En ocasión del “Mes de la Biblia”

Cada año en el mes de septiembre, muchas iglesias evangélicas siguen la tradición del “Mes de la Biblia”. Se desarrolla una actividad frenética de promoción, distribución, predicación, lectura y memorización de la Biblia, concursos Bíblicos, etc. Es muy recomendable ocuparse de la Biblia. Sin embargo, tengo algunas preguntas que hacer.


1. Cuando una cosa se celebra en exceso y con mucho esfuerzo de publicidad, siempre queda la sospecha de que se trate de una compensación. En otras palabras: Uno siente la necesidad de una celebración, porque de otro modo el objeto celebrado caería en el olvido. O también: Uno cumple con su deber para después poder olvidarlo por el resto del año. Algo así como unos muchachos que celebran el “Día de la madre” a lo grande y se soprepasan unos a otros con homenajes a su madre – para después poder olvidarse de la gratitud hacia ella por el resto del año. O sea, mi pregunta es esta: Si usted tiene cada año un mes de la Biblia, ¿entonces tiene once meses sin Biblia? ¿Lee Ud. realmente su Biblia en casa, durante todo el año? ¿No solamente para participar en un concurso o para agradar al pastor de su iglesia, no solamente para amontonar conocimientos, pero por un deseo personal de conocer mejor a Dios?
- Según mi propia observación, son muy pocos los evangélicos que hacen esto. Por tanto, me permito expresar esta sospecha: ¿Será que el mes de la Biblia sirva como oportunidad para hacer públicamente durante un mes, lo que no hacen en su cámara secreta durante el resto del año? ¿Para publicar a los cuatro vientos: “Nosotros creemos en la Biblia”, cuando en realidad y en su vida privada le dan muy poca importancia? O sea, justo lo contrario de lo que el Señor Jesús recomendó en Mateo 6:1-6 y 16-18.
No hay nada malo en promover actividades Bíblicas – mientras esto refleje el interés y estilo de vida diario de las personas que lo hacen. Pero si el estilo de vida diario está alejado de la Biblia, el “Mes de la Biblia” se vuelve una acción publicitaria sin contenido espiritual.


2. El Señor Jesús dijo también que el solamente leer y escuchar Sus palabras, no tiene provecho en sí mismo. Lo único que realmente nos beneficia, es el oir y hacer lo que El dice.

“¿Por qué me llaman: Señor, Señor, y no hacen lo que digo? Todo el que viene a mí y escucha mis palabras y las hace, les señalaré a quien es semejante: Es semejante a un hombre que edifica una casa, quien cavó y profundizó y puso el fundamento sobre la roca. Y cuando hubo una inundación y el río rompió contra aquella casa, no pudo sacudirla porque estaba fundamentada sobre la roca.
Pero el que escucha y no hace, es semejante a un hombre que edifica una casa sobre la tierra sin fundamento, contra la que rompió el río, y enseguida cayó, y el quebrantamiento de aquella casa fue grande.” (Lucas 6:46-49)

Parece que en el mundo evangélico hay un gran vacío acerca de esta enseñanza del Señor. En diversas reuniones evangélicas he leído estas palabras y he preguntado a los oyentes: “En esta parábola, ¿qué representa la roca?” – Casi siempre recibí inmediatamente la respuesta: “Al Señor Jesús.” Muy pocas veces recibí alguna otra respuesta; y casi ninguna vez la correcta. – Estoy horrorizado. El texto es tan claro – ¿y la gente no es capaz de entender lo que está escrito con palabras sencillas? ¿O ni se esfuerzan por entender, y repiten ciegamente lo que alguna vez su pastor ha dicho en una prédica? Y en este caso, ¿qué hará el Señor con esos predicadores que enseñan equivocadamente a Su pueblo?
Es cierto que existen otros pasajes bíblicos donde el Señor Jesus es comparado con una roca o con una piedra fundamental. ¡Pero esto no viene al caso aquí! En el pasaje citado, el Señor habla de algo diferente, y El lo dice con palabras muy claras. “El que escucha mis palabras y las hace…”, este es semejante a un hombre que fundamentó su casa sobre la roca. O sea, la roca aquí representa el hacer lo que Jesús dice.
¿Por qué no se enseña esto a los evangélicos? Es por eso que las iglesias están llenas de seudo-cristianos y falsos hermanos, que creen en la “gracia barata” (como diría Dietrich Bonhoeffer); que creen que pueden vivir como quieren y al final el Señor les perdonaría todo porque “solamente hay que creer”. – O creen que serán salvos por obedecer al pastor, y nunca han escuchado que la obediencia al Señor Jesús es mucho más importante que la “obediencia al pastor” (la cual no existe en la Biblia).

Tengo que hacer una pequeña aclaración aquí. Este artículo está escrito para lectores evangélicos, porque son ellos a quienes el Señor desea dirigir este mensaje en estos tiempos. Es que los evangélicos enseñan, por lo menos en teoría, que la Biblia es Palabra de Dios y que la Palabra de Dios es la máxima autoridad en la iglesia, por encima de todo lo que digan los teólogos y pastores y líderes de la iglesia. Por tanto, deseo que por lo menos algunos de ellos abran los ojos. Que se den cuenta de cuan lejos su práctica se ha alejado de su teoría, y que vuelvan al Señor. – Los católicos romanos, por el otro lado, tienen otra teoría. La iglesia católica romana enseña que la autoridad de la iglesia, de sus sacerdotes y maestros y del papa, está por encima de la palabra de Biblia. Por tanto, ellos ya tienen un fundamento diferente y me interesa muy poco lo que digan de este artículo, mientras no cambien de fundamento. Si un católico obedece a su pastor en contra de lo que dice la Biblia, solamente actúa consecuentemente de acuerdo a su religión. Pero si un evangélico hace lo mismo, está traicionando el fundamento de fe que confiesa en la teoría. Por eso es la respuesta de los evangélicos la que me interesa. Son ellos los que “dicen, pero no hacen”.

Veremos entonces algunos ejemplos de lo que dice el Señor. Esta es mi segunda pregunta para el mes de la Biblia: ¿Toma usted la Biblia en serio? Entonces examínese si está “haciendo” lo que está escrito.


“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo…” (Efesios 4:25)

La verdad es uno de los tesoros más preciados en los ojos del Señor. Por una simple mentira se dejaron engañar Adán y Eva, y les costó todo lo que tenían, incluso la vida. Por una simple mentira tuvieron que morir Ananías y Safira. Sin embargo, he conocido a muchos evangélicos que viven como si una pequeña mentira no importaría. Como aquella estudiante de teología que una vez cuidó a nuestros hijos, y para evitar que salieran de casa en la noche, les dijo: “No salgan, el cucu está afuera.” (El cucu es un espíritu maligno en el cual creen los habitantes de las alturas del Perú.). Ella quizás pensaba que se trataba solamente de una “medida educativa”; pero era una mentira, y una muy maligna además, porque infunde en los niños un temor injustificado a los malos espíritus, algo que no debe tener lugar en un cristiano. Nunca más dejé a nuestros hijos al cuidado de aquella estudiante, porque en un hogar cristiano no puede haber lugar para alguien que educa a los niños con mentiras. – O como aquel docente de teología, que una vez me pidió disculpas “por haberle alzado la voz”, pero no mencionó que en aquella ocasión él también me había dicho una mentira gorda. Si el “alzar la voz” fuese pecado, Jesús mismo hubiera pecado muchas veces, porque El alzó la voz en muchas oportunidades. De eso no había necesidad de pedir disculpas. Pero el verdadero pecado, la mentira, le importaba muy poco a aquel teólogo.

El libro de Apocalipsis nos informa acerca del destino de los mentirosos:

“Pero los cobardes e incrédulos, los abominables y homicidas, los fornicarios y hechiceros, los idólatras y todos los mentirosos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre, que es la muerte segunda.” (Apocalipsis 21:8)

Ante los ojos de Dios, los mentirosos están en la misma categoría como los idólatras y los asesinos. Usted que se llama evangélico, no me diga que usted es “salvo por la fe” y por tanto puede mentir. La fe se demuestra en una vida cambiada (Romanos 6:1-2, 12-14, Santiago 2:14-17, 1 Juan 3:3-8). Si usted es un mentiroso y no le importa, entonces usted no tiene la fe de la que hablaron Jesús y Sus apóstoles.

Ahora mismo, muchos de los que leen y escuchan esto, tendrían que temblar de temor ante estas palabras en Apocalipsis. Pero las pasan por alto como si nada hubiera sucedido, porque no toman en serio estas palabras. Pero ¿cómo puede Ud. llamarse creyente, y no tomar en serio lo que el Señor dice? Con esto demuestra que en realidad usted no cree lo que está escrito; o sea, !usted es un incrédulo! Y así ya cumple una condición más para ser lanzado al lago de fuego.

No soy yo quien digo esto; es el Señor mismo quien lo dice. Yo no tengo ningún interés en ver a alguien lanzado al lago de fuego; y estoy seguro que el Señor mismo tampoco lo desea. Exactamente por esta razón estoy difundiendo este mensaje: porque deseo que usted sea salvo de verdad. Deseo que usted no crea en los cuentos engañosos de salvación barata, los que algunos pastores predican solamente para aumentar la membresía de su iglesia. Deseo que usted entienda que el Señor Jesús le ofrece una verdadera liberación del pecado – no solo del castigo por el pecado. “Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. … Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. … Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” (Juan 8:32-36)


“Cuando a Dios haces promesa, no tardes en cumplirla; porque él no se complace en los insensatos. Cumple lo que prometes. Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas. No dejes que tu boca te haga pecar, ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se enoje a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?” (Eclesiastés 5:4-5)

¿Le gusta hacer promesas a Dios? “Señor, te serviré por toda mi vida…” “Señor, desde ahora seré un mejor esposo, un mejor padre…” ¿Y ha cumplido usted sus promesas? – El pasaje citado le dice que piense mejor antes de hacer una promesa. ¿Realmente puede Ud. cumplir lo que promete? ¿Tiene Ud. siquiera la intención de cumplirlo? Si este no es el caso, mejor no haga la promesa, porque Dios toma en serio las promesas. Tanto las suyas como las de Ud. Si Ud. no cumple sus promesas, Dios le llama un insensato; y El puede enojarse contra Ud. y destruir la obra de Ud. Esto es lo que El mismo dice aquí.

En esta cuenta caen también aquellos predicadores que inducen a la gente a hacer “promesas” o “pactos” ante Dios. Muchas veces se trata de promesas o pactos que Dios nunca dijo que hagamos: “Ven adelante y haz tu promesa, que darás tanto dinero a esta obra…” – ¿Cuándo y dónde dijo Dios que hagamos promesas como esta? Al contrario, El nos advierte a cuidarnos y ser prudentes, para que no nos enlacemos con nuestra propia boca. “Mejor es que no prometas” … Los predicadores que inducen a la gente a hacer promesas imprudentes, se hacen culpables a tentarlos a cometer este mismo pecado.

¿Y qué diremos de las promesas que nos hacemos unos a otros? Bien, Ud. podría decir que eso no es tan serio como hacer una promesa a Dios; pero ¿qué dice el Señor? “De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:40). Entonces, prometer algo a un hermano es lo mismo como prometer algo al Señor, y lo dicho aplica aquí también. No le diga ligeramente a su hermano: “Te aseguro que mañana te traeré este trabajo hecho”, si apenas tiene tiempo para hacerlo la siguiente semana. No le diga: “Mañana te pagaré”, si no tiene realmente la intención y la posibilidad de hacerlo.

¿Por qué Dios es tan tajante en estos asuntos del hablar la verdad y del cumplir las promesas? – Es que Su propio carácter depende de ello. Dios mismo es perfectamente verdadero, nunca miente, y nunca quebranta una promesa. Y El quiere ser conocido como tal – por medio de Su pueblo. ¿Dónde quedaría nuestra fe, si Dios fuera incumplido? ¿Qué tal si usted llega a la puerta del cielo y dice: “Aquí estoy, un discípulo de Jesucristo”, y el Señor revisa los libros y dice: “Lo siento, tal vez te prometí la entrada sin pensar mucho, pero ahora tu asiento ya está ocupado por otra persona”? – Sería horroroso tan solo pensar algo así del Dios Santo, Justo y Verdadero. Sin embargo, esto es lo que sucedería si Dios actuase igual como la mayoría de los evangélicos actuales. “Tener fe” significa “confiar”. ¿Cómo podríamos confiar en un Dios que quebrante Sus promesas a su antojo? Esto destruiría completamente el carácter de Dios y nuestra confianza en El. Pero de esta manera representa el pueblo evangélico actualmente a Dios: como una persona incumplida, inconstante, indiferente hacia la verdad, que actúa como se le da la gana y que no tiene principios. (Incluso un empleador evangélico me dijo una vez: “Ya no quiero contratar a trabajadores evangélicos; ellos son los más incumplidos de todos.”) En la vista de esto, ¿no se pondrá Dios celoso por la reputación de Su nombre?
Dios quiere ser conocido como el Dios veraz, honrado y cumplido que El es en realidad. Y por eso El quiere que Su pueblo sea también gente de confianza. Gente que no tenga necesidad de jurar o de hacer promesas, porque sus prójimos saben que pueden confiar en su simple palabra; que su Sí es Sí y su No es No. (Mateo 5:37)


“No harás injusticia en el juicio, ni favoreciendo al pobre ni complaciendo al grande; con justicia juzgarás a tu prójimo. No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová. No aborrecerás a tu hermano en tu corazón; razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.” (Levítico 19:16-17)

Otro asunto espinoso en las iglesias: los asuntos de justicia y de relaciones personales entre los miembros. ¿Cómo se manejan estos asuntos en la iglesia de Ud.? ¿Es su administración de justicia siquiera al nivel del sistema mundano de justicia – ni hablar de los estándares de Dios que son más altos? En la justicia mundana, por lo menos se da a ambas partes la misma oportunidad de pronunciarse y ser escuchados; se hace una investigación de los hechos; y se toman medidas para que los investigadores y los jueces sean imparciales. Si la iglesia de Ud. tiene que juzgar sobre un asunto contencioso: ¿toma en cuenta siquiera estos principios fundamentales de justicia? – No sucedió así en las iglesias que conocí (¡y conocí de cerca un centenar de ellas!) En lugar de ello, las faltas de líderes institucionales contra sus miembros fueron juzgadas por otros líderes de la misma institución, y las instancias superiores por lo general se negaron a recibir una apelación. En la mayoría de los casos que he tenido que presenciar, no se han interrogado testigos ni se ha hecho una investigación de los hechos. En lugar de ello, se reunía una comisión de personas involucrados ellos mismos en el asunto (o sea, de ninguna manera imparciales), quienes ya habían hecho su decisión de antemano; o aun peor, un solo líder decidía arbitrariamente. Y las decisiones tomadas no tenían nada que ver con justicia y verdad. El propósito era simplemente mantener una apariencia de paz, y evitar que se siga hablando acerca del asunto. Daba igual si se trataba de un simple altercado personal, o de un delito como robo, falsificación, malversación de fondos o abuso sexual.

En algunos círculos evangélicos parece prevalecer una mentalidad que dice: “Podemos hacer las cosas como sea, porque estamos bajo la gracia y al final Dios nos va a perdonar todo.” Por eso, sus estándares de justicia y verdad son todavía inferiores a los estándares del mundo incrédulo. Pero Dios dice que El mide Su iglesia con estándares más elevados que los del mundo:

“¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo ha de ser juzgado por vosotros, ¿sois indignos de juzgar cosas muy pequeñas? … ¿Pues qué, no hay entre vosotros sabio, ni aun uno, que pueda juzgar entre sus hermanos …?” (1 Cor.6:1-6) – Los corintios tenían la misma situación. No eran capaces de administrar ni la menor justicia en medio de ellos mismos; y por tanto, con cualquier pleito recurrían a los jueces mundanos, “los de menor estima en la iglesia”. El apóstol Pablo se indignó sumamente ante esta situación. (¿Por qué los líderes evangélicos actuales no se indignan de la misma manera?) – Algunos ven en este pasaje solamente una exhortación a no tener juicios contra hermanos. Pero el mayor énfasis de Pablo está en el hecho de que los cristianos deberían ser capaces de juzgar estos asuntos entre ellos mismo con justicia. Puesto que no eran capaces de ello, demostraron que no merecían llevar el nombre de “santos”, ¡y por tanto no podían esperar entrar al reino de Dios (1 Cor.6:9-10)!

Pero volvamos al pasaje de Levítico que citamos arriba. Hay más allí: “No andarás chismeando entre tu pueblo … razonarás con tu prójimo…” – Todo este pasaje tiene que ver con el mismo problema: como actuar cuando hay un conflicto entre miembros del pueblo de Dios. Primero se mencionan algunas reacciones equivocadas: “No andarás chismeando”, o sea, no vaya a contarlo a todo el mundo para que se pongan del lde de usted (mientras la persona que causó el conflicto, quizás ni siquiera está consciente de que cometió una ofensa). “No atentarás contra su vida”, o sea, no planee su propia venganza. (Romanos 12:19 dice que el Señor mismo hará venganza.) “No aborrecerás a tu hermano en tu corazón”, o sea, no guarde el asunto para usted mismo sin decir nada. – En muchas iglesias se predica exactamente esto como una manera especialmente “santa” de actuar: “Si tu hermano te ha ofendido, perdónale y olvídalo.” “Tienes que amar a tu hermano, por tanto no debes decir nada en contra de él.” – ¡Pero esto no tiene nada que ver con verdadero amor! Al contrario, el verdadero amor desea que el hermano tenga su vida arreglada ante Dios, y por tanto se atreve a reprenderlo cuando es necesario.
Jesús mismo reprendió muchas veces a la gente. No solamente a sus enemigos, sino también a sus propios discípulos, a quienes amaba profundamente. El detalle es que él los reprendió abiertamente. Esta es la reacción correcta que se menciona allí en Levítico: “Razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado.” O como Jesús mismo dice en Mateo 18:15-17: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.” – El que no reprende el pecado, se hace cómplice del pecado. El Señor quiere que el pecado se trate abiertamente, en la luz. Así existe la posibilidad de que el asunto se pueda arreglar. – Como continúa el asunto si no se arregla, se puede leer en Mateo 18; no entraré ahora en los detalles.

¿Obedece usted a lo que está escrito aquí? ¿Obedece el liderazgo de su iglesia a lo que está escrito?


“Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!” (2 Juan 9-10)

“Casa”, en el lenguaje bíblico, significa “familia”. Este mandamiento se preocupa por la integridad espiritual de la familia. Tiene implicaciones importantes para la familia de usted.
- Ahora, mi preocupación no es tanto que un evangélico invite a su casa a un “mormón” o a un “testigo de Jehová” para que enseñe a toda su familia, incluido a los niños. No conozco a ningún evangélico que haría esto. (Como tampoco invitarían a tales personas a enseñar en la reunión de niños de su iglesia.) – Pero ¿adónde envía usted a sus hijos cinco días por semana, seis, siete u ocho horas al día? ¿No es a una escuela secular, donde la mayoría de los profesores no tienen ninguna fe en Cristo? Esto es aun peor que invitar a un falso maestro a la casa; porque afuera de la casa usted no tiene ninguna posibilidad de influenciar o proteger a su hijo.
Ahora me dirán que esto no es lo mismo; que aprender a leer, escribir y calcular no es lo mismo como aprender una falsa doctrina. Pero vamos a ver que sí es lo mismo: Ninguna materia se puede enseñar en un vacío, de manera “neutral”. No se puede enseñar a leer sin material de lectura. Y el material de lectura enseña valores, actitudes, creencias y doctrinas. Quizás no muy abiertamente, pero las enseña. Y los comentarios del profesor añaden a esta doctrina. Si esta no es la doctrina de Cristo, ¿qué doctrina será? Obviamente una doctrina diferente, y por tanto, una doctrina falsa. (Actualmente, los materiales de lectura para niños se llenan cada vez más de leyendas paganas y ocultistas. ¿Esto no le preocupa a usted? ¿Siquiera sabe usted lo que leen sus hijos en la escuela?) – Lo mismo aplica a materias como historia, ciencias, y aun a la matemática.
He escrito más extensamente sobre estos asuntos en “Cosmovisión cristiana y educación escolar”, por tanto me limitaré aquí a unos pocos ejemplos:

¿Acaso no es en la escuela donde los niños aprenden que la vida no es creación de Dios; que se originó por casualidad y que somos parientes del mono?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños aprenden que lo más importante en la vida son las cosas materiales, el progreso en la carrera profesional y un buen sueldo?

¿Acaso no es en la escuela donde muchos niños escuchan de sus profesores que Dios no existe, o que si existe es malo?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños aprenden a sobornar a ciertos profesores para recibir mejores notas? ¿y a engañar en los exámenes, a mentir, y a cometer otros actos deshonestos?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños se acostumbran a despreciarse unos a otros, a burlarse e insultarse entre ellos, a reírse de los débiles y a dejarse oprimir por los fuertes? ¿y no sucede todo esto incluso con el apoyo de ciertos profesores?

¿Acaso no es en la escuela donde los niños se encuentran con compañeros que los inducen a consumir drogas, a tener relaciones sexuales, a apartarse de la fe?

En las escuelas de los Estados Unidos se hace más y más común, realizar oficialmente ritos paganos y experimentos ocultistas con los alumnos. Esto también lo veremos con más y más frecuencia aquí en América Latina, porque la política educativa aquí sigue la misma corriente.

Todas las abominaciones del mundo, todo lo que la iglesia no permitiría al diablo hacer ni por una hora en su clase de niños, se lo permite hacer por treinta o cuarenta horas por semana, en el nombre de este ídolo llamado “educación”. Los afectados son los niños y jóvenes, que casi todos terminan su educación secundaria hechos ateos o paganos. – Y de esto ni siquiera se salvan las escuelas evangélicas; porque muchas de ellas contratan a profesores no cristianos, y enseñan las mismas doctrinas falsas como las escuelas seculares.

Ya conozco las excusas: “Pero quiero que mis hijos tengan mejores posibilidades en la vida.” – O sea, usted ha caído en la mismo idolatría como los profesores de sus hijos, creyendo que el progreso material es lo más importante en la vida. Usted has olvidado las palabras del Señor que dice: “¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma?” (Mateo 16:26)
- “Pero no hay escuela cristiana donde yo vivo.” – Si los cristianos se preocuparan de verdad por estos asuntos, ¡desde hace tiempo ya habría una! Y si a usted le preocupa, empiece a hacer algo.
- “¿Pero acaso es tan importante esto? No hay que ser tan legalista.” – Quien dice esto, demuestra una vez más que no toma en serio la Palabra de Dios; o sea, que en realidad es un incrédulo. Los primeros cristianos murieron como mártires por cosas aun menos importantes. Por ejemplo, por negarse a derramar un poco de vino a los pies de una estatua del César. “No seas tan legalista”, habrán dicho los soldados romanos a aquel infeliz cristiano, “¿por qué quieres perder tu vida por una cosa tan insignificante? Es solamente un poquito de vino. Derrámalo, y después puedes ir otra vez a adorar a tu Cristo. No seas tan terco, obedece a la autoridad.” – Pero los cristianos se negaron tajantemente y pagaron con su vida. ¿Por qué? Es que ellos estaban muy conscientes de que esto sería un acto de idolatría. – ¿Cómo respondía Dios? ¿Dijo El también: “Eres un legalista, estás desechando tu vida por gusto, tu muerte es en vano?” Al contrario. Dios daba tanto poder al testimonio de estos mártires, que muchos de los espectadores eran convencidos a seguir a Cristo también; aun si esto podía significar su propia muerte.
Lo que sucede en las escuelas seculares, es no solamente un único acto de adoración: es una indoctrinación permanente en el sistema de adoración a los ídolos de este mundo, el materialismo, el ocultismo, el estado y el gobierno mundial. Pero a diferencia de los primeros cristianos, los evangélicos actuales siguen estas corrientes sin siquiera cuestionar. ¿Está también usted sacrificando a sus hijos sobre el altar del falso dios “educación”?


“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes.” (Deuteronomio 6:6-7)

Estos versos hablan de la clase de educación que un padre cristiano debe brindar a sus hijos. ¿Quién de ustedes habla diariamente con sus hijos acerca de la palabra de Dios? ¿Quién de ustedes relaciona los quehaceres diarios en familia con los mandamientos y principios de Dios?
Hay muchas formas como se puede hacer esto. Se puede simplemente leer la Biblia, capítulo por capítulo, con la familia reunida, y dar unas explicaciones para que todos entiendan. O se puede preguntar en cada situación de la vida diaria: ¿Qué dice Dios acerca de esto? – y buscar respuestas en la Biblia. O se puede ocuparse todo el día de un solo versículo: leyéndolo, memorizándolo, y buscando juntos nuevas aplicaciones y explicaciones del mismo verso, cada vez que la familia se reúne durante el día.

Pero aquí está el problema: muchas familias actuales no tienen ni un solo momento para reunirse durante el día. Quizás dirán que no pueden: que los hijos están en la escuela (de eso ya hablamos arriba), que papá tiene que trabajar hasta tarde, etc. – Pero Dios dice que Sus mandamientos no son difíciles (1 Juan 5:3). Entonces, si decimos que no los podemos cumplir, el error es nuestro. Muchas familias tienen prioridades equivocadas: carrera y dinero primero, los mandamientos de Dios último. ¿Cómo puede alguien decir que ama a Dios, si pone en último lugar lo que Dios pone primero? En la lista de prioridades de Dios acerca de la educación, la educación cristiana en familia es primero, y la educación escolar es último. – Otras familias lo tienen así: la iglesia primero, la familia último. Esto también es muy equivocado: La familia es la base de la iglesia; entonces si las familias se desintegran, la iglesia se desintegra también. La iglesia del Nuevo Testamento no era ninguna institución; era una familia extendida. Pero la iglesia de usted, ¿une las familias o las separa aun más? ¿Su iglesia se reúne como familia extendida, o en grupos separados por edades? ¿Su iglesia anima a las familias a pasar tiempo juntos, o les impone una pesada carga de reuniones afuera de la casa?


“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado…” (Mateo 28:19-20)

Esta es la “gran comisión” del Señor a Sus discípulos, que a menudo se cita en las iglesias contemporáneas. Pero la tradición evangélica ha oscurecido algunos aspectos muy importantes de este gran mandamiento:

Jesús dijo “Id”; pero las iglesias actuales dicen “Vengan a nosotros”. Jesús nos encargó ir adonde están los perdidos, testificar allí mismo de El y demostrar allí mismo Su poder. ¿Hace usted esto? ¿O dice usted, como muchos: “Ven a nuestra iglesia, escucha a nuestro pastor, y allí conocerás a Dios”? – Así usted ganará a muchos “seguidores de su iglesia”, pero a muy pocos seguidores de Cristo. La gente necesita ver y encontrar a Cristo en nuestra vida diaria, allí donde están ellos. Si no lo encuentran allí, difícilmente lo encontrarán en nuestras reuniones religiosas. Más probable es que encontrarán un sistema religioso hecho por hombres, y se unan a este sistema, sin tener ninguna relación personal con Cristo.
He aquí un dato que debería llamarles la atención: En todo el Nuevo Testamento no se encuentra ninguna invitación a los incrédulos, que “vengan a la iglesia”.

Jesús dijo “Haced discípulos”; pero las iglesias actuales dicen “Haced convertidos” o “Haced miembros”. Aunque muchas tienen algún programa con el nombre de “discipulado”, estos programas tienen poco en común con el “programa” de Jesús con Sus discípulos. Algo sobresaliente en el “discipulado” de Jesús es que El vivía junto con sus discípulos, las 24 horas del día. ¿Cuál programa actual de “discipulado” hace esto? Muy pocos. La mayoría de estos programas se asemejan más a una escuela: Reuniones formales en ciertos días de la semana, a ciertas horas, y de vez en cuando un “retiro” especial. ¡Jesús no tenía ninguna “escuela” con Sus discípulos! No tenía clases formales, no tenía enseñanzas preparadas ni separatas ni libros, no tenía horarios. Los “momentos espiritualmente poderosos” no sucedieron en “reuniones” o “retiros”. Al contrario, sucedieron en la vida diaria. Muy a diferencia de los programas actuales de las iglesias. (Aquí vemos otra vez hasta tal punto el sistema secular de “educación” ha invadido a las iglesias: de tal manera que sus programas de “discipulado” se parecen más a una escuela secular moderna que a la vida de Jesús con Sus discípulos.)
Además, el discipulado de Jesús se enfocaba en el “ser” y en el “hacer”, no en el “saber”. Le importaba muy poco lo que Sus discipulos “sabían”; pero le importaba mucho la manera como vivían. Un discípulo es alguien que vive como Jesús vivía. “El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo.” (1 Juan 2:6). ¿La iglesia de usted produce tales discípulos? ¿Es usted mismo un tal discípulo?

Jesús dijo “…que guarden todas las cosas que os he mandado”, pero las iglesias actuales dicen: “Pueden vivir como quieren, el Señor les perdonará todo.” – Algunas otras dicen: “Guarden todas las cosas que los líderes de la iglesia mandan.” – Así o así, se desprecian los mandamientos del Señor, y en su lugar se enseñan mandamientos de hombres.


“Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.” (Hechos 2:42-47)

Este es el modelo original de la iglesia de Jesucristo. Este es ejemplo que Dios puso a partir del día de Pentecostés, cuando la iglesia cristiana funcionaba todavía según el plan de Dios. Compare su iglesia con este modelo: ¿coincide?

Dos veces se menciona aquí “el partimiento del pan en las casas”. ¿Qué es esto? – Primero y sencillamente lo que dice: Compartían el pan y comían juntos; probablemente varias familias cristianas juntas en la casa de una de ellas. Pero ademas sabemos que el Señor Jesús no dio un mandamiento especial acerca del partimiento del pan: “Haced esto en memoria de mí.” – Entonces los primeros cristianos, cuando comían juntos, a la vez recordaban la muerte y la resurrección del Señor. Esta comida se remonta a la Pascua judía. La Pascua se celebraba en familia, bajo la dirección del padre de la familia. De la misma manera se reunían los primeros cristianos para compartir comida y recordar la muerte y resurrección, guiados por un padre de familia.

Además leemos que comían “con alegría y sencillez de corazón”. ¿Qué es esto? – Había una transparencia y sinceridad entre ellos; nada de apariencias; nada de motivos ocultos. Nada de protocolos y tradiciones; nada de distinciones y títulos como “doctor”, “pastor”, “reverendo”… Ellos eran “de un corazón y un alma” (Hechos 4:32).

¡Cuán diferente es lo que hoy se llama la “santa cena” o la “cena del Señor”! Primeramente, ya no es una comida. Es solo un ritual estéril, y normalmente es la parte de la reunión donde usted se siente más incómodo. Cada uno teme romper el protocolo con decir una palabra equivocada o hacer un movimiento equivocado. Entonces el pastor dice que cada uno se examine, y usted se acuerda de algún pecado no arreglado y piensa: “Tengo que confesarlo para poder tomar la cena tranquilamente” – pero la semana siguiente usted vuelve a cometer el mismo pecado. O usted se recuerda de algún hermano con quien tuvo una disputa recientemente, y usted piensa: “Tengo que acercarse a ese hermano para abrazarlo.” Aunque no le gusta hacerlo, pero por obligación lo hace. En realidad no cambió nada en su relación con él; si se vuelven a ver en la calle, siempre no se hablan … pero por la solemnidad del momento se sienten obligados a escenificar una “reconciliación” ante la iglesia reunida. Así es la “santa cena” hoy, ¿no cierto?

En la primera iglesia había también “comunión unos con otros”. ¿Qué es esto? – Sentarse lado a lado durante una reunión, todavía no es “tener comunión”. Una verdadera comunión es algo mucho más personal y profundo. ¿Conoce usted realmente a las personas con quienes se reúne semanalmente para un servicio religioso? ¿Está usted enterado de lo que Dios hizo durante los últimos días en la vida del hermano que se sienta a su lado? ¿Conoce usted la necesidad más grande de su hermano al otro lado? ¿Comparte usted su gozo, sus tristezas, sus luchas? ¿Está usted involucrado en su vida de alguna manera espiritualmente edificante?
En la primera iglesia vemos a un grupo de cristianos que se alegraban de corazón al verse unos a otros. – No solamente la sonrisa y el “Dios te bendiga” exigidos por el protocolo. No, eso era de corazón. – Ellos se interesaban genuinamente por la vida espiritual unos de los otros. Se visitaban unos a otros en sus casas para compartir las cosas profundas que Dios hacía en sus vidas, y para compartir la cena del Señor. (No necesitaban a ningún “ministro” para hacer eso.) – ¿Cuándo fue la última vez que usted hizo esto – no por encargo del liderazgo, pero por iniciativa propia? ¿Siquiera se puede hacer esto en la iglesia de usted?

Leemos también de la ayuda mutua y del apoyo a los necesitados. Allí estaba la prioridad financiera de la primera iglesia. ¿Cuánto dinero se invierte en la iglesia de usted para ayudar a los necesitados? – En comparación con esto, ¿cuánto se invirtió en el local donde ustedes se reúnen? ¿y en el equipo de sonido? ¿y en la oficina y en el carro del pastor? ¿Está usted invirtiendo en las mismas cosas como la primera iglesia, o en cosas que ellos ni siquiera tenían?

Podríamos seguir examinando este relato en el libro de Hechos, pero me detendré aquí. En cada versículo encontraríamos suficientes razones para postrarnos ante el Señor en arrepentimiento y vergüenza, porque la primera iglesia era tan radicalmente diferente de las iglesias actuales. Si usted toma la Biblia en serio, usted querrá volver a la iglesia tal como era en el principio. ¿Tiene usted siquiera este deseo?

- Ahora necesito advertir contra un malentendido. Algunos podrían pensar: “Entonces tenemos que cambiar todo el programa de nuestra iglesia; tenemos que comer juntos en las casas, tenemos que tomar la cena del Señor en las familias, tenemos que vender nuestras propiedades, y entonces seremos como la primera iglesia.” – No, ¡esto no va a funcionar! Esto produciría solamente nuevos rituales sin vida, sin ganas y no de corazón. Si usted toma las palabras del Señor de esta manera legalista, no está comprendiendo lo que El quiere decir. El secreto de la primera iglesia radica en la clase de personas que ellos eran. El Señor había cambiado sus vidas. Todo lo que leemos en el libro de Hechos, fluía naturalmente desde esta vida nueva. Entonces, la reacción correcta a estas palabras sería esta:
Deseo ser una persona como los primeros cristianos. Arreglaré mi vida ante Dios. Buscaré al Señor para nacer de nuevo. Necesito un nuevo corazón. Quiero que el Señor me libere del pecado. – Y cuando el Señor responda, todo lo demás vendrá naturalmente.

- Esta fue solamente una colección muy pequeña de pasajes bíblicos. Hay mucho más para descubrir y para examinar: ¿Toma usted la Biblia en serio?


3. Todavía tengo una tercera pregunta acerca del “Mes de la Biblia”: ¿Quiénes son los que lo promueven? – La gente que está detrás del “Mes de la Biblia”, ¿toman ellos mismos la Biblia en serio?

La Biblia dice de sí misma que ella es inspirada por Dios y sin error.
“Las palabras del Señor son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces.” (Salmo 12:6)
“Toda la Escritura es inspirada por Dios…” (2 Tim.3:16)

Así lo declaran también las declaraciones de fe de casi todas las iglesias evangélicas.

Sin embargo, los mismos teólogos que promueven el “Mes de la Biblia”, ¡no creen esto! Incluso la mayoría de los teólogos evangélicos no lo creen.

Quienes más promueven el “Mes de la Biblia”, son las “Sociedades Bíblicas Unidas” (SBU) y sus sociedades nacionales afiliadas. Esta misma organización promueve en sus comentarios, manuales y talleres la teología de la “Alta Crítica”. Esta es una teología falsa que se originó en Alemania en el siglo XIX. Desde allí, los teólogos académicos extendieron esta falsa enseñanza sobre el mundo entero. Esta teología dice, en esencia:

- que la Biblia es un libro humano que tiene errores. Por tanto, hay que estudiarla “críticamente”.
- que la doctrina Bíblica fue inventada por hombres.
- y que por tanto no hay que tomar la Biblia tan en serio.

¡Es POR ESO que la mayoría de los cristianos hoy ya no creen, ni hacen, lo que dice la Biblia!

Mencionaré solamente unas cuantas citas de lo que enseñan las Sociedades Bíblicas Unidas, para que usted vea la verdadera actitud de ellos hacia la Biblia. Estas citas son de unas obras muy ampliamente difundidas entre los pastores de América Latina:

“(El pueblo de Israel) estaba constituido por varias tribus que no llegaron a unificarse sino hasta que David estableció un estado monárquico con Jerusalén como capital. Las fuentes históricas relativas a esa época son muy fragmentarias, lo que nos impide conocer en todos sus detalles los orígenes del pueblo hebreo.” (p.13)
Biblia de Estudio “Dios habla hoy” (Sociedades Bíblicas Unidas, Colombia 1994), p.13

Si usted conoce la Biblia, entenderá a primera vista que el autor de esta cita está muy equivocado. Seguramente usted ha leído que las doce tribus de Israel vivían juntos en la esclavitud en Egipto, salieron juntos de allí bajo el liderazgo de Moisés, conquistaron juntos la Tierra Prometida bajo el liderazgo de Josué – mucho tiempo antes de David. Pero el teólogo de las Sociedades Bíblicas no está de acuerdo con eso. Dice que las doce tribus no se unificaron antes del tiempo de David. ¿Cómo llega este teólogo a su opinión? – Dice: “Las fuentes históricas … son muy fragmentarias.” – Entonces, ¿este teólogo no conoce los libros de Exodo, de Números, de Josué? – Claro que los conoce. Pero – y aquí está el punto – él no los reconoce como fuentes históricas. Es que para los teólogos críticos, la Biblia no es una fuente histórica. Ellos la consideran como una colección de cuentos inventados. Por eso, los teólogos críticos alteran y cambian toda la historia de Israel. De esta corriente crítica son los teólogos de las Sociedades Bíblicas.

Los teólogos críticos dicen también que los autores bíblicos nunca hayan tenido la intención de escribir un libro inspirado:

“Cuando ellos escribían (los autores del NT), ni siquiera soñaban que aquello que producían tenía, o llegaría a tener, la autoridad de los escritos sagrados que leían en la sinagoga… Poco a poco, los cristianos fueron reconociéndoles a esos textos autoridad privilegiada para la vida de la iglesia…”
“Descubre la Biblia – Manual de Ciencias Bíblicas” (
Sociedades Bíblicas Unidas, Colombia 1998), p.174-175

Así las Sociedades Bíblicas siembran dudas acerca de la autoridad del Nuevo Testamento. El apóstol Pablo sabía muy bien que su mensaje le fue encomendado por Dios mismo (Gál.1:11-12, 1 Tes.2:13). Pedro llama las cartas de Pablo “(sagrada) Escritura” (2 Pedro 3:15-16). Todos los apóstoles habían recibido su misión desde la misma boca de Jesús: “Id por todo el mundo, y predicad el evangelio a toda criatura … enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado” (Marcos 16:15, Mateo 28:20). Entonces, ellos sabían muy bien que estaban escribiendo la Palabra de Dios.

- Pero según los teólogos críticos, esto no puede ser. Es que, si la Biblia fuera inspirada, entonces tendríamos que tomarla en serio y obedecerle – ¡qué horror para los teólogos críticos! Por eso, ellos enseñan aquí lo mismo que la iglesia católica romana: que la Biblia tenga autoridad solamente porque la iglesia le concedió autoridad. Ellos enseñan que la Biblia por sí misma no tiene autoridad. Entonces la iglesia podría reconocer o rechazar la Biblia según su antojo. Con su enseñanza, los teólogos de las Sociedades Bíblicas están traicionando las declaraciones de fe de casi todas las iglesias evangélicas.

Y efectivamente, las Sociedades Bíblicas Unidas no son ninguna organización evangélica. Ellos son una organización ecuménica, o sea, que busca el trabajo conjunto de evangélicos con católicos. Ahora, tenemos que entender que la iglesia católica nunca puede revocar o contradecir sus doctrinas. Entonces, para que tal trabajo conjunto funcione, siempre son los evangélicos quienes tienen que adaptarse a la postura católica, nunca al revés.

Algunos colaboradores y simpatizantes de las Sociedades Bíblicas han negado vehementemente estos hechos al ser confrontados. Parece que, a pesar de su postura ecuménica, están muy interesados en ser reconocidos como evangélicos. Por tanto, aquí nuevamente las pruebas de que las SBU son efectivamente una organización ecuménica:

- La misma página web oficial de las SBU en inglés testifica del involucramiento ecuménico de las SBU. Bajo el título “Una breve historia de las Sociedades Bíblicas Unidas”, dice lo siguiente (lectura de la página web en 2004):

“… Pronto hubo otras Sociedades Bíblicas nacionales celosas por operar en una dimensión internacional. … Sus miembros vinieron de iglesias anglicanas, luteranas y reformadas, y en algunos países también de las iglesias ortodoxas (Grecia, Rusia) y de la iglesia católica romana (Malta, Rusia, Alemania).
… En 1946, delegados de 13 países se reunieron en Haywards Heath, Inglaterra, donde las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU) fueron fundadas. … También estuvo representado el Consejo Mundial de Iglesias.
… También en unión estrecha con las SBU está trabajando la Federación Bíblica Católica, que ha cooperado en formular varios documentos de posición en mutuo acuerdo, el más importante de los cuales fue “Principios guía para la cooperación interconfesional en la traducción de la Biblia (1968, actualizado en 1986).”

- Lo mismo es confirmado por el ecuménico Consejo Mundial de Iglesias (CMI), la organización mundial del movimiento ecuménico. (Esta organización busca la unidad no solamente con la iglesia católica, sino hasta con las religiones paganas. En cada una de sus asambleas mundiales realizan uno o varios ritos paganos.) En un reporte especial de su 8va asamblea mundial en Harare, Zimbabwe (Diciembre de 1998), dice:

“La asamblea del CMI … reconoció a cinco organizaciones como Organizaciones Internacionales Ecuménicas en relación de colaboración con el CMI: la Frontier Internship in Mission, la Coalición Ecuménica de turismo al Tercer Mundo, la YWCA mundial (Asociación Cristiana de Mujeres Jóvenes), las Sociedades Bíblicas Unidas, y la Asociación de Colegios y Universidades Cristianas.”
(Fuente: Página web del CMI, lectura de 2004)

- Las mismas obras teológicas arriba citadas testifican de su autoría conjunta de evangélicos y católicos. La Biblia de estudio “Dios habla hoy” tiene en su primera página la aprobación y recomendación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM). El manual “Descrubre la Biblia” contiene capítulos escritos por diversos autores, tanto evangélicos como también católicos.

Por tanto, tengo que hacer esta pregunta ante el “Mes de la Biblia”: Aquellos que lo promueven, ¿tienen siquiera la autoridad moral y espiritual para promover la Biblia? ¿O están incluso usando esta oportunidad para difundir aun más su falsa teología modernista de la Alta Crítica?


En conclusión, hay dos maneras muy distintas de tratar con la Biblia. Unos la ven simplemente como un libro que es parte de las costumbres de la iglesia. Lo leen, lo escuchan, lo venden, quizás hasta lo memorizan – pero no le obedecen. Ellos celebrarán el “Mes de la Biblia” como una tradición evangélica más; un evento publicitario y comercial. – Otros verán la Biblia como la Palabra inspirada de Dios, la máxima autoridad sobre su vida y sobre su iglesia, y entonces harán lo que dice. Quizás asistirán a menos eventos del “Mes de la Biblia”; pero tanto más honrarán la Palabra de Dios en sus corazones y en su vida diaria.

¿De cuál lado se pone usted?

Jesús dijo a los fariseos (los teólogos y líderes de la iglesia de aquel tiempo):
“Un hombre tenía dos hijos, y acercándose al primero, le dijo: Hijo, vé hoy a trabajar en mi viña. Respondiendo él, dijo: No quiero; pero después, arrepentido, fue. Y acercándose al otro, le dijo de la misma manera; y respondiendo él, dijo: Sí, señor, voy. Pero no fue. ¿Cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?”
(Mateo 21:28-31)

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Una respuesta to “En ocasión del “Mes de la Biblia””

  1. Abel Says:

    Valiente reflexión, todos aquellos que la lean hagan que vuestros pastores se impongan de ella !!!

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