Buenos días, pecadores indignos

En algunos círculos evangélicos existe la costumbre de decir: “Soy un pecador indigno.” “Somos todos pecadores indignos.” Muchos repiten estas palabras sin pensar, simplemente porque los demás también lo dicen. Pero Dios no quiere que seamos loros, repitiendo palabras sin pensar en su significado. Dios quiere que examinemos todo lo que escuchamos (1 Tes.5:21). Vamos a examinar entonces esta costumbre, y vamos a ver que dice la Biblia.

¿Por qué dicen “Soy un pecador indigno”?

He preguntado a varios evangélicos por qué usan estas palabras. Como ya dije, muchos no sabían responder porque las repetían sin pensar. Algunos dijeron: “¿No nos ha enseñado el Señor Jesús a orar así?” – Con esto se refieren a la parábola del fariseo y el publicano (Lucas 18:9-14), donde Jesús dijo:

“Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido.” (Lucas 18:13-14)

¿Por qué actuó así el publicano? Obviamente, porque estaba consciente de su pecado, y expresó arrepentimiento ante Dios. El sabía muy bien que con la vida que él llevaba, no era justo ante Dios, y buscaba ser justificado.. Jesús dijo esta parábola para enseñar “a unos que confiaban en sí mismos como justos, y menospreciaban a los otros” (verso 9). Estos, los fariseos, también necesitaban arrepentimiento, pero no estaban conscientes de ello.

Ahora, si mi amigo miembro de iglesia usa las mismas palabras como el publicano en su oración en la iglesia, ¿recibirá la misma recompensa? – ¡No necesariamente! El arrepentimiento es un asunto del corazón y de los hechos. No es asunto de las palabras que usamos. Y de aquellos que pregunté, ninguno dijo que usaba estas palabras porque estaba arrepentido de sus pecados. Mas bien dijeron que oraban así porque “así dijo el Señor que hay que orar”. Vamos a ver cual es la actitud que se revela aquí.

Los fariseos habían aprendido que para ser justos, tenían que demostrar que cumplían la ley de Dios en cada detalle. O mas bien, el “demostrarlo” ante la gente era todavía más importante que el cumplir. Por eso, el fariseo en la parábola pensaba ser justificado al jactarse de su obediencia. Su actitud era una de aparentar ante la gente algo que no era realidad en su corazón.

¿Y qué aprenden hoy los miembros de iglesia que repiten las palabras del publicano? Se les dijo que para ser justificados, tienen que ser “humildes” y llamarse “pecadores” a sí mismos. Entonces lo hacen, porque quieren que los otros miembros de la iglesia vean que están usando las palabras correctas. O sea, ¡ellos también están solo aparentando! Están usando unas palabras que en su contexto original expresaron arrepentimiento; pero no hay ningún arrepentimiento en sus corazones y en sus vidas. La mayoría de los que dicen “soy pecador indigno”, en realidad ni siquiera creen que son pecadores.

Haga la prueba. Llame usted ”pecador indigno” a alguno de los que habitualmente usan esta palabra, y verá la reacción. Una vez lo hice en una iglesia de esas, donde me habían invitado. Después del tiempo de oración saludé a la congregación: “Buenos días, pecadores indignos.” Vi algunas caras muy, pero muy molestas. ¡Allí se acabó la humildad! – Les dije: “¿Por qué se molestan? Solamente estoy diciendo lo que ustedes mismos dijeron hace pocos minutos en vuestras oraciones.” – Pero allí estaba el problema. Ellos habían orado así, no porque hubieran sido convencidos de su pecado. Habían orado así solamente para demostrar que sabían las “palabras correctas”.

En realidad, esta forma de aparentar es todavía peor que la de los fariseos. Los fariseos eran orgullosos, sí; pero por lo menos eran abiertamente orgullosos. En cambio, los que dicen “soy pecador indigno” sin creerlo realmente, esconden su orgullo detrás de una falsa humildad.

- Ahora, yo sé que existe también la corriente opuesta, la de la “confesión positiva”. Allí se enseña a la gente a “confesar” que son sanos mientras se encuentran todavía postrados en cama; a “confesar” que son victoriosos cuando en realidad todo les sale mal; y a “confesar” que son santos cuando todavía están cautivos en una multitud de pecados. En ninguna parte de la Biblia se nos anima a hacer algo parecido. El cristiano verdadero puede llamarse “santo” porque esta es la realidad de su vida; pero Dios no dice al seudo-cristiano que se llame “santo” cuando no hay santidad en su vida. Pero este es otro problema que merecería otro artículo aparte.

Un cristiano es un santo

¿Existe una base bíblica para llamar “pecador” a un cristiano? El Nuevo Testamento es consecuente en esto: los cristianos se llaman “santos”, y los no cristianos se llaman “pecadores”. Pablo escribió sus cartas a los “santos” en Corinto, en Efeso, en Filipos, etc. No a los “pecadores en Corinto”. – A los romanos escribe claramente que un cristiano ha muerto al pecado:

“¿Qué diremos entonces? ¿Permanezcamos en el pecado, para que la gracia aumente? ¡No sea! Los que morimos para el pecado, ¿cómo viviremos todavía en él? (…) Así también ustedes: considérense a sí mismos muertos para el pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús.” (Romanos 6:1-2, 11)

En cuanto a los pecadores o “injustos”, la Escritura deja claro que estos no pueden ser verdaderos cristianos:

“¿O no saben que los injustos no heredarán el reino de Dios? No se engañen: Ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que cometen actos homosexuales, ni los ladrones, ni los codiciosos, ni los borrachos, ni los groseros, ni los asaltantes heredarán el reino de Dios. Y algunos [de ustedes] eran tales. Pero fueron lavados, fueron santificados, fueron justificados en el nombre del Señor Jesús y en el Espíritu de nuestro Dios.” (1 Corintios 6:9-10)

Más claramente no se puede expresar la diferencia abismal entre un “pecador” y un “justo” o “santo”. – De manera parecida leemos en Apocalipsis:

“El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo. Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:7-8)

¿Cómo entonces entendemos la parábola del fariseo y del publicano? – Ciertamente, Jesús no condena allí la búsqueda de la santidad. Al contrario, el publicano buscaba exactamente esto: perdón de sus pecados y restauración de su vida. Por eso, Jesús lo llama “justificado”. ¡No por ser pecador, pero por su arrepentimiento! Este mismo arrepentimiento hizo que el publicano dejase de ser un pecador y se convirtiese en un justo.
Lo que Jesús condena, es la justicia propia, o sea, el “confiar en sí mismo como justo”. E irónicamente, esto es exactamente lo que hacen los que se llaman “pecadores indignos”: Creen ser justificados por su propia demostración de (falsa) humildad, en vez de buscar la justicia que viene de Jesucristo.

Algunas preguntas y objeciones comunes

Los “pecadores indignos” suelen responder a la exposición de estas verdades con 1 Juan 1:8:

“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.”

¿Significa esto que el cristiano debe llamarse “pecador”? – De ninguna manera, y hay tres razones para negarlo:

1. El verso inmediatamente anterior afirma que “la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” (1 Juan 1:7) ¿Cómo seguirá siendo pecador alguien que acaba de ser limpiado de todo pecado? Más probable es que el verso 8 se refiere a los pecados cometidos antes de convertirse a Cristo. Es claro que cada cristiano tiene tales pecados en su vida, porque nadie nace cristiano.

2. Aun suponiendo que el verso se refiere a pecados actuales de un cristiano, ¿esto hace del cristiano un pecador? – No, porque enseguida se aplica el verso 9:

“Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.”

Entonces, aun si un cristiano comete un pecado, inmediatamente se va a arrepentir, va a confesarlo ante el Señor, y entonces el Señor lo limpia, y el cristiano queda nuevamente limpio del pecado. – Notemos que el Señor limpia no solamente “del castigo por la maldad”; ¡El limpia de la misma maldad!

3. Si seguimos leyendo unos versículos más, la intención del pasaje entero se hace clara. Desafortunadamente, en algún momento de la historia, algún escriba decidió insertar una separación de capítulos después de 1 Juan 1:10. Pero la separación en capítulos no es inspirada por Dios, y en este caso particular es muy desafortunada, porque rompe el contexto. Es que 1 Juan 2:1-6 explica el propósito de los versos anteriores:

“Hijitos míos, estas cosas les escribo para que no pequéis. Y si alguno hubiere pecado (o sea, si a pesar de todo un cristiano peca, aunque esto no es lo normal), abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. (…) Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él.” (1 Juan 2:1,3-4)

Es obvio entonces que Juan no escribió 1 Juan 1:8 como una excusa para que los cristianos sigan viviendo en pecado sin arrepentirse. Al contrario, lo escribió como parte de un consejo de cómo ser libres del pecado. Si alguien todavía duda de ello, que lea también 1 Juan 3:6-8:

“Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe: el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.”

- Otra objeción que escuché, viene desde Romanos 3:9-10:

“…pues ya hemos acusado a judíos y a gentiles, que todos están bajo pecado. Como está escrito: No hay justo, ni aun uno …”

“Ya ves”, dicen los “pecadores indignos”, “que no hay ningún justo en el mundo y que todos somos pecadores.”

Esta es una interpretación realmente horrorosa de este pasaje; una interpretación que desconoce completamente el contexto de Romanos, y que además niega la salvación efectuada por Jesucristo. Hay que leer los primeros tres capítulos de Romanos juntos y completos, y fácilmente uno entenderá el flujo del pensamiento: Pablo demuestra en estos capítulos a los no cristianos que son pecadores y que por tanto necesitan ser salvos. Aplicado a los no cristianos, sin duda es verdad que “todos son pecadores”. Pero Pablo no sigue diciendo: “… entonces todos permaneceremos pecadores indignos por el resto de nuestra vida.” Al contrario, él dice (parafraseado): “Por eso, porque eres pecador, ¡por eso necesitas a Jesucristo!” Y va explicando que por medio de la salvación en Jesucristo, el pecador puede dejar de ser pecador:

“Pero ahora, aparte de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, testificada por la ley y por los profetas; la justicia de Dios por medio de la fe en Jesucristo, para todos los que creen en él. Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús…” (Rom.3:21-24)

Entonces, si alguien se incluye entre los “pecadores” e “injustos” de Romanos 3:9-10, está diciendo que todavía no ha llegado a Romanos 3:24. O sea, que todavía no ha llegado a la fe en Jesucristo.

(Continuará)

Advertisement

Etiquetas: , , , , , , , , , ,

Deja un comentario

Fill in your details below or click an icon to log in:

Logo de WordPress.com

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Cambiar )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Cambiar )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Cambiar )

Connecting to %s


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.