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¿Traer a incrédulos a los servicios (cultos) de la iglesia? (Parte 2)

26/04/2012

Esta es la continuación de una explicación más detallada acerca de mi Tesis No.15, de las “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”. En la primera parte he explicado algunas diferencias fundamentales entre las iglesias actuales (su mayoría) y la iglesia del Nuevo Testamento. Estas diferencias explican por qué las iglesias actuales ven la necesidad de traer a inconversos a sus “servicios”, mientras la iglesia del Nuevo Testamento no tenía tal práctica ni necesidad.

Queda todavía la pregunta: ¿Qué puede o debe hacer entonces una persona que busca a Dios? ¿Cómo puede encontrar a Dios sin participar de una reunión de la iglesia?

Primeramente, hay muchas formas de buscar a Dios que no requieren ir a ningún lugar en particular: Leer la Biblia, orar, obedecer en la vida diaria a lo que El nos manda… todo esto se puede hacer en cualquier lugar y aun a solas. (Por supuesto, me refiero aquí a personas que realmente buscan a Dios mismo, no a los que buscan simplemente “un lugar donde congregarse” sin importarles mucho su relación personal con Dios.)
Además, una persona que vivía en el tiempo del Nuevo Testamento, tenía las siguientes posibilidades:

– Podía escuchar la enseñanza de los apóstoles. Como menciono en la tesis No.15, los apóstoles (y también algunos evangelistas y maestros) solían enseñar en lugares públicos, por ejemplo en las plazas de las ciudades, a veces también en lugares donde los rabinos o los filósofos discutían. Entonces, cada persona podía escuchar el evangelio, aun sin unirse a la iglesia.
(Cuando dice que los apóstoles enseñaban en el “templo” en Jerusalén, en realidad se refiere al atrio del templo, una plaza muy amplia que servía como plaza pública de la ciudad, y aun como mercado. Al “templo” propiamente dicho entraban solamente los sacerdotes; era un lugar para ofrecer sacrificios, no un “lugar de reunión”. Las iglesias actuales están muy equivocadas al llamar “templo” sus lugares de reunión.)

– Podía preguntar a un cristiano personalmente. Muchas personas escuchaban el evangelio por medio del testimonio personal de un cristiano que conocían, por ejemplo un familiar o un compañero de trabajo. Cada cristiano estaba siempre “preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). No necesitaba llamar a un “pastor” para eso; cada uno sabía hablar por sí mismo de lo que Cristo había hecho por él. (Además, no existían “pastores” en el sentido como las iglesias actuales lo entienden.) Y no necesitaban organizar ningún “evento” para hacer esto; este testimonio sucedía en medio de la vida diaria.
De hecho, cuando los apóstoles ya no estaban, en los siglos II y III, esta fue la forma principal como el evangelio se extendía: por el testimonio sencillo de los cristianos, con su vida y con sus palabras, ante sus conocidos. (Y además por el testimonio público de los mártires que fueron ejecutados por su fe – a menudo también cristianos “comunes”, pero preparados para “presentar defensa”.)
Por supuesto, nada impediría a algunos cristianos a hacer una “reunión” con varios incrédulos – si éstos tienen el deseo – para explicarles el evangelio juntos. Eso fue lo que sucedió por ejemplo en Hechos 10. (Pero eso no fue una “reunión de la iglesia”, fue una “visita evangelística”.)

Entonces, si de esta forma alguien fue convencido de su pecado y de su necesidad de salvación, y se decidió seguir a Cristo, entonces podía acercarse a un cristiano y pedir el bautismo. Y a partir de este momento era parte de la familia y ya no tenía por qué sentir temor o vergüenza al reunirse con sus hermanos en Cristo.

(En los siglos II y III, parece que la iglesia ya estaba perdiendo su santidad inicial, entonces ya no podían confiar en cualquiera que pedía el bautismo. Por tanto, introdujeron las clases para “catecúmenos”, o sea, aspirantes al bautismo, para enseñarles primero durante un tiempo (y conocerlos mejor y ponerlos a prueba), antes de admitirlos al bautismo. Entonces, en ese tiempo existían efectivamente las reuniones separadas, unas exclusivamente para los cristianos, y otras para los catecúmenos y otros interesados. Pero esto ya fue después de la conclusión del Nuevo Testamento.)

Otro malentendido frecuente hoy en día es la idea de que “hay que venir a la iglesia para conocer al Señor”. Esta idea tiene sus raíces en la iglesia católica romana, la cual enseña que “no hay salvación fuera de la iglesia”. Pero en el Nuevo Testamento fue diferente: La gente venía primero a Jesucristo, tuvieron un encuentro con El (convicción del pecado, arrepentimiento y fe, experiencia de Su gracia y el nuevo nacimiento), y entonces formaron parte de la iglesia. Esto es consistente con las palabras de Jesús:
“Yo soy la puerta de las ovejas (…) Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Juan 10:7-9)
JESÚS es la puerta, hay que entrar por EL primero. El no dijo: “Las ovejas (la iglesia) son la puerta …” Al contrario, Jesús es la puerta, y una vez que alguien ha entrado por El, forma también parte de la iglesia (o sea, se convierte en una de Sus ovejas). Pero para alguien que no es “oveja”, no tiene sentido juntarse con un rebaño de ovejas. Jesús viene primero, y la iglesia depende de él. Es un error intentar hacer a Jesús dependiente de la iglesia.

También, el Señor nunca dijo que “hiciéramos venir” a la gente adonde nosotros nos reunimos. El dijo “Id y anunciad…”, o sea, que tenemos que ir adonde está la gente y hablarles allí, no jalarlos adonde estamos nosotros.

Note también que es DIOS, no nosotros, quien “añade” personas a la iglesia (Hechos 2:47, 13:48). En aquellos tiempos no existía este afán de “aumentar la asistencia a la iglesia”; esta no es ninguna meta bíblica. El enfoque bíblico está en llevar una vida “en Cristo”, tanto personalmente como en comunión con otros cristianos, para que el Señor sea glorificado, y que por medio de nuestro testimonio Dios pueda obrar para llevar a las personas a la salvación.

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¿Traer a incrédulos a los servicios (cultos) de la iglesia?

18/04/2012

Mi tesis No.15, de las “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”, dice:

“En el Nuevo Testamento, los cristianos nunca trajeron a inconversos a las reuniones de la iglesia.
Al contrario, los inconversos tenían miedo de juntarse con la iglesia (Hechos 5:13). Solo después de convertirse, se juntaban con la iglesia. (Esto no es de confundir con las reuniones en lugares públicos, donde todos tenían la oportunidad de escuchar la enseñanza de los apóstoles, aun sin unirse a la iglesia.)”

Parece que para algunos lectores fue difícil comprender esta explicación corta. Especialmente para aquellos que vienen desde el trasfondo de una iglesia institucional (que son todavía la mayoría). Parece que su único medio de evangelización son sus “servicios” o “cultos”. He observado que muchos evangélicos ya no saben dar testimonio del Señor, ni saben explicar a un incrédulo como ser salvo. (Posiblemente porque muchos de ellos mismos no son salvos.) Su único testimonio consiste en una invitación al “culto”: “Ven a nuestra iglesia, allí conocerás al Señor.”

Así recibí por ejemplo una consulta de alguien que estaba preocupado de que las reuniones de su iglesia se quedarían pequeñas si ya no invitaran a incrédulos. Además tuvo la impresión (equivocada) de que yo iba a rechazar a un incrédulo que “viene a la iglesia” porque está buscando a Dios.
(Desafortunadamente, el remitente no me dio permiso para publicar su consulta, por lo cual no la puedo citar en sus palabras originales.)

El tema me parece importante, y consultas como esta son muy típicas de la clase de malentendidos que pueden surgir, cuando uno empieza a buscar un camino de renovación bíblica, pero todavía no puede desprenderse de los moldes institucionalistas de las iglesias tradicionales. Muchos de estos malentendidos surgen del fenómeno que describí en la tesis No.2:

Las iglesias evangélicas hoy, en general, interpretan la Biblia a través del filtro de su propia tradición y costumbre eclesiástica. Esta tradición les impide ver lo que la Biblia realmente dice. – Al leer “iglesia”, se imaginan una iglesia evangélica de hoy, y no se dan cuenta de que la iglesia del Nuevo Testamento fue muy diferente. (etc.)”

En la mayoría de las iglesias actuales, su “evangelización” se fundamenta en la idea de traer a incrédulos a sus reuniones, para “convertirlos en miembros de la iglesia”. Entonces es obvio que tendrán problemas con Hechos 5:13 y pasajes parecidos. Sus reuniones son la única forma que conocen, de anunciar el evangelio a los incrédulos. Si ya no hicieran esto, ya no sabrían como evangelizar.
El principio bíblico es que “iglesia” significa la reunión de los cristianos nacidos de nuevo. Pero si las iglesias actuales aplicaran este principio, efectivamente sus reuniones quedarían muy pequeñas; y podrían surgir otros problemas más (como el que los incrédulos se podrían sentir “excluídos”.) Pero estos problemas surgirán, no porque el principio estuviera equivocado, sino porque una iglesia de este tipo, en su integridad, está tan lejos del Nuevo Testamento que no puede practicar principios como este.

Es que su idea de “evangelización” ya está fundamentalmente errada. En el Nuevo Testamento, evangelizar significa ganar discípulos de Cristo, no ganar miembros de iglesia (ni mucho menos ganar miembros para “mi” iglesia). Una vez que alguien se convierte en discípulo, es Cristo mismo quien lo incorpora en la iglesia. (Vea 1 Corintios 12:13, Efesios 2:12-16.)

Entonces no se trata de implantar este principio (u otros parecidos) en las iglesias actuales. Eso sería solamente un cambio cosmético, y no cambiaría los asuntos de fondo. La iglesia tendría que cambiar de manera fundamental, para volver al Nuevo Testamento.

Hay dos cosas que los evangélicos promedios no comprenden en toda su envergadura: Cuan radicalmente diferente es un cristiano verdadero, respecto a este mundo; y cuan radicalmente diferente fue la iglesia del Nuevo Testamento, respecto a lo que hoy en día se llama “iglesia”.

Intentaré describir algunos de estos asuntos que explican por qué este principio funcionó en la iglesia del Nuevo Testamento, mientras no funcionaría en la mayoría de las iglesias actuales:

1) En Hechos 5:13 dice: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos; mas el pueblo los alababa grandemente.” O sea, había allí un temor santo, un temor a Dios, como ya no existe en la mayoría de las iglesias actuales. Este temor santo hizo que los incrédulos no se atrevieran a juntarse con los cristianos, porque inmediatamente iban a sentir la carga de su conciencia, y que no iban a mantenerse en pie ante la santidad de Dios. El verso citado sigue inmediatamente a la historia de Ananías y Safira. Ellos fueron juzgados por Dios, por una simple mentira. “Y vino gran temor sobre toda la iglesia, y sobre todos los que oyeron estas cosas.” (Hechos 5:11)
– Ahora, ¿será posible que en aquel momento algún otro mentiroso formaba parte de la iglesia? Yo no lo creo, porque entonces Dios hubiera tenido que juzgar a ese otro mentiroso de la misma manera como a Ananías y a Safira. ¿Podemos imaginarnos la pureza de esa iglesia? ¡No había ningún mentiroso en ella! Por eso Dios pudo manifestarse de esta manera. Y por eso los incrédulos tenían razón de sentir temor. Si se hubieran juntado con los cristianos, sin haber nacido de nuevo, su destino podría haber sido el mismo como el de Ananías y Safira.
Pero notamos que este temor santo tuvo a la vez un segundo efecto: “…mas el pueblo los alababa grandemente.” O sea, al mismo tiempo el pueblo se daba cuenta de que los cristianos llevaban una vida santa. Si los incrédulos se mantenían a una distancia, no era porque hubieran despreciado a los cristianos o porque veían faltas en ellos. Al contrario, ellos vieron y reconocieron su santidad.
Las iglesias actuales ya no tienen esta santidad, y por eso los incrédulos ya no tienen miedo de juntarse a ellas.

2) “Iglesia” en el Nuevo Testamento no es ningún “lugar”, no es ningún “evento”, no es ninguna “organización” o “institución”. “Iglesia” en el Nuevo Testamento es “gente”. Los primeros cristianos no “iban a la iglesia”, ellos eran la iglesia. La primera iglesia no se entendía como una “institución”, se entendía más como una familia extendida. (“La familia de Dios”, Ef.2:19). Entonces, cuando se reunían entre ellos, no lo hacían como un “evento de una organización”. Lo hacían más como una reunión familiar. Si yo organizo un evento “semi-público” de una organización (como lo hacen las iglesias institucionales), es claro que se vería como “elitista” si yo rehusaría la entrada a ciertas personas. Pero si mis familiares están reunidos en mi casa, raras veces vendría alguien que no es pariente o amigo cercano de la familia, para reunirse con nosotros. Así también en las reuniones de los primeros cristianos, era raro que alguien iba a entrar que no era parte de ellos. Para el caso excepcional que sucediera, Pablo dice lo que sería de esperar: “Pero si todos profetizan, y entra algún incrédulo o indocto, por todos es convencido, por todos es juzgado; lo oculto de su corazón se hace manifiesto; y así, postrándose sobre el rostro, adorará a Dios, declarando que verdaderamente Dios está entre vosotros.” (1 Cor.14:24-25) – Esto es, por supuesto, si un incrédulo entraría por su propia cuenta, no jalado por un cristiano (porque obviamente los cristianos no hacían eso). Este incrédulo quedaría convencido de su pecado y reconocería por sí mismo que la presencia de Dios está allí. (Aunque no dice explícitamente que se convertiría; eso dependería todavía de su reacción frente a esta convicción del pecado.)
El hecho de que esto ya no pasa en las iglesias actuales, o solo en oportunidades muy excepcionales, es otro síntoma de que las iglesias actuales ya no son como la primera iglesia.

– De paso sea dicho, en ningún lugar he hablado de “rechazar” a un incrédulo que entra en una reunión. Solamente estoy diciendo que eso normalmente no ocurría, y que los cristianos nunca traían activamente a incrédulos a las reuniones de la iglesia (las que no deben confundirse con las ocasiones de anunciar el evangelio en público).

3) Las reuniones de la iglesia del Nuevo Testamento no tenían la forma de los “servicios” de las iglesias actuales: Se reunían en sus casas, no en un edificio semi-público con letrero y publicidad. Se reunían para comer y compartir juntos (Hechos 2:46) – incluyendo lo que hoy en día se llama la “cena del Señor”, aunque las iglesias actuales ya no lo tienen como una comida verdadera -, y para edificarse mutuamente cada uno con los dones que Dios le había dado (1 Cor.14:26). O sea, no había “liturgia”, no había “prédica”, no había un programa preestablecido y “dirigido”. En cambio, había comunión mutua, y cada uno participaba activamente. ¿Qué podría contribuir un incrédulo a una reunión así? ¿O cómo se sentiría, si todos hablan de las cosas grandes de Dios, y él no tiene de qué hablar? ¿O cómo podría para él la comida compartida tener el significado de hacer memoria de la muerte y resurrección del Señor?
Obviamente, una iglesia actual donde un “pastor” predica y todos los demás escuchan pasivamente, es algo muy diferente. Sentarse y escuchar una prédica, eso lo puede hacer cualquiera, para eso no es necesario ser cristiano. No veo ningún problema con que incrédulos asistan a tales reuniones de escuchar prédicas. Solamente que eso no es la iglesia del Nuevo Testamento.

Ahora, yo no pienso que sería sensato intentar introducir estas formas en una iglesia actual. En la primera iglesia, estas formas fluían naturalmente del corazón de las personas completamente entregados a su Señor. Así por ejemplo estaban juntos todos los días (Hechos 2:44-47). No porque alguien los hubiera obligado a ello – ellos querían estar juntos, porque amaban al Señor y se amaban unos a otros. No podríamos obligar a una iglesia actual a hacer lo mismo, porque no habría el mismo amor y la misma entrega entre ellos.
Pero yo creo que si hoy en día tuviéramos nuevamente un grupo de “personas del Nuevo Testamento”, personas que amen de corazón al Señor y estén completamente entregados a El, entonces veríamos también nuevamente las cosas que sucedían en la iglesia del Nuevo Testamento. Pero puesto que hoy en día tenemos mayormente a “cristianos institucionales”, cristianos de nombre no más, y muy pocas personas del Nuevo Testamento, por eso tampoco tenemos iglesias del Nuevo Testamento.

(Continuará…)