¿Por qué los líderes evangélicos están tan fácilmente dispuestos a volver a Roma?

22/05/2015

En los artículos anteriores he documentado como las iglesias evangélicas al nivel mundial están deseando y planeando su regreso a Roma. Pero ¿cómo es posible que se diera ahora un giro de tal envergadura? Deseo analizar en este artículo algunas de las razones de fondo.

Primeramente tenemos que entender que las iglesias evangélicas nunca completaron la Reforma que Lutero comenzó. Un lema de los primeros reformados era: “Ecclesia semper reformandum” – “La iglesia debe siempre seguir reformándose”. A la luz del principio reformado “sola Scriptura”, eso significaría que la iglesia debería constantemente examinar sus enseñanzas y prácticas a la luz de las Sagradas Escrituras, y cambiar todo lo que no es conforme a las Escrituras. Pero no lo hicieron.

El mismo Lutero hizo matar a miles de (falsamente así llamados) “anabaptistas“, solamente porque ellos aplicaron las Escrituras a dos puntos donde Lutero se negó a aplicarlas: en que el bautismo es solamente para convertidos; y que la iglesia no debía mezclarse con el estado. Con estas persecuciones, Lutero demostró que a él le importaba más la conveniencia política que su propio principio de “Sola Scriptura”.

Y así las iglesias evangélicas siguen arrastrando muchos residuos del catolicismo hasta hoy. Son como gallinas que siguen llevando pegados por todo su cuerpo los cascarones del huevo del que salieron una vez. En vez de desprenderse de estos vestigios, crearon sus propias tradiciones eclesiásticas en contra de las Escrituras. Al no ser consecuentes con los principios de la Reforma, las iglesias reformadas sembraron la semilla de su propia anulación.

Vamos a mencionar algunos de estos residuos del catolicismo.

El bautismo de infantes

Es cierto que hoy en día, muchas denominaciones evangélicas dan en este punto la razón a los “anabaptistas”, y practican el bautismo de los convertidos. Pero si analizamos de dónde viene el movimiento ecuménico, vemos que se originó en aquellas iglesias que siguen bautizando a los infantes (y que son la iglesia estatal en muchos países reformados, así que aquí tenemos también la mezcla de iglesia con estado): Luteranos, calvinistas (presbiterianos y congregacionalistas), zuinglianos, y anglicanos. Pronto se unieron a ellos también las iglesias ortodoxas y los metodistas, dos otras denominaciones que practican el bautismo de infantes. No me extraña que el ecumenismo comenzara exactamente allí: Estas son las iglesias que conservaron todavía la mayor proporción de mentalidad católica.

Pero los otros evangélicos no se salvan. Los siguientes puntos observé en casi todas las denominaciones evangélicas.

Sacerdotalismo o pastorismo

Un sacerdote es un mediador entre el pueblo y Dios: Ofrece a Dios los sacrificios del pueblo; intercede ante Dios por el pueblo; y enseña al pueblo la voluntad de Dios. La religión católica se basa fuertemente en el sacerdocio: Un creyente católico no puede acercarse a Dios, no puede ser salvo, ni puede entender la Biblia, sin la mediación de un sacerdote.

En el cristianismo del Nuevo Testamento no existe esta forma de sacerdocio. Un cristiano no necesita a ningún mediador, excepto a Cristo mismo:

“Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre…” (1 Timoteo 2:5)

Cada cristiano verdadero tiene acceso directo a Dios, mediante Jesucristo. (Vea Romanos 8:14-16, Gálatas 4:6-7, Hebreos 4:14-16, 10:19-22.)

En consecuencia, Lutero abolió el sacerdocio católico y proclamó el “sacerdocio general de todos los creyentes” (vea 1 Pedro 2:5.9). Pero al mismo tiempo – y contrario a los propios principios reformados – introdujo el “pastorado” como un ministerio de enseñanza. Así, el luteranismo siguió manteniendo la idea de que “los laicos no pueden entender la Biblia por sí mismos”. La idea fundamental del catolicismo siguió intacta: que exista una distinción entre “clérigos” y “laicos”, y que los “laicos” dependan de los “clérigos” para poder relacionarse con Dios.

Hasta hoy, solo muy pocas iglesias evangélicas volvieron a los principios bíblicos de la iglesia como “familia de Dios” (Efesios 2:19, Mateo 23:8), del ancianato bíblico y del liderazgo en equipo. (Vea en “El concepto bíblico de la familia”.) La mayoría sigue manteniendo un concepto jerárquico donde un solo “pastor” manda sobre los otros ancianos y “pastores”; y donde un “obispo” (o alguna otra forma de liderazgo regional) manda sobre los “pastores” de una región. Este es un concepto heredado del catolicismo romano y no tiene nada en común con lo que el Nuevo Testamento llama “pastorear”. Y este liderazgo jerárquico ha producido su propia “tradición eclesiástica” que tiene más peso que la misma Biblia; quizás no en teoría, pero ciertamente en la práctica. Así han anulado el “Sola Scriptura” y el sacerdocio de todos los creyentes.

Recibí una ilustración reveladora de este tradicionalismo, justo mientras estuve preparando este artículo. Un lector del blog comentó acerca de un artículo donde expuse unos principios bíblicos acerca del liderazgo de la iglesia: “todo pastor sujeto a la voluntad de Dios es una autoridad, busca desde el antiguo testamento la definición de pastor, y compárala con las expresiones de Jesús a cerca del pastor.” (Con lo que quiso expresar su desacuerdo con algunas cosas que yo había escrito.) – Ya que el autor de este comentario no dio ninguna referencia bíblica, en mi respuesta le pedí que respondiese a tres preguntas:
“1. ¿Cuál(es) pasaje(s) del Antiguo Testamento consideras “la definición de pastor”?
2. ¿Por qué crees que un “pastor” en el Antiguo Testamento es lo mismo como un “pastor” en el Nuevo Testamento?
3. ¿En qué pasaje(s) del Nuevo Testamento habla Jesús acerca de un “pastor”, aparte de los pasajes que se refieren a Él mismo?”

No volvió a escribir. (Ya puedo adelantar que la pregunta 3 no tiene respuesta. Podemos rebuscar todos los cuatro Evangelios, y no encontraremos ningún pasaje donde Jesús hubiera usado la palabra “pastor” para alguna otra persona aparte de Él mismo.) El comentario citado es un ejemplo típico de cómo un miembro de iglesia repite ciegamente lo que le enseñaron en la tradición de su iglesia, incluso creyendo de buena fe que se trata de enseñanza bíblica; pero cuando se le reta a identificar las bases bíblicas de esta tradición, resulta que no las hay.

Nota aparte: Por principio es correcto que un líder en la iglesia es una autoridad (definiendo “autoridad” en el sentido bíblico), si ejerce su autoridad por encargo de Dios y sujeto a la voluntad de Dios. No estoy disputando eso. (Solamente que no tiene por qué llamarse “pastor”; en el Nuevo Testamento se llaman “ancianos”.) – El problema está (como expliqué en aquel artículo) en que muchos “pastores” ocupan una posición que Dios nunca diseñó para Su iglesia, y que como tal no tiene fundamento bíblico. Por tanto, su liderazgo es desde un inicio no “sujeto a la voluntad de Dios”, por más que (algunos de ellos) en lo demás se esfuercen personalmente por ser íntegros y cumplir la voluntad de Dios.

Muchos evangélicos han vuelto incluso a atribuir calidades “sacerdotales” a sus pastores: Por ejemplo, creen que la intercesión o “bendición” del “pastor” tiene más poder que la oración de un “laico”, por el solo hecho de que es “pastor”. Creen que las órdenes del “pastor” son “la voz de Dios” para los creyentes comunes, incluso cuando se refieren a sus decisiones personales de su vida privada. Enseñan que solamente un “pastor ordenado” (concepto que no existe en el Nuevo Testamento) pueda administrar bautismos o la cena del Señor. Entonces no extraña que ahora empiecen a desear también la última consecuencia: volver a someterse bajo el sacerdocio católico.

La iglesia como medio de la salvación

Otra doctrina del catolicismo es: “Fuera de la iglesia no hay salvación.” – Los reformados y evangélicos son un poco más tolerantes, pero en el fondo mantuvieron la idea católica. Ellos dicen: “Hay muchas iglesias posibles, pero a una de ellas tienes que ir para ser salvo.”

Lo que no entienden, es que esta misma idea de “ir a la iglesia” es errada y no se encuentra en el Nuevo Testamento. Esta idea católica presupone que “la iglesia” es una institución separada, impersonal, que tiene una existencia independiente del creyente individual, y que tiene incluso un derecho de propiedad sobre el creyente. Según este concepto, esa institución sin cara que se llama “iglesia” es encargada de administrar la salvación, y por tanto es necesario “ir a la iglesia” para conocer al Señor y para ser salvo.

El Nuevo Testamento tiene un concepto muy distinto: La iglesia no es una institución “aparte”. La iglesia es la asamblea de todos los que nacieron de nuevo. Entonces, si Ud. ha nacido de nuevo, Ud. es parte de la iglesia, dondequiera que se encuentre. Y si Ud. no ha nacido de nuevo, entonces no hay ningún lugar en la tierra adonde Ud. podría ir para convertirse en un miembro de la iglesia. Tiene que nacer de nuevo.

Por eso, los anunciadores del Evangelio en el Nuevo Testamento no invitaron a nadie a “venir a la iglesia”. Ellos iban adonde estaban los perdidos, y allí les anunciaron el Evangelio, y allí se convirtieron y nacieron de nuevo “los que estaban ordenados para la vida eterna” (Hechos 13:48). Esto sucedía en las calles y plazas públicas, o en las propias casas de los que se convirtieron. A partir de ese momento, ellos también “eran iglesia”. Y en cualquier lugar donde se reunían “dos o tres” de ellos (Mateo 18:20), allí era “iglesia”.

Y ¿quién añadía nuevos miembros a la iglesia? ¿El sacerdote, el “pastor”? – De ninguna manera. “Y el Señor añadía cada día a la iglesia a los que fueron salvos.” (Hechos 2:47). En aquellos tiempos no hubiera tenido sentido invitar a un incrédulo a “venir a la iglesia”: “De los demás, ninguno se atrevía a juntarse con ellos.” (Hechos 5:13)

Jesús dice en Juan 10:7-11:

“Yo soy la puerta de las ovejas. … El que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos. … Yo soy el buen pastor.”

¿Qué tiene que hacer alguien para ser salvo? – No “ir a la iglesia”, sino “entrar por la puerta que es Jesús”. El que entra por esta puerta, llega a ser iglesia. Será salvo, encontrará pasto, y encontrará también a las otras ovejas, o sea, a la iglesia. Entonces, el lema católico está de cabeza. Más correcto sería: “Fuera de la salvación no hay iglesia.”

Si creemos que la iglesia es una “institución para la administración de la salvación”, entonces ya estamos en el camino a Roma. Es el Señor y nadie más quien “administra la salvación”.

Denominacionalismo

Este punto está muy relacionado con los anteriores. Cuando se cree que la iglesia es el medio de la salvación, entonces la iglesia se coloca a sí misma en el lugar de Dios. O sea, la iglesia se convierte en un ídolo.

En la iglesia romana, eso es muy obvio. Si un cristiano abandona la iglesia romana, se le considera apóstata, por más que su salida fue por motivos cristianos y bíblicos. – Pero muchas iglesias evangélicas tratan de la misma manera a un miembro que quiere ir a otra denominación: “Pero tú has nacido aquí espiritualmente, tú perteneces a nosotros, tienes que ser fiel a tu denominación, no puedes traicionarnos…” Incluso conocí el caso de alguien que fue reprochado duramente y tratado como enemigo por los líderes de su iglesia, ¡porque planeaba cambiar su membresía a otra congregación local de la misma denominación!

O sea, los líderes evangélicos, los que se creen herederos de la Reforma, los que se salieron de la iglesia romana, dicen ahora a sus miembros que nunca, nunca Dios les permitiría hacer lo que hicieron los primeros reformados: oponerse a la denominación en la cual se criaron, o salirse de ella. Enseñan como doctrina la “fidelidad a la denominación”. Este es exactamente el pensamiento que nos lleva en línea directa a anular la Reforma. Lo predije hace varios años en este artículo, y ahora efectivamente está sucediendo.

Sacramentos y rituales

Los sacramentos son otro pilar del catolicismo. De los siete sacramentos de la iglesia romana, Lutero reconoció solamente el bautismo, la cena del Señor y la confesión; y más tarde dudó también de la confesión. Muchas iglesias evangélicas rechazan también el nombre de “sacramentos” y los llaman “ordenanzas”, o algún otro término.

Pero la clave no está en si tenemos siete sacramentos o dos o ninguno; o con qué nombre los llamamos. Mucho más importante es el concepto que tenemos de ellos.

Según el concepto católico, los sacramentos obran “por sí mismos”: El bautismo hace que alguien nazca de nuevo; la confirmación hace que sea lleno del Espíritu Santo; la absolución hace que el pecado confesado sea perdonado; etc. O sea, en el concepto católico, un sacramento es una acción externa que produce una realidad espiritual.

Para refutar esta idea, sería suficiente señalar el gran número de personas bautizadas que diariamente demuestran con sus vidas que no han nacido de nuevo. Sin embargo, muchos evangélicos tienen la misma idea sacramentalista como los católicos. Aunque quizás no tengan “sacramentos”; pero aplican la misma idea a sus propios rituales.

Por ejemplo, tienen la “oración de entrega a Jesús”. Cuando pido a un evangélico que me cuente cómo nació de nuevo, casi todos refieren al momento cuando “hicieron la oración”. O sea, se refieren a un ritual externo y creen que este ritual hizo que ellos nacieran de nuevo. Pero el nuevo nacimiento es un suceso interno, espiritual. ¿Estaba presente esta realidad espiritual en la oración de entrega, o no?
– En algunos casos, la “oración de entrega” puede haber expresado una genuina realidad espiritual: que la persona experimentó una verdadera convicción del pecado, que entendió su necesidad de ser salvo, que comenzó a confiar en Jesucristo y a vivir por Él y para Él. Pero en muchos otros casos, esta oración puede haber sido un ritual igual de vacío como tantos bautismos católicos.

Lo que tenemos que entender es esto: La realidad espiritual es lo primero. Un ritual externo no tiene validez espiritual, excepto cuando expresa una realidad espiritual que ya existe. Cuando en realidad alguien nace de nuevo por el Espíritu Santo, entonces es legítimo y necesario expresar esta realidad espiritual mediante el bautismo. Pero donde esta realidad no existe, aun todas las aguas del mundo no tienen el poder de hacer que alguien nazca de nuevo.

Algo similar tenemos que decir acerca del ritual de “alabanza y adoración”. Muchos creen que el Señor se alegra más, y que su presencia se sentirá más, cuánto más cantan y hacen música y le halagan con sus palabras. Eso puede ser cierto cuando la alabanza es una expresión genuina de un corazón verdaderamente agradecido, y de una vida que agrada al Señor. Pero en una congregación donde eso no es el caso, el Señor les dice:
“Aborrecí, abominé vuestras solemnidades, y no me complaceré en vuestras asambleas. … Quita de mí la multitud de tus canciones, pues no escucharé las salmodias de tus instrumentos. Pero corra el juicio como agua, y la justicia como impetuoso arroyo.” (Amós 5:21-24)

Podríamos seguir hablando de los rituales de “ofrenda” (que no tiene nada que ver con la generosidad que demostraron los primeros cristianos), de “reconciliación” (que a menudo es un “show” por afuera, pero no de corazón), de “oración” (donde muchos enfatizan más la postura exterior y el uso de ciertas palabras, en vez de buscar al Señor y de tener la actitud correspondiente del corazón), y otros más. Por cierto, existe un sacramentalismo evangélico que los predispone a volver a buscar, con el tiempo, también los sacramentos católicos.

Constantinismo

Con el emperador romano Constantino comenzó la mezcla entre iglesia y estado, que caracteriza toda la historia de la iglesia romana hasta hoy. Constantino se mostró como un gran protector y benefactor de la iglesia, y la iglesia lo aceptó gustosamente sin ejercer su discernimiento. A cambio, Constantino se arrogó el derecho de interferir en asuntos de la iglesia. Por ejemplo, él convocó y presidió el Concilio de Nicea (325), aunque no tenía ninguna posición de liderazgo en la iglesia; ni siquiera era bautizado. Cincuenta años más tarde, el emperador Teodosio decretó que el cristianismo (romano) iba a ser la única religión estatal. Y ya comenzaron las primeras persecuciones contra los que no aceptaron las doctrinas de Roma. ¡Tan pronto había cambiado la iglesia de perseguidos a perseguidores!

Esta actitud constantinista prevaleció durante toda la historia, hasta hoy:

– Por parte de los gobernantes del estado, una actitud de intervenir en los asuntos de la iglesia, haciéndole favores, asumiendo decisiones, y aun pronunciando condenaciones.
– Por parte de los líderes de la iglesia, la actitud de buscar tales favores e intervenciones del gobierno; de usar al gobierno como instrumento de poder para hacer valer decisiones eclesiásticas a la fuerza (por ejemplo la ejecución de los “herejes”); y de aspirar ellos mismos al poder político.

Los reformadores seguían en la misma actitud. Por eso hasta hoy, en los países reformados, la iglesia reformada es la iglesia estatal, de la misma manera como la iglesia romana lo es en los países católicos. En los tiempos de la Reforma, la única excepción eran los “anabaptistas“. Ellos renunciaron a toda protección estatal, para mantener su independencia y pureza espiritual. Por eso fueron perseguidos tanto por los católicos como por los reformados.

Los evangélicos actuales también están muy afanados por ser “reconocidos” por el estado, y por recibir subsidios estatales para sus construcciones y sus obras sociales, y que el estado les conceda “igualdad religiosa”. A cambio aceptan que el estado condicione su fe. Por ejemplo en el Perú, una iglesia evangélica tiene que ser afiliada al ecuménico CONEP para que pueda disfrutar de la “igualdad religiosa”.

También hay muchos líderes evangélicos ansiosos por ganar poder político. Con resultados desastrosos para el evangelio, porque muchos de los gobernantes evangélicos resultaron ser igual de corruptos como los demás.

Son pocos los evangélicos que aprendieron a distinguir entre “lo que es de César” y “lo que es de Dios”. La mayoría tiene también en este aspecto una mentalidad muy católica.

Conclusión

Los líderes evangélicos están propensos a volver al catolicismo porque nunca lo abandonaron completamente. En vez de proseguir con la Reforma según principios bíblicos, se quedaron donde se detuvo Lutero, y en algunos puntos aun retrocedieron. Por eso aun hoy, la mayoría de los evangélicos tienen una mentalidad más cercana al catolicismo que al cristianismo bíblico. Esta es la razón más profunda por qué ahora se dejan llevar tan fácilmente de regreso a Roma.

En los tiempos pasados por lo menos existía más temor a Dios, y un mayor apego a la Biblia. Por eso, en el pasado Dios pudo usar como instrumentos de avivamiento aun a personas muy inmersas en este sistema “evangelicatólico”, como por ejemplo a Jonatán Edwards (pastor calvinista), o a Juan Wesley (pastor anglicano). Pero hoy en día, las iglesias evangélicas son espiritualmente débiles, moralmente corrompidas, y más afanadas por la apariencia externa que por el estado de sus corazones. Por eso es natural que ahora estén siendo vencidas, poco a poco, por los vestigios del romanismo que quedaron en ellas. Si aspiran ahora a una “unión completa y visible” con la iglesia romana, es solamente la última consecuencia de que nunca se colocaron decididamente sobre el fundamento de las Escrituras.

“…por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos; por eso Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira, a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” (2 Tesalonicenses 2:10-12)

Espero que por lo menos unos cuantos entiendan las señales de los tiempos, reciban el amor de la verdad, y se pongan del lado de Dios.

2017: El fin de la Reforma luterana (Parte 2)

11/04/2015

En el artículo anterior compartí unas noticias acerca de los esfuerzos de las iglesias luteranas, de volver a unirse con la iglesia católica romana. Pero no piense que eso concierne solamente a los luteranos. Todos los evangélicos están en la mirada. Ya existen antecedentes de acuerdos entre la Alianza Evangélica Mundial, el ecuménico Consejo Mundial de Iglesias, y el Vaticano. Acuerdos que a primera vista parecen inofensivos, pero que a largo plazo podrían someter a todas las iglesias evangélicas bajo la censura del movimiento ecuménico y del Vaticano.

En los últimos años, un personaje clave en estos acercamientos parece haber sido el difunto sacerdote anglicano Tony Palmer. El pertenecía a una rama de la iglesia anglicana que volvió a adoptar la liturgia católica romana y se ve a sí misma como “un precursor hacia la unidad plena entre las iglesias protestantes y católicas”. Palmer trabajó tanto para el ministerio de Kenneth Copeland (pentecostal), como también para la Renovación Carismática en la iglesia católica. En 2006 comenzó a establecer una amistad profunda con el cardenal Bergoglio en Buenos Aires. Incluso expresó su deseo de convertirse al catolicismo, pero Bergoglio le aconsejó no hacerlo: “Necesitamos constructores de puentes.” O sea, Palmer podía servirle más con sus buenas relaciones que tenía con los evangélicos, que convirtiéndose abiertamente al catolicismo. Tenemos que considerar entonces a Palmer como una especie de “agente encubierto” del Vaticano en las filas evangélicas.
(Los datos acerca de Palmer son tomados en su mayor parte de un reportaje títulado “Pope’s Protestant friend dies, but push for unity lives”, que apareció el 7 de agosto de 2014 en el diario “Boston Globe“.)

El 14 de enero de 2014, Palmer pasó la mañana con el papa en el Vaticano. La semana siguiente habló a 3000 líderes evangélicos en una conferencia de Kenneth Copeland en Fort Worth, Texas. Allí les entregó un saludo del papa (grabado en video) y dijo: “Ya no protestamos contra la doctrina de salvación de la iglesia católica. Predicamos ahora el mismo evangelio. La protesta de Lutero terminó.” Después de eso – como dice el reportaje -, Palmer “fue inundado por pedidos de líderes evangélicos que quisieron ser parte de lo que estaba sucediendo”. Entonces, el 24 de junio del mismo año, Palmer llevó a un grupo de líderes evangélicos de alcance mundial, que juntos representan a más de 700 millones de evangélicos, a almorzar juntos con el papa. (Si usted pertenece a alguna de las denominaciones evangélicas “respetables”, usted está incluído en estos 700 millones.) Estos líderes evangélicos dijeron al papa que “aceptaban su invitación a buscar la unidad visible con el obispo de Roma”.

¿Quiénes estuvieron presentes allí?

  • Geoff Tunnicliffe, el presidente de la Alianza Evangélica Mundial (AEM). Esta es la organización que agrupa a todas las iglesias evangélicas a nivel mundial – excepto aquellas muy pocas iglesias independientes que explícitamente renunciaron a todo lazo con alguna “alianza” con otras iglesias. Toda iglesia que pertenece a una denominación organizada a nivel nacional o internacional, y que mantiene contactos con algún “consejo de iglesias” o alguna “alianza evangélica” regional o nacional, está comprometida con la AEM mediante estas estructuras. Este asunto concierne a prácticamente todas las denominaciones evangélicas.
    Aunque la AEM en el pasado mantuvo una línea teológica distinta del ecuménico Consejo Mundial de Iglesias (CMI), en los últimos diez a veinte años cambió su rumbo, y hoy en día forma prácticamente también una parte integral del movimiento ecuménico.
  • Thomas Schirrmacher, docente de ética, misionología y religiones mundiales en diversos seminarios teológicos, y presidente de la Comisión Teológica de la AEM. En el pasado, Schirrmacher se posicionó como un teólogo muy conservador (lo que normalmente significa el rechazo del ecumenismo), publicando artículos en organizaciones y sitios web de la corriente calvinista-reconstruccionista-dominionista, tales como “Calcedonia” y “Contra Mundum”. Pero al mismo tiempo, fue uno de los iniciadores y autores principales del primer pacto entre la AEM, el movimiento ecuménico y el Vaticano, el cual se celebró mediante la firma conjunta de un documento titulado “Testimonio cristiano en un mundo de pluralismo religioso”. En consecuencia, últimamente Schirrmacher escribe también para “Dialogue”, la revista oficial del ecuménico CMI.
  • Brian Stiller, anterior presidente de la Evangelical Fellowship (Alianza Evangélica) de Canadá y del ministerio “Juventud para Cristo”, y presidente de la universidad y seminario Tyndale (el seminario más grande de Canadá). Desde 2011 viaja por el mundo como “embajador global” de la AEM.
  • James y Betty Robison. James Robison es un conocio televangelista que alcanza a millones de personas con sus programas, y fue en ocasiones comparado con Billy Graham.
  • El ya mencionado Kenneth Copeland lidera el ministerio internacional “Palabra de fe” que enfatiza el “evangelio de la prosperidad”.
  • John y Carol Arnott, los pastores fundadores de la “Iglesia del Aeropuerto” en Toronto, que fue el origen de las controvertidas “manifestaciones de Toronto” en la década de los 90.

Parece entonces que todas las corrientes existentes en el mundo evangélico están ansiosas por volver a Roma – desde los calvinistas tradicionales, pasando por los evangélicos y pentecostales moderados, hasta los carismáticos extremos.

En la mencionada reunión, Palmer entregó al papa una propuesta para una “Declaración de Fe en unidad para las misiones”. El plan es que esta declaración sea firmada conjuntamente por el papa y por los líderes de las iglesias protestantes más importantes, en Roma en el año 2017, en el aniversario de la Reforma.
El contenido exacto de esta declaración todavía no fue publicado, pero se dio a conocer que contendrá el Credo Niceno (el cual declara explícitamente la fe en “la única iglesia católica”), la “Declaración Conjunta sobre la doctrina de la justificación” de 1999 (vea el artículo anterior), y un artículo que declara que los católicos y los evangélicas sean ahora “unidos en la misión porque declaramos el mismo evangelio”.

Cabe mencionar que el 6 de noviembre de 2014, Tunnicliffe y otros líderes de la AEM tuvieron nuevamente una audiencia con el papa. Se anunció una “colaboración más estrecha” entre la iglesia católica romana y la AEM. Según la nota de prensa, Tunnicliffe dijo que los cristianos (o sea, católicos y evangélicos juntos) debían cooperar más para tener una mayor influencia en la sociedad. El papa por su lado dijo que “el testimonio cristiano sería más eficaz si los cristianos pudieran vencer sus divisiones y celebrar juntos los sacramentos, anunciar la palabra de Dios y testificar el amor al prójimo.”

Otra vez, hay que entender las palabras del papa en el contexto de la doctrina romana. “Vencer sus divisiones y celebrar juntos los sacramentos”, en la perspectiva de la iglesia romana, no es posible excepto si las otras iglesias también se someten bajo la autoridad del papa. Al aceptar estas palabras, el máximo líder evangélico se ha puesto silenciosamente de acuerdo con que todos los evangélicos deben someterse al papa. Otra vez pregunto a los lectores evangélicos: ¿Está Ud. seguro de que eso es lo que Ud. quiere?

No se deje engañar. Puede que el pastor de su iglesia evangélica local todavía reconozca la autoridad de las Sagradas Escrituras; puede que incluso intente advertir la congregación acerca del ecumenismo. Pero en los niveles superiores, los liderazgos nacionales de prácticamente todas las denominaciones evangélicas ya son fuertemente infiltrados por ecumenistas y por teólogos que no creen en la verdad de la palabra de Dios. Lo mismo ha sucedido en prácticamente todos los seminarios teológicos e institutos “bíblicos”. Desde allí, esta corriente alcanzará inevitablemente a todas las congregaciones locales.

En el año 2000, un amigo me avisó que había leído un libro de un autor católico, el cual predijo que dentro de pocos años, las iglesias evangélicas serían vencidas a causa de su propia tibieza espiritual. En ese entonces no le creí; pero hoy tengo que verlo con mis propios ojos.

Los capitanes del barco evangélico han decidido definitivamente dirigir su rumbo hacia Roma. Si es allí donde usted quiere llegar, bien, mantenga su asiento y su membresía. Si no, le quedan todavía dos años para abandonar este barco y pedir al Señor que le muestre otro.

2017: El fin de la Reforma luterana

01/04/2015

El 31 de octubre de 1517, Martín Lutero publicó sus “95 tesis” en Wittenberg, Alemania. Este suceso es generalmente considerado el comienzo de la Reforma luterana. En 2017 se celebrarán entonces los 500 años desde la Reforma.

Pero ¿qué se proponen las iglesias luteranas de Alemania para esta fecha? – Nada menos que anular la Reforma, si podemos creer los reportes y notas de prensa que se dieron a conocer hasta ahora.

En preparación de este evento, la Federación Luterana Mundial (FLM) y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos prepararon juntos un “documento de diálogo”, el cual fue ampliamente publicado por internet. La iglesia luterana de Alemania reportó:

Luteranos y católicos “juntos en el camino”
(…) El encargado de asuntos católicos de la Iglesia Evangélica Luterana Unida de Alemania, obispo Dr.Karl-Hinrich Manzke, y el presidente de la comisión para ecumenismo de la Conferencia Episcopal Alemana (católica), obispo Dr.Gerhard Feige, presentaron los resultado del proyecto ecuménico por internet, “Juntos en el camino 2017″.
(…) Este proyecto había surgido del pedido de la FLM y del Pontificio Consejo, de recepcionar en unidad ecuménica el documento publicado en conjunto en 2013, “Del conflicto a la comunión. Conmemoración luterana-católica conjunta de la Reforma en el año 2017″. (…) En el transcurso del evento, Manzke y Feige subrayaron que se debía llegar de manera ecuménica al aniversario de la Reforma en 2017. (…)
(Fuente: Sitio web oficial de la iglesia luterana en Alemania, ekd.de, 18 de diciembre de 2014)

Incluso invitaron al papa a “conmemorar” la Reforma junto con ellos:

“Nikolaus Schneider, el presidente del consejo de la Iglesia Evangélica en Alemania (la iglesia luterana estatal), invitó al papa Francisco a participar en el aniversario de la Reforma en 2017. (…) El presidente del consejo y Francisco rezaron juntos un Padre Nuestro y se trataron de “hermanos”. (…) Fue la primera audiencia de un alemán con el nuevo papa. Sin embargo, todavía no se sabe la respuesta del papa a la invitación al aniversario de la Reforma.”
(Fuente: Boletín de noticias en la página web oficial del aniversario de la Reforma, luther2017.de.)

Esta propuesta no viene así no más de la nada. El movimiento ecuménico, y el luteranismo en particular, están preparando este acercamiento desde hace muchos años. Ya en 1999, las iglesias luteranas a nivel mundial firmaron una “Declaración conjunta” con la iglesia católica romana, acerca de la justificación. Este fue uno de los puntos claves de la Reforma. Lutero mantuvo que el hombre puede ser salvo y es justificado por la fe en Jesucristo, y que no puede ni debe contribuir nada en absoluto para su propia justificación y salvación. El papa contradijo esta enseñanza, y posteriormente fue condenada definitivamente en el Concilio de Trento. La iglesia católica mantiene que el hombre es justificado por la fe y por sus obras (con lo que entiende mayormente obras a favor de la misma iglesia).
Sin embargo, la “Declaración conjunta” declara que “a partir de este diálogo, las iglesias luterana y católica romana se encuentran en posición de articular una interpretación común de nuestra justificación por la gracia de Dios mediante la fe en Cristo.” (Art.5). El documento de diálogo para 2017 recoge esta declaración y dice que existe un “consenso” entre católicos y luteranos:

La Declaración Conjunta sobre la doctrina de la justificación, firmada en 1999 por representantes de la Federación Luterana Mundial y de la Iglesia Católica Romana, (…) confirma que entre luteranos y católicos existe un consenso en las verdades fundamentales de la doctrina de la justificación.”
(Documento de diálogo “Del conflicto a la comunión”, Art.25)

Nota al margen: Es cierto que la postura de Lutero no fue muy equilibrada. En consecuencia, muchos reformados y evangélicos hasta hoy tienen una teología de “gracia barata” y creen que tienen una licencia para vivir como se les da la gana, sin tomar en cuenta la palabra de Dios, porque “Jesús me perdona todo”. Eso no fue la intención de Lutero; pero pienso que no se pudo evitar después de su fuerte polémica contra las “buenas obras”.
Sin embargo, la postura romana acarrea problemas aun más graves. Las obras del hombre natural nunca son lo suficientemente “justos” ante Dios para poder justificarle. Por tanto, el creyente católico (si toma en serio su fe) nunca tiene certeza acerca de su salvación y justificación. Esta falta de certeza la puede aliviar (pero no superar por completo) solamente en los sacramentos de la iglesia, particularmente en la confesión y penitencia, donde tiene que someter su propia conciencia y su juicio propio bajo las órdenes de los sacerdotes. Esto significa que el creyente católico queda de por vida atado con su conciencia a sus superiores en la jerarquía eclesiástica, y nunca alcanza el acceso directo y personal a Dios que Jesucristo abrió para todo el que cree en Él (Hebreos 4:14-16, 10:17-22).
Opino que la solución del dilema se encuentra en un entendimiento correcto de la palabra “justificación”, como lo enseñaron movimientos de avivamiento como los menonitas, los metodistas, o los pentecostales, en sus primeros inicios: “Justificación” en el sentido bíblico no es simplemente un cambio de rótulo, como si Dios pusiera a todo pecador el rótulo de “Justo”. Justificación es liberación en el poder de Jesucristo, no solamente del castigo por el pecado, sino también del
poder del pecado. O sea, es ser liberado para vivir efectivamente una vida justa ante Dios. Bajo esta perspectiva, las buenas obras no quedan anuladas; pero en vez de ver en ellas un medio para la salvación, se convierten en una consecuencia natural de ella. (Para más detalles, vea
“Los anabaptistas”, “La vida de Juan Wesley”, y “El avivamiento de la Calle Azusa”.)

Viendo la historia de la condena tajante contra Lutero, parece muy extraño que ahora líderes católicos y luteranos digan que exista un “consenso” en cuanto a la enseñanza de la justificación. Muchos evangélicos (y sobre todo los luteranos) están engañados y piensan: “Ahora la iglesia romana se está abriendo para la Reforma.” Escuchan las palabras amistosas del papa y leen declaraciones como la mencionada, y piensan que “la iglesia católica está cambiando”.
Esto revela que muchos evangélicos (y católicos por igual) no entienden lo que es la esencia del catolicismo. La iglesia romana puede quizás cambiar algunas de sus formas exteriores, puede quizás cambiar un poco su trato con las otras iglesias, puede también adquirir nuevas doctrinas; pero nunca puede revocar alguna de sus doctrinas pronunciadas por un papa o un concilio. Esto se debe a la doctrina romana de la infalibilidad de la iglesia. Según esta doctrina, la iglesia romana (representada por el papa y los concilios) no se puede equivocar en sus declaraciones doctrinales.

(En consecuencia, el Art.1 de la “Declaración Conjunta” mantiene también que las condenaciones del Concilio de Trento “siguen vigentes”. ¿A los luteranos se les habrá pasado por alto este detalle? – Solamente que el Art.13 lo relativiza diciendo: “A la luz de dicho consenso, las respectivas condenas doctrinales del siglo XVI ya no se aplican a los interlocutores de nuestros días.”)

– En consecuencia de la doctrina de la infalibilidad, la enseñanza romana no está edificada sobre las Sagradas Escrituras, está edificada sobre sí misma. Aun si los líderes de la iglesia católica se dieran cuenta de que algunas de sus doctrinas pasadas estaban erradas y contradicen la Biblia (como por ejemplo sus decretos de que se debe matar a los herejes), no pueden revocar esos decretos, porque su propia doctrina fundamental se lo prohíbe. Este asunto es tan esencial que allí radicó la disputa entre Lutero y el papa. La controversia comenzó a escalar cuando Lutero dijo: “Aun los concilios pueden equivocarse.”
Si algún día la iglesia romana reconociera que una de sus doctrinas promulgadas por un papa o un concilio fue errada, y revocara dicha doctrina, en aquel día la iglesia romana se anularía a sí misma y se hubiera vuelto reformada; porque habría dado la razón a lo que dijo Lutero.

Por eso, la iglesia romana y sus líderes no pueden cambiar ninguna de sus doctrinas fundamentales – aun si estuvieran plenamente conscientes de la falsedad de una de estas doctrinas. Mientras quieren seguir siendo católicos romanos, tendrán que cargar hasta el fin de sus días con la culpa de la sangre derramada de millones de valdenses, reformados, “anabaptistas”, aztecas, incas, … a quienes mandaron matar como “herejes” o “paganos”. Esas crueldades no eran “desviaciones” o “debilidad humana” o algo así, como algunos apologistas católicos quieren hacernos creer. Al contrario, todo eso sucedió en consecuencia y en obediencia directa a los decretos papales acerca de la extirpación de los herejes; decretos que nunca fueron revocados hasta hoy.

A raíz de los recientes acercamientos entre luteranos y católicos, también unos católicos han expresado preocupaciones de que el papa podría tener demasiada apertura para enseñanzas reformadas. Pero puedo tranquilizarles; el papa ha dicho claramente lo que piensa acerca de la Reforma:

“La reciente reedición de una conferencia perteneciente a la historia de los jesuitas, que el Arzobispo Bergoglio dio en Argentina en 1985, indica la clase de severa evaluación que dio de la Reforma Protestante en general y de Juan Calvino en particular. Esta conferencia se publicó de nuevo en España en 2013 y después se tradujo al italiano en forma de libro (Chi sono i gesuiti [Quienes son los jesuitas], Bologna: EMI, 2014). Puesto que no hay ninguna indicación de que haya cambiado su mentalidad, tenemos que considerar el contenido del libro una exacta reflexión de lo que Francisco todavía piensa de la Reforma Protestante.
(Nota: Esta obra no es de confundir con una biografía del papa actual que fue publicada en Argentina bajo el título “El jesuita”.)

El protestantismo es la raíz de todos los males

(…) Según él, las consecuencias inevitables de la Reforma son la aniquilación del hombre en su ansiedad (dando como resultado el ateismo existencial) y un salto en la oscuridad por una especie de superman (conforme a lo previsto por Nietzsche). Ambos resultados conducen a “la muerte de Dios” y a una clase de “paganismo” que se manifiesta como el nazismo y el marxismo. ¡Todo esto surge a partir de la “posición de Lutero”! Bergoglio argumenta que la Reforma es la raíz de todas las tragedias del Occidente moderno, desde la secularización a la muerte de Dios, desde los regímenes totalitarios a los suicidios ideológicos.

Nada hay nuevo bajo el sol. Este punto de vista despectivo y atroz de la Reforma ha sido la lectura común de la historia moderna europea debido a las puntuaciones dadas por los polemistas católicos de la Contrarreforma hasta décadas recientes. Bergoglio no lo ha inventado. Más bien lo reafirma como si una más exhaustiva investigación histórica y análisis culturales y teológicos no hubieran nunca tenido lugar después del Concilio de Trento. ¿Qué podemos hacer con sus tonos amistosos hacia los protestantes si él realmente cree que tiene que culparse a la “posición Luterana” por todos los males de la civilización occidental?”
(Fuente: “Lo que Francisco piensa realmente de la Reforma”)

Entendiendo esto, podemos ver que también la “Declaración conjunta” no significa que la iglesia católica haya cambiado su doctrina acerca de la justificación, ni que haya revocado sus condenas contra la Reforma. Mas bien significa que los líderes luteranos actuales están tan ansiosos por estar en “paz” con Roma, que están haciendo concesiones aun a las enseñanzas más fundamentales de la Biblia, redescubiertas por la Reforma.

Si Ud. es católico romano, podrá alegrarse. Pronto tendrá a la iglesia luterana a sus pies, con lo que la Reforma quedará anulada.

Si Ud. se identifica como evangélico, piénselo tres veces si eso es realmente lo que Ud. desea, y si los líderes evangélicos actuales son la clase de líderes a los que Ud. desea seguir. – En una próxima parte veremos que estos asuntos conciernen no solamente a los luteranos, sino a todos los evangélicos.

Se da viña en arrendamiento

27/09/2014

“Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? – Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. (…) Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.”

Esta es la conclusión de una parábola que el Señor Jesús contó acerca de los labradores malvados en la viña del Señor. (Vea Mateo 21:33-46.) En aquel tiempo, los labradores malvados eran los líderes del pueblo judío. Ellos, en vez de entregar al Señor el “fruto” de Su viña, se apoderaron de ella. Y al fin, cuando el Señor envió a Su propio Hijo para pedirles cuenta, lo agarraron, lo maltrataron, lo mataron, y lo echaron fuera de la viña. Por tanto, el Señor tuvo que encomendar Su viña “a otros labradores”.

Efectivamente podemos ver en los primeros siglos de la historia de la iglesia una transición gradual desde el pueblo judío hacia los pueblos “gentiles” (no judíos). Los apóstoles del Señor eran todavía todos judíos; pero con los viajes de Pablo, ya vemos que el Evangelio encontró mucho más resonancia entre los “gentiles” que entre los judíos. Y en el siglo II, los judíos ya eran una pequeña minoría en la iglesia y en su liderazgo. – Paralelamente a eso, Dios permitió que en el año 70 Jerusalén fuera destruído; y en el segundo siglo, los romanos expulsaron a los judíos definitivamente de su tierra. Con eso, el “traspaso” de la viña del Señor era prácticamente completo.

Pero esta historia se ha repetido varias veces a lo largo de los siglos. Durante mil años aproximadamente, las dos ramas principales del catolicismo estuvieron firmemente a cargo de la “viña” (o sea, el catolicismo romano en el occidente y la iglesia “ortodoxa” en el oriente). Pero ellos hicieron lo mismo como los sacerdotes y fariseos en el tiempo de Jesús: Los líderes se apoderaron de la “viña”; o sea, se enseñorearon de los miembros de sus iglesias, en vez de permitir que cada uno siga personalmente al Señor. También empezaron a maltratar al Señor, al negar más y más de Sus mandamientos, remplazándolos por mandamientos eclesiásticos hechos por hombres. Finalmente lo echaron de la viña, al declarar que la autoridad de los líderes de la iglesia está por encima de la palabra escrita del Señor.

Entonces vino la Reforma. Dios envió nuevamente a unos siervos Suyos para pedir el fruto de la viña que le correspondía. Y nuevamente, Sus siervos fueron golpeados y matados. Pero entonces Dios empezó a traspasar Su viña a un pueblo nuevo. La iglesia católica comenzó a perder su influencia política y doctrinal, y las iglesias de la Reforma se convirtieron en los representantes principales de la fe bíblica. Podemos ver la conclusión de este proceso en la Revolución Francesa a fines del siglo XVIII y en la independencia de las colonias españolas a inicios del siglo XIX, donde se acabaron los poderes seculares de la iglesia católica.

Pero menos conocido es el hecho de que al mismo tiempo ya se había iniciado la apostasía de las iglesias de la Reforma. Durante la primera mitad del siglo XIX, unos teólogos luteranos en Alemania asentaron las bases para una “teología” sumamente destructiva, una teología que niega la inspiración divina de la Biblia y busca en ella errores y contradicciones, para así “demostrar” que la Biblia no es confiable. Esta teología – conocida bajo los nombres de “teología modernista”, “teología liberal”, “teología científica”, “Alta Crítica”, “Ciencias Bíblicas”, y varios otros nombres – empezó poco a poco a infiltrar las iglesias del mundo entero, comenzando con las iglesias de la Reforma. (Pero también la iglesia católica usa ahora esta teología crítica.) En consecuencia, estas iglesias empezaron a morir espiritualmente. Sus miembros, aunque se llaman “cristianos”, no creen en casi ninguna de las enseñanzas de la Biblia, y tampoco llevan vidas cristianas. Al negar que la Biblia es la palabra de Dios inspirada, habían echado nuevamente al Señor de Su viña.

En consecuencia, estas iglesias (luteranas y afines) empezaron a perder miembros, y su contribución a la evangelización del mundo empezó a disminuir hasta desaparecer casi por completo. Desde la segunda mitad del siglo XX, la extensión del Evangelio bíblico en el mundo es asumida casi únicamente por las iglesias evangélicas y pentecostales – las cuales también se identifican como herederos de la Reforma, pero tienen su origen en avivamientos posteriores. Se distinguen de las iglesias reformadas por el hecho de que en aquellos avivamientos, se enfatizó la importancia del nuevo nacimiento y de una vida santificada como evidencia de la conversión.

Podemos decir entonces que entre 1850 y 1950 aproximadamente sucedió un nuevo “traspaso” de la viña del Señor, aunque de una manera más silenciosa, desde las iglesias reformadas de la “primera generación” (luteranas, calvinistas, anglicanas, etc.) hacia las iglesias de “segunda generación” (evangélicos, bautistas, pentecostales, etc.). Pero parece que a medida que se acerca el fin, la historia se acelera. Ahora las mismas iglesias evangélicas se han a su vez encaminado hacia la apostasía. Ya están tan infectadas por la teología modernista como lo eran las iglesias luteranas hace pocas décadas; y ya están también abiertamente y a nivel mundial colaborando con el movimiento ecuménico. (Vea “Pacto entre la Alianza Evangélico, el ecumenismo y el vaticano“.) Además, es difícil hoy en día encontrar a un solo líder evangélico importante que vive todavía según los estándares bíblicos de integridad, honestidad y pureza. Abunda ahora la deshonestidad financiera, la inmoralidad sexual, el abuso del poder, y la manipulación para encubrir todo eso. Al mismo tiempo, esos líderes se adueñan de la viña del Señor, tratando a los miembros de sus congregaciones como si fueran su propiedad personal.

Con esto coincide el trato que las iglesias evangélicas dan a los siervos que el Señor envía para pedirles el fruto de la viña. Aunque todavía no hay muchos casos de violencia física – eso es solamente porque vivimos en tiempos diferentes; las iglesias católicas y reformadas también han dejado de perseguir con violencia a los que consideran “herejes”. Pero los siervos del Señor que se atreven a amonestar a los líderes evangélicos desde la Biblia, son expulsados de sus congregaciones, son difamados desde los púlpitos, sus escritos son declarados literatura prohibida, y a menudo los líderes hacen todos los esfuerzos posibles para separar a estos siervos de sus amistades cristianas.

Por tanto presenciamos actualmente el comienzo de la muerte espiritual de las iglesias evangélicas. Entre sus miembros quedan todavía algunos que tuvieron una experiencia personal con el Señor, nacieron de nuevo y viven una vida agradable a Dios; pero son una pequeña minoría. Las iglesias recién fundadas todavía crecen numéricamente; pero en las que tienen mayor tiempo, ya está disminuyendo la membresía. En mi entorno encuentro por cada miembro activo de una iglesia evangélica a tres ex-miembros desilusionados; y muchos de ellos abandonaron no solamente su congregación, sino también la fe cristiana en general. Esta observación personal coincide con estadísticas recientes a mayor escala.

Por eso, el Señor ha colgado nuevamente sobre Su viña el letrero: “Se da en arrendamiento”. Ya se avecina un nuevo traspaso. Una posibilidad de como esto podría suceder, nos muestra la historia de China. En la “revolución cultural” bajo Mao, todos los misioneros extranjeros fueron expulsados, y muchos líderes cristianos chinos fueron encarcelados. La iglesia china pasó por un tiempo de sufrimientos indescriptibles. Sin embargo, muchos hombres de Dios en China hoy en día dan gracias a Dios por aquellos tiempos. Dicen que gracias a Mao, los cristianos chinos en su aislamiento no fueron contagiados por la decadencia moral y espiritual de las iglesias occidentales. En cambio, recibieron una oportunidad para comenzar de nuevo, basándose únicamente en la palabra de Dios, sin la influencia de enseñanzas denominacionales desde afuera. Así surgió un nuevo tipo de iglesias, desconocido en el mundo libre, pero probablemente más cercano a la iglesia del Nuevo Testamento que cualquier otro tipo de iglesias existentes hoy: las iglesias caseras clandestinas. Y ellas son las que hoy en día llevan adelante el trabajo en la viña del Señor.

Personalmente espero que aquí en el occidente podamos experimentar un “traspaso” más pacífico; pero en vista del estado desolado de las iglesias actuales no sé si eso será posible. El gran problema es que aquí todavía no existe ningún movimiento cristiano nuevo que podría fungir como sucesor de las fallidas iglesias evangélicas. Es cierto que hay unos predicadores de arrepentimiento que llaman a un regreso al cristianismo del Nuevo Testamento; pero son pocos quienes los escuchan. También existen ahora movimientos de “iglesias en casa” en varios países, y algunos de ellos incluso se inspiran en las iglesias chinas. Algunos de estos movimientos parecen bastante espirituales; pero otros parecen simplemente acogerse a la idea “novedosa” de reunirse en casas en vez de templos, mientras les faltan unos puntos esenciales, tales como un concepto bíblico del Nuevo Nacimiento, estructuras familiares en vez de institucionales, o la integridad en el liderazgo. Tengo la impresión de que estos movimientos todavía tendrán que madurar bastante hasta que el Señor les pueda encomendar Su viña. Por mientras, el Señor sigue buscando labradores para Su viña. ¿Quién asumirá la responsabilidad?

Los evangélicos y la delincuencia (2)

08/07/2014

En un primer artículo he analizado el papel de las iglesias cristianas en la sociedad. He mencionado algunas conclusiones que deben sacarse cuando el surgimiento del mayor número de evangélicos en toda la historia nacional coincide con un aumento de la delincuencia y violencia en la sociedad.

Tengo que mencionar ahora unos aspectos de la dinámica grupal interna de las iglesias evangélicas que contribuyen a que efectivamente diversas de estas iglesias se han convertido en “cuevas de ladrones” (Jeremías 7:8-11). Desgraciadamente existen delincuentes que se aprovechan de estas dinámicas para conseguir impunidad:

1. Una falsa enseñanza y práctica acerca de la gracia y el perdón.
(Vea por ejemplo “Buenos días, pecadores indignos”; “Arrepentimiento – ¿falso o verdadero?”)

Ya unos siglos atrás, las iglesias de la Reforma llevaron a un extremo la enseñanza de Lutero acerca de la salvación por gracia. Estas iglesias prometen ahora la salvación sin arrepentimiento y sin conversión; y si alguien dice que la conversión cristiana debería manifestarse en una vida cambiada, lo condenan diciendo que “está enseñando la salvación por obras”. Las iglesias evangélicas y pentecostales tienen su origen en unos avivamientos que condenaron esta enseñanza de la “gracia barata” y volvieron a enfatizar la importancia de una vida santificada como evidencia del Nuevo Nacimiento. Pero hoy en día, la mayoría de las iglesias evangélicas han vuelto a enseñar la “gracia barata”, e incluso añadieron una perversión adicional:

Muchas iglesias evangélicas efectivamente presionan a las víctimas de abusos y delitos a que “perdonen” a los culpables, aun si éstos ni siquiera se arrepienten de lo que hicieron. Con “perdón” entienden que las víctimas no deben denunciar a los agresores; y aun más: que ni siquiera deben confrontarlos, y que tampoco deben hablar con otras personas acerca de lo que sufrieron. Y esto particularmente cuando el agresor pertenece al liderazgo de la iglesia. Ahora, un delincuente que pertenece a una iglesia evangélica, buscará preferiblemente a otros miembros evangélicos para victimizarlos, porque sabe que éstos se encuentran bajo una enorme presión psicológica para “perdonar, callar y olvidar” lo sucedido.

2. Criterios distorsionados acerca del derecho y la justicia.

La mayoría de las iglesias y misiones evangélicas que conocí, ejercen la “disciplina eclesiástica” de una manera completamente distorsionada y partidista, según el siguiente principio: El que se conforma con los líderes, recibe la razón; y el que contradice a los líderes, será condenado. Por tanto, un delincuente en una iglesia evangélica sabe que solamente tiene que apoyar siempre la opinión de los líderes y seguirles la corriente, y entonces puede hacer lo que quiere y queda impune. Y por supuesto, los mismos líderes cuentan con la misma impunidad. Por eso, muchos líderes evangélicos pueden cometer delitos sin tener que sufrir ninguna consecuencia dentro de su iglesia o denominación. Incluso hubo casos donde los colaboradores eclesiásticos de un líder ayudaron a encubrir los asuntos ante las investigaciones por parte de las autoridades seculares.

Por el otro lado conozco a un buen número de colaboradores de iglesias evangélicas que fueron reprendidos, calumniados, excluidos de la congregación, prohibidos de tener contacto con miembros de la congregación, y puestos bajo maldiciones, sin que hubieran cometido algún delito o pecado en el sentido bíblico. Solamente porque contradijeron alguna decisión de sus líderes, o incluso porque habían descubierto y confrontado ciertos delitos cometidos por sus líderes.
Los “miembros comunes” que están alejados de los líderes principales, a menudo ni siquiera saben que existen estas estructuras de poder. Pero los que suben los escalones y llegan al entorno más cercano de los líderes, pronto tendrán que enfrentarse con los actos inmorales que se cometen allí. Para un miembro de una iglesia evangélica que tiene un pleito con algún líder, no habrá ningún proceso justo ante las instancias internas de la iglesia.

Este sistema de (in-)justicia partidista y liderazgo arbitrario es una de las razones principales por la corrupción reinante en tantas iglesias.

3. Intromisiones inapropiadas en la vida privada de los miembros.

Muchas organizaciones evangélicas someten a sus miembros y/o colaboradores a unas reglas estrictas acerca de detalles que afectan las decisiones privadas de cada persona: su vida familiar, la elección de sus amigos, lo que hacen en su tiempo libre, donde deben vivir y trabajar, e incluso acerca de su manera de vestir. Así son sometidos bajo un pesado yugo de mandamientos de hombres, como en los tiempos de los fariseos (Mateo 15:7-9; 23:4).

Esto tiene sus efectos más graves en cuanto a la vida sentimental y la sexualidad. En el ámbito evangélico es posible que un adúltero o un pederasta no tenga que sufrir ninguna consecuencia de parte de la iglesia, si es que se mantiene fiel al “partido” de los líderes. Pero una pareja joven que intenta comenzar una relación sentimental en toda pureza, con la intención de casarse más adelante de manera honrada, puede que sea puesta bajo la “disciplina” más severa, solamente porque algunos líderes consideran su unión como “no apropiada” por alguna razón arbitraria. Les pueden prohibir todo contacto, los pueden destituir de sus responsabilidades en la iglesia, incluso pueden tomar medidas para separarlos físicamente, mandando a uno de ellos a un lugar lejano. Y en algunas iglesias, aun aquellas relaciones que salen “aprobadas” por los líderes, son puestas bajo una vigilancia tan estricta que su relación no puede desarrollarse de manera sana.
En 1 Timoteo 4:1-3 está escrito lo que debemos pensar de un líder que “prohíbe casarse”.

Algunos institutos bíblicos e instituciones similares prohíben a sus estudiantes en su reglamento desde el principio toda relación de pareja durante la duración de su formación. Esto es un poco más sincero porque la prohibición se anuncia abiertamente (en vez de existir escondidamente como una “ley secreta”, como en el caso de muchas iglesias). Pero aun así no es mucho mejor. Según observé, el efecto principal es que los estudiantes solteros piensan la mayor parte del tiempo en las limitaciones que les impone esta prohibición, y en cómo podrían obviarla.

Tristemente se ha observado en muchos grupos sectarios, que prohíben o imposibilitan a sus miembros (resp. colaboradores) casarse y gozar de su sexualidad en el matrimonio según la voluntad de Dios. (No por último tenemos que mencionar aquí la lamentable situación de los sacerdotes católicos.) A menudo esto hace que estas personas se sienten involuntariamente empujadas hacia acciones sexuales perversas. Tuve que observar esta triste realidad en las vidas de varios estudiantes de un instituto bíblico evangélico. Las circunstancias descritas pueden explicar el alto índice de inmoralidad sexual en estos entornos.

Comentarios finales

No quiero dar la impresión de que las perversiones descritas sean una consecuencia necesaria de una fe evangélica (o sea, basada en la Biblia). Al contrario, estas prácticas no tienen ningún fundamento bíblico. Por tanto, son un síntoma de cuán alejadas son las iglesias actuales de la verdadera fe bíblica.

Desgraciadamente, estas iglesias son todavía consideradas las representantes de un cristianismo bíblico. Por tanto, su corrupción da al mundo una ocasión de difamar el cristianismo en sí. “El nombre de Dios es blasfemado entre los pueblos por causa de vosotros.” (Romanos 2:24). Si los evangélicos tienen mala prensa, no siempre es por la maldad de los periodistas. Tal vez tengamos que buscar la razón en la vida poco cristiana de muchos evangélicos.

Y no me diga que estoy “generalizando demasiado”. Si es que existe una minoría íntegra y honrada de líderes evangélicos, ¿dónde están? ¿Qué hacen para detener las acciones inmorales de sus colegas? ¿Dónde puedo oir su voz de protesta contra la corrupción? ¿Por qué siguen colaborando en sus concilios ecuménicos de iglesias, en sus fraternidades de pastores igualmente ecuménicos, y en sus propias iglesias corrompidas? ¿Por qué no usan su influencia para defender a las víctimas de delitos, y a los miembros injustamente puestos en “disciplina” por sus líderes? ¿Por qué no actúan para que los verdaderos delincuentes sean destituidos de su liderazgo y expulsados de las congregaciones? Mientras no veo nada de eso, no podré creer que una tal minoría íntegra y honrada exista dentro de las iglesias.

Los evangélicos y la delincuencia (1)

23/06/2014

El Perú está sufriendo de una ola de delincuencia y violencia como no se ha visto desde los tiempos oscuros cuando “Sendero Luminoso” aterrorizaba el país. A diferencia de entonces, los motivos no son políticos ni ideológicos; ahora es por simple avaricia y envidia. Tan solamente para apropiarse de manera ilícita de lo que tienen los demás, se montan redes sofisticadas de corrupción, espionaje, y extorsión bajo amenaza de muerte. En algunos lugares, estas redes ya están tan entrelazadas con altos mandos de la policía y de distintos niveles de gobierno, que se vuelve difícil distinguir entre mafia y estado. El tema de la (in-)seguridad ciudadana se ha convertido en uno de los más candentes en los titulares de los periódicos y en los sondeos acerca de la aprobación popular del gobierno actual.

Ahora, ¿cuál es el papel de los evangélicos, de los que se llaman cristianos, en una situación como esta?

En su sermón del monte, el Señor Jesús dijo lo siguiente acerca del papel de los cristianos en el mundo:

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué será salada? Ya no sirve para nada, sino para ser echada fuera y ser pisoteada por los hombres.
Ustedes son la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no puede quedar escondida. (…) Así alumbre vuestra luz ante los hombres, de manera que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre en los cielos.”
(Mateo 5:13.14.16)

La sal sirve como saborizante y conservante. Una pequeña cantidad de sal es suficiente para conservar y para dar sabor a una gran cantidad de alimento. De manera similar, una luz pequeña hace una diferencia enorme en un cuarto oscuro. Así también un pequeño número de cristianos verdaderos hacen una diferencia esencial en la sociedad.

En los tiempos cuando “Sendero Luminoso” era fuerte, los evangélicos eran una pequeña minoría, y en muchos lugares fueron perseguidos. Pero intercedieron constantemente por el país; y cuando finalmente cesó el terror, muchos dijeron que no fue por causa del gobierno, fue porque “Dios contestó nuestras oraciones”. En aquel tiempo las iglesias eran todavía más sanas espiritualmente, y por tanto pienso que de hecho Dios tenía todavía más razón para contestar las oraciones de los evangélicos. Escuché decir que en aquellos tiempos, “ser evangélico” era sinónimo de “ser una persona muy honesta”.

Así ha sucedido varias veces en la historia del mundo, que una sociedad se transformó por causa de un número relativamente pequeño de cristianos. El ejemplo más resaltante son los países reformados de Europa: En los siglos siguientes a la Reforma, aquellos países establecieron la libertad religiosa y de la conciencia, crearon el moderno estado de derecho constitucional, y se convirtieron en la vanguardia mundial de la ciencia y tecnología – todo eso bajo la influencia cristiana. Aunque los verdaderos cristianos nacidos de nuevo siempre deben haber sido una minoría, su “luz” alumbraba y cambiaba la sociedad entera.

En otras ocasiones, la sociedad rechazaba la luz del Evangelio y se volvía violentamente en contra de los cristianos; pero aun así los cristianos aumentaron en número y en influencia, y la sociedad comenzó a “cristianizarse” incluso en contra de la voluntad de sus gobernantes. Esto es lo que sucedió en el antiguo Imperio Romano; y actualmente está sucediendo lo mismo en China.

Pero en el Perú actual ya no se puede observar ni lo uno ni lo otro. Los evangélicos ya no son perseguidos; son ahora ciudadanos respetables, gozan de “igualdad religiosa” (lo que sea que signifique eso), y se mueven aun en los estratos más altos de la política nacional. Pero tampoco ejercen una influencia transformadora en la sociedad. Un evangélico, propietario de una pequeña empresa, me dijo una vez que ya no quería contratar a evangélicos como obreros, porque ellos eran los menos responsables en su trabajo. El aumento de la delincuencia y de la corrupción coincide exactamente con este tiempo actual donde existe el mayor número de evangélicos en toda la historia. Y exactamente en este tiempo vemos también el aumento de otros fenómenos sociales alarmantes, tales como un aumento de la violencia, del alcoholismo y de la promiscuidad sexual en los colegios; y una desintegración de las familias que deja a muchos niños destituidos de todo afecto paternal.

Los evangélicos están ahora completamente integrados en esta sociedad corrompida y prácticamente ya no se distinguen de ella. (Con excepción de ciertas costumbres religiosas y privadas.) Es más: ellos participan de la misma corrupción. Por ejemplo, según mi experiencia de muchos años en el mundo evangélico, tengo que asumir que más de la mitad de los pastores y líderes evangélicos se han hecho culpables de la apropiación ilícita de fondos o de bienes inmuebles, o por lo menos del intento de hacerlo. Tuve que observar en muchos de ellos la misma clase de avaricia y envidia que motiva a los criminales más viles – solamente que los líderes evangélicos conocen maneras más refinadas de dar salida a estos impulsos.

El Nuevo Testamento menciona varias veces que el Evangelio verdadero transforma radicalmente al que le sigue. (Vea por ejemplo Lucas 19:8-10, Hechos 2:42-47, 1.Cor.6:9-11, Tito 2:11-12, 1 Juan 3:3-9, y otros.) Entonces, si muchos de los que se llaman “evangélicos” no han sido transformados, sino que siguen viviendo su antigua vida de falsedad e inmoralidad, ¿qué tenemos que concluir acerca de su “evangelio”?

En conclusión: El estado actual de la sociedad refleja como en un espejo amplificador el estado actual de las iglesias cristianas. En este espejo puedo ver que la sal ha perdido su sabor, ha sido echada fuera y se ha mezclado con el polvo de este mundo. La avaricia, la envidia y la falsedad de este mundo son un reflejo de la avaricia, de la envidia y de la falsedad de los líderes (supuestamente) cristianos. Las iglesias han perdido la autoridad de interceder por la sociedad actual, porque se han hecho parte y cómplices de esta misma sociedad.

Para terminar con una nota más positiva: No es que los cristianos estuviéramos forzados a seguir la corriente de la sociedad. La palabra de la sal y de la luz indica lo contrario: Los verdaderos cristianos somos quienes marcamos el paso de la sociedad. Entonces, si los cristianos vuelven a sus orígenes, se arrepienten genuinamente de sus pecados, y vuelven a vivir una vida agradable a Dios – un tal avivamiento tendría el potencial de cambiar el rumbo de la sociedad entera. – Pero no crean que las iglesias evangélicas serán las fuentes de un tal avivamiento. Ellas han tenido su oportunidad; la han desperdiciado y se han corrompido. Más probable es entonces que los pioneros de un tal avivamiento de integridad se verán obligados a abandonar las iglesias evangélicas. Hay que “echar el vino nuevo en odres nuevos” (Mateo 9:17).


PS: ¿Por qué no he escrito nada acerca de la iglesia católica? – Por una simple razón que ya expliqué anteriormente en este blog, pero vuelvo a repetirla: Es que la iglesia católica romana ha declarado doctrinalmente que su autoridad como iglesia es superior a la autoridad de la palabra de Dios escrita en la Biblia. Por tanto, si la iglesia católica comete actos contrarios a la palabra de Dios, eso es completamente “natural” según su propia doctrina, y no tiene sentido llamarle la atención sobre la base de la Biblia.
El caso de las iglesias evangélicas es diferente porque ellas, en su teoría, declaran que la autoridad suprema sobre su doctrina y práctica reside en las Sagradas Escrituras. O sea, los evangélicos, según su propia teoría, son obligados a someterse bajo la palabra de Dios escrita. Entonces, si ellos no lo hacen, tengo todo derecho de llamarles la atención.

Estudie la Biblia por sí mismo

13/04/2014

Es una capacidad importante de un discípulo del Señor Jesucristo, estudiar la Biblia por sí mismo. Pero es a la vez una capacidad muy descuidada en las iglesias actuales. Parece que los miembros de las iglesias, en su mayoría, prefieren escuchar las opiniones de un hombre (predicador, pastor, teólogo…), en vez de estudiar la Biblia por sí mismos. Pero solamente alimentándonos directamente de la Palabra de Dios, podemos cultivar una relación personal con el Señor, sin hacernos dependientes de hombres.

En este artículo nuevo encontrará unas pautas de cómo estudiar la Biblia por sí mismo:
http://www.altisimo.net/remanente/estudioBiblico.htm

Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 3)

24/08/2013

Esta es la continuación de un artículo que describe las paralelas entre iglesias institucionales y escuelas, y los problemas que resultan en estas instituciones.

Procedimientos prescritos desplazan el cumplimiento de la tarea verdadera.

Varias veces me llamó la atención el hecho de que los profesores profesionales raras veces están interesados en saber cómo aprenden los niños en realidad. Claro que hay excepciones. Pero por lo general, encontré que son exactamente los profesores quienes tienen mayores dificultades en aceptar y asimilar datos acerca de los procesos de aprendizaje en los niños, y acerca de los ambientes más propicios al aprendizaje. Ellos están tan llenos de procedimientos, currículos y métodos prescritos por el estado, que ya no preguntan si estos procedimientos y métodos sirven efectivamente para su supuesto propósito, de que los niños aprendan algo. – En cambio, encontré que exactamente aquellas personas que demostraban tener un talento natural para la enseñanza, eran los menos interesados en estudiar la carrera de “educación”.
Los directores de escuelas, funcionarios escolares del estado, etc, se encuentran aun más alejados de la realidad pedagógica. Muchos de ellos se limitan a seguir ciegamente las órdenes del estado, sin preguntar si algo de esto es realmente bueno para los niños.

Mis propios hijos han adquirido la mayor parte de sus conocimientos en las actividades menos “escolares”: Descubriendo juntos cómo se puede programar un juego de computadora. Buscando imágenes y descripciones de animales y plantas en la internet. Viajando a otra región del país. Leyendo espontáneamente un libro que les interesaba, sin tener que dar un examen sobre ello.

Algo muy parecido observo en las iglesias institucionales. Las iglesias y los pastores se interesen raras veces en saber cómo crece un cristiano en su fe, cómo obra Dios en una conversión verdadera, o si los miembros de sus iglesias realmente nacieron de nuevo. En cambio, están llenos de estrategias evangelísticas y tradiciones eclesiásticas que copiaron de otras personas. Estas estrategias y tradiciones producen miembros adaptados y conformistas; pero ¿producen también verdaderos creyentes en Jesucristo? Los pastores raras veces se hacen esta pregunta. Mayormente se contentan con que alguien haya sido “alcanzado” por la estrategia de moda (evangelización masiva, prédica al aire libre, célula, evangelización personal, o lo que sea), y que haya pasado por los pasos prescritos (“oración de entrega”, bautismo, curso bíblico, etc.). Se da más importancia a la ejecución correcta de los procedimientos y rituales, que a la pregunta si existe todavía alguna realidad espiritual detrás de estos rituales.

Los tiempos de oración más intensa, y el interés más vivo en cuestiones de la fe, los encontré normalmente en ambientes muy alejados de las “iglesias”: en reuniones y viajes misioneros juveniles “inoficiales” que no estaban bajo la “cobertura” de ninguna iglesia institucional.

Este principio se aplica tanto a la escuela como a la iglesia: Cuanto más institucionalizada es, menos cumple su tarea verdadera.

Toda institución tiende a producir una cantidad excesiva de reglamentos, formularios, organigramas, etc. Pero todo eso sirve solamente para la apariencia exterior, para satisfacer el deseo de los líderes y burócratas de sentirse importantes, y para impresionar a los miembros y observadores. El exceso de reglamentos no contribuye en nada para alcanzar los objetivos que oficialmente se declaran. Solamente sirve para establecer procedimientos protocolarios que nadie puede cumplir al pie de la letra. Por tanto, hay una manera fácil de acusar y eliminar a cualquier miembro cuya presencia incomoda a los líderes: Puesto que nadie puede evitar romper alguna vez uno de los infinitos reglamentos y procedimientos, se rebuscan sus fallas formales que cometió, y éstas sirven como una razón cómoda para expulsarlo y para encubrir los verdaderos motivos de su expulsión. Los gobiernos políticos demuestran diariamente cómo se hace eso. Pero las escuelas y las iglesias no son mejores.

Se institucionalizan las relaciones personales.

Tanto las escuelas como las iglesias institucionales nos engañan en cuanto a la calidad de las relaciones personales. La escuela dice ser necesaria para la “socialización” de la próxima generación. En discusiones acerca de la educación en casa se pregunta a menudo: “¿Cómo aprenderán los niños a integrarse en un grupo, si no van a la escuela?” – “¿Cómo aprenderán a tratar bien a los que tienen opiniones distintas?” – etc. – Y de manera muy parecida dicen los representantes de las iglesias institucionales que un cristiano necesita estas instituciones para aprender y practicar la comunión cristiana.

Pero su práctica es muy distinta. En la realidad, ambas instituciones priorizan sus metas institucionales. Las relaciones personales tienen que servir estas metas, y así se distorsionan. En vez de juntar a las personas, las instituciones los enajenan unos de los otros. Conozco solamente dos lugares en el mundo donde las personas están durante horas sentados juntos en la misma banca sin tener la oportunidad de intercambiar una sola palabra: en la escuela y en la iglesia. (Bien, existe un tercer lugar con la misma característica: un concierto clásico. Pero nadie pretende que la asistencia a conciertos clásicos sea necesaria para tener comunión unos con otros.)

¿Qué clase de relaciones personales existen entre los alumnos de una escuela? No llegan a conocerse entre sí como humanos, solamente como competidores. Establecen un “orden de picoteo” donde decide la ley del más fuerte. No se practican virtudes como la ayuda mutua, la sinceridad o la compasión. Como dijo John Taylor Gatto después de treinta años de experiencia como profesor:

“Los niños que yo enseño, son crueles entre ellos. No tienen compasión con el desafortunado, se ríen de la debilidad, y desprecian a sus prójimos necesitados de ayuda. – Los niños que yo enseño, se sienten incómodos frente a la intimidad personal y la honestidad. Ellos se parecen a muchos niños adoptados que conocí: no pueden manejar la intimidad personal, porque se han acostumbrado a mantener su verdadero yo en secreto, escondido detrás de una personalidad exterior artificial…”
(John Taylor Gatto en “Por qué las escuelas no educan”.)

¿Y qué del buen trato con los que tienen opiniones distintas? El alumno que no piensa igual como el profesor, no tiene oportunidad de pronunciarse. Y donde el profesor no tiene ninguna opinión, la clase establece prontamente su “opinión oficial”, basada en el “orden de picoteo”. El que no apoya la opinión oficial, será marginado – aun si se trata de asuntos tan triviales como la opinión acerca de la mejor telenovela, el mejor deportista o el mejor grupo musical.

Y en cuanto a las relaciones entre profesor y alumnos: éstas no pueden ser honestas y verdaderamente humanas, mientras el profesor con su poder sobre las notas mantiene un control absoluto sobre la posición social y el futuro profesional de sus alumnos. Aun si el profesor realmente valora a sus alumnos y se esfuerza por comprenderlos – el sistema lo obliga a descalificar a aquellos que “rinden” menos.

¡Cuán diferente era esto en los tiempos cuando la enseñanza y el aprendizaje eran todavía libres! Un futuro artesano o estudiante universitario podía personalmente escoger a su maestro. Averiguaba acerca de la personalidad y las cualidades del maestro, y decidía estudiar con uno que le convencía. Ninguna institución le obligaba a estudiar con un determinado maestro, o según un método determinado. Tampoco hubo calificaciones mediante notas.
Un antiguo filósofo griego con sus alumnos, un profeta o rabino israelí con sus discípulos, un maestro medieval con sus aprendices – seguramente se relacionaban con más confianza y sinceridad que un profesor actual con sus alumnos, o un pastor actual con los miembros de su iglesia. Es que antiguamente, las relaciones entre maestro y discípulo se basaban en una elección voluntaria. Pero a medida que la institucionalización avanzó, las relaciones personales se deterioraron.

Miremos lo que sucede en las iglesias institucionalizadas. En sus reuniones sucede muy poca “comunión”. No es comunión, estar sentados en la misma banca, cantar las mismas canciones y escuchar la misma prédica. – Muchas iglesias hoy en día tienen “células”. Esto es un paso en la dirección correcta. Pero demasiado a menudo, estas células son programadas y controladas de manera centralizada. Entonces tienen que cumplir con un programa prescrito, el cual impide una comunión realmente transparente. O se encuentran bajo una presión de ganar a nuevos miembros, y entonces hacen esfuerzos enérgicos para parecer “atractivas” – lo que normalmente tiene el efecto contrario. – Iglesias en casa, independientes, tienen más libertad en este respecto. Pero ¿realmente harán uso de esta libertad?

En el libro “¿Asi que ya no quieres ir a la iglesia?”, un visitante de una iglesia en casa desafía a los participantes con los siguientes comentarios y preguntas:

“En vez de intentar levantar una iglesia en casa, aprendan a amarse unos a otros, y a compartir el viaje unos de los otros. ¿A quién quiere Jesús que acompañes ahora mismo, y cómo puedes animar a esa persona? Entonces, sí, experimenten con la comunión juntos. Aprenderán mucho. Solo eviten el deseo de hacerlo artificial, exclusivo o permanente. Las relaciones no funcionan de esta manera.
La iglesia es el pueblo de Dios que aprende a compartir su vida juntos. Es Marvin allá y Diana aquí. Cuando pregunté a Ben acerca de vuestra vida juntos, me contó mucho acerca de vuestras reuniones, pero nada acerca de vuestras relaciones. Esto me indicó algo. ¿Conoces siquiera la esperanza más grande de Roary, o la lucha actual de Jacob? Estas cosas raras veces salen a la luz en reuniones. Salen en relaciones naturales que suceden durante la semana.”

En las relaciones entre pastores y miembros de iglesias observamos los mismos problemas como en las relaciones entre profesores y alumnos. Aunque un pastor no tiene poder sobre el futuro profesional de los miembros (con excepción de los colaboradores de la iglesia a tiempo completo); pero tiene – supuestamente – poder sobre el futuro eterno. Esto coloca una presión insoportable sobre los miembros, especialmente sobre los más entregados y sensibles. Y demasiados pastores se aprovechan de ello sin vergüenza, para manipular a los miembros a su antojo.

En general: Cuanto más institucionalización, menos comunión auténtica. En un tal ambiente institucionalizado mueren las amistades sinceras. En cambio, la gente establece supuestas “amistades”, solamente para alcanzar determinadas metas. Las personas no se valoran entre ellos como personas en sí; se valoran solamente a medida que contribuyen a las metas institucionales. Superficialmente muestran comprensión, ayuda mutua y amor al prójmo – pero solamente mientras el prójimo se deja institucionalizar también. Tan pronto como ya no tienen metas institucionales comunes, revienta la burbuja de la supuesta “amistad”.

Esta institucionalización de las relaciones personales tiene consecuencias fatales en el caso de conflictos: Estos se inflan para convertirlos en “casos disciplinarios institucionales”. En casos extremos, un tal conflicto institucional puede arruinar todo el futuro profesional y personal de los afectados. En cambio, en un entorno no-institucionalizado, los conflictos personales se pueden tratar en el nivel personal, y así son mucho más fáciles de solucionar. Lo ilustraremos con un ejemplo del Nuevo Testamento:

Pablo y Bernabé eran colaboradores y amigos en su primer viaje misionero. Uno de sus acompañantes era Juan Marcos; pero él los dejó en medio camino por razones desconocidas. Al alistarse para el segundo viaje misionero, Bernabé quiso llevar otra vez a Juan Marcos; pero Pablo no estaba de acuerdo. El desacuerdo entre ellos era tan fuerte que se separaron. Entonces Bernabé emprendió su propio viaje con Juan Marcos a Chipre, mientras Pablo buscó a otro acompañante y se fue a Asia. (Vea Hechos 15:36-40).

Según el relato bíblico, se trataba de un asunto personal entre ellos, y no hubo mayores consecuencias. Su desacuerdo no era acerca de cuestiones esenciales de la fe, y por tanto no había razón para ocuparse más del asunto. Supongo que la relación entre Bernabé y Pablo quedó afectada por un buen tiempo. Pero ninguno de ellos fue dañado en cuanto a su ministerio espiritual. Muchos años más tarde leemos que aun Pablo reconoció otra vez la utilidad de Juan Marcos (2 Timoteo 4:11). No fue para poco: se trata del autor del Evangelio según Marcos.

¿Cómo hubiera terminado esta historia en una iglesia o sociedad misionera actual? – Puesto que tengo mis experiencias al respecto, me lo puedo imaginar vivamente. El conflicto personal se hubiera llevado al nivel institucional: Puesto que Pablo era el líder de la “empresa misionera”, él hubiera emitido una declaración oficial de que Juan Marcos era incapaz para el trabajo misionero. Esta decisión se hubiera comunicado inmediatamente a los líderes más importantes. Bernabé, aunque originalmente fue el líder principal de la misión, hubiera perdido su “cobertura espiritual” al separarse de Pablo. Posiblemente lo hubieran acusado de “rebeldía” y de “dividir la iglesia”. Tanto Bernabé como Juan Marcos se hubieran visto impedidos de seguir colaborando con las iglesias fundadas por Pablo. Hubieran dejado el ministerio, o hubieran fundado una nueva denominación. – ¡Qué bueno que Pablo no actuó como un líder institucional!

Podríamos fácilmente encontrar ejemplos parecidos del entorno escolar.

Los conflictos personales deben solucionarse al nivel personal. Pero un entorno institucionalizado no permite eso. Los implicados no pueden simplemente enfrentarse como personas humanas. Su comunicación está constantemente afectada por sus rangos respectivos en la jerarquía institucional. Un solo líder, o un pequeño grupo de líderes, institucionaliza su opinión personal y la promulga como verdad absoluta. El conflicto personal se convierte en una demostración de poder de parte del líder. O se provoca una lucha por el poder entre los líderes.

Conclusión

Tanto las iglesias como las escuelas se han institucionalizado de maneras similares. Esto causa problemas muy similares en ambas instituciones.

En consecuencia, durante las últimas décadas se han formado movimientos contrarios en ambos ámbitos: El movimiento de la educación en casa como alternativa a la escolarización; y el movimiento de las iglesias en casa, “iglesias sencillas”, etc, como alternativa a las iglesias institucionalizadas. (Aunque algunos grupos de iglesias en casa son igual de institucionalizados como las iglesias tradicionales; éstas no serían una alternativa verdadera.)

En esta serie de artículos intenté mostrar las paralelas entre iglesia y escuela. Quise demostrar que los dos “movimientos no-institucionalizados” – en cuanto agrupan a cristianos – tienen la misma esencia y pueden aprender el uno del otro. “Iglesia en casa” y “educación en casa” tienen mucho en común. Ambos – si se entienden de la manera correcta – colocan la familia nuevamente en el centro de la vida diaria. Ambos trabajan por una restauración de las relaciones interpersonales que fueron distorsionadas por la institucionalización. Y yo creo que ambos están más cerca del cristianismo original que cualquier otro movimiento del presente.

Iglesias y escuelas: Los problemas creados al remplazar la familia por instituciones (Parte 1)

04/08/2013

Observo en mi entorno que a la palabra “institucionalizar” se le atribuye generalmente un significado positivo. En el pensamiento popular, “institucionalización” se asocia con “orden”, “legalidad” y “calidad”. Poco se considera la otra cara de la moneda: “Institucionalizar” significa destruir un orden natural, para establecer un orden artificial. Y el orden artificial trae consigo la burocratización de la vida, la corrupción, y la destrucción de los lazos humanos y afectivos.

El teólogo y primer ministro holandés Abraham Kuyper entendió bien esta distinción entre el orden natural y el orden artificial. El fue un líder político profundamente comprometido con el orden constitucional de su país. Sin embargo dijo:

“… Es sumamente importante tener en mente la diferencia entre la vida orgánica (natural) de la sociedad y el carácter mecánico del gobierno. Cualquier cosa entre los hombres que se origina directamente de la Creación, contiene todos los datos para su desarrollo en la naturaleza humana como tal. Uds. pueden ver esto en la familia y en la conexión de los lazos sanguíneos. De la dualidad de hombre y mujer surge el matrimonio. De la existencia original de un solo hombre y una sola mujer, surge la monogamia. Los niños existen a causa del poder innato de reproducción. Naturalmente, los niños están conectados entre ellos como hermanos y hermanas. Y cuando estos hijos, con el tiempo, se casan también, todas estas conexiones surgen de la relación de sangre y otros lazos que dominan la entera vida familiar. En todo esto no hay nada mecánico. El desarrollo es espontáneo, como el del tronco y las ramas de una planta.

De hecho, sin el pecado no hubiera habido ni un gobierno ni un orden de estado; sino la vida política entera se hubiera evolucionada de forma patriarcal, desde la vida de la familia. Ni jueces ni policía, ni ejército ni marina, son concebibles en un mundo sin pecado; y por tanto toda regla y ordenanza y ley desaparecería, así como todo control y poder del magistrado, si la vida se desarrollara de manera normal y sin obstáculo desde su impulso orgánico. ¿Quién venda, donde nada es fracturado? ¿Quién usa muletas, cuando sus miembros están sanos?

Por tanto, toda formación de Estado, todo poder del gobierno, todo medio mecánico de forzar un orden y de garantizar un rumbo sano de la vida es siempre algo poco natural, algo contra lo cual las aspiraciones más profundas de nuestra naturaleza se rebelan; y que en este mismo momento podría convertirse en la fuente de un terrible abuso de poder por parte de aquellos que lo ejercen, y de una revolución continua de parte de las multitudes.

(…) Aunque podemos admitir que aun sin el pecado, hubiera sido necesario combinar las muchas familias en una unidad superior, esta unidad hubiera sido internamente envuelta en el Reino de Dios, quien hubiera gobernado directa y armoniosamente en los corazones de todos los hombres. Entonces no hubieran existido estados, sino un solo imperio mundial orgánico, con Dios como su Rey; exactamente lo que es profetizado para el futuro que nos espera, cuando todo pecado haya desaparecido.

Pero es exactamente esto lo que el pecado ahora ha eliminado de la vida humana. Esta unidad ya no existe. Este gobierno de Dios ya no prevalece. Un imperio mundial no puede ni debe establecerse. Este mismo deseo contumaz llevó a la construcción de la torre de Babel. Así surgieron pueblos y naciones. Estos pueblos formaron estados. Y sobre estos estados, Dios puso gobiernos. Y así, si me permiten la expresión, no es una cabeza natural que haya crecido orgánicamente desde el cuerpo de los pueblos, sino una cabeza mecánica, que desde afuera fue puesta sobre el tronco de la nación. Solo un remedio para una condición equivocada. Un palo puesto al lado de la planta para mantenerla parada, porque sin este palo caería al suelo por su debilidad.”

(Abraham Kuyper, “El calvinismo y la política”)

Ahora, existen dos órdenes de la sociedad que hasta hoy debían desarrollarse de forma natural, según la voluntad de Dios: la familia y la comunidad de los cristianos. (De hecho, la estructura de la comunidad cristiana debería ser la misma como la estructura de la familia, como describí en “La iglesia cristiana se centra en las familias”.) Dios nunca quiso que las familias o las comunidades cristianas sean “institucionalizadas” de la misma manera como los gobiernos estatales. Las familias y la comunidad de los cristianos son estructuras basadas en la relación con Dios, el amor, la ayuda mutua, la comprensión humana, y todo lo que da valor a las relaciones interpersonales. En estos ambientes no debería haber lugar para reglamentos y trámites burocráticos, ni para el trato frío que caracteriza las relaciones de funcionarios gubernamentales con sus súbditos.

Sin embargo, la sociedad actual ha institucionalizado y despersonalizado aun estos ámbitos sagrados. La familia – y especialmente su propósito central, la educación de los niños – ha sido remplazada por la escuela. Y la comunidad de los cristianos ha sido remplazada por la iglesia institucional. No nos extraña, entonces, que ambas instituciones – las escuelas y las iglesias institucionales – estén causando la misma clase de problemas en las vidas de quienes las integran. Efectivamente hay un gran paralelismo entre las formas como ambas instituciones destruyen las relaciones interpersonales, y el orden divino acerca de la convivencia humana. En consecuencia, ambas instituciones atentan aun contra sus propios propósitos declarados. Demostraré algunas de estas paralelas.

Ambas instituciones atentan contra la familia.

Como padres deseamos brindar a nuestros hijos una vida familiar sana. Esto implica en primer lugar pasar mucho tiempo juntos con ellos. Hemos experimentado que tanto la escuela como la iglesia institucional impiden alcanzar esta meta.

La mayoría de las iglesias cristianas, en la mayoría de sus eventos y reuniones, separan a los niños de sus padres. Conocí a muchas iglesias donde las reuniones de los niños se llevan a cabo no solamente en ambientes distintos, sino también en horarios distintos de las reuniones de adultos. De esta manera, las familias ni siquiera pueden “ir a la iglesia” juntas. Una familia que es miembro de una tal iglesia, ya no puede pasar tiempo juntos en los días de reunión.

Investigaciones en los Estados Unidos descubrieron que la tasa de divorcios entre cristianos evangélicos es la misma, o aun más alta, que en el resto de la población. Obviamente, las iglesias no contribuyen en nada a fortalecer las familias.

En la mayoría de las iglesias, sus reuniones de niños se llaman “Escuela dominical”. Con esto expresan claramente que fueron inspiradas por el sistema escolar secular, y no por algún orden de Dios.

De hecho, esta administración de los miembros de iglesias por edades contradice la palabra de Dios. En la iglesia original, la familia era el centro de la comunidad cristiana, y todo lo demás giraba alrededor de la familia. Pero las iglesias institucionales actuales separaron su “vida eclesiástica” de la vida familiar, y trasladaron sus reuniones a un edificio impersonal dedicado a eventos al estilo de una escuela.

En los últimos años se fundaron “iglesias en casa” en distintos lugares, con la meta de acercarse más al modelo original del Nuevo Testamento. Tales “iglesias en casa” tienen la gran oportunidad de redescubrir la familia como núcleo de la comunidad cristiana, y de deshacerse de las formas institucionales y “escolares”. La gran pregunta es, si de verdad harán uso de esta oportunidad. (Puesto que todavía no pude conocer a ninguna iglesia en casa en mi país, no conozco la respuesta a esta pregunta.)

Ahora, si hablamos de la escuela, allí la separación y destrucción de las familias es aun más obvia. Los niños son separados de sus padres por cada vez más horas al día, y a una edad cada vez más temprana. Hace cien años, los niños entraron a la escuela alrededor de los ocho años de edad, y asistieron solamente por unas pocas horas al día. Pero hoy en día, en muchos países se obliga a los pequeños de tres años a que vayan a la escuela, y en la primaria las clases ya pueden durar hasta siete horas al día. Y aun cuando están en casa, no están realmente libres. Tienen que hacer tareas, en algunos casos hasta las altas horas de la noche, y a menudo en grupos, de manera que aun este tiempo no lo puede pasar con sus familias. ¿Qué tiempo queda todavía para cultivar una vida familiar?

Pero según la voluntad de ciertos políticos, la vida familiar debería desaparecer por completo. Así se pronunció por ejemplo el Consejo Educativo de Alemania, ya hace treinta años:

“El Consejo Educativo Alemán recomienda como objetivo del quehacer pedagógico en la educación elemental, ‘minimizar la dependencia de los niños de sus personas de referencia’ – ¡esto se refiere en primer lugar a los padres! (Según estos políticos), los niños pertenecen a la sociedad, la cual generosamente reparte ciertas tareas educativas entre padres e instituciones estatales.”
(Eberhard Muhlan, “Kinder in der Zerreissprobe”, 1985)

Desde entonces, este objetivo se ha cumplido. Hoy en día es casi imposible encontrar a alguna familia funcional. Esta es la consecuencia de la extrema escolarización e institucionalización de nuestra sociedad. Y esto a su vez tiene como consecuencia, que aumentan constantemente los problemas de la juventud: desorientación, delincuencia, alcoholismo y drogadicción, relaciones sexuales prematuras y perversiones sexuales, suicidios.

(Continuará)

La autoridad en la familia extendida de Dios

26/11/2012

Las iglesias evangélicas, en su gran mayoría, han creado el oficio de un “pastor” que gobierna sobre la congregación. Este modelo no es bíblico. La palabra “pastor”, como ministerio espiritual, aparece en el Nuevo Testamento una sola vez, y en conjunto con cuatro otros ministerios: “Y él mismo dio a unos, apóstoles, a otros, profetas, a otros, evangelistas, a otros, pastores y maestros” – Efesios 4:11. (La versión Reina-Valera tiene además equivocadamente la palabra “pastores” en Hebreos 13:7.17.24, pero allí el original dice “hegoúmenoi”, lo cual es una palabra general para “líderes”.)

El “pastorado” evangélico se originó en el sacerdocio católico-romano. Fue la idea del romanismo, colocar a un solo hombre en la punta de la iglesia y considerarlo como un mediador entre Dios y los hombres. Esta es una doble rebelión contra los principios de la palabra de Dios:

1. Porque hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo (1 Tim.2:5). Ningún hombre puede pretender ser “la voz de Dios” para sus hermanos, ni tiene derecho de hacer que otras personas dependan de él en cuanto a sus vidas espirituales. Por medio de Jesucristo, cada cristiano tiene acceso directo e inmediato al trono de Dios (Hebreos 4:14-16, 10:19-22). Cualquier líder que dice: “Si quieren ser seguidores de Jesús, obedézcanme a mí”, está usurpando el lugar que corresponde solamente al Señor mismo.

2. Porque el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento es plural. En todas las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento, donde sabemos detalles acerca de su liderazgo, vemos que fueron dirigidas por un equipo de varios hermanos:
– Jerusalén: los once apóstoles (constantemente mencionados en los primeros capítulos de Hechos).
– Antioquía: cinco “profetas y maestros” (Hechos 13:1)
– Las primeras iglesias fundadas por Pablo: ancianos (Hechos 14:23)
– Efeso: ancianos (Hechos 20:17) – los mismos también son llamados “obispos” en v.28
– Las iglesias en general: “apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros” (Efesios 4:11)
– Filipos: “obispos y diáconos” (Filipenses 1:1)
– Las iglesias en general: “líderes” o “guías” (Hebreos 13:7.17.24 – la versión Reina-Valera traduce equivocadamente “pastores”)
– Las iglesias en general: “ancianos” (Tito 1:5, Santiago 5:14, 1 Pedro 5:1)
(Alguien me ha señalado que en 1 Timoteo 3:2 dice “el obispo” – singular. Pero aquí se trata obviamente de una expresión genérica, así como cuando digo: “El estudiante debe leer sus libros” – esto no se puede entender como si existiera un solo estudiante en la clase; tampoco se puede interpretar que haya un solo obispo en una iglesia, cuando Pablo dice “Es necesario que el obispo sea irreprensible…” etc. – Además hemos visto arriba en Hechos 20 que “obispo” es sinónimo de “anciano”.)
– Para un análisis más detallado de los términos que el Nuevo Testamento usa para describir “líderes” o “ministerios”, vea “El Nuevo Testamento, Versión ministerial”.

Ahora, el término más frecuentemente usado en esta lista es “anciano”. Por tanto tenemos que investigar: ¿Qué es exactamente un anciano?

La iglesia primitiva surgió del pueblo judío; todos los apóstoles fueron judíos y se expresaron en términos judíos. Tenemos que entender entonces, desde el trasfondo del Antiguo Testamento: ¿qué era un anciano en Israel?

Encontraremos que la posición de un “anciano” es estrechamente relacionada con la organización del pueblo según tribus, linajes y familias, como vimos en el artículo anterior. Entonces no debe sorprendernos que también la autoridad de un anciano genuino procede del entorno de su familia.

Mike Dowgiewicz escribe:

“Los ancianos siempre fueron los líderes autorizados del pueblo de Dios, tanto en la antigua Israel como en la iglesia temprana. Ser un anciano, un zakén (la palabra hebrea), fue la cúspide de la vida de un hombre sabio. Vamos a detallar como alguien llegó a ser un anciano:
Hombres israelitas que demostraron una sabiduría excepcional al ejercer autoridad, fueron promovidos a posiciones de mayor liderazgo. Aquellos padres de familia que tenían sabiduría excepcional, se volvieron ancianos de su familia extendida (linaje, estirpe). Los ancianos excepcionalmente sabios de una familia extendida se volvieron ancianos de su tribu. Algunos de éstos prosiguieron a ser asesores del rey, para el bien de la nación entera. La sabiduría fue un elemento clave en su progreso.
El liderazgo a cada nivel era personal. En cada nivel, las personas estaban en contacto cercano con los hombres que tenían autoridad. Cada anciano estaba consciente de que él estaba levantando a sus propios sucesores. (En el sistema nicolaita actual, una comisión encarga a un clérigo de afuera, ¡aunque nadie en la congregación tenía anteriormente alguna relación personal con él!)”

Así surgió la autoridad de manera natural desde las familias, y de allí a las familias extendidas, y así sucesivamente hasta el nivel nacional. Cada anciano estaba rodeado por una “red de seguridad” de personas cercanas a él, que lo conocían personalmente desde hace muchos años. Por esta cercanía personal, ellos podían avalar y fortalecer la autoridad del anciano; pero podían también corregirle cuando el anciano estaba en error.
En el concepto bíblico de autoridad no existe ninguna “inmunidad”: Un líder tiene que recibir corrección de los demás, igual como cualquier “miembro común”. La base para toda corrección es la palabra de Dios; y cada miembro del pueblo de Dios puede aplicar la palabra de Dios para evaluar y corregir a cualquier otro miembro, aun a un líder. Para ilustrar este principio, Dios escogió a menudo como profetas a hombres que no tenían ningún “liderazgo”, y los envió para corregir y amonestar a los reyes.

El núcleo de esta autoridad bíblica es la paternidad. Es que la paternidad es un reflejo de Dios en esta tierra: Dios es el Padre por excelencia. Varios pasajes bíblicos relacionan la autoridad de Dios, y la provisión de Dios por Su pueblo, con lo que un padre en la tierra es para su familia:

Mat.7:9-11: “¿Qué hombre hay de vosotros, que si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?”
Ef.3:14-15: “Por esta causa doblo mis rodillas ante el Padre de nuestro Señor Jesucristo, de quien toma nombre toda familia (literalmente: paternidad) en los cielos y en la tierra”
Hebr.12:7-9: “Por otra parte, tuvimos a nuestros padres terrenales que nos disciplinaban, y los venerábamos. ¿Por qué no obedeceremos mucho mejor al Padre de los espíritus, y viviremos? Y aquéllos (los padres terrenales), ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero éste (Dios) para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.”

(Vea también “Conocer a Dios como Padre”.)

Dios quiere que las familias en esta tierra estén gobernadas por un padre. Así puede cada persona desde niño entender lo que es un padre, y entonces podrá también entender como es Dios. (Esto es, si el padre ejerce su paternidad de acuerdo con la voluntad de Dios.) En el pueblo de Israel vemos como Dios desea que esta estructura familiar sea ampliada para el entero pueblo de Dios. Y lo mismo vale para el pueblo de Dios del Nuevo Testamento, la comunidad de los (verdaderos) cristianos.

Un “anciano”, por tanto, no es un “cargo” u “oficio” que se podría ocupar según un reglamento institucional. Ni mucho menos podrían ancianos ser instituidos y destituidos por turnos o según el antojo de un “pastor” o de una congregación – como una familia tampoco puede cambiar de padre cada año.
Un anciano bíblico no es “elegido” ni “nombrado”; un anciano bíblico es reconocido. La misma palabra “anciano” nos dice que la madurez (espiritual) es lo esencial para un anciano. En la Biblia, la edad avanzada normalmente es sinónimo de sabiduría y amplia experiencia. Y esta sabiduría y madurez viene en primer lugar de muchos años de ejercer la paternidad en su propia familia. Un anciano es esencialmente un padre experimentado, de tal manera que ahora puede ser un “padre para otros padres”.

Irónicamente, la iglesia católica romana ha preservado el recuerdo de esta verdad mejor que otras iglesias, puesto que llama a sus sacerdotes “padres”. Parece que al inicio todavía estaban conscientes de que “autoridad espiritual” es igual a “paternidad según la voluntad de Dios”. Solamente que confieren este título a las personas menos aptos para ello, puesto que un sacerdote católico no cumple, ni puede cumplir, con el requisito más básico del ancianato bíblico, el cual es haber dado un buen ejemplo como padre de familia.

Efectivamente, en Israel y en la iglesia primitiva, la primera prioridad para cada padre era su propia familia. Bíblicamente, ser un buen esposo y padre, es mucho más importante que ser un buen trabajador, jefe, miembro de iglesia o anciano. Para un padre temeroso de Dios, el mundo afuera de la familia (lo que incluye las responsabilidades en la iglesia) nunca puede llegar a ser más importante que la misma familia. Según los principios bíblicos de autoridad, alguien que no era un buen esposo y padre, nunca iba a ser reconocido como autoridad en alguna otra área de la vida (sea en el trabajo, en la política, o en la iglesia). Y aun cuando alguien llegaba a una posición importante en alguna de estas áreas, no iba por eso descuidar su propia familia. Si lo hacía, perdía su autoridad, o podía incluso caer bajo el juicio de Dios como el sacerdote Elí (1 Samuel 2:12-36, 4:11-18).

Por tanto, es un requisito importante para alguien que desea tener autoridad en la comunidad cristiana, “que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)” (1 Tim.3:4-5).

Espero que entendamos ahora mejor la envergadura de este pasaje. Efectivamente, según el patrón bíblico, la comunidad cristiana es una familia de familias, y la autoridad espiritual dentro de esta comunidad surge de la paternidad.

La iglesia cristiana se centra en las familias

19/11/2012

Con “iglesia cristiana” me refiero aquí a la iglesia tal como está descrita en el Nuevo Testamento – porque eso fue bastante diferente de lo que hoy pasa bajo el nombre de “iglesia”. La iglesia del Nuevo Testamento tenía su centro terrenal en las familias.

Por supuesto que el centro aun más importante de la iglesia es el celestial, el cual es la persona del Señor Jesucristo mismo. Pero en este artículo deseo hablar acerca de la organización terrenal de la iglesia. Y en esta tierra, la imagen y el reflejo más adecuado de Dios, de la Trinidad, es la familia. (Vea acerca de este aspecto en “Una visión bíblica acerca de la familia”.) Una verdadera reforma bíblica tendría que rescatar nuevamente los hogares como el centro terrenal de la iglesia, y tendría que reestructurarse alrededor de los hogares y fortalecerlos, en vez de destruirlos como lo hace actualmente. (Vea también: “¿Quién salvará … LA FAMILIA?”)

El precursor de la iglesia cristiana era el pueblo escogido de Dios del Antiguo Testamento, el pueblo de Israel. Este pueblo, a través de toda su historia, estaba siempre organizado según tribus, linajes y familias.
La nación de Israel tiene su origen en tres generaciones de familias: la familia de Abraham, de Isaac y de Jacob. De cada hijo de Jacob surgió una de las doce tribus de Israel. Leamos acerca de la organización de este pueblo a través del Antiguo Testamento:

“Los hijos de Israel acamparon cada uno junto a su bandera, bajo las enseñas de las casas de sus padres…” (Números 2:2) La continuación del capítulo detalla para cada tribu el lugar donde tenía que acampar durante el viaje por el desierto. (En los idiomas originales de la Biblia, la palabra “casa” significa también “familia”.)

“Y heredaréis la tierra por sorteo por vuestras familias; (…) por las tribus de vuestros padres heredaréis.” (Números 33:54) – A cada tribu le fue asignado un territorio específico en la tierra prometida. (Vea también Josué cap.14-19.)

“Os acercaréis, pues, mañana por vuestras tribus; y la tribu que el Señor tomare (al echar la suerte), se acercará por sus familias; y la familia que el Señor tomare, se acercará por sus casas; y la casa que el Señor tomare, se acercará por los varones…” (Josué 7:14) – Este fue el procedimiento para descubrir quien del pueblo había pecado. Se nota claramente la organización del pueblo por parentesco. El mismo procedimiento se aplicó para confirmar la elección de Saúl como rey (1 Samuel 10:20-21).

Todavía muchos siglos después, Nehemías organizó el pueblo según familias para defender el muro de la ciudad:
“Entonces por las partes bajas del lugar, detrás del muro, y en los sitios abiertos, puse al pueblo por familias, con sus espadas, con sus lanzas y con sus arcos. Después miré, y me levanté y dije a los nobles y a los oficiales, y al resto del pueblo: No temáis delante de ellos; acordaos del Señor, grande y temible, y pelead por vuestros hermanos, por vuestros hijos y por vuestras hijas, por vuestras mujeres y por vuestras casas.” (Nehemías 3:13-14)

La fiesta judía más importante, la Pascua, se celebra en familia:
“En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia.” (Exodo 12:3)
“…Guardaréis esto por estatuto para vosotros y para vuestros hijos para siempre. … Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto …” (Exodo 12:21-27)
En la celebración de la pascua, un hijo (normalmente el menor) tiene que iniciar la conversación con esta pregunta. En respuesta, el padre enseña a su familia la historia de la pascua y dirige la celebración.

Esta conciencia de ser una familia extendida, está todavía presente en la Israel actual:

“Durante mi estadía en Israel entendí que la cultura judía es esencialmente una cultura de la familia. En su centro está la mesa familiar donde se come juntos y se llevan discusiones profundas acerca de las Sagradas Escrituras. (…) Nosotros somos muy influenciados por el espíritu griego: Diseñamos teorías bonitas, y asistimos a reuniones donde casi nadie participa activamente. (…) En el judaísmo, en cambio, se trata de “ver como se hace” una cosa. Uno se reúne alrededor de la mesa familiar. Allí se conversa acerca de los asuntos de la vida diaria y de asuntos espirituales. Todo sucede en el diálogo mutuo. Durante mis seis años en Israel, Dios me quitó el filtro que yo tenía ante mis ojos al leer la Biblia.
(…) La familia es al mismo tiempo una parte de un contexto más amplio, la familia extendida o estirpe. De esta manera, los judíos sobrevivieron como una minoría en medio de un entorno hostil. Los judíos mantenían esta conciencia: ‘Nosotros los judíos, el pueblo escogido de Dios, tenemos que estar juntos.’ Sin embargo, el individuo no es absorbido por el colectivo. Se incentivan las habilidades y talentos individuales de cada uno.
Si alguien llega a sobresalir por su riqueza, poder e influencia, entonces tiene una responsabilidad hacia el pueblo judío. Esto se nota hasta hoy en Israel, donde judíos ricos del mundo entero envían ofrendas para los pobres, los débiles y los discapacitados. Además, todos saben que pertenecen a una familia grande, a un clan donde todos se apoyan mutuamente. En una tal familia extendida hay siempre un plato de sobra, una cama libre, o alguna otra ayuda material, espiritual o práctica. Si los miembros viven cerca, la familia extendida se reúne regularmente – no solamente para ocasiones especiales -, comen juntos y comparten sus experiencias.”
(Markus Jerominski, en “Padres y madres que influencian el mundo”.)

Estos mismos principios continuaron en la primera comunidad cristiana. La iglesia temprana era también una familia extendida, al igual que el pueblo de Israel. Toda la vida de la comunidad cristiana estaba completamente centrada en las familias.

El lugar de reunión de los primeros cristianos era la casa. (Ya hemos visto arriba, que en los idiomas originales de la Biblia, “casa” equivale a “familia”.) El Nuevo Testamento menciona, entre otras: “la iglesia en la casa de Priscila y Aquila” (1 Cor.16:19), “la iglesia en la casa de Ninfas” (Col.4:15), “la iglesia en la casa de Filemón” (Filemón 2). Gayo es llamado “hospedador mío y de toda la iglesia” (Rom.16:23). Hechos 2:46 dice que los primeros cristianos “partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón.” (Nos recordamos como en la cultura judía, todo revuelve alrededor de la mesa familiar.) También en Hechos 5:42: “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y anunciar a Jesucristo.” (Vea además Hechos 2:2, 8:3, 11:11-15, 12:12, 16:31-34, 16:40.)

Estas “iglesias en casas” (probablemente una unión de varias familias que vivían cerca los unos de los otros) formaban entonces algo como “clanes” o “linajes” espirituales, y juntos con los otros “clanes” de la ciudad, formaban la familia espiritual extendida de su ciudad (“la iglesia en Efeso”, “la iglesia en Corinto”, etc.). Así dice Efesios 2:19 que los cristianos son “miembros de la familia de Dios”.

En particular, la “cena del Señor” es la continuación de la Pascua judía (Mateo 26:17-29). Como la Pascua se celebraba en las familias, así también la cena del Señor. (“partían el pan en las casas“, Hechos 2:46). Como el padre de la familia judía se encarga de la celebración de la Pascua, así se encargaba el padre de la familia cristiana de la celebración de la cena del Señor. No se necesitaba a ningún “sacerdote”, “pastor” o “ministro” para eso.

Es importante entender que estas iglesias en casas no eran simplemente “células” sujetas a una organización grande y centralizada, como lo tienen muchas iglesias grandes hoy en día. No, la iglesia en casa era una iglesia completa, y en gran medida independiente. Pablo en sus cartas se refiere a ellas siempre como “iglesias”, no solamente “grupos” o “células”.

Obviamente estaban las familias unidas en estas reuniones. Algunos pasajes en las cartas de los apóstoles a las iglesias, se dirigen directamente a los niños (Ef.6:1-3, Col.3:20, 1 Juan 2:12-13). Entonces los niños estaban presentes cuando estas cartas fueron leídas. La primera iglesia no separaba a las familias en reuniones de hombres aparte, mujeres aparte, jóvenes aparte y niños aparte, como lo hace la mayoría de las iglesias contemporáneas. Al contrario, ellos se reunían como una “familia de familias”.

Tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento vemos con frecuencia que familias enteras se deciden seguir al Señor. Así dice Dios en su llamado a Abraham: “…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.” (Génesis 12:3).
Josué se comprometió a servir al Señor con su familia entera: “…pero yo y mi casa serviremos al Señor.” (Josué 24:15)
En el libro de Hechos leemos que se entregaron al Señor, Cornelio con “sus parientes y amigos más íntimos” (Hechos 10:24.44), Lidia “y su familia” (Hechos 16:15), y el carcelero con “todos los que estaban en su casa” (Hechos 16:31-34).
Estas casas (familias) se convirtieron en los núcleos de las iglesias nacientes. Así dijo una vez un misionero bastante sabio: “No voy a organizar una iglesia en ningún lugar mientras no haya una familia completa convertida allí.”

Veremos en la continuación que también el liderazgo de la iglesia del Nuevo Testamento surge de las familias, no de una organización clerical ni de “institutos bíblicos”.

¿Fidelidad a la apostasía? – o: Negando la legitimidad de la Reforma

13/10/2012

En muchos círculos evangélicos se ha establecido un concepto de “fidelidad a la denominación”. Fui confrontado con esta idea bastante temprano en mi carrera evangélica. Después de concluir una formación misionera con una sociedad misionera interdenominacional, pedí a los líderes de la iglesia donde me congregaba en aquel entonces, que me permitieran trabajar con esta sociedad. Su respuesta fue: “Podemos enviarte como misionero, pero no con esta sociedad, porque nuestra denominación ya tiene su propia sociedad misionera.” – O sea: “Si quieres servir al Señor, tienes que quedarte dentro de nuestro cajón.”

La misma dificultad enfrentan cristianos que son miembros de alguna iglesia evangélica, y desean irse a una iglesia de otra denominación. Las razones por irse pueden ser perfectamente razonables, tales como: la otra iglesia queda mucho más cerca de donde viven; o están por casarse con alguien de la otra iglesia; o tienen amistades mucho más significativas en la otra iglesia que en su iglesia actual. Pero aun así, a menudo sus líderes les dicen: “Pero tú has sido bautizado aquí, tienes que ser fiel al lugar donde naciste espiritualmente.” (Como si en lo natural también fuera prohibido salir de la ciudad donde una nació…) – “Pero la otra denominación tiene puntos de vista doctrinales diferentes de nosotros, te van a confundir.” (Lo mismo podría decir la otra denominación de “nosotros”…) – O incluso: “¡Eres un ingrato! Tantos años te hemos cuidado, te hemos alimentado espiritualmente, y ahora que por fin podrías devolvernos algo de lo que hemos invertido en tí, colaborando en nuestra iglesia, ¡ahora te vas a otra iglesia!” (El egoísmo de los líderes se revela claramente en esta argumentación… ¿Acaso la iglesia es un negocio donde los líderes “invierten” en “sus” miembros para obtener una ganancia?)

En la teoría, quizás muchos de estos líderes reconocerán que no existen denominaciones en la iglesia del Nuevo Testamento, y que la otra iglesia es igualmente cristiana como la de ellos; quizás dirán que “todas las denominaciones son expresiones de la única iglesia cristiana”. Pero entre teoría y práctica hay un gran abismo. En la práctica se creen dueños de los miembros, y recurren a ideas sentimentales, nada bíblicas, de que “este es tu hogar espiritual, acá perteneces, no puedes irte así no más…” – Ellos olvidan que un cristiano es propiedad de Jesucristo, no de una iglesia o denominación. (Vea también: “¿Quién está hablando de robar ovejas?”)

Aun más grave se vuelve la situación cuando una iglesia o denominación empieza a apostatar de la Palabra de Dios (lo que es demasiado común hoy en día). En este caso, la “fidelidad a la denominación” obliga a los miembros a seguir en esta apostasía, y a recibir enseñanzas y órdenes de líderes que ni creen ni obedecen a lo que dice la Palabra de Dios. Si alguien señala los errores, le pueden decir: “Pero esta es la iglesia del Señor Jesucristo, y el Señor ama a su iglesia a pesar de sus errores, entonces tú tienes que amarla también. Por fin, no vas a encontrar en ningún lugar una iglesia perfecta.” – Esto suena muy espiritual, pero no lo es. El apóstol Pablo no llama “pastores” a los líderes que desobedecen al Señor Jesús o que tratan a los miembros como su propiedad; los llama “lobos” y “hombres que hablan cosas perversas” (Hechos 20:29-30). Y el Señor no llama “iglesia” a los que le sirven de apariencia solamente; los llama “cizaña” y “sinagoga de satanás” (Mateo 13:24-43, Apoc.2:9, 3:9). “Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apoc.18:4).

Ahora, este argumento de “amar a la iglesia a pesar de sus errores”, suena casi igual a lo que una vez me escribió un apologista católico romano. (Lo cito de la memoria porque ya no tengo la carta original.) El me escribió más o menos así: “La iglesia (católica) es la iglesia del Señor y es santa; entonces tenemos que creer que ella es santa y sin mancha, aun si vemos en ella muchos errores y muchos pecados cometidos por sus líderes, pero aun así la iglesia es santa porque el Señor lo dijo así.” (Podría también haber añadido que según la doctrina católica romana, la iglesia en su conjunto es infalible.) – Da mucho que pensar, que los líderes evangélicos usan los mismos argumentos como los defensores del catolicismo.

Ahora, aquí entramos en un asunto que forma la esencia misma de la Reforma: ¿Tuvieron los reformadores el derecho de llamar “apóstata” a su propia iglesia? ¿No debían ellos también haber permanecido fieles a su “iglesia madre”?

Las iglesias evangélicas se consideran herederos de la Reforma. No se cansan de afirmar que “nosotros no somos idólatras como los católicos”. Un evangélico que diría que la Reforma fue un error o que fue una rebelión ilegítima, estaría negando su propia identidad como evangélico. Y sin embargo, ¡esto es lo que los evangélicos están haciendo con su concepto de “fidelidad a la denominación”!

Veamos. Si fuera pecado para un evangélico actual, salirse de su denominación o fundar una nueva denominación con miembros de su congregación actual, entonces también hubiera sido pecado para Martín Lutero, oponerse a su iglesia (la católica romana) y permitir que se establezca una nueva iglesia (la reformada) con miembros que anteriormente eran católicos. Si un evangélico debe “sumisión” a su pastor, aunque el pastor esté equivocado, entonces Martín Lutero hubiera debido la misma sumisión al papa. Cualquier evangélico que defiende estas ideas de “fidelidad a la denominación” y de “sumisión bajo el pastor”, está negando la legitimidad de la Reforma. En consecuencia, está cortando el árbol sobre el cual él mismo está sentado.

El principio clave de la Reforma es que la Palabra de Dios es la máxima autoridad sobre la iglesia, por encima de todo liderazgo humano y de toda tradición eclesiástica. Fue sobre esta base que Lutero se opuso a su propia iglesia. Y es sobre esta misma base que también hoy tenemos que oponernos a los líderes que ponen sus propias prácticas, tradiciones y teologías – o aun su propia autoridad como líder – por encima de la Palabra de Dios.

– “Pero esto no es lo mismo”, protestarán algunos. “La iglesia católica se ha apartado de la verdad de Dios, pero nuestra iglesia evangélica está fundamentada sobre la Palabra de Dios.” – ¿Realmente? ¿Por qué entonces no permiten que un miembro común, basado en la Palabra de Dios, reprenda a un pastor que está equivocado? ¿Por qué entonces llaman “rebelde” y “divisivo” a un hermano que se atreve a obedecer a Dios antes que a los hombres? ¿Y por qué pactan con el movimiento ecuménico y con Roma? (Vea “Pacto entre la Alianza Evangélica, el ecumenismo y el Vaticano”.)

– “Pero nuestra declaración de fe es bíblica”, podrán decir. ¿Y qué? He visto a más de un líder evangélico traicionar su propia declaración de fe, con sus palabras y con sus hechos. La declaración de fe de la iglesia católica romana (el Credo Apostólico) también es bíblica; no contiene nada a lo que un evangélico podría objetar desde la Biblia. Esto no impidió que esta iglesia introdujera a lo largo del tiempo las prácticas más antibíblicas, extraviadas y abominables. Lo mismo en las iglesias evangélicas con sus declaraciones de fe bíblicas. Estos pedazos de papel no pueden impedir que las iglesias se alejen cada vez más de las palabras de su Señor. (Vea “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas” para una comparación entre el Nuevo Testamento y la situación general de las iglesias evangélicas actuales.)

Efectivamente, las iglesias que surgieron de la Reforma, están hoy ellas mismas en la necesidad desesperada de una nueva Reforma. Al negar esta necesidad, están al mismo tiempo negando la Reforma de la cual ellas mismas surgieron. Con lo que dan una muestra más, de que están efectivamente en la misma situación como la iglesia católica antes de la Reforma. Esta situación irónica se ha repetido varias veces en la historia de la iglesia: Cuanto más necesidad tiene una iglesia de ser reformada, más se esfuerza por demostrar lo contrario: que “somos la iglesia verdadera”, que “tenemos la doctrina sana”, que “los que se oponen a nuestro liderazgo son rebeldes”. Cuando observamos esto en una iglesia, sabemos que esta iglesia ya están más allá del punto donde podría todavía ser reformada. Una tal iglesia tiene que ser desechada, y el verdadero pueblo de Dios tiene que volver a encontrarse y reunirse de una forma más bíblica. Ya es tiempo que el remanente del pueblo de Dios escuche nuevamente el llamado: “Salid de ella, pueblo mío…”

David contra Saúl: ¿Un ejemplo de la “sumisión bajo el líder”?

06/07/2012

La historia bíblica de Saúl y David es usada a menudo por los líderes religiosos institucionales, para enseñar que un cristiano tiene que someterse a su líder, aun cuando el líder está equivocado. Los pasajes más citados en este contexto son las dos oportunidades donde David tenía la posibilidad de matar a Saúl, pero decidió perdonarle la vida (1 Samuel capítulos 24 y 26). David dijo: “El Señor me guarde de hacer tal cosa contra mi señor, el ungido del Señor, que yo extienda mi mano contra él; porque es el ungido del Señor.” (1 Sam.24:6). Y: “¿Quién extenderá su mano contra el ungido del Señor, y será inocente?” (1 Sam.26:9).

De allí dicen estos líderes que “David se sometió a Saúl, aunque Saúl estaba actuando mal; así también los cristianos tienen que someterse a sus líderes, aun en el caso de que los líderes estén equivocados.” Y también: “Nunca hay que criticar a un líder, porque eso sería extender la mano contra el ungido del Señor.”

¿Corresponde esta interpretación con el contenido y la enseñanza de las historias bíblicas mencionadas?

Recordemos que David era un siervo de Saúl. Pero cuando entendió que Saúl le quería matar, huyó donde Samuel. (1 Sam.19:11-19) Estando al servicio de Saúl, ¡David no tenía el derecho de escaparse! – Después de esto, David faltó deliberadamente tres veces en el banquete donde era invitado por el rey. (1 Sam.20:5-7, 24-30) Esto calificaría como una actitud muy “rebelde” en los ojos de muchos “pastores” contemporáneos, quienes ni siquiera toleran que sus siervos (colaboradores) falten una sola vez al culto.

Recordemos también que David era claramente un rebelde en los ojos de Saúl. De otro modo, no lo hubiera perseguido. (Otras personas lo vieron de la misma manera. Nabal por ejemplo lo llamó “un siervo que huyó de su señor”, 1 Sam.25:10.) Aun después de la primera vez que David perdonó la vida de Saúl, Saúl no tomó esto como una señal de sumisión, porque volvio a perseguir a David. La segunda vez, Saúl dijo a David que vuelva con él, y le prometió no hacerle ningún mal (1 Sam.26:21); pero David no volvió con Saúl. También en esta oportunidad entonces, David no hizo caso a Saúl.
Sin embargo, toda la historia deja claro que Dios estaba del lado del rebelde David, y en contra de “su ungido” Saúl.

Veamos también qué significan las palabras “extender su mano contra el ungido del Señor”. Se trata de que los hombres de David le aconsejaron matar a Saúl. Pero algunos “pastores” hoy en día no soportan ni siquiera que uno los critique con palabras: inmediatamente se quejan de que uno esté “extendiendo su mano contra el ungido del Señor”. ¡Hay una diferencia abismal entre criticar y matar!
David sí criticaba a Saúl muy abiertamente y en público: “¿Por qué oyes las palabras de los que dicen: Mira que David procura tu mal? … ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro muerto? ¿A una pulga? El Señor, pues, será juez, y él juzgará entre tú y yo. El vea y sustente mi causa, y me defienda de tu mano.” (1 Sam.24:9.14-15).
Entonces, tomando el ejemplo de David, tenemos todo derecho de criticar a un líder que actúa mal. Y tenemos también el derecho de desobedecer a un tal líder, si obedecerle significaría cometer un pecado o sufrir un daño nosotros mismos.

Un último aspecto: Un líder que usa la “sumisión” de David como ejemplo para sus seguidores, ¿con quién se compara él mismo? Obviamente con Saúl, el perseguidor, el rey que estaba él mismo en desobediencia contra Dios. Este mismo Saúl calumnió a David y torció los hechos, diciendo a sus siervos: “… para que todos vosotros hayan conspirado contra mí, y no haya quien me descubra al oído cómo mi hijo ha hecho alianza con el hijo de Isaí, ni alguno de vosotros que se duela de mí y me descubra cómo mi hijo ha levantado a mi siervo contra mí para que me aceche, tal como lo hace hoy?” (1 Sam.22:8)
Así Saúl se presentó a sí mismo como víctima y a David como el agresor, mientras en realidad la cosa era al revés. Así lo hacen también muchos de estos malos líderes: Si alguien se queja por ser maltratado por ellos, o los reprende por un pecado que cometieron, entonces dicen que son víctimas de una “conspiración” y de “murmuraciones”, y exigen la censura del “rebelde”, o invocan el castigo de Dios sobre él y lo expulsan.

Así que, lejos de presentarnos un ejemplo de sumisión ciega, esta historia nos enseña mucho acerca del comportamiento de un líder abusivo, y acerca del sufrimiento de las víctimas de tales líderes. El ejemplo de David nos muestra qué hacer frente a un tal líder:
– Alejarse de él.
– Reprender sus malas acciones cuando es necesario, pero desde una distancia segura.
– Encomendar la situación a Dios y confiar que El juzgará de manera justa.
– No planear venganza contra el líder ni intentar hacerle daño; pero tampoco someterse a él.
– No darle confianza, ni siquiera cuando promete cambiar y ofrece una “reconciliación”. Un “Saúl” es capaz de fingir arrepentimiento, solamente para continuar después en sus caminos antiguos. (Vea también 1 Sam.15:17-35.)

Las víctimas de líderes “tipo Saúl” tienen que sufrir mucho. Pero pueden saber que Dios está de su lado y los restaurará si siguen confiando en El.

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– Lea también:
“Iglesias disfuncionales”
Hebreos 13:17: ¿Someteos a vuestros pastores?

¿Traer a incrédulos a los servicios (cultos) de la iglesia? (Parte 2)

26/04/2012

Esta es la continuación de una explicación más detallada acerca de mi Tesis No.15, de las “95 tesis sobre el estado de las iglesias evangélicas”. En la primera parte he explicado algunas diferencias fundamentales entre las iglesias actuales (su mayoría) y la iglesia del Nuevo Testamento. Estas diferencias explican por qué las iglesias actuales ven la necesidad de traer a inconversos a sus “servicios”, mientras la iglesia del Nuevo Testamento no tenía tal práctica ni necesidad.

Queda todavía la pregunta: ¿Qué puede o debe hacer entonces una persona que busca a Dios? ¿Cómo puede encontrar a Dios sin participar de una reunión de la iglesia?

Primeramente, hay muchas formas de buscar a Dios que no requieren ir a ningún lugar en particular: Leer la Biblia, orar, obedecer en la vida diaria a lo que El nos manda… todo esto se puede hacer en cualquier lugar y aun a solas. (Por supuesto, me refiero aquí a personas que realmente buscan a Dios mismo, no a los que buscan simplemente “un lugar donde congregarse” sin importarles mucho su relación personal con Dios.)
Además, una persona que vivía en el tiempo del Nuevo Testamento, tenía las siguientes posibilidades:

– Podía escuchar la enseñanza de los apóstoles. Como menciono en la tesis No.15, los apóstoles (y también algunos evangelistas y maestros) solían enseñar en lugares públicos, por ejemplo en las plazas de las ciudades, a veces también en lugares donde los rabinos o los filósofos discutían. Entonces, cada persona podía escuchar el evangelio, aun sin unirse a la iglesia.
(Cuando dice que los apóstoles enseñaban en el “templo” en Jerusalén, en realidad se refiere al atrio del templo, una plaza muy amplia que servía como plaza pública de la ciudad, y aun como mercado. Al “templo” propiamente dicho entraban solamente los sacerdotes; era un lugar para ofrecer sacrificios, no un “lugar de reunión”. Las iglesias actuales están muy equivocadas al llamar “templo” sus lugares de reunión.)

– Podía preguntar a un cristiano personalmente. Muchas personas escuchaban el evangelio por medio del testimonio personal de un cristiano que conocían, por ejemplo un familiar o un compañero de trabajo. Cada cristiano estaba siempre “preparado para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). No necesitaba llamar a un “pastor” para eso; cada uno sabía hablar por sí mismo de lo que Cristo había hecho por él. (Además, no existían “pastores” en el sentido como las iglesias actuales lo entienden.) Y no necesitaban organizar ningún “evento” para hacer esto; este testimonio sucedía en medio de la vida diaria.
De hecho, cuando los apóstoles ya no estaban, en los siglos II y III, esta fue la forma principal como el evangelio se extendía: por el testimonio sencillo de los cristianos, con su vida y con sus palabras, ante sus conocidos. (Y además por el testimonio público de los mártires que fueron ejecutados por su fe – a menudo también cristianos “comunes”, pero preparados para “presentar defensa”.)
Por supuesto, nada impediría a algunos cristianos a hacer una “reunión” con varios incrédulos – si éstos tienen el deseo – para explicarles el evangelio juntos. Eso fue lo que sucedió por ejemplo en Hechos 10. (Pero eso no fue una “reunión de la iglesia”, fue una “visita evangelística”.)

Entonces, si de esta forma alguien fue convencido de su pecado y de su necesidad de salvación, y se decidió seguir a Cristo, entonces podía acercarse a un cristiano y pedir el bautismo. Y a partir de este momento era parte de la familia y ya no tenía por qué sentir temor o vergüenza al reunirse con sus hermanos en Cristo.

(En los siglos II y III, parece que la iglesia ya estaba perdiendo su santidad inicial, entonces ya no podían confiar en cualquiera que pedía el bautismo. Por tanto, introdujeron las clases para “catecúmenos”, o sea, aspirantes al bautismo, para enseñarles primero durante un tiempo (y conocerlos mejor y ponerlos a prueba), antes de admitirlos al bautismo. Entonces, en ese tiempo existían efectivamente las reuniones separadas, unas exclusivamente para los cristianos, y otras para los catecúmenos y otros interesados. Pero esto ya fue después de la conclusión del Nuevo Testamento.)

Otro malentendido frecuente hoy en día es la idea de que “hay que venir a la iglesia para conocer al Señor”. Esta idea tiene sus raíces en la iglesia católica romana, la cual enseña que “no hay salvación fuera de la iglesia”. Pero en el Nuevo Testamento fue diferente: La gente venía primero a Jesucristo, tuvieron un encuentro con El (convicción del pecado, arrepentimiento y fe, experiencia de Su gracia y el nuevo nacimiento), y entonces formaron parte de la iglesia. Esto es consistente con las palabras de Jesús:
“Yo soy la puerta de las ovejas (…) Yo soy la puerta; el que por mí entrare, será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos.” (Juan 10:7-9)
JESÚS es la puerta, hay que entrar por EL primero. El no dijo: “Las ovejas (la iglesia) son la puerta …” Al contrario, Jesús es la puerta, y una vez que alguien ha entrado por El, forma también parte de la iglesia (o sea, se convierte en una de Sus ovejas). Pero para alguien que no es “oveja”, no tiene sentido juntarse con un rebaño de ovejas. Jesús viene primero, y la iglesia depende de él. Es un error intentar hacer a Jesús dependiente de la iglesia.

También, el Señor nunca dijo que “hiciéramos venir” a la gente adonde nosotros nos reunimos. El dijo “Id y anunciad…”, o sea, que tenemos que ir adonde está la gente y hablarles allí, no jalarlos adonde estamos nosotros.

Note también que es DIOS, no nosotros, quien “añade” personas a la iglesia (Hechos 2:47, 13:48). En aquellos tiempos no existía este afán de “aumentar la asistencia a la iglesia”; esta no es ninguna meta bíblica. El enfoque bíblico está en llevar una vida “en Cristo”, tanto personalmente como en comunión con otros cristianos, para que el Señor sea glorificado, y que por medio de nuestro testimonio Dios pueda obrar para llevar a las personas a la salvación.


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