Archive for 23 junio 2014

Los evangélicos y la delincuencia (1)

23/06/2014

El Perú está sufriendo de una ola de delincuencia y violencia como no se ha visto desde los tiempos oscuros cuando “Sendero Luminoso” aterrorizaba el país. A diferencia de entonces, los motivos no son políticos ni ideológicos; ahora es por simple avaricia y envidia. Tan solamente para apropiarse de manera ilícita de lo que tienen los demás, se montan redes sofisticadas de corrupción, espionaje, y extorsión bajo amenaza de muerte. En algunos lugares, estas redes ya están tan entrelazadas con altos mandos de la policía y de distintos niveles de gobierno, que se vuelve difícil distinguir entre mafia y estado. El tema de la (in-)seguridad ciudadana se ha convertido en uno de los más candentes en los titulares de los periódicos y en los sondeos acerca de la aprobación popular del gobierno actual.

Ahora, ¿cuál es el papel de los evangélicos, de los que se llaman cristianos, en una situación como esta?

En su sermón del monte, el Señor Jesús dijo lo siguiente acerca del papel de los cristianos en el mundo:

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y ser pisoteada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no puede quedar escondida. (…) Así alumbre vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre en los cielos.”
(Mateo 5:13.14.16)

La sal sirve como saborizante y conservante. Una pequeña cantidad de sal es suficiente para conservar y para dar sabor a una gran cantidad de alimento. De manera similar, una luz pequeña hace una diferencia enorme en un cuarto oscuro. Así también un pequeño número de cristianos verdaderos hacen una diferencia esencial en la sociedad.

En los tiempos cuando “Sendero Luminoso” era fuerte, los evangélicos eran una pequeña minoría, y en muchos lugares fueron perseguidos. Pero intercedieron constantemente por el país; y cuando finalmente cesó el terror, muchos dijeron que no fue por causa del gobierno, fue porque “Dios contestó nuestras oraciones”. En aquel tiempo las iglesias eran todavía más sanas espiritualmente, y por tanto pienso que de hecho Dios tenía todavía más razón para contestar las oraciones de los evangélicos. Escuché decir que en aquellos tiempos, “ser evangélico” era sinónimo de “ser una persona muy honesta”.

Así ha sucedido varias veces en la historia del mundo, que una sociedad se transformó por causa de un número relativamente pequeño de cristianos. El ejemplo más resaltante son los países reformados de Europa: En los siglos siguientes a la Reforma, aquellos países establecieron la libertad religiosa y de la conciencia, crearon el moderno estado de derecho constitucional, y se convirtieron en la vanguardia mundial de la ciencia y tecnología – todo eso bajo la influencia cristiana. Aunque los verdaderos cristianos nacidos de nuevo siempre deben haber sido una minoría, su “luz” alumbraba y cambiaba la sociedad entera.

En otras ocasiones, la sociedad rechazaba la luz del Evangelio y se volvía violentamente en contra de los cristianos; pero aun así los cristianos aumentaron en número y en influencia, y la sociedad comenzó a “cristianizarse” incluso en contra de la voluntad de sus gobernantes. Esto es lo que sucedió en el antiguo Imperio Romano; y actualmente está sucediendo lo mismo en China.

Pero en el Perú actual ya no se puede observar ni lo uno ni lo otro. Los evangélicos ya no son perseguidos; son ahora ciudadanos respetables, gozan de “igualdad religiosa” (lo que sea que signifique eso), y se mueven aun en los estratos más altos de la política nacional. Pero tampoco ejercen una influencia transformadora en la sociedad. Un evangélico, propietario de una pequeña empresa, me dijo una vez que ya no quería contratar a evangélicos como obreros, porque ellos eran los menos responsables en su trabajo. El aumento de la delincuencia y de la corrupción coincide exactamente con este tiempo actual donde existe el mayor número de evangélicos en toda la historia. Y exactamente en este tiempo vemos también el aumento de otros fenómenos sociales alarmantes, tales como un aumento de la violencia, del alcoholismo y de la promiscuidad sexual en los colegios; y una desintegración de las familias que deja a muchos niños destituidos de todo afecto paternal.

Los evangélicos están ahora completamente integrados en esta sociedad corrompida y prácticamente ya no se distinguen de ella. (Con excepción de ciertas costumbres religiosas y privadas.) Es más: ellos participan de la misma corrupción. Por ejemplo, según mi experiencia de muchos años en el mundo evangélico, tengo que asumir que más de la mitad de los pastores y líderes evangélicos se han hecho culpables de la apropiación ilícita de fondos o de bienes inmuebles, o por lo menos del intento de hacerlo. Tuve que observar en muchos de ellos la misma clase de avaricia y envidia que motiva a los criminales más viles – solamente que los líderes evangélicos conocen maneras más refinadas de dar salida a estos impulsos.

El Nuevo Testamento menciona varias veces que el Evangelio verdadero transforma radicalmente al que le sigue. (Vea por ejemplo Lucas 19:8-10, Hechos 2:42-47, 1.Cor.6:9-11, Tito 2:11-12, 1 Juan 3:3-9, y otros.) Entonces, si muchos de los que se llaman “evangélicos” no han sido transformados, sino que siguen viviendo su antigua vida de falsedad e inmoralidad, ¿qué tenemos que concluir acerca de su “evangelio”?

En conclusión: El estado actual de la sociedad refleja como en un espejo amplificador el estado actual de las iglesias cristianas. En este espejo puedo ver que la sal ha perdido su sabor, ha sido echada fuera y se ha mezclado con el polvo de este mundo. La avaricia, la envidia y la falsedad de este mundo son un reflejo de la avaricia, de la envidia y de la falsedad de los líderes (supuestamente) cristianos. Las iglesias han perdido la autoridad de interceder por la sociedad actual, porque se han hecho parte y cómplices de esta misma sociedad.

Para terminar con una nota más positiva: No es que los cristianos estuviéramos forzados a seguir la corriente de la sociedad. La palabra de la sal y de la luz indica lo contrario: Los verdaderos cristianos somos quienes marcamos el paso de la sociedad. Entonces, si los cristianos vuelven a sus orígenes, se arrepienten genuinamente de sus pecados, y vuelven a vivir una vida agradable a Dios – un tal avivamiento tendría el potencial de cambiar el rumbo de la sociedad entera. – Pero no crean que las iglesias evangélicas serán las fuentes de un tal avivamiento. Ellas han tenido su oportunidad; la han desperdiciado y se han corrompido. Más probable es entonces que los pioneros de un tal avivamiento de integridad se verán obligados a abandonar las iglesias evangélicas. Hay que “echar el vino nuevo en odres nuevos” (Mateo 9:17).


PS: ¿Por qué no he escrito nada acerca de la iglesia católica? – Por una simple razón que ya expliqué anteriormente en este blog, pero vuelvo a repetirla: Es que la iglesia católica romana ha declarado doctrinalmente que su autoridad como iglesia es superior a la autoridad de la palabra de Dios escrita en la Biblia. Por tanto, si la iglesia católica comete actos contrarios a la palabra de Dios, eso es completamente “natural” según su propia doctrina, y no tiene sentido llamarle la atención sobre la base de la Biblia.
El caso de las iglesias evangélicas es diferente porque ellas, en su teoría, declaran que la autoridad suprema sobre su doctrina y práctica reside en las Sagradas Escrituras. O sea, los evangélicos, según su propia teoría, son obligados a someterse bajo la palabra de Dios escrita. Entonces, si ellos no lo hacen, tengo todo derecho de llamarles la atención.

Anuncios