Archive for 26 noviembre 2012

La autoridad en la familia extendida de Dios

26/11/2012

Las iglesias evangélicas, en su gran mayoría, han creado el oficio de un “pastor” que gobierna sobre la congregación. Este modelo no es bíblico. La palabra “pastor”, como ministerio espiritual, aparece en el Nuevo Testamento una sola vez, y en conjunto con cuatro otros ministerios: “Y él mismo dio a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros” – Efesios 4:11. (La versión Reina-Valera tiene además equivocadamente la palabra “pastores” en Hebreos 13:7.17.24, pero allí el original dice “hegoúmenoi”, lo cual es una palabra general para “líderes”.)

El “pastorado” evangélico se originó en el sacerdocio católico-romano. Fue la idea del romanismo, colocar a un solo hombre en la punta de la iglesia y considerarlo como un mediador entre Dios y los hombres. Esta es una doble rebelión contra los principios de la palabra de Dios:

1. Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Tim.2:5). Ningún hombre puede pretender ser “la voz de Dios” para sus hermanos, ni tiene derecho de hacer que otras personas dependan de él en cuanto a sus vidas espirituales. Por medio de Jesucristo, cada cristiano tiene acceso directo e inmediato al trono de Dios (Hebreos 4:14-16, 10:19-22). Cualquier líder que dice: “Si quieren ser seguidores de Jesús, obedézcanme a mí”, está usurpando el lugar que corresponde solamente al Señor mismo.

2. Porque el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. En todas las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento, donde sabemos detalles acerca de su liderazgo, vemos que fueron dirigidas por un equipo de varios hermanos:
– Jerusalén: los once apóstoles (constantemente mencionados en los primeros capítulos de Hechos).
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17) – los mismos también son llamados “obispos” en v.28
– Las iglesias en general: “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “obispos y diáconos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “líderes” o “guías” (Hebreos 13:7.17.24 – la versión Reina-Valera traduce equivocadamente “pastores”)
– Las iglesias en general: “ancianos” (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)
(Alguien me ha señalado que en 1 Timoteo 3:2 dice “el obispo” – singular. Pero aquí se trata obviamente de una expresión genérica, así como cuando digo: “El estudiante debe leer sus libros” – esto no se puede entender como si existiera un solo estudiante en la clase; tampoco se puede interpretar que haya un solo obispo en una iglesia, cuando Pablo dice “Es necesario que el obispo sea irreprensible…” etc. – Además hemos visto arriba en Hechos 20 que “obispo” es sinónimo de “anciano”.)
– Para un análisis más detallado de los términos que el Nuevo Testamento usa para describir “líderes” o “ministerios”, vea “El Nuevo Testamento, Versión ministerial”.

Ahora, el término más frecuentemente usado en esta lista es “anciano”. Por tanto tenemos que investigar: ¿Qué es exactamente un anciano?

La iglesia primitiva surgió del pueblo judío; todos los apóstoles fueron judíos y se expresaron en términos judíos. Tenemos que entender entonces, desde el trasfondo del Antiguo Testamento: ¿qué era un anciano en Israel?

Encontraremos que la posición de un “anciano” es estrechamente relacionada con la organización del pueblo según tribus, linajes y familias, como vimos en el artículo anterior. Entonces no debe sorprendernos que también la autoridad de un anciano genuino procede del entorno de su familia.

Mike Dowgiewicz escribe:

“Los ancianos siempre fueron los líderes autorizados del pueblo de Dios, tanto en la antigua Israel como en la iglesia temprana. Ser un anciano, un zakén (la palabra hebrea), fue la cúspide de la vida de un hombre sabio. Vamos a detallar como alguien llegó a ser un anciano:
Hombres israelitas que demostraron una sabiduría excepcional al ejercer autoridad, fueron promovidos a posiciones de mayor liderazgo. Aquellos padres de familia que tenían sabiduría excepcional, se volvieron ancianos de su familia extendida (linaje, estirpe). Los ancianos excepcionalmente sabios de una familia extendida se volvieron ancianos de su tribu. Algunos de éstos prosiguieron a ser asesores del rey, para el bien de la nación entera. La sabiduría fue un elemento clave en su progreso.
El liderazgo a cada nivel era personal. En cada nivel, las personas estaban en contacto cercano con los hombres que tenían autoridad. Cada anciano estaba consciente de que él estaba levantando a sus propios sucesores. (En el sistema nicolaita actual, una comisión encarga a un clérigo de afuera, ¡aunque nadie en la congregación tenía anteriormente alguna relación personal con él!)”

Así surgió la autoridad de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.
En el concepto bíblico de autoridad no existe ninguna “inmunidad”: Un líder tiene que recibir corrección de los demás, igual como cualquier “miembro común”. La base para toda corrección es la palabra de Dios; y cada miembro del pueblo de Dios puede aplicar la palabra de Dios para evaluar y corregir a cualquier otro miembro, aun a un líder. Para ilustrar este principio, Dios escogió a menudo como profetas a hombres que no tenían ningún “liderazgo”, y los envió para corregir y amonestar a los reyes.

El núcleo de esta autoridad bíblica es la paternidad. Es que la paternidad es un reflejo de Dios en esta tierra: Dios es el Padre por excelencia. Varios pasajes bíblicos relacionan la autoridad de Dios, y la provisión de Dios por Su pueblo, con lo que un padre en la tierra es para su familia:

Mat.7:9-11: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Ef.3:14-15: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia (literalmente: paternidad) en los cielos y en la tierra”
Hebr.12:7-9: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos (los padres terrenales), ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste (Dios) para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”

(Vea también “Conocer a Dios como Padre”.)

Dios quiere que las familias en esta tierra estén gobernadas por un padre. Así puede cada persona desde niño entender lo que es un padre, y entonces podrá también entender como es Dios. (Esto es, si el padre ejerce su paternidad de acuerdo con la voluntad de Dios.) En el pueblo de Israel vemos como Dios desea que esta estructura familiar sea ampliada para el entero pueblo de Dios. Y lo mismo vale para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, la comunidad de los (verdaderos) cristianos.

Un “anciano”, por tanto, no es un “cargo” u “oficio” que se podría ocupar según un reglamento institucional. Ni mucho menos podrían ancianos ser instituidos y destituidos por turnos o según el antojo de un “pastor” o de una congregación – como una familia tampoco puede cambiar de padre cada año.
Un anciano bíblico no es “elegido” ni “nombrado”; un anciano bíblico es reconocido. La misma palabra “anciano” nos dice que la madurez (espiritual) es lo esencial para un anciano. En la Biblia, la edad avanzada normalmente es sinónimo de sabiduría y amplia experiencia. Y esta sabiduría y madurez viene en primer lugar de muchos años de ejercer la paternidad en su propia familia. Un anciano es esencialmente un padre experimentado, de tal manera que ahora puede ser un “padre para otros padres”.

Irónicamente, la iglesia católica romana ha preservado el recuerdo de esta verdad mejor que otras iglesias, puesto que llama a sus sacerdotes “padres”. Parece que al inicio todavía estaban conscientes de que “autoridad espiritual” es igual a “paternidad según la voluntad de Dios”. Solamente que confieren este título a las personas menos aptos para ello, puesto que un sacerdote católico no cumple, ni puede cumplir, con el requisito más básico del ancianato bíblico, el cual es haber dado un buen ejemplo como padre de familia.

Efectivamente, en Israel y en la iglesia primitiva, la primera prioridad para cada padre era su propia familia. Bíblicamente, ser un buen esposo y padre, es mucho más importante que ser un buen trabajador, jefe, miembro de iglesia o anciano. Para un padre temeroso de Dios, el mundo afuera de la familia (lo que incluye las responsabilidades en la iglesia) nunca puede llegar a ser más importante que la misma familia. Según los principios bíblicos de autoridad, alguien que no era un buen esposo y padre, nunca iba a ser reconocido como autoridad en alguna otra área de la vida (sea en el trabajo, en la política, o en la iglesia). Y aun cuando alguien llegaba a una posición importante en alguna de estas áreas, no iba por eso descuidar su propia familia. Si lo hacía, perdía su autoridad, o podía incluso caer bajo el juicio de Dios como el sacerdote Elí (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

Por tanto, es un requisito importante para alguien que desea tener autoridad en la comunidad cristiana, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Tim.3:4-5).

Espero que entendamos ahora mejor la envergadura de este pasaje. Efectivamente, según el patrón bíblico, la comunidad cristiana es una familia de familias, y la autoridad espiritual dentro de esta comunidad surge de la paternidad.

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La iglesia cristiana se centra en las familias

19/11/2012

Con “iglesia cristiana” me refiero aquí a la iglesia tal como está descrita en el Nuevo Testamento – porque eso fue bastante diferente de lo que hoy pasa bajo el nombre de “iglesia”. La iglesia del Nuevo Testamento tenía su centro terrenal en las familias.

Por supuesto que el centro aun más importante de la iglesia es el celestial, el cual es la persona del Señor Jesucristo mismo. Pero en este artículo deseo hablar acerca de la organización terrenal de la iglesia. Y en esta tierra, la imagen y el reflejo más adecuado de Dios, de la Trinidad, es la familia. (Vea acerca de este aspecto en “Una visión bíblica acerca de la familia”.) Una verdadera reforma bíblica tendría que rescatar nuevamente los hogares como el centro terrenal de la iglesia, y tendría que reestructurarse alrededor de los hogares y fortalecerlos, en vez de destruirlos como lo hace actualmente. (Vea también: “¿Quién salvará … LA FAMILIA?”)

El precursor de la iglesia cristiana era el pueblo escogido de Dios del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel. Este pueblo, a través de toda su historia, estaba siempre organizado según tribus, linajes y familias.
La nación de Israel tiene su origen en tres generaciones de familias: la familia de Abraham, de Isaac y de Jacob. De cada hijo de Jacob surgió una de las doce tribus de Israel. Leamos acerca de la organización de este pueblo a través del Antiguo Testamento:

“Los hijos de Israel acamparon cada uno junto a su bandera, bajo las enseñas de las casas de sus padres…” (Números 2:2) La continuación del capítulo detalla para cada tribu el lugar donde tenía que acampar durante el viaje por el desierto. (En los idiomas originales de la Biblia, la palabra “casa” significa también “familia”.)

“Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; (…) por las tribus de vuestros padres heredaréis.” (Números 33:54) – A cada tribu le fue asignado un territorio específico en la tierra prometida. (Vea también Josué cap.14-19.)

“Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que el Señor tomare (al echar la suerte), se acercará por sus familias; y la familia que el Señor tomare, se acercará por sus casas; y la casa que el Señor tomare, se acercará por los varones…” (Josué 7:14) – Este fue el procedimiento para descubrir quien del pueblo había pecado. Se nota claramente la organización del pueblo por parentesco. El mismo procedimiento se aplicó para confirmar la elección de Saúl como rey (1 Samuel 10:20-21).

Todavía muchos siglos después, Nehemías organizó el pueblo según familias para defender el muro de la ciudad:
“Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.” (Nehemías 3:13-14)

La fiesta judía más importante, la Pascua, se celebra en familia:
“En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.” (Exodo 12:3)
“…Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. … Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto …” (Exodo 12:21-27)
En la celebración de la pascua, un hijo (normalmente el menor) tiene que iniciar la conversación con esta pregunta. En respuesta, el padre enseña a su familia la historia de la pascua y dirige la celebración.

Esta conciencia de ser una familia extendida, está todavía presente en la Israel actual:

“Durante mi estadía en Israel entendí que la cultura judía es esencialmente una cultura de la familia. En su centro está la mesa familiar donde se come juntos y se llevan discusiones profundas acerca de las Sagradas Escrituras. (…) Nosotros somos muy influenciados por el espíritu griego: Diseñamos teorías bonitas, y asistimos a reuniones donde casi nadie participa activamente. (…) En el judaísmo, en cambio, se trata de “ver como se hace” una cosa. Uno se reúne alrededor de la mesa familiar. Allí se conversa acerca de los asuntos de la vida diaria y de asuntos espirituales. Todo sucede en el diálogo mutuo. Durante mis seis años en Israel, Dios me quitó el filtro que yo tenía ante mis ojos al leer la Biblia.
(…) La familia es al mismo tiempo una parte de un contexto más amplio, la familia extendida o estirpe. De esta manera, los judíos sobrevivieron como una minoría en medio de un entorno hostil. Los judíos mantenían esta conciencia: ‘Nosotros los judíos, el pueblo escogido de Dios, tenemos que estar juntos.’ Sin embargo, el individuo no es absorbido por el colectivo. Se incentivan las habilidades y talentos individuales de cada uno.
Si alguien llega a sobresalir por su riqueza, poder e influencia, entonces tiene una responsabilidad hacia el pueblo judío. Esto se nota hasta hoy en Israel, donde judíos ricos del mundo entero envían ofrendas para los pobres, los débiles y los discapacitados. Además, todos saben que pertenecen a una familia grande, a un clan donde todos se apoyan mutuamente. En una tal familia extendida hay siempre un plato de sobra, una cama libre, o alguna otra ayuda material, espiritual o práctica. Si los miembros viven cerca, la familia extendida se reúne regularmente – no solamente para ocasiones especiales -, comen juntos y comparten sus experiencias.”
(Markus Jerominski, en “Padres y madres que influencian el mundo”.)

Estos mismos principios continuaron en la primera comunidad cristiana. La iglesia temprana era también una familia extendida, al igual que el pueblo de Israel. Toda la vida de la comunidad cristiana estaba completamente centrada en las familias.

El lugar de reunión de los primeros cristianos era la casa. (Ya hemos visto arriba, que en los idiomas originales de la Biblia, “casa” equivale a “familia”.) El Nuevo Testamento menciona, entre otras: “la iglesia en la casa de Priscila y Aquila” (1 Cor.16:19), “la iglesia en la casa de Ninfas” (Col.4:15), “la iglesia en la casa de Filemón” (Filemón 2). Gayo es llamado “hospedador mío y de toda la iglesia” (Rom.16:23). Hechos 2:46 dice que los primeros cristianos “partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.” (Nos recordamos como en la cultura judía, todo revuelve alrededor de la mesa familiar.) También en Hechos 5:42: “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y anunciar a Jesucristo.” (Vea además Hechos 2:2, 8:3, 11:11-15, 12:12, 16:31-34, 16:40.)

Estas “iglesias en casas” (probablemente una unión de varias familias que vivían cerca los unos de los otros) formaban entonces algo como “clanes” o “linajes” espirituales, y juntos con los otros “clanes” de la ciudad, formaban la familia espiritual extendida de su ciudad (“la iglesia en Efeso”, “la iglesia en Corinto”, etc.). Así dice Efesios 2:19 que los cristianos son “miembros de la familia de Dios”.

En particular, la “cena del Señor” es la continuación de la Pascua judía (Mateo 26:17-29). Como la Pascua se celebraba en las familias, así también la cena del Señor. (“partían el pan en las casas“, Hechos 2:46). Como el padre de la familia judía se encarga de la celebración de la Pascua, así se encargaba el padre de la familia cristiana de la celebración de la cena del Señor. No se necesitaba a ningún “sacerdote”, “pastor” o “ministro” para eso.

Es importante entender que estas iglesias en casas no eran simplemente “células” sujetas a una organización grande y centralizada, como lo tienen muchas iglesias grandes hoy en día. No, la iglesia en casa era una iglesia completa, y en gran medida independiente. Pablo en sus cartas se refiere a ellas siempre como “iglesias”, no solamente “grupos” o “células”.

Obviamente estaban las familias unidas en estas reuniones. Algunos pasajes en las cartas de los apóstoles a las iglesias, se dirigen directamente a los niños (Ef.6:1-3, Col.3:20, 1 Juan 2:12-13). Entonces los niños estaban presentes cuando estas cartas fueron leídas. La primera iglesia no separaba a las familias en reuniones de hombres aparte, mujeres aparte, jóvenes aparte y niños aparte, como lo hace la mayoría de las iglesias contemporáneas. Al contrario, ellos se reunían como una “familia de familias”.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento vemos con frecuencia que familias enteras se deciden seguir al Señor. Así dice Dios en su llamado a Abraham: “…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:3).
Josué se comprometió a servir al Señor con su familia entera: “…pero yo y mi casa serviremos al Señor.” (Josué 24:15)
En el libro de Hechos leemos que se entregaron al Señor, Cornelio con “sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24.44), Lidia “y su familia” (Hechos 16:15), y el carcelero con “todos los que estaban en su casa” (Hechos 16:31-34).
Estas casas (familias) se convirtieron en los núcleos de las iglesias nacientes. Así dijo una vez un misionero bastante sabio: “No voy a organizar una iglesia en ningún lugar mientras no haya una familia completa convertida allí.”

Veremos en la continuación que también el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento surge de las familias, no de una organización clerical ni de “institutos bíblicos”.