es que los estudiantes solteros piensan la mayor parte del tiempo en las limitaciones que les impone esta prohibición, y en cómo podrían obviarla.

Tristemente se ha observado en muchos grupos sectarios, que prohíben o imposibilitan a sus miembros (resp. colaboradores) casarse y gozar de su sexualidad en el matrimonio según la voluntad de Dios. (No por último tenemos que mencionar aquí la lamentable situación de los sacerdotes católicos.) A menudo esto hace que estas personas se sienten involuntariamente empujadas hacia acciones sexuales perversas. Tuve que observar esta triste realidad en las vidas de varios estudiantes de un instituto bíblico evangélico. Las circunstancias descritas pueden explicar el alto índice de inmoralidad sexual en estos entornos.

Comentarios finales

No quiero dar la impresión de que las perversiones descritas sean una consecuencia necesaria de una fe evangélica (o sea, basada en la Biblia). Al contrario, estas prácticas no tienen ningún fundamento bíblico. Por tanto, son un síntoma de cuán alejadas son las iglesias actuales de la verdadera fe bíblica.

Desgraciadamente, estas iglesias son todavía consideradas las representantes de un cristianismo bíblico. Por tanto, su corrupción da al mundo una ocasión de difamar el cristianismo en sí. “El nombre de Dios es blasfemado entre los pueblos por causa de vosotros.” (Romanos 2:24). Si los evangélicos tienen mala prensa, no siempre es por la maldad de los periodistas. Tal vez tengamos que buscar la razón en la vida poco cristiana de muchos evangélicos.

Y no me diga que estoy “generalizando demasiado”. Si es que existe una minoría íntegra y honrada de líderes evangélicos, ¿dónde están? ¿Qué hacen para detener las acciones inmorales de sus colegas? ¿Dónde puedo oir su voz de protesta contra la corrupción? ¿Por qué siguen colaborando en sus concilios ecuménicos de iglesias, en sus fraternidades de pastores igualmente ecuménicos, y en sus propias iglesias corrompidas? ¿Por qué no usan su influencia para defender a las víctimas de delitos, y a los miembros injustamente puestos en “disciplina” por sus líderes? ¿Por qué no actúan para que los verdaderos delincuentes sean destituidos de su liderazgo y expulsados de las congregaciones? Mientras no veo nada de eso, no podré creer que una tal minoría íntegra y honrada exista dentro de las iglesias.

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