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David contra Saúl: ¿Un ejemplo de la “sumisión bajo el líder”?

06/07/2012

La historia bíblica de Saúl y David es usada a menudo por los líderes religiosos institucionales, para enseñar que un cristiano tiene que someterse a su líder, aun cuando el líder está equivocado. Los pasajes más citados en este contexto son las dos oportunidades donde David tenía la posibilidad de matar a Saúl, pero decidió perdonarle la vida (1 Samuel capítulos 24 y 26). David dijo: “El Señor me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido del Señor, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido del Señor.” (1 Sam.24:6). Y: “¿Quién extenderá su mano contra el ungido del Señor, y será inocente?” (1 Sam.26:9).

De allí dicen estos líderes que “David se sometió a Saúl, aunque Saúl estaba actuando mal; así también los cristianos tienen que someterse a sus líderes, aun en el caso de que los líderes estén equivocados.” Y también: “Nunca hay que criticar a un líder, porque eso sería extender la mano contra el ungido del Señor.”

¿Corresponde esta interpretación con el contenido y la enseñanza de las historias bíblicas mencionadas?

Recordemos que David era un siervo de Saúl. Pero cuando entendió que Saúl le quería matar, huyó donde Samuel. (1 Sam.19:11-19) Estando al servicio de Saúl, ¡David no tenía el derecho de escaparse! – Después de esto, David faltó deliberadamente tres veces en el banquete donde era invitado por el rey. (1 Sam.20:5-7, 24-30) Esto calificaría como una actitud muy “rebelde” en los ojos de muchos “pastores” contemporáneos, quienes ni siquiera toleran que sus siervos (colaboradores) falten una sola vez al culto.

Recordemos también que David era claramente un rebelde en los ojos de Saúl. De otro modo, no lo hubiera perseguido. (Otras personas lo vieron de la misma manera. Nabal por ejemplo lo llamó “un siervo que huyó de su señor”, 1 Sam.25:10.) Aun después de la primera vez que David perdonó la vida de Saúl, Saúl no tomó esto como una señal de sumisión, porque volvio a perseguir a David. La segunda vez, Saúl dijo a David que vuelva con él, y le prometió no hacerle ningún mal (1 Sam.26:21); pero David no volvió con Saúl. También en esta oportunidad entonces, David no hizo caso a Saúl.
Sin embargo, toda la historia deja claro que Dios estaba del lado del rebelde David, y en contra de “su ungido” Saúl.

Veamos también qué significan las palabras “extender su mano contra el ungido del Señor”. Se trata de que los hombres de David le aconsejaron matar a Saúl. Pero algunos “pastores” hoy en día no soportan ni siquiera que uno los critique con palabras: inmediatamente se quejan de que uno esté “extendiendo su mano contra el ungido del Señor”. ¡Hay una diferencia abismal entre criticar y matar!
David sí criticaba a Saúl muy abiertamente y en público: “¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal? … ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? El Señor, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.” (1 Sam.24:9.14-15).
Entonces, tomando el ejemplo de David, tenemos todo derecho de criticar a un líder que actúa mal. Y tenemos también el derecho de desobedecer a un tal líder, si obedecerle significaría cometer un pecado o sufrir un daño nosotros mismos.

Un último aspecto: Un líder que usa la “sumisión” de David como ejemplo para sus seguidores, ¿con quién se compara él mismo? Obviamente con Saúl, el perseguidor, el rey que estaba él mismo en desobediencia contra Dios. Este mismo Saúl calumnió a David y torció los hechos, diciendo a sus siervos: “… para que todos vosotros hayan conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?” (1 Sam.22:8)
Así Saúl se presentó a sí mismo como víctima y a David como el agresor, mientras en realidad la cosa era al revés. Así lo hacen también muchos de estos malos líderes: Si alguien se queja por ser maltratado por ellos, o los reprende por un pecado que cometieron, entonces dicen que son víctimas de una “conspiración” y de “murmuraciones”, y exigen la censura del “rebelde”, o invocan el castigo de Dios sobre él y lo expulsan.

Así que, lejos de presentarnos un ejemplo de sumisión ciega, esta historia nos enseña mucho acerca del comportamiento de un líder abusivo, y acerca del sufrimiento de las víctimas de tales líderes. El ejemplo de David nos muestra qué hacer frente a un tal líder:
– Alejarse de él.
– Reprender sus malas acciones cuando es necesario, pero desde una distancia segura.
– Encomendar la situación a Dios y confiar que El juzgará de manera justa.
– No planear venganza contra el líder ni intentar hacerle daño; pero tampoco someterse a él.
– No darle confianza, ni siquiera cuando promete cambiar y ofrece una “reconciliación”. Un “Saúl” es capaz de fingir arrepentimiento, solamente para continuar después en sus caminos antiguos. (Vea también 1 Sam.15:17-35.)

Las víctimas de líderes “tipo Saúl” tienen que sufrir mucho. Pero pueden saber que Dios está de su lado y los restaurará si siguen confiando en El.

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